Confesiones Incesto Infidelidad Sexo con Maduras Tr├şos

Mi esposa va a la universidad – Ser Pre├▒ada.

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—¡Ummmmmm! … ¡Ohhh, mamá! … ¡Eres … hmm! … ¡Increíble, mami! …

Dijo disparando unos rápidos y menores borbotones en mi boca,     Succioné su mástil, mis mejillas se hundieron por la fuerza de la chupada y su pija salió de mi boca con un sonoro “Plop”.     Lo tome en mis manos y lo acaricié con mi lengua, revoloteando alrededor de su corona, pasé por última vez mi lengua por el orificio al ápice de su polla, luego me levanté para mirarlo a los ojos.

—¡Ummmmmm, mami! … ¡Simplemente asombroso! … —Me dijo con sus ojos casi llorosos.

Me relamí los labios saboreando todavía su cálida descarga de esperma, me estiré y le dije:

—¡Mmm! … ¿Eso era todo lo que querías? … Tener una mujer madura que te chupara la polla, ¿eh? … También una madre ardiente que amara tu verga, ¿verdad? …

—¡Hmm! … ¡Sí, mami! … ¡No lo puedo creer! … ¡Tu eres mi mamá! … ¡Me chupaste tan rico, mami! … ¿Dónde aprendiste a chupar así, mami? …

—Bueno … eso es una larga historia … yo también fui joven como tú … antes de tener estas grandes tetas, también tuve mis experiencias …

Sentada en mis talones, deslicé mi bata de jaguar por sobre mis hombros, dejándola caer hacia atrás.     Los ojos de Gino parecieron salir de sus orbitas, cosa que me halagó mucho e hizo inundar mi panocha también.

—¿Quieres ver el coño de tu mami? … El agujero por donde tu naciste … ¿Quieres verlo? …

Mientras se deslizaba hasta sentarse sobre la almohada, asentía con su cabeza sin decir nada más.

—… y si te lo muestro … ¿Qué harás? … ¿Me comerás ahí abajo? …

—Nunca he comido a una chica, mami …

—¡Oh! … ¡Esas pobres chicas no saben nada! … Afortunadamente para ti … yo estoy aquí para enseñarte como complacer a una muchacha … entonces sabrás como enloquecer a una chica … y podrás amar a tu mami por haberte enseñado …

—¡Mmmmmm! …

Expresó Gino en un gemido pasando su lengua por sus labios.

—Mmm … sí … vas a aprender a comerte mi coño, ya verás …

Sentada sobre mis talones y mis muslos muy juntitos, él no podía ver mi hendedura límpida y calva.     Lentamente comencé a levantar mi muslo derecho y a abrir mis piernas.     Gino estaba hechizado contemplando mi piel, pero todavía no tenía una visual de mi panocha húmeda.     Me miró como una serpiente antes de morder al ratón, casi me parecía ver una bífida lengua saliendo de entre sus labios que temblaban.     Estaba inmóvil como en trance hipnótico.

—¡Gino! … ¿Quieres aprender? …

Dio un respingo cuando escuchó mi voz.

—¡Uhm! … ¡eh! … yo … sí … sí, mami …

Mi bata de jaguar cayó a los pies de la cama, estaba totalmente desnuda a los ojos de mi hijo, con una polla que volvía a crecer y no dejaba de hacerlo.     Le mostré mis mojados labios hinchados, enrojecidos y calientes.     Mi aroma embriagante se extendió por la habitación, levanté mi nariz y aspiré esa esencia tan familiar, al mismo tiempo me levanté ligeramente poniendo mis manos en mis tetas y mostrándoselas sin tapujo alguno.     Gino no sabía bien donde concentrar su mirada, si en mis pechos o en mi coño gordito.

 

 

Sus ojos se centraron finalmente en mis senos firmes y anchos, con pezones marrones oscuros y protuberantes en medio a areolas cremosas y delicadas.    Se lamió los labios al verlos, gimió sin poder apartar la vista de ellos, su boca estaba entreabierta.

—Puedes tocarlos, cariño …

Le dije empujando mis tetas hacia él.

—… cuando eras un bebé solías hacerlo, amorcito …

Rodeé mis areolas con mis dedos.

—… solías mamar de esta …

Dije apretando mi pezón derecho.

—… y también desde esta otra …

Le mostré mi pezón izquierdo y mi coño me dio un apretón que tuve que cerrar los ojos por un instante.     Gino sin titubear lanzó su cabeza hacia adelante y atrapó mi pezón derecho.     Lancé un gemido y apreté mi pezón izquierdo en busca de calostro, pero mis pechos estaban secos.     Necesitaba ser preñada para producir leche nuevamente y en frente de mí estaba el candidato adapto a tal tarea, mi hijo.     Sus labios succionando mi pezón derecho me hizo sentir un hormigueo que comenzaba en el pezón y se trasladaba en manera instantánea a mi conchita.     Recuerdos de ese entonces cruzaron por mi mente, cuando él era un bebé de días y succionaba mi pecho mordiéndome con sus encías de recién nacido.     Pero ahora esto se sentía mucho mejor que en ese entonces.     Ahora había una carga sexual indescriptible, deliciosa e incestuosa.

 

 

Mi hijo chupaba mi pezón como un hambriento.     Pase mi mano derecha por sobre el lado de su cabeza con largos cabellos.      Sus ojitos me miraron con increíble ternura y yo le sonreí.     Nunca me había sentido tan cerca de mi bebé.      Él volvía a chupar mis senos, amaba mis pechos.     La sensación era increíble.     Me sentí poderosa, otra vez mamá, pero mi hijo era algo más que eso, poco a poco lo deseaba y lo necesitaba en mi como mí amante.

 

 

Chupaba mi seno como si de eso dependiese su vida.     Había un verdadero ardor y pasión en la succión a mis pechos.      El calor de mi coño era insoportable, mis caderas comenzaron a moverse de lado a lado.     Su lengua dibujaba mi redonda areola y yo lo apretaba contra mi teta dura.     Mis flujos comenzaron a fluir mojando mis muslos, me mordí los labios gimiendo y tratando de moderar mis instintos.     Necesitaba ser penetrada y solo mi hijo podía hacerlo.

 

 

Con mi coño en llamas me dejé caer de espaldas y estiré mis piernas.     Mi hijo quedó arrodillado a mi lado.     Abrí mis piernas y tomé su mano para colocarla a estrecho contacto con mi panocha incandescente.

—¡Oh, Gino! … sigue chupando mis senos, por favor … lo haces tan bien …

Mordisqueó mis turgencias como si fueran aceitunas maduras.     Sus profundos ojos claros me encuadraron y me miraron fijamente.      Casi me derretí sintiendo sus dulces ojos en mí.     Gemí volviendo a poner mi mano sobre su cabeza para meter mi teta en su boca, mi pasión y mi teta casi lo ahogaban.

—… Mmmm … Ssiii … estás haciendo que mi coño esté listo para tu lengua … mami te va a sumergir en crema de coño … y te va a gustar …

Gino solo gimió dándome a entender que él quería eso.     Me sentí muy ganosa y poderosa; saqué su cabeza de mi pecho, apenas mi pezón salió de su boca, me incliné a besarlo.     Sus labios me parecieron tan suaves, metí mi lengua en su boca.     Gino gimió y yo arremoline su lengua con mi lengua besándolo con toda mi pasión de mujer.     Fue emocionante besar a mi hijo, mi coño hormigueaba y ardía de deseos por él.     Fue un beso subliminal.

 

 

Lo único que deseaba ahora que Gino se comiera mi panocha.     Me separé delicadamente de él, puse mis manos en sus hombros y comencé a empujarlo hacia abajo, siempre más abajo, hacia el panal de miel candente de mi coño.     Necesitaba sumergir su cabeza en el océano de fluidos en que se había transformado mi conchita.     Jadeé cuando su lengua exploró mi ombligo y se deslizó haciendo figuritas sobre mi vientre, su barbilla tocó mi monte de venus y yo abrí ampliamente mis piernas para él.

—¡Mmmmmmm! … voy a disfrutar esto … vas a devorar mi coñito, ¿no? …

—Sí, mami …

—Mi niño adorará el agujero caliente que lo trajo al mundo …

Le dije sonriente cuando él me encuadró con sus ojos lucientes y su carita de bebé, suavemente empujé su boca sobre mi sexo pelón, entre mis tetas podía verlo mirar mi coño y su lengua extrayendo mis jugos.

—¡Cómete mi coño, querido! … ¡Cómete el coño de mamá! … ¡Cómete un coño de verdad! … ¿Te gusta mi coño, amorcito? …

—Sí, mami …

Respondió jadeando entre mis piernas.     Con dos de mis dedos separé mis gruesos labios y empujé su boca hacia adentro, me estremecí cuando lo hice, sentí sus suaves labios en los pliegues de mis labios menores y su lengüita introduciéndose en mi empapado agujero que emanaba un rio de fluidos.     El contacto incestuoso de la boca de mi hijo me hizo gemir y apreté sus mejillas con mis muslos, él gimió mirando como me revolcaba sobre mi espalda arqueada y con mis tetas que tiritaban.

—¡Ummmm! … ¡Lame! … ¡Lame, Gino! … ¡Chupa el coño de mami! … ¡Mete tus dedos! … ¡Demuéstrame cuanto amas el sabor de mi coño! …

Obedientemente mi hijo deslizó su lengua a través de mis delicados pliegues.    Jadeé y me estremecí cuando su lengua dio vertiginosos golpecitos a mi clítoris.     El placer corrió por todo mi cuerpo, me enrollé y contorsioné mi cuerpo como si fuera una boa.     Eran increíbles las sensaciones que me hacía sentir mi hijo.     Sollocé y mi corazón latió con fuerza en mi pecho, mi hijo estaba devorando mi coño espléndidamente.     Tiré mi cabeza hacia atrás, abrí un poco más mis piernas y lo agarré del pelo para empujarlo y restregar mi chocho en su rostro.

 

 

Sus maravillosos ojos me miraban fijamente viendo como mis tetas subían y bajaban, balanceándose de lado a lado.     Le sonreí entre mis temblorosos senos.     Sus lengüeteadas se hacían cada vez más profundas, audaces e intensas.

—¡Oh, sí! … ¡Qué rica tu lengua, Gino! … ¡Dime que amas el coño de mami! … ¡Dímelo! …

—¡Mmm! … ¡Sí, mami! … ¡Tu coño tiene un sabor increíble! …

—Vuelve a meter tu lengua dentro de mí … folla mi chocho con tu lengua … ¡Uuummmm! …

Sentí su lengua moviéndose a velocidades increíbles en mi conchita.     Me estremecí, mi vulva se apretó mientras sentía su lengua que revolvía todos mis pliegues.     Era como un remolino barriendo mis sensibles paredes mojadas.     Mi coño comenzó a tiritar y mi cuerpo pareció ondularse.     Había atrapado mi sensible botoncito entre sus labios y lo castigaba con repetidos golpecitos que fustigaban todo mi cuerpo.     Me parecían sentir chispas saliendo de mi chocho.

 

 

Mis pechos se sacudieron mientras mi cuerpo convulsionaba.     Grité y gemí, la cama estaba crujiendo con mis saltos y sacudidas.     Toda madre debería experimentar este deleite increíble con su hijo.     Fue increíble.     Fantástico.     Fabuloso.

—¡Oh, sí! … ¡Eso es genial, amorcito! … ¡Es lo que quiero! … ¡Es lo que necesito! … ¡Me harás explotar! … ¡Mmmmmmm! …

—¡Ohhh! … ¡Mamá! …

Lo escuché gemir directamente en mi coño.

—¡Sigue lamiendo, bebé! … ¡Solo sigue chupando, tesoro mío! … ¡Lo estás haciendo muy bien! … ¡Es maravilloso, cariño! … ¡Haz que me corra! … ¡Hazme correr, amor! …

Me folló con su lengua, mis piececitos se enarcaron, crispé mis manos aferrando sus cabellos.     Su maravilloso apéndice se agitaba dentro de mí.     La sensación maravillosa de su lengua bailando en mi coño era abrumadoramente placentera.      Cada vez me acercaba más al borde de mi orgasmo.

 

 

Estaba más y más cerca de ahogar a mi hijo con mis fluidos.     La crema de mi coño mojaba toda su cara.     Una dicha increíble comenzó a recorrer mi ser.     Estaba disfrutando las lamidas de mi bebé, su lengua era perfecta para mi coño.     Pero faltaba algo más.

—¡Mi clítoris! … ¡Chupa mi clítoris, Gino!  … ¡Eso hará que me corra! …

Una de sus manos se posó en mi monte de venus y empujó mi coño hacia arriba, luego sentí que se pegaba a mi botoncito como un molusco y lo chupaba y lamía fervorosamente.     Gemí con afano sintiendo como se amamantaba y amaba mi clítoris.     Mi corazón se aceleró.     Mis senos rebotaban en mi pecho.     Sentí sus dedos en mi culo.     Sentí sus manos en mis muslos.     Sentí como aferraba mis piernas y me sujetaba para no dejarme escapar.     Sus manos estaban por todo mi cuerpo.      El placer parecía que iba a explotar en mí.     Me estaba volviendo loca.     Entonces grité:

—¡¡Gino!! … ¡Oh, Gino! … ¡Aaaahhhh! …

Y me corrí.     Mi primer orgasmo incestuoso con mi bebé me hizo convulsionar, retorciéndome sobre la cama.      Me senté y caí de espaldas varias veces.     Era delicioso como mi hijo se comía mi coño y no cesaba de hacerlo.      Un éxtasis depravado invadió mi mente y me encantaba.      Masajeé mis tetas que casi me dolían.      Fue intenso, delicioso y asombroso, casi todo lo que podía esperar de mi bebé.      Pero faltaba algo más.

—Ssiii … Sí … Sí, bebé … ¡Oh, Dios! … eres increíble … bebe mi crema, Gino … bébela toda …

Abrí más mis piernas y me sostuve en mis codos viéndolo saciarse de mi esencia y mí sabor.      Luego me enderecé y me puse detrás de él, aferré firmemente su polla y la apreté.     Sentí las pulsaciones de mi hijo en su pija gorda y larga.      Sonreí al sentir la potencia de su juventud.     Su verga estaba dura como palo otra vez.     Me sentí contenta de que ya se hubiera recuperado.

—¿Quieres sentir el coño de mami deslizándose alrededor de esta gruesa y larga polla tuya? …

Ronroneé cerca de su oído.

—¡Hmm! … Sí, mami …

Gimió respirando afanosamente.

—¿Quieres correrte dentro de mí panocha? …

Su polla dio un respingo en mi mano, me estremecí al sentir su fogosidad palpitar entre mis dedos.

—…¿Quieres llenar mi coño con tu semen fresco y joven? …

—Sí … sí, mami …

Me conmoví al escucharlo de su boca.     Mi panocha estaba inflamada y caliente como un volcán.     Esto era lo que yo necesitaba y anhelaba.     Lo empujé sobre la cama y monté su cuerpo moviendo mis caderas.     Me miró con asombro al ver mis gruesos labios brillando con la crema de mi coño y su saliva.      Mis pechos temblaron cuando la cabezota gruesa de su polla empujó mi labia vaginal separando mi hinchada ranura.      Lo empujé dentro y sentí mis pliegues y mis labios menores siendo presionados hacia los lados.      Su corona penetró mi ojete vaginal.      Le sonreí mientras me sentaba en su polla engulléndola completamente en mi chocho.

 

 

Entreabrió sus labios y sus ojos se ensancharon con asombro cuando me enderecé y ya no vio más su polla que había desaparecido enterrada profundamente en mi ajustado coño.      Hice como que me acomodé e hice entrar el par de centímetros que faltaban.      Mis gruesos labios estaban a estrecho contacto con sus vellos púbicos.      Me quejé con gemidos de hembra copulando con su hombre, me deleité con la enorme envergadura de la polla de mi bebé.     Mi cara estaba retorcida de lujuria y alegría.      Apoyé mis manos en sus pectorales y comencé a gozar con la polla de mi hijo.     Moví solo mis caderas sin levantar mi pelvis que se restregaba en sus rizados vellos púbicos.

—¡Jesús, mami! …

Jadeó con su rostro enrojecido y trastornado de lascivia y placer.

—¿Hmm, sí! … ¡Lo sé, tesoro! … el coño de mami es mucho mejor que todos esos que haz estado viendo en tu celular, ¿no? …

—¡Oh, mami! … ¡Dios mío, sí! …

—Mi bebé se ha hecho grande y fuerte y necesita un coño de verdad …

Sus manos desesperadas buscaron mis senos.     Me apretó mis grandes tetas con sus fuertes dedos.     Mi coño se contrajo alrededor de su enorme polla.     Moví ganosa mis caderas hacia atrás y hacia adelante.     Restregando mi clítoris contra su pelvis.     Gemidos de placer escaparon de mi boca, estaba sintiendo una maravillosa y deliciosa sensación que recorría todo mi ser.

—¡Mmmm, mami! … me encanta sentir tu coño caliente apretando mi polla …

—Sí, bebé … también me gusta como tu pija llena mi panocha, cariño …

Le sonreí y volví a apretar los músculos de mi chocho alrededor de su polla.     Gemí sintiendo la potente fricción de su enorme polla.     Eché mis pechos hacia adelante con mi espalda arqueada al límite.     Mis tetas se cimbraron.

—¡Oh, mami! … ¡Eres increíble, mamá! …

—¡Tú también, bebé! … ¡Tú también! …

Comencé a saltar sobre su polla sintiendo su glande llegar casi a mi cuello uterino, justo donde quería que disparara su carga de semen fertilizante, quería que llenara mi matriz y todos mis conductos con su lechita fértil, quería que mi hijo finalmente me preñara.

 

 

Seguí cabalgándolo mientras mi orgasmo se construía muy dentro de mí.      Su polla resultaba perfecta para mi coño, me llenaba por completo.     Sentí las palpitaciones en mi canal vaginal, sus manos sujetaban mis tetas con fiereza.      Me daba tremendos golpes con su pelvis.     Escondí mi rostro entre mis cabellos y su cuello mientras mi cuerpo convulsionaba con espasmos de placer ahogando mis chillidos y gritos en la almohada.

—¡Mamá! … ¡Oh, mamá! … ¡Mamá! …

Sus gemidos llamándome desesperadamente me hicieron explotar por completo.      El tabú del incesto estaba completado.     El deleite depravado de escuchar a mi hijo mientras se corría en mi coño, hizo que mi propio orgasmo explotara sorpresiva y violentamente.      Creí que mi corazón no resistiría.

—¡Oh, Gino! … ¡Oh, Gino! … ¡Oh, Gino! … ¡Mi amor! … ¡Dame tu bebé! … ¡Llena mi panocha con tu esperma joven y fértil! …

Aullé entre cortados gemidos y suspiros.      Mi coño estaba como loco succionando y estrujando su semen de sus bolas con retorcijos y ondulaciones.     Gemí en éxtasis y felicidad.

—¡Jesús Santo, mami! …

Dijo mi hijo aferrado a mis caderas y disparando borbotones de esperma caliente en mi coño.    Me sentí inundada y fecundada.    Era delicioso sentir esa tibieza llenando todos mi recovecos de semen joven.    Ame cada segundo y cada borbotón que llenaba mi panocha.     Me estremecí con él y luego me incliné hacia él, sus manos resbalaron de mis pechos.     Presioné mis tetas contra su pecho y bese sus labios que conservaban el sabor de mi coño; picante y delicioso.

 

 

Mi hijo me devolvió el beso con verdadera pasión.    Acarició mi espalda y me tiró hacia él mientras su polla se reblandecía en mi coño lleno de su semen.     Me sentí espléndidamente y completa como mujer.      Me levanté levemente y le dije en un susurro:

—¿No es esto mejor que tus videos? …

—¡Oh! … ¡Esto supera cualquier cosa … incluso a Netflix! …

Su pene resbaló fuera de mí, entonces con mi coño lleno del fresco semen de mi hijo, volví al dormitorio con mi marido.   

 

 

 Andrés se despertó cuando me subí sobre nuestro lecho matrimonial.     Me miró y sonrió.     Los incestuosos pensamientos de mi hijo y yo teniendo sexo, habían estimulado las fantasías de mi esposo.     Toda su modorra desapareció y comenzó a acariciar mi empapada panocha.

—Nidia … estas toda mojada … acaso él … ¿acaso te vino dentro? …

—Sí, querido … es todo semen fresco de tu hijo …

 

 

Ahora les seguiré contando como se sucedieron los acontecimientos entre mi esposa y yo, después de que ella lograra seducir a nuestro único hijo y lograra ser follada por él.

 

 

La miré y bese sus labios y percibí sabor a semen en su boca.     La imaginé mamando la polla de Gino.     Conociendo lo habilidosa que es mi mujer para chupar una polla, de seguro lo habrá hecho disfrutar mucho.     Terminé mi beso y le presenté mis dedos mojados de esperma a su boca, ella aferró mi polla que estaba dura como el acero y lamió mis dedos, yo los terminé de lamer por ella y volvimos a besarnos, compartiendo el saborcillo delicioso de la esperma de nuestro hijo Gino.

 

 

Con mi rodilla separé las piernas de Nidia y me coloqué entre ellas.     Mi esposa me hizo espacio y levantó sus piernas en alto, colocando su coño justo debajo de mi polla.    La penetré fácilmente y ella me envolvió con brazos y piernas diciéndome:

—¡Fóllame, Andrés! … ¡Necesito ser follada por ti! … ¡Lléname con tu semen! …

Comencé a follarla tal cual ella me había pedido.     Su coño estaba caliente y resbaladizo unto del semen de Gino.     Sentí que me abrazaba con fuerza, luego pareció que me soltaba, me enderecé a mirarla y vi que sus ojos estaban fijos hacia nuestra puerta:

—¿Qué te sucede, tesoro? …

—No te detengas … pero creo que Gino nos está espiando desde nuestra puerta …

—¿Uhm? …

—¡Pero sigue! … ¡No te detengas! …

Rápidamente me levanté y abrí la puerta del todo, pero no había nadie ahí, al parecer él se dio cuenta de que había sido visto y se había escabullido a su dormitorio.     Me pareció muy interesante saber que Gino se interesaba a nuestras cópulas.

 

 

Me quedé en casa toda la semana.     Nidia estaba más cachonda que nunca, jugábamos a diferentes escenarios.     Siempre fingiendo que yo era Gino.     Me encerré en el baño y ella me sorprendió tocando mi polla, Nidia me empujo vestido bajo la ducha diciendo que me haría pasar las ganas de andarme masturbando todos los días.     Me chupó la polla medio vestido, dejando que la ducha nos mojara a ambos, luego la hice alzarse, la giré y enterré mi pene en su panocha ardiente desde atrás, la follé hasta después de haberme corrido en ella.      La convencí de girar por la casa con minifalda y sin bragas, así fue como la encontré en la cocina mientras estaba agachada a sacar unos tostadores del horno.      La tomé y la follé hasta que caímos al piso de la cocina haciendo mucho ruido.     Escuchamos los pasos de nuestro hijo, pero no nos detuvimos, luego sus pasos se alejaron rápidamente hacia su dormitorio, ya sabíamos a lo que iría.

 

 

Un par de días después estábamos en nuestro dormitorio bebiendo los últimos restos de una botella de vino.     Saqué uno de los consoladores de Nidia y comencé a pasarlo ronroneando sobre sus senos y luego entre sus muslos.      Mi esposa se desnudo y en el proceso hizo que yo también me desnudara.     La acosté boca abajo y comencé a jugar con sus glúteos, los abría, lamía y pasaba el juguete vibrante entre sus nalgas, apuntando a su ojete estrecho y rugoso.     Nidia comenzó a abrir sus glúteos con sus manos instándome a follar su culo con el consolador.     Eso fue lo que hice por un rato, pero mi polla no daba más de tiesa, así que, sin sacarle el consolador del culo, la hice montarme y empalarse en mi polla.     Inmediatamente Nidia apoyó sus senos sobre mi pecho y se puso a gemir.     Cuando le dije de imaginar a Gino follando su coño y a mí follando su culo, se apretó a mí besándome con inaudita pasión y diciendo con voz ronca y cachonda:

—¡Ay, Gino! … ¡Que rica tu pija en mi conchita! … ¡Y qué rica la polla de tu padre en mi culo! … ¡Así los quiero! … ¡Así los quiero siempre! … ¡Unidos … tú, yo y tú padre! … ¡Ahora llena mi vagina con tu esperma! … ¡Dame tu bebé! …

Eso fue lo que sucedió, me corrí en ella copiosamente.      Esta vez yo estaba atento a nuestra puerta y puedo confirmar sin lugar a duda, que nuestro hijo nos estaba espiando.      Mientras apagaba el consolador y mi polla se deslizaba blandengue fuera del coño de mi esposa, la escuché gemir y deslizarse exhausta adormeciéndose casi instantáneamente.     Por un rato me quedé pensando en nuestro hijo, tuve la intención de levantarme a hablar con él, pero desistí y pensé de traerlo a compartir nuestro lecho del modo más natural y simple posible.      La oportunidad se iba a presentar más pronto de lo que yo podía suponer.

 

 

Nidia se levantó temprano al día siguiente y me preguntó si me apetecían unos panqueques, se que ella los adora y nuestro hijo también, así que prontamente le respondí que me parecía genial.     Ella se fue a la cocina con su bata de la ducha, pero yo la llame y la hice vestir con su bata de Jaguar que no ocultaba nada de su maravillosa beldad.     Me sonrió picarona y se fue moviendo sus glúteos juguetona y harmoniosamente.     ¡Que hermoso es tener una mujer que nunca dice que no!

 

 

Un cuarto de hora después me puse unos shorts, una remera y la seguí a la cocina.      Mi hijo ya estaba allí y no me vio ni me sintió entrar a la cocina.      No fue una sorpresa para mí viéndolo con su pijama y su mano metida en su pantalón acariciando su polla con los ojos fijos en el culo sabrosón de su madre que lanzaba panqueques en el aire y los apilaba en sendas bandejas.     Las nalgas firmes de mi mujer lo tenían totalmente ensimismado.     Hice como si no lo hubiera visto y me fui detrás de ese hermoso trasero que cocinaba panqueques.     Mis manos se estiraron y atrapé sus redondas posaderas, Nidia dio un saltito y luego se sentó en mis manos que recorrieron y apretaron sus carnosas nalgas, incluso mi dedo meñique amenazó con introducirse en su apretado ojete anal.

 

 

Mientras ella daba volteretas a los panqueques, le hice sentir mi dura polla en su trasero, con su seductora y enronquecida voz me dijo:

—Andrés … Gino está en la cocina …

Le pellizqué los pezones por sobre la delgada y trasparente tela de su bata y le dije en un susurro.

—Lo sé … y ahora está acariciando su polla mientras me mira que toco tu hermoso cuerpo …

Luego levanté a propósito la voz y dije:

—… es bueno que nuestro hijo vea lo enamorados que están sus padres … después de todos estos años aún se aman y disfrutan el uno del otro … ¿Qué te parece, Gino? …

Nidia se sonrojó y gimió al escucharme interpelar directamente a nuestro hijo.     Él tosió como para despejar una repentina carraspera y respondió.

—Está bien, papi … yo haría lo mismo si algún día tuviera una esposa tan bella como mamá …

Nidia lanzó un audible gemido cuando apreté sus tetas y escuchó los halagos de su hijo.

—¡Ya! … tu mami tiene un hijo de sangre caliente … y si un día follarás tan bien como ella … estarás listo para toda la vida …

Hice una pasadita con mis dedos entre los muslos de Nidia y pude corroborar que sus jugos pronto comenzarían a escurrir por sus piernas, estaba mojada como nunca.     Miré a Gino y éste ni siquiera se molesto de ocultar su erección, la punta amoratada y brillante de su polla asomaba por la pretina de su pijama, estaba completamente dura.     Nidia tenía razón, era extraordinariamente largo y grande.    Metí mi mano por debajo del brazo de mi mujer y apagué la estufa, luego tomé a mi mujer por sus caderas y bajando un poco mis boxers, le enterré mi polla dura y de una sola pieza entre sus cálidos cachetes.     Escuchando sus gemidos me volví a mirar a Gino.

—¿Tienes novia Gino? …

—No, papi … solo amigas …

Entonces susurré al oído de Nidia:

—¿Escuchaste? … es como un lienzo virgen … deberás enseñarle todo desde el principio … no veo la hora de verte como maestra de nuestro hijo …

Nidia apretó su trasero sobre mi polla y gimió diciendo:

—¡Ummmm! … Necesito follar … tengo tanta calor que quiero follar ahorita mismo …

Besé su cuello y deslicé mi mano sobre su coño, metí dos de mis dedos en su resbaladizo orificio, empujando profundamente dentro de ella.     Nidia gimió y se volteó a mirar a Gino que se masturbaba con su polla toda de afuera mientras observaba a su madre gemir y gozar con mis dedos.     Tuvo un mini orgasmo mirando la resplandeciente polla de Gino y entonces dije:

—¡Hmmmm! … ¡Perfecto! …

Seguí masajeando su empapado coño y supe que debía todavía correrse por completo.     Metí otro dedo más en lo profundo de sus pliegues.     Nidia gemía sonoramente y sin remilgos dejaba ver a nuestro hijo su calentura.     Gino todavía jalaba su pija.     Sin duda era impresionante como había crecido la enorme polla de él, incluso estaba manchando con pre-semen el bordillo de su pijama.

 

 

Nidia comenzó a moverse hacia Gino y yo la dejé.     Mis dedos salieron goteando de su coño y la vi acercarse con pasos felinos hacia la silla donde nuestro hijo se pajeaba.     Los ojos de él estaban muy abiertos observando a su madre acercarse a él con sus tetas bamboleantes y su coño enrojecido y excitado a causa de mis dedos.      Cuando estuvo casi encima de él, se arrodilló y bajó su húmedo pijama hasta sus tobillos, le hizo levantar sus pies y se los sacó.     Cachondamente se llevo el pijama manchado de esperma a su rostro y lamió la mancha.

 

 

Se deleitó con el semen fresco de Gino.     Luego dejó de lado el pijama y aferró con una mano su garrote duro y grueso, él dio un pequeño respingo de escalofríos cuando ella le lengüeteó la corona brillante, comenzando a recorrer toda su pija con largos lengüetazos.     Gino dejo escapar un gutural gemido mientras su madre hacía magia con sus manos, haciendo desaparecer los chorritos de semen entre sus dedos y paseándolos por sus turgentes senos.     Su mano izquierda se detuvo a acariciar los vellos que envolvían sus bolas.     La polla de él parecía que explotaría de un momento al otro.     La mano derecha enrolló su prepucio hacia abajo y ella se inclinó a lamer las gotitas que seguían saliendo de la parte superior de su pene.     Lo apretó y lo estrujó hacia arriba, cosa que hizo fluir su semen y Nidia se inclinó a absorber con su boca el torrente de esperma que chorreó desde el agujerito encima de su cabezota.    

 

 

Miré maravillado como Nidia bebía sedienta el semen fresco de nuestro hijo.     Nunca la había visto así de dedicada a no dejar perder nada de su esperma.     Envolvió la cabeza del glande con su lengua e hizo verter el líquido acuoso directamente en su boca.     Gino estaba con sus ojos casi en blanco.

 

 

Cuando Nidia abrió su boca de par en par para engullir la polla de él, supe que ya nada la detendría, quería hacer que él se corriera en su boca y no cesaría de chuparlo hasta cuando él no explotara en su garganta.     La obscena escena tabú de la incestuosa mamada de Nidia a Gino me tenía con mi polla casi adolorida e hinchada, era sin duda la mamada más caliente que había presenciado en mi vida.

—¿Te gusta cómo tu madre te chupa la polla, hijo? …

—¡Jesús, papi! … ¡Si ella no se detiene voy a explotar muy luego! …

Nidia escuchó lo que quería sentir y aumentó sus lamidas y chupadas.     De seguro que quería el semen de su hijo llenando su boca.     Me di cuenta de ello y se lo informé a mi hijo

—¡Hijo! … ¡Eso es lo que quiere tu madre! … ¡A ella le encanta eso! … ¡Dispara tu semen en la boca caliente de tu mamá! … ¡Córrete en su garganta! …

Al parecer Gino me escuchó, porque empezó a mover sus caderas follando rápidamente la boca de Nidia.     Entonces jadeó y gritó:

—¡Santo, Carajo! … ¡Oooohhhh! … ¡Dios! … ¡Me estoy corriendo! … ¡Me corro en la boca de mamá! … ¡Ssiii! … ¡Umpf! … ¡Aaahhh! …

Nidia había dejado su cabello suelto y lo único que lograba ver eran los movimientos de su cabeza hacia arriba y hacia abajo, también escuchaba los sonidos de su guargüero tragando todo el semen de Gino.     Me puse detrás de ella y volví a meter mis dedos en su encharcada panocha.     Ella estaba besando a nuestro hijo en su boca, le encantaba compartir el semen del pene mamado de fresco.     Cuando se enderezó un poco, Gino se fue directo a sus tetas y yo seguí follándola con mis dedos.     La polla de Gino seguía dura como palo y Nidia aferró ese duro palo de carne comenzando a magrearlo como solo ella sabía hacer.

 

 

Mis dedos continuaban a entrar y salir del coño de mi esposa, ella ganosa movía sus caderas de un lado a otro, casi llevando el ritmo de mis dedos.     Gino lamía y chupaba los pechos de su madre como si se estuviese alimentando de ellos.     Esto llevó a Nidia a la cúspide de la calentura y su cuerpo comenzó a temblar, su pierna derecha temblaba más que el resto de ella, entonces me detuve y le dije:

—¿Por qué no vamos a nuestro dormitorio y terminamos esto lo mejor posible? …

Nadie dijo nada, pero los tres al unísono, comenzamos a movernos hacia el dormitorio matrimonial.     Apenas entramos me quité la ropa para quedar desnudo, Gino me miró e hizo lo mismo, estábamos casi frente a frente con nuestras pollas duras y amenazantes.     Nidia se dejó caer de rodillas y comenzó a chupar nuestras vergas alternadamente.     Gino me miró un poco nervioso y yo le di una palmadita en el brazo para asegurarle que todo estaba bien, Nidia nos miró y sonrió, pero no cesó de chupar nuestras pollas ruidosamente, durante unos segundos todos parecíamos estar en presa a la más desenfrenada lujuria.     Pronto reaccioné y me hice cargo de la situación y le dije a mi esposa.

—¡Uhm! … ¿Por qué no te acuestas y dejas que Gino folle ese delicioso coñito tuyo? …

Nidia no esperaba más, se subió a la cama y abrió ampliamente sus piernas para nuestro hijo.

—¡Vamos, hijo! … ¡Mete esa dura y larga polla en el coño de tu madre! …

Gino se colocó entre las piernas de mi esposa y prestamente la apuntó a ese agujerito empapado de ella.     Nidia arqueó su espalda y sus tetas comenzaron a tiritar sintiendo como centímetro a centímetro, su hijo penetraba su maternal panocha hinchada y caliente.     Observé como ella lo amarraba con sus piernas y lo tiraba encima aplastando sus hermosos senos.     Mi hijo besó a su madre y ambos se fundieron como un solo ser comenzando a follarse el uno al otro.     Gino le daba cortas pero firmes embestidas al coño de Nidia y esta lo estrechaba contra su pecho gimiendo y deleitándose con su joven polla.

 

 

A todo esto, mi polla estaba durísima, me acerqué cerca de la almohada arrodillado casi a la altura de la cabeza de mi esposa, en el momento en que ella abrió sus ojos y vio mi pija a centímetros de sus cabellos, estiró su mano y comenzó a magrear mi pene con un suave y continuo toque.     Me acerqué lo suficiente para que ella se lo llevara a su boca, entonces mi hijo y yo la follamos en dos de sus orificios.     Los labios de algodón de mi esposa se sentían maravillosamente bien en mi polla y prontamente sincronizamos nuestros movimientos con un buen ritmo entre mi hijo y yo.     Gino se plegó a chupar los pezones de su madre mientras ella jugaba con mis bolas y gemía.     Él aumento la potencia y velocidad de sus embistes y Nidia no pudo continuar chupar mi pija, se abrazó como desesperada a Gino y vi como estiraba sus piernas hacia lo alto, sus muslos tiritaron y luego ambas piernas temblaban en el aire; Nidia estaba alcanzando su orgasmo.     Sus uñas se enterraron en los fornidos brazos de nuestro hijo, dobló sus piernas y enterró sus talones en los glúteos del muchacho que percibió el placer que le estaba dando a su madre y continuó a enterrar su pene profundamente en la vagina de mi esposa.     Vi una mancha húmeda que se extendía bajo las nalgas de ella y supe que ella estaba chorreando sus flujos femeninos en la polla de nuestro hijo Gino que continuaba a follarla con todas su fuerza e ímpetu de juventud.

 

 

Nidia estaba respirando entre cortado, sus cabellos estaban sobre su rostro, su boca entreabierta y su voz enronquecida por el placer de su orgasmo, se levantó casi desesperada e hizo a un lado a Gino diciendo:

—Gino … ¡Rápido! … acuéstate de espaldas … necesito montar esa hermosa polla tuya …

Él raudamente obedeció las indicaciones de su madre y Nidia lo montó a horcajadas, tomando su pija y enfilándosela con una mano directamente en su coño encharcado, comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo hasta acomodarla por completo.     Su culo hermoso a forma de pera estaba a mi entera disposición, me acerqué detrás de ella, abrí sus nalgas y pasé mi lengua por su sudado surco en medio a su trasero.     Vi las contracciones de su anillo anal y metí mi lengua en ese panal de miel, las contracciones aumentaron y supe que mi esposa estaba gozando de otro maravilloso orgasmo mientras lamía su apretado culo.

—¡Oh, ssiii! … ¡Besa mi culo! … ¡Estás haciendo que me corra de nuevo! … ¡Aaaahhhh! … ¡Ummmm! …

Gimió Nidia empujando su trasero contra mi boca, mientras sus nalgas no cesaban de temblar.     Su culo estaba empapado con mi saliva y las rápidas contracciones de su ojete me incitaron a colocarme detrás de ella y apuntar mi verga a ese oscuro y rugoso agujero.     Mi pene se deslizó suavemente en su estrecho esfínter entre los gemidos de ella, hasta desaparecer completamente en su cálido interior.     Me detuve por algunos segundos permitiéndole acostumbrarse a mi envergadura y a tener dos pollas en sus agujeros, por sus gemidos al parecer se deleitaba teniéndome a mí y a su hijo profundamente dentro de ella.     La vi esconder su rostro plasmado de lujuria en el cuello de Gino, estrechándose a él y levantando su trasero contra mi polla.     Muy pronto mi hijo y yo encontramos un acompasado ritmo y comenzamos a follar a nuestra mujer sintiéndola vibrar y gemir.     No hacía ningún movimientos ostentoso, nos dejaba follarla con nuestras pollas durísimas e imagine que habíamos incendiado su coño y su culo con nuestras pijas, fue totalmente evidente cuando ella repentinamente exclamó:

—¡Uhm, ssiii! … ¡Follen mi culo y mi coño! … ¡Dios mío, me voy a correr! … ¡Empuja más adentro de mi culo, esposo mío! … ¡Folla más fuerte mi panocha, amado hijo! … ¿Mis dos hombres maravillosos, fóllenme fuerte … quiero más! … ¡Ssiii! … ¡Umpf! … ¡Aahhh! …

Mientras Nidia convulsionaba empalada en nuestras vergas, escuché a Gino que gritaba:

—¡Ooohhh, mami! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me estoy corriendo, mami! … ¡Ummmmmm! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhh! … ¡Estoy llenando tu coño, mami! … ¡Oh, mami! … ¡Umpf! …

Sintiendo las vibraciones de la polla de Gino casi encima de mi propia polla, los borbotones de mi pija brotaron espontáneamente y me descargué en el estrecho recto de Nidia.

—¡Oooohhhh, Nidia! … ¡Umpf! … ¡Toma mi semen en tu apretado culo, amor mío! … ¡Me corro en tu culo, amor! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhh! …

Gino y yo llenamos sus estrechos orificios empapados.     Nidia tenía su pierna derecha estirada hacia arriba que tiritaba sin control, señal que estaba gozando de un salvaje orgasmo.     Saqué mi polla de su trasero y vi la mancha líquida que brotaba de su coño y se extendía por entremedio de sus muslos, mojando las bolas y la pija de Gino, para luego bañar las sábanas de la cama.     Me dejé caer al costado de ellos, mi esposa permanecía gimiendo y rotando sus caderas sobre la polla de nuestro hijo.     Agarré a mi esposa de una cadera y la hice rotar a mi lado, nuestro hijo le hizo espació y ella se giró boca arriba, estaba toda sudada, llena de semen y con los ojos cerrados, aún no se recuperaba del todo; respiraba afanosamente, sus hermosas tetas subían y bajaban al ritmo de su respiración, estiré mi mano y atrapé uno de sus duros pezones, mí hijo me siguió aguas y se apoderó del seno más cercano a él.     Sin duda estábamos exhaustos, pero al mismo tiempo felices y satisfechos.     Nidia finalmente abrió sus ojos y miró a Gino que se echaba su teta a la boca y luego a mí que retorcía su pezón, nos sonrió en forma maternal, ella era la matriarca de la casa, ella nos dominaba totalmente, yo la amaba, pero mi hijo la adoraba.

 

 

Pasaron cerca de dos semanas y media, estábamos levantándonos ese sábado en la mañana con un poco de modorra.    Era fin de semana y debíamos organizar algo para relajarnos, me di vuelta para el lado más oscuro pensando en dormir otros cinco minutos cuando sentí un grito horripilante que provenía del baño:

—¡¡¡Aaarrrggghhh!!! …

Salté de la cama y me dirigí a la sala de baño.     Me hijo abrió la puerta de su dormitorio, al parecer él también había escuchado el grito de Nidia.     Ella estaba sentada en el inodoro con algo en sus manos.     Me acerqué con precaución, ella sollozaba y temblaba, me pregunté que le habrá sucedido.

—Cariño … ¿Qué tienes? … ¿Qué te sucede? …

—¡Dos rosadas! … ¡Dos rosadas! …

Miré todo alrededor del baño tratando de vislumbrar de que cosa me estaba hablando.     Las cortinas del baño eran dos, pero eran verdes y no rosadas, ¿Se habrá vuelto daltónica?     Ni su remera ni sus bragas eran rosadas.    No encontré nada que me diera una pista sobre que cosa ella me estaba hablando.     Mi hijo ya había asomado al baño y tranquilamente me dijo:

—Papi … son dos rayitas rosadas en el test de embarazo que ella tiene en la mano … mamá está embarazada …

 

 

(¿Debe continuar? …)

 

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Silent Crest VHS1

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