Adolescentes No Consentido Tabú

larga vida a mirones y manoseadores!

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Buscando imágenes para este post, me topé cosas muy simpáticas:

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Qué atarriada tan HP!

 

Por ejemplo esto, es oro puro. ¿No les parece lindo? A mí me hace suspirar. Vean esa morra señores (y varias señoras). SEMEJANTE ANIMAL ¿AH? De unos 15 años, máximo, cabello liso y oscuro, piel blanca, buena estatura, una patas de infarto y usa falda alta. Cuando yo, en mis relatos sobre colegialas hablo de una morra de ensueño, es así. Es ella.

Ah, y que conste… ese tipo no soy yo. Aunque  hago una venia ante él…

A mí me gusta mirar, me encanta… me envicia, me regocija… para mí, salir a mirar colegialas por debajo es como una droga. Si llevo algo así como un mes sin ver una colegiala por debajo, tiro a entrar como en depresión, como que me doy cuenta de que la vida no tiene sentido y es una mierda. Hasta que veo una morra bonita por ahí, en uniforme, y me acuerdo de cómo me revitaliza verle sus cositas privadas a una. Ver bajo la falda de una colegiala bonita es un éxtasis místico, una experiencia religiosa.
Al fulano de este video no le basta con mirar, y tuvo que meterle mano. Debió sentirse muy bien esa lycra ultra lisa conteniendo la carne tibia y curveada de esta mina. Tremenda paja debió hacerse el mancito al llegar a casa, con la mano que tocó la gloria pegada a su cara.
Ay… lo que provocan las minas bonitas en falda corta tartan. Va a ser como la cuarta vez que lo diga: No existe nada más erótico que una colegiala. Nada que incendie más a un hombre ni pueda sacarle tan fácil el animal. Nada que haga aflorar instintos más básicos ni desinhibir comportamientos más bajos. Nada que inspire pasión más primaria.
En cuanto a la morra, esta y todas las que hayan sido manoseadas… ya dije por ahí en alguna parte que esto es parte de la vida. Es como que de los hombres hambrientos o enamorados se aprovechen para sacarles favores o dinero. Ustedes tienen su vulnerabilidad y nosotros la nuestra. Somos seres imperfectos, pero podemos divertirnos mientras vivimos la vida.

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Ahora imagínense ustedes, señores (y varias señoras), ser docente en un colegio y ser así de arrecho como yo, por la minitas en uniforme. Pues les cuento que cada día es una tormenta. Pasarse la vida controlando instintos que institucionalmente se declararon inapropiados, es una mierda. Se gasta demasiada energía y vive uno exprimido y, cuando la energía se acaba, te pones deprimido y existencial. Una cosa es ver una morra sexy en la calle. Pero imaginen estar en medio de cientos y cientos de ellas en una hora de descanso. No, no es la calle, están en su colegio, en enorme manada y protegidas por sus profesores. No están a la defensiva ni con el poco pudor que en la calle. Están sin ningún pudor. Sí, hay hombres apenas conocidos allí, pero no hay problema porque son los profesores. Ellas se sientan en el césped, las escaleras o en mesas… MOSTRANDO TODO. Cien o doscientas morras de entre 12 y 16 años sentadas al rededor, mostrando mucho o mostrando todo. La perfección del cuerpo a esa edad es apabullante. Uno de profe ve tanto glúteo y pierna hermosa, atlética y muscular… tanta prenda íntima o cuando mucho; prendas diminutas de gimnasio, cacheteros de lycra super-estirada…

Tuve estudiantes por cuyo recuerdo todavía me pajeo hoy en día. Han pasado nueve años desde que dejé ese lamentable oficio de ser «educador». Creo que he contribuido más a educar al público a través de mis publicaciones que con la mierda que lo obligan a  uno a «enseñar» en los colegios. Lo sé porque provoco más escozor que la ortiga verde.

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Miren la diferencia entre la segunda foto y esta. Es más que obvia. Y hay algo más, no tan obvio y muy curioso: Las colegialas pobres excitan, les quieres dar hasta por… en cambio, las colegialas ricas enamoran. Así como la ñerita sexy (la de en medio en la segunda foto) extrae de tí lo más animal, la fresita te saca de lo más recóndito… tu instinto paternal. Te enamoras de ella y quieres protegerla, darle consejos, impresionarla al menos con lo que sabes de la vida. Al menos con lo que has leído, porque hasta en experiencia de vida, ellas te sobrepasan. Ha viajado cien veces más que tú. A la ñerita de colegio público, ves como la llevas con algún pretexto a un aula para estar solos. O no te la pierdes si la ves por un pasillo un piso arriba, y sin vergüenza ni miedo vas a verla por debajo. Si a la niña rica le ves por debajo de la falda, es por accidente y solo te inspira ternura. Es más, si ella va subiendo la escalera y un morro va debajo, lo llamas con cualquier pretexto para que no se ocurra morbosear a tu niña consentida. Claro que casi nunca lo hacen, esas cosas parecen estar exclusivamente en la mente de los hombres de mi generación.
La única explicación que se me ocurre es que las nenitas ricas son imposibles. Se vuelven un sueño de oro. En cambio, las ruquitas¹ sí son accesibles.

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¹Ruco, ruca (Col): Ñerito, persona ordinaria, de arraval. Sé que en México «ruco» es «viejo», pero no; yo lo digo en mi contexto nacional.
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La ruquita ve al profesor de una forma muy diferente a como lo ve la gomela. La ñerita lo ve como una figura de supuesta autoridad a la que debe enfrentarse o ignorar… la fresita lo ve como un empleado. No sé si diferente a como ve a la señora del aseo en su casa o al guachimán en portería.
Hay no obstante, una condición que rompe la regla: Niña pobre o rica, puede ver a su profesor como salvación, como hombre y como refugio, si…

Si hay alguien que me haya leído ya, sabrá que esto es repetitivo, puesto que ya lo he dicho mucho.

…como salvación, como hombre y como refugio, si proviene de una familia narcisista. Y las hay a raudales. Ese maldito mal se apoderó del mundo.

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Este post iba a ser sobre cómo ayer tuve que salir de emergencia a ver culos. A ver colegialas por debajo y el top de sitios perfectos para hacerlo, con sus diferencias y peligros. Nada que tenga una utilidad real, sino apenas alimentar el morbo. Fui porque hacía mucho no veía ese mítico tesoro: Bajo la falda de una colegiala. Hay un puñado de sitios cerca a donde vivo que son como el paraíso para mirones. Lamento ante ustedes, público de pervertidos y degenerados, no haberme acostumbrado nunca a tomar fotos. Me cago de miedo². Prefiero mirar y correr a pagarme pajazos frenéticos y muchas veces, compartir la energía mediante un post, cuando mucho con imágenes de Internet. Esto tiene un buen efecto, no lo imaginan. Los seres humanos tenemos el don de la telepatía pero no somos conscientes de él. Y sí se aprovechan otros poniéndoos a babear con la tv y redes sociales. Puden pasar siglos antes de que la mayoría se de cuenta de esto. Cuando yo escribo cachonderías, la energía de los pocos o muchos que leen y se encachondan, me es retribuida, y me pasan cosas cachondas ese día (o sueño muy rico esa noche).
Puede que, y esto pasa mucho cuando publico, alguien se influencie de mi trabajo y publique diciendo algo similar. No me molesta, excepto que quisiera que algo tan importante no se quedara en aparente ficción.

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²Buscando «colegialas por debajo» en Google para ilustrar este post, encontré un gracioso titular en el que un hombre fue sorprendido fotografiando colegialas desde abajo y trató de tragarse la memory card de su dispositivo antes de ser atrapado. ¡Qué cague de risa!
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Ayer fui al mejor sitio del mundo para ver colegialas por debajo. En otras publicaciones lo he descrito al detalle. Al acercarme, recé:

Dios, el diablo, espíritus, guía, el universo o lo que putas sea… llévenme con bien, que hace rato no veo un lindo culito de colegiala y estoy deprimido. Ver las delicias que hay bajo la falda de una morra es lo único que me hace feliz en esta peorra vida. Guíenme con bien para ver tantos culos tan excitantes y por buen tiempo, hasta quedar con el bóxer mojado y después, peor de deprimido por no poder desahogarme.

Me senté en la escalerilla bajo el paradero de buses y había tres colegialas buenotas. Sus faldas no eran tan cortas así que me faltaba un centímetro para bañar mis ojos en gloria. Pero podía esperar a que subieran al bus o que corriera un amistoso vientecillo. Según mi vasta experiencia, la mitad de morras llevan siempre bicicletero. Pero verlo es lindo, igual. Otras usan cachetero. Es mejor. Y un 1% llevan panties nada más. Pues mi plegaria fue oída: Una carnosa morra de unos 15 años pasó derecho, con falda muy corta (más corta que la de la ñerita de en medio en la segunda foto de este post) y me levanté corriendo. Allí dispones de ¡tres cuadras! (300m) para irte caminando un piso abajo de la colegiala que quieras ver, y no solo eso: la pendiente es total, o sea que ella va prácticamente caminando encima de tus hombros.

Hacía mucho no veía el paraíso.

Esta morra llevaba tanga o no llevaba nada. Supongo que era lo primero, pero para efecto de mis pobres ojos, era igual. Desde abajo no iba a ver el hilo. Pero le vi sus magníficas nalgas, de forma perfecta pero un poco flácidas. Me puse como loco y apenas bajaba la mirada cuando había escalones en mi derrotero. La disfruté a lo largo de las tres cuadras. Estas terminan en una escalera que une ambos niveles, a la que me adelanté para sentarme en el primer escalón y esperar a la colegiala. Ella pasó y no conforme con haberme sentado, me doblé para ver desde más abajo. ¡Ay qué culo! Subí la escalera y me le fui detrás. Ella se ponía el dorso de la mano en la cola y presionaba levemente. No fuera y se le vieran sus exquisiteces. Me pregunto cómo son tan guarras para asistir a clase. ¿Será que le dan culo a algún profesor o compañeros? La actividad sexual al interior de los planteles educativos es exhaustiva. Y no es fantasía de un arrecho escritor, sino realidad.
Como de ahí en adelante no había más desniveles prometedores, desistí pesaroso y regresé al paradero. Qué arrechera tan verrionda. Allí había otra morra aún más carnosa esperándome. Tenía lo que parecía un camisón de dormir debajo, y por lo menos desde mi ángulo afortunado, todo el culo de fuera. Estaba parada hablando por teléfono y solo daba pasitos cortos y miraba a todos lados. Estaba esperando a alguien. Yo también saqué mi teléfono y me paré allí, a mirar para arriba. Qué empapada. Le grité «¡mamasita! ¡qué culo tan delicioso!» pero lo hice a drede cuando pasaba un camión, para que no me escuchara. Completé allí varios minutos, y me pareció que un distante grupo de colegiales me había sorprendido, me veían, comentaban cosas y reían. Me valió verga. Miré ese portento por un minuto más y me fui porque…
Una tercera morra, ya no de ±15 como las anteriores 2, sino de ±13, pasó de largo. Su falda no era tan corta pero era un un uniforme que siempre me ha encendido. No sé como los profesores de allá no se vuelven locos (No mentiras: sí sé. Los hombres se volvieron idiotas a causa de la ingeniería social practicada desde los 90s, cuyo objetivo real es demasculinizar la raza humana).
Esta fantástica morra de cabello extralargo y negro y piel blanca, de baja estatura y rostro de putilla, andaba con su amiga  e iba a buen paso por el paradero. ¿Por qué las que más queiro mirar siempre van tan rápido? Craneé un plan de emergencia. Subí mi marcha hasta cuatro cuadras más allá. Mi única oportunidad era un desnivel cortito. La esperaría allí. Volví a coger el celular para hecerme el güevón que hablaba y esperaba a alguien, y la aguardé pacientemente. Ellas llegaron y ¡Eureka! subieron por una escalerita de un piso de alto, sin barandas ni nada. Desvergonzadamente me fui al lado de ellas y no subí sino que caminé al lado de esclera, sin sentido, puesto que me dirigía a estrellarme con un muro. Miré hacia arriba y… Casi metí mi cabeza bajo su falda. Los tres mejores segundos que he tenido en unos seis meses. Y eso que soy putero a morir. Pero con putas uno no desahoga su pasión por las colegialas. No con lo que yo puedo pagar. Mi niña hermosa llevava lycra negra a ras de nalga. Pero ver sus piernas completas y tener el morbazo de ver lo que no se suponía que debía verle, sus paticas blancas largas y su penda interior…

(Suspiro de amor).

Volví a la realidad con cara de ponqué y una señora estaba vieÅ„dome, como no creyendo lo que acaba de ver. Pude leer muy claro en su cara que no podía creer que alguien con mi aspecto hiciera esas cosas. Cosas ya sea de niño chiquito o de viejo pervertido. Pero el que me vea, lo último que cree es que sea un depravado mirón. Prrr. Sí lo soy, y estoy en paz con ello. Mi aspecto no da para eso, más bien; las mujres nubiles se me quedan viendo y se humedecen los labios. ¿Por qué soy un mirón perdedor, enrtonces? Sencillo: Las mujeres fueron objeto de otra ingeniería social hace siglos (y no tengo idea cómo, pero sus efectos son latentes ahora), que ha llevado este mundo a su destrucción: Las muejeres tienen preferencia por los hombres con rasgos narcisistas y psicópatas, y repudian a los hombres compasivos y empáticos. Eso es todo.
La explicación en sí es sencilla, pero fue muy dura de llegar a conocer. Toda un a vida de rechazos. Pero ahora me vale madres. Muchas mujeres me ven y quieren conmigo, pero al concoerme medianamente, se horrorizan y van a buscar un psicópata que les dé por ese culo.

Ay, yo y mis mamadas que escribo.

Saludos a las morras de colegio y como siempre ¡un beso de amor en esa pucha! ¡Mmmmuak!

 

Tiene tantas cositas ricas mi mami.
vivo con mi hija de 10 años y se pasea en bragas en casa,,nesecito consejos Yaaaa

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