Incesto

En algún lugar cerca de Iquique. – Quinta Parte.

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Esta vez no me desperté solo, suavemente una mano se deslizaba por mi abdomen, luego bajo a mi ombligo y luego en los bordes de la base de mi pene qué, como de costumbre estaba con la erección matutina, entonces escuché a Sonya:

—¡Uy! … ¡Cómo es grande otra vez! … ¡No puede ser cierto! … ¡Esto es una fábula! …

Murmuraba mi hermana envolviendo la base de mi enorme pija con su mano.     La aferró con fuerza como para probar su solidez y su tamaño.     Cuando se dio cuenta de que me había despertado, se sintió un poco avergonzada, como si la hubiese sorprendido haciendo algo ilegal, pero mantuvo su mano alrededor de mi verga.

 

Con satisfacción noté que al parecer mis dos hermanas le habían tomado gusto a mi pija, por supuesto la dejé que me magreara y me estiré histriónicamente con un bostezo exagerado, solo para mover mi pelvis y hacer que mi pene se moviera arriba y abajo en su mano.     Cualquier signo de fiaca escapó de mi cuerpo me sentía vivo y activo, pronto a disfrutar de las manos de mi hermana.     Como por casualidad, una de mis manos se acerco a su tibio cuerpo y rápidamente desapareció bajo las sabanas que cubrían su beldad, la apoyé en su muslo.

 

Sonya jugaba con mi verga con una mirada soñadora, solo que ahora se había envalentonada y me masturbaba con energías, al parecer moría de ganas por ver mi semen explotando en el aire, a mí me parecía bien, pero mirando el reloj de la mesita que indicaba casi las siete de la mañana, este es el horario en que Claudia se va a bañar al mar.     Entonces en mi mente cachonda se formó el programa de disfrutar de una rápida paja con Sonya y luego correr a la playa para follar a mi hermana mayor.     Sin embargo las cosas no se producían según mis pensamientos.     Sonya no hacía ningún intento de masturbarse ella misma, así que intentando apurar los hechos, llevé mi mano más cerca de ella casi tocando sus glúteos, y sin preguntar, la deslicé entre sus piernas casi rozando su panocha, ella dio un grito de sorpresa, interrumpió sus movimientos de masturbación a mi pene y dijo en un tono chillón:

—¡Hey! … ¡Quita la mano de ahí! … ¡No te he dado permiso para hacer eso! …

Faltaba la convicción de otras veces en su voz y decidí correr el riesgo.

—¡Somos iguales! … ¡Tenemos los mismos derechos! … ¡Si tú me tocas a mí, yo te toco a ti! …

Con estas palabras, decidida y audazmente empuje mi mano más arriba y mis dedos separaron los labios de su vagina.     Toque sus húmedos labios con las yemas de mis dedos observando atentamente su reacción.     Ella trató de moverse un poco descontroladamente, lo que facilitó el ingreso de mis dedos en su húmeda conchita, Sonya gimió y entreabrió su boca.     Luego continuó a masturbarme y a frotar mi verga con sus dos manos, noté que abría sus muslos para permitir que mis dedos se deslizaran más profundos en ella.     Me sonreí disimuladamente y como ella había hecho más espacio para mi mano, comencé a follar su chocho con mis dedos.     La posición mía era muy incómoda, pero no podía lamentarme mucho dado que esta era la primera vez que ella me dejaba tocar su sexo.     Fue entonces que me recordé de mi “plan” anterior, fue así como le dije casual y candorosamente:

—¿Te gustaría si te lo hago ahí con mi lengua? …

Sonya se detuvo titubeante, luego soltó mi verga por completo y me miró sorprendida y con su rostro que era todo un enigma, como si le hubiese sugerido de empender un viaje intergaláctico.

—¿Cómo? … ¿Qué quieres decir “con tu lengua”? …

—Bueno … te lameré ahí abajo con mi lengua … ¿No te gustaría sentir algo así? …

Pensé que había arruinado todo, no debería haberle sugerido nada, ella tenía su rostro lleno de dudas, parecía que su mente trabajaba horas de extraordinario.      Pero finalmente respondió:

—¿Y puedes hacer algo así? … ¿No sientes asco? …

—Por supuesto que puedo hacerlo … además, estoy seguro de que tú chochito será una delicia para mí …

Lo dije con seguridad y considerando sus palabras como un “si”, me metí rápidamente bajo las sábanas hacia su ingle.     La sentí sonreír un poco nerviosa cuando me sintió entre sus piernas, luego tiré la ropa de cama hacia abajo y me agaché, tenía su chocho peludito frente a mí, rápidamente separé sus muslos.     Sonya me miraba embelesada como me acomodaba entre sus extremidades, se llevo su puño derecho a su boca y mordió sus nudillos, un silencio expectante llenó la habitación.     Cuando mi lengua se hundió entre sus labios vaginales, se estremeció en modo visible e instintivamente abrió más sus piernas.

 

Primero tuve que habituarme a sus vellos púbicos cortitos que me hacían cosquillas en los labios y mi cara.     Pero la sensación no era desagradable, claro que el coño de Claudia era diferente, pero lo sentí similar en la cantidad copiosa de jugos que generaban ambas, porque Sonya se estaba empapando a cada segundo más y más.    Con avidez traté de saciar mi sed bebiendo sus exquisitos zumos, Sonya había echado su cabeza para atrás y jugaba con sus tetas muy excitada por las lamidas de mi lengua.     Su sabor era diferente al de Claudia, pero sin duda igual de deliciosa.     Con cierto orgullo interior, asumí de haber saboreado las conchitas de mi dos hermanas, que otro hermano podría jactarse de algo así.

 

Un gemido audible de Sonya me sacó de mis pensamientos, generalmente ella es muy silenciosa y poco expresiva, levanté un poco la cabeza para mirarla y vi su cara sonrojada, sus piernas totalmente abiertas y sus ojos se abrían y cerraban como en un ensueño, y para mi sorpresa sus gemidos se hacían cada vez más fuertes.     ¡Que bien!, pensé.     Debo aplicar lo que he aprendido con Claudia.     Enterré mi cabeza profundamente entre sus muslos y penetré su vagina húmeda los más profundo con mi lengua, Sonya se irguió brevemente, se volvió a relajar y se aferró a las sábanas con sus uñas.     Después de follar su chocho con mi lengua profundamente, la retiré y me pegué como una lapa a su clítoris, haciéndola gemir con mucho más intensidad.

—¡Oh, mi Dios! … ¡Pero que me haces! …

La escuche gemir y susurrar con voz temblorosa.    Me detuve un instante con la intención de responderle algo, pero ella aferró mi cabeza y la empujó a su ingle:

—¡Oh! … nooo … no te detengas …

Lo que me indicó que estaba por buen camino y que debía estimularla aún más, entonces me recordé lo que había hecho Claudia.     Puse mi mano entre sus nalgas y poco a poco empujé dos de mis dedos dentro de su estrecho culo.     Sonya simplemente se enderezó con sus ojos muy abiertos.     Pensé de haberle causado daño y quería sacar mis dedos, pero ella se dejó caer hacia atrás y agarró una almohada para cubrir su rostro desencajado por la lujuria, ella levantó su pelvis varias veces, lo que me permitió aumentar la penetración de mis dedos y las lamidas a su clítoris.

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Oooohhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! …

Gritaba y se estremecía con placer, ahora se estaba pareciendo un poco más a Claudia que se abandonaba completamente al placer y la lujuria, pero estaba un par de escalones más abajo.    Me aferré a su abdomen, porque ella se estaba girando descontroladamente, aún así, logre mantener mi lengua dentro de su chocho y prolongar aún más su orgasmo, hasta que finalmente grito con fuerzas con la almohada ahogando la estridencia de sus gritos, luego comenzó a calmarse.

 

Después de unos minutos, Sonya se enderezó en la cama y sin mirarme agarró el edredón y se cubrió hasta el cuello, casi parecía un niña avergonzada de haber hecho algo indebido.     Decidí hacer algo para que ella no se sintiera de ese modo, así que aparté el cobertor y me senté en su vientre.

—¡Hey! … ¿Te has vuelto loco? … ¿Qué estás haciendo en mi estómago? … ¡Baja de ahí! …

Su tono era serio, parecía un poco molesta

—¿Yo? … ¡Nada! … solo quería desahogarme sobre ti, como anoche …

Con esas palabras tomé su mano y la puse en mi verga caliente y dura.     En un principio ella vaciló, pero luego comenzó a masturbarme pacientemente:

—¡Mmmmmm! … ¡Ssssiiii! … ¡Que ricooo! …

Gemí y empuje mi pelvis hacia ella, Sonya incrementó sus movimientos cuando vio mi reacción, sin duda que quería verme chorrear de nuevo, eso claramente la excitaba, pero pronto se dio cuenta de la proximidad de mi verga con su cabeza y se detuvo.

—¡Hazte más abajo! … De otro modo me ensuciaras toda mi cara y eso no me gusta …

Me dijo en son de reprimenda y enojo.

—No temas … tendré cuidado … además que me calienta mucho correrme ahí … quiero decir tus tet…  tus pechos …

Le dije para tranquilizarla, pero en mi mente quería ver su rostro todo cubierto con mi esperma, esa sí que sería una visión cachonda y la idea me puso más caliente.     Mi hermana se dio cuenta de que no iba a renunciar voluntariamente a mi cómoda posición sobre ella y comenzó a masturbarme con nuevos bríos, probablemente para terminar luego.

—¿Y donde has aprendido todo esto? …

Me pregunto sin dejar de masturbarme y mirando fijamente mi verga para no perderse la explosión de esperma y controlar su salida y no verse bañada completamente.    

—¿Qué cosa? … ¿A que te refieres? …

Pregunté con los dientes apretados, porque su mano me causaba mucha excitación y sentía los hormigueos de mi bajo vientre.

—Bueno … a besar a una mujer ahí … con tu lengua …

Dijo mi hermana mientras cambiaba mi pene a su otra mano.   Claramente no podía decirle que Claudia había sido mi maestra, así que respondí lo más vagamente posible

—¡Ah! … eso … bueno por aquí y por allí …

Afortunadamente ella no siguió interrogándome y se concentró en mi verga que pulsaba y amenazaba con estallar de un momento a otro.     Ella también lo advirtió y me dijo en modo conminatorio:

—¡Mira bien donde vas a chorrear! … ¡Y te lo digo en serio! …

A pesar de estar muy excitado, sabía que debía tener cuidado para no hacerla enojar y estropear todo lo avanzado con ella.     Entonces justo antes de correrme, tomé mi polla en mi propia mano y la presioné contra sus suaves tetas.   Sonya abrió sus ojos con curiosidad y me dejó hacer, cuando toqué su pezón con mi glande exploté, borbotones a chorros salieron de mi verga, jadeé ruidosamente y gruñí restregando mi verga contra sus pechos, mi semen se derramó sobre sus senos y escurrió por los lados y por su estómago.     Pero fue tan intensa la sensación que no pude controlarme del todo y unos chorros rebotaron y otros aterrizaron en su cuello y cabello.

 

Mi orgasmo fue tan violento que luche por mantenerme sobre su estómago.     Antes, cuando me masturbaba en solitario, nunca me corrí en modo tan intenso.     La sensación que me daba la piel de mi hermana amplificaba ese placer de muchas veces.     Sonya miraba mi polla con ojos grandes y brillantes, cuando finalmente mi eyaculación terminó, me derrumbé a su lado, ella observaba el semen escurriendo en su piel con una mezcla de aversión y fascinación, intento limpiarse con el último pañuelo desechable que le quedaba, el que claramente no dio abasto, entonces notó el semen en su cuello y me miró:

—¡Te dije que tuvieras cuidado! … ¿Cómo se supone que voy a ir al baño así? …

Dijo y saltó de la cama con la intención de ir a limpiarse, pero se detuvo a mirarme.     Al principio no entendí lo que quería de mí, hasta cuando lo expresó claramente.

—Si fueras tan amable de ir adelante a ver si puedo ir al baño … no sabría como explicarlo si me encuentro con Claudia o Esteban …

Me causo risa su preocupación, pero no hice ninguna demostración de ello.     Por supuesto cumplí con su pedido, abrí la puerta del dormitorio y me asomé con cuidado.     No había señas de nadie, así que entré al baño para asegurarme de que estaba desocupado y luego salí y le hice señas a Sonya para que avanzara y la esperé con la puerta abierta, cuando paso junto a mí, la rodeé con mis brazos y le susurre al oído:

—Eres el vertedero de esperma más dulce que existe …

Sonya me miró, frunció el ceño y luego sonrió separándose de mí, pero pude ver en sus ojos que no estaba enojada conmigo, incluso parecía que comenzaba a gustarle.     Después que ella cerró la puerta del baño, mire el reloj y eran las ocho pasadas, Claudia ya había regresado de su baño matutino, porque escuché su voz hablando con Esteban.     Bueno … no se puede tener todo en este mundo, pensé.

 

Una hora más tarde, estábamos todos sentados afuera en la mesa desayunar, el desayuno fue pantagruélico.     Sonya estaba con sus cabellos sueltos y se le veía con el rostro luminoso y adorable a la luz del sol mañanero.     Claudia por el contrario se veía un poco molesta, me dijo:

—Te extrañé esta mañana … no viniste a nadar conmigo …

Lo dijo en un tono un tanto ambiguo, intentaba ser divertida, pero miraba a Sonya y a mi alternadamente.     Sonya se sintió aludida por sus miradas y se sonrojó, bajó su cabeza y fingió ser muy interesada en su tostada con mermelada, yo pronuncié una vaga respuesta:

—Sí … dormí demasiado hoy …

Claudia se acercó al lado de Sonya y dijo:

—Debe haber sido un sueño bastante inquieto … Cuando salí para nadar … escuche bastantes ruidos en esa habitación …

Lo dijo casi apoyándose a la mesa muy cerca de Sonya y me pareció notar un dejo de celos en la voz de Claudia.     Sonya casi se atragantó con su tostada al escuchar esas palabras y su rostro estaba rojo como un tomate.     Pensé que podía estallar una discusión entre las dos hermanas y trate de bajarle el perfil a las veladas insinuaciones de Claudia.

—Pues deben haber sido los ronquidos de Sonya … ella ronca tan fuerte …  

Dije en tono divertido, pero Sonya se paró de la mesa y me apuntó con un dedo.

—¡Yo no ronco en absoluto! … ¡Y si te molesta dormir en mi cuarto, puedes irte y regresar al zaguán! …

¡Dios!, en que lío me había cachado, estaba atrapado entre mis dos hermanas y lo peor que no se me ocurría nada para salir de esta situación.    Afortunadamente, Esteban intervino cambiando de tema:

—Andrés … debo hacer unos pequeños trabajos de reparación del techo … ¿Me podrías dar un mano después del desayuno? …

—¡Oh! … ¡Emh! … Sí … por supuesto que sí …

Le dije rápidamente, Claudia no agregó más comentarios inquisitivos y Sonya parecía decidida a probar que tal sabía la mantequilla mezclada con la mermelada.     Claudia me dio una última mirada muy significativa, lo que hizo que mi masculinidad se comenzara a manifestar, cosa que me sorprendió a mi mismo, no sabía a ciencia cierta el motivo de esta incipiente erección, supuse que eran mis dos hermanas o quizás el relajo de estas vacaciones, concluí que debía ser algo de las dos cosas.

 

Me fui a trabajar con Esteban y me sentí feliz de que el trabajo se prolongara hasta el mediodía, así conseguí alejarme de la constante tentación de mis hermanas.     Al parecer Esteban se dio cuenta de que me había tranquilizado y relajado por el trabajo y me sugirió que saliéramos a dar un giro en bicicleta, estuve de acuerdo y acepté.     Mis hermanas parecían andar de amor y de acuerdo y las vimos caminar juntas hacia la playa cuando partimos.

 

Llevábamos más de media hora pedaleando por las arenas cuando Esteban recibió un mensaje de texto, pensé que era de Claudia, pero no, era de una tal Sandra.     La hija de los vecinos más próximos le decía que tenía problemas con su jeep y si podía ir a darle una ayuda.     Esteban le dijo que sí, y que estábamos a unos veinte minutos de su casa.

 

Esteban me contó que esta chica convivía con una lésbica, que más de una vez ella se le había insinuado, pero como normalmente su “novia” no la dejaba libre ni a sol ni a sombra, nunca habían concluido nada.     Llegamos a la casa de Sandra y ella me miró extrañada, al parecer no se esperaba ver a Esteban acompañado:

—Pensé que vendrías solo …

Le dijo, pero luego se quedó callada pues a todos nos sonó como grosera.  Esteban le explicó someramente quien era yo y eso pareció tranquilizarla.     Sandra explicó a Esteban el problema con el vehículo, además, le dio a conocer de encontrarse sola, ya que sus padres habían salido por dos semanas y su pareja se había quedado en Santiago donde ella tenía que volver esta misma tarde con el vehículo.

 

Esteban con bastante seguridad probó a echar andar el vehículo, pero este tenía como un chasquido y no partía:

—Creo que es la batería …

Dijo Esteban y se explayó con cosas técnicas que ni yo ni Sandra entendimos nada, pero concluyó que quizás empujándolo podría partir, Sandra dijo que ella conduciría mientras nosotros empujaríamos el vehículo.     Así lo hicimos, después de varios tentativos el motor del Jeep partió, Esteban comprobó de que el estanque estaba tres cuartos y le aconsejó de dejarlo encendido para que la batería volviera a cargarse.

 

Esteban dijo que teníamos que irnos, pero Sandra nos invitó dentro de la casa para beber unas cervezas en agradecimiento por la ayuda, apenas entramos a casa, Sandra perdió cualquier inhibición y se colgó de los brazos de Esteban.     Hubo un silencio incomodo entre los tres, al parecer yo estaba sobrando, pero Sandra resolvió rápidamente, se acercó a mí, metió su mano sobre mi pene y dijo:

—Tú también podrías quedarte …

Mientras Esteban sonreía, Sandra nos miraba alternadamente, yo estaba un poco tímido y avergonzado, miré de cerca a la muchacha.    Ella vestía una blusa blanca con un nudo donde lucía su esplendido ombligo, además de unos ajustados leggins que delineaban claramente su curvas y revelaba que ella no vestía ropa interior y la hendedura de su chocho se veía esplendida, debajo de la blusa se traslucía un diminuto bikini, de alguna manera me atreví a tocarla y ella me sonrió.     Antes de que pudiera cambiar de opinión, agarré unos de sus pechos.     Ella abrió sus labios como de sorpresa y en su rostro se dibujo una descarada expresión de lujuria y dijo:

—Este va a ser mi primer trio … quizás podríamos …

Se quedo callada y se turno para mirarnos a Esteban y a mí sonrojándose.     Esteban agarró su otro seno y le dijo:

—Pensé que te gustaban las mujeres …

—Yo también lo creí así … pero la verdad es que de vez en cuando necesito a un hombre …

Respondió sinceramente y lenta y provocativamente comenzó a desabrochar los botones de su blusa.

—Y por supuesto ustedes no dirán nada a nadie de esto … ¿verdad? …

Por toda respuesta Esteban termino de desabotonar los últimos dos botones y yo tiré de los hombros para quitársela, no podía creer mi suerte mientras le quitaba la parte superior de su bikini y mis manos tocaban la suave piel de sus senos expuestos.     No eran del tamaño de los de Claudia, pero si eran un poco más grandes que los de Sonya, aunque no eran tan firmes y caían notablemente hacía abajo.     Las areolas eran bastante grandes, me incliné y tome uno de sus duros pezones en mi boca, casi nos chocamos cabeza con cabeza cuando Esteban comenzó a chupar su otro seno.

—¡Mmmmmm! … que rico con dos hombres …

Dijo Sandra y sentí su mano buscar mi entrepierna, luego se deslizó a los pies de Esteban y bajo sus shorts a las rodillas, en cuestión de segundos ella tenía su verga en su boca, por supuesto mis shorts me los bajé yo mismo, no quería perderme el toque de esa lengua en mi polla.    Ella tomó mi pija delicadamente y la masajeó hábilmente.     Cuando ella sintió mi erección, tomó mi pene en su boca mientras sacudía constantemente la verga de Esteban.     Su boca era diestra, suave y cálida, se notaba que no era la primera vez que hacía esto.

 

Disfruté de su boca, luego lo soltó y se giró hacia Esteban, verificó que la verga de él estaba en su erección plena, entonces ella dijo:

—Creo que sería conveniente pasar al interior de la casa y continuar allí …

Esteban respondió moviendo su cabeza afirmativamente, ella chupó vigorosamente mi pija unas cuantas veces más y luego se levantó, cogió mi pene en su mano y el pene de Esteban en la otra, riéndose divertida, nos tiró dentro de la casa.     Nos llevó al diván de la sala de estar, procedió a quitarse en forma coqueta y provocativa sus leggins y la tanga quedando completamente desnuda, luego se sentó en el diván con las piernas abiertas.

—¡Acérquense a mí! …

Dijo mientras pasaba uno de sus dedos en la abertura de su vagina y lo sacaba brillante y mojado, casi me caigo tratando de desplazarme con mis shorts todavía en mis tobillos, pero eso no me importaba.     Sandra estaba depilada, excepto por un pequeño triángulo rubio sobre su panocha, desde la cual podía escuchar como una voz que me llamaba.      Sin previo aviso me paré entre sus piernas y empuje mi miembro duro como una roca contra esos labios hinchados.     Primero lo froté y sentí la humedad de ella, no me sorprendí ya que ella se preparaba a jugar con dos vergas al mismo tiempo y por primera vez.

 

Finalmente mi verga se hundió lentamente en esa cavidad rosada y resbaladiza de su coño, sentí que ella emitía un largo gemido mordiéndose su labio inferior, sus músculos friccionaban mi polla en modo exquisito, lo que me hizo querer follarla con todas mis fuerzas, perdiendo el control y embistiéndola con enérgicos golpes de riñón.

 

Esteban se había apoderado de sus senos y los acariciaba con devoción, inclinándose a lamer sus areolas y morder sus pezones, era tan caliente la visión, que después de un par de minutos sentí mi esperma que subía violentamente desde mis bolas, y era tan potente que ni siquiera se me ocurrió sacárselo, le eché varios chorros de semen directo en su matriz, grité y gemí sintiendo las oleadas que escurrían con mucha fuerza a través de mi verga, me derrumbé sobre ella y Sandra me agarró la cara y me dio un intenso y largo beso.

 

Un poco grogui, me separé de ella, Esteban que estaba al aguaite, rápidamente se arrodillo entre sus piernas y maniobró su verga directamente en su coño chorreante de semen y comenzó a follarla enérgicamente.     La técnica de Esteban era diametralmente diferente a la mía, el hacía un movimiento circular haciendo viajar su polla de lado a lado, Sandra había comenzado a gemir bajo las estocadas de él.

 

Se estaba haciendo evidente y particularmente inconfundible que Sandra se acercaba a su orgasmo, sus movimientos de piernas y manos la delataban, también sus chillidos y gemidos intensos, me miró con ojos de poseída, alargó sus brazos y me tiro hacía su cara, luego sus labios se aplastaron a los míos y su lengua irrumpió en mi boca, su boca estaba entreabierta y exhalaba gritos y gemidos tratando de mantenerse unida a mis labios, se contorsionaba demencialmente y rotaba sus caderas, yo sentía los temblorcillos de su cuerpo y trataba de que ella gozara al máximo,  ella estaba bramando mirando su chocho enrojecido.

 

Esteban, se mantenía impertérrito a embestir con su verga esa concha que emanaba espuma blanca y se contraía alrededor de su pene, me llamó la atención su autocontrol y resistencia.    Pausadamente Sandra comenzó a recuperarse de su orgasmo, luego empujo a Esteban fuera de su concha y me empujo a mi sobre el diván, luego me montó y casi implorando, se volvió hacia Esteban que estaba esperando sin inmutarse cuál era el próximo movimiento y le dijo:

—Por favor … métemelo en el culo …

El rostro de Sandra resplandecía y sus pecas brillaban mientras bajaba su coño sobre mi verga, emitió varios gemidos y acomodó mi polla en su conchita, luego bajó su torso y levantó su culito para la verga de Esteban, él se puso detrás de ella y hábilmente metió su verga en su culo, mi verga y la suya estaban separadas por un delgada membrana, mi pene sentía los movimientos de esa otra polla, Sandra mordió mi hombro para acallar sus chillidos.     Ella misma comenzó a moverse, yo la comencé a follar desde abajo y Esteban la follaba por su trasero.

 

Me pregunté cuánto tiempo más podría seguir así, su cuerpo se convulsionaba y estaban boqueando desesperada en busca de aire, me parecía increíble, pero sentí las pulsaciones de la polla de Esteban que descargaba chorros de semen en su recto ella se encogió de hombros y se aferró a mí gimiendo.     Luego de que la polla de Esteban salió de su culo, ella se enderezó un poco y me dijo ansias:

—Continua … no te detengas … por favor, sigue …

No necesité que me lo repitiera, tomé sus caderas y le enterré mi verga en lo profundo de su conchita.      Esteban se había sentado en el diván y nos observaba follar.     Su vientre estaba bañado de jugos y semen que le escurría por sus muslos y después sobre mí.     Ella chillaba y chillaba, yo trataba de no hacerlo tan violentamente, pensaba de hacerlo en la forma en que lo hacía Esteban, pero era ella que no se podía contener, estaba demasiado cerca de tener otro poderoso orgasmo, era como una locomotora sin control que se desplazaba a toda maquina por la pendiente de la montaña, ya nada ni nadie le impediría de alcanzar su clímax.     No pasaron ni cinco minutos y Sandra comenzó con entrecortados y estridentes grititos, escondió su cabeza en mi cuello y convulsionó en oleadas orgásmicas espasmódicas sin ningún control, entonces hice como Esteban, tome sus caderas y seguí follándola vigorosamente sin descanso.

 

Esta vez me tomo bastante más tiempo correrme y saqué mi verga justo antes para frotarla en sus glúteos y empapar su espalda a chorros, estaba extasiado eyaculando en sus nalgas cuando sentí que algo más caía sobre ella desde otra dirección, era la verga de Esteban que explotaba en su brazo, cabello y hombro.     Todo termino y los tres nos quedamos exhaustos sobre el sillón.

—¡Jesús! … ¡Nunca me habían cogido así antes! …

Sandra fue la primera en hablar.    

—Es una pena que me tenga que ir hoy mismo, me hubiera gustado tener un bis … pero no puedo quedarme … mi novia me haría un escándalo gigantesco …

—¿Por qué … es muy celosa? … ¿Lo hace ella también con los hombres? …

Quiso saber Esteban.

¿Ella? … ¡No! … ella es una lesbiana pura y no necesita un hombre … yo soy diferente a ella y de vez en cuando lo hago con hombres … pero ella no necesita saber esto …

Dijo Sandra riendo coquetamente, luego agregó:

—Y por favor … necesito que ustedes guarden el secreto también …

Esteban asintió moviendo su cabeza, luego ella se levantó del sofá, era todo un espectáculo verla caminar con sus piernas chorreando esperma, cuando llego al umbral de la puerta del baño nos saludo con su mano y no dijo:

—Por favor … cierren la puerta al salir …

Esteban y yo nos recompusimos y nos dirigimos hacia nuestras bicicletas.    Esteban lanzó un suspiro cuando se sentó en el sillín de su bicicleta:

—¿Crees en serio que le gustaría hacerlo otra vez con nosotros? …

Le pregunté a él, pero no me respondió, solo se encogió de hombros.     Pero creo que lo estaba pensando al igual que yo.    Lo que me dijo a continuación me dejo perplejo:

—¿Crees que Claudia lo haría? …

—¿Claudia? … ¿Qué tiene que ver ella con esto? …

Le dije sin saber donde quería llegar, pero lo intuía, entonces me respondió:

—Pierde cuidado que ella me ha dicho todo de ti y de ella …

—¿Todo? … ¿Te dijo lo de la playa? …

—¡Sí! … todo … también lo del Jacuzzi … ella está enamorada de ti …

Esteban hablaba con una calma impresionante, no estaba exaltado ni celoso ni le molestaba, más parecía interesado y curioso de una experiencia como esa.

—Entonces … si una de estas noches yo viniera a tu dormitorio para visitar a Claudia y … bueno … hacer un trio como con Sandra … ¿me dejarías hacerlo? …

Esteban se quedó pensativo y se tomó su tiempo para responder.     Él y yo acabábamos de follar juntos a una chica, éramos algo así como hermanos de sangre, pensé.      Pero cuando llegamos a casa y estábamos guardando nuestras bicicletas, finalmente dijo:

—Si lo quieres … puedes hacerlo … yo ya no tengo dieciocho años y no puedo regenerarme tan rápido como tú … así que me vendría bien un poco de ayuda … también a Claudia le haría bien …

 

(Continuara …)

 

 

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Estrella: ¡Más puta, más rebelde!
Capítulo 24 – Dulce Niña musical

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