Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Segunda Parte.

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Mamá se detuvo en el vano de la puerta con una mano en su cadera y una seductora sonrisa en sus labios, se había vestido completamente de negro, un desabillé de satín largo hasta sus tobillos, pero abierto en la parte delantera, sus muslos desnudos completamente eran adorables, después una enagua de chiffon transparente que alcanzaba a cubrir justo su ingle, un grueso sostén con encaje y bragas tipo pantaleta con revuelos y encajes.     A decir verdad, lucía espectacular, pero nada de sus vestimentas eran ni modernas ni reveladoras, todas sus hermosas partes íntimas estaba cubiertas por sus prendas anticuadas y sexys, pero su belleza de mujer superaba todo eso, su beldad apabullaba y no podía ser escondida por ninguna prenda.

 

Conociendo a mi madre, no dije nada y pensé solo que era el comienzo de algo mejor.     Mamá llegó con el tubo de ensayo en su mano lista para tomar la primera muestra, se acercó coquetamente a la cama y me preguntó:

—¿Estás listo, Alberto? …

—Sí … mamá …

Respondí casi con un suspiro que pareció un grito de desahogo, mi pene estaba erecto como un poste, mi madre me miró y su boca se entreabrió o por lo menos eso me pareció a mí.       La miré sin detenerme a observar su entera belleza, no quería hacerla enojar, se veía de buen humor, tranquila y dispuesta a ayudarme:

Veo que no necesitas ninguna estimulación …

Dijo acercándose a mi cama, su bata se abrió un poco y sus pechos se adivinaban grandes y bonitos, ella simplemente se paro ahí a mi lado sin despegar su vista de mi pene, mantenía el tubo en su mano:

—Has crecido bastante desde la última vez que te vi desnudo …

Insinuó un poco sorprendida por mi gran erección.   Luego sus ojos se posaron en los míos.     Nunca vi ese brillo en los ojos de mamá anteriormente.     Moviendo sinuosamente su cuerpo, se arrodilló a mi lado diciendo:

Alberto … voy a aferrar tu polla y la masturbaré con mis manos … luego deberás correrte en este tubo … eso fue la indicación de la doctora, ¿verdad? …  

Luego se inclinó, agarró mi verga y comenzó a frotarla de arriba abajo lentamente, apoyó el tubo entre mis piernas y liberó su mano para acariciar mis bolas:

—¿Éstas son las que te duelen? …

Me preguntó mientras sobajeaba delicadamente mis testículos mirándome con sus ojos encendidos.   Miré sus tetas que llenaban sobradamente su anticuado sostén, lo que no restaba nada a su magnificencia y exuberancia, efectivamente eran mucho más grandes de lo que imaginaba.

—Hijo … puedes tocar suavemente mis piernas … pero no olvides de avisarme cuando estés por correrte …

Miré su trasero un poco ensanchado por la posición de su cuerpo, muy redondito y hermoso.     Su calzón elastizado apretaba sus nalgas moldeándolas seductoramente.     Se veía una parte de sus muslos blanquísimos, pero la tela cubría la mayor parte de sus glúteos.     Aun cuando su ropa interior era evidentemente pasada de moda, el hecho de tener a mamá a mi lado en ropa interior me excitaba salvajemente.

 

Sentir la delicada y cálida mano de ella estrechando mi verga era ya como estar más cerca del paraíso.     Sus caricias eran verticales y suaves.     Mi mano se movió a tocar su muslo, lenta y suavemente solo con la yema de mis dedos.     Sus piernas eran suaves y carnosas, extendí mi mano para acariciarla con toda mi palma, seguía palpando sus tibias carnes con mucho cuidado para no hacerla enfadar.      Ese contacto físico con ella era como un sueño, sentí mis testículos en ebullición, mamá restregaba mi pija en su mano desde hacía ya varios minutos y sentí el cosquilleo característico en mis bolas:

—¡Mami! … ¡Ya! … ya casi me viene, mami …

Mamá rápidamente agarró el tubo de ensayo con una mano y comenzó a pajearme vigorosamente, luego empujó mi glande dentro del recipiente.     Cerré mis ojos y deslicé mi mano bajo el elástico de las bragas de mi madre, haciendo escurrir mis dedos por sus carnosas nalgas y acercándome a los labios calientes de su chocho, eso fue suficiente, grité:

—¡Ay! Mamita … que me corro, mami … ¡umpf! … ¡umpf! … ¡umpf! …

Chorros candentes de esperma comenzaron a ser expelidos dentro del tubo de ensayo, mamá se había inclinada ulteriormente, controlando acuciosamente la toma de la muestra, vigilaba con grandes ojos como mi esperma escurría dentro de la ampolla de vidrio, de hecho, la toma fue un éxito y logró que todo mi semen se vertiera dentro del tubo sin derramar ni una sola gota.    Sus dedos ordeñaron mi pija por unos instantes causándome escalofríos y estremecimientos, mamá vigilaba de cerca todas mis reacciones, sus mejillas estaban encendidas como si tuviera calor y su respirar era ligeramente agitado, con una sonrisa de oreja a oreja me mostro el tubo, estaba lleno como un cuarto, se veía muy contenta, ¿quizás excitada?  No lo sé.

—Esto salió muy bien, Alberto … te has comportado muy bien … que buen chico que eres … tenemos nuestra primera muestra …

Me mostraba el tubo como un trofeo, poniendo su dedo junto a la rayita negra de la escala de medida del tubo:

¿Ves aquí? … has llegado a la “Quinta” rayita …

Mamá tomó el papel para registrar los datos y luego se dirigió a mí:

—Hijo … creo que está bien por ahora … no olvides de lavarte y luego ordena y limpia aquí …

Dijo dándose la vuelta y caminó hacia la puerta.     Sus exuberantes formas estaban totalmente expuestas, no importaba cuan fuera de moda estuviesen sus vestimentas, su belleza resultaba espléndidamente actual.     No podía apartar los ojos de su trasero formidable, el movimiento acompasado de su caminar hacía levantar un glúteo mientras descendía el otro a un ritmo totalmente erótico, me preguntaba si alguna vez llegaría a ver más de su hermoso trasero.     Miré al techo después que ella salió de mi cuarto, me puse a pensar en cómo serían los siguientes diez días.     Después de haberme masturbado por años en completa soledad y temiendo de que mamá no se enterara, sentía una especie de liberación al hacerlo con ella, en su compañía y, lo mejor de todo es que era ella la que hacía la mayor parte del trabajo.     Fue una sensación increíble y maravillosamente excitante, mis impulsos sexuales se habían exacerbado gracias a mamá.

 

Después de organizar mis pensamientos y desvariar repasando en mi mente lo sucedido, decidí que sería mejor ir a lavarme y vestirme cómo me había dicho mi madre, no sea cosa que vuelva y se enfade conmigo.     Me lavé mi verga, me puse mi pijama, volví a mi cuarto y me senté en la cama.   El dolor de mis bolas no se había ido, pero había disminuido un poco.     Esto no dejaba de preocuparme y no me permitía de disfrutar los acontecimientos en su verdadera magnitud.   Mamá frotando mi verga hasta correrme, jamás lo pensé antes.    Espero sea solo una fase de mi desarrollo cómo dijo la doctora y nada más que eso.

 

Tal cómo supuse, mamá llamó a mi puerta y entró.     Estaba completamente vestida y se veía ordenada y pulcra.     Verla vestida me excitaba aún más que verla en ropa interior y tocarle el culo con su debido permiso.     Mi polla volvió espontáneamente a endurecerse.     Mamá se sentó al borde de la cama y acarició mi pierna sonriéndome, me dijo:

—Hijo … mañana por la mañana tomaremos la segunda muestra … la que acabamos de tomar salió bastante expedita y buena … pondré la alarma temprano y llamaré a tu puerta para tomar la muestra siguiente …

—Está bien, mamá …

Le dije con una sonrisa tratando de sonar tranquilo y relajado, pero en realidad con mis piernas plegadas estaba escondiendo mi tremenda erección, no sé si hubiese podido correrme otra vez.

—Ahora te voy a dejar porque es hora de dormir …

Mamá me dio un beso en la mejilla, se levantó y se fue.     Miré mi despertador.   Eran las diez.     Pensé en lo que había dicho mi madre sobre la segunda muestra.     Me levanto más tarde que ella, así que luego de eso podría dormir otro rato después de la sesión con mamá.     Pensé si volvería a colocarse su ropa de interior sexy, involuntariamente mi pene comenzó a pulsar.    Fue increíble que hayan sucedido todas esas cosas.      Me levanté y me puse a jugar con mi PC, no me podía concentrar y repetidamente perdía mis vidas, así que decidí volver a la cama y dormir.

 

—¡Son las siete! …

Escuché una voz en la lejanía, alguien tiraba de mi brazo.

—¡Alberto! … ¡Despierta, niño! …

¡Oh, mi Dios!, ya era de mañana y mamá me estaba despertando.     Abrí mis ojos somnolientos.    Mamá abrió las cortinas y una luz enceguecedora entró a raudales en mi habitación.     Mi pene estaba semirrígido debajo del edredón.     Vi que mamá estaba completamente vestida con una falda negra y una blusa color beige.

—¡Se hace tarde, hijo! … despierta …

Sonaba molesta.    Quizás era su estado de ánimo matutino, a menudo estaba así por la mañana, pero en su mano tenía el tubo de ensayo para la muestra.

—¡Vamos!, tenemos que hacerlo rápido …

Seguía ofuscada por algo, rápidamente levantó hasta atrás el edredón y fijo sus ojos en mi verga semidura:

—Qué bueno que estás casi listo …

Dijo un poco más relajada y muy práctica.      Todo se sentía muy extraño entre nosotros, se había perdido la magia de la noche anterior.

—Termina de quitarte el pijama y recuéstate como anoche …

Hice como me dijo y me acosté de espalda con mi pene apena erguido, ella me miró y en tono de disculpa me dijo:

—No tengo tiempo para cambiarme de ropa … tendrás que contentarte, así como me ves … de todos modos puedes tocar mi trasero sobre mi falda … debería ser suficiente para estimularte … ¿no? …

Me sentí decepcionado porque no se quitó nada de su ropa, pero cuando se subió a mi cama para aferrar mi verga, su culo quedó hacia mí y mis manos se fueron sobre sus nalgas magnificas, ella comenzó a bombear mi pija y yo a hacer círculos sobre sus glúteos.     Al igual que anoche, no quería parecer demasiado osado ni ansioso, así que toqué suavemente en círculos su nalga derecha y luego su lado izquierdo, presioné y apreté con dulzura, su culo era mórbido y carnoso.

—¡No vayas a arrugar mi falda! …

Dijo aprensivamente sin soltar mí verga que ahora estaba dura cómo el acero.   Aumenté la presión y el movimiento circular a su culo, luego arriesgadamente le dije:

—Mami … podría ayudar más si puedo… ¡emh! … meter mi mano bajo tu falda …

Me apronté a recibir una reprimenda, ella me miró y luego en tono algo severo me dijo:

—Si te vas a correr más rápido … está bien … pero atento a no arrugar mi falda …

Dijo en su habitual tono de profesora.    Con cuidado máximo, metí mi mano bajo el doblez de su falda y en medio a sus muslos cálidos y suaves, después extendí mis dedos y con la yema de mis dedos sentí la tela de sus bragas.     Estaba casi a contacto con su chocho, se sentía como un colchoncillo formado por la suavidad de sus vellos púbicos.     Había fuego entre los muslos de mamá.

 

¡Oh, Dios mío!   ¡Qué maravilla de maravillas sentir esa cálida y suave piel de sus muslos!   Apreté su entrepierna y ella apretó mi mano con sus muslos, moví mis dedos y levanté el elástico de sus bragas.     Volví a sentir esa sensación esplendida en mis bolas que se agitaron, mi polla se estiró aún más.   Era un deleite y un ensueño tocar a mamá, no podía resistirme mucho tiempo más.     Inmediatamente sentí que me iba a correr.

—¡Mami! … creo que me viene … mami, me voy a correr …

Le advertí y mamá prontamente puso el tubo en mi glande continuando a bombear mi pene con mayor vigor.    Al mismo tiempo mis dedos habían alcanzado el elástico de sus bragas y mis dedos tocaron su rajita humedecida y sus enmarañados rizos, cuando mis dedos palparon ese calor y humedad, mis chorros salieron disparados de mi verga:

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡mami! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …

Copiosos y espesos torrentes de semen salieron de mi pija palpitante, mamá ordeñaba mi verga dentro del tubo y yo me contorcía con mis ojos cerrados y apretaba mis glúteos expeliendo toda mi carga de esperma. Estaba gimiendo en modo audible cuando mis dedos rozaron la hendedura vaginal de mamá.    Ella nuevamente en forma muy hábil logró atrapar todo mi semen en el recipiente, apretaba diligentemente mi polla y estrujaba mi pene al borde del envase hasta la última gota.

—¡Oh!, hijo … ¡Pero ¡qué bien! … eres un buen chico … mira cuanta me has dado …

Mi madre sonaba mucho más feliz que cuando empezamos.     Sus mejillas estaban sonrosadas, sus ojos brillaban como luceros y su respiración estaba ligeramente agitada.      Con su dedo mamá recogió una última gota de mi glande y la hizo deslizarse en el tubo recolector.    Luego levantó en el aire el tubo a la contraluz que filtraba del exterior y señalo la rayita negra del tubo y exclamó:

—¡Dios mío!, Alberto … es casi el doble de anoche … está cercano a “Diez” … eso es mucho …

Movía el tubo cerca de su cara contentísima, luego se levantó y arregló un poco su falda diciendo:

—Se ha hecho tarde … bajaré a escribirlo y a lavarlo … luego me iré al trabajo … ¡Diviértete en el colegio, hijo! …

Me dio un veloz beso en la mejilla y raudamente salió de mi cuarto.

—Chao, mami …

Respondí, luego apoyé la cabeza en la almohada y cerré los ojos, en una vivida imagen apareció en mi mente el hermoso trasero de mamá, ¡Guau!, pero que trasero.   Y sus muslos cándidos y cálidos.    Y la quemazón que sintieron mis dedos cerca de su coño.      Esta vez no tenía duda alguna, sus mejillas estaban sonrosadas, sus ojos con un centelleo especial, su respiración alterada y agitada.    ¡¡¡Mamá estaba caliente!!!     ¡¡No podía esperar hasta esta noche!!   Me preguntaba que más podría hacer para que mamá se desencadenara ¿Qué variante agregar a nuestras sesiones?    Tenía tantas cosas que pensar, que casi me levanto atrasado para ir al colegio.

 

No hubo modo que pudiese concentrarme en clases, mi pensamiento era uno solo.   Todo el rato tuve mi pene rígido y semirrígido y no cejaba de pensar en las manos celestiales de mamá pajeando mi pija.     Sus vestidos sexys, sus miradas enigmáticas, la cercanía de su piel, el rubor de sus mejillas.     En mi mente todo era mamá.

 

Hacía el final de la jornada mis pelotas me dolían bastante.     Necesitaba urgente un desahogo.     Cuando llegué a casa mi corazón se aceleró y no sabía cómo se comportaría mamá.     Su auto estaba ya estacionado en el camino a la entrada de la casa.   ¡¡Mamá ya estaba en casa!!   Estaba en la cocina y en cuanto me sintió entrar, me llamo:

—Alberto … ven aquí …

Rápidamente caminé por el pasillo hasta la cocina.     Mamá estaba con la cabeza gacha mezclando algo en una fuente:

—Hijo … he estado pensando … creo que tenemos que organizar esta toma de muestras vespertinas … lo haremos tan pronto como llegues y luego una última antes de que te vayas a la cama … así ambos tendremos tiempo de hacer otras cosas … ¿No crees que sería mejor? …

Mamá tenía un tono de voz diferente, autoritaria y mandona, no me esperaba este recibimiento, pero mi madre es así.     Algo le incomodaba.    Cómo no respondí nada, ella prosiguió:

—Todo esto es inusual y muy difícil para mí, Alberto … los estoy haciendo solo por ti … espero lo aprecies …

Seguramente ella también había pasado la jornada pensando en lo que hacíamos, sus remilgos luchaban en su interior y su mojigatería también.     Sabía que no podía eludir la toma de muestras y esto no les daba paz a sus creencias ético-religiosas.     Imagino que era una dura lucha interior para ella con sus gazmoñerías.

—Sí, mami … lo sé y te estaré por siempre agradecido …

Dije en un tono neutral, para no terminar de irritarla y enojarla, luego agregué:

—… es solo por unos pocos días más, mami …

—¿Estás seguro de que no le mentiste a la doctora? … ¿Qué no fue una chica a contagiarte eso? …

Preguntó abrupta, sospechosamente y buscando mi mirada:

—De ser así … tendrás que vértelas conmigo, jovencito …

Su tono era decididamente amenazador y ofuscado.

—¡¡¡Pero mamá!!! … He sido honesto … de ninguna manera mentiría … no sé el origen de mi malestar … realmente no lo sé, mami …

Mantuvo su mirada severa en mí, luego hubo un largo e incómodo silencio, finalmente se apaciguó y la tensión cedió:

—Está bien, entonces …

Dijo algo más calmada y se volteó a revolver su ensaladera, luego en un tono más relajado me preguntó:

—¿Vas a tomar una ducha? …

Todavía había un dejo de enfado en su tono de voz, quizás se debía a su trabajo, pensé.

—Sí, mami …

Le dije un poco inquieto.

—Entonces si queremos tomar dos muestras, creo que deberíamos hacer la primera ahora mismo … podríamos ducharnos juntos … ¿Qué me dices? … ¿Te va? …

Toda preocupación voló de mi mente y mi pene reaccionó cobrando vida de inmediato cuando mamá dijo eso, a pesar de que casi peleamos hace un momento, ella volvía a ser mi madre adorada.

—Está bien, mamá … yo … ¡emh! … dejaré la puerta del baño abierta para ti …

—Sí … date un buen lavado primero … luego me llamas cuando estes listo … ve … ve … vete …

—Está bien, mamá …

Me volteé y subí corriendo las escaleras.     Me desvestí velozmente.     Lo único que pensaba era en correrme, en las manos de mamá que me pajeaba y me hacía eyacular en el tubo ese.     Necesitaba correrme lo antes posible debido al agudo dolorcillo en mis bolas.     Dejé la puerta abierta y me metí a la bañera.     Abrí la ducha y comencé a lavarme lo mejor posible, mi verga, mis bolas y mi culo, a mamá le encanta mi culo.     Mi polla se puso semi rígida.    Cerré el grifo del agua y grité fuerte para que mamá me escuchara:

—Mami … ya estoy listo …

Mientras me secaba, pensaba a mi madre que vendría dentro de breve en sostén y bragas, mi polla se revitalizaba enhiestamente, dura como el granito.     Pero me avergonzaba delante a mamá con mi pene totalmente tieso.     Ella lo vería apenas entrara al baño.     Así que me envolví con la toalla en modo casual, esperaba que no se diera cuenta de mi pene rígido, después esperé.

 

Primero escuché que mamá entraba en su propio dormitorio y luego la sentí que llamaba a la puerta del baño entreabierta:

—¡Adelante! …

Dije con mi corazón desbocado que casi se me atragantaba en mi garganta, estaba ansioso.     Mi madre totalmente vestida, aún conservaba su falda y su blusa con las que estaba en la cocina.    Me sentí un poco decepcionado.     Pero me reconfortó verla con el tubo de ensayo en su mano.     Ella miró la toalla que me cubría.     Mi verga palpitaba bajo la toalla.

—¿Por qué te estás cubriendo? …

Preguntó arrebatando la toalla que me cubría.     Mi pene saltó hacia arriba revelando mi evidente y robusta erección.     Me ruboricé, todavía no me acostumbraba a que me viera desnudo y excitado.

—Tú pene se endurece fácilmente, ¿verdad? …

Dijo sin quitar los ojos de mi erección carnosa, lo miró fascinada, extasiada.     Confundido y turbado por mi vergüenza, trate de hilvanar una excusa plausible.

—Realmente no puedo evitarlo, mami … eso no se deja comandar … soy muy joven …

Mamá lamió sus labios rojos y sabrosos.     Nunca antes lo había hecho así casi descaradamente.    Me sonrojé nuevamente sin saber que pensar ni hacer.     Ella me miró y dijo:

—Está bien … ahora harás exactamente lo que te digo … ya que estamos aquí en baño, lo haremos un poco diferente … te quedarás de pie …

—Bueno, mamá … como tú quieras … creo que será más rápido así …

Le dije todavía intimidado, luego me habló:

—No parece necesites más estimulación … pero me voy a quitar la blusa y la falda … no quiero que me vayas a salpicar y manchar …

Diciendo eso, se volteó, se sacó la blusa por sobre su cabeza y la puso sobre las toallas.    Podía ver las marcas rojas que dejaban los tirantes del sostén de mamá en sus hombros debido al peso de sus grandes tetas, su sujetador era color piel.     Siempre de espaldas a mí, desabrochó el costado de su falda y la deslizó a sus tobillos, su hermoso culo me causo un par de pulsaciones a mi pija.     También sus bragas eran color piel, parecía desnuda, sus nalgas venían contenidas maravillosamente por su calzón que era más moderno que las bragas negras que había usado con anterioridad.     También dejaban más piel a la vista, porque estaba ya metido entre sus apretados glúteos albinos, se veía realmente sexy.     Se agachó a recoger la falda y casi me quedé sin respiración ¡¡Que hermosa vista!!  Su trasero apuntaba directamente hacia mí y la tela de sus bragas estaban metida profundamente entre sus nalgas perfectas.

 

Consciente o inconscientemente, mamá se mantuvo agachada por un momento, luego se puso de pie y depositó su falda cuidadosamente plegada sobre la blusa.     Se volvió, me miró sonriéndome en forma coqueta y luego sus ojos bajaron a mi polla.     Miré su sostén y al igual que sus bragas, parecía mostrar más generosamente su tersa tez, pero cubría bien sus mamas poderosas, había poco o nada más que ver.

 

Entonces mis ojos se movieron a su entrepierna, el material de sus bragas era bastante ancho y tampoco logré ver mucho, ni siquiera sus vellos púbicos.    Rápidamente levanté mis ojos, no quería que me atrapara mirando a su coño.

—Entonces … ¿Ya te lavaste? …

Preguntó mirando mi verga tiesa.

—Sí, mami …

Respondí con un hilo de mí pudibunda voz, sintiéndome pudoroso y tímido de nuevo.

—Haremos otro enjuague solo para estar seguros …

Respondió mi madre.    Tomó el cabezal de la ducha, abrió el grifo y apunto el chorro tibio hacia mi pene endurecido.    Se vertió un poco de jabón líquido en las manos y procedió a lavar mi pija y mis bolas acuciosamente, movía mi prepucio atrás y adelante haciendo escurrir el agua sobre mi glande, jugó un poco con mis pelotas chorreándolas y palpándolas y luego me dijo suavemente:

—Date vuelta, hijo …

Tengo que decir que me sorprendió un poco su requerimiento.     No sabía por qué quería lavar mi trasero, pero sin decir nada me volteé dócilmente y le presenté mis posaderas

Alberto … tienes unas hermosas nalgas …

Dijo mientras me chorreaba agua entre ellas y me pasaba su mano rozando delicadamente mi ano, espontáneamente mi verga pareció crecer y la consistencia pareció que se tornaba todavía más duro, nuca lo había tenido tan tieso y parado, sentí un cosquilleo particular.

—¡Mami! … creo que me voy a correr …

Dije casi desesperadamente.

—Entonces date la vuelta rápidamente …

Me volteé en un instante y casi golpeo su nariz con mi polla dura.      Ella no se apartó, me miro como hechizada mordiéndose su labio inferior con mi polla meciéndose a centímetros de su barbilla, luego movió su cabeza como para espabilarse y dijo:

—Está bien … no perdamos tiempo …

Tomó el tubo de ensayo del lavamanos y me miró con sus ojos fulgentes diciendo:

—Ahora te masturbaré, hijo …

Me encontraba de pie en la bañera, mamá se inclinó hacia adelante y con el recipiente es su mano izquierda, procedió a magrear mi polla con su mano derecha.    Apuntó mi verga al receptáculo en su mano, el tubo estaba al mismo nivel de sus tetas, su mano izquierda hundía sus mullidos pechos sosteniendo el recipiente de la muestra, como si quisiera simular que yo rociara sus tetas esplendorosas.   ¡Mí Dios!   ¡¡Esto estaba simplemente cachondo!!

 

Su sujetador aprisionaba sus senos lujuriantes en sus estrechas copas.     La vista y la sensación de su mano en mi erección era fantástica.     Sentí que mi clímax estaba cercano, estaba pronto a correrme, cerré mis ojos, pero justo entonces mamá dejo de bombear mi verga, mi madre me miró con cierta preocupación, yo no entendía nada de nada, solo la observada perplejo y jadeante:

—Alberto … no quisiera que fueras a manchar mi lindo sostén … así que espera un poco mientras me lo quito …

No daba crédito a lo que acababa de escuchar ¡¡¡Mamá se quitaría su sostén!!!  ¡¡¡Diablos!!!    Acto seguido soltó mi pija, deposito el receptáculo de vidrio en el lavabo y comenzó a desabrochar su sujetador.     Mi corazón dio un vuelco y mi pene latía desbocado por la emoción.    Mamá ni siquiera miró mi reacción, con toda naturalidad se quitó el sostén, lo dejó sobre sus prendas, recogió el tubo y volvió a seguir bombeando mi polla.

 

Nunca antes había visto tetas de verdad.     No podía creer lo que se presentaba ante mis ojos.     Los senos lechosos, blancos y esponjosos de mamá   ¡¡Increíblemente emocionante!!    Podía apreciar las anchas areolas marrones de mi madre y sus pezones oscuros y enhiestos.     ¡¡Sus pechos eran absolutamente asombrosos y mi polla volvió a crecer y a entiesarse!!      Observé atentamente boquiabierto como esas mamas maternales se balanceaban a centímetros de mi verga que venía masturbada por mi madre.     Fue demasiado para mí.    Rápidamente grité:

—¡Mamá! … ¡Mamá!  … Ahora … que me corro, mami …

Mamá aferró mi pija con fuerza y aumentó la velocidad de su mano, acuciosamente apuntado mi glande dentro del tubo receptor que estaba casi entre sus mórbidas tetas.     Un aluvión de esperma comenzó a brotar a chorros espesos y copiosos dentro el recipiente que mamá sostenía en su mano con mucho cuidado, mientras eyaculaba veía como mamá acomodaba el tubo entre sus tetas:

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Oooohhhh! …

Gemí a alta voz mientras mamá me hacía una paja exquisita con sus delicadas manos y el tubo se llenaba casi aprisionado en sus templados senos.

—Bravo, Alberto …. Dámelo todo, hijo … todo … todo lo que tengas …

Decía mamá tironeando mi polla y ordeñándome hábilmente, apretaba y tironeaba mi verga al mismo tiempo.      Mi eyaculación pareció durar para siempre, me esforcé y aprete mis nalgas haciendo salir toda la esperma acumulada.     Finalmente, mamá soltó mi pene seco y fláccido.

 

Tuve que sentarme en el inodoro, mis piernas temblaban, tenía que recuperarme y cerré mis ojos.    Mi orgasmo había sido tan intenso que me sentí mareado por completo.     Cuando recuperé mis sentidos, mi madre blandía en alto orgullosa el tubo lleno casi a mitad:

—¡Mira! … ¡Mira, aquí! … se lo has dado todo a mami … te has superado a ti mismo … ¡mira! …

Mamá exultaba contentísima y sonrojada:

—¡Hijo! … son casi quince rayitas … ¡¡Eso es muchísimo!! …

Mis ojos no se quedaron mucho mirando el recipiente, lo que me llamaba la atención, era el continuo bamboleo de las tetas de mi madre ¡¡¡Que tetas más hermosas!!!   ¡¡¡Que tetas más calientes!!!   Traté de que no se diera cuenta de mi admiración por sus pechos, pero ella me miró en forma consciente de que mis ojos estaban embelesados con sus senos, y dijo sonriente:

—Está bien, Alberto … es suficiente … voy a anotar esta muestra y prepararé de comer … lávate y luego baja a comer …

Se dio media vuelta, agarró su ropa y camino semidesnuda por el pasillo con su típico bamboleo de nalgas que me fascinaba.     Nunca pensé que alguna vez vería a mamá en toples, con sus bragas color carne que la hacían parecer desnuda ¡¡Eso fue realmente increíble!!     No podía apartar los ojos de su magnífico trasero, la forma rítmica y asimétrica del movimiento de sus glúteos al caminar.    La tela de sus bragas perdida en la hendedura en medio de sus nalgas.     No sé si fue impresión mía, pero su movimiento era mucho más cadencioso que la vez anterior ¡¡Más seductor!!  ¡¡Me impactó realmente!!

 

Me lavé, me puse la ropa y me acosté en la cama a pensar en lo sucedido con mamá.     Estaba tratando de darle sentido a todo esto.     Fue muy irreal para mí.    Como un sueño.     Pero divagaba mi mente en el comportamiento de mamá.     En un principio parecía hipnotizada con mi verga, se lamía sus labios mientras la miraba.     Cuando se quitó su falda y se agacho brindándome una vista espectacular de su culo maravilloso.     Después cuando me lavaba y me hizo girar para lavar mi trasero y pasar sus delicadas manos entre mis glúteos, rozar mi ano y admirar mis nalgas.     La torta de la guinda fue cuando decidió intempestivamente de quitarse su sostén ¡¡¡Mi Dios!!! Esas enormes tetas de mamá a centímetros de mi pija, totalmente desnudas, redondas, cimbreantes y espectaculares ¡¡Había sido tan increíblemente caliente ver sus tetas!!    Pero en algún lugar de mi mente surgió la pregunta ¿Se está sintiendo ella secretamente excitada con nuestras sesiones?  Después de todo somos un hombre y una mujer.

 

Creo que solo su mojigatería y ese sentido de no ser pecaminosa la frenaban y no le permitían de disfrutar su verdadera sexualidad, pero había señales reconfortantes.     Había que tener paciencia y sembrar y cultivar para poder finalmente cosechar una relación más entregada entre ella y yo.     Si de verdad se excitaba el terreno era fértil.

 

Miré mi despertador y vi que la hora había avanzado rápidamente, me había entretenido con mis sueños y fantasías, rápidamente bajé las escaleras y mamá estaba terminando de colocar la mesa.     Estaba vestida prolijamente.     No hablamos nada sobre nuestras sesiones.    Mi madre quiso saber cómo había sido mi día de colegio y yo le pregunté sobre su trabajo.

 

No hicimos nada en especial.     Pero mamá me subyugaba y mis ojos se iban una y otra vez a su cuerpo.    Una vez eran sus muslos, otras su estrecha cintura, me detenía sobre su escote y sus redondas tetas, luego mi ojos viajaban por esas nalgas preciosas, sus caderas cadenciosas me embelesaban.    Su voz repentinamente me saco de ese trance:

—Hijo … si sientes algún malestar … podemos adelantar nuestra toma de muestra … basta con que me lo digas …

—Gracias, mamá …

Asentí mientras terminábamos de comer, luego desaparejé la mesa, lavé los platos y me fui a estudiar en mi PC, pero cerca de una hora y media después, el dolor de mis bolas se había vuelto intenso, mi madre estaba leyendo en la sala de estar, me acerqué y le dije:

—Mami … me están doliendo otra vez …

Mi madre sin levantar la vista de su lectura me respondió:

—Está bien, hijo … lo haremos de nuevo en tu cama … como ayer … prepara todo como siempre, estaré allí en unos minutos …

No tengo que decir que mi pene se había endurecido a pesar del malestar, me senté en la cama a esperar a mamá.     Ya me había lavado, estaba desnudo, pero relajado.      Quería volver a sentir la piel de mamá en mis manos y quizás con que cosa me sorprendería esta vez, esperé calmo.

 

Pronto llamaron a la puerta y mamá entró con el receptáculo de la muestra.     Vestía el mismo sostén y bragas color piel.     Parecía que sus tetas hubieran crecido o el sostén se hubiese empequeñecido, al caminar sus senos temblaban vibrantes.     Mi pene termino de enderezarse cuando dijo:

—Lo haremos cómo anoche …

Se subió a la cama rozándome con sus senos, mi piel se electrizó sintiendo el delicado contacto con mamá.     Se colocó en modo de que su trasero me fuese fácilmente accesible, giro su cabeza sonriente y me dijo:

—Puedes tocar mis nalgas si quieres …

Yo solo esperaba que ella dijera eso e inmediatamente moví mis manos para acariciar sus glúteos, ella en tanto, se inclinaba a magrear mi verga tomando delicadamente mí erección con su suave mano.   Me frustraba un poco el no poder ver sus tetas exuberantes y me quedé atento a sus movimientos.    Metí mis dedos bajo la tela elastizada de sus bragas a estrecho contacto con su ardorosa piel, las yemas de mis dedos hicieron contacto con su ano y la sentí gemir y contorsionar su culo ¡¡¡Oh, mi Dios!!! ¡¡Mamá gemía al contacto de mis dedos!!     Pero al parecer algo me impedía una erección como la de las muestras anteriores, mi pene estaba semi erecto, mamá también se dio cuenta y después de tratar diferentes modos de pajear mi pene, se volvió y me dijo:

—¿Te sucede algo? …

—¡Mmmm!, mami … nada … no me sucede nada …

—Probablemente necesitas mayor estimulación … no puedo estar toda la noche intentándolo …

Su tono era severo y ligeramente de enfado, la vi que se enderezaba en la cama, metía sus dedos entre la banda elástica de sus calzones y se los bajó a medio muslo ¡¡¡Mi Dios!!! Cuando se agachó su culo y su coño humedecido eran claramente visibles, acurrucó su trasero más cerca de mí y continuó a magrear mi verga que a este punto dio un salto hacia arriba y al contacto de su mano se engruesó desmesuradamente, movió su trasero en modo invitante, me miró sacando su lengua a la comisura de sus labios y humedeciendo luego sus carnosos labios rojos, me hizo una seña indicándome de tocarla, descaradamente mi mano se fue directa a la rajita de su sexo cerrado y deslumbrante y húmedo.

 

Acaricié sus vellos púbicos enmarañados que cubrían su hendedura vaginal como una coraza protectora ante cualquier invasor.   ¡¡Mis dedos!! Se pasearon por ese canal prohibido y me hice espacio para abrir esos labios inflamados, la punta de mi dedito medio incursionó en esa cuevita cálida y lo sorprendente fue que mamá bamboleó su trasero y mi dedo se enterró en ella, esta vez los gemidos de mamá fueron audibles, además, empezó a mover sus caderas follando mi dedo ¡¡Virgen santísima!! Sus músculos vaginales apretaron mi dedo.    Casi me corro en ese instante, desesperado grite:

—¡¡¡Mamá!!! Me voy a correr … mami no me puedo aguantar …

Tomó el recipiente y lo puso en la posición correcta.    Justamente en ese instante mi dedo anular penetró su chocho enardecido y al parecer tocó un punto muy sensible, mamá lanzo una especie de chillido, comenzó a follar mis dedos con mayor velocidad y mis chorros explotaron potentísimos, mis piernas estaban tan tiesas como mi verga y no cesaba de mover mi pelvis follando el tubo de ensayo y llenándolo de semen fresco y caliente.

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Maamiiii! … ¡Umpf! …

Mamá seguía follando mis dedos y gimiendo sin control.    Me sentí desfallecer, caí con la cabeza hacia atrás y mis dedos salieron de su concha, me tomó casi un minuto recuperarme y cuando me enderecé mamá estaba acomodando sus bragas, su rostro enrojecido por su orgasmo, todavía jadeaba, pero se controló y con su tono casi didáctico de profesora me dijo:

—Está bien … está bien … lo hemos hecho … tenemos la muestra …

No me miró, solo bajó de la cama un poco tembleque, miro el tubo de ensayo como para no derramar su contenido y me dijo casi extenuada:

—Ve a lavarte, hijo … bajaré y registraré esta lectura …

La veía un poco abatida, creo que se corrió también ella y eso la hace sentir acongojada y quizás con sentimientos de culpabilidad ¿¿¿Pero por qué??? Es su mentalidad.     Está luchando consigo misma, sabe que a ciertas cosas uno no se puede resistir.     Mientras caminaba miré hipnotizado su trasero que se balanceaba en modo prodigioso.

 

Me lavé, me vestí y decidí continuar con mis obligaciones escolásticas.    Mamá había salido al jardín a regar las plantas, la vi pensativa.     Me quedé en mi habitación frente al PC.     A las diez en punto, mamá entro a mi habitación sin llamar y dijo:

—Alberto … quiero irme a la cama temprano … así que tomaremos la última muestra ahora …

—Está bien, mami …

Dije alejándome de mi escritorio.    Pensé que saldría de mi habitación para darme tiempo a prepararme y me pediría que la llamara cuando estuviera listo, sin embargo, se quedó parada allí y me dijo:

—Entonces desvístete ya … no seas tímido que te he visto desnudo con bastante frecuencia últimamente …

Mi verga se despertó inmediatamente y comenzó a reaccionar lentamente bajo mis pantalones.   Si mamá quería verme mientras me desvestía, le mostrare mi cuerpo poco a poco.    En primer lugar, me quité la remera por sobre mi cabeza, me quedé solo con mis jeans, ahora podía admirar mis pectorales y los músculos de mi abdomen plano, caminé por mi habitación pasando junto a ella, me di cuenta de que ya tenía el tubo en su mano.     Me paré junto a la silla de mi escritorio y coloqué mi camiseta doblada con cuidado en el respaldo de la silla, le di la espalda y comencé a bajar mis jeans ajustados, moviendo mis nalgas y disimuladamente tirando mis slips hacia arriba entre los cachetes de mi culo, cuando me di vuelta mi erección casi afloraba por el borde de mis calzoncillos, mamá me miraba casi en trance, vi que casi acariciaba su teta derecha sosteniendo el recipiente en su mano.    No quería concluir tan rápido, como las cortinas de la ventana o estaban perfectamente cerradas, en pantuflas camine hacía allí y levantando mis brazos procedí a cerrarla apropiadamente, me giré y vi a mamá con su boca entreabierta intentando morder su labio inferior, le dije:

—No quiero que nadie vea nada …

Mi tono era neutral, pero mientras hice todo eso, me aseguré de que ella tuviese una buena vista de mis nalgas y espalda desnudas con mis musculosos omoplatos.     Luego me agaché como si se me hubiese caído algo, apuntando mi trasero para que mamá pudiese admirar también el esplendor del culo de su hijo, después me fui a recostar a mí cama, me quité mí slip y mi pene quedó casi derecho en su semi erección.

 

Solo entonces mi madre apoyó el tubo sobre el escritorio, se giró hacia mí y comenzó a desabrochar su blusa, sacándosela y apoyándola sobre mi ropa, lo mismo hizo con su falda, plegándola cuidadosamente la depositó en el respaldo de la silla, quedó en bragas y sostén, los mismos de la última muestra, la cara de mamá ya estaba sonrojada como si estuviera acalorada.

—Alberto … hijo … no sabes cuanto me alegra de tu preocupación … sabes que estamos haciendo esto solo por orden de la doctora … esto no es pecado ¿sabes? … pero lo sería si no tuviésemos la prescripción médica … aun así es bueno tener cuidado de que alguien más se vaya a enterar … solo tú, yo y la doctora sabremos de esto que hacemos …

—Mami … me gusta ser cuidadoso y sé que te esmeras en ayudarme … te lo agradezco, deveras te lo agradezco mucho …

Mamá estaba feliz con su carita sonrojada y sonriente, así que decidí arriesgarme y forzar la mano para ver hasta donde llegaríamos esta vez.     Por lo que cuando ella adopto su posición normal, con la voz más inocentona que pude le dije:

—Mami … la última vez me llevó mucho tiempo … pensé que tal vez iría más rápido si me ayudabas un poco más … ¿Te importaría quitarte una vez más tú sostén? …

¡¡Huácala!!  Lo dije de un tirón.     Hubo un silencio que me pareció una eternidad, en un momento de arrepentí de haber sugerido tal cosa.     Mamá con su rostro muy serio me dijo:

Bueno … tú has ya visto mis senos … no sería una gran cosa si los ves de nuevo …

Eso sonó como una orquesta sinfónica celestial a mis oídos y mi pene se alboroto pulsando repetidamente.     Mamá miró sorprendida los movimientos aeróbicos de mi verga, pero no dijo nada al respecto.     Metió sus manos a su espalda y desabrocho su sujetador.     Viendo su accionar y sin siquiera reflexionar agregué:

—Mami, así como he tocado tú trasero … ¿podrías permitirme de tocar tus senos? … entonces de seguro que me correré en un santiamén …

—¡¡No seas hereje!! …

Me dijo un poco bruscamente, entonces rápidamente dije:

—Perdona mami … quise decir que sería más rápido … es por razones médicas ¿no? …

Se enderezó un poco y dijo en su tono practico de profesora:

—Bueno … está bien … pero suavemente …

Sus gloriosos pechos estaban espléndidamente lujuriosos, pendían en modo fabuloso, su color blanco lechoso era increíble.     No pude evitar de gimotear y jadear, mi verga se enderezo como un mástil y cómo tal creció hacia los cielos.     Mamá miró mi polla que se balanceaba sin ser tocada por nadie y dijo con una sonrisa.

—Bueno … bueno … puedo ver que esto realmente te ayuda, hijo …

—Es que tienes unos pechos fabulosos, mami …

Dije bajando la mirada, rehuyendo sus ojos y con la cara roja como un tomate.

—Alberto … gracias por el cumplido … a mi marido le gustaban mucho también …

Dijo con mucha naturalidad.     En vez de arrodillarse a mi costado, se acostó cerca de mí con sus senos maravillosos tocando mi brazo.     Nunca había estado tan cerca de sus pechos desnudos.     Se veían mucho mejor desde esa vez que los vi en el baño, mamá miro mi interés en sus mamas y me dijo:

—Puedes tocarlos un rato … ¡Suavemente! … así estarás listo rápidamente para la muestra …

Casi incrédulo, acaricié la carne esponjosa, blanca y lechosa de mi madre.     Levante suavemente primero un seno y luego el otro.     Se sentían pesados y sustanciosos en mis manos, como si mis manos fueran la copa de su sostén, llenaban completamente mis palmas y pendían desafiantes de la fuerza de gravedad.     Vi sus anchas areolas de un oscuro rosado, los del tamaño de una aceituna.     Hubiese querido besarlos, morderlos, masticarlos, lamerlos, chuparlos.      Pero no me podía arriesgar más allá de las caricias.     Me concentre a jugar con sus pezones y escuche los gemidos de mamá, entonces froté sus areolas que parecían engrandecidas y sus capullos a forma de aceituna se tornaron más duros aún.      Mi madre miro mi polla que tenía pequeñas sacudidas por si sola, rápidamente se enderezó y me dijo:

—Basta … creo que es suficiente … tomaremos la muestra ahora …

Suspirando, gimoteé como un niño cuando ella alejó sus senos de mis manos.     Me resigné pensando en que quizás más adelante me permitiría hacer más cosas.     No quería por nada apresurarla, así que me acomodé para la toma de la muestra.     Mamá empujó sus pompis hacia mí y esta vez, sin mediar palabras, se bajó sus calzones y levantando una pierna primero y luego la otra, se los quitó, después se colocó a mi costado con las rodillas ligeramente abiertas y mostrándome toda su vagina, con los vellos arreglados con la tijera ¡¡¡mamá había cortado sus pendejos para mostrarme su panocha!!! Casi me da un infarto, no lo podía creer.

 

Inmediatamente mi mano fue atraída por esas carnes abultadas de los labios de mi madre, los rocé con las yemas de mis dedos, estaba tibia y húmeda, empuje dos de mis dedos en su grieta rosada, fácilmente entré en ella, colaboradora como la vez anterior, mamá empujo su culo e hizo andar mis dedos profundamente en ella.     No tenía ninguna duda de que lo estaba disfrutando, tal como yo disfrutaba de su mano que apretaba y restregaba la cabeza de mi glande en algo suave y esponjoso ¡¡¡Sus tetas!!! Mamá frotaba mi glande contra sus pezones y gemía mientras yo follaba su coño con mis dedos ¡¡I-N-V-E-R-O-S-I-M-I-L!! … Grité con cierta aflicción y prisa:

—¡Mami! … ¡Que me corro, mami! … ¡Ahora ya! … ¡Ahora ya! …

Rápidamente mi madre colocó el receptáculo en posición y procedió a masturbarme con mayor vigor y así no más fue, mi limite había sido superado, en segundos exploté y arrojé ríos de esperma dentro el tubito ese mientras gruñía con satisfacción el goce que me producía la mano de mamá.

—Qué bien Alberto … eres un gran chico …

Mamá estaba satisfecha, limpió los restos de semen con sus dedos y los hizo deslizar dentro la probeta, después me dio unas palmaditas en la mano y saqué mis dedos de su panocha.     Esta vez no la sentí correrse, pero estoy seguro de que en su cuarto suceden cosas.      Se puso de pie y me extendió el formulario de las muestras, luego leyó la marca del tubo recolector:

—¡Oh, mi Dios! … ¡Escribe! … dieciocho rayitas … más que en todas las anteriores, hijo … ¿cómo lo haces para producir tanta lechita? …

Sus grandes tetas bamboleaban en su pecho, se acercó para mostrarme la muestra y yo solo miré sus pezones endurecidos, entonces me dijo:

—Alberto … buenas noches … nos vemos mañana para nuestra sesión matutina …

—Buenas moches, mamá … y gracias por ayudarme con mi problema …

Se inclinó sobre mi para darme un beso en la mejilla y sus suaves tetas se deslizaron sobre mi pecho.     Se dio vuelta y camino fuera de mi cuarto totalmente desnuda, no pareció importarle y mecía sus caderas de lado a lado coquetamente.      Como siempre su culo me llamaba la atención.     Debo pensar en hacer algo a ese prodigio de la naturaleza, su culo voluptuoso necesitaba una dedicación especial.     El dolor en mis bolas ahora había desaparecido por completo y no tendría problemas para conciliar el sueño.     Mañana será otro día de toma de muestras.     Mis dedos ya huelen y saben de conchita, la panocha de mamá es formidable, es el primer día de los diez prescritos por la doctora.   Debe ocurrírseme algo para penetrarla con algo más que mis dedos …

Continuará …

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Allison: Colegiala y prepago
¡Si es por orden del doctor! ... - Primera parte.

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