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Mi esposa va a la universidad – Capitulo a petici贸n.

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—Entonces … no te enojas si lo hago con Joel, ¿verdad? …

—No, tesoro … no lo haré … sabes cuanto te amo …

Así Nidia regresó a Viña del Mar al día siguiente para una de sus clases.      Yo no me daba tranquilidad esperando de poder hablar con ella para que me contara acerca de su aventura.      Sin embargo, ni siquiera imaginaba que esto podía ser aún mejor.     Nidia me llamó por la tarde cuando regresó al departamento y me dijo.

—Tesoro … acabo de llamar a Joel … cuando él llegue … te llamaré y dejaré la comunicación abierta … así podrás escuchar …

—¡Oh! … eso me parece genial, amor … solo cuídate mucho …

—¿Estás enojado o celoso? …

—No amorcito … confío en que lo harás bien …

—Eres un bastardo pervertido, pero te amo … corta ahora … te llamaré luego …

—También te amo … espero tu llamada …

Intenté mirar la televisión mientras esperaba la llamada de Nidia, pero no podía concentrarme en nada más que en la pantalla de mi celular.     Me pareció espectacular cuando vi la fotografía que me había mandado vistiendo la bata del jaguar, se veía hermosa con su coño apenas visible al borde de la bata.     Más ansioso me puse sabiendo que ella esperaba a otro hombre.     Mientras soñaba con los ojos abiertos mirándola en su exiguo y sexy atuendo, el teléfono sonó.     Casi se paraliza mi corazón, respondí y no escuche saludarme ni nada, había solo silencio, entonces supuse que no estaba sola.

 

 

Escuche el golpe cuando dejó el teléfono sobre su mesita de noche, luego hubo un silencio sospechoso, se sentían suspiros, gemidos e ininteligibles susurros.     Parecía que un hombre la abrazaba y ella lo desvestía.     Los escuche besarse, también los suaves ronroneos de Nidia siendo acariciada por su amante.     Probablemente él había puesto su mano sobre su coño y acariciaba sus labios lampiños.    Entonces escuche la voz de Nidia, era suave y entrecortada, respiraba agitadamente en respuesta a lo que fuera que le estuviera haciendo ese hombre desconocido e invisible que intentaba poseer a mi esposa.

—¡Ummmmmm! … eso se siente muy bien … —Susurraba Nidia.

Entonces escuche una voz ronca y profunda, muy masculina y caballerosa.

—Tú panocha está mucho más mojada esta vez …

Inmediatamente lo imagine entre los sedosos muslos de Nidia apartando sus mojados labios y mirando el interno rosado y jugoso de su coño.   Al instante mi polla se puso dura.     Yo sabía cuanto ella disfrutaba el sexo oral y pude visualizarla acariciando los cabellos de él mientras su aliento comenzaba a quemar sus ardientes labia vaginal.

 

 

Hubo más sonidos y chasquidos de labios, sonidos de besos, gemidos de caricias, luego Nidia volvió a hablar:

—Me encanta sentir tus manos rudas deslizándose por mis muslos y como acaricias mi coño … ¡Vamos! … bésame … besa mi panocha …

Esto estaba funcionando en forma genial.     La voz de mi esposa sonaba clara y diáfana con una ligera excitación y agitación, no estaba leyendo un guion ni repitiendo palabras ensayadas.     Rápidamente me desnudé y me metí sobre la cama, agarré la remera que estaba usando para limpiarme, pero no quería correrme tan pronto.     Le di más volumen a mi celular justo cuando mi esposa dijo:

—¡Uhmmm! … tu polla está dura y grande … tienes un hermoso y fortachón cuerpo … amo cuando tus vellos acarician mis tetas …

—Toma … toma mi polla, cariño … está así por ti y para ti …

Yo sé que a Nidia le encantan los hombre peludos, sorprendentemente yo soy más lampiño que peludo, una vez le pregunté ¿cómo es que se había enamorada de mí?  Ella me dijo que los hombres peludos eran solo un fetiche, pero que ella me amaba así tal como yo era, el hombre que había soñado, un hombre de verdad.     La imaginé ahora dándose el gustito de acariciar los vellos pectorales del técnico o también sus vellos púbicos, su mano acercándose a su polla, justo como si leyera mis pensamientos, el hombre exclamó:

—¡Oh, sí! … acaricia esa cosa grande, bebé … tus suaves manos se sienten tan bien en mi polla …

—Si te gusta eso … entonces también te gustara esta otra cosa que te voy a hacer …

Escuche decir a Nidia y la imaginé en el borde de la cama, o arrodillándose entre las piernas de él y llevándose su enorme polla a la boca.     Escuché los gemidos del hombre, comenzó a respirar con fuerza, obviamente disfrutaba el placer de una mamada hecha por la habilidosa boca de mi mujer, era más que obvio que eso era lo que Nidia le estaba haciendo.     Los sonidos de chupadas llegaban claramente a mis oídos, en eso él habló:

—¡Oh!, tesoro … eres maravillosa … la última vez lo hiciste solo con tu mano … pero se ve que lo sabes hacer muy bien con tu boca … espero que esta vez me dejaras probar tu jugosa panocha … realmente sabes como chupar una verga …

Luego hubo un largo lapso de casi silencio interrumpido solo por los ocasionales gemidos, sorbidos y chupadas de mi esposa.     Al parecer ella se sacó la polla de la boca y ahora estaba lamiendo su cabezota al mismo tiempo que murmuraba ininteligibles palabras.     Enseguida Joel volvió a hablar:

—Vuelve a poner mi polla en tu boca … me gusta follar la boca de una puta casada …

Escuche los audibles gemidos de Nidia e imaginaba a él tomándola de la nuca y forzando su polla profundamente en su boca, incluso escuché unas chupadas características cuando ella chupa mis bolas, probablemente ahora estaba en eso, con el saco peludo de la pelotas de Joel en su boca, cosa que vino prontamente corroborada por las palabras de él.

—¡Oh, sí! … ¡Chupa mis pelotas … puta universitaria!

Pero luego debe haber vuelto a tragarse su entero pene, imagine sus bolas golpeando su mentón mientras él volvía a follar su boca.     Por un par de minutos hicieron eso.     Repentinamente él dijo:

—¡Oh, sí! … lo haces mejor que una puta … parece que te gusta tanto … pero no voy a dejar que hagas que me corra todavía … bésame el culo …

Este tipo rudo estaba tratando a mi esposa como una ramera y al parecer ella ejecutaba todas las ordenes que él le impartía con prontitud, voluntad y placer.    A Nidia le gustaba que la trataran como una puta.    Esto era algo completamente nuevo para mí y me excitaba al máximo, mi polla estaba a punto de explotar y solo los había estado escuchando por unos diez o doce minutos.     Dejé de acariciar mi garrote, dejándolo palpitar y moverse por si solo, estaba duro como el granito y ya goteaban perladas gotas preseminales desde la punta y que escurrían por el costado de mi polla.

—Ven aquí … —Le oí decir y supuse que estaba haciendo levantar a mi esposa.

Volvió el silencio, pensé que se estaban besando abrazados, tal vez con sus manos aferrando los duros glúteos de Nidia, porque inmediatamente agregó:

—¡Oh, Dios! … ¡Qué hermoso trasero tienes? …

Lo imagine mirando ávidamente sus hermosas nalgas, quizás estaba acariciando también su coño.     Los dos de pie el uno frente al otro, así los estaba imaginando, pero al parecer él le hizo algo que a ella le gusto mucho, la escuché jadear.

—¡Uhmmmmm! … ¡Ooohhh! … ¡Eso se siente bien! … espera … déjame meterme sobre la cama … así podrás lamerme mejor …

Escuché los sonidos y crujidos de ambos subiéndose a la gran cama de ella, probablemente Nidia puso su cabeza sobre la almohada más cerca del teléfono, ahora podía escuchar su voz fuerte y clara:

—¡Oooohhhh! … ¡Ssiii! … ¡Uhmmmmmm! … ¡Mierda! … ¡Esto si que es bueno! … ¡Lámeme, bebé! … ¡Cómete mi coño! … ¡Uhmmmmmm! …

En mi mente veía la amplia cama de mi mujer con ella recostada con su bata que dejaba ver veladamente sus hermosas tetas.     Joel arrodillándose en medio a sus muslos extendidos y abiertos, presentándole su coño jugoso a la lengua de él.     A ella le encanta que le chupen su chocho.     Mi polla palpitaba ya casi sin control.     La voz ronca de él se escuchó:

—Ábrete esto … déjame ver tus tetas …

Momentos después escuche la voz de ella.

—¡Oh, sí! … me gusta sentir tus manos rudas sobajeando mis tetas … eso … así … pellizca mis pezones, cariño … ¡Uhmmmmmm! … eso … ¡Enróllalos! … ¡Apriétalos! … ¡Fuerte, cariño! … ¡Fuerte! …

Escuchaba claramente los sorbeteos de él al coño de Nidia, al parecer se detuvo un instante:

—¡Dios mío! … ¡Tu coño es tan sabroso! … ¡Estás tan mojada, cariño! … ¡Podría lamer tu coño jugoso toda la noche! …

Escuché la diáfana risa de Nidia diciendo.

—Bueno … entonces no te detengas …

No hubo más palabras.    Solo sonidos de ella gimiendo y chillando a veces, jadeaba con el placer de que le estuvieran lamiendo el coño.     Ocasionalmente se escuchaban los sorbeteos de él comiéndose el coño de mi esposa.    Esto duró por varios minutos.     Repentinamente escuché los gemidos de ella acercándose a la cúspide de su placer, con sus manos crispadas aferrándose con fuerza al edredón, meneando su cabeza de lado a lado, arqueando su espalda con sus puntudas tetas apuntando al techo y su rostro desfigurado por la lujuria de su orgasmo.

—¡Oooohhhh! … ¡Aaahhh! … ¡Umpf! … ¡Uummmm! … ¡Dios mío! … ¡Dios mío! … ¡Me voy a correr! … ¡Ssiii! … ¡Ssiii! … ¡Aaaahhhh! … ¡Aaahhh! … ¡Ssiii! … ¡Assssiii! …

La visualicé con sus piececitos encorvados, moviéndose desesperada convulsionando con espasmos de delicioso placer, corcoveando con sus caderas y empujando su coño contra la boca devoradora de Joel.     Todavía podía oírla jadear intentando recuperar su respiración.      La imaginé con todo su cuerpo tenso sintiendo las sensaciones de su coño caliente.     En eso Joel dijo.

—¡Guau! … Parece que te gustó, ¿eh? … creo haberlo hecho bien …

Escuché la voz cantarina y todavía agitada de Nidia.

—¡Oh, sí! … Estuvo muy bueno …

Escuché los crujidos de la cama, al parecer él se estaba posicionándose entre las hermosas piernas de mi esposa para ponerse encima de ella, su voz aumentó de intensidad a medida que se acercaba al teléfono en la mesa de noche.

—Tú eres muy buena … tu coño es increíblemente apretadito y tiene un sabor exquisito … tenías tantos jugos … además, me gustan tus tetas duritas y firmes … con esos preciosos pezoncitos de leche …

Nidia comenzó a jadear otra vez y mi mente visualizó a Joel sobre mi mujer a chupar y mordisquear sus tetas, de seguro tenía sus pezones al alcance de su boca turnándose en uno y después el otro.      Los gemidos de Nidia me llegaban claramente a través del celular, también las chupadas sonoras de Joel a sus senos.      A veces la chupeteaba con tanta fuerza que los sonidos que hacía me hacían pensar que encontraría algún chupetón en sus pechos cuando regresara a casa.     Estaba tan excitado por los ruidos que escuchaba a través del celular que comencé a masturbarme; la acústica era perfecta y a ratos me parecía estar en el dormitorio con ellos, así fue como las palabras de mi esposa llegaron claramente a mis oídos cuando las pronunció jadeante.

—¡Vamos, Joel! … ¡Fóllame! … ¡Por favor méteme tu polla! …

Palabras que retumbaron en mis sienes, mis venas del cuello se hincharon, mis piernas tiritaron y apreté mis glúteos; también apreté mi pene para no correrme justo en ese instante, cuando Nidia vendría penetrada por la enorme polla de Joel.      El coño jugoso de mi esposa iba a ser invadido por la polla de otro hombre; me emocioné y excite subliminalmente, todo mi pensamiento estaba en la imagen del coño de Nidia abierto, empapado y caliente, dispuesta a entregarse a un hombre que no era yo, su marido.

—¡Uhm! … cierto que voy a follar tu zorra caliente … para eso estoy aquí, querida … te follaré bien y todas las veces que quieras …

Escuché ininteligibles rumores y gemidos de ella.      La imagine recostada de espalda con este hombre desnudo encima de ella.     Todavía tenía la bata del jaguar que yo le había regalado, luego solo su cuerpo desnudo con sus tetas hinchadas de deseos.     El hombre chupeteando sus senos sonoramente, su polla ya entre los muslos de ella y a centímetros de su cuevita del placer; el mojado coño de mi mujer expectante.      Imagino toda esta escena y mi polla parece a punto de explotar.     No importa cuantas veces he visto y follado su coño, jamás me cansaré por la hermosura de su sexo, pero esta es la primera vez que soy testigo a distancia, de la copulación de mi esposa con otro hombre.     Mis sienes se hinchan y mi vista se nubla en una nube de lujuria al sentir que pronto su coño ya no será solo mío, es como una adictiva droga.

 

 

Nidia gime, jadea y ronronea de placer, me da a entender que la gruesa cabezota de Joel se apoya en los abultados labios de su vulva y comienza a hundirse en ella.     Mi esposa comienza a ser follada por su amante.      Su pene se desliza dentro de ella poco a poco y profundamente.      Cuando sus bolas tocaron los glúteos de ella, su polla estaba metida por completo en la panocha de Nidia.     Entonces comenzó a besarla apasionadamente.       Imaginé a mi esposa estirando sus manos sobre las nalgas de él para llevarlo todo dentro de ella.      Los gemidos y quejidos eran reveladores.      Él yacía sobre Nidia enterrado hasta las pelotas en ella.     Continuaban los sonidos de besos.     Los escuché respirar afanosamente mientras iniciaban los crujidos de la cama, señal inequívoca de que Joel estaba follándola con su gruesa polla.      Los gemidos y arrullos de mi mujer eran otra señal de que su coño estaba siendo taladrado por una broca que entraba y salía de su femenina intimidad.     Él dijo:

—¡Carajo! … ¡Tienes un coño fantástico! …

—Nooo … todos los hombre dicen lo mismo … todos los coños son buenos …

Dijo Nidia suspirando; a lo que él respondió con una pregunta.

—¿Y las pollas? … ¿Son todas iguales? … ¿Todos los hombres follan bien? …

—¡Oh, no! … —Respondió mi esposa entre gemidos, luego añadió:

—… puedo decirte que tampoco todos los coños son iguales … hay coños viejos … coños grandes … coños descuidados y hasta apestosos … coños aburridos … coños pequeñitos … todos ellos te excitan … solo que con algunos tienes que esforzarte un poco más …

Inmediatamente Joel respondió:

—Pero el tuyo es cachondo, apretadito, sabe de maravillas, huele hermoso y se siente jodidamente bien al follarlo …

Hubo un silencio, se escuchaba solo los chirridos de los muelles de la cama que aumentaban de intensidad y supe que Joel follaba a Nidia con todas sus fuerzas.     También escuché como él daba algunas palmadas a sus glúteos.     Cada vez que la pelvis de él se estrellaba contra la de ella, mi esposa lanzaba un chillido y un ahogado quejido.     Él la follaba intensamente y los placenteros gemidos de Nidia aumentaban al recibir los recios embistes de Joel.     Los escuché follar por varios minutos y el placer sexual de ella me llegaba claramente a través del celular.     Repentinamente oí la voz de Nidia:

—Acuéstate … quiero refregar mis tetas en los pelos de tu pecho …

Sentí los ruidos que hicieron mientras cambiaban de posición y Nidia exclamó suspirando:

—¡Ummmmmm … Ssiii! … me encanta sentir tu pecho peludo en mis senos … abrázame … abrázame fuerte … ¡Fóllame! … ¡Fóllame con todas tus fuerzas! …

Sentí los crujidos apremiantes de la cama e imaginé a Joel tomando las nalgas de mi mujer, tirándola con fuerza sobre su polla y Nidia revolcándose lujuriosamente sobre los vellos pectorales de él, pronto los chillidos de ella me avisaron un desenlace inminente:

—¡Oh, si! … ¡Oh, ssiii! … ¡Fuerte! … ¡Métemelo más fuerte! … ¡Uhmmmmm! … ¡Umpf! … ¡Aaahhh! … ¡Umpf! … ¡Ooohhh! … ¡Apriétame! … ¡Ooohhh! … ¡Ooohhh! … ¡Umpf! … ¡Ooohhh! … ¡Ummmm! … ¡Acabo! … ¡Me corro! … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …

Nidia estaba teniendo un potentísimo orgasmo.     Sus sonidos eran inconfundibles e inequívocos.      Gemía y jadeaba bajo los embistes de Joel, la cama chirriaba, mi esposa no cesaba de gemir y chillar.     Sorpresivamente ella siguió gimiendo alocadamente y una vez más chilló:

—¡Oh, no! … ¡Oh, no! … ¡No te detengas! … ¡Umpf! … ¡Me voy a correr otra vez! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! … ¡Empuja fuerte! … ¡Fóllame fuerte! … ¡Ssssiiii! … ¡Uhmmmm! … ¡Muévete! … ¡Por Dios, muévete! … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! …

Nidia estaba corriéndose por segunda vez a gritos, me vinieron unos celos inexplicables, pero al mismo tiempo mi polla explotó y mi esperma denso y abundante cubrió gran parte de mi pecho.     La imaginé desesperada enterrando sus uñas en los hombros de él y frotando sus duros senos contra el peludo pecho de él, al mismo tiempo que chillaba eufórica.

 

 

Escuché el paroxístico orgasmo de Nidia.     También sabía que él estaba sintiendo las fuertes contracciones del coño de mi esposa alrededor de su polla, calentándolo y succionándolo.     Los espasmos de los músculos de su coño tienen que haber acelerado la lujuriosas sensaciones sexuales de Joel.     Por lo menos a mí siempre hace que me corra, ¡incluso cuando no quiero!     Y ahora mismo ella tenía un tremendo pene atrapado en su jugoso y estrecho chocho.     Deduje que la verga de él estaba recibiendo está caliente tortura y fantaseé al amante de mi esposa luchando para no correrse en el apretado coño de ella que estrujaba y ordeñaba su polla.     ¡Oh, Dios!      Mi pene volvía a estar duro como el acero.

 

 

Mi cabeza era un torbellino de locas imágenes que iban y venían vertiginosamente, agarré mi remera húmeda con mi propio semen y volví a explotar débilmente contorsionándome en la cama matrimonial, mientras mi esposa era follada en otra cama y en otra ciudad.     Creo que este fue mi primer clímax alucinante, mi vista quedo un tanto borrosa con miles de estrellitas que volaban suspendidas en el aire.

 

 

Por unos instantes perdí la noción del tiempo y no me di cuenta de lo que seguía sucediendo al otro lado del teléfono.     Cuando comencé a respirar con mayor normalidad, mi visión se aclaró bastante y volví a escuchar los jadeos de él y los gemidos de mi esposa.     Ellos continuaban a follar ¡Dios mío!  ¡Cuanta lujuria!   La voz de Joel era agitada cuando dijo:

—¡Guau! … ¡Eso fue increíble! … ¡Estás tan mojada y caliente! …

Nidia no dijo nada, escuchando los ruidos de la cama deduje que él había sacado su polla de su coño y lo percibí arrodillado entre las piernas de ella contemplando el maravilloso cuerpo de mi mujer que todavía permanecía con su espalda seductoramente arqueada y sus tetas protuberantes apuntado hacia el techo, gozando la deleitosa follada que le había dado su amante.     La voz de él fue cálida y perentoria cuando le ordenó:

—Date la vuelta …

 Ella cachonda como estaba debe haber cumplido su pedido y se colocaba en cuatro para permitir ser follada desde atrás, pero le escuché decirle suavemente.

—No … no te pongas de rodillas … solo acuéstate boca abajo …

Entonces apareció en mi mente la espalda lisa de Nidia, su estrecha cinturita, sus dos firmes nalgas infladas como globos, sus torneados muslos y sus largas piernas acomodándose tumbada sobre la amplia cama y Joel gozando de esa beldad sublime de ella.     La bata con la enorme cara de jaguar desafiando al pene erecto de él.     Joel volvió a hablar.

—Espera … te quitaré esto …

Ahora Nidia estaba completamente desnuda y a merced de los deseos de su amante, la sexy bata que había cubierto su sensual trasero había volado por los aires y sus apretadas nalgas estaban expuestas a los lascivos ojos de él.     Probablemente vislumbraba entre sus muslos su panocha inflamada y enrojecida sintiendo todavía los espasmos de placer.

 

 

Siguiendo los ruidos de la cama, imaginé a Joel acostándose sobre su espalda con su verga ardiente y tiesa entre los muslos y glúteos de ella, con su amoratado glande buscando donde encajarse, mis deducciones fueron aclaradas cuando sentí los gemidos de ella.

—¡Uhmmmm! … ¡Ssiii! … ¡Eso se siente bien! … ¡Empuja! … ¡Empuja un poquito más! … ¡Dios! … ¡Ssiii! … ¡Uhmm! … ¡Ooohhh! … ¡Umpf! … ¡Métemelo todo! … ¡Uhmm! … ¡Suavecito! … ¡Ssiii, suavecito! …

Indudablemente eran gemidos de placer, Joel comenzaba a follarla desde atrás.     Otra vez me pregunté ¿Cuál orificio estará usando?   La respuesta no tardó mucho en llegar a mis oídos cuando ella dijo entre lascivos gemidos.

—¡Suave! … ¡Suave! … ¡Qué grande que se siente tu polla! … ¡Soy muy delicada y estrecha por ahí! … ¡Hazlo suavecito, por favor! … ¡Ummmmmm! … ¡Qué rico! … ¡Podría follar así toda la noche! … ¡Ummmmmm! …

Los ruidos de la cama eran muy suaves y imagine la enorme polla horadando su estrecho ano.     Mi esposa estaba siendo enculada por otro hombre y éste le decía:

—Bueno … pero no te esperes que será así suave y lento toda la noche …

—Pero lo es ahora … y me gusta mucho … ¡Que rico que lo haces! … ¡Hmmmm! …

Dijo Nidia en un sensual tono de voz.     Luego no hubo más palabras, solo gemidos y besuqueos, Joel follaba el culo de Nidia dulcemente, podía escuchar sus quejidos y gruñidos.

 

 

Con tanta cosas en mi imaginación, acaricié mi polla y esta se puso dura de nuevo, no había lugar a dudas, me encantaba saber que mi mujer follaba con un desconocido.     Habíamos vivido mi esposa y yo solos, gozando el uno del otro, teniendo miles de sueños y fantasías, pero esta era la primera vez que llevábamos a cumplimiento una fantasía mía, ¿Habrá sido también la fantasía de ella el hacerlo con otro hombre?     Quedaban tantas cosas que dilucidar, entender y descubrir.     Era una vida nueva, llena de tantas delirantes ensoñaciones a compartir juntos en nuestro matrimonio.     Sé que ella me ama a mí y yo la amo a ella.     Nada ni nadie puede interponerse entre nosotros, aún cuando ella lo haga con un desconocido, nuestro amor permanece sólido, autentico y límpido.

 

 

Conozco su inmensa sensualidad, a veces me consume, me excita demasiado; puedo correrme mucho antes de lo que quiero y mucho antes de que ella pueda alcanzar sus orgasmos múltiples.     Ella puede acabar tres o cuatro veces seguidas y me complace que Joel la haya hecho correrse ya dos veces y continúe a follarla.     Lo está haciendo como un hombre de verdad y al mismo tiempo está gozando con ella, y bien, que siga adelante y la haga enloquecer de placer.     Justo como lo está haciendo ahora.     Lo imaginaba dentro el estrecho recto de Nidia sintiendo las contracciones que su culo provoca incesantemente, me pareció increíble que él pueda durar tanto sin correrse.     Tiene un aguante insuperable, un magnifico control de si mismo, ¿Será fuerza de voluntad?  ¿Será el alcohol que le da esa resistencia extra?     Sea lo que sea no tiene importancia alguna, lo verdaderamente importante es que está haciendo feliz a Nidia con su enorme y tiesa polla, puedo escuchar lo gemidos de ella y estoy cierto de que lo disfruta de verdad.  ¿Volverá ella a correrse con la polla de Joel en su culo?   La intensidad de sus gemidos me decía de que era posible que eso sucediera y muy pronto, ya llevaban un cuarto de hora con esa enculada, pero ¿Cuánto más resiste este hombre?  ¿Cuánto más resiste ella?     Ahora sentía celos y envidia por ambos.

 

 

Pero no podía sentir verdaderos celos por ella, ella estaba haciendo lo que yo le había pedido, se estaba dejando follar por otro hombre porque yo la había empujada a hacerlo.      Me sentía emocional y físicamente al lado de ella y el hecho de que mi pene volviera a ponerse duro confirmaba todas mis elucubraciones, disfrutaba sabiendo y sintiendo como mi mujer follaba con otro hombre.

 

 

Los ruidos crujientes de la cama me sacaron de mi abstracción.      Joel comenzaba a presionar y follar más fuerte el culo de Nidia, podía escuchar el ruido de su vientre estrellándose en los duros glúteos de ella, los gemidos de mi esposa se hicieron más intensos y comenzó a murmurar cosas ininteligibles.     Mi pene estaba duro como palo, pero cómo ya me había corrido dos veces, podía controlar mucho mejor mis impulsos y no me iba a volver a correr, por lo menos no por ahora.

 

 

Nidia gritaba diciéndole lo bien que se sentía, pero él no respondía nada solo gruñía mientras la follaba con todas sus fuerzas, pensé que esto iba a terminar muy pronto.     Me sorprendí cuando él con una cierta premura le dijo:

—¡Gírate! …

De seguro ya había salido de su culo.     Nidia rápida y ansiosa hizo lo que él le había pedido y pude imaginar el resto siguiendo la conversación de ambos, hubo muchos crujidos de la cama mientras se acomodaban el uno al otro, luego mi esposa dijo en entrecortados gemidos.

—¡Ooohh, ssiii! … ¡Me encanta cuando me levantan las piernas! … ¡No te detengas! … ¡Dámelo duro! … ¡Que rico se siente tu polla en mí! … ¡Umpf! … ¡Ssiii! …

Imagine a Joel tirando de sus largas piernas para ponerlas en sus hombros y penetrar su coño jugoso y apretado profundamente.     Nidia trataba de hablar entre lamentos, gemidos y gruñidos:

—¡Mira! … ¡Mira como tu polla hincha mi vientre! … ¡Se siente tan bien! …

Su voz era temblorosa y a veces daba agudos chillidos.     Joel respondió con su voz ronca:

—¡A mi también me gusta así! … ¡Voy a follarte hasta que salga humo de tu zorra caliente de puta! …

Unos chillidos indicaban que Nidia se estaba divirtiendo.     A ella le encantaba que de tanto en tanto la llamaran “puta”, le parecía cachondo que la compararan con una pro y que la usaran como tal.     Joel sabía que ella estaba casada y que desde un principio ella lo había excitado y finalmente seducido.     A los ojos de él era una puta caliente, eso yo ya lo sabía cuando me casé con ella.     Me había regalado más de quince años de feliz matrimonio, me había dado un hijo y ahora quería otro.     Recién ahora me recordé que Nidia quería quedar embarazada y me pregunté si él la estaba follando con condón o sin protección.     Tampoco lo habíamos platicado ella y yo.     Pero ella quería quedar a todo costo preñada.   ¡Oh, no!   Rápidamente me vestí.     Tenía que detener esto.   Pero ¿cómo?

 

 

Acerqué mi celular a mí oído mientras subía la cremallera de mis jeans, me costo un poco y casi agarro mi prepucio con el cierre metálico, escuché claramente a Nidia que gritaba.

—¡No! … ¡No te detengas! … ¡Házmelo así rico! … ¡Dámelo todito! … ¡Más! … ¡Más fuerte! … ¡Ssiii! … ¡Assssiii! … ¡Umpf! … ¡Aahhh! … ¡Aaahhh! … ¡Eyacula dentro de mí! … ¡Dámela! … ¡Dámela toda tu lechita! …

¡Carajo!  Joel está acabando dentro de mi esposa.     Agarré la remera mojada con mi esperma y sin importarme nada me la puse y corrí con las llaves de mi SUV en la mano.    Tenía que detenerlos, ¡Oh, Dios!  ¡Estas castigándome por caliente!  Dije mientras encendía raudo el motor de mi vehículo y partía a toda velocidad por las calles de la capital hacia la autopista.

 

 

Creo que me pasé un par de luces rojas, pero aquí estaba ya en la carretera adelantando a todos los vehículos que iban delante de mí.    Mi celular automáticamente se había conectado al Bluetooh de mi SUV y percibía a través del sistema de sonido, los ruidos que había en el departamento de Nidia.     Se habían sosegado ambos y podía escuchar sus respiraciones agitadas.      Había disfrutado escuchándolos follar, pero ahora estaba preocupado.     Estaba seguro de que ella se había corrido junto a él.      Apreté el acelerador con cierta rabia.     Joel había inundado con sus espermatozoos la matriz de mi esposa y estos millones de bichitos ya nadaban en sus fluidos hacia su ovulo moviendo sus colitas alegremente.   ¡Demonios!  ¡Mierda!  ¡Que carajo!

 

 

Quería darme con una piedra en el pecho, la culpa era mía, ¿Por qué no la embaracé antes de que sucediera esto?  ¿Por qué no me operé antes?  ¿Por qué no eché una caja de esos condones que compro para mi hijo en su cartera?    Podría recriminarme durante todo el centenar de kilómetros que tenía por delante, pero esto no iba a solucionar el problema que yo había creado.     Todavía escuchaba los suspiros y gemidos apagados de ambos y Nidia dijo:

—¡Uhm! … Todavía la tienes durita …

—Sí … porque no me la chupas un poco y luego mueves tu trasero encima de mí … te toca a ti ahora follarme como una verdadera puta si quieres que me corra dentro de ti …

—¡Oh, si! … ¡Quiero que te vuelvas a correr en mí! …

¡Demonios, no!  ¿Por qué no tendré uno de esos cohetes de mi Villano favorito para llegar al instante?  ¡Dios, dame alas!   ¡Debo llegar antes que él la deje preñada!     Se aprontaban para seguir follando mientras yo volaba sobre el asfalto de la autopista con los nervios de punta.     Por lo menos mi pene había entrado en catalepsia y ni siquiera se movía escuchando los gemidos y suspiros de mi mujer mientras chupeteaba la verga de Joel.

—¡Ya, bebé! … ¡Estoy listo para ti! … —Dijo Joel.

—¡Uhm! … ¡Prepara tu polla! … —Respondió Nidia gozosa.

Los gemidos de mi mujer y los ruidos de la cama me hicieron imaginar levantándose y montándolo a horcajadas, luego como solía hacer conmigo, debe haber aferrado su polla para guiarla a su pequeño agujerito vaginal.     Los crujidos de la cama me indicaron cuando ella comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo, follándose a sí misma con la poderosa polla de él.     Joel dijo en un gruñido:

—¡Qué hermosas son tus tetas! … ¡Eres la puta más hermosa que me he follado! …

Los gemidos de Nidia me decían que él le estaba magreando los senos, tal vez pellizcando sus pezones también.     Comencé a ponerme más nervioso, me faltaban todavía algunos kilómetros para llegar.     Los chirridos de la cama aumentaron y la voz de Joel se sintió estridente:

—¡Oh! … ¡Maldita zorra! … ¡Vas a hacer que me corra! …

Escuché todos los sonidos del coito de mi mujer con Joel, mientras bajaba por el sinuoso camino de Agua Santa, escuché los gruñidos de él que se corría en el útero de mi amada esposa.    Otra lluvia de millones de espermatozoos dentro de su vientre.      Esto se pone de mal en peor, pensé.      Abrí un poco la ventanilla y me pareció percibir el olor a esperma, pero no, era solo el característico olor a océano.    Estaba entrando a Viña del mar.     No había nuevos ruidos ni rumores en el teléfono, pero ella no lo había apagado, seguíamos conectados.     Estacioné, descendí del auto y subí al departamento de Nidia a grandes zancadas, abrí con mi llave y esperé sorprender a los amantes en la amplia cama de ella.     Pero no había nadie más que ella.

 

 

 

Nidia dormía con una sonrisa en su angelical rostro, sus piernas abiertas, una estirada y la otra doblada, de su coño lampiño todavía salía una hebra líquida del semen de Joel.     ¡Carajo!  ¡La preñó! Pensé sentándome delicadamente en la cama.     Con la yema de mi dedo índice toqué unos de sus labios gruesos ligeramente arrugado y pegoteado de esperma.     Cuando mi mano se posó en su muslo ella abrió sus ojos y se sentó sorprendida en la cama.

—¿Tu? … ¿Qué haces aquí? …

—Vine a colgar tu teléfono … ya que tu todavía no cuelgas …

Le dije sonriendo. Levantó sus brazos haciendo un arco con su espalda, sus tetas florecieron duras ante mis ojos con sus pezones apuntándome inquisitivamente.     Bostezo teatralmente, luego me dijo:

—Lo hice … Lo hice, amor …

—Eso ya lo sé … ¿Usaste algún preservativo? …

—¿Condón? …

—Sí …

—Por supuesto que no … sabes que odio esas cosas … además, me provocan alergia …

—¿Y si te embarazas? …

—¡Ay, tesoro! … las mujeres tenemos periodo fértiles y no fértiles … se da el caso que hace solo dos días que terminó mi periodo … sabes que tengo muy poco sangrado … pero estoy en un periodo en que no soy fértil … me estoy guardando para ti … tu tienes que embarazarme …

—¡Oh! … eso me tranquiliza …

—A mí no … porque hemos hecho el amor varias veces en mi periodo fértil y no me has embarazado … yo quiero que me embaraces, tesoro …

—No me culpes amorcito … recuerda que el doctor dijo que pasaría un tiempo antes de que volviera todo a la normalidad … incluso meses, ¿recuerdas? …

—Tal vez tengas razón … pero quiero que él me lo vuelva a decir … volveré a pedirte una hora con él …

—¿Otra vez al urólogo? …

—Así es … necesitamos saber en que condiciones estás …

—¡Uhm! …

No quise rebatirle nada.     Esperaba que no me obligara a visitar al Doc muy pronto.     Pero su coño mojado y lleno de esperma de otro hombre era como un imán para mí.     Mi mano fue atraída inexorablemente por ese poder magnético y rocé su estrecha conchita empapada.

—¡Hey! … espera … tengo que lavarme …

—Para qué malgastar agua si yo puedo limpiarte …

—¡Uhmmmm! … ¿y cómo lo vas a hacer? …

—Prepárate … ahora te mostraré …

Metí dos de mis dedos en su panocha jugosa y luego me los llevé a la boca, volví a repetir la acción y le ofrecí mis dedos a sus labios, prontamente se enderezó sobre sus codos y lamió mis dedos con su lengua y luego chupeteó mis dedos, sonriendo me dijo:

—¡Mmmmm! … Sabe bien …

—Acuéstate y abre tus piernas …

Me desnudé como un rayo, mi polla estaba semi dura, pero ganando sustancia a medida que pasaban los segundos.     Me metí boca abajo entre sus piernas, Nidia adivinó mis acciones y abrió sus piernas ampliamente dándome libre acceso a su coño pelón.     Luego me acerqué hipnotizado y hechizado por el aroma y la temperatura, cuando puse mi lengua sobre su clítoris, ella dio un chillido y apretó mis mejillas con sus muslos, haciendo que los fluidos de su coño afloraran como en una vertiente, rápidamente sorbeteé todo lo que pude.    Volvió a abrir sus piernas y puso su mano sobre mis cabellos, acariciando mi cabeza mientras mi lengua recorría el surco densamente mojado de su conchita.

 

 

Estaba sintiendo el sabor de esperma del amante de Nidia, ni en mis sueños más depravados y locos me imaginé que un día sacaría con la punta de mi lengua la esperma fresca del amante de mi mujer directamente de su panocha.

—Amor … ¿Quieres que vaya a lavarme? …

—No … amo tu coño … y me pertenece … esté como esté …

—¡Oh! … Eres tan dulce, cariño …

—Y te prometo que este coño tuyo quedará embarazado … te lo prometo …

 

 

(Fin ???)

 

P.D. Escribí este capitulo a petición de un par de lectores.  Por favor háganme saber si quieren que esta historia continúe.

 

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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias.  Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

 

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Cachorros de Labrador.
Necro y pedo?

Nadie le ha dado "Me Gusta". 隆S茅 el primero!