Incesto

En algún lugar cerca de Iquique. – Sexta parte.

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Claudia y Sonya estaban detrás de la casa, tenían la mesa puesta y era evidente que estaban impacientes por nosotros.     Miré mi celular y la hora era bastante tarde, pensé que el tiempo se iba más rápido cuando mejor lo estaba pasando.    

—Bueno … ¿se puede saber dónde estaban? … ¡Esa fue una gira muy larga! …

Dijo Claudia con curiosidad y nos miró alternadamente a mí y a Esteban.

—Te lo diré más tarde, cariño …

Respondió Esteban y le dio un beso, yo solo pude sonreír en modo sicalíptico.

—Bueno … las ensaladas están listas … solo falta la carne … hay que ponerla en la parrilla …

Dijo Claudia vehementemente, había un tono extraño en su voz.

—¡Oh! … ¡Sí! … la parrillada …

Dijo inmediatamente Esteban y tomó la fuente con la carne y comenzó a colocarla sobre las brasas, rápidamente fui a ayudarle, una porque tenía de verdad mucha hambre y otra para escapar de eventuales interrogatorios por parte de mis curiosas hermanas.

 

Asamos abundantes pedazos de carne y comimos hasta bien entrada la noche, bebimos mucho vino, cuando el sol comenzó a esconderse detrás del horizonte marino, nos sentamos en el porche viendo como la luz del día se desvanecía, dando paso a otra noche de luna brillante.

 

Claudia estaba sentada justo frente a mí, vestía una sencilla remera veraniega con un escote bastante pronunciado, sus tetas se evidenciaban en toda su belleza, noté que me miraba muchas veces.     Me di cuenta de que no llevaba sujetador, esto me excitó mucho y me inquietó también.     Sentía cada vez más una necesidad imperiosa de tocar y amasar sus generosos senos, si hubiésemos estado solos, es exactamente lo que habría hecho y probablemente algo más.     ¿Será el vino dulce o quizás me estoy convirtiendo en un adicto al sexo?

 

Me aflojé un poco el cinturón y me acomodé mi polla, me alegré de que se diera por terminada la cena.   Mis dos hermanas recogieron los platos y se fueron a depositarlos al lavavajillas, Esteban limpiaba la parrilla y yo me llevé los restos de comida al refrigerador.     Estaba deseando de que todo se hiciera de prisa y tan pronto Sonya se durmiera, me iría en puntillas al dormitorio de Claudia para follarla junto a Esteban, ese sería el culmine de una noche perfecta, me pasé la lengua por los labios simulando chupar el chochito gordito de mi hermana, tendríamos otro festín sexual con Esteban.

 

¿Esteban?, ¿Le habrá dicho a Claudia de lo que planeábamos?   Me surgieron varias dudas, quizás hasta se haya olvidado, él es más anciano, suele suceder.     Así que pensé sería mejor ir detrás de Claudia y decírselo, de modo de que no haya dudas respecto al programa de esta noche.   Me fui despacito a la cocina y me choqué con Sonya saliendo hacia el baño, ella tastabilló un poco, signo de que se encontraba un poco beoda.     Es tan divertida esta chiquilla cuando bebe, pensé.     Me dio una sonrisa bobalicona y continuo su camino.

 

Si yo fuera detrás de ella en este momento podría jugar con ella en el baño, ciertamente a ella no le importaría mucho si la toco mientras está media borracha.     De otra parte, Claudia está sola en la cocina y con ella todo sería posible.     ¡Oh, mi Dios!, que encrucijada, no es para nada fácil convivir cachondeando con dos hermanas a la vez.     Finalmente me decidí por ir a la cocina.

 

Claudia estaba en el fregadero enjuagando unos paños de cocina, se volvió brevemente cuando me escucho entrar y me sonrió de un modo que obtuvo una respuesta inmediata bajo mis shorts.   Luego vino lo mejor, ella también estaba un poco bebida y enjuagando esos trapos, el agua termino salpicando sobre su remera ajustada que ahora se pegoteaba sobre sus enormes pechugas, digna de una postal erótica.     Antes de que pudiera darse vuelta, me pude detrás de ella para hacerle sentir mi masculinidad y ella empujo su trasero para hacerme sentir sus redondos cachetes, soltó una risita y se restregó en mis shorts.

—Te he echado mucho de menos … Me estás volviendo loco …

Le susurré agarrando ambos senos desde atrás.

—Cómo me gustaría metértelo aquí mismo …

Le dije besando y mordiendo su cuello.     Ella echo su cabeza hacia atrás disfrutando visiblemente mis caricias.     Entonces comencé a masajear sus redondas tetas con ahínco y lascivia.    Estaba sopesando si teníamos el tiempo suficiente de hacer algo antes de que Sonya saliera del baño.    Pero ella se separó de mí, me beso en los labios y me dijo en voz baja:

—¡Jovencito! … cada cosa a su tiempo … no te impacientes …

Cosa que para mí era lo más difícil.    Pero tuve que darle razón porque justo en ese momento entro Sonya a la cocina.     Se detuvo en seco al verme y luego con un tono sospechosamente malicioso pregunto:

—¿Te estoy molestando? …

—¡Oh!, por supuesto que no me molestas …

Le respondí cabizbajo y salí de la cocina, no sin antes darle una palmada en sus amazacotadas nalgas.     Me fui a ayudar a Esteban a guardar la parrilla a la bodega, media hora más tarde podíamos dar por concluida la noche.     Todos parecían agotados, así que decidimos irnos y acostarnos temprano.     Eso estaba bien para mí, poque mientras más temprano se durmiera Sonya, más temprano iría a la habitación de Claudia y Esteban, y más tiempo tendríamos para disfrutar todos juntos.

 

Desafortunadamente, mi esperanza de que Sonya se durmiera rápidamente se fue al traste.     Por el contrario, ella más parecía excitada y nada de cansada.    De alguna parte saco un tema de religión y el mundo y Dios, que no quería terminar.     Estaba pensando en la mejor forma de hacerla callar y no se me ocurrió nada más que complacerla oralmente y si tenía suerte, se quedaría dormida después de su orgasmo.     Me acerqué a ella y comencé a acariciar sus cabellos, sé que le gusta eso, luego le di un largo beso, que tuvo la garantía de acallarla por un rato, me acerqué a su oído y le susurré:

—Me gustaría saborear tu panochita … sabes tan rico …

Y la volví a besar, me miró libidinosamente mordiendo su labio inferior, luego se tumbo de espaldas y abrió sus piernas celestialmente largas de manera invitante y tentadora, ¡Ah!, ¡Genial!, se ve que le gustó lo de esta mañana, me coloqué en medio a sus muslos y acaricié su abdomen, cuando las yemas de mis dedos la tocaron ahí en su femineidad, ella se estremeció y abrió aún más sus piernas.     Mi nariz percibía ese embriagante olorcillo de su vagina y mi boca se aproximó a sus labios regordetes, improvisamente Sonya me preguntó:

—¿Deveras que encuentra a Claudia más eróticamente sexy que yo? …

Me sorprendió y descolocó su pregunta, la miré ambiguamente, ¿Qué raza de pregunta era esa en una situación como esta?, inmediatamente me di cuenta de lo complicado que iba a ser responder a esa pregunta, debía tener mucho cuidado con lo que iba a responderle.

—No … no realmente …

De seguro no era la respuesta que ella esperaba porque inmediatamente cerró sus piernas, visiblemente alterada:

—Quiero decir que son diferentes y a la vez únicas … incomparables …

Traté de enmendar mi respuesta anterior y la besé de nuevo en sus muslos, con lo cual ella abrió de nuevo sus longilíneas extremidades.     Antes de que se le ocurriera otra pregunta capciosa, inmediatamente comencé a mimar su coño fervorosamente con mi lengua.     Pero a diferencia de esta mañana, Sonya no se dejaba ir fácilmente, aún cuando utilicé la misma técnica, incluso después de veinte minutos de chupadas y lamidas, Sonya todavía no se corría.

 

Sonya respiraba afanosamente, a ratos chillaba y se estremecía, hacía sonidos de goce con su boca, grititos y chillidos, pero parecía estar lejos de su orgasmo, cosa que me estaba poniendo nervioso.     Pensaba a Claudia que seguramente estaba follando con Esteban y yo todavía sin lograr que mi hermana se corra, ¿Qué más podría hacer?, ¿Qué más?     Justo en el momento en que me preguntaba todas esas cosas, la puerta se abrió y entró Claudia desnudita como cuando Dios la echó al mundo.

—¡Hola!, chicos … ¿Qué están haciendo ahí? … ¿Se divierten? …

Preguntaba en un tono alegre de conversación y no pareció importarle que Sonya y yo estuviéramos en una situación íntima y cachonda.      Mi cabeza entre los muslos de mi hermana, mi rostro bañado en sus fluidos y mi pera de color rojo brillante por la irritación que me causaban sus cortos vellos públicos.     Sonya también se ruborizó, pero lo extraño fue que no hizo nada por cubrirse y tampoco parecía muy sorprendida.   Aquí había gato encerrado, pensé.

—Esteban se quedó dormido de inmediato… al parecer el paseo en bicicleta fue extenuante … ¿No fue así jovencito? …

Dijo Claudia guiñándome un ojo, seguramente Esteban le había contado todo sobre nuestro encuentro con Sandra.     Luego continuó:

—… así que solo me quedaba acercarme a ti …

Lo decía casualmente, como si fuera lo más normal del mundo que entrara en el cuarto de Sonya y la encontrara con la cabeza de su hermano entre sus piernas lamiendo y chupando su vagina.     También me sorprendió la reacción de Sonya.     Lo normal es que ella se cubriera hasta el cuello o que saliera corriendo despavorida por su timidez, o por último debería haberse enfadado con Claudia por haber entrado a su cuarto sin llamar.      Pero nada de eso sucedió.     Sonya se había cubierto solo el abdomen y escuchaba atentamente a Claudia.

—Lo siento si interrumpí tu pequeño juego … pero Sonya y yo hablamos sobre ti cuando estabas en tu largo paseo en bicicleta …

Esto comenzaba a ponerse interesante, pensé.     Mis dos hermanas que se confabulan a mis espaldas, ¿Qué se traerán entre manos?     Mis ojos y especialmente mis oídos se hicieron cada vez más y más grandes, Claudia hizo una pausa y me miró primero a mí y después a Sonya que continuaba a ruborizarse.

—Le dije a tu hermana lo divertido y cachondo que es jugar con una polla masculina … especialmente por via oral … ella no tiene experiencia en eso …

Claudia me miraba con una sonrisa en su hermoso rostro, yo la miraba un tanto desconcertado.

—… entonces le propuse de practicar con un objeto vivo … ella no quiere con Esteban … no nos queda que recurrir a ti que eres nuestro hermano …

Yo no entendía nada y ella continuaba a reírse, a mi me parecía que había hablado en alguna extraña jerigonza.     Miré a Sonya buscando de entender, pero esta estaba roja como un tomate y evitaba mi mirada.

—¿Qué quieres qué? …

Espeté totalmente confundido, asumiendo que no había entendido nada y que quizás ellas estaban tratando de hacerme alguna broma.     Realmente me negaba a creer lo que estaba escuchando, era demasiado bueno para que fuera verdad.     Pero Claudia no bromeaba, sus ojos brillantes y chispeantes de lujuria me decían que ella estaba cachonda otra vez.

—¡Queremos comernos tu polla! … y no te hagas … sé que te gusta …

Así diciendo comenzó a empujarme más arriba sobre la cama y se situó entre mis piernas, la lascivia que había en su rostro y su sonrisa no se borraban.

—¡Ah! … ¡Emh! … Sí … claro que puedes … ¡Umh! … quiero decir solo que me han sorprendido … pero cooperare con gusto …

Tartamudeé asombrado y me apresuré a colocarme en una posición más cómoda, Claudia inmediatamente aferró mi pene y lo estrujó haciendo salir unas gotitas perladas por mi glande, las que rápidamente se inclinó a recoger con su lengua.      Sonya miraba un tanto distante toda la escena, pero continuaba a quedarse quieta sin intervenir y totalmente confundida.     Para mí estaba claro que esto no era una mera coincidencia.     Probablemente ellas habían hablado de esto cuando estaban solas.     Todos sabíamos que Sonya se había negado a comerse la polla de su ex y este la engaño con su mejor amiga que también era una hábil lamedora de vergas.     Después estaba el hecho de que Claudia nos había escuchado hacer ruidos extraños y seguramente la interrogo para hacerse decir la verdad y el origen de esos ruidos y Sonya que se deja dominar por su hermana mayor seguramente le soltó todo lo que habíamos hecho ella y yo.    A cambio, de seguro Claudia decidió revelar algunos detalles íntimos de ella y yo.      Atando cabos, estos hechos nos tenían ahora a los tres juntos mirándonos con curiosidad y deseos de descubrir más cosas.

 

¡Mujeres!, pensé, no se pueden guardar nada para sí mismas.     Sea como sea, el chisme de ellas debe haberlas llevado a idear esta reunión para “Practicar con objetos vivos”, como dijo Claudia, y el objeto elegido era yo.     Claro que con lo tímida que es Sonya, estaba fuera de toda discusión que fuera Esteban el elegido, la elección era obvia.     Ahora me explico porque Sonya no se sorprendió de ver a Claudia irrumpir en su cuarto, prácticamente se lo esperaba y por eso tampoco mis caricias la hacían correrse, estaba esperando a su hermana, el único que no sabía nada era yo. Me pareció una maquinación maquiavélica, pero no me disgustaba para nada, sobre todo sintiendo las suaves manos de Claudia jugando con mi pene.     Pobre Sonya, ahora que se encontraba de frente a sus temores, mi pene la intimidaba, su coraje la había abandonada completamente.

—¡Vamos!, Sonya … acércate a nosotros …

Claudia trataba de animarla e infundirle fuerza y audacia, pero ella nos miraba consternada y sin iniciativa.

—Mira que hermoso ejemplar tiene nuestro hermanito … es precioso y perfecto para practicar …

Sobajeó mis bolas y arremangó mi prepucio para mostrar a Sonya mi lustroso glande, mi verga había crecido a descomunales proporciones.     Sonya me miró y comenzó a acercarse y se puso a mi lado derecho.

—¡Mmmmmm! … es riquísimo …

Exclamó Claudia haciendo desaparecer mi glande en su boca, mientras su rostro iba adquiriendo cada vez más esa expresión de depredadora que yo concia tan bien,

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …

Gruñí feliz y cerré los ojos para disfrutar lo que estaba por suceder.

—Vamos a comenzar lentamente …

Dijo Claudia con voz de maestra y prosiguió:

—A los hombres les gusta que uno juegue con su escroto y tome sus bolas … pero sin mucha presión … todo debe ser delicado … también les encanta si prendemos sus pelotas en nuestras bocas … así …

Claudia se engolosinaba con mis cojones, metiéndoselos a la boca uno a la vez y bañándome con sus caricias de lengua, todo eso me hacía estremecer y no podía evitar de rotar mi pelvis.

—Como vez nuestro hermanito no es la excepción …

Dijo Claudia haciendo resbalar mi testículo fuera de su boca y continuando a lamer la base de mi verga con maestría.

—¡Acércate y pruébalo tu misma! …

Escuché decir a Claudia animando a Sonya, entreabrí mis ojos para ver si de verdad Sonya se atrevía a seguir el instructivo de su hermana y, de hecho, ella se inclinó hacia adelante y un poco torpemente agarró mi testículo izquierdo y lo lamió primero para después engullirlo y acariciarlo con su lengua de terciopelo.      Me volví a estremecer al delicado toqué de mi hermanita a mis bolas, Sonya como buena discípula, repitió la operación varias veces hasta sentir que dominaba la materia, cosa que me hizo jadear y contraer mis glúteos.

 

Tan pronto como Sonya se detuvo, Claudia volvió a inclinarse sobre mí y luego de lamerme un par de veces, cubrió mi escroto con numerosos besos intensos y volvió a tragarse mis testículos para trabajarlos con sus labios y lengua.

—¡Mmmmmm! … ¡Oooohhhh! …

Se me escapó y sentí pulsaciones exquisitas en mi polla endurecida como palo, siempre con los ojos entreabiertos vi que Sonya buscaba espacio y una vez que Claudia se enderezó, ella repitió lo que había visto hacer a su hermana.     “Si siguen así estas dos … no voy a durar mucho”, pensé.

 

Claudia intuyó que Sonya comenzaba a disfrutar de las ejercitaciones orales, esta vez nos espero que ella terminara, sino que comenzó a lamer mi glande mientras hacía subir y descender mi prepucio con deleite, sentir las lenguas de mis dos hermanas en mi verga era otro deleite que me calentaba aún más.     Cuando la lengua de Claudia hurgueteó en el orificio de mi glande y comenzó a hacer círculos alrededor, los escalofríos se hicieron más intensos y frecuentes.

—Prueba también tú … sabe exquisito …

Dijo mi hermana mayor empujando mi verga palpitante bajo los labios de Sonya, claro mi pene había alcanzado un tamaño majestuoso con tanta estimulación.     Sonya titubeó, pero finalmente deslizó su pequeña lengua a lo largo y ancho de mi asta, cuando llego a la punta de mi pene, de repente se echó hacia atrás atónita:

—¡GOTAS! … le están saliendo gotitas … sentí unas gotas …

Claudia la miro y luego comenzó a pasar su lengua por mi glande.

—No … todavía no … son juguitos de placer, nada más … sus bolas están pesadas y llenitas … luego haremos que las descargue … le falta … aún no esta listo … no te preocupes …

Para confirmar sus palabras, se tragó por entero mi pene y comenzó a chuparlo con gusto, sentí una intensa sensación en mis cojones y hubiese querido llenar su boca con mi semen.

—¡Aaaahhhh! … ¡Mmmmmm! … ¡Oooohhhh! …

Gemí alzando mi pelvis en el aire, Claudia apretó la base de mi pene, abortando cualquier intento de corrida, luego me chupo un par de veces más y le entregó mi pene a su hermana.     Sonya miraba dudosa y sospechosamente mi verga, aún no confiaba del todo, pero no queriendo demostrar debilidad ante su hermana mayor, lentamente acercó mi glande a sus labios.

 

Embelesado, seguí la lujuriosa practica de sexo oral que mis hermanas practicaban en mí, gemí de placer incluso antes de que los labios de Sonya envolvieran mi pene, cuando sentí la tibieza de su boca en mi verga, sus dedos arremangaron mi prepucio y ella comenzó a chupar con celo, cerré los ojos, disfruté del goce que ella me procuraba e imaginé de estar en el paraíso.     Sin duda, mis dos hermanas juntas, son insuperables a chupar mi polla.

 

¡Debo estar en el edén!

 

Sonya siempre desconfiada, me chupó con bastante cuidado al principio, pero poco a poco se fue envalentonando, llegando incluso a lamer la mano de su hermana que jugaba con mis bolas.     Arañé las sabanas y me mordí mis labios con lujuria, porque esto estaba siendo demasiado para mí.     Nadie podría tildarme de culpable si me corro en la boca de Sonya en este instante, las únicas responsables son ellas dos que con sus bocas me transportan en el limbo del placer.

 

Estaba a punto de exhalar un grito y explotar, cuando Claudia grito:

—¡Alto! …

Inmediatamente volvió a apretar la base de mi pene y luego lo soltó sobresaltada.

—Puedes también prolongar el clímax de un hombre … este tipo de cosas vuelve locos a los chicos …

Soliloquió Claudia mientras Sonya la miraba con los ojos muy abiertos y tenía toda la razón porque me tenía al borde de mi corrida, pero no me dejaba tener mi desahogo, entonces intervino Sonya:

—¿Y cómo sabes si el hombre no te dice nada? …

Preguntó Sonya ansiosa por adquirir la sabiduría de su hermana mayor.     Claudia me miró ambiguamente como si fuera una pequeña rata de laboratorio, comenzando a dictar a Sonya unas lecciones sobre el orgasmo masculino:

—Bueno … primero que nada lo notas por el estado de su verga … Mira está cómo palpitando …

Inmediatamente puso mi pene en mano de Sonya qué, lo tomó con ansias y luego lo soltó como si se hubiese quemado la mano.

—También lo puedes notar por la reacción del hombre … ¿Notas como nuestro hermanito ya se está retorciendo? …

Y movió su mano rápidamente en movimientos cortos y enérgicos, lo que me hizo arquear mi espalda y levantar mi pelvis.     Claudia me miró con una mirada libidinosa, a mi me hubiese gustado saltarle encima y enterrar miles de veces mi verga dura en su coño empapado.     Pero, por supuesto me quedé quieto y elevé mi mirada al cielo susurrando una plegaria para que terminaran con las clases teóricas y volvieran a la práctica.    El dios de los calientes me escuchó y Claudia volvió a tomar mi pene en mano y luego se inclinó a tragarse casi la mitad de un solo golpe, iniciando a mover su cabeza arriba abajo, sujetando la solidez de mi verga apretadamente con sus labios.

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …

Gemí de placer y acaricie su cabello con gratitud, pero esta vez ella no continuó con la mamada hasta el final, sino que se detuvo abruptamente y cedió el posto a Sonya para que siguiera.     Mi hermana menor no engulló tanto como Claudia, pero emuló los movimientos de mi hermana mayor.

—¡Hazlo con la lengua! … ¡Ayúdate suave y delicadamente con tus dientes! …

Claudia impartía instrucciones y daba catedra a Sonya, la que trataba de poner en practica todo lo que le venía dicho.     Me estremecí y no pude evitar de agarrar la cabeza de Sonya para follarla con mi pija enhiesta, ella se asustó, retrocedió y soltó mi polla.

—¡Hey! … ¡jovencito! … ¿por qué tanto ardor? …

Claudia se reía y se hizo cargo de nuevo de mi polla, me besaba con pasión, pero luego volvió a animar a Sonya, la que continuó chupando mi pija.     Me dejé caer hacia atrás sobre la almohada y cerré los ojos.     Los sentimientos y sensaciones que estaba experimentando eran indescriptibles.   La boca de Sonya no era tan hábil como la de su hermana, pero se notaba que estaba haciendo un esfuerzo sorprendente y se estaba divirtiendo cada vez más.

—Bueno … considerando que te repugnan las gotitas … lo estás haciendo bastante bien …

Dijo Claudia mirando en forma divertida a su hermana, a lo que Sonya respondió:

—Bueno … esto es otra cosa … es muy especial …

Luego se tomó un descanso mientras observaba mi polla pulsante con evidente placer.     Abrí los ojos para mirar con sorpresa a Sonya, no esperaba de ella un halago tan grande.

—¡Sí! … nuestro hermanito pequeño no es tan pequeño ahí abajo … es realmente especial …

Coincidió Claudia y agregó:  

—También podrías probar el de Esteban si necesitas hacer una comparación.   Yo estaría feliz y no me importaría …

Pero Sonya movió su cabeza negativamente y respondió apresuradamente:

—No, gracias … él es demasiado viejo para mí …

Pude ver que Claudia venía golpeada por esta respuesta y pensé que perdería su compostura de un momento a otro.

—Bueno … era solo una oferta …

Dijo en un tono de voz bastante molesta y dolida.     Por un momento pensé que nuestros jueguitos habían terminado y ella se retiraría ofendida a su dormitorio.

—¡Emh! … ¿Serías tan amable de seguir chupando? … casi me explotan los cojones …

Suplique con la intención de calmar la situación.     Afortunadamente las facciones de Claudia cambiaron y enseguida se inclinó y se tragó mi polla.

—¡Oooohhhh! … ¡Guauu! … ¡Ssssiiii! …

Yo también me relajé y disfruté este tratamiento que se hizo más enérgico, su cabeza se movía arriba y abajo más y más rápido.     Pronto noté que la temperatura en mis bolas aumentaba y me aferré a su cabeza.     Esta vez no la iba a dejar ir, follé su boca desesperadamente y no fue necesario de obligarla a nada, porque ella misma aumentó la velocidad para hacerme que me corriera en su boca.      Sonya estaba atónita mirando los eventos que se avecinaban rápidamente.     Grité sin poder contenerme cuando sentí el aluvión subiendo por mis bolas y dirigiéndose precipitadamente al orificio de mi glande.     Claudia sacó mi verga de su boca y la apuntó a su rostro, recibió la primera oleada en su nariz, luego en su frente, parpados, cabellos, mejillas.     Borbotones de liquido perlado cubría todo su rostro.     Los ojos de Sonya estaban abiertos como platos, instintivamente retrocedía mordiendo sus labios hipnotizada por la escena.     La calentura era tanta que esta fue una eyaculación más copiosa que el normal de las veces.   Claudia restregaba mi polla en su cara y con sus dedos acompañaba parte de mi semen a su boca, no quería perderse nada.     Después se volvió hacia Sonya quien ciertamente nunca había visto algo así y miraba a su hermana mayor sorprendida, pero también fascinada y curiosa.

—No sabe nada de mal … definitivamente deberías probar esto también …

Dijo Claudia a Sonya que miraba embelesada viendo algunas gotas de semen que escurrían de su barbilla a sus senos y sin previo aviso se lanzó en adelante y besó a Sonya en su boca que estaba ligeramente entreabierta y estupefacta.      Ahora fui yo quien abrió los ojos desorbitados, nunca pensé en presenciar algo así entre mis hermanas.      Sonya estaba tan sorprendida que se echó para atrás y casi se cayó de la cama exclamando:

—¡Hey! … ¿Qué haces? … ¿De que se trata esto? … ¿Has enloquecido? …

Dijo Sonya balbuceando desconcertada y por un momento temí que huyera de la habitación.

—Bueno … ¿Querías adquirir experiencia? … esto es parte del paquete …

Dijo Claudia sabiondamente con un tono de clara suficiencia en su voz.      Inmediatamente me quedó claro de que esta era una pequeña venganza de Claudia por haber tratado en modo despectivo a Esteban.

—Solo quería mostrarte cómo sabe para que veas que no tiene nada de asqueroso …

Agregó en tono tranquilizador y evitar que Sonya que todavía se apoyaba a la cama con la intención de huir se calmara, esta se mostraba indecisa sobre cómo reaccionar.

—Además … estoy totalmente caliente …

Agarró de los hombros a Sonya y la recostó sobre la cama.

—… y también le debemos algo a nuestro querido hermanito …

Diciendo esto comenzó a restregar sus tetas por sobre las de Sonya, luego volvió a besarla esta vez por más tiempo que ese primer beso.     ¡Oh!, pensé, “esto si que me va a gustar”.     Rápidamente hice espacio en la cama donde las dos se acomodaron envueltas en un abrazo apasionado.     Sonya respondía a los besos de Claudia y repasaba sus labios probando el sabor de mi semen.     Claudia estaba sobre su cuerpo y la aplastaba con sus tetas manteniéndola inmóvil.

—¡Sí! … admito que también me gusta …

Dijo Sonya y Claudia le sonrió frotando su vientre contra el vientre de ella, luego montó el muslo de Sonya y abrió bien sus piernas apoyando los labios de su panocha sobre la piel de su hermana, comenzando un movimiento de atrás y adelante.      Me acomodé fascinado al borde de la cama y comencé a jugar con mi verga blandengue.      Veía como Claudia había espalmado todo mi semen sobre el rostro angelical de Sonya, lo que parecía no molestarle, luego vi cómo frotaba voluptuosamente contra su cuerpo.

 

Era evidente que ahora Sonya se encontraba bastante excitada con este jueguito erótico, Claudia ronroneaba como una gatita en celo deslizándose de un lado a otro y luego arriba y abajo contorsionándose como una serpiente, luego inició a acariciar los senos de Sonya.

 

En un principio me dediqué a observar las lujuriosas actividades de mis dos hermanitas, pero era tan caliente la escena que sentí la urgente necesidad de intervenir.     Lentamente comencé a tocarlas a ambas en las piernas, mis manos aterrizaron en el amplio culo de Claudia, rocé su hendedura y me desplacé con mis dedos hasta su húmeda vagina.

—¡Mmmmmm! … ¡Ssssiiii! …

Susurro entre dientes y continuo a mordisquear los pezones de Sonya, esta no permanecía inmóvil y acariciaba la espalda a Claudia que yacía sobre ella y follaba cada vez con mayor intensidad su muslo.      Mi verga revivió y pensé que había llegado la hora de follar a alguien, las nalgas de Claudia se movían invitantes y tentadoras, me arrastré a los pies de la cama, me coloqué sobre ellas y guié mi verga al trasero de Claudia.     Ella me dirigió una mirada severa y movió negativamente su cabeza.     Me desconcertó en un principio, porque ella estaba tan mojada que pensé que lo único que esperaba era mi polla en su chocho, pero luego entendí.

 

No quería que Sonya nos viera follando, ella no estaba lista y podríamos asustarla.     Fue difícil para mí tirarme atrás, pero confié en su criterio y experiencia y retrocedí nuevamente.     Pero me hizo espacio hacia el coño de Sonya y me dijo:

—¿No te estabas comiendo ese coño? … míralo como esta jugosito y calientito esperándote …

Sonya había escuchado y tentadoramente abrió sus piernas y lamió sus labios con deleite, así que mientras Claudia amasaba sus senos, yo me incliné a comerle el coño a Sonya.

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …

Sonya comenzó a girar sus caderas al son de mi lengua, las manos de Claudia se perdieron entre las nalgas de Sonya y sus dedos invadieron el estrecho culo de ella.     Fueron grititos y chillidos agudos que acompañaron la penetración de su ano por los hábiles dedos de Claudia.     Lento pero inexorable la llevábamos hacia su orgasmo, con su otra mano Claudia se daba placer a sí misma.   Cuando Sonya estaba al borde de su clímax, Claudia me empujó y me hizo señas de que subiera hacia arriba:

—Yo te relevo aquí … conténtala a ella por allí …

Como veía que no había entendido, se metió un dedo en su boca y mimó una mamada, luego me hizo un guiño lascivo, pero al ver su dedo inflando su mejilla lo entendí.     No estaba seguro de si iba a resultar, porque con Sonya todo es más complicado, pero subí a la cabecera de la cama y me agaché cerca de la cabeza de Sonya que estaba con los ojos cerrados y al borde de su orgasmo, cuando Claudia comenzó a chupar su clítoris, Sonya se volvió más inquieta y movía la parte superior de su cuerpo y su cabeza de lado a lado, en uno de esos movimientos su boca quedó cerca de mi pene y yo lo coloqué y empujé en su boca entreabierta que gemía constantemente.     Sonya comenzó a chupar casi automáticamente y para mí eso fue cómo una invitación y se la metí profundamente.

 

Sonya abrió sus hermosos ojos y me miró con una expresión indefinible.     Al verla que me chupaba gemí en voz alta y comencé a mover mi pelvis para follar suavemente la boca de mi hermana.     Claudia levantó su cabeza y me hizo un gesto de asentimiento con una sonrisa y luego enterró su rostro entre las piernas de su hermana para la carrera final.

 

Con movimientos cortos y entrecortados comenzó a follar su chocho con su lengua, mientras mi verga entraba y salía de la boca de mi hermana.     Sonya no pudo soportar más y se vino.     Se estremeció de pies a cabeza, parecía enloquecida, su cuerpo rebotaba en la cama y Claudia no despegaba su boca de la vagina de ella.     Sentí como me chupaba más intensamente como si quisiera beber de mi verga para no sucumbir sedienta, y eso fue demasiado para mí.     Exploté con borbotones de esperma en su boca, ella intento retroceder sorprendida, pero sostuve su cabeza y enterré mi pene en su garganta.     Todavía convulsionando de las secuelas de su orgasmo, la sentí tragar y tragar hasta que dejé de chorrear y saqué mi polla lentamente de su boca.     Claudia seguía lamiendo el coño de su hermana, hasta que finalmente se calmó.     Luego se recostó a su lado abrazándola y besándola, yo me senté a un lado tratando de recuperarme.

—¿Y que te pareció? …

Preguntó Claudia mientras le acariciaba el cabello con dulzura.

—Fue muy agradable … sin duda que lo fue …

Pero luego se volvió hacia mí con severidad y me apuntó con un dedo diciendo:

—Pero con ese jovencito tengo que hablar un par de cosas …

Quería encontrar un lugar donde enterrarme porque por supuesto que sabía por qué estaba enojada conmigo.     Claudia vino en mi auxilio:

—No seas tan duro con él … después de todo es un hombre … y nosotras se la pusimos muy difícil …

Puse la mejor cara de inocente que pude y me pareció que Sonya cambiaba su expresión hacia mí.     Luego Claudia dijo:

—Bueno … volveré a mi habitación antes de que Esteban se despierte y pregunte donde me he metido …

Saltó de la cama, fue a la puerta y se dio vuelta antes de salir.

—No vayas a olvidar que iremos a nadar en la mañana temprano …

Me miró y me guiño su ojo.     Entendí que por hoy nada más haríamos junto a Esteban y nos veríamos directamente en la mañana.     Eso estuvo bien conmigo porque me sentía verdaderamente exhausto que no me quedaban más energías.     Esperare con ansias la mañana.

 

Después de que Claudia se fue, hubo un pesado silencio entre Sonya y yo, hasta que ella finalmente rompió el silencio:

—No estuvo bien de tu parte atacarme con tu cosa así … te aprovechaste de mí en un momento en que no estaba en mí …

La mirada de ella no dejaba lugar a dudas de que hablaba totalmente en serio.

—Pero me la mamaste tan rico antes … pensé que te gustaría …

Me defendí poniendo mi carita de inocencia máxima.

—Pero la próxima vez, pregunta primero … ¿entendiste? …

Ella ignoró totalmente mi observación, así que refunfuñe un respuesta ambigua e incompleta.

—Bueno … está bien … yo solo …. Ehm …

—¡Bien! …

Dijo mi hermana con una voz más amable y agregó:

—Entonces vuelve a la cama … otra vez tengo frío …

Más tranquilo y aliviado me metí a la cama, Sonya inmediatamente se acurrucó con su culo desnudo aplastando mi verga, subió el edredón hasta su cuello y a los cinco minutos dormía sueños beatos.

 

Yo intentaba de hacer un balance de lo sucedido.     Indudablemente había progresado con Sonya y aunque ella se mostraba molesta, había abierto su boquita y me dio a entender de que volvería a chupar mi verga si se lo pidiera amablemente.

 

Después tenía todo un programa pendiente con Claudia y Esteban, quizás mañana por la mañana, quizás al atardecer.     Esa va a ser otra experiencia indescriptible e increíble.     Poco después el sueño también me venció a mí.

 

(Continuará …)

 

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mi hija de 12 años y yo solos en casa
Estrella: ¡Más puta, más rebelde!

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