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Mi hijo se enamoró de mí, abusa de su mamá.

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(Anónimo de mi amiga jessenia)

 

Me llamo Jessenia Reasco, lo que contaré lo que me ha ocurrido principio de este(2023). Me he animado en contar esta situación, aún me sigue ocurridome, pero de un otro modo quiero desahogarme con todo esto lo que me está pasando, estos hechos solamente sabe una amiga y obviamente mi hijo.

 

Tengo 36 años, tengo  y un niño. A la edad de 19 años tuve a mi primer hijo Diego que actualmente tiene de 18 años de edad, él es  de otro compromiso,  cuando el papá de mi hijo se enteró que yo estaba embarazada él me dejó sola con mi bebé, ya se imaginarán todo el quilombo en mi casa y en mi vida, pero aún así nunca me di por vencida, sacando adelante a mi hijo, y seguir con mis estudios, hasta llegar a la universidad, que es aquí donde conocí a

mi marido él tiene 45 años, como le mencioné nos conocimos en la universidad, donde el era profesor y yo estudiante,  en aquel tiempo tuvimos un romance, nos casamos y seguí estudiando hasta finalizar los estudios de contadora. 

 

Mi marido  hoy por hoy, sigue de profesor en la universidad, yo tengo el despacho en casa, ya que trabajo cómo contadora libre, o sea me llegan facturas, listados de algunas empresas importantes donde requieren de mi servicios para hacer una pequeña auditoría o sacar siemple cuentas de gastos, y mi hijo estudia en el instituto.

 

Bueno, me describo como soy. 

Soy de muy pequeña, mido 1,55 y peso 50 kilos,  tes de piel canela(media Blanca), mi cabello lisado que me llega hasta la cintura, mi contextura es bien proporcionada y bien conservada, a base de gimnasio, y bailo terapias y comida sana, todo eso me ha ayudado a tener un cuerpo muy tonificado, poseo buenas tetas bien rendidas y paradas, tengo unas piernas muy gruesas y torneadas, unas caderas anchas cómo de una pera,  y lo mejor de todo mi cuerpo son mis nalgas, son anchas, redondas y levantadas, obviamente duras. Desde muy pequeña he sido muy culona y eso, más con los ejercicios me ha ayudado mucho, que tengo un cuerpo que no tengo el por de envidiar a otras mujeres. 

 

La relación con mi marido es buena, aunque después de tantos años juntos y con la diferencia de edad que es muy importante, nuestra vida sexual se había vuelto monótona y casi inexistente.

 

Soy una madre muy amorosa. 

A mi hijo lo quiero con locura, ya que por razones personales de mi marido  había decidido en ese momento hasta la actualidad de no tener más hijos, y al ser hijo único, le damos todos los caprichos, nos volcamos totalmente con él, sobre todo yo, que soy muy cariñosa.

Mi hijo Diego el también es muy cariñoso conmigo, nos abrazamos y nos besamos constantemente y por cualquier motivo, a mi me encanta «achucharle» y a el le encanta que lo haga.

Nuestra relación madre-hijo era totalmente natural y diría era(bueno, en los primeros inicios), porque a partir de un determinado momento comencé a notar como que algo estaba cambiando en el comportamiento de mi hijo, y no era por así decirlo «normales».

 

He empecé a notar estos cambios a mediados de enero del presente año, sin apenas nos diéramos cuenta, comenzó a suceder cosas que tenía mis sospechas. 

Anteriomente cuando yo le demostraba cariño a el:lo besaba y lo abrazaba, el siempre se portaba todo seco a mis afectos de cariños, como toda madre amorosa, pero de un tiempo acá cambio totalmente para mi sorpresa. En los momentos de cariño, el siempre se dejaba achuchar, sin mas, pero de pronto, mi hijo comenzó a participar en los afectos amorosos.

 

Todo comenzó de forma suave, con besos y caricias adicionales a las que yo le propinaba, hasta que sin cuenta, se fueron invirtiendo los papeles, pasando finalmente a ser yo la achuchada y ahora es él que comenzaba con los cariñitos conmigo. 

Al principio, eran simples caricias con sus manos en mis espaldas, pero poco a poco, me fui dando cuenta que sus manos se movían por todas las partes de mi cuerpo a su alcance, entre ellas, naturalmente mi culo,  esos «cariñitos» Ya no era naturalmente de un hijo de mostrando afectó de amor a su madre.  

Mi hijo, con sus 18 años, mide 1,78. y pesa 74 Kg. asi es que, me manejaba como si fuera una muñeca de trapo.

 

Últimamente se había cogido la costumbre de levantarme del suelo, cuando nos abrazábamos en ocasiones me cargaba y me daba unas vueltas(como si fuéramos enamorados), para lo cual mi hijo no tenía más remedio que agarrarme con fuerza mis nalgas que sufría los apretones de la mano de Gabriel y en muchas ocasiones, cuando me ha tocado estar con un vestido puesto, por el calor que hace demasiado (así tengo para estar cómoda en casa), este se me sube y sus manos se posan directamente sobre mis bragas, y es en ese preciso momento dónde siento sus manos calientes  directamente en mis nalgas. 

 

Yo al principio, trate de no darle importancia, considerando que todo era normal, fruto de la efusión que poníamos en nuestros abrazos y cariños. Y en realidad todo era tan normal que lo hacíamos cuando nos apetecía, estuviera o no su padre delante, porque el también lo consideraba normal, ya que era lo que habíamos hecho siempre, desde que era pequeño. Pero mi intuición de mujer me alertaba, me decía que algo había cambiado en mi hijo en sus cariños conmigo, asi es que comencé a poner una atención que antes no ponía y a detectar detalles que iban confirmado mi sospecha de comportamiento de mi hijo para conmigo.

Aquella alegría que sentía cuando yo le abrazaba, había pasado  ser otra cosa… y mi cuerpo había pasado hacer para mi hijo algo atractivo. 

 

Poco a poco fui comprendiendo que con sus 18 años, en plena efervescencia hormonal alta, yo me estaba convirtiendo sin querer en el objeto sexual que más a mano tenía para con mi él. 

 

No sabia que hacer, no sabia aún si el era consciente o simplemente lo hacia en automático, pero en cualquier caso, dado el enorme cariño que siento por mi hijo, bajo ninguna circunstancia estaba dispuesta a poner en peligro nuestra maravillosa relación de madre e hijo.

El hecho de abrazarme y levantarme delante de su marido, denotaba que él lo consideraba normal, asi es que yo en principio, decidí considerarlo también normal todo ese trató.

De todas formas yo ya había dejado de estar en automático, prestaba atención a todos los detalles y además estos cada vez se iban haciendo más evidentes.

 

Ya no era necesario que yo lo abrazara y lo besara, porque ahora era el que continuamente y cada vez que se le presentaba la ocasión, llegaba y me daba un abrazo de oso, lo hacía de frente o por la espalda y esta nueva modalidad, ponía mas en evidencia sus intenciones conmigo, puesto que sus manos se movían entre mi barriga y mis pechos, al principio de forma sutil y luego cada vez de forma más descaradamente, muy notoria.

Yo simplemente me dejaba acariciar  como lo más normal y participaba dándole besos como había echo siempre, pero esto también comenzó a cambiar.

 

Cuando me abrazaba por detrás, me besaba en el cuello y en la mejilla, cada vez mas cerca de la boca y cuando lo hacia por delante, lo hacia en el cuello y en muchas ocasiones en la boca, de forma rápida, como sin querer.

Cada vez tenia mas claro que mi hijo se estaba dando el lote conmigo, con mi consentimiento, puesto que le dejaba hacer y al no recibir oposición por mi parte, seguía avanzando, con sus caricias cada vez mas explicitas y atrevidas.

 

El lo seguía haciendo todo de la forma mas inocente y espontánea, pero sin un limite, a mi daba cierto corte, por que había veces que me lo hicia determinadas caricias(muy atrevidas) delante de mi marido, que sin embargo parecía no darle ninguna importancia, puesto que para él todo era como  «normales».

Por mi parte trataba de evitar dentro de lo posible iniciar ningún tipo de cariños con mi hijo, cuando estaba mi marido delante, pero no podía evitar que los iniciase el.

Asi que decidí que si la cosa iba para más, tendría que hablar con mi hijo, para marcarle unos limites a nuestras relaciones de madre e hijo, mientras tanto consideré que delante de mi marido no daría importancia a nada de lo que hiciese, para evitar cualquier tipo de suspicacias.

 

En una noche,  antes de irme a bañar,  me dispuse a lavar los platos de la merienda(ya que si yo no lavaba, nadie lo iba hacer, soy alguien que le gusta tener la casa muy limpia), yo estaba muy tranquila lavado los platos. Cuándo repentinamente siento unos brazos enrollandome desde mi cintura, y rápidamente siento un bulto en mis nalgas me giré inmediatamente asustada. La sorpresa mía, era mi hijo Diego que me había abrazó tan fuerte que me jalo hacia él, empezó a besarme por el cuello nuevamente, pero esta vez hizo algo nuevo que me hizo estremecer, me comenzó a morder ligeramente mi espalda yo solte un pequeño gemido, en cual le dije que no haga eso pero le mencioné un modo ligero. El se a parto de mi cuando mi marido justamente salió.  

 

En esa misma noche, estábamos sentados viendo la televisión, mi marido, él siempre se acuesta en un sillón que queda de frente del televisión, mientras que mi hijo y yo lo hacíamos juntos en el sofá, con lo cuál nosotros(mi hijo y yo) quedábamos prácticamente a su espalda.

Cuando nos ponemos a ver la televisión, después de cenar, lo hacemos normalmente todos con nuestra ropa de dormir.

 

Por regularmente yo uso para dormir una ropa muy ligera y cómoda. Aquella noche, yo usaba  un camisón muy holgado color blanco, y un calzón negro, tipo bombachas transparente, no llevaba puesto obviamente sujetador y además, casi siempre, me tapo las piernas con una pequeña mantita, para no quedarme fría, ya que por las noches refresca bastante en el lugar en que vivimos.

Mencionó todo esto, porque en este escenario que mi hijo dio un nuevo paso, que disipó las pocas dudas que me quedaban sobre sus intenciones conmigo.

 

Él siempre se había acomodado a mi lado y muchas veces metía también sus piernas debajo de mi manta, pero para eso entonces todo era normal. Hasta que llegó esa noche donde y realmente se me hielo la sangre. Con el salón totalmente a oscuras, con la única luz que emitía el televisor, cuidadosamente mi hijo metió una de sus manos por debajo de la manta y la posó sobre una de mis rodillas.

Yo ni me inmuté, seguí como si nada pasará, como si fuera normal, aunque sabía que algo iba a pasar…. Yo mirába la televisión, el comenzó a mover su mano hacia arriba, lentamente, hasta que llegó al borde de mi calzon, que al estar sentada se me había subido totalmente, con lo que tenia su mano en la parte superior de mi muslo.

 

Yo empecé a ponerme nerviosa y miraba de reojo a mi marido, que se había quedado dormido en su sillón y hasta roncaba levemente. Esto me tranquilizó un poco, me relaje y seguí mirando al televisor, aunque mas pendiente de lo que pasaba entre mis piernas que de otra cosa.

Mi hijo, al llegar con su mano al límite posible, comenzó a meterla hacia la parte interna del muslo, sin ninguna dificultad, puesto que mis piernas estaban entreabiertas y no tenía ningún impedimento.

Situó su mano en mi ingle, justamente a la altura de mi sexo, con la única barrera de mis bragas, ya que el calzon que cargaba puesto, no le suponían ningún obstáculo.

 

Comenzó a acariciarme en todos los sentidos, tanto el muslo, como la parte que tapaban las bragas, ambos seguíamos mirando hacia la televisión, aunque yo no la prestaba la menor atención, dada la situación.

Ya no había ninguna duda, todo era explicito, mi hijo simplemente me estaba metiendo mano, como si esto fuera lo mas normal del mundo, y por lo increíble que parezca yo no hacía nada para detenerlo.

No podría definir lo que sentí, en aquel momento se mezclaban en mi mente el estupor por la situación y el cariño que sentía por mi hijo y aunque ya había pensado en mas de una ocasión que antes o después algo de esto podía suceder, en esos momentos no sabia como reaccionar, así es que opté por quedarme quieta y callada y dejarle hacer lo que quisiera, como era mi costumbre, puesto que nunca le negaba nada a mi hijo.

 

Mientras tanto mi hijo seguía a lo suyo, con su dedo meñique había comenzado a perfilar mis bragas y a tocar por de lado de las tiras, o sea me tocado mis labios vaginales, eso lo excito demasiado y casi de forma automática, miré de reojo… Y efectivamente, se detectaba un bulto importante, que no dejaba lugar a dudas.

Yo por mi parte, comencé a sentir una ligera excitación también, y no solamente eso, porque acto seguido sentí como en mi vagina me comenzaba a salir juguito vaginales y todo eso era por el morbo de la situación en si, por las caricias que me estaba proporcionando mi hijo.

 

No me lo podía creer, no solo estaba permitiendo que mi hijo me metiera mano, sino que incluso me estaba gustando…..

De pronto mi marido se despertó y dijo que se iba a acostar, mi hijo retiró inmediatamente su mano y yo dije que lo mejor es que nos fuéramos todos a acostar y así lo hicimos.

Mi marido se levantó y se fue directamente al servicio.

Como todas las noches, cuando nos íbamos a acostar, mi hijo y yo nos despedíamos con un beso.

 

Nos levantamos los dos del sofá, como si no hubiera pasado nada, me agarró por la cintura con las dos manos, me miró fijamente a los ojos, sonriendo y sin decir palabra, dirigió sus labios a mi boca, despacio, suavemente y los mantuvo entreabiertos besándome, esperando mi reacción.

En otras veces los besos en la boca habían sido rápidos y como sin querer, pero en esta ocasión sus labios entreabiertos seguían pegados a los míos(como unos simples enamorados que se besan en el parque) y yo tenia que decidir si participaba en el beso o me mantenía pasiva.

 

Sin poder controlarme, debido a mi estado de excitación alto, entreabrí mis labios ligeramente y él inmediatamente aprovecho para introducir su lengua a través de ellos, suavemente, como con miedo, yo avance mi lengua hacia la suya hasta que ambas se juntaron, fue como unexplosión de sexualidad.

Comenzamos a besarnos apasionadamente, el metió una de sus piernas entre las mías y agarro mi culo con sus dos manos, apretándolo hacia el y restregando su «bulto» descaradamente contra mi muslo, durante un tiempo que había dejado de contar para los dos, hasta que me apretó aún mas y pude sentir como su «bulto» latía en mi muslo, mientras nuestras bocas seguían unidas en un apasionado beso.

 

Sin duda, se había corrido, se separó un poco, me miró fijamente de nuevo a los ojos, con la misma sonrisa inocente y sin decir palabra se fue directamente al servicio, dejándome sin aliento por el largo beso, jadeante y totalmente excitada.

Yo me dirigí a mi dormitorio, donde ya se había acostado mi marido, con lo excitada que estaba gracias a mi hijo,  le comencé a meter mano de forma descarada, mi marido que estaba medio dormido, me dijo que si es que quería «guerra», le dije que si y me lance directamente al ataque, le saque la verga de los calzoncillos por un lateral, me monte encima de el, me introduje la verga de un solo golpe en mi lubricada vagina y comencé a saltar en esa verga como una loca.

 

Supongo que mi marido no podía creérselo, puesto que nuestras esporádicas relaciones eran rutinarias, pero la situación lo excitó y comenzó a participar activamente, con lo que yo tuve de forma inmediata un primer orgasmo, reprimiéndome para no gritar de gusto, me  seguía culiando y yo lo disfrutaba como una puta loca, hasta que el me dijo que se corría y de nuevo tuve otro orgasmo al sentir latir ka verga de mi marido y su semen en mi interior.

 

Mi marido se quedó inmediatamente dormido y yo no me lo podía creer, había tenido dos orgasmos, cosa que no sucedía desde hacia muchos años, al principio de mis relaciones sexuales con mi marido.

Después de asearme en el baño, me acosté, mi marido se había dormido de nuevo, pero yo no era capaz de conciliar el sueño, todo daba vueltas en mi cabeza, mi hijo, mi marido, lo que habíamos disfrutado los tres.

 

Las caricias de mi hijo habían despertado en mi un erotismo que tenia casi olvidado y con ello había proporcionado a mi marido un placer inesperado…

No hacia mas que darle vueltas a todo, pensando como debería abordar la nueva situación que se había creado en nuestro hogar y sobre todo mi relación con mi hijo.

Finalmente, con la relajación, la cordura se impuso y decidí que tendría que hablar con mi hijo, para marcar unos límites y unas reglas de juego en nuestras relaciones.

 

Mi hijo me había utilizado como objeto sexual de forma explicita y no solo no le había echo ningún reproche, sino que había participado activamente en su beso, hasta hacer que se corriera por primera vez con su madre.

No podía seguir actuando como si no hubiera pasado nada. Si que había pasado algo y no lo podía ignorar, mi hijo iba a querer seguir avanzando, hasta donde yo le permitiera, así es que en algún momento tendría que decidir hasta donde estaba dispuesta a dejarle llegar, y también tenia que decidir sobre mi actitud.

 

Yo hasta ese momento no me había planteado mi papel en el juego que estábamos jugando mi hijo y yo, es decir hasta ese momento lo había vivido de forma pasiva, era mi hijo el que jugaba y yo simplemente le dejaba jugar, el estaba disfrutando con el juego, y yo, de forma indirecta también, como había podido comprobar esa misma noche, lo que tenia que decidir era si yo también quería participar en el juego de forma activa.

 

Finalmente me quedé dormida.❤

 

A la mañana siguiente, aprovechando el momento en que su padre estaba en la ducha, comencé lo que pretendía fuera una conversación seria y formal madre e hijo.

No pretendía bronquearle, porque nunca lo había hecho y además, aunque era el que lo había iniciado todo, tampoco podía considerarle el único culpable, ya que al final yo también participe y disfrute con el juego.

Le dije en tono de reproche, si le parecía bien lo que había sucedido la noche anterior.

Me contestó que me quería mucho, que estaba locamente enamorado de mi y que estaba muy contento de lo que había sucedido, puesto que había podido comprobar que yo también estaba loca por el.

 

Le respondí, que efectivamente, yo también le quería mucho, pero que el cariño e incluso el amor entre una madre y un hijo tenia ciertos limites que no debíamos sobrepasar.

No me dejó hablar mas, me atrajo hacia el y comenzó a besarme apasionadamente, yo me abandone a su beso y comencé a corresponderle con la misma pasión.

Oímos como mi marido finalizaba su ducha y seguimos aún unos minutos más, besándonos como dos enamorados.

 

Finalmente nos separamos, yo le dije que teníamos que seguir hablando y que mientras tanto, sobre todo, tuviera un poco de discreción cuando estuviera mi marido cerca.

Él asintió, con una sonrisa cómplice y se fue hacia el dormitorio para vestirse.

Lo poco que habíamos hablado, no solo no había servido para establecer ningún tipo de límite a nuestras relaciones, sino que por primera vez, empezábamos a actuar con la complicidad de dos auténticos amantes.

Los achuchones con beso de lengua incluido, me los sigue dando cada vez que llega a casa, demorando un poco su saludo, hasta que su padre pasa a cambiarse al dormitorio, momento que aprovecha para pegarme un «repaso» de dos o tres minutos, dejándome sin aliento y sofocada.

 

Un día, los dos perdimos la noción del tiempo y cuando entro mi marido en la cocina, nos pillo en plena faena.

Ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta, en ese momento mi hijo me estaba besando en el cuello y yo estaba con los ojos cerrado, por lo que el susto que me lleve cuando oí la voz de mi marido fue horroroso, casi me desmayo del susto.

Pero, mientras que nosotros sabíamos lo que estábamos haciendo, para mi marido el espectáculo no era otro que el de su hijo jugando con su madre como de costumbre, así es que lo único que dijo dirigiéndose al niño fue que tuviera cuidado que iba a romper a su madre con esos achuchones.

 

Mi hijo reaccionó muy bien, respondiendo que era el lobo feroz y que me iba a comer y siguió durante algunos, para mi eternos segundos, mordiéndome el cuello, delante de su padre, luego dándome un último beso en la mejilla y una palmada en el culo, se fue a su habitación a cambiarse.

Yo tenia que estar roja como un tomate, estaba excitada, asustada y me temblaban las piernas, como pude, me apoye en la encimera de la cocina y le dije a mi marido para tratar de quitarle importancia al tema, que teníamos el hijo mas cariñoso del mundo.

Pasaron algunos días. 

 

De pronto en nuestro entorno familiar, el sexo se había convertido en algo omnipresente, mi hijo pensando constantemente en como meterme mano, mi marido aprovechándose indirectamente de la situación(ya que cada vez que mi hijo me tocaba, yo me desquitaba con mirado en la cama) y yo viviendo una aventura increíble, entre ambos.

En este contexto se desarrollaba nuestra vida cotidiana.

Los «repasos» de mi hijo cada vez eran mas intensos y atrevidos, últimamente, cuando me abordaba de frente, mientras me comía la boca y el cuello, levantaba mi vestido por la parte de atrás e introducía una de sus manos por la parte de arriba de mis bragas, sobándome descaradamente el culo, hasta donde llegaba.

 

Cuando nos sentábamos por la noche a ver la tele, yo había adoptado una postura diferente, que era sentarme estirada en el sofá, poniendo mis piernas encima de los muslos de mi hijo, con lo que mi entrepierna quedaba perfectamente a la altura de su mano y además en esta posición elevando una o las dos, el acceso a mis partes intimas era mucho mejor.

Cada vez que mi marido se dormía, que era bastante a menudo, mi hijo aprovechaba para meterme mano.

 

Una de esas ocasiones, comenzó como siempre a acariciarme la entrepierna, hasta llegar a mis bragas, yo elevé una de mis piernas y la dejé caer hacia un lado, con lo que le facilitaba al máximo su maniobra.

La otra pierna la desplacé hasta situarla justo encima del bulto que ya tenia mi hijo en su pijama, me encantaba sentir el bulto de su excitado pene, a través de la fina tela del pijama, atrapado dentro de su slip.

El mientras tanto estaba acariciando como mi zona vaginal, pero ahora en la posición en que estábamos, lo hacia con su dedo pulgar y con este dedo recorrió el borde de mis bragas hacia arriba, hasta encontrar un sitio en que las bragas estaban mas flojas y lo introdujo por dentro.

 

Lo primero que tocó nuevamente fueron los labios vaginales puesto que el dedo lo había introducido a esa altura, noté en mi pierna apoyada en sus muslos, como su bulto daba una especie de salto.

Comenzó a deslizar su dedo pulgar hacia abajo, forzando la tela suave y elástica de mis bragas, que además, por estar bastante usadas, eran muy flojas, con lo que con bastante facilidad llego con su dedo al inicio de mi vagina.

 

Al tocar mi clítoris, a mi me dio también como un espasmo, debido a la tensión acumulada y sin querer un ligero gemido salio de mi garganta.

El siguió deslizando el dedo hacia abajo, abriéndome los labios mayores y llegando a los menores y a la entrada de la vagina, que en esos momentos estaba totalmente lubricada.

Solo tuvo que presionar ligeramente y su dedo se comenzó a introducir dentro de mi, en esos momentos su pene comenzó como a latir bajo mi pierna y yo comencé a correrme como una loca, los dos nos estábamos corriendo a la vez.

 

Aunque hacia verdaderos esfuerzos para no gritar, no podía impedir que algunos gemidos se escaparan de mi garganta, mientras me retorcía y estiraba mi cuerpo en uno de los orgasmos más maravillosos que recuerdo.

Mi hijo había introducido su dedo hasta donde podía y lo movía en todas direcciones en lo que en aquellos momentos era mi coño chorreante, empapándose de los abundantes fluidos de mi maravillosa corrida.

Sacó su mano empapada y la dirigió hacia su nariz primero y hacia su boca después, chupándose el dedo pulgar, mientras me miraba directamente a los ojos, con un gesto de satisfacción y complicidad.

 

Yo, sin decir una palabra, le dirigí un beso con mis labios y los ojos entornados, en lo que quería que fuese un gesto de aprobación y también de complicidad.

Era la segunda vez que mi hijo se corría conmigo, y la primera que yo lo hacia con el.

Me había tocado directamente el coño, con lo que habíamos mantenido lo que se podía considerar como nuestra primera relación sexual con mi consentimiento explicito.

Después de esta para ambos agradable experiencia, por mi parte, tenia claro que iba a utilizar a mi hijo para obtener todo el placer que la monótona y casi inexistente relación sexual con mi marido me negaba y que mientras que para el con 50 años, podía no ser un problema, para mi con 36 y una vez despertada mi adormecida sexualidad, lo era.

 

Así es que aunque decidí seguir dejándole de momento a mi hijo la iniciativa, también decidí darle todas las facilidades para que ambos sacáramos el máximo partido de nuestros juegos.

Por las noches, cuando nos sentábamos a ver la televisión, yo comencé a hacerlo sin bragas, con lo que dejaba totalmente expedito el camino a mi hijo, que lo disfrutaba cada vez que su padre se dormía, proporcionándonos ambos unas corridas maravillosas, ya que en esta situación, el me metía los dedos que quería y yo gozaba como una loca.

Esta situación comenzó a darme miedo, puesto que hacíamos mucho ruido con nuestros jadeos y gemidos y cualquier día íbamos a despertar a mi marido.

 

Teníamos que tener mas cuidado, sobre todo yo que era la mas escandalosa, ya que al llevar tanto tiempo reprimiendo mis instintos, ahora, al liberarlos, mi cuerpo reaccionaba con unos orgasmos muy ruidosos, que sin duda a mi hijo le encantaban, ya que cuando empezaban mis jadeos y gemidos, era cuando el se corría siempre.

Las conversaciones con mi hijo, iban siempre en el mismo sentido, que teníamos que tener mucho cuidado, para que su padre no nos descubriera.

 

Hasta que un dia, mi hijo me dijo, así sin más, que quería follar conmigo, que lo deseaba como nada en el mundo, que se moría de ganas, pero que no veía la oportunidad, puesto que siempre estábamos los tres juntos.

Yo, que dicho sea de paso, a estas alturas también me moría de ganas, le conteste que eso era muy peligroso, que teníamos que tener mucho cuidado, pero que también me moría de ganas de hacer el amor con el, pero durante mucho tiempo nunca llegó esa posibilidad, por que pasaron días y semanas pareciera que se nos olvidaba ese tema.

 

Pasaron los meses, y llegó el verano, nosotros tenemos una pequeña piscina en el patio-jardín, por lo que durante la estación calurosa, en casa, casi siempre estamos todos en bañador o ropa muy cómoda.

Yo concretamente en bikini y cubierta a veces con algún vestido playero, de esos que llevan botones de arriba a bajo, casi siempre sin abrochar, solo por cubrirme un poco.

En esta época, los besos y los abrazos con mi hijo, eran sumamente placenteros, puesto que nuestros cuerpos estaban prácticamente desnudos.

 

En muchas ocasiones, me quedo en toples, momento que el aprovecha para abrazarme, siempre, aunque esté su padre delante, con lo que mis pezones se me ponen duros y se clavan en su pecho, cosa que nos encanta a los dos.

Otras veces, en cuanto ve que su padre se mete en casa o bien el esta fuera y nosotros dentro, mete una de sus manos en mi diminuta braguita, sobando mi coño, llegando en algunas ocasiones a corrernos el uno el otro y a veces los dos.

Por las noches en verano, duermo solo con las bragas, tirada encima de la cama y únicamente me tapo con la sabana de madrugada, cuando refresca.

 

Mi marido y yo dormimos en una cama enorme, de 2×2, con lo que cada uno duerme en su parte y prácticamente ni nos tocamos a no ser que lo hagamos a propósito.

Mi marido duerme siempre boca abajo, mirando hacia la parte contraria a la que yo estoy y ronca, aunque no muy fuerte, pero si lo suficiente para saber cuando está profundamente dormido.

Yo en cambio duermo de lado, mirando hacia su lado y de espaldas a la puerta del dormitorio, que además siempre dejamos abierta.

 

Hasta que llego el momento más esperado por mi y especialmente por mi hijo. Una noche, estando en mi cama media dormida, siento que alguien me está tocando, me despierto, pero no me muevo, sigo como si estuviera dormida.

Comprendo que es mi hijo, que ha decidido dar un nuevo paso en nuestra morbosa relación y rápidamente me hago cargo de la situación, mi marido esta en su posición normal, profundamente dormido como puedo deducir por sus ronquidos, así es que me relajo y me dispongo a seguirle el juego a mi hijo.

 

El después de acariciar durante un rato mis pechos, yo creo que hasta que consideró que me había despertado, pasó a mi trasero, que se encontraba casi al borde de la cama, ya que estaba como en posición fetal(en cucharita).

Comenzó acariciándome por fuera de las bragas marcando con sus dedos mi coño, que en esa posición, estaba totalmente accesible, si bien, cubierto por las bragas.

Yo por si acaso y comprendiendo su propósito, me muevo un poco, poniendo aún mas en pompa mi trasero y arrimándolo totalmente al borde de la cama.

 

El comprendió que estaba colaborando por lo que sin mas preámbulos, intentó hacer a un lado mis bragas, pero en esa posición, no consiguia su objetivo, así que opto por bajármelas, yo le facilité la tarea, levantando un poco la cadera y cuando el las bajó por la parte de atrás, yo me las baje por delante, con lo cual, rápidamente quedaron a la altura de mis muslos y mi coño totalmente a su disposición.

Mi hijo no perdió ni un segundo, con su dedo pulgar recorrio todo mi coño, frotando mi clítoris y metiendomelo hasta dentro, varias veces, en mi lubricada vagina, luego sentí  que con sus dos manos separaba mis muslos, situaba su verga en la entrada de mi vagina y apretando suavemente fue introduciéndomela, hasta que sentí su cuerpo junto al mió y toda su verga dentro de mi.

 

Yo había comenzado a jadear y mis caderas a moverse, facilitando al máximo la penetración. El se había quedado quieto, su verga comenzó a palpitar dentro de mí y sentí como un chorro de semen inundaba mi interior, se estaba corriendo nada mas de metérmela.

Yo comencé a tener un orgasmo, con lo que movía mi culo apretándole contra el, mientras gemía sin control, el me tapó la boca con una de sus manos, para amortiguar mis gemidos y los dos nos convulsionamos en un orgasmo increíblemente maravilloso.

De pronto todo terminó, nos quedamos quietos los dos durante algún minuto, yo esperaba que sacará su verga y se marchara a su cama, pero el seguía allí pegado y entonces me percaté que su pene seguía duro, dentro de mi chorreante coño.

 

Entonces, comenzó a moverse, en un lento mete y saca, que hacia que se produjera un suave ruido, como de chapoteo, dado que mi coño debía estar totalmente lleno de semen.

Ahora me estaba follando de verdad, con suavidad, metiendo en cada embestida su verga hasta el fondo de mi vagina, lo que me estaba comenzando a producir un gusto maravilloso.

Mi cuerpo comenzó a participar y a moverse rítmicamente haciendo que las penetraciones fueran cada vez mas profundas, era como si le estuviera comiendo la verga con mi coño, ya que en cada penetración, mi vagina se contraía y producía un efecto succión, como si se la estuviera chupando con el coño.

Ahora los dos lo estábamos disfrutando, nuestros cuerpos iban avanzando, sin prisas hacia un nuevo orgasmo.

 

No se cuanto tiempo estuvimos así, pero fueron varios minutos, 10 o 15 minutos y de pronto, el comenzó a acelerar sus embestidas y yo que comprendí que se iba a correr, comencé a moverme también mas aceleradamente, hasta que de nuevo nos corrimos los dos a la vez.

Yo sentí como por segunda vez su semen inundaba mi vagina y explote en un nuevo orgasmo increíble, el por su parte había perdido totalmente el control y gemía tanto o mas que yo, montando entre los dos un escándalo que despertó a mi marido.

Los dos nos dimos cuenta que mi marido se movía y reaccionamos al unísono, el se tiró al suelo y yo como pude me subí las bragas y me quedé quieta bocabajo.

 

Mi marido, medio adormilado pregunto que si me pasaba algo y yo haciéndome también la adormilada le respondí que había tenido una pesadilla y que me había despertado dando voces.

El se dio de nuevo la vuelta y siguió durmiendo, mientras que a mi me temblaban las piernas y mi cuerpo, preso de los estertores de mi orgasmo por una parte y del susto por otra, prácticamente se colapsó y sufrí una especie de desmayo.

Cuando volví en si, no se al cabo de cuanto tiempo, tardé unos segundos en adquirir conciencia de lo que había pasado, mire instintivamente al suelo y lógicamente mi hijo ya no estaba allí. Mi marido dormía de nuevo profundamente.

 

Una vez situada y comprobado que todo estaba normal, pase a preocuparme de mi cuerpo, tenía las bragas arrugadas, tapándome simplemente el coño y notaba como el semen de las dos corridas de mi hijo resbalaba de mi vagina, empapándolas totalmente.

Me las coloque un poco y sentí como me mojaba toda la entrepierna, no sabia que hacer, si levantarme a asearme un poco o dejarlo como estaba. Finalmente opté por levantarme, limpiarme bien con papel higiénico y cambiarme de bragas. Y también  un poco asustada por que se me habia venido dentro de mi, me tomé unas pastillas anticonceptiva  que tenía guardadas sin que mi marido lo sepa. 

 

Pude escuchar los ronquidos de mi hijo que dormía tan profundamente como su padre, mientras yo me recomponía.

De nuevo en la cama, comencé a pensar sobre todo lo ocurrido. Mi hijo por fin me había follado y se había corrido dos veces dentro mi.

Lo que tanto deseábamos los dos se había producido, y además de una manera para mi sorprendente, no dejaba de asombrarme la osadía de mi hijo.

Realmente lo único que me preocupaba era que mi marido había estado a punto de cogernos en plena faena y lo que hubiera pasado si nos llega a pillar.

 

Por otra parte, recordaba los dos orgasmos que había tenido y las satisfacciones que ambos tenemos con nuestros juegos, tratando con ello de justificar los riesgos que estábamos corriendo.

Así seguí divagando y dándole vueltas hasta que finalmente me quede dormida.

 

Al día siguiente, que era domingo y por lo tanto estábamos los tres en casa, mi hijo estaba especialmente cariñoso conmigo, literalmente se me comía.

Pasamos el día en la piscina y por lo tanto yo opte por estar todo el día en toples, aduciendo que estaba mas cómoda, cosa que a mi marido le perecía perfecto, ya que siempre ha sido muy liberal y además solo me veían el y nuestro hijo.

Mi hijo aprovechaba cualquier momento para darme un repaso, tanto dentro como fuera del agua, me abrazaba y sobaba las tetas con total descaro, delante de su padre, el cual no prestaba ninguna atención, porque estaba leyendo.

Así y todo mi hijo de vez en cuando soltaba alguna gracia de las suya diciendo que tenia unas tetas muy bonitas y que me las iba a comer como cuando era un bebe y se lanzaba a por mi.

Yo cuando podía lo evitaba lanzándome al agua de la piscina y el lo hacia detrás de mi, comenzando a «luchar» y a alborotar dentro del agua, donde mi hijo se aprovechaba al máximo.

 

Cuando estábamos fuera del agua, mi mayor preocupación era evitar que mi marido se diera cuenta de la constante erección de nuestro hijo, ya que los continuos sobos que nos pegamos lo tenían continuamente empalmado y lógicamente con el bañador se le notaba mucho.

Por la tarde, después de comer, mi marido se echo la siesta yo me tumbe en toples sobre una toalla en el césped de la piscina, a la sobra y también me quedé dormida bocarriba.

 

Es esta posición estaba, cuando siento como mi hijo se me hecha encima, apoyando sus brazos en la toalla, para no aplastarme y comienza a comerme las tetas y a besarme en la boca apasionadamente, yo me dejaba y colaboraba en los besos, puesto que me encantaba y además era la primera vez que sentía el cuerpo de mi hijo encima de mi.

Había metido una de sus piernas entre las mías y en el muslo de la otra podía sentir la dureza de su verga, que debía tenerla a punto de explotar.

 

Con mucho cuidado comencé a abrir mis piernas, invitándole a que se metiera entre ellas completamente, cosa que hizo de inmediato, entonces sentí su bulto sobre la ingle.

El en un momento, realizó una maniobra tan perfecta que parecía que la tenia ensayada, apoyándose en su brazo derecho, con el izquierdo sacó su verga por la patera del bañador, a continuación con la misma mano separó mi pequeño tanga hacia un lado y situó su verga a la entrada de mi vagina.

Comenzó a presionar y yo comencé a sentir como se iba introduciendo dentro de mi, en unos segundo me la había metido hasta dentro y comenzó a follarme despacito, como si no tuviera prisa.

 

Yo le dije que su padre nos podía sorprender y el me dijo que no me preocupara y que siguiera disfrutando y eso hice, comencé a moverme a su ritmo, hasta que ambos explotamos en un orgasmo al unísono.

Sentí de nuevo como disparaba su semen dentro de mi vagina y supongo que el debía sentir como mi coño prácticamente le comía la polla con las fuertes contracciones producto de mi orgasmo.

Ambos gemíamos y literalmente gritábamos de placer, sin importarnos no solo que se despertara su padre, sino de que se enterara toda la vecindad.

Finalmente se desplomó sobre mí y sentí como me aplastaba con el peso de su cuerpo, dejándome prácticamente sin aliento, luego comenzó a besarme con ternura y yo le correspondí de igual modo.

Había sido maravilloso, era la primera vez que follabamos de una manera mas o menos normal y nos quedamos allí tirados, el con su pene asomándole flácido por la patera de su bañador y yo con mi bikini hacia un lado y con el semen escurriéndome por la pierna.

Después nos fuimos al baño a asearnos y nos sentamos a tomarnos un refresco, como si no hubiera pasado nada.

Aprovechamos para hablar sobre el presente y sobre todo el futuro de nuestra relación…

Yo le comenté que disfrutaba mucho de nuestra relación, porque últimamente con su padre prácticamente no teníamos sexo, debido a que por su edad, el ya no sentía mucha necesidad y yo por mi parte me había acomodado a la situación, pero que con mis 36 años, el había despertado de nuevo la hembra que toda mujer lleva dentro.

El me dijo que yo era la única mujer en su vida y que quería que lo siguiera siendo, que era maravillosa y que lo que más desearía en este mundo era poder follar conmigo todos los dias…

Yo, también ya sin eufemismos, le dije que a mi también me apeteceria poder follar con el todos los dias, pero que eso no era posible ya que por otra parte, yo seguía amando a su padre y no quería hacerle daño.

Me contestó que el también quería mucho a su padre y que tampoco quería hacerle ningún daño, pero que me tenia desaprovechada como mujer y que el lo unico que queria era darme todo lo que yo como mujer necesitaba

y el no me daba.

 

Yo le contesté que eso es lo mismo que yo habia pensado y que por tanto lo que teniamos que hacer, una vez que los dos teníamos claro lo que queriamos era dejar de improvisar y ponernos de acuerdo para evitar poner a su padre en ninguna situación violenta..

Mi hijo estuvo de acuerdo y a partir de ese dia todo cambió entre nosotros. Dejamos de actuar al «salto de mata» y empezamos a actuar de forma más prudente…

Mi hijo y yo comenzamos a planificar nuestros encuentros aprovechando al maximo todas las oportunidades que se nos presentaban y provocando otras…

Como yo trabajaba en casa, solo teniamos que buscar momentos en los que mi marido no estuviera y sorprendentemente, resultó que habia muchas mas ocasiones que las que pensabamos, porque aunque ellos iban juntos a la universidad en realidad sus horarios no eran coincidentes y por otra parte, mi marido tenia otras actividades ajenas a la universidad que también le mantenian muchas horas fuera de casa…

Asi es que, una vez analizadas todas las horas que mi marido tenia ocupadas fuera de casa, solo tuvimos que casarlas con las que mi hijo y yo podiamos aprovechar y el resultado fue que prácticamente podiamos cumplir, sin ningun problema lo que tanto mi hijo como yo queríamos… follar todos los dias…

Y eso era lo que empezaríamos hacer.

 

Amigo papa !! sabias que las niñas de hoy solo ven porno en sus moviles??
MI TÍO, MI INICIO SEXUAL A LOS 10. [ Por Tatys]

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