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Haciendo nuevos socios para el Club

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En una de nuestras visitas al “Club de intercambio familiar” (ya conocido por mis anteriores relatos), habíamos conocido a un matrimonio que había ido con una invitación especial que se les da a las familias cuando quieren ir a conocer el Club, al que pueden acudir primero sin sus hijos, si quieren, para ver cómo está todo y si les interesa hacerse socios luego toda la familia.

En este caso, este matrimonio se lo pasó genial, acabaron encantados con todo lo que allí vieron y disfrutaron, mostrando su deseo de repetir ya con sus hijos incluidos, como socios de pleno derecho, pero nos habían confesado que sus hijos eran bastante tímidos, ya que sólo habían tenido intimidad con ellos y que no sabían cómo reaccionarían al llevarles a un lugar lleno de desconocidos para este tipo de intercambio, por lo que nos invitaron para ir unos días a su casa, para ver como podíamos encauzar la situación con ellos, dándoles más confianza aprovechando nuestra experiencia en estos temas.

Cuando tuvimos unos días libres nos presentamos en su casa y nos recibieron encantados e ilusionados por conseguir sus propósitos. Nos presentaron a su hijo, que era el mayor, y a sus dos hijas. El crío era muy guapo y las nenas especialmente preciosas con esa edad que tenía, siendo la mayor más morena y la pequeña muy rubia y blanca de piel.

Durante la comida, les fuimos sondeando que les parecería ir a un lugar donde podrían pasarlo tan bien y conocer a mucha gente, pero ellos no hablaban mucho y parecían un poco reacios a todo eso como nos habían contado sus padres, pero durante la comida, sus padres les habían dejado beber un poco de vino y parecía que les iba haciendo su efecto.

Después de comer, ya más relajados en el sofá, la madre de los niños le pidió a la mayor que nos hiciera un desfile con una lencería nueva que le había comprado para que la luciera con nosotros y le diéramos nuestra opinión. Como la costaba decidirse, yo le dije que también tenía hijos como ellos, que nos hacían desfiles también para nuestros amigos y que se lo pasaban muy bien, accediendo al final y deleitándonos con su bello cuerpo mostrándose con un sujetador que realzaba sus preciosos pechos y con el tanga a juego que la hacía irresistible.

A la vez que nosotros la aplaudíamos, ella se fue animando más, lo que aprovechó mi marido para ponerla frente a él acariciando sus nalgas, sus muslos y continuando por todo su cuerpo. El ambiente creado con la música, la luz, los aplausos animándola y el vino hacían que ella se dejara hacer y hasta se dejara bajar el tanga, para que la mano de mi marido la acariciara la rajita, rodeada de un fino vello, mientras miraba a su madre como esperando su aprobación, pero ella la animaba a dejarse llevar y que disfrutara de la situación.

A causa de todo eso, la cría ya se había puesto cachonda, notando mi marido como estaba toda mojada y como se le abría la vagina al paso de sus dedos, diciéndole:

—Oye, tu esto lo tienes muy abierto ya.

Diciendo su madre:

—Claro, porque su padre le da bien y vaya si la gusta.

—Ya veo, es que lo tiene muy rico, déjame probártelo un poco.

Poniendo su vagina a la altura de su cara, empezó a recorrerla con la lengua de arriba abajo, sacando los primeros gemidos de placer de la niña, ya abandonada al placer que estaba sintiendo. El flujo brotaba sin parar de su coño y mi marido lo lamía excitadísimo mostrando una espléndida erección, lo que había aprovechado su madre para animar a su hija pequeña a tener en su mano esa polla que tanto miraba en todo su esplendor.

Sin poder aguantar más, la sentó sobre él y su pene se introdujo fácilmente en su coño, provocando una exclamación de mi marido:

—¡Bufff!, qué bueno es esto, que caliente lo tienes, preciosa.

La niña ya sabía bien como moverse y el placer que iba sintiendo mi marido iba en aumento hasta que no pudo más y su semen salió disparado con fuerza dentro del coño de la hija mayor de nuestra anfitriona que ya nos había advertido que podía correrse sin problema dentro de ella, porque la daba pastillas para no tener sustos en las relaciones.

Ahora su hija también había disfrutado de su primer orgasmo con otro hombre que no fuera su padre, y de seguro que esa excitación extra había provocado que fuera más fuerte de lo habitual.

Cuando terminó, su hermana pequeña que no se había separado de ella, miraba con curiosidad la polla de mi marido, masajeándola con la mano como buscando que alcanzara nuevamente la dureza que tenía, diciéndole su madre:

—Anda cariño, haz lo que haces con la de tu padre cuando se queda así después de metérsela a tu hermana.

Y sorprendiéndonos a todos, se la metió en la boca, chupándola con tantas ganas que rápidamente la erección de mi marido era ya tan fuerte como antes, o más incluso, ante nuestra sonrisa de asombro. Ella se había colocado en el sofá, mirándole con sus hermosos y pícaros ojos, mientras lamía su pene, mostrándose con las piernas abiertas, para que mi marido le acariciara su suave vagina sin pelos y más cerrada que la de su hermana, pero que igualmente se mojó fácilmente con los dedos masajeándola.

Mientras veíamos toda la escena, yo tenía a su hijo a mi lado y mi mano ya había empezado a masturbar su pene, de buen tamaño para su edad, lo que haría las delicias de muchas de las socias del club, como le comenté a su madre que asentía riéndose. Antes de que llegara a correrse quise saborearlo y disfrutar de él en mi boca para hacerle correrse en ella y saborear el exquisito semen de un chico de su edad.

Casi al mismo tiempo que empezaba a sentir su semen en mi boca, su hermana también había hecho correrse a mi marido con sus morbosas lamidas, en lo que parecía ya una experta, por lo que se notaba que llevaba tiempo haciéndolo.

Mi marido preguntó a sus padres si todavía era virgen, a lo que contestó su padre diciéndole no había querido hacérselo todavía por su edad, pero que en cambio, si la había penetrado un poco por el culo, al igual que a su hermana, pero como mi marido ya necesitaba un tiempo para recuperarse, le dedico otra lamida de coño como a su hermana mayor, para que tuviera su orgasmo igualmente, en agradecimiento a la mamada que le había hecho la cría.

 La suavidad y ternura de su vagina hizo las delicias de mi marido que saboreaba cada pasada con la lengua que se introducía dentro de ella arrancando gritos de placer de la preciosidad rubia que había conseguido darle tanto placer con un morbo natural que volvería loco a cualquier hombre, hasta que finalmente un chorro de flujo muy líquido se derramó por la cara de él, indicando el orgasmo de la niña.

Sus padres habían estado presenciando toda la escena muy excitados y satisfechos por el resultado que parecía acercarles a su objetivo de ser socios del Club pudiendo llevar a sus hijos también, lo que les facilitaría las cosas para tener contactos con otras familias en sus mismas circunstancias,  y nosotros viendo la experiencia sexual que ya tenían sus hijos, nos sorprendimos de que no hubieran interactuado antes con alguna otra familia, preguntándoles  también, como habían empezado a tener sexo con ellos en su casa, diciéndonos la madre:

—Pues verás, nosotros siempre practicamos el nudismo, y en verano en las playas también. Quizás eso ayudo un poco a que ellos fueran viendo normales ciertas cosas y que hubiera una mayor intimidad sexual entre nosotros. Supongo que conoceréis más casos así. Nosotros, haciendo nudismo, conocimos algunas familias que tenían esa intimidad, pero nunca llegamos a tener la suficiente confianza con ninguna para llegar a juntarnos de esa manera, y los críos tampoco querían estar con nadie que no fuéramos nosotros. También es que eran más pequeños y no era el momento, no sé.

—Ya te entiendo. Bueno, ya viste como tus hijos se soltaron muy bien con nosotros…. Mira, le edad tampoco es inconveniente para eso, porque hay de todo. Depende un poco de como sean ellos y de cómo se abran a los demás. Yo he visto de todo ya —la dije yo..

—Sí, la verdad es que estoy sorprendida, pero vosotros tenéis mucha experiencia en estos temas y sabéis como llevarlos, y ellos han estado encantados. Espero que con esto se vayan animando y quieran venir al Club con nosotros.

Durante la charla, les llamó por teléfono un amigo, que les dijo que se iba a pasar por allí, porque quería conocernos, y ellos nos explicaron que era un señor mayor que era muy agradable, y con experiencia en el mundo liberal, por lo que tenía muchas cosas que contar que nos encantarían.

Cuando llegó, sus amigos le contaron lo que había pasado con sus hijos esa tarde, mostrando su asombro y un poco de enfado también:

—Qué suerte habéis tenido —dirigiéndose a nosotros—. Llevo tiempo pidiéndoles a sus padres estar con las nenas y no había forma. Siempre se negaban.

Diciéndole nuestra amiga:

—No te preocupes, ahora ya podrás estar con ellas, si quieren. Antes no estaban preparadas y teníamos que irlas acostumbrando para poder llevarlas al Club.

—Sí, sí, vaya club, tampoco me quisisteis llevar allí el día que fuisteis, jaja.

—Ya te dijimos que solo teníamos la invitación para nosotros —le aclaró la mujer.

Interviniendo yo:

—Si quieres ir, es fácil, llevas a tu familia y todo solucionado.

—Ya, pero mi mujer y yo no tuvimos hijos y ese es el problema, aunque yo también intento tener mis “clubs privados”, jaja.

—¿Y cómo es eso?

—A nuestro amigo le encantan las nenas, por eso siempre anduvo detrás de las nuestras; que os cuente lo de las rusas que tiene alquiladas en su casa —comentó la madre de las niñas.

Empezando ese hombre a contar….:

—Bueno, es una mujer rusa que tengo de alquiler en un piso, que tiene tres hijas, y como muchas veces no tiene para pagarme la renta, ya os podéis imaginar cómo me paga.

—¡Ah, ya!, ya veo el club que tienes allí montado, jaja —le dijo mi marido.

—Sí, primero empecé con la madre y como las nenas siempre andaban por allí, llegué a un acuerdo con ella, y ahora casi que tengo que pagarla yo a ella, porque me paso el día allí, jaja. Esta mujer se marchó de Rusia, porque su marido alquilaba a las nenas para que les hicieran fotos y esas cosas que tanto hacen por allí, y se quedaba con todo el dinero, así que ella se cansó y lo abandonó, viniéndose aquí con las crías.

—Pues ahora aquí es ella la que hace algo parecido con ellas, ¿no? —le dije yo.

—Si, por necesidad, hasta que tenga un trabajo estable para poder pagarme la renta todos los meses, pero yo ya le dije que si no fuera por mi mujer, estaría viviendo con ellas. Ya sabes que hay muchos hombres encantados de ayudar a madres solteras con hijas a cambio de una maravillosa vida familiar que muchos hombres envidiarían.

—Pues menos mal que te desahogas allí, porque ya me di cuenta de cómo metes mano a las mías cuando vienes a casa —le recriminó nuestra amiga.

—Bueno, mujer, es que son una tentación irresistible.

Mientras la madre de las niñas acababa de preparar la cena, me quedé yo sola hablando con su amigo, que me fue contando más confidencias, al comentarle yo:

—Sus hijas son muy guapas, pero el chico es una delicia también.

—Sí, que te lo cuente mi mujer, que se lo llevé una vez de regalo de cumpleaños sin que su madre se enterara y no veas como disfrutó con él.

—¿No me digas? Jaja, vaya plan que os tenéis montado aquí, y su madre pensando que no había estado con nadie más que ella.

—Es que ya sabes, no tuvimos hijos y mi mujer se pone mala cuando la cuentan otras madres, y la pobre también tiene derecho. Yo la quiero mucho y ella también es muy comprensiva conmigo, así que es lo menos que podía hacer por ella.

— Pues sí, tienes razón, me parece muy bien.

—Yo también disfruté mucho mirando como jugaba con él, además como el chico ya tiene experiencia con su madre, la hizo gozar mucho. Para él era su primera vez también con otra mujer distinta de su madre y estaba muy excitado. Para mí fue maravilloso verlos mientras me masturbaba.

—¿Sólo te masturbaste? ¿No participaste tú también?

—Sí, al final me uní a ellos, jaja. Es que no te conté todo, porque no lo saben tampoco sus padres. El niño practica natación desde siempre y algunas veces le llevo yo y le traigo de los entrenamientos, por lo empezó a contarme que su madre le metía en la cama y que disfrutaba mucho con ella. Fíjate tú, un crío de esa edad diciéndome esas cosas….

—¿Te sorprendió mucho?

—Un poco sí, porque no me lo esperaba, pero empecé a imaginarme que el padre haría lo mismo con las nenas, y ¡uuufff!, ya me puse…. Y entonces, empecé a tocar al chaval y a masturbarle, haciendo él lo mismo conmigo, hasta que me hacía unas buenas mamadas, algo que le había enseñado su padre también.

—Ya veo…. Y sus padres sin saber nada, jeje.

—Es que a mí las que me apetecían eran las crías. Ellos dicen que no se querían ir con nadie, pero la verdad es que las tienen muy protegidas y no me dejan ni pasarles la mano, jaja.

—Bueno, ahora las cosas van a cambiar, según parece.

—A ver si es verdad. Ya estoy deseando disfrutarlas a las dos, y follarlas bien folladas a estas edades tan ricas.

—¿Y a ti cuando te vino el gusto por estas cosas?

—Bueno, lo mío viene ya de hace mucho tiempo, de cuando era pequeño. Yo tenía una hermana mayor y una vez oí como si estuviera llorando por la noche en su habitación. Me levanté a mirar y al abrir un poco la puerta, vi a mi padre encima de ella haciéndola gemir como una loca. Como comprenderás, casi me caigo del susto, pero me quedé a mirar sin que lo supieran y acabé con el pijama todo mojado de la eyaculación que tuve.

—Sí, esas cosas pasan bastante. A mí también me pasó eso mismo de tu hermana, con mi padre, como a tantas otras. Ya lo habrás oído tú también

—Si claro, ya sé que es normal en muchos sitios, pero a mi edad yo no sabía nada de eso, claro, y me aficioné a ir a mirar cuando sabía que mi padre la visitaba de noche, que eran unos días fijos de la semana, no sé por qué. El caso es que uno de los días en que mi padre no la visitaba, fui a su habitación y me metí en la cama con ella. Mi hermana se llevó un buen susto preguntándome:

“—¿Qué haces tú aquí?

—Ya sé qué papá viene a verte por las noches y veo como lo hacéis.

—Así que nos andas espiando. ¿Tú crees que mamá lo sabe también?

—No sé, pero si no quieres que se lo diga, tienes que dejarte conmigo igual.

—Bueno, ¿qué quieres hacer?

—Todo lo que hace papá. Nunca se la metí a ninguna chica y no sé cómo se siente.

—Se siente muy rico, pero tú todavía eres un crío y papá tiene la verga mucho más grande que la tuya.

—Mira que dura se me puso, seguro que te da gusto si te la meto.

—A ver, ponte encima como papá y métemela.”

               Después de contarme esa morbosa secuencia con su hermana, siguió diciéndome:

—Y vaya si se la metí, me puse a follarla como había visto hacerlo a mi padre y ella empezó a gemir igual que hacía con él, apretándome el culo con sus manos para que no me saliera de ella hasta que me corrí dentro de su coño y cuando la saqué y la vi toda manchada de semen, por lo que la pregunté a mi hermana:

“—¿Ahora te vas a quedar preñada?

—No, no te preocupes, papá me da pastillas para poder correrse dentro.

—¡Ah!, menos mal, es que no pude aguantarme.

—Es normal, era tu primera vez. Los chicos se corren enseguida, pero papá aguanta mucho.

—¿Lo hiciste con otros chicos también?

—Sí, con algunos más, pero con papá me gusta mucho más.

—Porqué la tiene más gorda, ¿no?

—Sí, y porque me lo hace mejor.”

               Y así, este amigo de la familia, siguió contándome más cosas de su vida:

—Después de eso, seguí haciéndolo con ella más noches, pero una vez nos pilló nuestro padre y me echó de allí diciéndome que me fuera a la cama con mi madre, que me estaba esperando. Ya te puedes imaginar cómo me quedé yo, no me creía lo que me estaba diciendo, pero cuando llegue a la puerta de la habitación, mi madre me llamó, apartó las sábanas y me estaba esperando con las piernas abiertas enseñándome el primer coño de mujer mayor que yo había visto. Me quedé hipnotizado mirándolo, todo tan carnoso, abierto, rojizo y brillante por lo mojado que lo tenía. Ella me agarró la cabeza y se la puso entre las piernas indicándome que se lo lamiera y eso fue tan maravilloso que acabé borracho con su néctar y su olor. Y ya medio mareado, ella me acomodó encima suyo para que mi pene entrara en su vagina, en la que sentía que ella me movía a su antojo, sobre todo frotándolo contra su clítoris, porque mi pequeño pene se perdía en la inmensidad de su peludo coño, pero me di cuenta de que le había proporcionado mi primer orgasmo a mi madre, de lo que me sentí muy orgulloso y a partir de eso supe que podría hacer gozar a cualquier mujer, a pesar de mi corta edad.

Yo había estado escuchando entusiasmada su historia, pero nos dijeron que la cena estaba en la mesa y tuvimos que dejar, de momento, nuestra interesante conversación.

Ya en la mesa, el ambiente fue subiendo de tono, y nuestro nuevo amigo no desaprovechó la oportunidad de jugar con las nenas sin ningún impedimento por parte de sus padres, viendo como tenían más tiempo las manos debajo de la mesa que encima, agarrando las pollas de los que tenían al lado, mientras dejaban abiertas sus piernas para que las manos de nuestro amigo disfrutaran de esos coños que tanto había deseado.

Al terminar la cena, la calentura de todos nosotros era evidente, y el amigo de la familia aprovechó la ocasión para pedir permiso a los padres de las nenas para meterse en una habitación con ellas, contestándole su madre:

—Con la mayor si puedes ir, pero con la pequeña aquí delante de todos, que no me fío de ti —dijo la madre, provocando las risas de todos nosotros.

—Bueno, pues entonces me quedaré aquí con las dos, porque no quiero perderme el poder disfrutar de ellas.

Eso fue mucho mejor para todos, porque así pudimos ver el espectáculo que se montó con ellas, demostrando su experiencia en tratarlas en parejas. Así que mientras una se ocupaba de su polla, él podía comerle el coño a la otra, acariciando a las dos, intercambiando las posiciones y entrelazándose sus cuerpos en un disfrute de todos con todos. En una de estas posiciones, la hermana mayor estaba sentada sobre él con la polla metida en su coño y su hermana se había puesto sentada delante de ella entregada a las caricias, besos y lamidas de nuestro afortunado amigo, que las manejaba a su antojo, y en un hábil movimiento rápido, sacó su polla del coño de la mayor para metérsela a la que tenía delante, provocando su quejido, lo que nos hizo darnos cuenta de que la hija pequeña de nuestros amigos había dejado de ser virgen, para disgusto de sus padres, pero enseguida se les pasó al ver como gozaba la pequeña de su nueva experiencia, haciendo correrse a nuestro amigo de una forma que no parecía tener fin, con una agitada respiración que ponía a prueba su maduro corazón.

Una vez cumplida nuestra misión con esa familia, llegó la hora de la despedida, dejando a nuestros amigos satisfechos, porque ahora podría llevar a sus hijos al club y disfrutar todos juntos de nuevas experiencias y el amigo de la familia también nos dijo que trataría de convencer a la madre de las rusas, para que se las dejara llevar al club con su mujer y poder también visitar ese paraíso que tanto deseaba, consiguiendo de esta forma nuevos socios para el Club y cumplido nuestro objetivo.

Titán y mi mujer.
Invitado al Club de Intercambioo Familiar

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