Incesto

¡Mami!, él ya no te quiere …

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—Esto es lo más hermoso que he visto en mi vida …

La mano de mi hijo se había colado bajo mi blusa y me había acariciado mi pecho izquierdo.   Me quedé estupefacta y sin habla.     Fue todo tan rápido y surrealista que todavía me pregunto si verdaderamente sucedió o fue un juego de mi imaginación.     Mi pezón hormigueó bajo mi camisa toda la mañana.     No sabía darme razón alguna.     ¿Habrá mi hijo enloquecido?

 

Somos una tranquila familia de clase media, mi hijo Alberto siempre ha sido un chico modelo, yo soy Clara su madre y todavía lo acompaño al colegio local donde cursa su segundo medio.    Su padre, Mauricio, desde hace tiempo dejo de beneficiarme con sus deberes de esposo y yo realmente no lo necesito, él es gasfíter profesional y de seguro habrá encontrado una mas joven que gotea más que yo, pero como dije, eso no es un problema para mí, ya que debo reconocer de que es un buen proveedor y jamás nos ha hecho faltar nada.

 

Durante las vacaciones de verano Alberto ayuda a su padre en el trabajo.     Ahora es tarde y acaban de regresar, mientras mi esposo descarga la camioneta, Alberto entra en la casa y me saluda con un beso en la mejilla, no puedo evitar de preguntarle:

—Hijo, ¿Qué fue todo eso de esta mañana? …

—¡Ay!, mami … no te hagas … ya no soy un niño … se cuando le gusto a una chica y he tenido varias ¿sabes? …

—No entiendo que tiene que ver eso con el hecho en cuestión, hijo …

—Mami, ya sé que entre papá y tú no hay nada … tú eres una joven mujer y sé lo que sientes … Mami, él ya no te quiere …

—Gracias, hijo … lo de tú padre déjalo a un lado … quiero saber porque tú …

No me dejó ni siquiera terminar la pregunta, me atrajo entre sus fuertes brazos y un temblorcillo comenzó a apoderarse de mi cuerpo.

—Madre … tú y yo sentimos las mismas cosas … ¿porque detenernos? …

—Hijo, tienes que entender que para mí ser tocada por ti no es lo mismo que ser tocada por cualquier persona … tú eres mi hijo … ¿entiendes eso? …

—Sí, mami … pero tú y yo tenemos una sensibilidad diferente al resto de la gente … tu te has copiado en mi … somos iguales y sentimos las mismas cosas … y yo sé lo que sientes …

Sus manos volvieron a meterse bajo mi blusa y esta vez se apoderó de mis pezones, me sentí como una gata en celo, me pegué a su piel y pude sentir el bulto que se incrementaba bajo sus pantalones.     Yo estaba sin sujetador y sus manos se deslizaron sobre mi piel encendiendo una llama que creí se había extinto mucho tiempo atrás.     Mis bragas se humedecieron y apreté sus manos contra mis pechos.     El tenía razón, somos de una sensibilidad similar, yo lo amo, pero hasta ahora creí amarlo como mi bebito, al que yo le di vida.     Jamás se me paso por la mente que un día iba a sentir su pene duro contra mi cadera y me iba a mojar toda entera como una colegiala.

 

Ambos miramos hacia la calle y vemos que mi esposo esta ocupado bajando algunas herramientas, él me empuja por el pasillo hacia su dormitorio.     Me parece estar flotando en una nube envuelta en los brazos de mi niño, siento que besa mi cuello y aprieta mis pezones hasta hacerme plegar mis piernas y juntar mis muslos.

 

Apenas cruzamos el umbral de su pieza comienza a darme besos de amante, me siento viva, siento ese hormigueo en toda mi piel al toque de sus dedos que vagan por toda mi envergadura, no hay espacio que quedé sin ser explorado por sus dedos, cada pecho es suyo cuando me acaricie, lame y muerde mis senos.     Me levanta el vestido y sus manos invaden mis bragas recorriendo la redonda curvatura de mis glúteos, cuando se mete entre mis piernas me paralizo y tiemblo, me siento electrizada.    Me inclina, baja mis bragas y me penetra por detrás.    Repentinamente me siento transportada al paraíso.     Estoy llenita de mi hijo y me tiemblan las piernas.

—Así es como siempre te he soñado, mamá …

Empuja profundamente en mí vientre y me hace gemir, me susurra las noches que ha pasado en vela soñándome y las cosas que ha fantaseado de hacerme.     Mientras sus palabras me arrullan como un canto de amor, sus fantasías se convierten en mis fantasías.    Ahora quiero que me haga de todo.     Muevo mi culo hacia atrás para permitirle entrar más en mí.     Puedo sentir que está a punto de correrse y quiero correrme con él.     Meto mis dedos sobre mi clítoris y me acaricio vigorosamente cuando comienzo a sentir su fuerza en mi caderas y me entierra su pija en lo más profundo llenándome con sus chorros, me corro con él, es tan exquisito el placer que casi me duele.

—Hijo, hicimos mucho ruido … tu padre …

—Sí, que paso con él … si no sabe ni siquiera que existimos …

—Sí, creo que tienes razón … vive en nuestra casa, pero no junto a nosotros …

Me besa con amor y me vuelve a tocar, sus suaves manos me atrapan por la cintura y me atrae a su rostro, besa mis labios y devuelvo su beso con el corazón de madre y con el cuerpo de su amante.

 

Volvemos a la sala de estar afuera esta todo el bullicio de su padre que entra la camioneta al aparcadero.    Trato de ser y parecer normal, pero mi mente vaga por nuevos senderos.    Me parece insoportable seguir viviendo en la mentira con mi marido.     Quiero solo hablar con Alberto.     Quiero estar a solas con Alberto.     Quiero tocar a Alberto.   Quiero entregarme a Alberto.     Finalmente tenemos un espacio de estar solos en la cocina.

—Alberto, tenemos que hablar de todo esto …

—Claro, mami … pero yo prefiero besarte …

Así diciendo me acerca a su cuerpo y besa mis labios, su cuerpo entra en mi boca y cierro los ojos para sentir ese beso que recorre todos mis poros y me excita, luego lo empujo delicadamente.

Alberto, por favor … yo también quiero besarte, pero no aquí … ya estoy como loca y no quiero que las cosas se compliquen más …   Ahora ve al parque y espérame allí …

 

Terminé de asear la cocina y me fui al parque donde me esperaba Alberto, allí estaba él, guapo y tranquilo, estaba nerviosa como a la cita con mi primer novio.     Estaba oscureciendo y solo había unos pocos niños jugando a la pelota.     Nos besamos apenas estuvimos juntos.

—Alberto … ¿Qué estamos haciendo? …

—Mamá, tú sabes que mi papi ya no es tu esposo … ¿no? …

—Hijo, no es solo él … nuestros familiares … amigos … la sociedad … todos nos criticaran y se podrán en contra nuestra …

—¿Te arrepientes, mamá? …

—No, hijo … no mí bebé … no quiero estar sin ti ni lejos de ti … pero no estoy tomando la píldora ¿Qué pasa si quedo embarazada? …

—No me importaría, mamá … sé que lucirás más hermosa cuando estés embarazada …

Él se sonreía y me apretaba contra su pecho haciéndome sentir tan segura, después acaricio mi senos:

—Además, madre … estos se pondrán más grandes si te embarazo …

—¡Ay!, Alberto … que dices …

—Mira, mami … mañana me pondré un condón o tu comienza a tomar la pastilla de nuevo … esto es lo principal … no puedo encontrar un modo de estar sin tocarte o sin dejar de amarte … encontraré el modo de estar contigo aunque tenga que arrastrarte junto a mi …

Vi el destello en sus ojos mientras me hablaba y me apretaba contra su pecho, había tomado una decisión y yo me sentía con la fuerza para seguirlo hasta las últimas consecuencias.

—Dulce bebé, jamás tendrás que arrastrarme si es que me vas a hacer el amor …

Nos besamos como escolares, él me tocó y yo lo toqué.     Cuando vimos que no había nadie alrededor, nos corrimos juntos.

 

Al día siguiente era domingo, Mauricio se preparaba como todos los domingos para ir a jugar su partido de futbol, lo veía desplazarse del baño al dormitorio, del dormitorio al baño, pero que hombre más molestoso, no veía la hora de que se fuera.     Nunca recuerdo haberme mojado así solo pensando en alguien, todo mi cuerpo lo sabía.    Apenas mi marido salió con la camioneta me fui al dormitorio de Alberto.

 

Apenas entré Alberto me tiro a la cama, me acariciaba los senos y sus manos escarbaban bajo mi vestido.     Le imploré que se detuviera, él me suplicaba que me quitara las bragas.    Sonreía casi con malicia acariciando mis muslos y me chantajeaba:

—Mami … si me amas … harías cualquier cosa por mí … ¿no es verdad? …

—Si mi amorcito … si … lo haría todo por ti …

—Entonces, mami … quítate esas bragas … por favor …

Lo sé que jugaba y bromeaba, pero la verdad es que no hay nada que pueda pedirme que yo no haría y me gustaría pasar la eternidad demostrándoselo.     Así que me rendí a sus ruegos y me quité las bragas.    En un instante él estaba sobre mi metiéndome sus dedos y tratando de alcanzar mi chocho con su lengua.     Me sentí tan caliente que me quité mi vestido y sujetador, ahora estaba completamente desnuda para mi hijo, me puse de rodillas muy nerviosa y excitada, lo sentí acomodarse un poco entre mis piernas y me entró desde atrás:

—Ven a mí bebito hermoso …

Me bombeo su verga hasta hacerme delirar con gemidos y mis uñas que rasgaban sus sabanas, quería hacer con él todas las cosas que jamás hice con otro hombre, ni siquiera con su padre.    Me giré y bajé su pijama, su verga lucía brillante envuelta en mis fluidos.     Lo tomé en mi boca, su pene se sentía como una asta aterciopelada, era muy suave, pero al mismo tiempo muy rígido.   Me encantaba chuparle su pija caliente.    Quería hacerlo sentir como jamás nadie lo hizo sentir.   Quería se la mujer de todas sus fantasías.    Nunca me había sentido así con un hombre.

 

Al día siguiente nos concordamos de encontrarnos fuera de casa e ir al cine.     En la sala oscura nos besamos como adolescentes.     Le encanta besarme y a mi sentir sus labios en mí.   Me sentí como una colegiala, nos besamos hasta cuando no pude aguantar más y le dije:

—Vayámonos a un Motel …

Encontramos un lugar y nos metimos de prisa y furia en la cama, nuestros cuerpos se encontraron en una danza de caricias y besos.     Nos amamos hasta que mis cabellos eran una maraña y mi cuerpo y el de él sudaban por todos los poros.     Mi hijo a un cierto punto se detuvo y fue al baño y volvió con una loción aceitosa, un lubricante.     Inmediatamente supe lo que él quería.

 

Nunca entendí por qué una mujer querría a un hombre por allí, pero después del ardor inicial me di cuenta de que se sentía bien, además, si mi hijo me quería de esa manera yo estaba dispuesta a concedérselo.

 

Mientras el bombeaba mi trasero por primera vez, me recordé de mi amiga Juana.     Ella me confió de que había dejado una vez a su hijo chuparle sus senos y me preguntó si era una cosa extraña o no.    Ni siquiera imagino que diría si le contara de que mi hijo me desvirgo mi culito.    

 

Luego todo avanzó rápidamente y deje de pensar.     Solo lo sentí a él dentro de mi llenando mi estrecho pasaje, sus manos deslizándose sobre mi piel, apretando mis pezones.    Pasó una mano por delante y abrió mi panocha, su dedo encontró mi flor e hizo la magia de correrme junto a él.   Beso mi espalda, me mordió el hombro y luego derramo su amor dentro de mí.   Nos derrumbamos y dormimos exhaustos.

 

Nos despertamos y mire mi reloj:

—¡Jesús! … como se hizo tan tarde …

Me ayudo a vestirme y me acompaño al bus, él volvió al motel para pernoctar allí, no sería raro que no volviera a casa, pero esta vez yo sabía donde estaba.     Mientras observaba los bultos de personas pasar a mi lado, fue cuando me decidí.

 

Su padre no hizo preguntas ni nada, para él como si no existiera, conversé con él y le dije que había conocido a alguien y que pronto sería mi exesposo, se encogió de hombros y se fue a ver la tele, vi que no podía importarle menos y esto me lleno de tranquilidad y regocijo.    Había sueños y fantasías adelante, también un futuro.

 

Con la ayuda de mi hijo encontramos un lugar y nos mudamos juntos.     Estoy esperando el divorcio.   No sé dónde iremos desde aquí, la única cosa segura es que iremos juntos.

 

Nos hemos radicado en otra ciudad y ahora mi hijo juega con el alfabeto, nos sabemos si llamarla “Alicia!, “Berta”, “Constanza” o “Desirée”, tenemos cinco meses más para decidir el nombre de nuestra bebita.

 

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Mi padre, Goliath y yo.
Rojo Encendido.

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