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El precio del silencio.

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Leroy, el empleado brasileño

Sergio, mi marido

Andrés, mi hijo

Luisa, mi hermana

Alberto, el amigo de mi hijo

Cristina, la protagonista

Jako, el Rottweiller

 

 

Apenas me levanté esa mañana, tuve la sensación de que no iba a ser un buen día.     Para empezar el flojo de mi hijo no aparecía por ningún lado para hacer su trabajo y avisar a su padre de que todo estaba listo.     Así que yo misma tuve que hacer todo.     Cuando bajé a la bodega no encontré a nadie, no había nadie en vista: ¡Mierda! Voy a tener que hacer todo yo sola, pensé.     Retrocedí para salir del lugar para ir en busca de mi marido y justo cuando estaba por salir escuché que me llamaban.

—Cristina … ¿necesitas algo? …

Era Leroy, un chico brasileño contratado por mi marido hace unos cinco años.     Me volteé y miré.     Leroy es de raza negra, de una veintena de años, muy simpático y buen mozo.     Cuando supe que mi marido había tenido un desliz con una puta clienta, lo elegí a él para vengarme y tuvimos uno de esos encuentros en qué intimamos un poco estrechamente, me lo follé.     Estaba tan enojada, que olvidé que estaba en mi periodo fértil y nueve meses después di a luz un bebito precioso del color de la piel de él.     Mi marido y yo somos blanquitos, entonces fue inmediatamente evidente de que yo le había sido infiel.     El muy cornudo y yo terminamos arreglando todo, él me hizo prometer de no volver a follar con Leroy y a su vez él me prometió que no tendría otro tropiezo con la puta esa que había estado follando.

 

 

Volví a entrar a la bodega y le dije:

—Sí, Leroy … busco a mi marido para entregarle los nuevos pedidos que tenemos que satisfacer …

Me acerqué a él y le entregué la boleta con los nuevos requerimientos.

—Tu esposo acaba de irse … fue a comprar más material … nos estaban faltando algunas cosas para terminar con los últimos encargos … y tu hijo se fue con él … no hay nadie más …

Mientras estaba mirando mi celular con la intención de comunicarme con mi esposo, Leroy se desplazó detrás de mí y estiró su mano para agarrarme el trasero enfundado en unos ajustados pantalones de cuero negro, di un respingo y alejé su mano:

—¡Hey! … ¿Qué te pasa Leroy? … Te dije que lo nuestro había terminado … mi esposo lo sabe y le prometí que nunca más … déjame tranquila …

Leroy puso la boleta sobre el banco y rápidamente pasó su brazo alrededor de mi cintura y me apretó contra su cuerpo.     Me mantuvo muy apretada, con sus manos en mis nalgas, diciéndome:

—Eres la madre de mi bebé, pequeña puta … nada ha terminado … lo mismo me dijo tu hermana Luisa la otra noche … igual me la cogí hasta rebalsar su chiquitico coño blanco con mi lechita … ¿sabes? … a ella le gustó mi polla gruesa, grande y negra … a ti también te gustará en ese pequeño culo blanco y caliente que tienes … déjame hacértelo en tu apretado trasero …

—¡Ay, Leroy! … por Dios, no … no puedo … se lo prometí a mi marido … déjame volver a la oficina … alguien podría vernos …

Le reclamé intentando que me liberara.

—Claro putita … ahora que lo pienso … ¿Cómo está mi bebé? … tal vez debería reclamar mis derechos de padre, ¿no te parece? … así podríamos vernos más seguido tu y yo … el juez podría decidir de darme mis derechos a visita, ¿sabes? …

—¡No eres más que un idiota, Leroy! … ¡Está bien! … Te haré una mamada … pero no pretendas nada más que eso … ¿entiendes, estúpido? …

—¿Crees que te la cavaras solo con un apretoncito, putita? … Creo que es mejor si voy a la corte … veremos que es lo que piensa el señor juez …

—¡Eres incorregible, Leroy! … esta bien … mañana por la tarde iré a tu casa a ayudarte a limpiar … por lo menos cambia esas sábanas tuyas hediondas … no tienes que hacer nada más …

Me tenía entre sus manos, así que me arrodillé entre sus piernas, desabroché sus pantalones y luego los bajé, también bajé sus boxers azules hasta los tobillos.     Envolví su inmenso pene negro apenas flácido con mis dos manos y le dije:

—¡Eres un jodido cabrón … debería mordértela y cortártela! …

Luego deslicé su bulbosa cabezota oscura y amoratada entre mis labios recién pintureados de rosado intenso y comencé a mamar su polla que rápidamente se puso tiesa.

—¡No jodas! … ¡No me vayas a morder con tus dientes de caníbal! … ¡Eres una puta troglodita! … ¡Lo único que quieres es comerte mi polla! …

Dijo Leroy sonriendo socarronamente, pero no le hice caso.     Rápidamente comencé a mover mi cabeza hacia arriba y hacia abajo, envolviendo su glande con mi lengua y chupando activamente su gruesa verga oscura.     Le escuché decir mientras flexionaba sus piernas:

—¡Aaaahhhh! … nada más lindo que ver un hermoso culo blanco chupando mi polla …

Seguí chupando afanosamente su ariete de ébano duro y grueso, hacia arriba y hacia abajo, Leroy comenzó a agitarse, puso su mano en mi nuca y follo mis suaves labios pintarrajeados y en poco más de un minuto, me llenó la boca de cálido semen, mi paladar lo saboreo por un instante y luego tragué todo lo que pude.    En esos precisos instantes fue cuando escuché una voz conocida:

—¡Oh, mierda! … ¡Excúsame, mamá! … yo … yo no sabía …

Era el estúpido e inoportuno de mi hijo, Andrés.     Apenas lo escuché me saqué la tremenda polla de Leroy de la boca y levanté mi vista.     Vi que se volteaba rápidamente y salía de la bodega, mientras Leroy disparaba todavía unos borbotones de esperma en mi cara y barbilla, otro poco de semen escurrió entre mis dedos.     ¡Mierda! Si se encuentra con su padre se lo contará todo.     Luego miré a Leroy y lo vi con su celular en mano:

—¡Idiota! … ¿Qué haces con tu celular? … ¡Mejor será para ti si no me has tomado ninguna foto! …

—No te preocupes, putita blanca … son solo recuerdos de la mamá de mi hijo …

No tuve tiempo de ponerme a discutir con él.     Necesitaba alcanzar a mi hijo.     Así que me levanté rápidamente para ir tras él.     Leroy me agarró del brazo y me tiró hacia atrás:

—¿Adónde vas, putita blanca? … tienes que seguir chupándomela …

Me agarró de mis cabellos y empujó con fuerza hacia su polla negra, separé mis labios y engullí su pene blandengue y se lo mordí.    Leroy reaccionó soltándome y empujándome con fuerza, casi caigo por tierra, me recompuse y salí corriendo de la bodega limpiándome las trazas de esperma de mi boca y barbilla.     Aterrorizada y nerviosa corrí en busca de Andrés que había visto todo, me preguntaba que le iba a decir, mi esposo no se podía enterar de nada, yo le había prometido que no iba a volver a tener relaciones sexuales con Leroy.     Si se entera que volví a recaer con Leroy mi matrimonio corre peligro de acabarse.   Y eso no puede ocurrir de ninguna manera, estoy dispuesta a todo para impedirlo.     Cuando llegué a la oficina vi la camioneta de mi esposo, él había vuelto.     Entré y me encontré con mi hermana, Luisa.

—¡Hola, Luisa! … ¿Dónde está Andrés? …

—Cogió su bicicleta y dijo que iba a jugar un nuevo videojuego con su amigo Alberto …

—¡Ah! … ¿Y habrá hablado con su padre antes de irse? …

—No … no lo creo … tenía mucha prisa …

Entonces me miró algo extrañada y me preguntó:

—¿Y qué te pasa a ti? … estás toda despeinada y agitada …

Le pedí que bajara la voz y me acerqué más a ella para preguntarle en un susurro:

—¿Dónde está mi marido? …

—Debería estar en su oficina … lo vi entrar con un montón de papeles … ¿Por qué? …

Me contestó mi hermana en un hilo de voz.

—Luisa … no digas nada … estuve con Leroy … más tarde te contaré todo … ahora necesito ir a recomponerme un poco … no quiero que Sergio me vea así …

Inmediatamente entré a la casa y me fui a nuestro baño del dormitorio matrimonial.     Nuestra empresa es una empresa familiar.     En una ala de la casa están nuestras oficinas y en el lado opuesto nuestra casa propiamente tal, el galpón con la bodega está en el patio trasero.     Entré al baño y peine mis despeinados cabellos que me había desordenado el bruto de Leroy; lavé mi boca y verifiqué que no hubiera huella de esperma en mi rostro

 

 

Bueno ese día maldito se fue, pero no tuve tiempo de detenerme a hablar con mi hermana Luisa sobre lo acaecido con Leroy.     Tampoco tuve la oportunidad de estar a solas con el remolón de mi hijo Andrés.     Así que pasé varios días con mi guata apretada en tensión esperando que no dijera nada a nadie

 

 

Hoy era día sábado en la mañana, eran pasada las ocho de la mañana.     Mi esposo se había ido la noche anterior a casa de sus padres que estaban un poco resentidos de salud y no volvería hasta el día domingo por la tarde, así que tenía el fin de semana sin él.     Me duché y me paré frente al espejo desnuda, me coloqué una tanga amarilla y me di vuelta para ver que el hilo posterior se había perdido en medio al surco entre mis nalgas, me la ajusté bien sobre mi coño lampiño, luego me puse una bata y bajé a la cocina para tomar algo de desayuno.

 

 

Cuando entré a la cocina me sorprendí al encontrar a Jako, nuestro enorme Rottweiller de un negro luciente.     Estaba echado a los pies de mi hermana Luisa, la cual estaba parada allí frente a la isla vestida solo con una trasparente bata de seda negra sirviéndose té.     Le dije:

—Creí que estaba Andrés … ¿Y que hace Jako aquí? …

—Andrés todavía no se levanta … hoy es sábado … Como Jako estaba llorisqueando afuera al frio … lo dejé entrar … hace mucho frio allá afuera …

Ella tenía toda la razón, era invierno con las temperaturas más bajas del año y Jako estaba acostumbrado a estar dentro de casa.

—Creo que encenderé la calefacción … así podremos disfrutar de estar en bata y bragas sin que nadie nos moleste y sin sufrir el frio …

Le dije a Luisa, a lo que ella respondió:

—Yo ya lo hice … y tienes razón … podemos relajarnos … no esperamos a nadie para hoy …

Me instalé en la isla con una caliente taza de chocolate con leche.     Mi hermana se levantó para ir a buscar algo a la lavandería y el Rottweiller se levantó y vino a tenderse justo a mi lado, me di vuelta a mirarlo.    Entonces vi esa cosita rojita y puntiaguda semejante a un lápiz labial que se asomaba sobresaliendo lentamente de su pelaje y le dije a baja voz:

—Ni siquiera lo pienses … es mejor si escondes esa cosita tuya … estoy harta de tanto macho caliente … no tengo nada para ti … además, eres muy grande y muy rudo …

Luego volví a beber mi chocolate y mi hermana regresó a beber su té.     Nos pusimos a conversar y le conté absolutamente todo lo que me había sucedido con Leroy y que Andrés nos había visto al momento en que jugaba con su polla.

 

 

Después de prepararnos más té y chocolate calientes, nos fuimos a la sala de estar.    Al rato mi hijo se levantó y fue a la cocina a prepararse un café.    Luego vino a sentarse frente a la televisión y se puso a ver un documental del universo y luego uno del coliseo romano.     Nos entretuvimos mi hermana y yo mirando la Tv, más tarde buscó en Netflix una película de Brad Pitt y seguimos a verla.     Sin darnos cuenta pasó el mediodía.     Nos levantamos mi hermana y yo para preparar algo de almuerzo y Andrés siguió viendo otras series.

 

 

Comimos unos spaghetti con ajo y aceite, Jako obtuvo su ración de alimento y luego volvimos a la sala de estar.    El control remoto no funcionaba y mi hijo dijo que eran las baterías y fue a buscar un recambio.     Luisa comenzó a dormitar mientras hablábamos de los acontecimientos de la última semana.     Todo presagiaba de que iba a ser un día tranquilo, hasta cuando mi hijo bajó el volumen de la Tv y dijo:

—Mami … ¿Sabe papá que todavía estás jugando con Leroy … y tía Luisa también lo hace? …

Nos quedamos mudas Luisa y yo, luego Luisa logró sacar su voz tartamudeando:

—¿Q-qué … qué dices? … yo no juego con Leroy … tampoco tu madre lo está haciendo …

—¡Vamos, tía! … hace algunos días entré a la bodega y mamá estaba soplando una inmensa corneta larga y negra …

Dijo mi hijo riendo socarronamente, luego agregó:

—… y la semana pasada tía Luisa … sentí crujidos de cama en tu pieza y cuando me acerqué a ver … Leroy te tenía con tus piernas en el aire mientras bombeaba desesperado su pija negra dentro y fuera de tu panocha … y tu madre … te vi que te dejabas lamer por Jako … ¿Acaso también lo haces con él? … me gustaría averiguarlo y verlo, mami …

No tenía palabras ni en mi mente ni en mi boca, me levanté de sopetón y dije tremulosa:

—Voy a buscar algo de beber …

Luisa saltó detrás de mí.

—Yo también …

—Chicas … traigan un cerveza para mí … por favor …

Entramos apresuradamente a la cocina, me giré y le dije a Luisa:

—¡Mierda! … ¡Mierda! … ¡Mierda! … ¿Qué vamos a hacer, Luisa? …

—Porque no lo llevamos a la tina y lo ahogamos … o mejor … pongamos un veneno en su cerveza …

—No seas boba … necesitamos hacer alguna cosa … sin crímenes … por favor …

—Si lo sabe tu marido … él te matará …

—No será algo peor … me pedirá el divorcio … y yo no quiero divorciarme … ¿Qué haremos? …

—¿Deveras Jako te lamió ahí abajo? …

—¡Ay, Luisa! … ¡Por Dios! … ¿Te parece una pregunta apropiada al momento? … tenemos que encontrar una solución … mañana mi esposo estará en casa …

—Pero tu no quieres que lo hagamos fuera … Swichssss y basta …

Dijo mi hermana pasándose la mano por la garganta a modo de cuchillo.

—¡Es mi hijo, tonta! … debemos convencerlo de que mantenga su boca cerrada … lo debemos sobornar … eso … le debemos ofrecer algo a cambio de su silencio …

—¿Dinero? … no creo que necesite dinero … tiene de todo …

—¡Una nueva Play-Station con los últimos juegos! … eso podría ser …

—¿Quién es la tonta ahora? … se la acabas de regalar esta última navidad … y los juegos se los compré yo … ya tiene todo eso … pero creo que sé cual sería la solución …

—¿Sí? … ¿Cuál? … ¿En qué estás pensando? …

—¿Qué es lo que más atrae a los chicos de su edad? …

—Los videojuegos … pero él ya los tiene todos …

—Sí … pero aparte de eso … ¿Qué es lo que más hacen los adolescentes? …

—¡Se pajean! … le tengo que cambiar dos veces a la semana las sabanas … a veces salen almidonadas con los restos resecos de su semen …

—Eso … eso es lo que haremos …

—¿Lo pajearemos hasta que se muera? …

—No … pero le ofreceremos sexo …

—¿¿Sexo?? … ¿¿A mi hijo?? …

—O eso … o el divorcio …

—Me convenciste … tienes razón … ahora coge una cerveza y vayamos a proponerle un acuerdo …

—Tenemos que ser persuasivas … desabróchate un poco la bata, que así pareces abuelita … tenemos que tentarlo … yo le hare ver mi tanga negra y tu le vislumbraras tu tanga amarilla …

—Me parece bien … vamos …

—Sí … pero primero dime … ¿Qué te hizo sentir Jako? …

—¡Oh! … solo hizo que me corriera y yo le chupé la polla de perrito …

—¡Ah! … tienes que enseñarme cómo lo hiciste … vamos ahora … necesitamos tentarlo y hacerle ofertas que lo convenzan …

—¿¿Ofertas?? …

—Sí … podríamos comenzar ofreciéndoles nuestras bragas para que las ponga bajo su almohada … como con los dientes del conejito …

—¡Oh! … ese tipo de ofertas … está bien …

Regresamos a la sala de estar con nuestro Rottweiller que nos seguía dando saltitos a todas partes.     Le tenía prohibido a mi hijo de beber, pero extendí mi brazo entregándole una cerveza.     Para estar segura, me dirigí a la puerta y la cerré con llave y seguro.     Cuando volví, Luisa estaba frente a mi hijo con sus manos en sus caderas y su bata ligeramente abierta para mostrar algo de su tanga negra, inmediatamente abrí un poco mi propia bata y ajusté mi tanga, estiré el escote hacia abajo mostrando audazmente la redondez de mi tetas.     Había que tentarlo y convencerlo.

 

 

Mi hermana siguió desatando lentamente el cinturón de la faja de su bata, mostrando más de su tanga, ella dijo:

—Si te dijéramos que estamos dispuestas a todo para mantener tu boca cerrada … te daríamos algunas recompensas por tu silencio … ¿Qué piensas? …

—¿Recompensas? … ¿Y cómo sería eso, tía? …

—Bueno … a tu madre y a mí nos gustaría que esto fuera un secreto solo entre nosotros tres … el silencio puede ser muy gratificante, ¿sabes? …

Dijo mi hermana haciendo descender levemente su bata sobre su hombro, para dejarle adivinar algo de sus senos.

—¡Uhm! … ¿Y que más? …

—¡¡Hijo de la grandísima!! …

—¡¡Luisa!! … tal vez no te entendió … explícate un poco mejor …

—¡Ugh! … amado sobrinito … tu madre y yo podríamos … por ejemplo tocar tu polla … ¿Te va eso? …

—¿Solo tocar? … para eso tengo mis propias manos … no me parece suficiente …

—Podríamos acariciarte con nuestras lenguas … así por encimita … ¿eh? … esto ayudaría a que te olvides de lo que viste …

—¡Uhm! … no sé … fue un impacto y quedó muy grabado en mi cabeza …

—¿Y si te hacemos una buena mamada? … ¿Olvidarías? …

—¿Un sola? …

—Bueno … yo te haría una en la mañana y tu madre te haría una por la tarde …

—¡Oh! … mi mente comienza a confundirse … pero después de una o dos semanas deberíamos encontrar algo más satisfactorio … la rutina mata a cualquiera …

—¡Argh! … ¡Seré yo a mat….! …

—¡¡Luisa!! …

—Quiero decir … “matices” … podríamos agregar algunos matices para que no te vayas a aburrir con nosotras …

—No … no hay trato … todo o nada … o se lo contaré a papá …

—¡Hijo de buena madre! …

—¡Luisa! … lleguemos a un acuerdo … mi marido regresa mañana …

—Mami … ¿Estás dispuesta a cualquier cosa? …

—Sí … yo sí, hijo …

—Bueno … yo también, sobrino …

—Tía … quítate esa bata …

—¿Ah? …

—Cualquier cosa … ¿recuerdas? … yo ya estoy comenzando a olvidar …

Mi hermana desató el nudo del cinturón de su bata y la dejó deslizar por sus hombros, hasta dejarla caer sobre la alfombra.    Ella se paró frente a mi hijo solo con sus bragas negras.

—¡Uhm! … creo que me esta golpeando un repentino Alzheimer … Quítate las bragas ahora, tiíta …

Luisa lo contentó inmediatamente sacándose sus minúsculo calzoncito, a lo que mi hijo retrucó:

—¡Ehm! … creo que en realidad no vi nada …

Luisa miró hacia mí interrogativamente y me dijo que me quitara la bata.     Desaté mi cinturón y me la quité sin tanto preámbulo.     Mi hijo tenía sus ojos pegados en mí, sobre todo en mis tetas que son mucho más grandes que las de mi hermana.    Jako se vino con la intención de olisquear entre mis piernas, pero lo alejé y fui a sentarme junto a mi hijo en el diván.     El Rottweiller se giró hacia Luisa y saltó sobre ella que estaba medio agachada recogiendo sus ropas.

—¡Oh, mierda! … ¡Quítame este perro loco de encima! …

Jako la tenía ya aprisionada entre sus patas por la cintura y daba saltitos detrás de ella tratando de encajar su puntiaguda polla en el coño de Luisa.     Ella trataba de levantarse, pero el perro era demasiado fuerte y pesado para ella.     Yo miré entre las patas y vi su pene rojo fuera a mitad de su funda y punteaba el trasero de mi hermana.

—¡Maldita sea! … ¡Que alguien me ayude! …

Entonces me levanté, pero cuando intenté acercarme, el perro me gruño y me asusté.     Ahora mi hijo se levantó, pero en vez de ayudar dijo:

—Tía, Luisa … deja que Jako te folle …

—No puedes estar hablando en serio, ¿eh? …

—¡Ustedes dijeron cualquier cosa! … ¿no? …

Mi hermana me miró y yo simplemente me encogí de hombros y le dije:

—Le dijiste lo que quisiera, Luisa …

Ella dejó de luchar con el perro, apoyó sus manos en el piso y dejo que el perro envolviera su cintura con sus zampas y la tironeara hacia su polla.     Las uñas del perro rasguñaron sus costados y las uñas de mi hermana se enterraron en la alfombra.     Jako se ajustó en su monta y comenzó a buscar el coño de ella.     Le tomó cerca de un minuto en centrar su panocha, mi hermana arañó la alfombra cuando el Rottweiller le enterró la tremenda polla y comenzó a follar salvajemente su chocho.     Parecía como un martillo neumático, un chillido infrahumano salió de la boca de Luisa cuando la bola se adentró en su pequeño coño y comenzó a inflarse dentro de ella.

—¡Ay! … ¡Aaarrrggghhh! … ¡Mmmmm! … ¡Ay! … ¡Ay! … ¡Dios, Cristina! …

La cara de mi hermana era toda una revelación, sus cejas levantadas y sus ojos muy abiertos, con su boca entreabierta jadeando.     Su espalda encorvada y su culito bien parado.     Observé a mi hijo que presenciaba todo con los ojos muy abiertos y su polla dura como palo.     Pensé para mí: “Antes de que le venga alguna idea para que se lo chupe o quiera follarme, lo masturbaré”.     Alargué mi mano derecha y tomé su enorme erección, frotando su joven y grueso pene duro como una roca.     Después de un rato, saqué completamente su pene de sus pantalones cortos.     Hice una pausa para observar su polla.     Ya había visto su verga anteriormente y nunca dejaré de maravillarme al contemplar sus veintitrés centímetros de pene grueso como una lata de cerveza.

 

 

Como pude aferré su grueso ariete y comencé a deslizar mi mano hacia arriba y hacia abajo mientras mi hijo observaba atentamente como Jako follaba a su tía.     Pasaron unos minutos y él no se corría.     Mi brazo estaba cansado, seguí moviéndolo más rápido y al notar que no sucedía lo que tenía que suceder, supuse que él ya se había masturbado anteriormente.

—¡Aaarrrggghhh! …

Grito Luisa.     Jako había dejado de follarla, pero por sus movimientos, pensé que estaba llenando su coño con semen perruno.     El rostro de Luisa era de una beatitud total, parecía estar en el paraíso.     Yo estaba acariciando el pene de mi hijo a toda la velocidad que me era posible, él se acercó y comenzó a agarrarme el culo, luego su mano se enfiló en mi tanga y comenzó a tironearlo hacia abajo, pensé que quería que lo masturbara estando desnuda; entonces me puse de pie enfilé mis dedos en la banda elástica de mis calzoncitos y los tiré hacia abajo, me los saque y los arrojé en una orilla del sofá.     Andrés me miró con ojos famélicos y me dijo:

—Quiero alimentar tu gatita sin pelitos, mami … le daré de beber mi lechita …

¡Maldita sea! Esperaba no tener que hacer esto, pensé.     Bueno, si él lo quiere, tal vez debería comenzar a disfrutarlo también yo, porque tarde o temprano tendré que hacerlo, chupar su pene y también follarlo.     Así que me acomodé en el sofá y él se vino encima de mí.     Comenzó a juguetear en mi coño con su pene, frotándolo y masajeando mi labia con su glande, de pronto encajó en mi orificio y empujó forzando mi coño abierto para deslizar su miembro dentro de mí.   Sentí la humedad de pre-semen que rezumaba del pene de mi hijo y me lubricaba, comenzando a penetrarme profundamente, mi coño acogió ansioso su hermosa y gordinflona verga.

 

 

En cosa de segundos la verga de mi hijo estaba enterrada en mí hasta sus bolas y comenzó a follarme suavemente, se sentía bien su polla en mí.     Además, estaba cachonda mirando a mi hermana gozar con la enorme pija de Jako.     Moví mi trasero circularmente para incitarlo a follarme más fuerte, quería gozar como estaba haciéndolo Luisa que gemía audiblemente soportando la gigantesca polla de Jako.     Estaba muy excitada y mis pezones lo confirmaban al estar duros como diamantes.

 

 

Estaba lista para correrme; mis músculos vaginales ya se contraían y aferraban la polla de mi hijo ordeñándola y succionándola.      No puedo concentrarme nada más que en la polla de Andrés que entra y sale de mi coñito suave y mojadito.     Los dedos de mis manos se crispan y también los deditos de mis pies se encorvan.     Arqueo mi espalda y empujo mi pelvis contra la polla de mi niño para hacerlo entrar muy dentro de mí.     La sensación es abrumadora, mi cuerpo está electrizado.    Me siento mareada.    Mi vista se nubla y me siento flotar en el aire, mi vientre siente el hormigueo de la hermosa pija de Andrés hurgueteando con urgencia en mí interior, la emoción colma mi ser y mi coño se siente increíble cuando él comienza a darme su néctar de hombre, mi hijo eyacula en mí.     Yo reboto enloquecida sobre el sofá.     Mi orgasmo es como un tren desbocado y sin frenos.     Siento que estoy en un trace catatónico.      Respiro con dificultad, mi escote y mis tetas están sudadas, mi piel casi se pega a la piel de mi hijo.    Él continúa a follarme desesperadamente descargando toda su cálida esperma en mí.     El rostro de mi bebé es sublime y emblemático.    Parece estar a las puertas del paraíso.   Termina de correrse y dice:

—Tengo hambre …

Se levanta y corre a la cocina, típico en él.     Me puse mis bragas y mí bata, justo en ese momento Jako se giró y quedo amarrado a mi hermana culo con culo, me acerco a ella que me dice:

—No puedo creer de haberme dejado follar por un perro …

—Espera que todavía no termina …

—¿Cómo es que tu sabes? …

—Jako me ha follado varias veces … en presencia de Sergio …

—¿Cómo? … ¿Tú marido sabe? …

—Sí … pero el piensa que es un castigo para mí … en cambio Jako me folla fabuloso …

—Pero si es mejor que Leroy …

—Sí … ¿verdad? …

En eso la polla de Jako resbaló fuera del coño de Luisa, ella se levantó y se acurrucó en el sofá.     Minutos después entró mi hijo con una bebida Cola, un enorme sándwich y una bolsa de papas fritas.    Luego tomó el control remoto y puso una película.     Nos dio una ligera mirada y siguió mirando la tele.

 

 

Nos quedamos dormidas Luisa y yo.     Desperté con el sonido de la Tv, estaban exhibiendo una película de “Los Hombres de Negro”.     Miré a mi hermana que todavía dormía totalmente desnuda.    Me levanté y dije a Andrés que iría a darme un baño y luego volvería a bajar, ya eran las ocho de la noche.

 

 

Justo cuando llegaba a los pies de las escaleras, el gran Rottweiller vino detrás de mí y me enterró el hocico en el trasero, le di una patadita hacia atrás y él se quedó sentado con su cara boba a mirarme.    Apreté mis muslos con contracciones en mi coño, todavía estaba cachonda más de lo que suponía, necesitaba otra vez un pene en mí.     Subí las escaleras desatando el nudo de mi bata y Jako no me siguió.     Cuando llegué a la parte superior de las escaleras me volteé.     El perro estaba todavía allí sentado mirándome, así que abrí mi bata y la deje deslizarse por mis hombros, enseguida me di unas palmaditas en mi muslo.    De golpe Jako se alzó y comenzó a subir las escaleras, yo corrí a mi habitación con el perro que me seguía, entró detrás de mí como una tromba, cerré la puerta y me saqué mis bragas amarillas:

—¿Quieres follarme? … Ven toma mi coño …

Salté sobre sobre la cama arrodillada.    Jako me saltó encima y me hundió su polla perruna inmediatamente en mi coño resbaladizo e impregnado del semen de mi hijo.

 

 

Comenzó a follarme en modo demencial, mi coño estaba tan lubricado que su bola entró y salió de mi panocha cuatro o cinco veces antes de atorarse y no volver a salir:

—¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Ssiii! …

Grité sintiendo su grueso pene adentrándose dentro de mí y su bola que se frotaba una y otra vez en mi anillo vaginal.

—¡Ugghhh! … ¡Ugghhh! … ¡Ugghhh! …

Gruñí.    Nunca me había tomado así tan rico.    Me follo suavemente y ya no paré de gemir, gozando con su pene profundamente atascado en mi coño, estábamos pegaditos como perrito y perrita.     Su verga comenzó a hincharse, se hizo más grueso y mucho más largo, no paraba de crecer y yo ya sabía por qué.

—¡Ugghhh! … ¡Ugghhh! … ¡Ugghhh! …

Gemí excitada tremendamente cuando comenzó a verter su semen caliente dentro de mí.     Estaba eyaculando profusamente y mi coño se estiraba a limites increíbles tratando de dar cabida a su enorme polla y a la cuantiosa eyaculación por parte de él.

 

 

Clavé las uñas en el edredón cuando el se giró para quedar abotonados por nuestros traseros.    Mis músculos vaginales se movieron ondulantes para ordeñar su polla.    Me conmoví hasta sollozar durante el prolongado e intenso orgasmo que me hizo encorvar mis espalda más de una vez, pellizque mis senos hasta causarme dolor, solo para retornar a la realidad y dejar de estremecerme con la polla de Jako dentro de mí.

—¡Oh, Jako! … ¡Jako! … ¡No dejes de darme tus perritos! … ¡Aaaahhhh! … ¡Umpf! …

Podía sentir sus enormes bolas a estrecho contacto con mi labia vaginal que palpitaban bombeando esperma canino en mi coño, como hubiese querido que él pudiese embarazarme.     Lo sentí rebosar mi cuello uterino.     Me quedé allí quietecita con Jako detrás de mi que de tanto en tanto tironeaba para despegarse de mí, pero yo no le había soltado sus patas traseras, porque todavía podía sentir su bola hinchada dentro de mi coño.     Cuando sentí que la presión había disminuido, su bola se había achicado, entonces lo solté de una pata y él maniobró tirando suavemente haciendo salir su enorme polla de dentro de mi panocha, solo entonces le solté la otra pata.

 

 

Fue una veintena de minutos que Jako mantuvo mi coño anudado a su polla.     Su gigantesco pene salió derramando lechita sobre el edredón así que rápidamente me agache y lo tomé en mi boca, no quería mi cama toda mojada de semen perruno.     Se lo chupe hasta dejarlo seco.     Después me fui al baño, encendí unas velas perfumadas, preparé la vasca de baño, vertí unas sales de baño y me sumergí a relajarme después del magnifico sexo del día.     Mi cuerpo estaba apagado por el momento.

 

 

Cuando salí de mi habitación, seca y relajada, pero todavía con mi coño perdiendo semen de perro.     Bajé las escaleras y me encontré en sala de estar a mi hermana desnuda y montando a horcajadas el regazo de mi hijo saltando como una loca encima de su verga.     Me miró con una mirada ausente, al parecer estaba pronta a tener un orgasmo, respiraba afanosamente.     Me di vuelta y continué hacia la cocina a prepararme otro chocolate caliente.

 

 

A la mañana siguiente, después de ducharme y vestirme sexy para ir a encontrarme con Leroy, ya que se lo había prometido.     Tomé mis bragas amarillas usadas y me fui al dormitorio de Andrés, toqué a la puerta, pero no me respondió, así que entré me acerqué a su cama, levanté su almohada y deposité mis bragas allí, luego puse la almohada encima.     Cuando llegué a la sala de estar, Andrés estaba viendo la tele, me detuve un segundo y le dije:

—Acabo de dejarte un regalo bajo la almohada …

—¿Adónde vas, mamá? … —Me pregunto él.

—Voy donde Leroy … él se quedó con tu hermanito anoche … ahora lo voy a buscar …

—¿Vas solo a buscar a tu hijo, mami? …

—Sí … pero si él duerme tendré que buscar algo en que entretenerme … ¿entiendes? …

—¿Vas a tener sexo con Leroy? …

—No lo sé … pero tú no tienes que decir nada a tu padre … porque él podría saber que también Luisa lo hace con Leroy y nuestra familia estaría terminada … Por eso es por lo que Luisa y yo te daremos todo el sexo que quieras … no lo arruines … y mantén tu boca cerrada …

—Está bien, mami … no diré nada a nadie …

—Si lo haces … la próxima semana te daré una sorpresa …

—¿Una sorpresa? …

—Sí … Jako y yo … ¿Qué te parece? …

—¡Huy, mami! … no veo la hora … y no diré nada …

Me volví para irme a la puerta y decidí darle un adelanto.     Me levanté la parte trasera de mi minifalda y le mostré mis nalgas desnudas con el hilito de mi tanga perdido en ellas.

—¡Guau … mami! …

Me dirigí a la cocina para beber un vaso de agua y una vez allí escuché ruidos en la lavandería, me parecían voces.    Abrí la puerta y entré, me encontré con Luisa arrodillada en el piso con la boca abierta y Jako follándola como loco.     Le dije que la llamaría más tarde y le recomendé que le diera mucho sexo a mi hijo para mantenerlo en silencio, le dije:

—Muéstrale lo gratificante que puede ser mantener la boca cerrada …

Entonces salí guiñándole un ojo …

 

Fin

 

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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias.  Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

 

 

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Madre infiel
Me enamoré de papá.

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