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Mi esposa va a la universidad – Conteo bajo.

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Nidia finalmente termino su Master en la universidad de Viña del Mar.     Lo primero que hizo una vez que volvió a casa, fue conseguir una cita con el urólogo y las cosas no se prospectaban muy bien para sus planes de quedar embarazada.     Después de haberme efectuado la vasoepididimostomía, el cirujano nos había advertido que podía haber alguna complicación con el procedimiento, sobre todo si la vasectomía se había efectuado hace muchos años atrás.     Desafortunadamente ese era mi caso y la diagnosis del doctor fue lapidaria: El embarazo no se produce por una baja en el conteo de espermatozoos.

—¿Porque se produce este bajo conteo, doctor? —Preguntó Nidia desolada.

—No hay una sola explicación … pero la reversibilidad de una vasectomía después de quince años … tiene sus riesgos … este es uno de ellos …

 Respondió el urólogo dejándonos apesadumbrados a ambos.     Nos fuimos a casa sin mucho que comentar.     Conociendo a Nidia, sabía que ella no se iba a dar por vencida de buenas a primeras.     Sea lo que sea que ella decidiera, yo debía estar a su lado y apoyarla en todo, tal cual había hecho en todos estos años de matrimonio.     Quizás iba a ser necesario un donante.     Hasta pensé en Joel, pero esto lo debíamos resolver en pareja.

 

 

Esa noche no había mucho ánimo de nada, preparé una botella de vino y me dispuse a conversar con ella al respecto.

—Te juro que jamás se me ocurrió pensar en que el procedimiento quirúrgico no iba a resultar …

—Lo sé, amor … no es culpa tuya … tampoco yo pensé en eso …

—¿Y todavía sigues con la idea de quedar embarazada? …

—Bueno … podemos seguir intentándolo … el doctor dijo que existía todavía un treinta por ciento de posibilidad de lograrlo …

—Pero lo hemos estado intentando los últimos ocho meses y los resultados son que tú todavía no quedas embarazada … ¿Crees que deberíamos considerar un donante de esperma? …

—¡Oh, no! … absolutamente no … ni lo pienses …

—Perdona … pero me había pasado por la mente … Joel … tú y él ya tuvie …

—¡Calla! … no nos confundamos … una aventurilla es solo eso … un hijo no es algo que puede relacionarse con una aventura … debe ser algo que nos involucre como familia … no puede ser fruto de solo una noche de calentura …

—Pero él no tiene porque saberlo … solos tú y yo lo sabríamos …

—Sácate de la cabeza una solución como esa porque jamás estaré de acuerdo …

Si Nidia no quería engendrar un hijo con otro hombre, las posibilidades de que yo la embarazara eran bien poco probables, pero quizás ella tenía razón, debíamos seguir intentándolo, así que sin decir nada más, tomé nuestras copas y las llevé a nuestro dormitorio.     Nidia me siguió sonriente a sabiendas de lo que estaba sucediendo entre ella y yo.     Esta terrible atracción casi animalesca de devorar nuestros cuerpos en nuestra cama matrimonial.     Rápidamente ella se desnudó y yo hice lo mismo.     La abracé y acompañe su esbelto cuerpo desnudo sobre el edredón.      Sus pezones estaban entre mis dedos y se los retorcí suavemente, luego se los apreté y escaparon de ella los primeros gemidos.     Follamos como cobayos.    Gemidos, sudor, volteretas en la cama, ella arriba y yo abajo.     La agarré por los brazos y le enterré mi polla desde atrás.     Un rato caímos a cucharitas y la seguí follando, aferrando sus tetas.     Finalmente me corrí como un rio en su coño caliente, con ella cabalgando mi pene y estrujando mi pija con sus poderosos músculos vaginales.

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … Eres fantástica … espero con toda el alma de dejarte preñada … eres mi todo …

—¡Umpf! … Sí … lo sé, cariño … no quiero a nadie más que a ti …

Acompañe su cuerpo sudado y desnudo sobre las sábanas y me levanté para ir al baño.    Luego me puse mi bata y llevé la botella de vino vacía a la cocina, con la intención de traer otra.    Tanto era fin de semana y al día siguiente no teníamos ningún empeño para levantarnos temprano.     Camino a la cocina escuché los ruidos del somier provenientes de la cama de mi hijo Gino de dieciséis años, los sonidos eran inconfundibles y los gemidos inequívocos.     Se masturbaba seguramente mirando algún sitio porno.     Cantidades de semen perdidos, pensé.     Luego me vino la pregunta obvia ¿Por qué no él?

 

 

Rápidamente volví a nuestro dormitorio con una botella de vino fresco.

—¡Nidia! … ¡Nidia! … ¿Quieres saber lo que acabo de descubrir? …

—¡Qué! …

—Gino … nuestro hijo …

—Sí … ¿Qué pasa con él? … ¿Está bien? …

—¡Uh! … ¡Sí que está bien! … Lo escuché … está en estos momentos masturbándose en su cama …

—¿Y? … Es lo que hacen todos los jóvenes de su edad … ¿Qué tiene de extraño? …

—¿Entonces tú lo sabías? …

—Soy su madre … yo cambio la ropa de su cama … yo lavo su ropa interior … ¡Por supuesto que lo sabía! … ¿Sabes cuantas veces he debido desmanchar su ropa blanca de esas amarillentas manchas de semen pegajosas? …

—¡Eso, querida! … ¡Justo a eso quería llegar! … el semen de Gino podría muy bien dejarte embarazada … ¿No crees? …

—¿Y tú crees que restregando sus calzoncillos y sábanas manchadas en mi coño eso me va a preñar? …

—No … creo que eso es impracticable … pero podrías recibir su semen juvenil y fértil directamente en tu panocha … ¿Uhm? …

—¿Acaso perdiste los sentidos? … ¡Estás hablando de nuestro hijo! … ¡Eso … eso no puede ser! … ¡Es un delito! …

Pero nadie lo vendrá a saber, cariño … además, tu dijiste que esto era un asunto de familia … ¿Qué más familia que nuestro hijo? …

—¡De todas las cosas descabelladas que se te podían haber ocurrido, está es la más bizarra de todas! … ¡Ehm! … No sé …

La vi titubear y una lucecita comenzó a resplandecer en sus ojos y supe que la descabellada idea se había plantado en su cerebro.    Ahora debía solo esperar a que esa semilla comenzara a brotar y a florecer, así que no quise insistir más sobre el asunto.     La envolví en mis brazos y lánguidamente nos quedamos dormidos después de saborear una copa de vino.

 

 

Pasó la semana entera y no volvimos a hablar de nada sobre sus deseos de quedar embarazada.    Cenamos y me di cuenta de que Nidia rondaba cerca de Gino, su blusa de material delgado mostraba claramente sus puntiagudos pezones y mi hijo a veces la seguía con la vista.    Cuando terminamos, ella se quedó en la cocina a lavar los platos con la ayuda de Gino.    Al rato, se vino a sentar a mi lado y me ofreció un vaso de Pisco sour.      Bebimos la bebida dulce y refrescante y, ella me dijo:

—¿Sabes? … hoy me tocó cambiar las sabanas de Gino … pero ese chico es increíble … había una mancha húmeda de como un cuarto de su cuerpo … y no era orina … su olor era inconfundible … semen … semen fresco y joven …

—¿Lo oliste? …

—No fue necesario … casi toda su habitación olía a esperma … hasta sus boxers tenían manchas resecas de semen … y estuve pensando …

—¡Qué! … ¿Qué pensaste? …

—Bueno … como Gino parece estar desperdiciando su semen continuamente … Quizás … bueno … Tal vez podríamos considerar de inmiscuirlo en nuestra vida sexual … ¿eh? … ¿Qué piensas? …

—¡Oh! … ¡Eso sería maravilloso, tesoro! … ¡Ehm! … Quiero decir … bueno … ¡Uhm! … él es joven … tiene mucha más energía que yo … y como está aquí en casa … bueno … espontáneamente podrían darse las condiciones que necesitamos para que tu quedes encinta … pienso que es una buena opción a considerar …

No quería botarme de lleno y aceptar el incesto entre mi mujer y mi hijo de buenas a primeras, pero por la expresión en el rostro de Nidia, supe que ella estaba hablando en serio.     Lo que me sorprendió es que no estaba ni celoso ni enojado ni desanimado, todo lo contrario, mi polla pareció crecer de inmediato al pensar a Nidia teniendo sexo con nuestro hijo adolescente.

—Entonces … estás de acuerdo en que yo seduzca a nuestro hijo, ¿eh? … ¿No te parece raro? …

Me preguntó Nidia altamente animada ante la nueva prospectiva que se presentaba a sus deseos de quedar preñada.

—Tal vez sí, tal vez no … pero debes admitir que se ajusta a todas nuestras necesidades … no es un desconocido … es de la familia … y está disponible las veinticuatro horas del día … solo tengo una solicitud …

—¿Cuál? …

—Bueno … si lo haces … ¡Uhm! … cuando tengas sexo con Gino … quiero que me des todos los detalles … creo que esa blusa tuya que muestra tus hermosos pezones duros es un buen comienzo …

—¡Ah! … ¿Sí? … ¿Y qué me dices de ese tremendo bulto que tienes en tus pantalones? … Al parecer la idea de que Gino me folle también tiene resultados en ti …

Fue entonces que se vino sobre mí con sus brazos abiertos e introdujo toda su lengua en mí boca.     La idea de que Nidia cometiera un acto tan ilícito y uno de los grandes tabúes de la sociedad, nos tenía a los dos hambrientos de sexo.    Rápidamente intenté bajar sus ajustados pantalones, pero no lo logré, así que ella me ayudó desabrochando su broche y bajando la cremallera.     Con la prisa bajé también sus pequeñas bragas.    Caí arrodillado frente a su coño peladito, metí mi nariz y olfateé el exquisito aroma que emanaba su panocha caliente.    Mi lengua siguió el surco hermético de su coñito y comencé a sorber sus fluidos.    Las caderas de Nidia temblaron y aferró mi cabeza empujándola más cerca de su sexo.

—¡Oh! … ¡Sí, querido! … ¡Chupa mi panocha como si estuviera llena del semen de Gino! … ¡Dios, que rico que me chupas! … ¡Ummmmmm! … ¡Ssiii! …

Me levanté y la tomé en andas para llevarla a nuestro dormitorio.

—¡Vamos, cariño! … ¡Necesito hacerte el amor! … ¡Quiero ese coño tuyo ahora mismo! …

La puse en pie frente a la cama, terminé de bajarle los pantalones hasta los tobillos e inclinándola con las manos sobre la cama, le introduje mi polla dura como palo desde atrás.      Inmediatamente me percaté del temblor en sus nalgas y las contracciones de su chocho.

—¡Aaaahhhhhh! … ¡Ummmmmm! … ¡Oooohhhh! … ¡Ahhhhhh! … ¡Umpf! …

Mis bolas comenzaron a golpear sus muslos mientras ella se corría estrujando mi pija.

—¡Oh! … ¡Cariño mío! … ¡Te estás corriendo por toda mi polla! … ¡Me encanta!  … ¡Apuesto que estás pensando que es la polla de tu hijo que está follando tu coño con toda su fuerza! … ¡Mami quiere la pija de su pequeño hijo! … ¡Hmmmmmm! … ¡El coño de mami está delicioso! …

A mis palabras, Nidia pareció encabritarse, empujó su trasero contra mi polla, lo hizo girar como nunca lo había hecho, sus músculos vaginales estrangularon mi polla y me hizo acabar dentro de su coño pulsante justo cuando yo quería seguir follándola por toda la vida.

—¡Oh, Gino! …¡Folla mi coño! … ¡Folla el coño de tu madre! … ¡Con fuerza Gino! … ¡Ssiii! … ¡Fóllame fuerte, hijo! …

—¡Sí, mamacita linda! … ¡Que rico y apretadito que se siente tu coño! … ¡Toma todo mi semen! … ¡Haremos tu bebé, mami! … ¡Lo haremos tú y yo! … ¡Tú hijo te dejará embarazada, mami! …

Le dije disparando todos mis borbotones de esperma caliente dentro de ella.     Luego de que nos recuperamos un poco lo volvimos a hacer y fue tan delicioso como antes.     Después limpiamos un poco, hablamos sobre como ella iba a seducir a nuestro hijo.     Esa noche nos fuimos a la cama y volvimos a entregarnos el uno al otro jugando el rol de nuestro hijo follándola sin descanso.     En la madrugada la encontré chupándome la polla muy de temprano y volvió a pedirme que la follara como si fuera su hijo.     Las cosas se estaban dando bastante bien.     Nunca la había visto tan decidida y ganosa, ahora debía encargarse de seducir a Gino.     ¿Lo hará?   ¿O no lo hará?

 

 

A la mañana siguiente me levanté para ir a la cocina a beber algo de fresco que me quitase la sed.     Los ruidos provenientes de la habitación de Gino eran elocuentes.     Rápidamente me volví al dormitorio y saqué a mi somnolienta esposa de la cama y la llevé cerca de la puerta de Gino:

—¿Escuchas? … ¿Lo escuchas? … Lo está haciendo otra vez …

Me coloqué detrás de ella y apoyé mi polla en medio de sus carnosas y apretadas nalgas desnudas.     Los ruidos que hacía Gino llegaban claramente a nuestros oídos.     Como las mujeres son más curiosas que los hombres, Nidia no supo controlarse y puso su mano en el pomo de la perilla y comenzó a girarla delicada y sigilosamente, logrando abrir la puerta un par de centímetros.

—¡Mmmmm! …

Fue su acallado suspiró cuando dio un vistazo al interno del dormitorio de Gino, conjuntamente empujó sus glúteos contra mi polla.    Hice deslizar mi pija entre sus nalgas y su coño mojado y resbaladizo me succionó dentro con facilidad.     Justo en ese momento sublime escuchamos a nuestro hijo Gino que llegaba a su clímax.

—¡Umpf! … ¡Ughhh! … ¡Ahhh! … ¡Mami! … ¡Ssiii, mami! … ¡Todo para ti … mami rica! …

Nidia se estremeció, su mano se encrespó en el pomo de la puerta y la cerró sin hacer ruido, su espalda se arqueó felinamente y tuve que sujetarla mientras tiritaba con mi polla profundamente en su coño palpitante.     Giró su cuerpo y me ofreció sus labios, ahuequé mis manos sobre sus temblorosos pechos y la besé, mi pene se deslizó fuera de ella.    Nidia me tomó la mano y me tiró hacia nuestro dormitorio, velozmente se despojó de su top y quedó desnuda.

—¿Lo escuchaste? … ¿Escuchaste eso? … dijo, “Mami … mami rica” … ¡Mi bebé estaba pensando a mí! … ¡Sueña con follarme! … ¡Santo cielo! … ¡Hmmmm! … ¡Él me quiere! … ¡Él me quiere! … ¿Te das cuenta? …

—Sí, tesoro … y no me extraña … es común que un hijo se enamore de su propia madre y la tenga como modelo de mujer para toda su vida … tú eres una mujer estupenda … una mujer de verdad .. él te ve a ti todos los días … y es evidente que también siente deseos de ti … será más fácil para ti seducirlo, cariño … ¿no crees? …

—¡Oh, Gabriel! … no lo sé … lo único que quiero ahora es que tú me tomes … hazlo otra vez como si fueras Gino … me gusta eso … me gusta soñar con eso … estoy fascinada con eso …

Ciertamente sentir a Nidia tan encendida por nuestro hijo, provocó en mi una llamarada de locos deseos por ella y se lo hice sentir, la siguiente media hora la folle con rejuvenecido ímpetu y acabé dentro de ella que me ordeño la polla hasta eliminar cualquier vestigio de semen de mi pene.

—¿Sabes que me corrí junto a Gino mientras lo espiaba a la puerta de su dormitorio? … Me metiste la polla justo en ese preciso momento y espontáneamente creí estar recibiendo sus chorros de semen en mi panocha … fue irresistible … creí desmayarme … por suerte estabas tú para sostenerme … esta es la cosa más caliente que me ha sucedido en mi vida … ahora quiero hacerlo … quiero el semen de mi hijo … quiero ser preñada por él …

 

 

Ahora cederé la palabra a Nidia para que siga contando los detalles de las cosas que siguieron a continuación:

 

 

Pasaron como dos semanas en que no me decidía del todo a tratar con mi hijo.    Mi esposo me dijo que lo mejor sería sorprenderlo al momento en que él estaba fantaseando conmigo.     Eso fue exactamente lo que hice, fingí que necesitaba alguna ayuda de él y abrí la puerta de su dormitorio repentinamente:

—¡Hey, Gino! … Necesito …  —Comencé diciendo en una voz cantarina, pero quedé petrificada.

—¡¡Mami!! …

Gritó jadeando cuando abrí la puerta, su mano continuaba moviéndose hacia arriba y hacia abajo frenéticamente.    Mientras trataba de calmarse, sendas y gruesas hebras de nacarado semen volaron por los aires.    Cayeron sobre su pijama, trató de cubrirse, su rostro estaba desfigurado por el placer y sus ojos abiertos aterrorizados por mi presencia.     Dejó caer burdamente su celular sobre la cama, su semen seguía brotando de su macizo pene.   ¡¡Y qué pene!!     Su tamaño era increíble dada su edad, mucho más grande que Gabriel y más grueso también.     Torpemente agarró una almohada y finalmente se cubrió.

 

 

A los dieciséis años mi hijo tenía una polla de adulto, superaba incluso a aquella de Joel.     No pude evitar de acercarme y apartar la almohada de su polla.     Todavía se estaba corriendo.     Era el final de su eyaculación, tanto semen fresco, joven y fértil.     ¡Ummmm!     No podía apartar mi vista de la poza de semen que se acumulaba sobre el dobladillo de su pijama.

—¡Mamá! … —Volvió a decir mi hijo.

Me sentí shockeada.    Hasta algo avergonzada.    Volví sobre mis pasos y cuando comencé a cerrar la puerta escuché la voz de una mujer que decía:

—¿Mamá? … ¡Manda a tu mami a la mierda! … ¡Vuelve a mí … no me dejes así! …

Cerré la puerta y tropecé, mis mejillas ardían.    Golpeé mi espalda con la pared detrás de mí jadeando.     Mis pechos se levantaban y caían sujetos por mi sostén deportivo que llevaba debajo de mi sudadera.     Me estremecí, froté mis palmas sudorosas en mi falda.      La imagen de la polla de mi hijo estaba grabada a fuego en mi mente; su brazo derecho moviéndose vertiginosamente; su hermoso y varonil rostro trastornado de lujuria y placer.

 

 

Traté de respirar profundamente luchando por controlar mi propio cuerpo.      No es que no sabía que él se masturbaba, todos los adolescentes lo hacen.     Había encontrado tantas veces evidencias claras de sus actividades de autoerotismo, pero enfrentarme a él al momento justo de su eyaculación era algo totalmente diferente, ¡Ugh!, mi hijo definitivamente había crecido.     ¿Madurado lo suficiente?, no lo sé, necesitaba corroborarlo.     Me abaniqué la cara.     Mi hijo estaba muy bien dotado.     Ya no era un niño, para mí era todo un hombre.     Caí sentada en el sofá de la sala de estar, tenía mis muslos apretados y … y estaba muy mojada entre mis piernas.

 

 

Me sentí muy cachonda.     Cachonda por la verga de mi hijo adolescente.     Tomé un respiro, su polla permanecía en mi mente, necesitaba esa polla.     Gabriel no estaba por ninguna parte.    Me dediqué a la limpieza de la casa tratando de alejar mis pensamientos cachondos de mi cabeza.     Levanté el sofá y me di cuenta de que se había acumulado un montón de basura.     Encontré incluso una lapicera que había perdido un mes atrás.     Pasé la aspiradora bajo el diván, pero mi mente revolvía una y otra vez la imagen del pene de mi hijo expulsando semen sobre su pijama.     Mi hijo era fuerte, estaba en forma.    Lamí mis labios recordando la poza de esperma.     No podía dejar de pensar en él.

 

 

Me sentí hasta un poco culpable.     Mis pensamientos eran incestuosos.     Pervertidos.     Era culpa de mi esposo Gabriel.     Ciertamente él no había logrado meterme encinta hasta ahora, además, había solo un treinta porciento de posibilidades que lo lograra.     Eran días que estaba trabajando desde casa y estaba permanentemente en casa con él.     Gabriel mi esposo se estaba dedicando a sus negocios, dijo que necesitaba ponerse al día y a cargo de todo para seguir surgiendo económicamente.

 

 

¿Era asqueroso el incesto entre madre e hijo?    Cuando se lo pregunté a Gabriel, me dio un sinnúmero de razones de porqué era algo justo y necesario.     Lo había sido para la subsistencia de la humanidad misma, me dijo.     Mi esposo tiene tantas formas de aclarar las cosas, a veces me sorprende la facilidad con que me convence.     Me dijo que era algo hermoso y profundamente íntimo entre una madre e hijo que se adoran y quieren.     No podía dejarlo en paz después de nuestras conversaciones de aclaración y terminábamos invariablemente en nuestra cama fingiendo que él era Gino.     Pero yo sabía que no lo era, más aún después de haber visto su polla excelsa.

 

 

Gino salió de su dormitorio una hora después con jeans y remera.     Parecía avergonzado, trató de evitarme.     Él, era un chico alto, me superaba en altura desde hacía varios años.     Tenía los rasgos de su padre, su cabello había sido rapado en el lado derecho de su cabeza, dejando el lado izquierdo bastante largo.     Al parecer su torso era un poco peludo, sin duda era un chico guapo y muy moderno.     Me acerqué para decirle algo:

—Gino … escucha … lo que paso hoy …

—Olvídalo, mami … solo olvídalo …

Dijo mientras tomaba una botella de bebida, para luego escaparse de regreso a su habitación.

 

 

Esa noche tuve problemas para dormir.     Estaba cachonda.      Me ardía todo el coño.    Desperté a Gabriel tres veces durante la noche para que fingiera de ser Gino.      Finalmente, bastante satisfecha, me quedé dormida con mi cabeza en el vientre de Gabriel y su polla seca en mi mano.    Arqueé mi espaldas varias veces y grité mis orgasmos mientras mi marido me follaba fingiendo de ser mi hijo.    Por la mañana Gabriel ya se había ido al trabajo.     Busqué mi vibrador, pero las baterías estaban agotadas.     Me derrumbé tan caliente como el día anterior.

 

 

Era un nuevo día a solas con mi hijo, mi marido me había dado todo lo que tenía durante la noche, pero mis deseos por la polla de Gino habían permanecido intactos.     Tal como Gabriel me había sugerido, me vestí con ropajes ajustados y reveladores.     Incluso me sugirió de hacerme ver con mi bata con la figura del Jaguar.      Esa mañana me vestí con un par de leggins que se apretaban muy bien entre mis glúteos y los labios de mi coño parecían dibujarse en la delgada tela.      Mi ajustado top aplastaba mis tetas que parecían más voluminosas de lo que realmente son.     Cuando me miré al espejo, me estremecí pensando lo guarra que me veía con esos apretados ropajes.     Era el tipo de vestidos que usaría una chica adolescente y no una mujer madura como yo.     tragué saliva y me pregunté por qué estaba haciendo esto.     Me dediqué a preparar el desayuno tratando de dominar mi exuberante libido.

 

 

Gino entró a la cocina mientras yo freía los panqueques, sé cuanto le gustan a él los panqueques con dulce de leche.     Sin siquiera mirarlo sentí sus ojos pegados a mi trasero.     Me agaché un poco para sacar un tostador desde el horno de la estufa.     Mis nalgas lo apuntaron directamente a él y sabía que también podía ver como el peso de mis tetas inflaban mi top.     Él estaba sentado en su lugar y tenía una visual limpia de todo mi cuerpo.

—¡Hola, mami! … —Dijo mirando mi entrepierna.

—Buenos días, Gino …

Le respondí mientras me volteaba hacia él y le regalaba una gran sonrisa maternal.     Sus ojos se deslizaron hacia mis pechos.     Un estremecimiento cálido de complacencia se extendió por mis piernas y se focalizó en mi coño, dejando un prurito en mis pezones y un hormigueo en la ranura estrecha de mi panocha.      Le estaba coqueteando a mi hijo, presumía delante de él y mostraba mi cuerpo para que él lo apreciara.

 

 

Sus ojos siguieron recorriendo mi cuerpo mientras cocinaba.     Tenía su atención en exclusiva.     Me hacía sentir tan bien.     Me hizo sentir como una mujer.    Eran casi dos meses que lo estimulaba y sé que él corría a su dormitorio o al baño a desahogarse.     Dentro de mi comenzó a crecer esa sensación de cachondez tan conocida por mí.     Mi entrepierna comenzó a mancharse con una ligera humedad, entonces le dije:

—¿Tienes algún plan para el día? …

—No … ¡ehm! … no … creo que miraré un poco la televisión y jugaré un poco de Play …

—¡A-há! … videojuegos está bien … ¿y que vas a mirar en televisión? … ¿O vas a mirar tu celular otra vez? …

Tragó saliva ante mi pregunta.    Le sonreí y añadí:

—… en YouTube, quise decir … ¿Qué pensaste que te estaba preguntando? … ¿Acaso que verías esos videos porno de mujeres viejas? …

—¿Co-cómo? … —Dijo tartamudeando.

—¡Oh, Gino! …

Ronroneé viéndolo sonrojarse.    Tenía ya el cuerpo de un hombre, pero no tenía la confianza de uno.     Podía sentirme empoderada delante de él.     Me hizo sentir más femenina y poderosa.     Agregué:

—… Gino … sé lo que haces … mucho antes de lo que vi el otro día …

Su rubor se tornó más intenso y le dije para tranquilizarlo:

—… No hay nada de malo en que te sientas atraído por mujeres mayores …

Entonces puse una media docena de panqueques en su plato, añadiendo:

—… nosotras las mujeres mayores también necesitamos que nos mimen … que nos acaricien … y que nos hagan el amor …

Sentí una especie de alivio cuando le dije todo eso y me pareció sentir burbujitas saliendo de mi coño caliente.      Estaba siendo muy audaz con mi hijo y no podía evitarlo, debía seducirlo.

 

 

Terminé de cocinar y puse una bandeja de panqueques sobre la mesa.     Gino estaba espalmando dulce de leche en uno de sus dulces.     Me senté a la mesa frente a él y sus ojos se clavaron en mis senos donde mis duros pezones se evidenciaban contundentemente.

—¡Gino! … le estás poniendo demasiado …

Le dije al ver que el dulce de leche amenazaba con caer a la mesa.

—¡Uhm! … sí … lo siento …

Dijo mientras lamía sus labios sin dejar de mirar mis senos.     Parecía querer saborearlos, mucho más que a los panqueques con manjar.     Me encantaba tener ese tipo de atención en mí y mi panocha era un volcán echando fumarolas.     Devoró su desayuno como solo un adolescente puede hacer.     Tragó todo rápidamente y termino todos los panqueques antes de que yo terminara con el único que me había servido.     Se alzó de la mesa y salió casi corriendo:

—Tengo que hacer una tarea, mami …

Casi me dio un ataque de risa y aguantándome le dije:

—Mentiroso …

Escuché cuando su puerta se cerró de golpe.     Rápidamente me puse de pie con un vaso en la mano, me acerqué sigilosamente a su puerta y apoyé el vaso contra su puerta y puse mi oído contra el vaso.     Nítido me llegó el crujir de su cama.      No había otros sonidos, excepto el golpe de su mano magreando su pene que resonaba como música erótica a mis oídos, Gino se estaba pajeando por mí.     Lo había excitado demasiado y eso me había hecho excitar a mi como una loba en calor.     Escuché sus gemidos entre dientes apretados.     Mi mente ebullía con el recuerdo de los borbotones de semen disparados al aire.     Sonreí contenta.    Amaba esos lascivos ruidos que él hacía.      Los quejidos y gruñidos de su pasión varonil y juvenil por mí.      Lo sabía, a mi hijo lo fascinaban las mujeres maduras, las MILF, yo era la única que él tenía a su alrededor.     Sería fácil para mí seducirlo.     Regresé a la mesa con una sonrisa a flor de labios a terminar mi panqueque.

 

 

Ese día hostigué a Gino todo el día, no lo dejé que se encerrara en su habitación ni en el baño.     Seguí pidiéndole cosas y ayudas en las más estúpidas tareas.     Lo hice sacar la basura, luego lo envié a comprar al almacén de la esquina, lo hice cambiar una ampolleta y revisar todo el resto de ellas, luego le pedí ayuda para mover el sofá y aspirar debajo.     Mi coño se estremeció al ver su cuerpo musculoso tomar el sofá de un lado y moverlo con una pasmosa facilidad; luego se puso detrás de él y sus bíceps se abultaron cuando hizo fuerza para empujarlo hacia adelante.     Los hombres jóvenes son muy sexys, pensé.    Mi hijo no era la excepción, él era un fornido y macizo semental y yo iría en busca de su semen.

 

 

Se quedó mirándome mientras yo aspiraba bajo el mueble, me acerqué delante de él y fingí aspirar los bordes del diván agachándome y rozando sus muslos con mis glúteos.     Él no se movió y mi coño se incendió mientras pasaba la maquina una y otra vez sobre el mismo lugar.      Me mordí mis labios y creí sentir las contracciones de mi panocha candente.

—¿Has terminado, mami? … —Dijo sonriéndome.

—¡Ummmm! … sí … creo que sí …

Le dije y me di vuelta para abrazarlo.     Presioné mis turgentes pechos contra los duros pectorales de él y le di un beso casto en la mejilla, quizás un poco más largo de lo debido.     Sus fuertes brazos se deslizaron lentamente a mi alrededor y descansó sus manos en mis redondas nalgas, ¿fue eso atrevido?  Me soltó como si mi cuerpo quemara y salió de prisa de la habitación.

—Bueno … tengo que ir a hacer una tarea …

Lo seguí luego de un momento con mi vaso espía.     Se estaba masturbando otra vez, mi propia calentura aumentaba al sonido de su actividad, se estaba acariciando la polla, no había ningún otro rumor.     No usaba ni su celular, ni su computador.     Ahora estaba teniendo incestuosa fantasías conmigo y mi mente estaba llena de lascivas fantasías con él.     Agité mis caderas y mi pelvis se movió sicalípticamente con fuertes deseos, mis bragas absorbían mi jugos de desenfrenada pasión.     Me parecía increíble.     Me sentí cachonda como nunca me había sentido, mi coño estaba ardiendo.     Me sentí estimulada por esta nueva explosión de lujuria.

 

 

Lo dejé que hiciera su “tarea” después de la cena.     Tenía mi plan para la noche.      Cuando apareció otra vez en la cocina con su frente un poco sudada y su cara todavía enrojecida, le pregunté si quería ver una película cuando terminara de secar la vajilla.     Me dijo que sí y lo dejé elegir la película.

 

 

Me dirigí a mi habitación, Gabriel me miraba mientras me desnudaba, vino y me abrazó, entonces le dije que Gino me estaba esperando en la sala de estar, entonces me pasó la bata del Jaguar y me dijo que no necesitaba nada más.     Solté mis cabellos oscuros sobre mis hombros, mis pechos me punzaban mientras acomodaba mi bata y la cerraba con su lazo por delante.     Gabriel me dijo que estaba estupenda, metió un dedo en mi coño diciendo que estaba lista, mi panocha goteaba.     Gabriel se arrodillo ante mí y metió su nariz entre mis muslos y dijo:

—¡Qué aroma tan maravilloso! …

—¡Ya, déjame … Gino me está esperando! …

Ajusté mi bata sobre mi cuerpo desnudo.    ¡Uhm! Una delicia.    La fina tela trasparente apretaba mis tetas haciendo cosquillear mis pezones que luchaban por salir.     La bata no alcanzaba a cubrir mis muslos.     Gabriel estando arrodillado frente a mí, me quitó mis bragas y me dio unos golpecitos en mis nalgas.

—Ve, amor … ve … No lo hagas esperar más …

Cuando llegué a la sala de estar, mi hijo buscaba un film en la red Netflix.     Casi se le cayó el control remoto de las manos cuando me vio.     Se congeló y su mandíbula inferior cayó.    Tragó saliva varias veces.     Le sonreí calmadamente como si no fuera nada de extraño que yo me vistiera así, me dejé caer a su lado y mis pechos rebotaron amenazando con salir.      Miraba fijamente mis tetas, sus mejillas estaba color bermellón.      Sus pantalones de pijama comenzaron a abultarse y levantar la tela entre sus piernas.

—¡Ugh! … ¿mami? …

—Sí, querido … ¿Has elegido ya lo que veremos? …

—¡Uhm! … ¡Ehm! … yo … bueno …

Mientras me miraba tragando saliva su polla parecía palpitar bajo sus pantalones.     Parecía desconcertado, no podía despegar sus ojos de mis tetas.    Se retorció sobre el sofá y trató de alejarse de mí.

—Cariño … ¿Te sientes bien? …

—¡Ehm! … sí … solo qué … me siento cansado …

Se puso de pie con una tremenda protuberancia en su pijama, fingió un bostezo.

—Mami … quizás sea mejor que me vaya a la cama …

¡Oh, no!  ¡Iría a masturbarse por cuarta vez!  ¡Este chico sí que tenía resistencia!   Me sentí halagada, pero al mismo tiempo molesta.    Pero algo en mi me decía que no debía forzarlo y que debía intentar de seducirlo en algún otro modo.     Me puse de pie y le di un fuerte abrazo para que sintiera bien mis pechos y mis pezones duros.     Mi coño se contrajo cuando sentí su reciedumbre masculina en mis muslos desnudos.    Lo besé en la mejilla y le dije.

—Está bien, cariño … ve a dormir …

Me encantó sentir su enorme erección contra mi carne desnuda.    Me parecía que su polla era la más grande que había sentido o visto.     Y yo lo quería.     Ya nada importaba, ni menos que fuera mi hijo, mi esposo estaba de acuerdo conmigo y yo iba a seguir adelante con nuestro plan.     Gino era un muchacho muy sexy, le gustaban las mujeres maduras, así que era justo a mí a quien necesitaba.     Quien mejor que yo para satisfacer todas sus fantasías, su propia madre.     Me apretó entre sus brazos y respondió:

—Buenas noches, mamá …

Luego huyó a su cuarto rápidamente, abrió y cerró su puerta.     Me estremecí, mis pezones palpitaban punzantes.    Sabía exactamente lo que Gino se aprontaba a hacer.     Tenía que ser audaz.     Mi hijo me necesitaba.     Necesitaba de su madre para que le ayudara, para mostrarle como complacer a una mujer madura.     Mi panocha se empapó excitada mientras lo veía alejarse.

 

 

Me fui hacia su puerta, escuché el chirrido familiar de su cama.     Estaba acariciando su polla frenéticamente.    Lamí mis labios, estaba lista para ir a por él.     La mamá con la bata de Jaguar deseando deleitarse con su hijo adolescente.     Apreté mis muslos sintiendo las contracciones de mi panocha en llamas.     Lo escuche gemir y me decidí a abrir la puerta.

—¡Mamá! …

Jadeó tratando de esconder su enorme pene en sus pantalones de pijama.     Pero esa enorme verga no cooperaba en lo absoluto y seguía erguida aflorando entre sus manos y la tela del pijama.    Sus pectorales estaban desnudos, se giró escondiendo su erección en pánico.

—¡Mmm, querido! … no tienes que hacer eso …

Le dije acercándome con mis pechos asomando ligeramente bajo mi bata, tragó saliva al verme:

—… Cariño … estoy aquí para cuidarte … no sabía que te gustaban las mujeres maduras … si querías una, la tenías aquí en casa …

—¿Mami? …

Llegué a su cama y me deslicé sobre ella, solté mi cinturón y mi bata se abrió mostrando mis puntiagudas tetas a los desorbitados ojos de él, ahora tenía cubierto solo mi espalda y parte de mi culo.     Me moví entre sus piernas.      Su pecho se movía agitado por su alterada respiración mientras yo miraba ganosa su enorme polla.    Cachonda ronroneé:

—¡Uhm, cariño! … querías que una mujer madura te chupara la polla, ¿eh? … por eso que has estado viendo todo ese porno de MILF, ¿no es verdad? …

Fue delicioso presenciar cómo la expresión de su rostro fue cambiando.      Se tranquilizó y yo lo arrullé:

—… lo sé, tesoro … mami entiende lo que necesitas … eres joven … es normal en ti …

Agarré su polla y aparté su mano para tomarla a la base, quería verla bien parada, a simple vista se necesitaban cuatro de mis manos para cubrir toda su longitud.     Se sentía como terciopelo caliente:

—… ahora déjate ir … relájate y deja a mami … mami cuidara de esta cosota tuya …

Puso sus manos a los costados y me miraba con los ojos inyectados en una mezcla de excitación y lujuria.     Le sonreí:

—… relájate, amorcito … mami sabe cómo chupar una polla … ¡Hmmmmmm! … una polla tan bonita y grande como la tuya … ¡Aahhhhhh! … sé un buen chico y déjalo todo a mí … disfrútalo, tesoro …

Incliné mi cabeza, mis cabellos oscuros se derramaron sobre su ingle y sus bolas, mis ardientes mejillas sobajearon su glande hinchado a forma de hongo.     Luego lo engullí.     Lo chupé succionándolo con mis labios apretados alrededor de su garrote.      Mi coño pareció apretarse, un calor exquisito recorrió todo mi cuerpo.     Me sentía bien cruzando una línea invisible.     La barrera hacia el incesto había sido derribada.     La polla de mi hijo estaba en mi boca y no la iba a dejar ir por ningún motivo.    Tenía que cuidar de su verga.

 

 

Fue una delicia comenzar a sentir en mi paladar ese sabor salino de su joven pre-semen, lo saboreé hambrienta.      Mientras lo chupaba y movía mi cabeza hacia arriba y hacia abajo, mis senos se bamboleaban ligeramente, estaba decidida a darle la mejor mamada de su vida.    Debía demostrarle que solo necesitaba a mí para eso.     Y que yo lo necesitaba a él, su padre estaba de acuerdo, aunque él todavía no lo sabía.     Sin darme cuenta había estado criando a un amante fuerte y joven para complacerme y amarme.     Mi panocha caliente se contraía ansiosa por sentir luego esa enorme polla de mi hijo deslizarse dentro de mí.

 

 

Sabía que iba a ser mágico, fantástico y asombroso sentir esa enorme polla en mi coño apretado.    Seguí chupando su pija pensando a como sería el momento sublime en que él me penetrara.     Su larga polla deslizándose en mi vagina, empujando mi fuelle de pliegues rosados hasta alcanzar mi cuello uterino y disparar su carga en mi vientre.    Hasta podría embarazarme esta misma noche pensé anhelante.     Un bebé de mi hijo.     Tal vez una hija a la cual enseñarle a amar a su padre-abuelo y a su padre-hermano y continuar una cadena de amor incestuoso.     Como al principio de la humanidad.     Mi coño se inflamó ante estos pervertidos y depravados pensamientos.     Chupé con mayor ahínco la polla de mi bebé.

—¡Oh, Dios! … ¡Ummmm, mami! …

Gino gimió dejando caer su cabeza en su almohada.      Su fuerte pecho subía y bajaba con su agitada respiración.    Con mi mano izquierda acaricié sus ondulantes y marcados abdominales, ¡Jesús, mío!    ¡Que pedazo de muchacho era mi hijo!   ¡Si parece un Dios mitológico!

 

 

Aparté un mechón de mis cabellos y le guiñé un ojo.    Lo mamé y chupé famélica, sacudiendo mi cabeza hacia arriba y hacia abajo.     Adoraba hacer esto a mi hijo.     Le di todo el placer que pude.     Quería que él explotara en mi boca, quería tragar su joven y fértil semen.    Lo vi como arqueaba su espalda empujando desesperado su polla en mi boca:

—¡Sí, mami! … ¡Ssiii! … ¡Increíble! … ¡Qué rico es esto, mami! …

Lo chupé vorazmente.    Me encantaban los sonidos que hacía Gino.    Mi mano izquierda se mantuvo sobre su vientre musculoso mientras con mi mano derecha apreté la base de su grueso pene sin quitármelo de la boca.    Era demasiado largo para tragarlo todo.    Mi coño babeaba por esta magnífica verga y su polla palpitaba en mi boca.

—¡Oh, mami! … ¡Por Dios! … ¡Si sigues así me harás explotar! …

Eso era justo lo que yo quería.      Me sentía deseosa de tragar ese líquido espeso y salado de esperma fresco de su juvenil polla.    Estaba segura de poder tragarlo todo.    Mis mejillas se ahuecaron y chupé intensamente, quería amamantarme de su verga poderosa, lozana y vivaz con todas mis fuerzas.

—¡Oh, mamá! … ¡Qué demonios! … ¡Es como si tú … tú … quisieras que me corriera en tu boca! … ¿Acaso quieres tragarte mi semen? … ¡Maldición, mami! … ¡Ya no aguanto más! … Me voy a correr … ¡Aaaahhhh! … ¡Aahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! …

Mi lengua bailaba velozmente alrededor de su glande.     Mis tetas casi acariciaban sus muslos tensos, que se estaban entiesando y poniendo duros.    La cama crujía.     Su rostro se deformó en pasión y lujuria, sus dientes estaban apretados y gritó:

—¡Mamá! … ¡Oh, mamá! … ¡Mamá! …

Sentí en mi mano derecha los latidos de su polla y también cuando el primer borbotón de semen subió y brotó violentamente de su polla, rápidamente lo tragué.     Por primera vez probaba la semilla de mi hijo.    Cerré mis ojos y me dedique con cuerpo y alma a mamar su polla, deliciándome de su cremoso y espeso néctar que se derramaba en mi boca.      Mis tetas parecían reventar.     Fue increíble.    Mis caderas se movían lascivamente al ritmo de su chorros inacabables.    Mi coño follaba una polla invisible mientras bebía el semen de mi bebé.    No dejé escapar ni siquiera una gota de ese delicioso manjar.    Sentí la tibieza de su semen en mi guatita, me lo tragué todo.

 

 

Ahora debía enseñarle mucha cosas más … prepararlo para que me preñara.

 

 (Continuará …)

 

 

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1918, en un lugar cualquiera
mi hija de 13 se pone unos shores tan ajustados que se le marca la conchita,, que hago??

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