Incesto

Una Tarde con mi tía.

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¡Hola!, soy Sebastián, estudio en un colegio de Lo Barnechea, Santiago de Chile, curso segundo medio, he cumplido dieciséis el mes de agosto pasado, toda mi familia es del sector, así que nos visitamos asiduamente.     Yo soy el menor de todos, así que todos se han encariñado conmigo, mis padres, tíos y tías, mis abuelos, mis primos, soy el regalón de la familia.

 

Estaba un día en casa de mi prima María José, ella llegó ahí con su amiga Verónica, ambas son mayores que yo, están en cuarto medio, no hice absolutamente nada, pero me di cuenta de que Verónica me observaba y reía comentando cosas sobre mí con María José, no sé que era tan divertido para ellas, pero me tenían un poco enfadado pensando se rieran de mí.

 

Yo soy alto, flaco de cabellos claros al igual que mi madre y mi tía Elsa, como todo adolescente tiendo a ser un poco tímido y estas muchachas mayores que yo no sé que se traían entre manos, el hecho de que yo fuera el motivo de sus risas me tenía un tanto molesto.     Verónica se fue y quedamos solo María José y yo.

—¿Se puede saber que es lo que encontrabais tan divertido tú y esa … tú amiga? …

—¡Pues nada! …

—¡Cómo que nada si se estaban riendo de mi ¡…

—¡Uy! … ¡Que bobo eres! … ¡Le eres simpático! … ¡Le gustas, chico … le gustas! …

Me sentí aliviado, mi autoestima subió a mil, como chico joven necesito a veces que me sucedan estas pequeñas cosas.   A la semana había contactado a Verónica e iniciamos un noviazgo entre ella y yo.   La Vero era una esplendida muchacha, alta casi tanto como yo, yo mido 1,96, nos pegábamos largas caminatas hasta el mall de La Dehesa y luego regresábamos tomados de la mano como cualquier pareja de jóvenes novios.

 

Verónica era una avezada besadora, siendo mayor que yo tenía más experiencia, yo estaba a mis primeras armas, muchas veces ella terminaba enseñándome cosas, así fue que una otoñal tarde de abril, nos apartamos en un lugar más obscuro y consumamos nuestra promesa de amarnos para siempre, ella me confeso desde un principio de que no era virgen y yo le dije que para mí no era importante, aunque debo decir que me costó un mundo penetrarla, estaba empapada y deseosa de mí, pero mi pene era muy grande para su conchita, al final lo hicimos, pero me dijo que le había dolido más que la vez en que perdió su virginidad, puso su antebrazo cerca de mi verga para hacerme notar de que mi miembro era casi como su extremidad.   Bueno yo no tenía ningún parangón, no tenía muchas referencias sobre el tamaño de mi pene.   Cierto que en las duchas algunos chicos se mofaban y habían comenzado a llamarme “El manguera”, pero hasta ahora que tuve este encuentro con Verónica, (mi primera relación sexual), nada me había preparado para darme cuenta de las vicisitudes que me acarrearía el ser un super dotado.

 

Mi noviazgo con mi amada Verónica terminó al cabo de algunos meses, ella se quejaba cada vez que nos encontrábamos sexualmente, era muy estrecha y a veces terminaba llorando, cosa que me hacía sentir compungido, me sentía culpable por tener esta verga enorme, ya me había costado el perder a mi primera conquista amorosa.    Pero a mi corta edad yo no aducía esta ruptura amorosa al tamaño de mi pene, pensé, que ella había encontrado algún otro y me sentí destruido, engañado, traicionado.

 

Una tarde en casa de María José, mi tía y ella cuchicheaban como usan hacerlo las mujeres, con risas y comentarios que solo ellas entienden, cosas de mujeres, pensé.   Pero escuché algo sobre Verónica y yo, lo que me dejó pensativo.    La Cote se fue a su cuarto y quedó mi tía en la cocina preparando las Onces, ella continuaba a mirarme y a sonreír, no aguanté más y fui donde ella.

—¡Tía! … ¿Podrías decirme que es lo que te resulta tan divertido? … ¿Me parece que se burlan de mí? …

—¡Ay! … ¡Querido Sebastián! … No nos reíamos de ti … la Cote me estaba diciendo que tú y la Vero terminaron … ¿es verdad? …

—¡Sí! … probablemente encontró a otro huevón …

—¡No!, querido … te equivocas … el motivo fue otro …

—¡No creo tía! … yo no le di ningún motivo …

—¡Tú, no! … pero tú amiguito sí …

La tía sonreía y apuntaba a mi entrepierna, al principio me miré sin comprender, hasta que la tía me tocó mis shorts a la altura de mi miembro, instintivamente me hice a un lado para rehuir su toqueteo, pero igualmente ella logró tocarme.

—¡Hijo!, la tienes muy grande …

—¡Emh! … ¿Yo? … ¡Umh! … ¡No, tía! … ¡Yo, no! …

—¡Sí!, mi niño … lastimabas a la Vero y ella no lo disfrutaba …

—¡Pero si nunca me dijo eso! …

—¡Por qué eso no se dice, cariño! … simplemente la mujer escapa …

—¡Ah! … ¡Fue por eso, entonces! …

—¡Sí! Sebita … te gastas una herramienta exageradamente grande, mi niño …

—¡Uy! Tía … si no me lo dices, jamás me hubiese enterado …

—Te debo confesar que yo tuve un novio como tú … su instrumento era muy, pero muy grande … cada vez que lo hacíamos, yo quedaba tan adolorida que me costaba hasta volver a caminar en modo normal … pero así y todo yo lo hecho de menos …

—¿Y cómo lo hacías para coger tía? …

—¡Pues me aguantaba! … había veces que hasta algunas lágrimas se me escapaban …

—¿Por eso lo dejaste tía? …

—¡No! … sucedió que el muy cretino comenzó a meterse con otros hombres y eligió ser gay …

—¡Ay!, tía … a mi no me va a suceder eso … ¿verdad? …

—¡No, no lo creo! … ¿Podrías mostrarme que tan grande la tienes? …

—¡Tía! … ¿A ti? … ¿Aquí? … ¿Ahora? …

—¡Sí!, Sebita … soy tú tía … quizás luego pueda hablar con tú madre …

—¿Con mi mami? … ¡No puedes decirle esto a mi madre! …

—¡Está bien, no se lo diré! … ¡Pero muéstrame! …

—¡Está bien! … ¿Pero aquí en la cocina? …

—¡Tienes razón! … ¡Vamos al baño! …

Mi tía caminaba dos pasos delante de mi sonriendo y dando miradas a mi entrepierna, yo estaba confundido y avergonzado, jamás pensé en una situación como esta y no sabía que hacer, lo único que quería era escapar, que todos estos bochornos circunstanciales pasaran pronto e irme a casa, llegamos al baño y mi tía cerró la puerta con pestillo, luego me tomó el borde de mis pantalones y mordiéndose su labio inferior, comenzó a desbloquear la hebilla de mi cinturón.

—¡Veamos que tenemos por aquí! …

Mi tía me desabotonó mis jeans y luego deslizó mi cierre hacia abajo, luego se sentó en el inodoro y me bajo mis pantalones casi hasta mis rodillas, luego comenzó a bajarme mis boxers.

—¡Por caridad, hijo! … ¿Pero que es esto? … ¡Jamás imagine …! …

Casi se le salían los ojos de sus cavidades, mi tía estaba atónita, estupefacta, me miraba a mí y volvía a posar sus ojos sobre mi verga que estaba flácida.

—¡Con razón a la Vero le salían hasta lágrimas! … ¡Querido sobrino … eres un superdotado! … ¡Me gustaría ver que tan grande es! … ¿Puedo tocarte un rato? …

—¡Siempre y cuando no se lo digas a mi madre! …

—¡Pierde cuidado que no se lo diré! …

Mi tía comenzó a magrear mi pene con sus dos manos, mordía sus labios y los humedecía con su lengua, mi verga comenzó a crecer poco a poco y mi respiración se hizo entrecortada sintiendo las delicadas manos de ella, lo llevó a casi una completa erección, la punta de mi glande estaba centímetros de su boca, yo la veía que habría y cerraba sus labios y sacaba su lengua en forma persistente, a este punto yo quería metérselo en esos labios carnosos y rojos, no pude contenerme y agarre su nuca y la empujé hacía mi polla enardecida, ella abrió toda su boca y mi polla entro esforzando sus labios, ella tiró hacia atrás su cabeza un poco atemorizada.

—¡Es muy grande, Seba! … ¡Es demasiado grande! … ¡Casi no me cabe en la boca! …

Ella trató un par de veces más, luego desistió y comenzó a lamer los lados de mi polla mientras me masturbaba con sus manos.

¡Seba, es demasiado grande! … ¿Tienes idea de cuanto mide? …

—¡No!, tía … nunca lo he medido … serán unos veinte centímetros, creo …

—¡Espera que vaya a buscar la huincha para medir! …

Me quedé como un cretino con mis pantalones abajo y mi verga erecta que me causaba un cierto grado de excitación, después de los toqueteos de mi tía, en un instante mi tía volvió con una huincha de medir de esas que usan las costureras.

—¡Ahorita vamos a ver cuanto mide este pajarraco tuyo!

Mi tía al ver que se había puesto un poco flácido procedió a pajearme y a pasar su lengua suave y húmeda por mi miembro, muy pronto mi pene lucía duro y brillante con las insalivaciones de mi tía.

—¡Oh mi dios! … ¡Diosito! … ¡Diosito! … ¡Son veintinueve centímetros y poco más! … ¡Dios santo, sobrino mío! … ¡Este si que es grande! …

Mi tía me miro a los ojos, sus ojitos brillaban con una luz especial, se dio cuenta de que yo estaba un poco apesadumbrado por toda la situación.

—¡Entonces, tía … por esto fue por lo que la Vero me dejó! … ¿Verdad? … ¡Seré el hazmerreír de todos!

Mi tía me miró un poco divertida.

—¡Mi niño, no te acongojes! … ¡No todas las mujeres somos iguales! … ¡También puede ser que si expande la voz … tendrás una fila de chicas que querrán probar, tú … tú … cosota! …

—Pero tía … como puedes decir eso si la Vero me dejó justo por esto¡ … ¿Quién podría quererme así, con esta … cosota, como dices tú? …

Mientras ella trataba de consolarme, no dejaba de tocarme el pene, mis sensaciones comenzaron a cambiar, me di cuenta de que el escote de mi tía era bastante amplio y, además, de que ella era tetona, sus senos eran magnificos, su cinturita delgada y ahí sentada en el inodoro, sus caderas se adivinaban muy amplias, dando forma a un culo perfecto, mis pensamientos se estaban poniendo maliciosos y los ojitos de ella que brillaban en un modo especial, me hacia sentir de que a ella le estaba sucediendo algo.

—¡Dios mío … Diosito hermoso! … ¡Tienes un pene que casi duplica el de mi ex! …

—¿Mi tío lo tenía pequeño? …

—¡Como de dieciséis centímetros! … ¡Si tuviera unos años menos, mi niño … de seguro sería tú novia! …

—¿Te gusta así grande tía? …

Mi tía me miraba mi pene casi subyugada, no podía apartar su vista de él, luego volvió a besarme y ya luego me lo estaba chupando del todo sin ningún recato.

—¿Habías visto otros así de grandes tía? …

—¡Solo en las video porno había alguno así grande … pero no tan grande, el tuyo los supera a todos ¡…

Mi tía me chupaba con más avidez y como hacia días que no eyaculaba, pronto empecé a disparar chorros de esperma en su boca, la tía se aferró de mis glúteos y se trago mi verga todo lo que pudo para no dejar escapar nada de mi lechita.

—¡Sobrino… ya no estoy acostumbrada a estas pijas tan grandes … ni tampoco a tanta leche! …

Me senté al borde de la bañera y mi tía vino a arrodillarse entre mis piernas y jugaba con mi verga reblandecida.

—¿Tía … quieres ver como se siente en tu coño? …

—¿En serio? … ¡Ven vamos! …

La tía me ayudo a recomponerme un poco y salimos casi de carreras del baño hacia su dormitorio, una vez allí, me desvistió apresuradamente y luego ella también se desnudó, me hizo recostar sobre su cama y se montó sobre mis piernas, mi mirada estaba fija en ese amasijo de vellos que cubría su sexo, procedió a chuparme la polla hasta que esta se puso durísima otra vez.

—¡Que rico que tengo un sobrinito cochinito y vergudo, que le gusta tirarse a la tía! …

Mi tía me estaba besando con su boca el sabor de mi corrida y mi verga, me tomó mi polla y comenzó a sobajearla en su panochita, luego levantó una pierna y comenzó a tratar de meter mi verga en su conchita, siento la temperatura caliente y empapada de su chocho, mi pene estaba convertido en un tótem férreo y duro, su boquete vaginal trataba de hacerle espacio y dilatarse para aceptar la cabezota de mi verga, por más que ella se sentaba y presionaba con su cuerpo para hacer entrar mi polla en su panocha, la estrechez de su vagina no dejaba entrar a mi miembro.

 

Mi tía tenía una cara dibujada por el placer, el deseo y la lujuria, ella estaba intentando con todas sus fuerzas de hacer que mi miembro penetrara su conchita apretada, sentía ese anillo de rosáceas carnes rosadas que cedía poco a poco, sus carnes delicadas comenzaban a envolver mi miembro, le di un golpe de caderas.

—¡Despacito, chico! … ¡Tengo que acostumbrarme a tu tamaño! … ¡No te apresures! … ¡Déjame habituar a esta maravilla! …

Mi tía poco a poco se fue empalando en mi asta de carne, la siento que se inclina un poco y arrodilla la pierna que tenía levantada y plegada, la siento gritar.

—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Caray! … ¡Chucha! … ¡Uy! … ¡Diosito lindo! …

Luego se detiene y comienza a jadear, se mece arriba y abajo lentamente.

—¡Uy! … ¡Madrecita mía! … ¡Que hermosa verga que tienes! …

Poco a poco comienza a aumentar el ritmo de su vaivén entre grititos y chillidos de lujuria, ahora me besa una y otra vez con mi pene casi por entero dentro de ella.

—¡Cógeme, sobrino! … ¡Cógeme más fuerte! … ¡Uy! … ¡Sssiiiii! … ¡Que rico! … ¡Que hermosa cogida, Dos mío! …

La tomo por sus caderas mientras intento comerle esas tetonas que se mecen al alcance de mi boca, pero realmente es ella la que lleva el ritmo, es ella la que me está follando con todo su ímpetu de mujer, grita y se estremece.

—¡Tía … me voy a correr! … ¡Me voy a correr dentro de ti, tía! …

—¡Espera! … ¡No lo hagas … espera! …

La tía me desmonta rápidamente y se mete arrodillada en cuatro.

—¡Ahora me lo metes y te corres en mi espalda! … ¡No dentro de mí! … ¿Entendiste? …

—¡Sí!, tía … esta bien …

Me coloco detrás de ella y veo su magnifico culo a forma de corazón, con esos glúteos amplios y firmes, con su ano rugoso y estrecho, con esa cinturita de avispa, rapidamente enfilo mi glande entre sus piernas y estrecho entre sus muslos hago subir mi ariete, me retiro un poco hacia atrás y rozo su vientre y clítoris, ella gime y apoya su rostro en la almohada estirando su trasero hacia atrás, por un momento pienso me que está ofreciendo su pequeño orificio, apoyo mi cabezota en su apretado culito y ella da un salto.

—¿Pero que haces? … ¡Por ahí no! …

—¡Tía … es tan hermoso tu culo! …

—¡Está bien! … ¡Pero ni te atrevas! …

Bajo mi glande hacia sus hinchados labios vaginales, ella está totalmente mojada, pero su canal vaginal es estrecho, muy ajustado mi pene comienza a adentrarse en sus entrañas acompañado por sus agudos chillidos.

—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Despacito! …

Mi tía gime, se queja y chilla como una niña a su primera vez, centímetro a centímetro mi verga se introduce hasta que mis vellos púbicos tocan sus nalgas.

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Ay! … ¡Ssssiiii! …  ¡Cógeme, sobrinito lindo! …

Comienzo a bombearla de a poco, siento como uno que otro pedo que escapa de su vagina invadida por mi enorme verga, las manos de mi tía tironean las sábanas y alza su cabeza una y otra vez, empuja sus cuartos traseros y mi pene horada sus carnes con un sonido de chapoteo en el charco de su sexo, la embisto furiosamente tomándola de sus caderas, grita y da agudos chillidos, ha arrugado todas las sábanas de su cama, clava sus uñas en la tela gruñendo como una leona en celo y yo no resisto más, saco de una mi verga de su conchita y mis chorros bañan su espalda, veo las marcas de sus vertebras y mi liquido perlado que se expande cubriendo su piel.

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Tíiiia! … ¡Oooohhhh! … ¡Tíiiia! …

Ella se deja caer hacia adelante y mis últimas gotas caen en sus glúteos, con mis dedos espalmo mi semen entre sus nalgas y jugueteo con su orificio anal, mi tía al improviso se gira y se traga mi verga succionando las últimas gotas de semen.

—¡Chico! … si no encuentras novia, puedes venir a coger con tu tía todas las veces que quieras … ahora debemos vestirnos porque puede regresar la Cote … en tanto yo iré a la cocina a prepararte un juguito … ¡Vamos! … ¡Apúrate! …

Me quedé un minuto con mis manos bajo mi cabeza contemplando el cielo raso, me parecía increíble el haber cogido con mi tía y haberla hecho acabar rico, estaba comenzando a vestirme cuando suena mi celular.

—¡Seba! … ¿Esta mi mami por ahí? …

—Creo que salió al patio … no sé … iré a verla …

—¡No es necesario! … Solo dile que estoy donde el abuelo y que llegaré más tarde …

—¡Está bien, Cote! … se lo diré … Sí, cuídate … está bien … chau …

Termino de vestirme y voy a la cocina, mi tía agachada al lavavajillas, un espectáculo glamoroso, las formas de su culo son impresionantes, me toco la verga mientras me le acerco lentamente por atrás.

—¡Uy! … ¿Qué haces, cretino? … ¡Que me asustas! …

—Tía, acabo de hablar con la Cote y dice que está donde el abuelo y que regresará más tarde … dijo que se quedaría a cenar …

La tía se gira me abraza y me sonríe, la abrazo y le devuelvo el beso efusivamente magreando su maravilloso culo, mi pene presiona su vientre.

—¡Seba! … ¡Pero otra vez lo tienes duro, chico! … Y esta cosa no la puedes esconder, ¿Eh? …

—Tía … la Cote dijo que no venía hasta la noche, tía …

—¿Y que sugieres? … ¿Qué te está pasando por esa cabeza de arriba? … Por qué lo que estás sintiendo con esta de abajo es evidente …

—¡Ay! Tía … no sé cómo decírtelo …

—Y tú crees que yo no lo sé … ¡Quieres mi culo! … es eso lo que quieres, ¿no? …

—Tía eres tan hermosa … sé que te puede doler … pero me encantaría … sí …

—A tú tío no le gustaba hacerme el culo … así que es muy chiquito y apretados …

—Pero tía … lo haremos lentamente para que no te duela … no digas que no, por favor …

—No he dicho que no … pero necesitaremos un lubricante … mucho lubricante … Vamos … Vamos al dormitorio …

Mi tía tomo una botella de aceite de oliva, una bandeja con jugos y nos fuimos a su dormitorio, nos desvestimos y ella me paso la botella de aceite.

—¡Méteme un poco en el culo … despacito, por favor! …

Me meto un poco en la palma de la mano, mientras con la otra abro un poco sus nalgas.

—¡Que culo más bello tienes, tía! … ¡Lo tienes muy apretadito, tía! …

—¡Sí!, ¡por qué a tú tío nunca le gustó el sexo anal y nunca lo hicimos por ahí! …

—¿En serio? … ¡Yo te culearía todos los días este hermoso culo, tía! … 

—¡Uy! … ¿pero con esa cosa? … ¡No sé si sería capaz! …

Poco a poco meto cuatro dedos en el culo de mi tía, su culito va cediendo y comienzo a presentar la cabezota de mi glande en su estrecho orificio.

—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Seba, me estas haciendo daño! …

Mi tía se levanta y me aferra la verga mirándola seriamente, con su mano se masajea su culo adolorido.

—¡Seba! … ¡Es demasiado grande! … ¿Quieres una buena mamada? …

Me guiña un ojo y se inclina a chupármela, pero en mi cabeza esta su estrecho culo, sentí el apriete de su esfínter en mi glande, se sentía exquisito, magnifico y quiero volver a sentirlo, después de unos minutos, vuelvo a insistir para que me dé su culito hermoso.

—¡Uy!, tía … ¡Tú culo me vuelve loco! … ¡Tengo tantas ganas … intentémoslo otra vez, por favor! …

Me mira a los ojos, su mirada se enternece y me acaricia la mejilla.

—¿Sabes que eres un cochinito? … ¡Pero me gusta que así seas! … ¡Me vas a hacer daño! …

—¡Tía, por favor! … ¡Hagámoslo! …

Mi tía se vuelve a levantar y va a la cocina, vuelve con la mantequillera.

—¡No pienses que estoy loca o quizás si lo esté por hacerlo contigo! … ¡Esto lo vi en una película, vamos a ver si resulta! …

Comienza a embadurnar mi pene con la mantequilla fría, mi pene resiste enhiesto, luego hace lo mismo con su culo, después me ordena de sentarme al borde de la cama, me da la espalda y empieza a sentarse sobre mi verga. ¡Increíble!, pero mi verga entra un par de centímetros, poco a poco se va empalando en mi polla.

—¡No vayas a moverte! …

La siento que se queja y hace chirriar sus dientes, yo disfruto de la presión que hacen sus músculos anales sobre mi pija, siento sus glúteos apoyarse en mis muslos, se queda inmóvil respirando por la boca, siento como contrae y relaja su culo para acostumbrarse a mi verga, después de unos cinco minutos comienza a hacer subir y bajar su trasero sobre mi polla, lentamente mientras gime y entierra sus uñas en mis muslos, paulatinamente va aumentando su velocidad, grita varias veces sintiendo mi asta que estira y dilata su recto.

—¡Que rico que eres sobrinito mío! … ¡Hacia años que no me la metían por el culo! …

—¿Te gusta, tía? …

—¡Ssssiiii! … ¡Lo echaba de menos! … ¡Uy! … ¡Que rico se siente! …

El ritmo ahora se va haciendo cada vez más rápido, se siente el sonido de sus glúteos golpeando mis muslos, se sienten sus chillidos, con una mano aferro sus tetas que se mecen de arriba abajo y con la otra voy a la búsqueda de su clítoris, ella separa un poco sus piernas para dejarme libre acceso y sigue disfrutando mi verga en sus entrañas, con fuerza la levanto y la ensarto una y otra vez en mi ariete.

—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Seba! … ¡Tonto! … ¡Me haces daño! … ¡Ay! …

—¡Dime que te gusta, tía! … ¡Dime que te gusta que te rompa el culo! … ¡Dímelo, tía! …

—¡Uy, Cochino! … ¿Te gusta mi culito estrechito? … ¿Te gusta encular a tú tía? … ¡Acaba dentro de mi culo! … ¡Llena de lechita mi trasero! … ¡Culéame fuerte … Culéame fuerte! …

No pude resistir más, los gemidos y las palabras de mi tía mientras gritaba y chillaba era demasiado para mí, sentí el hormigueo en mis bolas, hundí mi vientre para disparar con más potencia mis chorros de esperma dentro el culo de mi tía, y sentí como la lava caliente se deslizaba por mis conductos interiores y empecé a llenarla de mi semen caliente.

—¡Aaarrrggghhh!, tía … ¡Aaarrrggghhh!, ¡Ssiii! … ¡Tíiiiaaaa! …

—¡Seba! … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! … ¡Seba! … ¡Que rico! … ¡Que rriiiicooo! …

—¿Te gusto, tía? …

—¡Ssssiiii! … Sí, Seba … ¡Que suerte que tengo un sobrinito caliente y cochinito! … ¡Que suerte! …

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Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor.

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Mi lolita. Descubriéndonos. Parte 1
Con amarilla

Nadie le ha dado "Me Gusta". ¡Sé el primero!

  1. Hermoso y degenerado el relato. Nos encantó aunque era mejor si el chico tenia 12-13 años y ella se lo chupaba y cogia asi a las puertas de la pubertad. Es hermoso ver que tienen total confianza y ella se sirve su verga, lo masturba y saborea con toda naturalidad, como lo goza. El lenguaje vulgar es de lo mejor, me encanta asi obsceno, hablándose cerdos como les sale del culo de tanccalientes que estan es una locura y asi es como muchas quisieramos estar con chicos para manosearlos todos, para ser unas degeneradas y vivir estrenarlos, que nos dejen los agujeros hechos mierda por revolcarnos como putas.. una perversión hermosa hasta para gozarse en familia! Ojalá fuera algo asi de natural como ir de camping. Besos.