Aunque mi desarrollo sexual empezó desde muy pequeña, fue hasta los 16 que tuve mi primera experiencia sexual. A esa edad ya era lo suficientemente independiente para moverme sola, salvo cuando me quedaba con mamá, ya que tenía chofer, aún así como mis padres casi nunca me prestaban atención, hacía y deshacía a mi antojo, siempre con cuidado de que no se dieran cuenta de mi putería.
Mi madre me había dado una tarjeta de crédito adicional a la suya para lo que quisiera, además de una de débito donde me depositaba cada mes una buena cantidad para mis gastos diarios. Ninguno de mis dos padres se tomaba la molestia de revisar qué compraba o qué hacía con ese dinero, ambos tenían vidas muy ocupadas.
En ambas casas tenía un armario secreto en donde guardaba mi ropa de puta, ropa que usaba una vez que salía del radio de donde me conocían aunque en casa de mi padre no me preocupaba tanto por eso. Tenía micro faldas de todos los colores que me quedaban a la mitad del culo algunas casi hasta arriba, tangas de hilo, cacheteros de encaje, brassieres de encaje, bralettes, tops semitransparentes, pezoneras, vestidos diminutos, algunos con tirantes, otros de tubo, guardaba calcetas largas, medias de red, tacones y todo lo que necesitaba para excitar hombres y sentirme una verdadera puta.
Un día estaba en casa de mi papá, como siempre él no estaba, así que estaba en la sala viendo porno, en eso me encontré con un video de una chica que era manoseada en el metro, sentí una enorme excitación corriendo por mi ser, me imaginé a mí misma en el metro o en algún autobús siendo tocada, manoseada y humillada, con esas imágenes en mi mente me corrí soltando un gran gemido.
Mi padre estaba en una convención de abogados y no regresaría hasta dos días después y de mi madre no tenía idea de en dónde estaba y francamente no me importaba, así que tomé una decisión después de ver ese video, hoy sería el día en que cogería.
Me levanté del sillón y corrí a mi habitación, busqué en mi armario para ponerme algo que me hiciera ver como una verdadera puta urgida de verga. Encontré una falda de colegiala, roja tableada con cuadros negros, era perfecta, me llegaba prácticamente arriba de las nalgas, decidí ponerme una tanga de hilo negra, daba la ilusión de que no traía nada abajo, me puse un top strapple negro medio transparente, lo acomodé de forma que se viera parte de mi areola, agarré mis zapatillas negras, el tacón hacía que mi culo se viera más respingado.
Me peine con dos coletas, me puse un poco de rímel en las pestañas y me pinté los labios de rojo, no necesitaba más maquillaje, aún quería que se me viera cara de niña. Me puse un poco de perfume y un collar de perro que traía una placa en forma de hueso que decía “Puta” Me miré al espejo y me veía increíble, tan puta como lo había imaginado, agarré una bolsita en donde metí mis llaves, mi tarjetero y mi celular.
Esperé a que fueran las 6 de la tarde, a esa hora sale toda la gente de trabajar, por lo que toda la ciudad estaría llena y para mi muy buena suerte, había llovido, lo que hacía que el metro se atrasara y se llenara de gente. Salí del departamento de mi papá y me dirigí a las escaleras de emergencia, no quería que nadie me viera vestida así y le fuera con el chisme a mi papá, al final pude salir del fraccionamiento sin que nadie me viera.
Caminé hasta una parada de camiones y mientras lo hacía podía sentir la mirada de todos los hombres, de frente mirándome las tetas y por detrás viéndome el culo, estaba tan excitada que mi tanga estaba muy mojada, podía sentir un poco de mis jugos recorriéndome las piernas. Llegué a la parada y tal como lo había pensado, había muchísima gente.
Apenas llegué y sentí que alguien me rozó las nalgas, volteé y vi a un señor como de 50 años detrás de mí, primero se hizo el desentendido, así que le sonreí para que viera que no me molestaba, volví la vista al frente y sentí cómo se acercó a mí, tenía su bulto rozándome las nalgas, creo que se iba a venir cuando la fila avanzó.
Como yo había llegado poco después de las 6, me tocó casi hasta atrás de la fila, por lo que cuando por fin pude subir tuve que hacer milagros para moverme a la parte detrás del camión y fue cuando mi sueño se hizo realidad, estaba rodeada de hombres y todos me miraban, mi vagina estaba palpitando y escurriendo, quería que esos hombres me penetraran ahí mismo. Como pude, me acerqué a la esquina y le sonreí a un señor que estaba sentado, me devolvió la sonrisa y me miró con mucho morbo, bajó la vista hasta mis tetas y pude ver cómo tragó saliva.
El camión avanzó y el señor puso su mano en mi pierna, primero la rozaba, como probándome, viendo si no hacía una escena, como vio que no era así comenzó a acariciarme la pierna hasta que llegó a mis nalgas, luego tocó mi vagina, sintió lo húmeda que estaba y metió un dedo dentro de mí. Yo no podía con la excitación, tenía los pezones parados, lo que hizo que se salieran un poquito de mi top.
Un señor que venía a lado de mí vio lo que estaba pasando, me vio con las piernas abiertas y vio la mano del otro sujeto bajo mi falda, él no perdió el tiempo, se acercó a mí y comenzó a rozarme las tetas, yo estaba en el paraíso, era la mejor sensación del mundo, me sentía usada, un objeto. Tenía a un señor metiéndome los dedos en la vagina, a otro tocándome las tetas y entonces sentí a un tercero acariciándome el culo.
En un momento dado, el que me estaba tocando el culo me metió dos dedos, gemí de placer y de sorpresa, el de mi vagina igual me metió dos dedos, estaba en el éxtasis. De pronto sentí como bajaron mi top y empezaron a chuparme los pezones, eran dos señores diferentes. Cerré los ojos y me dejé llevar por el placer que estaba sintiendo, me sentía expuesta, violada, sucia, una parte de mí quería tirarse al suelo de ese camión y dejar que me violaran, que me cogieran tan duro y sucio como quisieran; con esa imagen en mi mente arqueé la espalda y me dejé ir en un orgasmo súper intenso, las piernas me empezaron a temblar y por unos momentos hasta vi borroso.
En lo que me recuperaba, llegamos al metro, me bajé del camión y me metí a la estación. A pesar del fuerte y delicioso orgasmo que había tenido, aún seguía muy cachonda. Una vez en el andén, caminé hasta el último vagón, me costó mucho trabajo llegar hasta ahí porque había muchísima gente, sin embargo pude darme cuenta de que había un tipo siguiéndome, no era tan viejo, tendría quizás unos 46 años, tenía una barba desalineada con unas cuantas canas, el cabello algo grasoso, los brazos peludos y se le notaba un poco la panza. Como pudo se acercó hasta que quedó detrás de mí, entonces pude oler el alcohol, el cigarro y la colonia barata que emanaba de él.
Cuando llegó el metro puso una de sus enormes manos en mis tetas y me empujó adentro del vagón, pegó su verga en mis nalgas y con su otra mano me agarró de la parte de atrás del cuello para llevarme a la esquina del vagón, una vez ahí me dio la vuelta para que lo viera.
–¡Qué linda puta me encontré! –me acarició la cara y pasó sus dedos por mis labios
–Nno-oo déjame –Su agarre estaba siendo muy duro y me lastimaba
–No puta, desde hace rato vi que estabas pidiendo verga a gritos, ¿A que si? ¿La zorra quiere verga?
–Por favor… –ni siquiera me dejó terminar de hablar porque me escupió en la boca, luego me metió su lengua, la sacó de mi boca y empezó a lamerme el cuello. –Déjame
–Pero si esto es lo que querías, no, maldita puta, tú no quieres que te deje y si me vuelves a decir no de nuevo, te voy a pegar, ¿Entendiste?
–Sí –mi respiración estaba agitada, eso hacia que mis tetas subieran y bajaran
–Qué ricas tetas tienes zorra, quiero poner mi verga en ellas.
Por primera vez desde que entramos, volteó a ver si nadie nos veía, pero el metro estaba tan lleno que nadie nos prestaba atención. Así que me bajó el top y empezó a lamerme los pezones, de vez en cuando los mordía.
–Por favor, basta –mi coño estaba húmedo, mis pezones estaban parados y mis piernas temblaban.
–Te dije que te callaras puta, sólo vas a hablar cuando yo te lo diga y harás lo que yo te diga, ¿Entendiste zorra estúpida?
–Ssi-ii
Regresó a lamer mis tetas y metió una mano bajo mi falda, hizo mi tanga a un lado y me metió 3 dedos de putazo, eso me sacó un gemido.
–Dices que te deje pero tu pucha está chorreando, quiere verga, ayyy putita, qué cerrada estás ¿eres virgen?
–Si
–Con razón pides verga, ¿Cuántos años tienes?
–16 años
–16 y ya eres una puta barata, te voy e enseñar a coger como una perra en celo –levantó la vista y vio en qué estación estábamos –nos bajamos en la siguiente, estúpida y cuidadito e intentes escapar o hacer un numerito
–Está bien –adopté mi parte más sumisa, por un lado mi instinto me decía que tratara de huir, pero por otro lado, mi ser me decía que me dejara violar, que era lo que siempre había querido y para lo que había nacido, para ser una puta.
El señor me traía bien agarrada de la cintura, la estación estaba llena de gente, así que me soltó por un momento y me puso frente a él, puso un brazo en mis tetas y la otra mano en mi culo, me guió por la estación hasta una salida que daba a un callejón, ya estaba algo oscuro.
Salimos y empezamos a caminar, el callejón estaba solo y al final había un motel, era feo, como a los que llevaban a las putas baratas.
Ni siquiera esperó a que llegáramos, me bajó el top para que se vieran mis tetas y así me obligó a seguir caminando.
–Eso, me gusta cómo rebotan tus tetas cuando caminas –hizo una pausa para chuparme un pezón –Quítate la tanga, puta, no la vas a necesitar. Le hice caso y la arroje a la calle.
Llegamos a la entrada del motel, yo seguía con las tetas por fuera, caminamos a la recepción, el sujeto sentado ahí era un hombre gordo y sudoroso, estaba viendo porno cuando llegamos frente a él.
–Dame una habitación
–Se ve muy chica, ¿Qué edad tiene? –le preguntó como si de verdad le importara si era menor o no
–Si no preguntas puedes chupar sus tetas, ¿No te gustan? –dijo el hombre con el que iba, agarrándome del cabello me ofreció al gordo de recepción. Yo estaba callada, mi respiración estaba muy agitada, mis tetas subían y bajaban.
–Está bien
El hombre gordo se inclinó y puso su boca en uno de mis pezones, al principio creí que me daría asco, pero me excitó ser ofrecida y más a un hombre tan asqueroso, me sentí un verdadero objeto, una muñeca; el gordo pasó la lengua por mis tetas, las lamia y chupaba como si nunca hubiera probado una, lo cuál sospechaba era verdad.
–Bueno ya, dame la llave y dime cuánto es –el hombre con el que iba volvió a jalarme del cabello para alejarme del gordo
–Te daré la llave y no te cobraré nada si me dejas meterle los dedos –el gordo sonrió, se veían sus dientes amarillos y asquerosos. Ambos hombre me voltearon a ver, pero yo sabía que no tenía voz ni voto en esa decisión, finalmente el hombre con el que iba habló.
–Siéntate en la barra y abre las piernas.
Me soltó e hice lo que me pidió, me senté en la barra del mostrador y abrí mis piernas para que el hombre gordo pudiera meter sus deos en mi coño. Estaba expuesta, lista para que me hicieran cualquier cosa que se les ocurriera, ya no había vuelta atrás.
La mirada del hombre gordo se iluminó, la situación me estaba excitando y mucho, tenía la pucha escurriendo, el gordo sonrió y sin avisar me metió tres dedos, no pude evitar soltar un grito, por suerte estaba muy mojada; se inclinó y me empezó a chupar las tetas de nuevo, era sumamente baboso, me las dejaba llenas de saliva, entonces empezó a follarme con sus dedos, los metía y los sacaba, cada vez más rápido y duro.
El hombre con con el que iba me jalo del cabello para que volteara a verlo, me dijo que abriera la boca y me escupió, luego empezó a besarme, metió su lengua en mi garganta, hizo que se la chupara. Así estuvimos un ratito hasta que sentí que me iba a correr, el hombre con el que iba se dio cuenta y le pidió al gordo que parara, me sentí muy frustrada porque ya me faltaba nada para venirme y él no me dejó.
–Tú te vas a venir hasta que yo te de permiso –luego aventó al gordo y me bajó de la barra –Ya te divertiste, ahora dame la llave.
El gordo le dio la llave, era la habitación 116, caminamos hacia el elevador, el hombre me iba jalando del cabello, cuando llegamos al elevador hizo que me arrodillara, se sacó la verga del pantalón, era grande y gruesa, me agarró la cabeza y me dijo que se la mamara.
Me metí su verga en la boca, estaba caliente y palpitando, primero le pasé la lengua por la punta y seguí por el tronco, se la estaba lamiendo pero el tipo quería más, así que jaló mi cabello para que me la metiera a la boca, no entraba completa, era muy grande, pero yo me la metía tanto como podía, empecé a moquear y mis ojos estaban lagrimeando, no podía respirar.
Pidió el elevador y me arrastró del collar que traía, lo que hizo que lo siguiera como si fuera un perro
–Me encanta tu collar, sabes exactamente lo que eres, una puta perra barata.
Llegamos a nuestro piso, intenté levantarme pero no me dejó.
–Quédate de rodillas y avanza como la perra que eres.
Salimos del elevador, yo iba a gatas y el me iba jalando del collar, me pidió que me arrodillara y sacara la lengua como buena perra hasta que abriera la puerta.
–Eres mi nueva mascota –me escupió en la cara y abrió la puerta del cuarto, entramos, me levantó y me quitó el top y la falda, dejándome únicamente con los tacones puestos.
–Acuéstate boca arriba y abre las patas, perra, quiero ver lo que voy a violar.
Caminé a la cama e hice lo que me pidió, mientras el hombre sacó una botella de alcohol de no sé donde y comenzó a beber. Sabía que me iba a violar y la idea me emocionó. El hombre se quitó la playera y el pantalón, se acercó a mí y me metió la verga, grité de dolor y se me salieron algunas lágrimas, al sujeto no le importó, siguió bombeando en mi interior, después de un rato dejó de doler, se sentía increíble, me vagina se había adaptado al tamaño de su verga y lo estaba disfrutando.
–Grita zorra, grita, ¿Te gusta mi verga?
–SIII ME ENCANTA PAPI, NO PARES
–Eso perra, así me gusta
Seguimos así un rato, yo gemía como perra en celo, le gritaba que no parara, que me encantaba su verga, hasta que me volteó y me puso en cuatro, me empezó a chupar el coño.
–Qué rico culo tienes pendeja, estás toda cerrada –me metió un dedo y gemí, usualmente cuando me masturbaba también me metía un dedo en el culo, se sentía rico, pero sabía que me iba a romper si me metía la verga. –Vas a llorar.
Diciendo eso me metió dos dedos en el coño, me dolió y grité, pero no le importó, el siguió metiendo y sacando sus dedos de mi culo, haciendo que se dilatara lo suficiente para meterme su verga.
–¡NOOO! –grité y comencé a retorcerme, dolía, ardía, sentía que mi coño estaba a punto de romperse.
–Te dije que no hablaras a menos de que yo te diera permiso, zorra –como castigo comenzó a bombearme más duro, con una mano me daba nalgadas y con la otra me jalaba el cabello. –¿Te gusta, puta?
–¡Nooo! Por favor, para, me duele –comencé a llorar, en me verdad me dolía y sólo quería que se detuviera, pero mi llanto sólo lo motivó a darme más duro.
–Deja de quejarte o haré que te duela más
Contuve mi llanto, él seguía metiéndome la verga hasta el fondo, sentía que me desmayaba y se lo dije, así que me volteó y me hizo inhalar una línea de coca, él también inhaló una desde mis tetas.
–Ahora ponte encima de mí.
La sensación era irreal, me sentía muy acelerada, el ardor de mi coño se desvaneció, sólo me sentía caliente. El tipo se acostó en la cama y me puso encima de él, me senté en su verga y comencé a mover mis caderas.
–Eres una maldita ramera, quiero escuchar cómo tus nalgas rebotan, muévete más rápido.
Comencé a brincar más rápido, esa sensación me gustaba, mis tetas brincaban y el tipo las lamía, les escupía y les pegaba.
–¡Ahhh sí, que rico se siente papi! Me encanta que me violes, soy tu perra, me encanta tu verga –En ese momento me sentía la más puta de todas, traía el maquillaje corrido y mis tetas tenían marcas, mi culo también estaba rojo.
–Sí, eres mi puta, sigue perra, sigue –me jaló del cuello para que me acercara a él, comenzó a besarme, metió su lengua en mi boca e hizo que se la chupara, después me escupió, en esa posición él comenzó a penetrarme cada vez más rápido, apretó mi cuello, me costaba respirar y sentía el orgasmo cada vez más cerca.
–Me voy a venir, por favor papi, no pares
–¿Quieres mi leche, puta estúpida?
–¡Sii, por favor! Dame toda tu leche, te lo suplico.
–Te voy a dejar chorreando
Entonces aumentó la velocidad de sus movimientos, solté un grito y tuve el orgasmo más potente que había tenido, al mismo tiempo sentí un chorro caliente dentro de mí.
El hombre se levantó de la cama, yo me recosté boca arriba, abrí mis piernas y sentí cómo su semen salía de mi vagina, pasé mis dedos por mi entrada agarrando un poco de leche y luego me metí los dedos a la boca, sabía amargo.
–No quiero que te bañes, vístete y así vete, quiero que cuando camines escurras mi leche por tus piernas. –Sonreí ante esa idea.
Me levanté de la cama y me vestí, antes de salir vi mi reflejo en el espejo, mis coletas estaban desechas, el rímel manchaba mis ojos, el labial lo traía corrido, tenía marcas en el cuello, me encantó cómo me veía. El hombre y yo salimos juntos y nos metimos al elevador.
–Espero volver a encontrarte en el metro, perrita
–Yo también lo espero –salimos del elevador y él se dirigió a la calle.
Vi la hora en el reloj de la recepción, eran las 10 de la noche, me dolían las piernas y todo mi cuerpo me gritaba exigiendo descanso, pero antes de irme decidí pasar a ver al gordo de recepción.
–Hola –Le sonreí cuando me acerqué
–¿Qué quieres, zorra?
–Quería decirte que me encantó que me tocaras, y quería ver si podía hacer algo por ti –Le dije mientras volvía a bajarme el top y me acercaba a él.
El gordo estaba sentado en una fea silla, me senté encima de él viéndolo de frente, con las piernas abiertas, comencé a besarlo, él me besaba con desesperación, metía su lengua en mi garganta y me dejaba toda su saliva, mientras iba tocando mis tetas, pellizcaba mis pezones y les soltaba pequeños golpes.
Como pudo se levantó cargándome y me recargó en la barra de la recepción, entonces empezó a chuparme todo, desde la cara, el cuello, las tetas, el abdomen, los muslos, todo.
–Por hoy puedo ser tu puta, cógeme, soy tuya
–Si eso quieres, perra
No la pensó mucho, se bajó el cierre del pantalón y metió su pene en mi vagina, no era tan grande como la verga del otro tipo, pero aún así se sentía bien. Su panza peluda chocaba contra mí, primero empezó con embestidas lentas y así fue subiendo el ritmo.
–Quiero tu leche en mis tetas papi, por favor, llénamelas de tu leche
–Lo que la puta pida
Siguió dándome con fuerza hasta que volví a sentir ese cosquilleo antes del orgasmo, me vine y a los poco minutos el gordo sacó su verga, me puso de rodillas y dejó caer toda su leche en mis tetas, algunas gotas cayeron en mi cara.
Sonreí, estaba satisfecha, llena y feliz, por fin me habían tratado como la puta que era. Me levanté y así sin limpiarme el semen del gordo me acomodé el top.
–Deberías venir más seguido zorra, hay muchos hombres que pagarían bien por una puta como tú –Me dijo el gordo y me tendió una tarjeta con el número del motel, en la parte de atrás venía su número.
–Lo pensaré papi –le contesté mientras le daba la espalda y salía del lugar. Mis piernas temblaban y escurrían semen y mis propios fluidos, estaba cansada y quería dormir.
Al final pedí un Uber a casa de mi papá, fue por pura suerte que el chofer no haya querido violarme también, con la ropa que traía puesta lo sentí casi seguro. A ese punto ya eran casi las 12, igual que cuando me fui tuve mucho cuidado de que nadie me viera. Una vez adentró me fui directo a mi cama, pensé en bañarme, pero aún quería seguir sintiendo todos los mecos que tenía en mi cuerpo, como pude me quité la escasa ropa que llevaba, arrojé los tacones, me manosee un poco esparciendo el semen que todavía que no secaba y finalmente me quedé dormida.
Yo era uno de los del metro.
Nap, brincos diera…
Ya en serio:
Clase alta, putería precoz, pelirroja… me encantó.
Ah, y lo más importante… está bien escrito y se puede leer,