Incesto

¡Pero si era mi hijo!.

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Esa noche habíamos regresado a casa con mi marido bastante tomados, yo cada vez que bebo unas copas de más se me aflojan las bragas, lo único que deseaba era meterme a la cama con mi esposo y me follara como una puta caliente.     Nos metimos a nuestra cama y lo primero que hice fue comenzar a mamarle su magnifica polla dura, mi marido es bien dotado y era un deleite estar chupando su verga con abandono y placer, lo miré y vi que él se había entregado con abandono a disfrutar de mis habilidades.    Estaba como en un trance imaginando de tener más de una polla a mi disposición.

 

Me toqué mi chocho empapado, me metí un dedo, quería la polla de mi marido profundamente en mi coño.     Estaba tan caliente tocando mi vulva, que me pareció sentir un glande fantasmal separando mis labios mayores y empujando mis labios menores, ¡Oh, sí! Se sentía tan rico.

 

Jamás me había sentido así de cachonda.    Habíamos tomado demasiadas copas de vino y licores, mi visión de la polla de mi marido me resultaba algo borrosa en la tenue luz de nuestro dormitorio, creo que estaba alucinando, me sentía una polla en mi concha.    Pensé que era mi imaginación y calentura que me estaba confundiendo y asombrando, sentía como si una polla de verdad estuviese entrando y saliendo de mi coño ¡No puede ser! La única polla en el cuarto es la de mi marido y esa la tengo rodeada con mi lengua y profundamente en mi boca.

 

Algo me penetraba y follaba, pensé que podía ser “Goliath”, nuestro perro, gemí y chupé a mi esposo con más bríos, el alcohol no me dejaba pensar con claro criterio, esa follada fantasmagórica se sentía sensacional.     Luego sentí unas manos en mi trasero, no podía ser “Goliath”, me giré y me llevé la mayor sorpresa de mi vida, vi a mi hijo Manuel detrás de mí, sosteniendo mi trasero y follándome vigorosamente.

—¡Manuel! …

Grité fuerte y salté hacia adelante.     Su polla se deslizó fuera de mi conchita:

—¿Qué demonios estás haciendo! …

Me escapé aturdida al lado de mi esposo y me cubrí el cuerpo con una manta.     Mi propio hijo, pensé reflexivamente.   Acababa de tener en la profundidad de mi coño el pene de mi hijo.    Creo que hubiese preferido que fuese “Goliath”.

—¡Diablos! …

Fue lo único que atinó a decir mi hijo.    Lo miraba perpleja sintiendo todavía la tibieza de su pene en mí.     Mi marido nos miraba a ambos sin ningún sobresalto, como si no estuviera entendiendo lo que estaba sucediendo, ni siquiera se movió.

—¿Qué pretendías? ….. ¿En que pensabas? …

Pregunté un poco consternada y a la vez furiosa por la inusitada situación.

—¡Solo quería probar! … ¡Ustedes lo hacen todo el tiempo! …

Respondió mi hijo en tono inocentón que me hizo enervar:

—¿Estás loco! … ¡Soy tú madre! …

Mi hijo me miró sorprendido e incrédulo, como si realmente no entendiera cual era el problema con eso:

—¿Y con eso qué? …

—¡Tú no te coges a tú madre! … ¡No puedes meter tu cosa dentro de una mujer sin siquiera preguntar! …

—¿Por qué no? … ¿No te gustó? … ¡Mira que te escuche gemir! …

—¡Ese no es el punto, idiota! …

Grite enérgicamente, no quería seguir pensando en cuanto ocurrido, así que me giré donde mi marido:

¡Pablo, di algo … por favor! …

—¿Y qué quieres que diga? … ¿Te gustó? …

No lo podía creer, seguramente esto no está sucediendo y me están tomando el pelo, mi marido relajado me miraba como si nada, yo estaba comenzando a enfurecerme, pero el espetó casi como dando catedra al respecto:

—Míralo desde una perspectiva diferente … evidentemente a Manuel le gustó …

Me giré a mirar a mi hijo, todavía estaba de pie con una gigantesca erección, obviamente le había gustado.

—¡Al parecer no has considerado que tu hijo acaba de meter su polla en mi coño! …

Dije enfáticamente remarcando mis palabras con energía y ofuscación.

—¡Cálmate querida … es solo sexo … nada diferente a lo que hacemos … con esto de la pandemia y las enfermedades en giro … ¿no crees que es más seguro que el nene esté con nosotros? …

Dijo filosóficamente mi marido, ahora mi enojo se estaba reversando sobre mi marido porque parecía no ver nada de malo en la acción de Manuel, me había clavado su pene hasta el fondo de mi chocho y mi esposo no le daba ninguna importancia.

—¿Entonces no tienes ningún problema de que nuestro bebé folle a su madre? …

Le pregunté en tono sarcástico, esperando que finalmente lo entendiera y que su opinión previa fuera solo por los efectos del alcohol.    Me quedó mirando por un instante y respondió casi sin pensarlo:

—¡Sí tú no tienes ningún problema con eso, yo tampoco … obviamente Manuel no lo tiene … así que todo depende de ti si hay o no hay problema! …

Me quedé pasmada, sin palabras y con la boca abierta.    No lo podía creer.   Pensaba de ser yo la sexualmente liberal y permisiva, pero lo que me dijo mi marido lo superó todo.     Así que estaba de acuerdo en que mi hijo tuviera sexo conmigo.     Debe estar completamente chiflado.     ¡Mi hijo, sangre de mi sangre! ¡Pero si este hombre debe estar enfermo!, aparté las sabanas y me mostré desnuda ante mi esposo y mi hijo.

—¿Quieres follar con mamá? …

Mi hijo casi no me dejó terminar la pregunta, inmediatamente respondió:

—¡Sí! …

—¡Está bien … ven aquí! …

Le dije en un tono indiferente y neutral.    Mi hijo realmente quería tener sexo conmigo y a mi marido parecía no importarle en lo más mínimo.     Así que tomé el riego.   A pesar de todo, pensé que mi esposo reaccionaría e intervendría para detenernos.     Manuel subió a la cama y yo abrí mis piernas para él.     Volví a mirar a mi marido esperando la reacción de un momento a otro.

—Vamos, métemelo … ya sabes como hacerlo …

Mi hijo todo contento y sonriendo como con juguete nuevo, se agachó con su pene en mano y lo guio hacia mis labios enrojecidos.     Realmente no lo podía creer.   ¿Qué le pasa a este mundo? Mi marido no tenía ninguna reacción y mi hijo comenzó a penetrar mi chocho.     No pude evitar de pensar que estaba dentro del agujero que le dio la vida.    Su pene estaba enterrado al fondo de mi concha, luego lo saco y lo volvió a meter.     Sus gemidos y gruñidos masculinos me decían que estaba disfrutando el cogerse a su madre, comencé a mirarlo con deleite.

—¡Bueno, Manuel! … ¿Cómo es? …

Mi marido le preguntaba a mi hijo que continuaba a follarme con todas sus energías.

—¡Uy! … muy rico, papi … mamá está muy buena …

Dijo mi bebé gimiendo y respirando con jadeos.

—¡Y, tú … cariño! … ¿Cómo estás? …

Mi esposo me preguntó esta vez a mí, lo odié con todas mis fuerzas, me hizo pensar en toda la situación y determiné honestamente de que me estaba sintiendo bien.     Sabía que no estaba bien lo que estábamos haciendo, pero ahora su polla joven y dura estaba dentro de mí y me estaba excitando.

—¿Cómo crees que se puede sentir una madre al ser follada por su propio hijo? …

Le respondí casi con un gruñido, Manuel se detuvo y me miro preocupado.

—¡Madre! … ¿Quieres que me detenga? …

—¡No, mi bebé! … está bien … sigue …

De una parte, me odie por responder de que estaba bien.    Lo miré a los ojos y vi a mi niño todavía pequeño en mi cabeza.     ¿Cómo podía haber dejado que me cogiera? Pensé.     Por otro lado, me sentía encantada de que estuviese moviéndose ágilmente dentro de mi con su polla enorme.    Se inclinó y beso mi pecho.

—¡Mamá! …

Lo sentí gemir mientras chupaba suavemente mi pezón.    Realmente no quería disfrutarlo, sin embargo, toda la perversa situación no hacía nada más que calentarme.     Seguí tratando de fingir que no me importaba y me quedé inmóvil debajo de mi hijo, pero mi respiración afanosa traicionaba mis asquerosas sensaciones de lujuria y goce.    Mi esposo lo notó y sonriendo me dijo:

—Al parecer no fue tan estúpida la idea de follar con nuestro nene … ¿Verdad? …

—¿No fue una idea estúpida? …

Dije en modo cortante y ofuscada.

—¡Quítate de encima de mí, hijo! …

Sorprendido y triste, mi hijo saco su pene de mi coño.

—¡Siéntate al lado de tú padre! …

Le ordené perentoriamente.     Se arrastró hasta la cabecera de la cama y se sentó contra el respaldo.

—¡Ahora te mostrare que tan estúpida fue la idea! … ¡Ahora yo me voy a follar a mi hijo! …

Tenía la intención de que sonara como un maldito desafío, pero en el fondo de mi había comprendido que era algo que esperaba con ansias.     Monté a mi hijo a horcajadas y me senté sobre su pija dura como un obelisco delicioso.

—¡Aaaahhhh! … ¡Ssssiiii! … Ahora mamá te mostrara lo bien que sabe follar …

Mi marido nos miraba sin pestañear, pero lo ignoré y comencé a cabalgar a mi bebé, la polla de mi hijo se hundía una y otra vez en mi conchita enardecidamente.     ¿Quieres verme follar a nuestro retoño? … ¡Ahora veras que espectáculo te da tú mujercita! … pensaba saltando sobre la polla de mi niño.

—¿Te gusta el coño de mamá! …

Le pregunté mientras me mecía suavemente y entre gemidos con su polla entera dentro de mí.

—¡Sí, mamá! … Eres fantástica …

Respondió mi niño con entusiasmo.

¿Y te gustan las tetas de mamá? …

—¡Oh, sí! …

—¡Entonces tócalas … bésalas … chupa mi pezón! … ¡Hazme un chupón! …

Inmediatamente presionó su cara contra mis pechos.

—¡Chúpalas como cuando eras un bebé! …

—¡Oh, mami! …

Mi hijo gimió y lo hizo.    Lo monté más salvaje aún y gemí.     Se suponía que debía fingir y montar un espectáculo para el enfermo de mi marido, pero esto ya no era un espectáculo.    Disfruté mucho montando a mi bebé y diciéndole cosas cochambrosas y cachondas.

—¡Oh, si mi pequeño! … ¡Chupa las tetas de mami! …

Gemí presionando mis senos con más fuerza en su rostro.

—¡Eres mi nene … tienes una polla grande y caliente que hace feliz a mami! …

—¡Oooohhhh! … ¡Mamá! …

Mi hijo gimió en éxtasis.     Sentí el palpitar de su polla dentro de mí.     Mi niño estaba por estallar.     Puse mis manos en sus pectorales y comencé a ordeñar su verga con mis músculos vaginales.

—¡Oh, si mi bebe … Córrete dentro de mí … Llena el coño de mami … Dame tu lechita, ¡bebé! …

Lo sentí explotar dentro de mí y varias oleadas de semen bañaron mi coño, me inundo con su cálida semilla.

—¡Guau, mami … eres la mejor! …

Me giré a mirar a mi esposo, no podía creerlo, se estaba masturbando al ver a nuestro hijo follándome, me sonrió y me dijo:

—¡Cariño … me hubiese gustado tener una madre como tú! …

—¡Ah! … ¿Es esto lo que te excita? …

—¡Fue lo más hermoso y caliente que he visto en mi vida! …

Sentí que la polla de mi hijo se emblandecía dentro de mí.     Todavía me sentía caliente.     Así que me levanté de mi hijo e inmediatamente me senté sobre la polla de mi esposo.     El semen fresco de mi niño escurría por mis muslos sobre la polla del papá.    Lubricada por la esperma de mi nene, la polla de mi marido se deslizo rauda dentro de mí.     Parecía tenerla más dura que de costumbre y más grande, se notaba muy excitado.     Salté como una salvaje sobre su polla y él no tardo en correrse dentro de mí, mezclando su semen con el de su hijo.     Mi hijo nos miraba con su verga dura como palo, así que de nuevo me levanté y me puse en cuatro.

—¡Hijo! … ven a coger a tú madre otra vez …

Mi bebé se arrodilló detrás de mi y en segundos me ensartó en su polla, me agarraba mis nalgas y me tiraba hacia su polla tomando mis caderas.     Esta vez me cogió con más fuerza y gemí junto a él en un demencial orgasmo sintiendo su lechita inundarme toda entera otra vez.     Me giré a ver a mi marido que nos miraba exhausto, tomé la polla de mi hijo y otra vez se estaba endureciendo, me recosté de espalda y lo tiré sobre mí para que me enterrara su polla una vez más, la fuerza que la juventud daba a mi hijo era increíble, me folló y se corrió otra vez dentro de mí.     Luego de un momento de descanso lo volvimos a hacer.

 

Estaba totalmente adicta a la verga de mi hijo, mis temores y remilgos había desaparecido completamente, lo único que quería era follar con él, esa noche mi hijo se corrió ocho veces dentro de mi coño.     En las últimas cogidas mi esposo nos filmaba con su celular.     No había nada más caliente que sentirme llena con la verga de mi bebé.

—Siempre que quieras … podrás follar a mami, hijo …

Se lo dije como una promesa.     A mi esposo no le importaba verme follar casi a diario con mi hijo.     Y si se opusiera, su opinión no valdría nada para mí.     Le agarré gustito a que mi hijo me cogiera y ya más nadie podría detenerme.

 

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luisa_luisa4634@yahoo.com

 

 

La nena de la calle
Una Princesa, acosada, espiada y excitada

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