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Reuniones morbosas incestuosas, 2ª parte

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Después de la relación tan estrecha que habíamos establecido entre nuestras familias, una de  esas tardes en las que estaba de charla en el parque con mi amiga Ana y su hijo pequeño, él estaba jugando en los columpios junto a otro niño de su edad que era mulato.

En un momento dado, de pronto oímos llorar al niño mulato, suponiendo nosotras que se habría hecho daño con algo, por lo que rápidamente se acercó su madre a él para consolarlo, y como no paraba de llorar, observamos como su madre metía la mano dentro del pantalón del chándal que llevaba el crío pareciéndonos que le estaba tocando la pollita para calmarlo, pero sin llegar a sacársela por lo que no pudimos verlo bien, pero nos quedamos  muy sorprendidas por lo que estábamos presenciando.

Al momento de estar haciendo eso su madre, él niño paró de llorar y le dio unos besos a su madre abrazándola, mientras nosotras nos habíamos quedado sin palabras viendo la escena, mirándonos una a otra sin creernos lo que había pasado:

—¿Has visto? —me dijo Ana.

—Sí, parece que es una buena forma para que los nenes dejen de llorar, así que ya sabes, jaja —le dije yo.

—Bueno, yo también le doy besitos al mío, pero no llego a tanto aquí en la calle, a la vista de todos, ¡eh!

               —No le meterás mano en la calle, pero a  veces si qué eras también muy cariñosa con él, como aquella vez en el Bar.

               —Es  verdad, pero eso lo hacen muchas mamás, lo que pasa es que tú te fijaste porque eres muy morbosa, jaja.

               —Sí, ya me conoces….., jaja

La madre del niño mulato, que estaba sentada en un banco al lado del nuestro, debió de escuchar nuestros comentarios, porque nos dijo:

—Es la mejor forma de calmarlos cuando se cogen esas rabietas. Me lo enseñó mi madre, que lo hacía también con mis hermanos cuando eran pequeños.

—Sí, ya hemos visto que ha sido muy efectivo. No hay duda de que es el mejor sistema —le dijimos nosotras, haciéndole ver que nos habíamos fijado en lo que había hecho.

—Mi madre me decía que no hay otro remedio que tomar medidas drásticas cuando se tienen 9 hijos que criar, jaja. —nos decía esa mujer, sin ningún complejo.

Ella era bastante joven, y vestía bastante descarada, como suelen ir las sudamericanas, con una minifalda y camiseta de tirantes, de la que casi se le salían sus generosos pechos, resaltando su magnífico cuerpo, por lo que le preguntamos:

—¡Caray! 9 hijos….. ¿De dónde eres tú?

—Soy dominicana, me llamo Penélope y llevo aquí un año con el crío y mi otra hija, 3 años mayor que este, y de momento estamos viviendo en casa de mi hermana y su marido, que ya llevan tiempo acá. Yo trabajo en la casa de los Durán haciendo las labores domésticas.

—¡Ah, sí! Ya tuvieron varias chicas y creo que les duran poco.

—No me extraña, porque son unos depravados.

—¿Cómo dices esas cosas?

—Bueno, tiene razón, mejor no digo nada.

Ante esas palabras, mi amiga y yo nos quedamos muy intrigadas por lo que habría querido decir, pero no la preguntamos más porque su hijo volvió a acercarse a ella, quejándose de que le dolía la barriga, poniéndose un poco mimoso buscando sus besos y su complacencia otra vez:

—¡Anda!, venga, ya no más, vete a jugar con tu amigo —le dijo su madre, ante la insistencia de su hijo.

Pero como no se separaba de ella, su madre volvió a acariciarle la barriga, metiendo su mano bajo la ropa, diciéndole:

               —A ver, un poco solo. No seas pesado.

Por lo que yo le dije:

—Qué niño más guapo y está bien crecido ya. Creo que quiere que se lo hagas otra vez lo de antes, jaja

—Sí, mi hija, menudo pillo está hecho, mira como lo tiene ya.

Al decir esto y para nuestra sorpresa, ella le bajó el pantalón que llevaba, por la parte de delante, dejándonos ver el pene del crio en semierección, de un tamaño que nos dejó la boca abierta.

—¡Caray!, que grande lo tiene ya.

Su madre, orgullosa, se lo agarró bien, meneándoselo ante nuestros ojos, para que lo viéramos bien y la verdad es que no podíamos apartar la vista de su verga, que cada vez se ponía más dura, diciéndonos:

—Toma, agárrasela, tócala si quieres —me dijo a mí.

Nosotras seguíamos sin creernos lo que nos estaba pasando y casi nos lo tomamos a broma, entrándonos una risa nerviosa, mientras el hijo de Ana seguía ajeno a todo esto, entretenido en los columpios. Pero a nosotras nos estaba dando ganas de tener en la mano la buena polla que tenía ya ese crío para su edad, aunque teníamos nuestras dudas:

—Es que no sé si nos podrá ver alguien, a ver que se van a pensar……

—Está bastante oscuro ya, y no queda nadie aquí. Anda, pajealo un poco, que a él le va a gustar.

Finalmente me decidí a agarrarle la polla al crío, porque en el fondo lo estaba deseando y así estuve un rato disfrutando de cómo se ponía toda dura en mi mano, mirando de vez en cuando a mi alrededor por si pasaba alguien y también para que no me viera el hijo de mi amiga, diciéndome la madre del crío para tranquilizarme:

—No pasa nada por hacer esto. Yo veo por aquí también a muchos viejos tocarles el chocho a las crías con todo el descaro y ellas se dejan encantadas.

—Sí, tienes razón, yo también los he visto. Y a algún crío también les meten mano por dentro del pantalón, que les gusta igual.

               —Claro, es que es muy rico y les da placer. Yo también lo hacía con mis hermanos.

Cuando llevaba un rato así, meneándosela suavemente y descapullando su glande, que estaba brillante por los líquidos que empezaba a soltar, dándole un aspecto delicioso que provocaba  que se me hiciera la boca agua, dándome ganas de chupársela también, pero no me atreví en ese momento, diciéndonos de pronto su madre:

—Ahí viene mi hija, que ya viene a buscarme para irnos a casa.

Al escuchar eso, yo me llevé un buen susto y solté la verga del crío al instante.

La madre al ver mi reacción, me dijo:

—Jaja, no te preocupes, mi hija está acostumbrada ya a ver esto.

Nosotras no salíamos de nuestro asombro, con cada cosa que sucedía, mientras nos fijábamos en la hija de nuestra amiga, que era una nena mulata muy guapa, parecida a su madre, aunque nos fijamos en que estaba algo gordita y se lo comentamos a su madre:

—Está muy guapa la cría también, con esa barriguita…..

—Es que está embarazada, por eso la tiene así, jaja.

—¿Pero qué edad tiene…..? ¿Ya está embarazada?

—Tiene 14. Muchas en mi país ya se quedan embarazadas a esta edad. Lo que pasó es que como vivimos con mi hermana y su marido, mi cuñado empezó a follarla hasta que me la preñó. Mi hermana, cuando se enteró, lo echó de casa, pero volvió hace poco, porque mi hermana le perdonó:

—No me digas….. ¿Ahora no seguirá follando a la cría?

—Bueno, alguna vez, si…… Pero ahora ya no puede embarazarla otra vez, jaja…..

Cada cosa que nos contaba esta chica, nos sorprendía más que la anterior, aunque nosotras sabíamos que tampoco era tan extraño que las crías de estos países se quedaran embarazadas tan jovencitas y no sé por qué volví a preguntar a su madre sobre su trabajo en casa de los Durán:

—Bueno, al menos tienes trabajo y podrás ganar dinero para criar a tus hijos y a lo que viene.

—Sí, la verdad que sí, me pagan bien, aunque tenga que hacer muchas cosas raras para ganármelo.

—¿Qué quieres decir? Antes ibas a decirnos algo sobre la familia Durán…….

—Sí, me piden que lleve a mis hijos para tener sexo entre todos.

Como ya no podíamos asombrarnos más con esta conversación que estábamos teniendo con esta chica, intentamos mostrar naturalidad aunque estuviéramos sorprendidas con todo esto:

—¡Ah, ya entiendo…….! ¿Te sientes mal haciéndolo?

—Bueno, no del todo, en mi país ya vemos el sexo desde que nacemos y siempre hay alguien que nos agarra para tenerlo desde pequeños. Cuando vivía con mi madre, tenía hermanos mayores que yo y por las noches me llevaban a su cuarto para follarme, así que ya estoy acostumbrada a todo.

—Entonces estarán encantados contigo en la casa de los Durán. Tú les das todo lo que te piden.

—Sí, tenemos muchos juegos que les excitan mucho.

—Vaya, quien lo iba a decir, con lo señorona y seria que parece la mujer, aunque ya había oído algún rumor sobre ellos.

—Ya, ya, pero en casa es una viciosa, bueno, como su marido también. Ella me pide al niño y su marido a mi hija.

—¿Qué hacen con ellos?

—Ya os podéis imaginar….. De todo, los dos son muy viciosos y están tanto con el crío como con la cría, aparte de conmigo y con más gente que invitan.

—Pues sí que os lo pasáis bien…. Menudas orgías os montáis con tanta gente. ¿Otras madres con críos?

—Sí, algunas familias del pueblo, gente importante y todas las que formamos su servidumbre. El señor Durán ha embarazado a varias sirvientas y a las más jovencitas también. Si queréis os puedo invitar a ir al próximo encuentro.

—¿Nosotras?

—Claro, con tu hijo también.

—¡Uufff,! no sé. La verdad es que a mí me daría un morbo tremendo participar en eso. ¿Tú qué opinas, Ana? —le comenté yo, ya entusiasmada por la idea.

—A mí también, pero llevar al crío……, no sé.

—No es para tanto. Creo que tenemos que ser sinceras con Penélope y decirle que le hacemos de todo a tu hijo. Así que ya está acostumbrado —le dije a mi amiga.

—¡Ah!, estupendo, entonces. No le parecerá tan raro…. —Añadió Penélope.

Ana al final se acabó quedando convencida, yo creo que por todo el morbo que sentía al igual que yo, con toda esa situación que se nos había presentado y tal como nos indicó Penélope, nos presentamos en la casa de los Durán, al día que nos indicó que se celebraría la fiesta, con el hijo pequeño de Ana, también.

Desde afuera era una casona grande aunque discreta, pero al entrar ya nos dimos cuenta de todo el lujo que había en su interior. Nos hicieron pasar a una sala, donde había más gente, familias con sus hijos, hombres y mujeres mayores tomando una copa en lo que parecía una aburrida reunión de vecinos, si no fuera porque algunos de los presentes llevaban una especie de máscara que dificultaba que pudieran ser reconocidos, lo que en principio nos llamó la atención, aunque por otro lado, lo entendimos, sabiendo a lo que íbamos ahí.

Luego vimos aparecer a Penélope, sirviendo más bebidas, con una cofia y su uniforme de sirvienta, un poco especial, ya que era demasiado atrevido para lo que es habitual, con un pronunciado escote y la falda, demasiado corta, que mostraba totalmente sus hermosas piernas, parándose un momento a saludarnos y a decirnos que dentro de un rato, los que quisieran podrían ir pasando a las salas privadas:

—¿Qué hay en esas salas? —le preguntamos.

—Ahí están mis hijos, y los de la demás de la servidumbre, que los están preparando, más otros que han traído a la señora.

La señora Durán, al pasar a nuestro lado, no saludó también, muy sonriente:

—Bienvenidas a mi casa. Que disfruten de la estancia…..

Todo era demasiado intrigante para nosotras, porque no nos habíamos imaginado que esta casa fuera un lugar de perversión y de encuentro de las familias incestuosas del pueblo, y que al parecer, eran muchas más de las que hubiéramos pensado, aunque de momento, no conseguíamos reconocer a ninguno de los que llevaban las máscaras.

El hijo de Ana ya se había juntado con algún amigo que conocía, mientras los padres formaban grupos en los que charlaban animadamente y al acercarnos a uno de ellos, en el que cuatro hombres se contaban confidencias, pudimos escuchar la siguiente conversación:

—Yo llevo a mi hija pequeña al Centro Comercial. Me meto en los baños con ella y empiezo a exhibirla ante los demás hombres que hay allí, que no pierden ojo, aunque yo lo hago de una forma discreta, para no llamar demasiado la atención.

—Pues a mí también, alguna vez me ha parecido ver a alguno que lo hacía también, porque la desnudaba entera para que la nena meara, con la puerta abierta, además.

—Sí, muchos lo hacen, de una forma u otra. Les da morbo a algunos padres y siempre suelen quedarse varios mirando.

—La última vez, mi hija se mojó todas las bragas y tuve que quitárselas y tumbarla en la encimera para limpiarla bien. Un hombre bastante gordo se puso a mi lado viendo todo lo que hacía. Era el típico baboso que suele estar en los baños para ver si le dejan chupar alguna polla, y de pronto me dijo al oído: “¿Le lames la rajita alguna vez?” Yo me quedé un poco sorprendido y no le contesté, pero él insistió: “Déjame chupársela a mí un poco.” Yo sentí mucho morbo al escuchar eso y me quedé mirando alrededor para ver si había alguien y como estábamos solos le di permiso para hacerlo. Él metió la cabeza entre las piernas de la nena y se puso a lamerle la almejita, cada vez más rápido y excitado, sacándose la polla y empezando a masturbarse a la vez que chupaba el coño de mi hija, hasta que él se corrió, provocando también el orgasmo de ella, dejándoselo todo mojado.

—¡Qué pasada! Se quedaría a gusto el gordito….. —le dijo otro de los que estaban allí.

—Ya ves. Tuvo su día de suerte, jaja.

—Y tú mujer ni se imaginará lo que haces con su hijita cuando te la llevas de compras, jaja.

—De momento no y espero que siga así. Por eso no quiero arriesgarme a traerla aquí.

—¡Vaya!, es una pena……

Estaba claro que su mujer no sabía nada de los vicios de su marido, como alguno más de los que habría allí, pero también había otros, como uno de los que yo conocía, al que llamaban “el francés”, aunque fuera belga, que les comentaba:

—Pues yo si he traído a la mía, que anda por ahí con la nena, que ya sabéis que tiene buena experiencia porque la iniciamos en mi país.

—Es cierto, que bien me lo pasé con ella el día que estuve en tu casa……

—Pues a ver si luego nos la deja tu mujer para disfrutarla un poco —dijo otro.

Mientras seguían hablando, una niña rubia muy guapa, se acercó a uno de ellos:

—Papá, ¿me puedo ir con el Sr. Durán adentro?

El hombre, se agachó para hablar con su hija:

—¡Vaya!, ya se ha fijado en ti ese viejo pervertido……

Diciendo otro:

—¿De qué te extrañas? Tienes a la cría muy rica ya.

—Sí, es cierto —mientras le tocaba el culo a su hija, metiendo la mano bajo su vestido y levantándoselo para mostrarla a los demás—. Fijaros que belleza……

Ellos clavaron su mirada en la niña, admirando los finos vellos que adornaban la parte superior de su rajita, dándole la vuelta su padre para que vieran su desarrollado culito, al que le dio una fuerte palmada, ante la queja de la cría:

—¡Papáaa, que duele…….!

Lo que aprovechó otro de los hombres para pasar la mano por la blanca piel de sus nalgas, acariciándoselas intentando calmarla:

—Pobre, le has dejado el culito todo rojo, jaja. Está hermosa tu hija, parece una muñequita; bien que la va a disfrutar el Sr. Durán.

—Bueno, hija, puedes ir con él…….. ¿Qué le irá a hacer…..? —dándole permiso su padre y preguntándose ante nosotros lo que le haría.

—Imagínatelo, pues comérselo todo para empezar, y luego, follarla bien….. Lo mismo que le haces tú, jaja —le comentó otro del grupo.

—Sí, es el precio que tengo que pagar para poder estar yo con otras como ella.

—Cómo con la hija de la sirvienta. ¿Te has fijado en lo tremenda que está? No sé de cuantos meses estará ya con esa barriguita y esas tetazas.

—Y con esa edad……¡uuuffff!  Yo ya me he empalmado en cuanto la he visto. Pero debe de estar muy solicitada, porque no sale de la habitación.

—Pues habrá que ir entrando, a ver que nos encontramos allí…….—decidiendo terminar la charla.

Ana y yo habíamos estado escuchando atentamente toda la conversación y presenciado lo que había pasado, mientras ella tampoco había perdido de vista a su hijo, que estaba sentado en un sofá, siendo manoseado por dos señoras mayores, que se turnaban para chuparle la pollita, mientras otras le ponían las tetas en la boca:

—¡Madre mía! Qué vicio hay aquí……, por todos los lados. —Exclamó mi amiga.

—Tú deja a tu hijo ahí con esas señoras, que se lo va a pasar muy bien y nosotras también tendremos que empezar a disfrutar ¿no?

—Sí, vamos para adentro……

Nada más entrar por un largo pasillo, fuimos viendo las diversas habitaciones a los lados, que estaban con la puerta abierta. En la primera estaba el Sr. Durán entretenido comiéndole el coño a la hija del que anteriormente le había dado permiso para irse con él. En otro rincón, la hija de la asistenta, estaba siendo disfrutada por tres hombres alrededor de ella, lamiendo cada centímetro de su piel, pero turnándose para irle metiendo la polla en su boca, y follándola el coño y el culo, habiendo momentos en los que sus tres orificios estaban ocupados al mismo tiempo, volviendo loca de placer a la voluptuosa cría embarazada, sobrepasada por el placer que iba sintiendo en su híper sensibilizado cuerpo.

En la siguiente habitación, vimos como la Sra. Duran estaba siendo follada por un guapo adolescente que metía su polla sin descanso entre los muslos de la señora, que a la vez disfrutaba teniendo en sus brazos al hijo de Penélope, al que chupaba su espléndida polla, ajena a los que miraban con morbo la escena masturbándose.

Durante ese paseo por el pasillo del morbo, no podía faltar la habitación, quizás la más concurrida en la que varias familias buscaban ese intercambio más personal, acompañados de sus hijos más pequeños, a los que no querían perder de vista en ningún momento disfrutando en ese inicio al morbo con ellos, y con las demás familias.

Así fue como tuvimos la oportunidad de ver diferentes escenas de lo más morbosas como la de una madre enseñando a su hija, con pocos años todavía, a masturbar a otro crío poco mayor que ella:

—Así, cariño, pajéalo como lo hago yo. A ver si le sacas la leche.

La cría, poniendo cara de pícara, pajeaba entusiasmada al chaval, moviendo su polla rítmicamente con la mano hasta que él empezó a soltar chorros de semen, causando el asombro de quien suponemos había hecho su primera paja.

Más adelante, nos fijamos en una de las habitaciones, en la que estaban cuatro hombres mayores, alrededor de los 70 años, con dos niñas, y entre los cuatro las tenían pasándoselas de uno a otro, besándolas, sobándolas y con otros juegos, con sus pollas muy duras, lo que nos llamó la atención y al quedarnos mirando, uno de ellos nos dijo:

               —Pueden entrar si quieren, son bienvenidas.

               —Perdón, es que parecía algo muy privado. Nos dio curiosidad solo —le dije.

               —No se preocupe. Le explicamos…. Éstas son Claudia, mi nieta y Jennifer, la de mi amigo Fernando. Tienen 11 años, y estos son otros dos amigos que hemos conocido aquí.

               —Sí, pero como están solos aquí con sus nietas…., fuera del grupo.

               —Las crías han pasado ya por el Sr. Durán, no vaya a creerse, pero ahora queremos compartirlas con nuestros amigos.

               —¿No han venido sus padres?

               —Ellos trabajan todo el día, y nosotros somos las que las cuidamos desde siempre.

               —Ya veo. Deben de cuidarlas muy bien….., todos juntos.

               —No lo dude. Son la alegría de nuestra vida, ya en la vejez.

Mientras hablábamos, las niñas tenían en la mano las pollas de los cuatro viejos, mirándonos con los ojos muy abiertos, por lo que les pregunté:

               —¿Os gustan ya las pollas?

               —Sí —contestaron las dos.

               —También chuparlas, me imagino. A ver como lo hacéis….

Y ellas se pusieron a chupar muy decididas, intercambiándoselas en la boca y haciéndoles sentirse en el cielo a esos hombres.

Mi amiga Ana, llena de morbo por lo que estaba viendo, les preguntó:

               —¿También las follan?

               —Sí, a las dos. Es una delicia hacerlo antes de que les venga la regla, para poder corrernos dentro.

               —¿Sus amigos también?

               —Les vamos a permitir que lo hagan, no se van a quedar mirando, jaja…..

Después de estar viendo como esos viejos eran capaces de follarse a aquellas dos niñas una tras otra, nos dimos cuenta de que el sexo era el auténtico elixir de la eterna juventud, eternamente buscado por la Humanidad, al salir de allí, también nos encontramos con una mujer llamada Carmen, conocida del pueblo, que estaba con su hija, compañera del hijo de Ana y a la que no se soltaba de su mano, un poco asustada, diciéndonos:

—Estoy un poco sorprendida con todo esto. Es la primera vez que vengo porque me invitó el Sr. Durán, para que le trajera a mi hija.

—¿Te la pidió él?

—Sí, nos vio por la calle y debió de fijarse en ella. Empezó a hablarme y muy educadamente, me invitó a venir a su casa. Yo ya sabía para que quería que viniéramos, porque se comenta mucho por el pueblo de que le gustan de estas edades, así que después de pensármelo, acepté, porque él tiene mucho dinero e influencias y siempre te puede ayudar cuando lo necesitas.

—Algo habíamos oído de eso, pero no hacíamos mucho caso, aunque ya lo estamos viendo ahora que era verdad…… ¿Le debías algún favor?

—Consiguió trabajo para mi marido, que aunque es un poco lejos, nos viene muy bien.

—¡Ah!, entiendo, y tu marido no sabe nada de esto, claro.

—No, prefiero no decirle nada, aunque si lo supiera, tendría que resignarse como todos.

—Vaya con el Sr. Durán…… Supongo que será virgen tu hija.

—Sí, antes de traerla ya me avisó de que vigilara a mi marido, porque me dijo expresamente que quería estrenarla él.

—Que pasa, que su padre ya se la quería trajinar….

—Bueno, a veces anda calentándose con ella….

—Pues tuviste suerte que pudiste contenerle, porque estos hombres……

—Como ahora está fuera, fue más fácil. Pero cuando está en casa, siempre está con la cría, jugando con ella, sobándola y esas cosas, ya sabéis. Se pone muy excitado con ella y yo sabía que en cualquier momento podría empezar a metérsela, pero por suerte, no le dio tiempo, jaja. Bueno, tengo que dejaros, que ya tengo que llevarla con él.

—¿Podemos acompañarte? Es que tenemos curiosidad…., morbosa, quería decir, jaja.

—Claro, no hay problema

Volvimos a la habitación donde estaba el Sr. Durán, al que nunca le faltaba alguna nena a su lado haciéndole compañía y al vernos entrar, se alegró, fijándose en la hija de nuestra amiga:

—Qué bien, Cármen, que me la has traído. Parece un poco tímida la nena. Supongo que no habrá probado una polla todavía.

—Bueno, un poco la de su padre, pero no se la ha metido. La he cuidado bien.

¡Ah, bien!, me gustan así, con un poco de experiencia, pero que no las hayan montado todavía. Además la tuya está preciosa, es un auténtico bombón. ¿Cómo te llamas, cariño?

—Elisa.

—Qué bonito nombre, siéntate aquí conmigo.

El Sr. Durán la fue desnudando, bajándole primero la faldita corta que llevaba, mostrando su pequeño tanga que le gustó especialmente:

—¡Mmmmm!, qué sexy me la traes…… Me gusta.

Luego le quitó la camiseta corta y ajustada que ya remarcaba sus pequeños pechitos, que al quedar descubiertos, no tardaron en ser lamidos y mordisqueados por el viejo pervertido:

—Qué cosa más rica…… Me encantan…..

Su polla había permanecido en erección en todo momento, supongo que con la ayuda de alguna pastillita de esas, debido a su edad, aunque también contribuyera el estar degustando sus manjares favoritos:

—Ven, cariño, siéntate en mi polla…..

Elisa, mirando el tamaño de lo que se le ofrecía, dudó un poco, pero al comprobar el Sr. Durán con sus dedos lo mojado que ya tenía el coño, vio que era el momento oportuno para empezar a clavársela, aunque con la delicadeza de quien ya tiene experiencia en hacer estas cosas, así que primero la colocó con las piernas abiertas hasta dejar su polla en la entrada de su vagina, para que sintiera como se abría camino en ese primer tramo sin mucha dificultad.

Cuando Elisa quiso bajar un poco más, empezó a quejarse un poco, pero las manos del hombre la sujetaban por sus caderas acompasando los movimientos y dejando que poco a poco fuera entrando en su estrecha vagina, para que sintiera el mínimo dolor posible y que en cambio, el gusto se fuera adueñando de ella hasta desear tenerla toda dentro y sintiera completamente el placer de ser follada por una polla que la llenaba completamente.

Parecía que el Sr. Durán no encontraba mucha oposición para entrar en la pequeña vagina de la cría y tan sólo un leve quejido de ella, podría indicarnos que había sido desvirgada, pero enseguida ella misma se puso a moverse como enloquecida sobre la polla que la estaba llevando al éxtasis y quizás esta transformación de niña tímida a desinhibida amazona, fue lo que más sorprendió al Sr. Durán, que hizo que no aguantara mucho más tiempo sin correrse, a pesar de su larga experiencia con estas crías, porque vimos aparecer su semen salir del coño de Elisa, que continuaba cabalgándolo hasta que ese prolongado orgasmo que parecía tener, llegó a su eclosión final, mezclándose los gemidos de ambos en la habitación y haciendo que nosotras sintiéramos una excitación especial igualmente presenciando el espectáculo.

Al terminar, Carmen le preguntó a su hija si le había gustado, y ella, un poco avergonzada de nuevo, la contestó que sí, mirándose la vagina, como sorprendida de que esa polla hubiera estado dentro de ella y le hubiera dado tanto gusto, diciéndole, interrumpiéndolas el Sr. Durán:

               —Tu hija se ha portado muy bien. Me ha sorprendido como ha empezado a cabalgarme la polla. Seguro que eso ya lo hacía con su padre y por eso sabía, pero es cierto que todavía conservaba el himen intacto. Aquí tengo la prueba, señalándose su polla, todavía con restos de sangre.

               —Sí, yo la veía hacerlo mucho, saltando sobre él, pero con las braguitas puestas casi siempre y supongo que lo que haría sería frotarse con la polla de su padre, pero sin llegar a metérsela, y eso ya le daría mucho gusto.

               Contestándole el Sr. Durán:

—Se nota que tenía su práctica ya, pero a partir de ahora querrá hacerlo más veces, y estará buscando que se la meta su padre en casa. No sé si él se dará cuenta de que ya tiene la entrada libre, jaja.

—Me temo que sí, pero si su padre se da cuenta, en ese momento le dará igual, porque estará follándose a su hija.

—Pues ahora, lo único, que tenga cuidado para cuando le venga la regla, que tendrá que hacerlo con protección.

Diciéndole Carmen a su hija:

—¿Has oído al Sr. Durán? Si tu padre no pone cuidado, tendrás que tenerlo tú.

Ella la miró con una cara como de fastidio, como si ya supiera de lo que hablaba su madre, porque seguramente ya habría tenido alguna conversación con alguna amiga mayor que le habría contado algo, lo que nos hizo cierta gracia.

Nosotras nos habíamos quedado muy calientes con lo que acababa de pasar, animándonos para entrar en acción, por lo que nos fuimos en busca de ese morbo que habíamos ido a buscar en ese lugar, así que entramos en una habitación en la que había varias señoras con críos jovencitos, jugueteando con ellos.

Uno de ellos, que destacaba por ser un nene muy guapo, no se separaba de su madre, a pesar de los requerimientos de otras dos señoras que intentaban llevárselo con ellas, aunque primero tuvieran que ganarse su confianza, enseñándole las tetas al crío para irlo animando, por lo que le decía su madre:

—¡Anda, hijo!, no seas tímido. Mira que tetas te enseña la señora. ¿No quieres tocárselas y chupárselas como me haces a mí?

Diciéndoles la señora:

—Seguro que lo está deseando, pero no hay que forzarles. El crío no me conoce de nada, pero en cuanto tenga confianza ya verás cómo se pone a comérmelas.

Su madre intentaba ayudar a excitarle, con su mano metida dentro del pantalón de su hijo, tocándole la pollita, que ya debía de estar bastante dura, por lo que acabó dejándosela al descubierto, a la vista de las dos señoras que exclamaron al verla:

—¡Oohhhh, qué maravilla……!

               —Una delicia. Es un pecado perderse esto —les decía su madre, contrariada por la pasividad de su hijo.

No pudiendo contenerse una de ellas para empezar a tocársela también con sus dedos, se la agarró descapullándole el glande teniendo un aspecto de lo más apetitoso, por lo que bajó su cabeza para pasar su lengua por él, metiéndoselo en la boca golosamente, incluyendo los propios testículos del crío, lo que le hizo estremecerse y empezar a gemir, animándose entonces a manosear las tetas de la otra señora que se las había ofrecido, ante la mirada, ahora sí,  complaciente y orgullosa de su madre.

Cuando la que le estaba mamando, se la sacó de la boca, un líquido transparente goteaba de ella, mientras de su pollita seguía saliendo más, lo que no quiso perderse la otra señora:

—Déjame a mí ahora. ¡Mmmmm!, esto está delicioso. Solo he podido probarlo las veces que he venido aquí. Que suerte tiene tu mamá contigo.

Diciendo la madre:

—También podéis ponerle el coño en la boca, que le gusta chuparlos.

—¡No me digas! Bueno, ya decía yo que tenías mucha suerte, a ti te ha tocado la lotería con él, amiga,  jaja.

Mi amiga Ana no quiso perderse la fiesta y se sumó al grupo para disfrutar del chaval, mientras su madre nos trajo a otros dos un poco más grandecitos, diciéndonos:

—Sois demasiadas para mi hijo, jaja. Estos dos nos van a poder follar bien. Sin un pelito todavía y fijaros lo que tienen ya…..

—Yo quiero uno para mí. Ven, cariño, métemela ya, que no puedo más….. —dije yo, ya un poco desesperada por tanta excitación que habíamos ido acumulando mi amiga y yo.

Con todo lo que había estado viendo, yo necesitaba que me follaran ya y me tumbé con las piernas abiertas para que me la metiera sin más preámbulos y correrme lo antes posible para calmar toda la tensión acumulada y así estuve un rato aguantando sus embestidas hasta que llegué al orgasmo poco antes de que él también se corriera dentro de mi coño, pero como quería recibirlo también en mi boca, antes de que terminara de echar descargas de semen, hice que me la sacara y me la llevé a la boca para degustar los últimos restos que seguían saliendo, sorbiéndolo hasta dejárselo todo seco.

Mientras tanto, Ana también estuvo disfrutando lo suyo, así como las demás señoras, apareciendo entre ellas, el hijo de Ana, que se unió al grupo para meterse entre las piernas de la que estuviera libre.

 Después de quedarnos satisfechas, Ana y yo salimos hacia el pasillo, viendo como llevaban otra niña al Sr. Durán. Ésta era alta, morena, con el pelo largo y un bonito vestido que la daba un aspecto infantil, aparentando menos edad de la que debía tener en realidad.

De nuevo, sentimos curiosidad por esa situación y entramos en la habitación para observar lo que iba a pasar.

El Sr. Durán recibió a la cría con dos besos, sentándola en sus piernas y empezando a meterla mano, aunque la nena las mantuviera cerradas, mientras buscaba su boca para meterle la lengua, bajando su vestido hasta la cintura para manosear sus pechos duros y de buen tamaño ya.

Se notaba que el Sr. Durán estaba ansioso por disfrutar de ella, apresurándose a quitarle toda la ropa y al bajarle las braguitas, apareció un pene ante nuestra sorprendida mirada, que dejó un poco paralizado al Sr. Durán, que seguramente no se lo esperaba, pero la visión de esa chiquilla desnuda con un pene en erección resultaba de lo más morboso y rápidamente reaccionó, agarrándolo con la mano y metiéndoselo en la boca para saborearlo a placer.

De todos modos, el Sr. Durán no era la primera vez que chupaba una polla, ya que según nos había contado Penélope, también era bastante aficionado a ellas, así que mientras se la chupaba, metía un dedo en su culo, supongo que para prepararlo para una posterior penetración.

Pero antes, quería saborear el momento y dejó que la “ladyboy” se la mamara a él a la vez que él seguía con su polla en la boca y ya eran dos dedos los que había introducido en su culo, que entraban y salían con facilidad, por lo que finalmente la puso a cuatro patas y dirigió su polla a ese ano que ya se habría acostumbrado a recibirlas, así que empezó a follárselo sin muchos miramientos, cambiando luego de posición, sentándolo de espaldas a él, para que mientras seguía follando su culo, pasar la mano por delante para masturbarle la polla, hasta hacerle correrse y que una vez más, el Sr. Durán llegara a su enésima corrida en el tiempo que llevábamos allí.

La fiesta fue terminando y la gente marchándose, creo que plenamente satisfecha, así como nosotras, todavía un poco mareadas por todo lo que habíamos visto y disfrutado en ese lugar, al que esperábamos volver si nos volvían a invitar.

 

(Al publicar estos relatos, me acuerdo de un viejo amigo, que le gustaban especialmente y que si los lee, recordará los buenos tiempos que pasamos….)

Reuniones morbosas incestuosas
El inquilino y mi vecino.

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