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Carolina, mi hija. – Primera parte.

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¡Hola!, mi nombre es Angelina Pérez, tengo veinticinco años, soy madre de una chicuela de cinco años, Carolina, y trataré de contar mi historia.

 

Siempre pensé que no hay nada más hermoso que la sonrisa de una niña pequeña.      Estaba dormida sobre el sofá y me desperté con una bella sonrisa en mi rostro cuando escuché a mi hija Carolina de cinco años muerta de la risa.      Abrí los ojos sorprendida y mi asombro fue aún mayor al ver a mi pequeña sentada desnuda en el suelo, mientras nuestro pastor alemán “Jacky”, lamía su entrepierna.

—¡Mierda! … ¡Vete! …

Grité con pánico, asustando a mi hija y a Jacky.      Mi pequeña se sobresalto y comenzó a llorar, mientras el perro arranco con su cola entre sus patas.

—Cariño … ¿Qué estaban haciendo tú y Jacky? …

Dije tratando de controlar mi nerviosismo y enojo.

—Me estaba lamiendo, mami … a él le gusta eso …

—Lo sé, cariño … pero no deberías dejar que Jacky te haga eso …

—¿Por qué no, mami? … se siente bien, ¿sabes? …

¿Cómo le explicas a una niña que todo lo que se siente bien, no es necesariamente bueno?      A los cinco años, los niños creen que, si se siente bien, entonces no puede ser una cosa mala.      Ahora que reflexiono, conozco adultos que piensan más o menos lo mismo.      Entonces, ¿cómo convences a una niña tan pequeña de que cualquier cosa que involucre sus partes íntimas con un animal no es moral ni socialmente correcto?      Decidí adoptar el enfoque físico en lugar del moral o social.

—Tesoro, él podría lastimarte … la lengua de los perritos es áspera y tienen gérmenes … podrían hacerte sentir dolor o enfermarte ahí abajo … te podría doler para hacer pipi …

—Lo hace solo a veces, mami … y se siente tan bien …

¡Ay, Dios mío!   Ella dijo “a veces”.   ¿Cuántas veces ha sucedido esto?      ¿Dónde estaba yo que jamás vi nada?      ¿Qué clase de madre soy?      Trate de recordar lo aprendido en la universidad sobre la sexualidad infantil.      Todo lo que podía recordar es que los niños comienzan a masturbarse a muy temprana edad y se sugiere decirles que está bien hacerlo en casa, pero no en público.     No recordé nada que hiciera referencia sobre perros lamiendo el coño de tu hija, peor aún ¿cómo enfrentarlo si a ella le gusta?

 

Luego me pregunté ¿puede una niña así de pequeña tener un orgasmo?      Recordé que, en esas clases de sexología, se explicaba que, hasta los doce años, el veintitrés por ciento de los niños alcanzaba el clímax.      ¿Estará mi hija en ese veintitrés por ciento?

 

No recuerdo si yo a los cinco años tuve algún orgasmo, tampoco me recuerdo cuando fue la primera vez que me estremecí toda al correrme.      Pero recuerdo muy bien que, durante esas clases de educación sexual, me excitaba sobre manera pensando a que los niños tuvieran sexo y pudieran correrse.      Esa clase era una de mis favoritas.

 

Volviendo a mi pequeña.      Decidí que lo mejor sería prepararle un buen baño de burbujas y luego frotarla con aceite de bebé, así que le dije:

—Cariño … mami te preparará un buen baño de espuma … espera en esa silla y no dejes que Jacky se te acerqué, ¿está bien? …

—Bueno, mami …

Me fui al baño y comencé a llenar la bañera con agua temperada y le agregue sales de baño y mi aceite favorito al agua tibia.      A Carolina le gusta usar mis sales, eso la hace sentir una niña grande, porque son las sales y la espuma de mamá.      Pensé que el aceite tendría un efecto balsámico en su abusado coño.

 

Cuando regresé a la sala de estar, Carolina estaba sentada sobre el sofá con las piernas abiertas y se frotaba suavemente su coñito inflamado.

—¿Te duele mucho, cariño? …

—¡A-há! … me pica, mami …

Aparté su pequeña mano de su vagina y comencé a mirar y admirar su área genital, con el capuchón rojo del clítoris que asomaba de color rosado pálido por debajo de esa especie de capirote.      Luché por no tocarlo, pero era una batalla perdida.      Mi dedo índice y mi dedo medio atraparon esa pequeña protuberancia y comencé a acariciarlo suavemente, observando el pequeño botoncito crecer más y más grande apareciendo y desapareciendo bajo los tiernos pliegues.

—¿Se te ha pasado la picazón, tesoro? …

—Solo un poquito, mami …

Dijo gimiendo y mordiéndose un labio.

—¿Quieres que mami te rasque un poco más? …

Silenciosamente Carolina asintió afirmativamente con su cabeza.      Aumenté el ritmo de mis caricias, abrió más sus piernas y echó su cabeza hacia atrás.      Volví a acelerar mis movimientos, ella arqueo su espalda y comenzó a jadear, inició un movimiento circular con sus caderitas, sus ojos estaban brillantes y fijos en algún objeto inexistente en el espacio exterior.

 

Me di cuenta de que tenía la batalla totalmente perdida cuando mis bragas se humedecieron, ya no había vuelta atrás.      Estaba masturbando conscientemente a mi pequeña hija de cinco años.      Estaba extasiada observando la expresión de su rostro, la mirada perdida quien sabe donde y escuchando los suaves gemidos y jadeos que salían de su boca ligeramente entreabierta.

 

Muchos confusos pensamientos giraban en mi cabeza.      Trataba de justificar mi actuar con el hecho de que no había tenido sexo después de haberme alejado del padre de Carolina.      Tampoco había tenido sexo con otra mujer, desde aquella vez en la universidad que lo hice con mi compañera de cuarto, después de la clase de Sexualidad Infantil, fingiendo cada una de nosotras de ser niñitas.      Bueno eso sucedió muchas veces, pero no tantas como para ser considerada una lesbiana.

—¿Mami es mejor que Jacky, cariño? … —Le pregunté a Carolina.

—¡A-há! … ¡A-há! … ¡A-há! … —Respondió con sus labios temblorosos.

—Pero Jacky te lame, ¿no? …

Le dije inclinándome y colocando mis labios en su vientre y soplando como para hacer burbujas, Carolina se agitó sintiendo las cosquillas, puso su mano en mi cabeza y la empujó suavemente entre sus piernecitas y susurró.

—Lame mi pipi, mami … como lo hace Jacky …

—¿No quieres un buen baño de burbujas para sentirte mejor ahí abajo, tesoro? …

—Quiero que beses mi pipi y lo hagas mejor que Jacky …

La levanté en andas del sillón y la sostuve cerca de mi pecho mientras la llevaba a mi cama donde la recosté en su espalda.      Me arrodillé en el piso junto a la cama, puse una almohada debajo de sus caderas, mi cabeza entre sus muslos y sus piernas sobre mi hombros.      Tal como lo hacíamos mi compañera de la universidad y yo.

 

Observé atentamente su pequeñita vagina, su clítoris se mantenía erecto y vislumbré los bordes irregulares de su himen desgarrado en un accidente de triciclo.      Humedecí la punta de mi dedo con mi lengua y toqué la punta de su clítoris mientras la miraba por encima de su monte de venus con ojos muy abiertos y expectantes.

 

La habitación parecía girar vertiginosamente cuando pasé mi dedo desde su clítoris hasta su ano, acariciando su pequeñito agujero fruncido.      Presioné suavemente contra su apretado anillo anal provocando una mirada confundida de Carolina.

—Está bien, cariño … está bien … mami no te hará daño …

Carolina bajo su manita y alcanzó su clítoris, comenzando a frotarlo lentamente.      Instintivamente empujo su culito contra mi dedo que presionaba el diminuto agujerito y dijo:

—Lo sé, mami … pero no me importa si lo haces …

Me parecía estar delirando, casi como si estuviera en un universo paralelo, lejos en la distancia preparándome para hacerle el amor a mi propia hija.      “Las madres no se follan a sus propias hijas”, me dije, pero eso no me contuvo y arremetí con mi lengua contra esa diminuta vagina y comencé a lamerla desde su clítoris hasta su engurruñado ano.

 

Puse mis manos en sus caderas y acerqué su coño al borde de la cama y lo metí en mi boca famélica.      Con sus manos entrelazadas en mis cabellos, ella trataba de empujarme contra su pelvis, luego comenzó a golpear mi espalda con sus talones mientras lanzaba vagidos y sollozos, gemidos y resoplidos.

 

Recorrí toda su área vaginal con mi lengua, desde su recto hasta su clítoris, dedicando más tiempo a sus enrojecidos labios menores que rápidamente se inflaban insuflados por la presión arterial creciente.      En la universidad nos enseñaron que las paredes vaginales de la niñas en etapa prepuberal permiten que la filtración vaginal fluya más libremente, y mis esfuerzos se vieron recompensados por el flujo constante de los apetitosos fluidos de mi hija.

 

Ya no me podía controlar ni menos detenerme, levanté las caderas de Carolina para que solo sus hombros y su cabeza tocaran la cama, su coño comenzó a contraerse con fuerza contra mi cara mojada y lamí agresivamente todos los exquisitos jugos de coño de mi hija.      Ella quitó sus dedos de mis cabellos y comenzó a golpear con sus puños el edredón mientras agitaba su cabeza de lado a lado, resoplando los mechones de cabellos que se pegaban a su rostro cubierto de sudor.      Empujé mi lengua más allá de los bordes de su himen desgarrado y follé su apretadísimo coño con mi lengua.

 

Carolina enloqueció de placer, sujetó mi cabeza entre sus muslos y continuó a golpear mi espalda con sus talones.      Entonces supe que acababa de tomar la virginidad de mi hija con mi lengua, convirtiéndola ante mis ojos en una mujer.      De repente arqueó su espalda, sus pies se engancharon en una llave candado alrededor de mi cabeza, encerrándola entre sus muslos en una maniobra de tijeras.      Su vagina comenzó a emanar copiosos fluidos insípidos al principio, pero luego adquirieron un sabor entre dulce y salino, tal vez mezclados con un poco de orina.      La eyaculación femenina tiene un sabor salobre y dulce porque contiene azucares y minerales naturales, muy diferente de la orina o de los jugos lubricantes.      ¿Es posible que mi nenita haya eyaculado?

 

Fui a la cocina y traje un tiesto con agua tibia, jabonosa y dos toallas de baño grandes.      La puse sobre una de las toallas y comencé a frotar su cuerpecito exhausto y flácido, besándola y lamiéndola mientras lo hacía, ella me preguntó:

—¿Ya soy una niña grande, mami? …

—Sí, amor … eres una niña muy grande … acabas de tener un orgasmo … cuando Jacky te lame, ¿has tenido algo parecido? …

—Nnnn-no … él no hizo lo que me hiciste tú … no se siente como cuando tú lo haces … mami ¿lo has hecho tú con Jacky? …

—No, cariño … se supone que la gente no debe dejar que los perritos hagan eso …

—Pero mami … se siente muy bien … deberías dejarlo alguna vez …

Se estaba haciendo tarde, le pregunté si quería dormir en su cama o conmigo esta noche.      Ella eligió dormir en mi cama, así que la arropé, le di un beso de buenas noches y me fui a vaciar la bañera, que a todo esto, se había enfriado.      Sentía la necesidad de tomar una ducha.      Me quité la falda y la blusa, luego mis bragas humedecidas y mi sostén, después me puse mi bata larga, mientras esperaba que la bañera se vaciara.

 

Decidí ir a la sala de estar mientras esperaba y me preparé un trago doble, luego me senté y repasé los eventos del día.      Jamás pensé que en el día de hoy cometería incesto y pedofilia.      Terminé mi bebida de un trago, me recosté en el sillón reclinable y cerré los ojos para pensar en lo que había hecho.

 

Abrí los ojos de golpe cuando sentí la fría nariz de Jacky deslizarse bajo mi bata a oler los fluidos de mi encharcada conchita.      Traté de alejarlo, pero pesa más que yo, lo que se hizo casi imposible.      Lo siguiente que supe es que me estaba lamiendo mis fluidos resecos y los jugos que rebosaban mi coño.

 

Mi hija tenía razón, se sentía bien.      Me encorvé en la silla, moví mi trasero hasta el borde del asiento, luego me recliné en el sillón a disfrutar los lamidos a mi coño.

 

Improvisamente, Jacky saltó sobre mí, comenzando a dar saltitos, con sus patas apoyadas en mis hombros y sus caderas empujando rápidamente tratando de enterrar su muy grande y muy roja polla en mi coño.      Alcancé entre mis piernas, y agarrando su pene, lo apunté a mi coño ahora húmedo con gran éxito. Su cabeza y sus patas estaban sobre mis hombros y sus pies trataban de obtener tracción en la alfombra cuando me entró hasta la pelota. Intentó sin éxito meter la bola grande dentro de mí mientras yo me aferraba a su torso y él continuaba follándome frenéticamente.

***

 

—¡Mami! … ¡Mami! … despierta … tengo hambre …

Abrí mis ojos y vi aterrada que mi hijita de cinco años estaba de pie junto a mí, sacudiéndome el hombro.      Mi boca estaba reseca, todo me parecía como un mal sueño, excepto que no era un sueño, todo era demasiado real.      Mi mundo entero se estaba derrumbando a mi alrededor.      En un solo día, había hecho el amor apasionadamente con mi hija de cinco años y había permitido que mi pastor alemán de dos años me follara repetidamente y por varias horas, deteniéndome a ratos solo para llenar mi vaso de pisco sour.

 

Arrastré mi mal andada humanidad a la cocina tambaleándome, me preparé un taza de café y a mi hija una porción de cereales, un vaso de leche y dos tostadas.      Me senté a beber el café frente a mi hija y mirándola fijamente le dije.

—Cariño … sabes que no puedes contarle a nadie lo que hicimos anoche …

—¿Ni siquiera a la tía Beatriz? …

—¡Oh, Dios! … por favor, no … especialmente a ella … nadie … nadie, puede saber de esto … ¿entiendes eso, cariño? … soy profesora y podría perder mi trabajo si alguien se enterara …

El labio inferior de Carolina empezó a temblar e hizo una especie de puchero, una lágrima rodó por su mejilla cuando confesó:

—Emma ya sabe lo de Jacky, mami …

—¿Por qué se lo has dicho a Emma, cariño? …

—Porque Jacky también se lo hace a ella …

Dijo Carolina sollozando.      Emma de siete años, es la hija de nuestros vecinos Magaly y Roberto Ulloa.      Roberto es pastor de la iglesia adventista, una pequeña iglesia local.      Una familia bastante reservada, casi antisocial.      Sin embargo, permitían a Emma que frecuentara a Carolina y nadar en nuestra piscina.

 

Me quedaba la duda si Emma le había dicho algo a sus padres, pero probablemente no lo mencionaría a su padre siendo tan severo con ella, quizás a su madre.      La próxima visita de Emma, tengo que interrogarla al respecto, pensé.      También tratare de sonsacarle información sobre el colegio donde trabaja su madre y los rumores que giran por la ciudad.

 

Ese fin de semana llamé a la Magaly Ulloa e invité a su hija Emma a nadar en nuestra piscina, también le dije que mi hija haría un pijama party por el fin de semana, así que la debería mandar con su pijama y sus cosas para que se quedara con mi hija por el fin de semana.      Para mi gran sorpresa, Magaly estuvo de acuerdo en todo e inmediatamente aceptó.      Le dije que yo la llevaría de regreso a casa el domingo por la mañana, así no perdería de ir a la misa dominical.      Pero Magaly dijo que no le haría daño a la pequeña si se perdía una misa y que podía quedarse con Carolina hasta el lunes y que yo la podría dejar en el colegio junto a mi hija.      Me pareció que me estaba entregando a la pequeña Emma en una bandeja de plata.

 

Una hora después, Emma llegó saltando por la acera y subió a casa nuestra con una mochila en su espalda, vistiendo un par de leggins rojos muy ajustados, la delgada tela dibujaba en relieve el pliegue de los labios de su vagina y se enterraba sugestivamente entre sus redonditas nalgas.      Vestimenta muy poco apropiada para la hija de un ministro adventista, pensé.

 

Me sorprendió cuando las dos chicuelas se saludaron con un abrazo y un beso en los labios.      Le dije a mi hija que llevara a Emma a su habitación y se pusieran sus trajes de baño, entonces Emma me dijo:

—No he traído ningún traje de baño, tía … ¿podría nadar sin nada? …

—¿Acaso quieres nadar desnuda? …

—¡A-há! … ya lo he hecho antes …

—¡Mami! … ¡Mami! … yo también quiero nadar sin bikini …

Dijo mi hija entusiasta.      Bueno nuestra piscina está en la parte de atrás de nuestra casa, rodeada de altos setos, lo que permite bastante privacidad, era solo totalmente visible desde el segundo piso de la casa de Magaly, así que estuve de acuerdo con las chicas.      Además, era una buena oportunidad de ver como era la pequeña Emma sin su vestimenta.

 

Las dos niñas nunca se molestaron de ir a la habitación de mi hija a cambiarse, ahí mismo en la sala de estar se despojaron de sus ropitas.      Mis ojos recorrían lascivamente sus cuerpos desnudos, yendo del coño casi invisible de mi hija, al coño diminuto de Emma con sus labiecitos ligeramente protuberantes.    Me fije en sus culitos perfectos cuando salieron corriendo alegremente al patio a través de la puerta de vidrio francesa.

 

Me serví un jugo de frutas y me fui a recostar en la tumbona a orillas de la piscina para observar de cerca a las niñas que ya chapoteaban en el agua que les llegaba hasta el cuello.      Estaba en el otro extremo de la piscina con mis lentes obscuros.      Las chicas saltaban y jugaban entre ellas, pero me lanzaban furtivas miradas.     En un dado momento tuve una breve somnolencia, cuando abrí mis ojos, vi esos pequeños cuerpecitos desnudos muy cerquita el uno del otro y con manitos que se movían bajo el agua

 

Miré por encima de los setos a la ventana de la casa de Magaly y la vi a ella mirando hacia la piscina.      Por la altura, estaba segura de que ella tenía una visual mejor de las niñas desde allá arriba.      Me sorprendió ver que ella me saludaba desde la ventana, así que levanté mi brazo derecho para contestar su saludo.      También me fascinó el notar que Magaly estaba a torso desnudo, que era lo que yo alcanzaba a ver desde aquí abajo, no me extrañaría si estaba completamente desnuda.

 

Para no ser menos, me desnudé dejando mi traje de baño sobre la tumbona y me zambullí en el agua fresca, dónde me uní a las pequeñas, ambas se abrazaron a mi estrechamente, “accidentalmente” tocaban mis pechos.      Carolina me beso en los labios y Emma hizo lo mismo.

 

Miré de soslayo a la ventana en el segundo piso y vi que Magaly movía su mano frenéticamente, su expresión facial no me dejó ninguna duda, ella se estaba masturbando.

 

Aferré las tiernas nalgas de las chicas que descansaban sobre mis antebrazos, sus coños presionaban mis caderas.      Mi endurecido pezón derecho presionaba el pechito de mi hija, mientras mi pezón izquierdo estaba en medio a las inexistente tetitas de Emma.      Ambas chicas se aferraban a mi cuerpo y restregaban sus diminutos coños en mis caderas, sus cuerpecitos húmedos se deslizaban fácilmente contra mi cintura y caderas.      En un susurro le dije a Emma al oído.

—Al parecer tú mami nos está mirando …

Ella dio un vistazo hacia la ventana y dijo resueltamente:

—Déjala … a ella le gusta mirar …

—Sí, mami … déjala … a ella le encanta mirar …

Me sorprendieron las palabras de mi hija ¿Cuándo y cuantas veces ella habrá mirado a las chicas?      Estaba absorta pensando estas cosas, cuando Emma tomó sorpresivamente mi rostro y estampó un histriónico beso en mis labios.      Entonces Carolina en son de protesta dijo:

—¡Hey! … ¿Qué te pasa? … ella es mi madre …

Dijo mi hija un poco pasada a llevar y tal como había hecho Emma, procedió a darme un sonoro beso con lengua en mis labios.

 

Me sentí muy excitada, pero me inquietaba ver a Magaly igual de excitada, masturbándose mientras miraba desde la ventana.      Caminé hacia las escaleras con la chicas abrazadas a mi flancos, mientras las sentía refregar sus pequeños coños en mi piel.     Mientras las acercaba a las escaleras para que salieran de la piscina, les dije:

—Se está poniendo frío … vámonos a la casa a beber una buena taza de chocolate caliente, ¿quieren? …

—Sí, tía … vamos, yo traje una merienda …

—Vamos, mami … ¿me das un pedacito de torta? … prometo que me comeré toda la comida …

Carolina fue la primera en alcanzar la esclera, luego llegó el turno de Emma, me giré a mirar el segundo piso, Magaly estaba todavía allí apoyada a la buhardilla.      Hice como que accidentalmente metía las manos entre los muslos tibios de Emma y acaricie su tierno coñito y le sonreí a su madre, con aires de que había sido un toco totalmente inocente.      Magaly volvió a levantar su mano y me saludo con su sonrisa esplendente.

 

Después de que terminaron de beber el chocolate, mandé a ambas chicas a la ducha y luego se fueron a la habitación de Carolina para vestirse, Jacky las seguía de cerca.      Fui a mi dormitorio, me puse mi bata de felpa blanca y regresé a la sala de estar donde me serví un generoso vaso de pisco sour.      Me estaba acomodando en mi sofá, cuando sonó el timbre, era Magaly.

—Pensé en pasar a ver si Emma se está portando bien …

Dijo ella, la invité a pasar y le dije:

—Ella está bien … están jugando en la habitación de Carolina … ¿quieres que las llame? …

Se escuchaban los ruidos y risas de las dos chicas.      Magaly inmediatamente dijo:

—No … no … puedo escuchar que se están divirtiendo … déjalas que se diviertan …

—Es un placer tener a Emma con nosotras … nos encanta tenerla aquí …

Le dije conduciéndola a la sala de estar, la hice sentarse y le ofrecí algo de beber:

—¿Te gustaría beber algo? …

—¿Qué tienes? …

—Bebida cola, jugo de fruta, agüita mineral …

—¿Y que estás bebiendo tú? …

—Pisco sour … y está un poquito fuerte … 

—Eso … un buen vaso de pisco sour … si está fuerte mejor …

—Bueno … si no vas a conducir, no te hará mal …

Le serví un generosa cantidad de pisco sour y añadí un cubito de hielo.      Magaly miro mi vaso y el suyo, reparó que mi vaso era ligeramente más pequeño, dijo sonriendo:

—¿Acaso quieres emborracharme? …

—¿Porqué querría hacer eso? …

—No sé … quizás quieras sonsacarme alguna información …

—A decir verdad, sí … quisiera hacerte algunas preguntas de carácter religioso …

—Adelante … pregunta …

—¿Por qué en el escudo de la iglesia, hay una serpiente? …

—La serpiente es un símbolo … fue puesta por Dios para enseñar a Adán y Eva los placeres del sexo, o como dicen algunos, el goce de lo que el hombre llama pecado … pero no hay tal pecado …

—¿No? … ¿Ninguno? … ¿No hay nada pecaminoso? …

—Piensa un poco … Si fuera pecaminoso, ¿por qué el buen Dios lo habría puesto delante de nosotros? … Dios favoreció a Adán y Eva con tres hijos.      Caín, Abel y Set.      Todos hombres, ellos engendraron hijos e hijas … ¿con quien los engendraron? … 

Me quedó mirándome, evidentemente buscando una respuesta, sin saber que decir, inventé lo primero que se me vino a la cabeza.

—No lo sé … ¿un milagro? … ¿una angelita? … no sé …

—¡Nada! … lo única mujer era Eva … así que ella yació con todos … y todos los hijos nacieron de Eva en los primeros tiempos … después vinieron algunas niñas y Eva les enseño a follar con sus padres y hermanos … el incesto es el origen de la humanidad … es la ley del hombre … Dios puso a Adán y Eva en esta tierra para procrear … nunca tuvo la intención de que practicáramos sexo solo con alguien de sexo opuesto … o fuera de la familia … Él quiso que nos amaramos los unos a los otros … hombres y mujeres por igual …

La respuesta no dejaba lugar a dudas, pero me inquietaba saber más y más claramente lo que ella pensaba de todo esto.

—¡Uhm! … ¿Tú y tu esposo … ehm … tienen intimidad con Emma? …

Magaly no vaciló un segundo en responderme.

—Sí … pero Roberto está esperando que Emma tenga la edad suficiente para procrear … yo como madre la debo preparar para ese momento tan importante …

—¡Oh! …

—¿Y tú? … ¿Te has follado a Carolina? …

Realmente me sorprendió escuchar la palabra “follar” en boca de la esposa de un pastor.       Improvisamente sentí que Magaly se podría transformar en amiga, no era tan aburrida como yo pensaba, tenía imaginación y quizás podría compartir algún secreto muy íntimo con ella.

—Sí … anoche por primera vez tuve sexo con ella …

Le dije confiadamente, suspiré como si me hubiera quitado un gran peso de mis hombros.

—¡Aleluya! … ¡Alabado sea el Señor! … es raro encontrar a alguien que entienda el maravilloso dono que nos ha dado Dios … ¿Por qué, si no, les habría dado a Adán y Eva tres hijos machos? … pues para que fueran y se multiplicaran … dejando a Eva la tarea de concebir y a los machos de follarla una y otra vez para cumplir el mandato de Dios …

Magaly se acercó a mi lentamente con una enigmática sonrisa en sus labios, lentamente agarro el cinturón de mi bata y comenzó a tirarlo hasta que mi bata se abrió:

—Por supuesto yo no comparto la creencia de mi marido de que uno debe disfrutar del regalo de nuestro buen Dios solo con el propósito de la procreación …

—Entonces él no sabe nada sobre ti y Emma …

—No … no sabe nada sobre nosotras ni tampoco de las demás …

Dijo pasando su mano por mi desnuda cintura:

—¿Otras? …

Sus manos habían bajado hasta mis nalgas, me atrajo con fuerza a su cuerpo:

—Las del colegio … todas esas hermosas chicuelas jovencitas … un verdadero regalo del buen Dios …

Rodeé su cintura poniendo mis manos en sus nalgas y la tiré más cerca de mí.      Nuestros coños estaban separados solo por el vestido de ella y nuestros montes de venus se movían haciendo círculos, me mojé toda y sentí esos cosquilleos en mi panocha bañada, ella me dijo:

—No te vayas a correr … no, así …

Subí mis manos y comencé a desabotonar su blusa, luego la rodeé con mis brazos y abrí el broche trasero de su sujetador, ella me miraba con los ojos lucientes cuando metió los pulgares en la cinturilla de la falda y la tiro por la piernas hasta lo pies de un solo golpe, el todo junto a sus bragas, yo me quité mi bata blanca dejándola caer al piso.      Una vez que estábamos las dos desnudas, me dijo:

—¿No crees que es mejor que vayamos a ver cómo están nuestras niñas? …

Las chicas nos vieron llegar desnudas e hicieron un poco de espacio en la amplia cama de Carolina.      Magaly no perdió tiempo, yo me senté con las piernas abiertas y ella paso una de sus piernas por debajo de la mía y empujó su pelvis contra la mía, estábamos en una especie de tijeras, nuestros clítoris se tocaban y ella comenzó a frotar su coño contra mi coño, realizando un movimiento circular y a ratos de vaivén.

 

Carolina y Emma estaban sentadas de rodillas observándonos atentamente, el contacto del coño caliente de Magaly muy pronto me tuvo suspirando y gimiendo, ella se echó para atrás tomando de un bracito a Carolina y la sentó sobre su rostro, mi hija se inclinó hacia adelante apoyándose en el vientre de Magaly, ella la había tomado de las caderas, controlando los movimientos de la chica mientras su lengua se abría paso entre los hinchados y apretados labios de la vagina de mi hija,

 

Emma se vino sobre mí y asumió una posición idéntica a la de Carolina, comenzando a mover sus caderitas de una manera más controlada y experimentada que mi hija.      Ambas chicuelas miraban nuestros inflamados clítoris que se juntaban y chocaban en un meneo armonioso de nuestros pubis.

 

Las dos chiquitas se besaron como habían visto hacer a nosotras poco antes, Emma más experimentada hizo un uso experto de su lengua, mientras la menos avezada Carolina lamio y mordisqueo el labio de su impúber amante.      Pronto ambas chica tuvieron que sujetarse a nuestros torsos cuando comenzamos a torcer y arquear nuestras espaldas, nuestros clítoris llegaban a sacar chispas y el sonido del chapoteo de nuestros coños rebosantes de fluidos llenaba la habitación.      Nuestros gemidos y chillidos se atenuaban un poco por los infantiles y húmedos coños que se frotaban sobre nuestras bocas.

 

Magaly apartó el coño de Carolina de su rostro resoplando y bufando en un agónico orgasmo, yo empuje dulcemente a Emma y aferré una de las piernas de Magaly para terminar de correrme moviendo salvajemente mis caderas, mi orgasmo me hizo convulsionar y me desplomé sobre la cama empujando mi coño sobre el de ella.      Las niñas nos observaban fascinadas.

***

(Continuará …)

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