Adolescentes Curiosidades Incesto Jóvenes Raro Sexo con Maduros

La nena con tetas colgadas

1
Please log in or register to do it.

Cuando yo llegué a ese pueblo por primera vez, tenía apenas 25 años. Yo era parte de una comitiva gubernamental para realizar proyectos de apoyo en el campo, como viviendas, salud, educación y caminos, entre otras cosas. Era una comunidad muy pequeña, rodeada de campo y apenas habitada con unas 25 familias.

Mi trabajo consistía básicamente en apoyar a los dos doctores titulares, una ginecóloga y un médico general. Siendo yo recién egresado de la universidad, tenía muy poca experiencia, pero en realidad no era nada complicado, puesto que la mayoría de los casos se trataban de resfríos, heridas leves y revisiones generales. Así que muchas veces los doctores principales me dejaban a cargo de la posta sanitaria. Fue ahí donde conocí a Diana.

Diana era una niña de 10 años, y no se la veía muy seguido, porque ella y su familia trabajaban muy adentrados en el campo y solo salían una o dos veces por semana a la comunidad o a la población siguiente para vender su producción, comprar víveres en el pueblo o por alguna emergencia médica.

Justamente, ese día yo me encontraba solo en la posta sanitaria. Yo había demostrado ser bastante confiable en mi trabajo y también competente supongo, por lo que, el que me dejaran solo, se iba convirtiendo en una situación cada vez más y más frecuente.

Yo estaba, como muchas veces, sentado en la parte trasera del recinto, escuchando la radio y leyendo un libro. Y entonces, al escuchar que ingresaba alguien a la posta, salí a ver quién era y me encontré con la pequeña Diana y su tía. Me saludaron y dijeron que la doctora las había citado, igual que a la mayoría de las personas de la comunidad, para hacerles una revisión médica, pero el caso era, que ellas y el resto de su familia no habían podido asistir a la cita médica antes por falta de tiempo, pero ahora sí.

Ya que la doctora estaba con permiso, les pregunté si les importaría que yo haga el examen médico, y ambas se mostraron muy de acuerdo, sin ningún inconveniente. Revisé primero a la tía de Diana, no encontré complicaciones, excepto por un pequeño sarpullido en uno de sus brazos, para lo cual le di una crema.

Entonces llegó el turno de Diana, y aunque era muy tímida, hizo caso a todo lo que yo le pedía, desde las muestras de sangre, hasta cuando le pedí que se desnudara. Yo esperaba que se quitara solamente la ropa interior para revisarla, pero la niña se desnudó completamente. Iba a decirle que eso no era necesario, pero no pude hacerlo. Al girarme para hablarle no pude evitar hipnotizarme por un momento con su bello cuerpo de niña, y dejé que terminara de quitarse todo. Veía esas delgadas piernas color canela, una pequeña vagina sin nada de vello y nalgas pequeñas pero muy bien formadas. Pero lo que me dejó más impresionado, fue que, aunque ella era aún muy niña, apenas 10 años, llevaba puesto un sostén, y cuando se despojó de él, dejo caer unas no muy grandes, pero sí flácidas y caídas tetitas de pezones morados. Yo había visto ese tipo de tetas colgadas y vaciadas en otras mujeres, pero jamás en una niña…era algo muy inusual.

No pude evitar excitarme ante semejante visión, pero continué con la revisión médica como si no pasara nada. Me acerqué a ella, la ausculté y aproveché para tener esas tetas más cerca. Los pechos de esa niña, aunque eran de tamaño mediano, yendo a pequeño, eran muy grandes para una pequeña de esa edad. No eran muy abultados ni redondos, más bien, flácidos y bastante caídos, como dos bolsas medio llenas que se arrugaron un poco y casi se aplanaban cuando la recosté de espaldas. La toqué por todas partes “revisándola” y en un acto completamente morboso, la hice poner de cuatro patas, para “revisar” algo en su trasero y ver cómo le colgaban las tetas en esa posición, y se veían maravillosas colgando del delgado torso de Diana. Luego de hacer todas las revisiones de rutina con una media erección soltando jugos dentro de mi pantalón, revisé su vagina y noté que ya no era virgen. Ahí comencé a sospechar que quizá esto tuviera algo que ver también con sus tetas tan desarrolladas.

Finalmente le dije que se vistiera y le regalé un bombón de chocolate, como casi siempre hacía con mis pacientes. Llamé a su tía y mientras la niña estaba en el baño, le pregunté, con mi mejor cara de médico serio, sobre los pechos de Diana, que eran algo no tan común. Y por supuesto, su tía sabía muy bien que eso no era normal, así que me comentó en confidencia, que la niña había sido desflorada por su padre, con quien tuvo relaciones sexuales desde los 6 o 7 años, pero que a los 9, le vino su primer periodo y terminó embarazada. Para evitar que todo esto se supiera en la comunidad, Diana había llevado en secreto el embarazo hasta casi su término, pero el niño nació prematuro a los casi 7 meses. En cuanto al padre de Diana, cuando la familia supo lo que hacía con su hija, escapó y no lo volvieron a ver desde entonces.

Entre las secuelas de aquélla relación incestuosa, quedó un niño, que ahora la tía de Diana criaba como suyo. Y también el prematuro crecimiento de las tetas de Diana, que luego de crecer e hincharse bastante con el embarazo y la lactancia, nunca retornaron a su forma original.

Siendo un morboso degenerado como soy, pese a los sucesos que me narraba la tía de Diana, yo solo pensaba en sus deliciosas tetas flácidas y me imaginaba a esa bella niña siendo cogida. Pensaba que, con algo de suerte, tendría también la oportunidad de tener sexo con ella.

Le dije a la tía de Diana, que todo estaba muy bien con ella, que el secreto de Diana estaba salvo conmigo y que ambas regresaran en unos días para hacerles un control y recoger los resultados de los laboratorios.

**

Luego de esa tremenda situación con la pequeña Diana, cerré el consultorio y me dirigí a mi vivienda, estaba tan excitado que en lo único que pensaba era en follar y en las tetas colgadas de esa niña.

Yo vivía junto a otros delegados, ingenieros y maestros en un dormitorio alquilado en la casa de un hombre muy amable que era carpintero. El hombre también alquilaba algunas habitaciones modestas, pero bastante cómodas y tenía dos hijas: Jenny y Anna.

Seré muy honesto al decir, que desde que llegué a hospedarme en esa casa, me aproveché de las hijas de mi casero y me las cogí. Yo nunca me consideré feo, pero tampoco demasiado apuesto, siempre estuve entre el promedio de atractivos masculinos, ni mucho, ni poco, pero tanto yo como los otros delegados, parecíamos despertar mucho el interés de las damitas de la comunidad. Muchos de los delegados del proyecto tenían esposas o esposos en casa, pero eso no les impedía follar ocasionalmente con gente de la comunidad o tener romances entre los mismos delegados. En mi caso, siendo parte de la comisión médica, aproveché para follarme a todas las mujeres que pude, incluyendo a las hijas de mi casero.

Jenny tenía 16 y ya había tenido relaciones sexuales antes de conocerme, pero cuando su novio no estaba cerca, yo la follaba por todos los agujeros en mi cuarto o en el de ella. Vale decir que me la cogí la misma noche que llegué a esa casa. A su hermana Anna, de 14 años, la comencé a follar unos días después, cuando me descubrió teniendo sexo con su hermana. Anna tampoco era virgen a los 14, así que comencé a tener sexo con ella sin mucho problema. Con Jenny cogíamos cuando no estaba su novio, pero Anna se metía a mi cuarto casi cada noche para follar o yo me metía a su cuarto y siempre era bien recibido entre sus piernas delgadas de adolescente.

Al volver esa noche del consultorio, me encontraba aún muy caliente por las tetas de la pequeña Diana y aunque la casa estaba llena, no aguanté las ganas y me encerré en mi dormitorio con Anna. Apenas entramos, le levanté la falda, hice a un lado sus bragas y metí mi babeante palo dentro de su deliciosa y caliente vagina. Bajé su corpiño para que sus suaves tetas se bambolearan libres mientras me la cogía. La niña se cubría la boca para no hacer ruido y yo embestía tratando de sentir el fondo de su cavidad vaginal con la cabeza de mi pene. La niña, con los pies en el suelo y la cara apoyada en la cama recibía mi verga jadeando. Y finalmente pude descargar todas mis ansias sexuales llenando su útero de 14 años con mi semen mientras apretaba una de sus tetas con fuerza. Al acabar nos besamos ansiosamente, nos arreglamos la ropa, ella acomodó sus bragas sin limpiarse mi leche y antes de bajar al comedor me besó diciendo: “ésta noche nos vemos”.

Mientras me daba una ducha antes de cenar, escuchaba los ruidos apagados de una pareja teniendo sexo en la habitación de junto. Y yo pensaba en la pequeña Diana.

**

La pequeña Diana y su tía volvieron a mi consultorio luego de unos días. Como médico responsable, revisé el sarpullido de la tía y vi que se encontraba mejor. Pero no podía esperar el momento de estar a solas con Diana, pues aunque no llegara a coger con ella, al menos deseaba verla desnuda de nuevo.

Cuando entramos al consultorio, la niña estaba un poco más conversadora, me comentaba sobre unas vertientes y a riachuelos cerca a su casa donde a ella le gustaba ir y yo le decía que me encantaría conocer esos lugares. Mientras hablaba, ella se desnudó sin que se lo pidiera y finalmente pude ver nuevamente sus preciosas tetitas. Ya las había visto antes, pero fue como una visión nueva, mi cerebro tardaba en asociar ese delgado torso de niña, esos pequeños labios vaginales sin pelo y esa infantil cara con enormes pestañas, con esas flácidas y colgadas tetas caídas que yo deseaba manosear y succionar más que otra cosa.

Mientras la niña estaba sentada desnuda sobre la camilla, yo aprovechaba para auscultarla y disimuladamente rozaba sus tetas con mi mano. Como ella no decía nada, solo continuaba preguntándome sobre mi casa y si existían muchos árboles por allí, aproveché para dar un paso y apoyar mi erección en su piernita. Ella claramente la sintió, vio hacia mi pelvis, luego me miró a la cara y sonrió curiosa y burlonamente. Yo solo dije: “perdona, no le digas a nadie, se paró sin querer”. La niña asintió, terminé la revisión y le dije que se vistiera.

Antes de que se fueran, hablé con su tía y le dije que en los próximos días haríamos tests cognitivos a los niños y sería bueno que trajera a Diana también cuando pudiese. Lo de los tests era muy cierto, pero aun así era la excusa perfecta para ver a la niña de nuevo.

Yo sabía que la pequeña Diana era buena guardando secretos, yo estaba muy consciente de que había guardado el secreto de su padre por mucho tiempo y también el de su embarazo, así que yo estaba tranquilo con haberle apoyado mi verga dura ese día.

**

Cuando Diana fue con su tía al consultorio nuevamente, las recibió la doctora y aunque trató de hacerle el test a Diana, la pequeña quería que yo la atendiera, así que, aunque era mi día libre, me llamaron y fui al consultorio, entré al cuarto de pruebas con Diana y le hice los exámenes correspondientes. Era claro que ella se sentía cómoda conmigo, puesto que al entrar a la pieza, me preguntó si debía desnudarse, yo le dije que no era necesario, pero que si quería podía hacerlo, aunque nadie tenía que saberlo. Ella con una tierna seriedad de niña me dijo: “si usted quiere me desnudo doctor”, yo le asentí aprobando su propuesta. Y sin perder más tiempo, la niña se quitó la faldita amarilla, las bragas, la blusita verde y su sostén. Quedando desnuda ante mí, no pude evitar acariciarla, ya que la niña me invitaba a hacerlo con su desnudez, yo sabía muy bien lo que ella buscaba de mí. Me levanté y me abrí los pantalones diciendo: “yo también quiero estar desnudo”, me saqué la polla, aún medio flácida, frente a ella. Jugábamos un juego arriesgado, ambos deseábamos jugarlo y ambos sabíamos cómo terminaba: con mi polla enterrada en su vagina. Pero era algo que los dos deseábamos sin casi decirnos nada.

La pequeña pidió permiso con la mirada para acercarse a mi pene, y yo tomé su manito y la puse en mi tronco. Al fin había llegado el momento, mientras ella, arrodillada en el suelo subía y bajaba su manito pajeando mi verga, me agaché y comencé a manosear libremente sus tetas, que al estar ella en esa posición medio encorvada, le llegaban casi hasta el ombligo. Era realmente glorioso, chupar sus pezones morados, succionar sus tetas tratando de meterlas enteras dentro de mi boca. Eran extremadamente suaves y pesaban más de lo que yo imaginaba en un principio, las apretaba desesperadamente acomodándome en el sillón para que la niña mamara mi verga, y ahora que Diana tenía mi pene en su boquita, yo estrujaba y estiraba sus tetitas, estaba listo para entrar en ella… pero, sonaron golpes en la puerta, la doctora dijo que nos apresuráramos, que habían llegado más niños. Yo me quedé en blanco, pero logré contestar: “ya casi acabamos”. Diana y yo nos miramos sonriendo, el juego se había iniciado, pero tendríamos que terminarlo después.

Terminamos el examen en menos de 2 minutos, mientras yo le daba todas las respuestas, manoseaba su cuerpito y nos vestíamos. Encendí los ventiladores y puse la cafetera eléctrica para disipar un poco el aroma a sexo.

Llevé a la niña con su tía, esperando poder verla pronto nuevamente, pero Diana fue más lista y rápida que yo. Le preguntó a su tía si yo podía ir a visitarla en casa para que me pueda enseñar las vertientes y riachuelos que tanto le gustaban. Por supuesto, su tía accedió sonriendo y me preguntó si quería ir a almorzar con ellos ese domingo para que conociera a su esposo.

Yo accedí y nos despedimos. Esa noche me cogí a Anna por el culo dos veces pensando en Diana.

**

Ese domingo salí del pueblo cerca a las 10:00 de la mañana para visitar a Diana y sus parientes. Fui siguiendo las indicaciones que me dieron y llevé uno de los autos de la institución, pero descubrí que la casa estaba más cerca de lo que yo pensaba, así que decidí que iría a pie si había una próxima vez. Solo eran unos 25 minutos de caminata.

La niña me recibió con saltos y risas. Me llevó con cada uno de sus parientes para que me conocieran, y orgullosa me presentaba ante ellos como “su doctor”. El tío de Diana, me agradeció por cuidar tan bien de la niña, al igual que su abuela y también conocí a su primo de 19 años, al igual que a su novia y a otra hermana de su padre, y por supuesto, al hijo de Diana, que tenía poco más de un año, pero me lo presentó como “mi primito”.

Como la tía de Diana dijo que aún faltaba más de dos horas para la comida, nos dio permiso de ir a visitar los alrededores. Diana me llevó de la mano a conocer los arroyos que tanto le gustaban, uno estaba a 10 minutos de la casa, rodeado de grandes árboles y formaba una pequeña represa donde apenas el agua llegaba a la rodilla, pero chapoteamos un poco jugando entre las piedras y las plantas que crecían en el agua. Luego me llevó a su lugar favorito, y era realmente hermoso, un pequeño riachuelo de apenas 2 o 3 metros de ancho, con hilos de aguas entrecruzadas apenas suficientes para llegar a los tobillos, todo rodeado de musgo, helechos y muchas mariposas. Me llevó caminando río arriba descalzo por el agua hasta una pequeña cueva donde una pequeña poza poco profunda era iluminada apenas por los pocos rayos de sol que se filtraban y causaban reflejos azules y verdes en el agua y las paredes de la cueva. Diana me miraba emocionada y feliz diciendo: “aquí no nos van a encontrar”. Instintivamente sabía lo que ella buscaba, la llevé de la mano a la orilla de la poza y la desnudé sin demoras. Le pregunté si podría besarla y ella me dijo que sí. La besaba, la acariciaba, metía mi lengua en su boquita y por sobre todo manoseaba esas flácidas tetas de niña que tanto me excitaban. Comencé a chupar su vagina y ella jugaba con sus tetas, estirándolas, apretándolas y hasta metiéndoselas a la boca. Yo ya estaba listo y entre más juegos y manoseos le pregunté graciosa y juguetonamente si podía meterle mi chorizo en su vagina. Ella divertida y burlonamente con su vocecita de niña me contestó riendo: “si, méteme tu chorizo en mi vagina”. Se dio vuelta canturreando “tu chorizo en mi vagina, tu chorizo en mi choriza…a mi choriza le gusta tu chorizo…”y ya de cuatro patas, abrió con las manitos sus nalgas para que se lo metiera. Pese a que ya había sido follada antes, su vaginita parecía todavía bastante estrecha, pero estaba húmeda y brillaba con los reflejos de la cueva. Yo no lo pensé más, tomé mi gordo “chorizo” y pelé bien la cabeza que goteaba líquido pre seminal. Lo puse en la entrada y comencé a introducirlo, aunque la niña era estrecha, mi polla entró hasta el fondo sin problema. La pequeña repetía bajito: “Ay…ay, está entrando, ay…”entre jadeos. Yo pensé que le dolía, así que pregunté si quería que pare, pero como respuesta ella comenzó a moverse atrás y adelante diciendo “ay” de nuevo, buscando que yo comenzara a bombearla con mi verga.

No me hice rogar, comencé a bombear y a cogerme a esa pequeña de 10 años, agachándome sobre ella para poder manosear sus tetas colgadas. La pequeña comenzó a jadear más fuerte y ahora intercalaba entre sus grititos de “ay” con ocasionales “si” en voz baja. Yo ya no estaba en mi sano juicio, solo montaba ansiosamente a esa niña, con un dedo metido en su culo, tratando de entrar lo más adentro de su cavidad vaginal. El sonido de nuestros cuerpos desnudos chocando hacía eco en la cueva, mis embestidas crecían y sentí finalmente como la leche de mis huevos comenzó a dispararse dentro del útero de Diana mientras yo apretaba con fuerza sus nalguitas poniéndolas rojas. La niña se quedó un momento quieta y yo me quedé pegado a su culito levantado hasta que perdí la erección y salió mi pene acompañado de espeso semen que goteaba de las entrañas de la niña. Ella aún seguía con el culo levantado y la cabeza en el suelo, pero lanzaba jadeos y risitas de niña, hasta que se levantó y comenzó a tocar con los deditos la leche que había entre sus piernas. “No le vas a contar esto a nadie, verdad?” le pregunté y ella me dijo inocentemente con su voz de niña: “no, doctor”.

Nos abrazamos unos minutos, desnudos, sentados en la orilla, con los pies metidos en el agua de la poza. Luego vimos la hora y comenzamos a vestirnos antes de que viniera alguien a buscarnos.

Mientras caminábamos de vuelta a la casa, la niña me confesó que ahí era donde generalmente ella y su padre tenían sexo, y aunque me parecía un tanto riesgoso hacerlo allí, me parecía un hermoso lugar para coger secretamente con una niña. Pero al pensar en su padre, recordé que yo también le había inundado de semen las entrañas a Diana, así que decidí darle una pastilla abortiva que tenía en mi botiquín, solo por si acaso.

Fue un agradable día con la familia de Diana y comencé a pasar tiempo más seguido con ellos, yo disfrutaba sinceramente al visitarlos y ellos eran muy amables conmigo, yo ayudaba a Diana con las tareas de la escuela y les traía regalos a todos. En distintas oportunidades, la familia me agradeció mucho por apoyar a Diana, puesto que su padre no había sido un buen mentor para la niña. Yo les comenté que no era muy bueno que Diana faltara tanto a la escuela, y ellos dijeron que muchas veces no podían llevarla a la escuela por falta de tiempo, así que también me ofrecí a recoger y llevar a la niña a la escuela para que ellos no perjudicaran su trabajo y Diana no se perjudicara en la escuela. Ellos estuvieron de acuerdo y me agradecieron mucho nuevamente por cuidar de la pequeña y apoyar a la familia.

Quizá me avergüenza un poco decirlo, pero en realidad, pese a que sí estaba muy encariñado con la pequeña y su familia, con mi ofrecimiento solo buscaba tener más oportunidades para follar con la niña.

**

Si bien aún tenía sexo con otras mujeres, en especial con Anna, la pequeña Diana se convirtió en mi favorita. Follábamos casi a diario, en mi consultorio, en el auto, en la cueva secreta o por los alrededores. No podía pedir mejor mujer para follar, quién podría decir que se cogió a una niña de 10 años con tetas grandes y flácidas. Tampoco podía pedir mejor aprendiz en el sexo que Diana. Ella se dejaba llevar y hacía todo lo que yo le pidiera. Pronto comencé también a cogerla por el culo usando cremas para evitar que le doliera, pero al poco tiempo la pequeña aguantaba mi verga en el culo sin problema, puesto que también su padre la había cogido por ahí.

Con todo, lo que más yo deseaba era ver las hermosas tetas de Diana lactando y dando leche, pero pese a mis deseos, cuidaba mucho de no embarazarla, intentaba casi siempre vaciar mi semen dentro de su culo, hacer que la niña lo tragara o en todo caso, darle una pastilla si es que hubiera eyaculado dentro de su vagina. Creo, por ciertas pequeñas cositas que fueron saliendo a flote en charlas, que la tía de Diana sabía o al menos sospechaba que yo me follaba a la niña, pero parecía no importarle y hasta estaba de acuerdo con lo que hacíamos. Y yo a veces analizaba y hacía conjeturas sobre qué haría la tía si yo preñaba a Diana.

**

Luego de estar casi un año en el pueblito, finalmente concluyeron los proyectos y debíamos volver a la ciudad. La familia de Diana, durante meses había estado haciendo gestiones y ahorrando para que pudieran enviarla a la ciudad. Su tío, personalmente me pidió el favor de llevar a la pequeña a la ciudad conmigo, pues allí tenían una amiga que recibiría a Diana en su casa y podría vivir y estudiar en la ciudad. Yo acepté y prometí cuidar también de ella.

Yo apoyé en todo este proceso a la familia debido al aprecio que sentía por ellos y también porque deseaba seguir teniendo sexo con Diana.

Partimos todos, rumbo a la ciudad y antes de irme conversé con mis caseros: Anna y su padre, porque Anna quedó embarazada, ya que siempre lo hacíamos sin condón. Llevaba cerca de tres meses de embarazo y aún no cumplía los 15 años. Cuando su padre y su hermana Jenny se enteraron, no parecían tan molestos, incluso estaban tranquilos porque a Anna la había preñado “el Doctor”. Me parecía algo bastante raro, pero de cualquier forma, ofrecí pagar todos los gastos médicos, y enviar dinero a Anna cuando naciera el bebé. Luego nos despedimos en buenos términos y no me fui sin antes llenar con mi leche una vez más el coño adolescente de Anna y también el culo de su hermana Jenny.

**

Cuando la pequeña Diana se instaló en la ciudad, yo la visitaba cada fin de semana, la llevaba de paseo o nos íbamos a mi casa a coger. En su cumpleaños 11, la llevé de viaje, con consentimiento de su familia, y me follé a la niña durante tres días en un hotel de la costa.

Durante el viaje, me encontré con una vieja amiga del colegio, y pronto comenzamos una relación, y aunque mi nueva novia era muy hermosa y la relación iba muy bien, yo disfrutaba mucho más del sexo con Diana. Cuando la niña se puso un poco celosa, le expliqué que ya era hora de que yo me casara (menudo cuento) y que en realidad deseaba casarme con ella pera aún era muy pequeña, pero que éramos novios y esposos en secreto. Por suerte, ella lo entendió y continuamos nuestra relación secreta.

Meses antes de casarme, cuando Diana tenía ya 12 años, la amiga que cuidaba de la niña dijo que se iría a vivir a otra ciudad por temas de trabajo, así que yo ofrecí que la niña se quedara en mi casa, para ayudarme un poco con el quehacer y además la apoyaría con sus gastos y la escuela. La familia de Diana estuvo de acuerdo y desde que comenzamos a vivir juntos, le dejé a Diana el ano y la vagina abiertos como flores de tanto follar. Hacíamos juegos con sus tetas, las embarrábamos de chocolate, las chupábamos hasta ponerlas rojas. A veces Diana se las amarraba cuando iba a la escuela y al volver a casa tenía las tetas moradas y deliciosas. Poco a poco sus tetas de niña se hacían más largas y caídas. En los meses antes de la boda, me cogí tanto a la niña que cuando mi novia y yo dijimos “acepto”, Diana tenía casi 6 meses de embarazo.

Mi novia estaba muy afligida cuando se enteró del embarazo. Aunque yo envié una semana a Diana a una colonia de vacaciones, e inventamos una historia sobre un muchacho desconocido que la preñó, a mi novia le parecía terrible que una niña de 12 quedara embarazada. Pero poco a poco entendió que Diana no quería que nadie se entere y nos ayudó con el embarazo. Yo mismo cuidé de la niña durante todo el proceso y me la cogí casi cada día mientras veía crecer su panza y sus tetas engordaban cargándose de leche. Esa fue la época en que la niña y yo follamos más. No solo le metía mi verga por cada agujero, también hacíamos guarradas orinándonos, preparando comidas con su leche materna y mi semen, empezamos a practicar el fisting y muchas otras cosas. Follábamos más que dos recién casados, y ella aún no cumplía los 13 años.

Cuando Diana dio a luz, mi esposa y yo inscribimos a la niña como hija nuestra y la llamamos Kat. A los pocos días del parto, otra vez estábamos follando y yo disfrutaba de la deliciosa leche materna de Diana. Con el embarazo, Las tetas de Diana se habían hinchado mucho, pero aún seguían un poco caídas, a la niña le gustaban tanto como a mí sus tetas y las estiraba, apretaba y hasta se las golpeaba en los momentos de placer.

Así continuaron las cosas en casa por mucho tiempo. Cuando la tía de Diana nos visitó, vio a la bebé recién nacida y al notar el parentesco con su sobrina supo que era nuestra hija, pero no dijo nada. Si bien, Diana y yo frente a mi esposa nos tratábamos de lejos como un tío y su sobrina, luego de poco más de 4 años de matrimonio las cosas no funcionaron y mi esposa y yo nos separamos. Y siendo que mi esposa trabajaba mucho y casi nunca estaba en casa, la bebé se quedó conmigo y con Diana.

**

Para contento de todos y sorpresa de nadie, cuando Diana terminó la universidad a los 24 años con un título en odontología, nos casamos. El día de la boda, todos nos felicitaron, y la tía de Diana me dijo: “al fin…, que bueno que lo hicieron…”, como para sellar la culminación de algo que ella sabía de nosotros desde que su sobrina era una niña.

Ahora Diana tiene 25 años, es una hermosa mujer de piel canela con hermosos ojos cafés y larguísimas pestañas, hermosas piernas y bellísimos pies, pero sus mejores atributos están bajo su ropa. Un culo hermoso con un ano muy abierto donde le cabe un puño; una vagina morena, abultada y siempre depilada; y lo mejor, unas flácidas y desinfladas tetas con grandes pezones oscuros y rugosas areolas, que cuelgan de su pecho hasta el ombligo, de las cuales no nos cansamos ni ella ni yo y jugamos con ellas siempre. Sus pacientes no saben que muchas veces bajo su bata de dentista, esas tetas estás amarradas poniéndose moradas solo para excitarme.

Nuestra hija Kat tiene 13 años y comencé a follarla desde sus 8 años, ha heredado los atributos físicos de su madre, pero tiene tetas muy pequeñas y respingadas, sus oscuros pezones contrastan con su blanca piel y su oscura vagina adolescente también. Cuando cabalga sobre mi polla sus pezones apuntan siempre al frente y arriba. Nuestra otra hija tiene 7 años y solo hace unas dos o tres semanas que comencé a perforarle el culo con mi polla, y espero pronto poder entrar en su vagina. Es morena como su madre, pero con ojos claros como los míos. A la niña le encanta ser parte de los juegos que jugamos y siempre pregunta cuando crecerán sus tetitas para poder tenerlas como su madre… cada vez me las muestra y pregunta: “están más grandes?”. Yo le digo que crecerán rápido cuando yo la embarace, y la niña no puede esperar para quedar preñada…

Fin

 

Leche de Papi I (Ducha)
A la diosa desconocida 💜

Le ha gustado a: