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Mi nombre es Kendra: mi despertar sexual

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Me llamo Kendra, actualmente tengo 20 años, soy hija única, mis padres se divorciaron cuando yo tenía 4 años, no fue un divorcio tan complicado ya que ambos lo querían, mamá había engañado a papá y papá había engañado a mamá, sólo llevaban 3 años de casados y lo único que en su momento los mantenía juntos, era la atracción sexual un poco enferma que tenían el uno por el otro.

La familia de mi mamá era adinerada, mis abuelos le habían dejado una hermosa y enorme casa en una de las zonas más ricas de la CDMX, una casa en la que prácticamente me críe sola con la ayuda de una sirvienta y un chófer ya que mi madre se la pasaba viajando. Una parte de mí siempre sintió que ella nunca quiso ser madre, nunca fui apegada a ella y ella se dedicaba a darme dinero para que no la molestara.

Mi padre, por otro lado, era un abogado al que le iba más o menos bien, tenía problemas con el alcohol y las apuestas, así que lo que ganaba normalmente se lo gastaba en el casino. Vivíamos en una colonia peligrosa y de clase media baja de la CDMX en un departamento en el piso 7, en una unidad habitacional. 

Después del divorcio, el acuerdo fue que dos semanas viviría con mamá y dos semanas con papá. Iba a un colegio privado que mamá pagaba, cuando me quedaba con mi papá, él tenía que cruzar toda la ciudad para poderme llevar. Era una gran estudiante, tenía un promedio perfecto, además de pertenecer al club de debate, estar en el equipo de natación y en el de porristas.

Uno podría pensar que a pesar de las circunstancias lo tenía todo, y en teoría sí, sin embargo había un lado oscuro que siempre fui muy buena escondiendo de mis padres, un lado que culpo a ellos por tenerlo. Como dije antes, mis padres son dos personas súper inestables, papá es alcohólico y mamá drogadicta y yo, bueno, yo soy adicta al sexo, algo que heredé de ellos dos.

El primer recuerdo que tengo de mi infancia, lo suficientemente marcado para no olvidarlo, es de cuando tenía 9 años, me tocaba estar en casa de mamá, ella no estaba, era tarde, Matilde, la sirvienta, ya me había metido a la cama después de darme de cenar, se había ido a su cuarto y me había dejado dormida. Como a las 3 am me desperté porque escuché mucho ruido, oí la voz de mi madre y la de un hombre, me levanté de la cama y fui a su cuarto, la puerta estaba entrecerrada, un hombre le estaba soltando cachetadas, ella estaba desnuda y de rodillas, el sujeto también estaba desnudo y tenía el pene apuntando a su cara, ella empezó a chupársela y él le jalaba el cabello, le decía que era su puta y que se la cogería hasta partirla. 

La escena fue muy gráfica, no recuerdo cuánto tiempo me quedé ahí hasta que Matilde me jaló y me llevó de nuevo a mi cuarto, me dijo que no le dijera a nadie lo que había visto, que ese sujeto y mamá sólo estaban jugando. Esa noche no pude dormir, cada que cerraba los ojos veía de nuevo a mi mamá siendo penetrada por ese tipo y eso me hacía sentir cosquillas en mi vientre.

A los 12 me tocó ver a mi padre en una situación muy parecida, llegó muy ebrio y tarde del casino, al igual que le pasó a mamá, se olvidó que era su turno de tenerme, así que no se molestó en ser discreto cuando llegó. Unos gemidos muy fuertes me despertaron, el ruido venía de la sala, me levanté y con mucho cuidado abrí mi puerta lo suficiente para ver a mi padre chuparle las tetas a un mujer rubia, esta vez ya tenía una idea más clara de lo que estaba pasando, así que me hinqué y los observé coger como animales, la tipa no paraba de gritar que era la perra de mi papá, que le encantaba su enorme pene y que quería que la destrozara.

Para ese momento ya había visto suficiente porno y me había masturbado tanto, que en seguida noté la excitación que crecía en mí. Me acomodé, abrí mis piernas, acaricié mis pezones y me toqué hasta que sentí el orgasmo recorriendo todo mi cuerpo, casi al mismo tiempo que mi papá lanzaba su leche sobre las tetas de la tipa. Cerré la puerta con cuidado y me metí a la cama, esa noche dormí muy bien.

Para cuando cumplí 15 ya era adicta al porno, me masturbaba de 3 a 5 veces al día, sólo pensaba en sexo, en que alguien me cogiera. Así fue como a los 16 soñaba con convertirme en la puta personal de algún hombre puerco y morboso que me tratara mal, me excitaba la idea de ser vendida y usada como objeto sexual, como una muñeca que sólo sirve para que se la cojan. Sé que suena enfermo, pero crecí en un entorno repleto de sexo, eso me moldeó, me hizo ser la puta que soy hoy.

Como ya dije, desde muy pequeña empezó mi desarrollo sexual, aparte de mis padres mi físico ayudó mucho a ese desarrollo; mido 1.50 desde que estoy en 6º de primaria, gracias al ejercicio tengo un abdomen plano, una piernas torneadas y un culo redondo y firme en forma de corazón, tengo una cintura bien marcada y unas tetas grandes y jugosas, soy blanca por lo que mis pezones son rositas, son chiquitos y redondos, tengo los ojos verdes, la nariz pequeña y respingada, los labios gruesos, también tengo unas cuantas pecas y soy pelirroja.

El ser pelirroja también fue un detalle fundamental en mi desarrollo, mi madre es rubia y mi padre castaño, ninguno de los dos sabe porqué razón nací pelirroja, y aunque mi padre se esfuerza por tener una buena relación conmigo, sé que piensa que no soy su hija, por lo que ocasionalmente es un poco cruel y violento conmigo, algunas nalgadas, cachetadas y jalones.

En fin era el combo perfecto para llamar la atención, siempre que salía los hombres me miraban con lujuria, con morbo, vivía excitada 24/7 no había día en el que no me masturbara, en el que no viera porno, en el que no me imaginara siendo violada, tomada por la fuerza y obligada a ser la perra de alguien.

El inicio
Mi tía me indujo al incesto a los 14

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