Fetichismo Tabú

Upskirt, fetche más adictivo que la droga

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©Stregoika 2021

Hoy salí a tomar un poco de sol, porque en esta ciudad puede helar por la mañana hasta congelar los huesos y por la tarde calentar para quemar la piel. O sea que estaba congelado y quería sentir el sol.

Me paré en las gradas de la cancha del barrio y vi que había una nena de unos 12 años asoleándose las piernas. El sol de la tarde se le debía meter entre esa falda blanca. Estaba con quien asumo, era su madre. Yo, que he amado las culi-cagadas desde hace unos 15 años, ni corto ni perezoso fui a pararme detrás de las rejas de uno de los arcos, a que me diera el sol en la espalda y a ver a la nena de frente. Me quedaba un poco lejos, unos veinte metros, pero como el sol le daba de frente, pude verla bien. En el nombre de Dios que era hermosa, de piel blanca como la yuca, piernas largas y de volumen perfecto. Su carita era linda, delgada, sonreía muy lindo y tenía (la vería de cerca al rato) las pestañas largas y paradas. Llevaba el pelo amarrado en una apretada coleta de caballo en lo alto de la coronilla. Yo, como tenía puesto el tapabocas, aproveché para decir unas cosas sucias, lo cual me calienta. «A ver, diosa hermosa, muéstrame el paraíso, bebé». Tenía una chaqueta en la mano, que supuse, era para cubrirse las piernas y no “mostrar todo”, pero obviamente quería que el sol le calentara sus delicias. Pero, como ya sabrán, parte del encanto de “ver los calzones” o ver un “upskirt”, es que es muy difícil. El ángulo correcto es muy estrecho y muy arriesgado. Desde donde yo estaba, podía verle sus muy largos muslos hasta adentro pero cómicamente no podía verle su “triangulito”. La nena se movía y me provocaba sin dejarme ver más. «Ábrete para papi, mi amor» dije. Y después dije «Uhy hijueputa, MAMASITA» cuando al fin flasheó su entrepierna con panty blanco como la nieve. Sentí que se me iba a parar tremendamente, por lo que respiré y me moví. No son usuales las erecciones en mi persona, tiene que ser con un fetiche doble como ese (pre-adolescente + upskirt) para que se me ponga cañón.

La nena y su madre se levantaron y se fueron, pero al rato volví a verlas más de lejos aún, e ir a sentarse en las escalas del atrio de la iglesia, que son más bajitas que las gradas de la cancha. Otra ves, ni corto ni perezoso, me fui para allá. Esa nena definitivamente quería asolearse el coñito. Me recargué en una señal de tránsito a verla desde el otro lado de la calle y la vista era mucho mejor. Ella estaba comiendo helado y estaba sentadita en un escalón. Podía yo verle ese diminuto triángulo blanquito bajo sus muslos espectaculares. Otra vez se me empezó a poner duro, pero a diferencia de hacía unos minutos, no lo reprimí sino que lo disfruté. Estaba demasiado emocionado por ver eso tan hermoso (pasa cuando mucho una par de veces al año, de hecho; me acordé de una colegiala que vi sentada en la escalera de un bus atestado. Estaba tan abierta que no se le veía el “triangulito” sino todo desde abajo hasta arriba. ¡qué provocación!).

A veces pasaban buses y me daba rabia que me obstruyeran el espectáculo, o transeúntes se estacionaban a hablar por teléfono u otra cosa y me daba más rabia. Hasta me movía sin vergüenza para seguir viendo, pero como dije, el ángulo de un upskirt es muy, pero muy estrecho. Después de pocos segundos volví a tener todo el panorama. Y seguía diciendo cosas dentro de mi máscara, como: «¡Qué rico!» o «Mamasita, te la mamo como la tengas ahí» y repetía «Muñeca, ábrete para papi, bebé ¡ábrete para papi!» Y creo que la telepatía funcionó. La nena se abrió. El sol entró entre esas magníficas piernas de nenita y acarició esos cucos blancos desde arriba hasta abajo. Se me paró del todo. Lejos de intimidarme por que me descubrieran, me excité más. Me resolví a caminar, pues sería un idiota si por miedo me perdiera de semejante espectáculo de cerca. Crucé la calle sin mirar (ni siquiera si un carro pudiera aporrearme), solo con los ojos fijos en el delicioso entrepierna de la nena. Llegué a las escalas del atrio y me acerqué a ella. Ella chupaba su helado. Yo iba directo hacia el medio de sus rodillas. Dos metros… uno y medio… un metro «¡mamasita! ¿Qué es todo eso? Por Dios, ¡qué rico!» treinta centímetros «Está nena está mostrando lo que se llama TODO», veintinueve centímetros… cambié de dirección. Es el destino de nosotros los mirones. Mirar y pasar saliva, y matarse a pajas. Me regresé sin la menor duda, ni siquiera que otras personas me vieran errando como loco (ya alguna vez me sorprendieron viendo bajo una falda de bruja en un halloween y fue muy peligroso y vergonzoso). Pero las ganas le pueden al miedo. Vi durante unos diez segundos más ese esplendoroso upskirt de nenita, hasta que se levantó y se fue.

Sin exagerar ni mentir, me sentí enamorado. Quería seguirla a ver dónde vivía y eso, pero ya habría sido demasiado. La vi alejarse con su madre calle arriba, meneando ese culito lindo bajo su falda de mezclilla blanca, que ni siquiera era muy corta. Entonces vino la ansiedad, luego el existencialismo y luego la depresión (con la que escribo estas líneas). Desear tanto algo que es imposible de conseguir es una mierda como no imaginan. Tener un deseo tan entrañado y ardiente que no puede ser satisfecho, se siente como una puñalada con un cuchillo mojado en ácido. Se gasta demasiada energía reprimiéndose y el agotamiento emocional es inevitable. Por años luché para quitarme ese deseo pero me di cuenta de que es imposible. Así que preferí acostumbrarme al puto destrozo emocional que me deja el arrecharme tanto sin más desfogue que una aburrida paja y quizá escribir un relato erótico.

Fin

𝙸𝚖𝚊𝚐𝚎𝚗: 𝙻𝚎𝚊-𝙼𝚘𝚍𝚎𝚕

 

 

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Profe: ¿Se puede embarazar una si hay semen en el agua de la piscina?

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