Incesto

Javier, Annette y yo.

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Hace unas semanas fui golpeada por una horrible realidad, por lo menos eso fue lo que pensé en ese momento.     Soy madre divorciada desde más de doce años, mi hijo Javier de diecisiete años y Annette de dieciséis.     Una Tarde en que fui invitada por una amiga para compartir un traguito y ver una película, por razones de salud, mi amiga se sintió tan mal que tuve que acompañarla al servicio de salud local donde quedó internada.     Yo me devolví a casa, generalmente regreso a casa después de medianoche, pero esta vez eran pasada las nueve.     Entre despacio a casa pensando en no disturbar a mis hijos.

 

Mientras caminaba por el pasillo hacia mi dormitorio, me llamo la atención el dormitorio de Annette estaba la puerta entreabierta y había una luz encendida, me acerque pensando mi hija estuviese haciendo ejercicios o algo parecido, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi a mi hija apoyada de pies y manos sobre su cama, totalmente desnuda y mi hijo también desnudo follando su coño adolescente desde atrás.

—¿Qué diablos están haciendo? …

Grité aterrorizada, estaba sorprendida no solo por la escena que se me presentaba, sino también cuando vi una tremenda polla gruesa y brillante salir disparada del coño de Annette la que de inmediato se echó a llorar:

¡Ay, mami! … ¡Ay, mami! …

También mi hijo reaccionó sorprendido, pero mucho más tranquilo.

—Lo siento, mamá … no deberías haber visto esto …

Me daba vueltas la cabeza, me afirmé en el escritorio que mi hija tiene en su dormitorio, mi hijo se sentó al lado de mi hija, su cuerpo sudoroso brillaba, jadeaba todavía y su pene no perdía su tremenda erección, miraba hacia abajo sin decir palabras, Annette tenía sus manos a cubrirse sus tetas bien creciditas y no cesaba de sollozar, le alcance un bata para que se cubriera.

 

Me senté en la silla del escritorio y miraba a mis apesadumbrados hijos.    Me divorcie años atrás porque mi esposo me era infiel, mis hijos se quedaron conmigo, su padre respeto al inicio las visitas parentales y de a poco se fue alejando de ellos hasta que solo recibimos el deposito del dinero por mantención familiar.     Pensé de haber logrado la paz interior.     Nos mudamos a una casa nueva en una ciudad diferente.     Estábamos tranquilos, los chicos asistían al colegio local y su rendimiento escolar era más que satisfactorio.     Jamás en mi vida pensé en encontrarme ante una escena como la que acababa de presenciar.     Éramos una familiar normal y feliz, ¿Qué paso? ¿Dónde me equivoqué?

 

Estaba totalmente abrumada y anonadada de lo que me estaba sucediendo, ¿Qué se hace cuando encuentras a tus hijos teniendo sexo?, realmente no sabía que hacer, pero debía comenzar por alguna parte.

—¿Desde cuando que están haciendo esto? …

Mis hijos se miraron y Annette giró su mirada hacia la ventana, Javier me miraba tratando de hilvanar una respuesta, luego murmuró:

—Ésta es la tercera vez, mamá …

Mi hijo es un joven bastante alto y atlético, un metro noventa con ochenta kilos, practica varios deportes y se ve en su cuerpo agraciado y musculoso.     Por supuesto que yo había visto su polla muchas veces, pero cuando más pequeño y nunca erecto como ahora, tampoco imaginaba esas tremendas dimensiones.     Annette es más delicada, siempre pensé que era un poco mojigata, una chica saludable, mucho más baja que su hermano, un metro setenta y sesenta y ocho kilos, bien curvilínea, largas piernas y sus senos anchos y túrgidos, seguramente serán más grandes que los míos una vez que se desarrolle como mujer.     Yo tengo cuarenta años, mido un metro setenta y dos con sesenta kilos, a diferencia de mi hija mi coño lo afeito dos veces por semana, mientras ella tiene una incipiente vellosidad sobre su vagina.

 

Después del divorcio yo no rehíce mi vida, permanecí sola y tranquila con mis hijos y por ningún motivo pensaba en darles un segundo padre.    Vivíamos felices, en cuanto a mis necesidades sexuales, un tiempo mis dedos hicieron una loable labor, después, por correo compré un par de consoladores de diferentes tamaños y me satisfacía solita todas las veces que me venían esos fuertes e irrefrenables deseos, me sentía libre y feliz con mis rutinas, muchas veces lo hacía en nuestra sala de estar, después de haber verificado que mis hijos se habían adormecido, ese era todo el sexo que había en esta casa, por lo menos eso es lo que pensaba hasta hoy que me encuentro a mis hijos teniendo sexo entre ellos.

—¿Saben que eso que han estado haciendo no es legal? …

—¡Sí mami … lo sabemos …! …

—¡Sí mami … lo siento …! …

—¡Quisiera saber … ¿Quién comenzó esto y cómo y por qué comenzaron a hacerlo! …

Mi hijo fue el primero a reaccionar:

—¡Mami, podríamos decir que todo fue gracias a ti …! …

Mi hija inmediatamente se animó a responder también, sorbetéando su llanto dijo:

—¡Sí mami … todo empezó por ti! …

Me quedé perpleja, ¿Cómo era posible que yo sin proponérmelo, haya empujado a mis hijos a una relación incestuosa?, fue mi hijo quien continuó:

—Mamá … una tarde yo me levanté para ir a buscar algo de beber … quizás porque me levanté descalzo, tu no me sentiste … pero yo escuché tus gemidos … esa especie de sollozos que emites tú … pensé que no estabas bien y fui a verte … estabas en el sofá desnuda con tus piernas abiertas y tu cabeza hacia atrás … parecías un ser angelical … tu piel blanca relucía … tus cabellos brillaban … y tu te estremecías contorsionado tu bajo vientre mientras te metías a toda fuerza y velocidad un consolador color oro, largo y grueso … quede petrificado … no podía dejar de mirarte … lucías tan hermosa … luego me asusté y me fui directamente a mi cuarto muy excitado por haberte visto tan bella y desnuda …

—Esta bien … pero eso es parte de mi vida privada y no tiene nada que ver con lo que ustedes estaban haciendo …

—¡Sí, mami! … ¡Sí! … ya lo sé, entonces lo comente con Annette y ella no me creyó, dijo que no podía ser posible que tú hicieras esas cosas … entonces la vez siguiente que te escuché que estaba sola sentada en el sofá con tu juguete … yo corrí al cuarto de Annette y le mostré lo que estabas haciendo … también ella encontró que te veías muy bella haciéndolo … entonces sucedió que tanto Annette como yo nos excitamos … nos fuimos al cuarto de Annette y nos masturbamos sin tocarnos … luego yo me fui a mi cuarto … Annette y yo conversamos varias veces sobre esto … yo quería que habláramos contigo para que tú que eres nuestra madre nos enseñaras cosas de la vida … Annette no quiso de ningún modo …

—¿Entonces? … ¿Cuándo decidieron tener sexo entre ustedes? …

—Mami, tú lo hacías hasta dos veces por semana y nosotros estábamos atentos para mirarte … una de esas tardes … mientras tú lo hacías yo me arrodille y bese el coño de Annette desde atrás … ella no resistió porque estaba por correrse y arrancó a su cuarto … yo fui detrás de ella y la seguí besando por todo su cuerpo … entonces Annette me dijo que lo hiciéramos …

No lo podía creer, mi cachondez e irresponsabilidad había inducido a mis hijos a tener sexo entre ellos, yo su madre les había alentado a cometer incesto, por alguna extraña razón no me sentía para nada culpable, tanto el sexo es un impulso humano y si me masturbaba para tener un desahogo, parecía del todo normal que mis hijos satisficieran sus necesidades y curiosidades sexuales.

 

Siempre supuse que mi hija era virgen y Javier tan macho empoderado, supuse que tenía novias con las cuales descargaba su ímpetu de juventud.     Entonces la pregunta me nació espontanea:

—¿Has perdido tu virginidad con tu hermano? …

—Sí mami …

—¿Y tú, lo habías hecho antes de hacerlo con Annette? …

—¡No mami! … también fue mi primera vez …

Me quedé anonadada, mis hijos se habían excitado mirándome y luego habían tenido sexo debido a la calentura que yo misma había provocado en ellos, entonces aparentemente la responsable era solamente yo.

 

Me quedé mirándolos a los dos, me parecían tan frágiles e inocentes.     Lo único que era notorio, era la erección de mi hijo que permanecía casi en todo su esplendor, mis ojos se iban hacia su verga una y otra vez, ahora reposaba quieta sobre su muslo, gruesa e imponente.     Sentí mi propia excitación en aumento, ¿Qué diablos me está sucediendo?, ¡No puedo excitarme con la polla de mi hijo!     Estuve quieta y silenciosa por largo rato, logré calmarme, pero mi cabeza era un torbellino.

—¡Annette! … ve a ducharte …

—Sí mamá …

Sonó como música a los oídos de Annette, con gran alivio se levantó y se fue al baño.     Mi hijo me miró inquieto, atinó solo a tomar su pene y acomodar su erección.

—¿Puedo ir a ducharme yo también, mamá? …

—¡No Señor! … tengo todavía que hablar contigo …

—¿Qué quieres, mami? …

—Hijo … nada excusa tú comportamiento de tener sexo con tú hermana porque me hayas visto jugando conmigo misma … esas son intimidades propias y que no te incumben …

—Pero mami … sucedió así … viéndote me puso cachondo … tu imagen estaba sellada en mi mente … y Annette … bueno … la escuchaste tú misma … ella quiso follarme …

—¿Pero estás loco? … ¿No has entendido nada? …

—Mami … creo que eres una mujer muy atractiva … sé que nunca podría tener sexo contigo … Annette se asemeja tanto a ti … entonces mi fantasía lo hice con ella … lo siento …

Después de estas palabras de Javier todo se hacía más complejo, sentía que mis bragas se humedecían y no lo podía controlar, mi hijo deseándome, inaudito, pero excitante.

—Hijo, las madres no pueden tener relaciones sexuales con sus hijos, al igual que hermanos y hermanas no deben hacerlo …

—Mami, tengo sed … voy por una gaseosa … ¿Quieres una? …

—Está bien, hijo … pero tráeme solo un vaso de agua …

Lo vi alzarse con sus casi dos metros de estatura, pasó frente a mi y su polla gallarda y desafiante se balanceaba de lado a lado.     Mire su apretadito culo de chico, aún cuando la conversación era muy compleja, cada vez me sentía más excitada, me levanté cuando volvió Annette con sus ojos enrojecidos y temerosa:

—Acuéstate, hija … mañana conversaremos de esto …

—Lo siento mami … creo que necesito descansar …

—Sí hija … ve a dormir … una noche de sueño te hará muy bien … y no te preocupes mucho porque solucionaremos todo esto … no pienses más y duerme tranquila … te amo, hija …

—Yo también te amo, mamá …

Le di un beso y me fui a la sala de estar, trataba de calmar a mi apesadumbrada hija, porque mi intención era que todo quedase entre nosotros, nadie más debía saberlo, somos solo nosotros tres, debemos seguir adelante en paz y armonía.     Mientras descendía la escalas hacia la sala de estar, me subí la falda y toque mis bragas, estaba húmeda entre mis piernas y mi coño estaba excitado. Javier salió de la cocina con una gaseosa y una bandeja con un vaso de agua para mí.   Todavía estaba desnudo, su pene estaba semi erecto y se bamboleaba mientras caminaba, era de verdad impresionante, me encantaba verlo con la desenvoltura que le da su juventud y la seguridad de macho joven y desnudo y no le pedí de ir a vestirse ni tampoco que cubriera su pene.     Se sentó en el sofá a mi lado:

—¿Cómo está Annette? … ¿Qué te dijo? …

—No mucho … pero está muy afectada y apesadumbrada …

—Pobrecita … nunca fue mi intención …

—Pero estas cosas tienen consecuencias, hijo …

Javier ya no hacía ningún intento de cubrir su polla, a un cierto momento la tomó con una mano y empezó a jugar con ella causándome incomodidad y nerviosismo, estaba como hipnotizada con esa verga gigante.    Sentado al lado mío, me percaté de qué él también se rasuraba su vello púbico, nunca lo había visto en un hombre, me gire a mirar abiertamente su pene, sus ojos claros, límpidos me encuadraron:

—Mami esto ya es un hecho que no podemos cambiar … no podemos convertirlo en un drama eterno … empezar a culparnos unos a otros … ¿Con que objeto? … el sexo es parte de la vida … como comer, beber, respirar …

Lo miré orgullosa, parecía mucho más maduro que yo y le encontré razón, ya no soy mamá de un niño, pensé.    

—Además tengo que rebelarte que Annette tuvo una relación lésbica con la Pepa Fernández, su compañera de colegio … la misma que viene a quedarse con ella algunas veces cuando tú no estás …

Me estaba dando cuenta de que mis hijos habían crecido y yo no me había dado cuenta.     Después de las revelaciones de Javier, noté de que su pene había vuelto a tomar su solidez, convirtiéndose en una gran erección, él se percató que mi mirada estaba pegada a su verga:

—Lo siento mami … tú me haces sentir así …

No sé que hizo que yo reaccionara como lo hice, quizás su proximidad, quizás su hermoso cuerpo fornido y masculino o quizás esa enorme polla que palpitaba como oteando el aire, quizás el sentir la calentura de mi conchita, no lo sé, pero mi mano se movió con voluntad propia y aferró esa asta insolente y arrogante, él reaccionó de inmediato y afirmó mi mano con la suya.

 

Javier se giró y puso su mano en mi muslo y comenzó a desplazarla por la suavidad de mis medias, llegó al liguero y toco mi piel desnuda, una vibración exquisita recorrió todo mi cuerpo, con naturalidad abrí mis piernas para mi hijo, con su mano bajo mi falda perdí por completo el control, hice que su polla dura brillara en mi mano, su liquido pre-seminal se derramaba inagotable por loa lados de su polla, él puso su bebida sobre la mesita y gimió.

—¡Oh, mamá! … tómalo en tú boca …

Me pareció demasiado apresurado para el momento especial que estábamos viviendo, pero seguí jalando su polla gorda y dura.     También la mano de Javier hacía más presión entre mis piernas, sentí su dedo metiéndose entre el elástico de mis bragas y levantando el género para hacerlo a un lado, poco a poco comenzó a deslizarse entre mis labios, la abertura de mi coño estaba húmeda y excitada.     Su polla pulsaba con fuerza en mi mano, la sentía hincharse, sabía que eso preanunciaba su clímax.     Todo iba demasiado rápido para mí, pero la excitación era demasiado intensa para detenerlo.    Mi mano se movía rápidamente en su polla, su verga aumentaba cada vez más su tamaño y continuaba expandiéndose.

—¡Oooohhhh! Mamá … ¡Oooohhhh! …

Sus gemidos se intensificaron, su cuerpo comenzó a temblar, los músculos de sus muslos se tensaron increíblemente y con una fuerza inaudita comenzó a disparar cargas de semen, una salió directa a su pecho, otro chorro salto sobre su hombro y luego otro, algunos me salpicaron a mí, era genial tener otra vez en mano una verga que se descargaba de lechita masculina, mi blusa recibió un baño de esperma, pero no me importaba, estaba atenta a no perder traza de los chorros de semen que escapaban de la verga de mi hijo, me encantó ver correrse a un joven chico con la potencia de mi hijo.     Su frente estaba sudorosa, sus ojos extraviados trataban de fijar algo dentro de la habitación, sus músculos poco a poco se relajaron, todavía escurría semen desde su polla a cubrir mi mano que seguía allí sintiendo esa explosión de lava caliente.     Una amplia sonrisa apareció en su rostro. Me invadió una sensación indescriptible de regocijo infinito, había hecho correrse a mi hijo.

 

Él me miraba fascinado y apasionado, se dejo caer sobre la alfombra y se ubicó entre mis piernas, agarró mis tobillos y me saco mis zapatos de tacones, luego me levantó mis piernas abriéndolas en el aire, sentí su cálido aliento descendiendo por mi entrepierna mojada, empezó a lamer mis bragas, dando unos cuidadosos mordiscos con sus dientes, casi estirando mis labios, me estaba volviendo loca.     Siguió así durante algunos minutos sin que yo sintiera su lengua en mi coño.    No me atrevía rogarle a mi propio hijo de que me comiera el coño, estaba todavía impactada por el giro que había tomado toda esta situación, pero mi niño estaba caliente y quería hacer que me corriera.     Javier estaba jadeando bajo mi falda:

—¡Oh, mamá! … quiero follarte … tu coño huele tan rico y caliente … quiero llenarlo con mi polla … ¿Quieres que te llene con mi verga, mami? …

—¡Noooo! … ¡Noooo! … lámeme solamente … cómete mi coño …

Sentí como sus dedos desplazaban mis bragas hacia un lado y entonces sentí su húmeda lengua separar mi labios mayores y entrar en mi conchita, hizo varios círculos en mis labios menores y luego se concentró en mi clítoris.     Mi cuerpo se estremeció comenzando a temblar, mi trasero se alzó en el aire y mi orgasmo llego demasiado rápido, pero era irrefrenable e imposible de detener.

 

En mi orgasmo sentí y noté la reacción de mi bebé, mi coño chorreaba en toda su calentura y una montaña de tensiones dejó mi cuerpo, era una liberación increíble.     Mis bragas estaban empapadas y parte de mi falda también, solo su padre hacía que me calentara de este modo tan intenso.    Incluso mi hijo se sorprendió, saco su cabeza de debajo de mi falda y me miró atónito:

—¡Mamá! … te corres tan fuerte y potente como cuando yo me corro con mi polla …

Me incliné a mirarlo y su rostro resplandecía con fluidos de mi coño chorreante, me sentí un poco avergonzada.     Mi hijo se puso de pie con su enorme verga en su mano blandiéndola de lado a lado:

—¡Quiero cogerte, mamá! …

—¡No, hijo! … no … no quiero ahora … tenemos que hablar mañana junto a tu hermana …

—¿Vas a contarle a Annette? …

—¡Sí, hijo! … somos familia … somos tres … y los tres resolveremos esta situación … mañana conversaremos al respecto …

Me fui a dormir más tranquila y relajada, no podía creer lo bien que me había hecho estar un rato con mi hijo.      Todo tipo de pensamientos giraron por mí cabeza, dormí a sobresaltos, pero sabía que un periodo completamente nuevo empezaba para nuestra familia.

 

Al día siguiente me fui temprano a trabajar, era viernes al fin, último día de trabajo de la semana, estuve todo el día pensando en el maravilloso orgasmo que había tenido con mi hijo, también me preocupaba lo apesadumbrada que estaba mi hija.     Creo que mi hijo tiene razón, vivimos solos nosotros tres y el sexo es parte de nuestra naturaleza, ¿Por qué no hacerlo en casa?

 

Volví al atardecer un poco cansada, pero ansiosa de tener al fin una conversación civilizada con mis retoños, pensé que debía enseñar a ellos a tener sexo en modo seguro, justo con ese argumento comencé la conversación con ellos.     Annette me miraba sorprendida, entonces le dije que la tarde del día anterior había tenido una conversación con su hermano, no habíamos sentido muy calientes y él me había procurado un hermosísimo orgasmo.

—¿Tuviste sexo con Javier, mamá? … ¿Cogiste con él? …

—¡No precisamente, querida … pero sí, él me lamió mi coño y yo me corrí … luego conversamos y pensamos que lo ideal era dejar que todo continuara entre nosotros tres … un secreto de familia … ¿Estás de acuerdo, hija? …

—¡Mamá! … pero tú dijiste que eso n…! …

—No importa lo que yo dije, tesoro … lo importante es que actuemos en base a nuestros propios criterios … ¿Te parece? …

—Sí tú lo dices, mami … entonces, está bien …

Javier nos miraba interesado, tenía una cerveza en mano y una ligera protuberancia levantaba sus shorts.

—Entonces, para empezar, nos desnudaremos completamente …

Hubo una rápida mirada entre Annette y Javier, se sonrieron y comenzaron a desvestirse, el primero en quedar desnudo fue Javier, Annette estaba un tanto nerviosa mirando alternadamente a mi y a Javier.     Yo me saqué mi blusa y mi sujetador, Annette miró mis senos con interés, luego me desabroche la falda y la hice descender hasta mis tobillos, me quite mis bragas y estaba comenzando a quitarme el liguero cuando Javier intervino:

—Mami … te ves demasiado hermosa con ese liguero y esas medias negras … no te las quites por favor …

—Bueno … si lo prefieres me quedaré con ellas … iré a buscar mi juguete por si llegáramos a necesitarlo …

Me levanté y llevándome la ropa que me había quitado, me fui a buscar mi juguete, volví enseguida y Annette estaba sentada en el regazo de Javier y éste jugaba con sus pezones, ambos me sonrieron cuando me vieron regresar, encendí mi consolador y el zumbido característico lleno la habitación, me senté en el sillón y comencé a pasar mi dildo sobre mis pezones mientras Javier chupaba los pezones de su hermana.   Javier estiró su mano y yo le entregue el juguete a él, estaba curiosa de saber como lo usaría.     Él hizo alzar a Annette y la volvió a sentar, pero esta vez a horcajadas sobre sus piernas y mirándola de frente, mientras le besaba el cuello comenzó a pasar el consolador sobre la velluda vulva de Annette, esta emitió unos gemidos y se apegó a él:

—¿Lo sientes? … ¿Te gusta? …

—¡Oooohhhh! … Javi … vibra y se siente rico …

Mi hijo tenía una erección enorme, yo estaba jugando con mis labios empapados y bañados viendo a Annette que giraba su culito gozando del consolador, entonces vi que Javier me miraba con malicia comenzando a meter el dildo dentro el coño de su hermana, esta le echo los brazos al cuello y comenzó a mover su pelvis follando el artilugio que zumbaba dentro de ella con sonidos variables debido al apriete de los músculos vaginales, me acerqué y me acuclillé al lado de Javier, el olor a coño joven era intenso.

 

Con mi mano aferré la verga de mi hijo y comencé un sube y baja, su polla estaba dura como palo  y derramaba leche en abundancia, hubiese querido sentirla en mi boca, pero no me dejaban el espacio como para meter mi cabeza, mi hijo se giró y me beso en los labios, me fui detrás de mi hija que gemía y meneaba sus caderas casi con desesperación, pase mis manos por debajo de sus axilas y me apoderé de sus tetas, dejando deslizar sus pezones por entre mis dedos, Annette grito su orgasmo estremeciéndose en la piernas de Javier:

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! …

La abracé y sentí cada temblorcillo de su acabada bestial, se había corrido con mi juguete, metí mi mano entre sus piernas y acaricie su chocho pequeño y gordito, sus fluidos empaparon mis dedos, pego un salto cuando mi dedo se metió en el surco de su vagina y rozo su delicado clítoris. Javier se levantó y dejó a su hermana exhausta sentada en el sofá, luego me tomó por la cintura, me beso dulcemente y me sentó al lado de Annette, luego se arrodilló frente a mi paseando el vibrante consolador sobre mis propias tetas al momento que su lengua recorría mi vientre plano.

—¡Ssssiiii!, hijo … es delicioso … ¡Aaaahhhh! …

Su lengua comenzó a trazar círculos en mi monte de venus.

—¡Mmmmmm! … ¡Que ricooo! …

Levantó mis piernas y sentí su lengua recorriendo la rugosa estrellita de mi ano.

¡Mmmmmm! … ¿Qué haces? …

—Si no te llegara a gustar me detienes …

Estiré mis brazos y metí mis manos bajo mis nalgas para abrir mis glúteos y demostrarle que, si me gustaba lo que me estaba haciendo, de siempre he disfrutado mucho del sexo anal, mi exesposo me hizo adicta.    Di un salto cuando el consolador se posó entre mis labios regordetes y mojados, pese a la corta edad mi hijo era un amante fabuloso, deben ser los genes de mis esposo, pensé.    Annette había plegado sus piernas y nos miraba hechizada acariciándose su pezón izquierdo y mordiendo su labio inferior.

 

Estaba con los ojos cerrados disfrutando la lengua de mi hijo y el cosquilleo que me provocaba el consolador, me estaba llevando al paraíso bañando mi orificio anal, mordía mis labios para no gritar, pellizcaba mis pezones tratando de escapar a la abrumadora sensación que se estaba formado en mi bajo vientre, pero me estaba sobrepasando y no pude resistir, salté hacia adelante sorprendiendo a mi hijo y me corrí convulsionando en un demencial orgasmo, Annette preocupada se acercó y me sostuvo por los hombros y Javier sonreía con su rostro empapado de mis fluidos.     Él se alzó en pie y ayudó a su hermana a acomodarme en el sillón, mis piernas temblaban y mi respiración era irregular y afanosa.

 

Javier se sentó a mi lado y comenzó a pasar el consolador sobre su pija enhiesta, gimió y Annette se acomodó en medio a sus piernas, le cogió el dildo de sus manos y lo comenzó a pasar por sus cojones, la verga de Javier se mecía en el aire al ritmo de sus gemidos, la lengua de Annette comenzó a viajar por la longitud de la polla de su hermano y sin previo aviso se trago la mitad de un solo golpe, me emocioné al ver a estos dos chicos con una innata predisposición al sexo caliente, me sonreí pensando a los genes míos y de mi marido mezclados en ellos.

 

Annette procedió a darle una magistral mamada a su hermano, éste agarró su cabeza y la folló con fuerza y mi hija no desistió de sus profundas chupadas, el orgasmo de su hermano en su boca la hizo toser, pero ni una sola gota escapó de sus labios, con su lengua lamio por varios minutos esa verga lustrosa y fornida mientras Javier se estremecía con tiritones y guturales quejidos.

 

Me fui a la cocina y preparé unos vasos de jugo, luego contoneando mis caderas me fui a mi dormitorio.

—¡Síganme, chicos! …

Javier y Annette se levantaron prontamente y me siguieron a mi dormitorio, el dormitorio de la matriarca, por lo visto estos chicos están aventajados es bien poco lo que puedo enseñarles, pensé. Acostados sobre mi cama nos bebimos el jugo y pregunté:

—¿Qué quieren hacer? … ¿Hay algo que les llame la atención? …

Annette se encogió de hombros como ignara de toda la situación y para ella así estaba bien todo, en cambio Javier me quedó mirando y como que no se atrevía a hablar.

—¡Vamos, Javi! … No te avergüences, hijo … puedes decir todo lo que tu desees hacer … juntos aprenderemos y haremos de todo … ¡Suéltalo, ya! … ¡Dilo! …

—Tu culo, mami … siempre me ha gustado ese pequeño y redondito trasero tuyo … y como te ha gustado que te besara ahí … no sé … pensé … no sé si te gustaría hacerlo por ahí …

—¿Le has besado el culo a mi mami? …

Dijo Annette sorprendida y deveras también me sorprendió a mí, Javier estaba rojo como un tomate, yo contraje mis nalgas solo de placer al pensar en la verga de mi hijo ensanchando mi esfínter.

—Bueno … por mi está bien … pero debes darme el tiempo para lavarme … y, lo más importante de todo … debes ser gentil y delicado … la última vez que lo hice fue con tu padre …

—Madre … seré todo lo cuidadoso que tú quieras … lo haremos como tú digas y a tú ritmo …

—Es como debe ser, hijo …

—Mami … ¿Y lo puedo hacer yo también? …

—Por cierto, hija … estás aprendiendo y a su debido tiempo, harás todo lo que te plazca …

—Mami … quiero ver como hace Javier para correrse solo él …

—¿Quieres que me masturbe delante de mamá? …

—¡Sí, tanto ya hemos visto como se masturba mamá … yo también toco mi coño cuando me quiero correr … faltas solo tú … te hemos hecho correrte, pero no hemos visto cuando lo haces tú solo …

—Hija, ya tendremos tiempo de hacer también eso … ahora Javier quiere romperme mi culito … ¿Verdad, Javier? …

—Sí mami … quiero ser como mi papi … si él lo hacía, yo también quiero hacerlo …

—Y lo harás, hijo … ciertamente que lo harás … espera que vaya a lavarme …

Me levanté parsimoniosamente y me dirigí al baño, los ojos de Javier alucinaban con mi culo y yo sentía un estremecimiento pensando a su magnífica polla adentrándose en mis vísceras.   En el baño procedí a darme varios enemas con una perita que estaba inutilizada por años, lavé lo mejor posible mi recto y volví a mi cama, Javier parecía impaciente y Annette serena y tranquila jugaba con su polla.

 

Apenas me recosté Javier vino a besarme, castamente beso primero mi frente, luego cerró mis ojos besando mis parpados, acarició mis pechos, sentí la mano de mi hija que tocaba mi vagina, gemí y tome su mano para presionarla contra mi chocho, así mientras con una mano jugaba con la polla de Javier, con la otra estimulada mi grieta cálida y encharcada.   Javier había llegado a mis senos y chupaba mis pezones.

—Chupa, hijo … chupa como cuando eras mi bebito …

Incremento sus chupadas y mis pechos parecieron crecer en boca de mi hijo, Annette estaba lamiendo los cojones de Javier y dos de sus dedos me penetraban, me estaba haciendo sentir bellas cosas esta hija mía.     Mi hijo amasaba mis senos y me hacía sentir más sensaciones ricas.   Después sentí una lengua en mi chocho, abrí mis ojos y era mi hija que con los ojos cerrados hundía su cabeza entre mis piernas y hozaba entre mis labios mayores como una cerdita llevándome al séptimo cielo.

—Gírate mami …

Javier me daba indicaciones, toque la cabeza de mi hija e hice como me decía mi hijo, me puse de guatita sobre la cama y acomodé una almohada bajo mi vientre para mantener mi culo levantado, luego eché mis manos para atrás y me abrí mis nalgas separando mis piernas para permitir a mi hijo de situarse entre ellas, mi hijo encendió el consolador y comenzó a pasearlo entre los cachetes de mi culo.

—Hijo, en el velador hay un tubito con cremita …

Prontamente mi hijo encontró el tubo y comenzó a lubricar mi ano, metió un dedo en mi trasero con abundante cremita, luego los dedos fueron dos y después tres, sentía como mi ano se dilataba bajo la presión de sus dedos.    Me hizo arquear mi espalda cuando comenzó a follar mi trasero con el consolador.

—¡Mmmmmm! … ¡Mmmmmm! …

—¿Te duele mami? …

—¡No!, hija … no me duele nada … ¡Mmmmmm! …

Mi hijo me follaba dulcemente con el grueso dildo e intentaba meter sus dedos entremedio para ensanchar más mi estrecho culo.     Hizo esto por varios minutos, luego le paso el vibrador a Annette y sentí sus besos en mis nalgas, luego fue el turno de su polla que, gracias a la estupenda lubricación y estimulación, se introdujo en mi ano y se adueñó de él.     Mi recto fue invadido por su ariete de carne cálida y sólida, su cuerpo entero estaba sobre mí, comenzó a besar mi cuello y mis lóbulos mientras hacía trabajar su verga como un pistón, subía y bajaba estirando mis vísceras, lo sentía muy profundo, no me pude contener y mi esfínter comenzó a ordeñar su verga, tenía los dedos de mis pies encorvados y apretados tratando de detener el temblorcillo de mis piernas, un temblor que comenzaba a esparcirse por todo mi cuerpo, mordí la almohada para no gritar, pero las convulsiones me hicieron perder el control de todo y me entregué a un orgasmo potente e infinito.

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Aaarrrggghhh!  … ¡Más fuerte hijo! … ¡Cógeme por mi culo! … ¡Rómpeme toda! … ¡Ssssiiii! … ¡Dame con todo mi bebe! … ¡Dáselo a mamita mi niño! … ¡Ssssiiii! … ¡Asiii! …

Mientras yo alucinaba en una nebulosa de placer, mi hijo incrementó sus estocadas y su polla que empujaba mi recto sin descanso, muy luego se hinchó y explotó, sentí la tibieza de su leche llenar mi tripa.

—Aaaahhhh!, mami … ¡Oooohhhh!, mami …

Comencé a sentir una imperiosa necesidad de ir al baño debido a la copiosa cantidad de semen que mi hijo expulsó dentro de mi culo, controlé el todo estriñendo mi esfínter y dejé que mi hijo se recuperara de su acabada abundante, lo sentí morderme el cuello y también yo lo hubiese mordido si hubiese podido voltearme, me sonreí y me sentí satisfecha por mí y por mi hijo.

—¿Te dolió, mami? …

—No, Annette … no … estuvo esplendido … tu hermano lo sabe hacer muy rico …

—¿Lo podré hacer yo, mami? …

—Sí, hija … también tú lo podrás hacer …

Annette estaba junto a mi y acariciaba mi brazo tiernamente preocupada por mí, tengo dos hijos maravillosos, pensé.     La verga de mi bebé poco a poco se deslizó fuera de mí y finalmente me levante y me fui al baño con cierta aprehensión, hice lo que tenía que hacer y volví a lavar mi ano, nunca se sabe si mi hijo quiere más de mi culito.     Para sorpresa mía, no sentía ningún malestar ni mucho menos dolor, solo la sensación exquisita de haber sido rellenada por la pija de mi hijo.

 

Volví al dormitorio y encontré a Javier sentado en la cama afirmado con sus brazos y la pequeña Annette jugando con su juguete preferido, la verga de su hermano qué, para mi sorpresa, otra vez estaba dura y erecta, toqué las tetitas de mi niña y ella levantó su brazo para dejarme jugar con su endurecidos pezones, estaba caliente mi niña, improvisamente se levantó, empujo a su hermano en su espalda y ella montó la verga dura, gimió mientras se auto penetraba con la dura polla de Javier, cuando la sintió toda dentro, se acomodo en cuclillas y comenzó a mover sus caderas arriba y abajo, sus ojos estaban cerrados y chillaba saltando sobre la pija de su hermano, sus hermosas tetitas saltaban junto a sus hinchados pezones, se corrió muy rápido mi niña y se dejo caer hacia atrás todavía empalada en la verga de Javier, quedo inerte boqueando por aire, parecía una muñequita dejada caer, encontré que era muy bello y estimulante ver coger a mis hijos, me sentí feliz, me sentí radiante, me sentí mujer satisfecha.     Mirando la felicidad en la cara de mis retoños, comprendí que no había marcha atrás y me alegré de ello, esto nos haría unirnos todavía más, nos amaríamos todavía más.

 

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Toñito mío.
Cómo me cogí a mi hermana Juana

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