Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Primera parte.

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Me llamo Alberto, soy un chico como tantos, no tengo nada de especial.     Por lo menos eso fue lo que siempre pensé.     Tuve mis primeras erecciones al termine de mi sexto año de enseñanza básica y pronto descubrí mi pasatiempo favorito, la masturbación.

 

 

 

 

Mi madre es una mujer temperamental y muy religiosa, todos los domingos vamos a la iglesia a confesarnos y comulgar después de haber purificado nuestras almas en el confesionario.    Nací en este entorno, lleno de prejuicios, remilgos y absurdidades de la época.

 

                                                                                                                                 

 

Mi madre está divorciada, pero en la flor de la vida, a causa de un pecado suyo, me tuvo a la edad de catorce años cómo madre soltera, me dijo que yo era su regalo y castigo del señor, así que a veces me sentía halagado y otra culpable.    Mamá era así, pero yo creía de entenderla y la amaba por ser mi madre.

 

 

 

 

Sin embargo, se había convertido en una especie de ermitaña.    No quería saber nada de los hombres.  Inocentemente le pregunté por qué no tenía un novio, me miró y agriamente me respondió que después de su último marido, no quería volver a tener problemas de ese tipo una vez más.     Y luego casi me grito:

 

—Tengo al único hombre que quiero en mi vida … tú, hijo mío …

 

 

 

 

La vida de mi madre seguramente no fue fácil con su marido.     Ella fue la segunda esposa de él y cuando se casaron mamá tenía solo dieciocho años y él treinta y cinco.    Dicen que se casó solo por el cuerpazo de mamá y para tener quien lo atendiera lavando y cocinando para él.     Lo que yo recuerdo es que a menudo discutían y se ofendían.     Era una relación enfermiza destinada al fracaso, así que se divorciaron y quedamos solo mi madre y yo.     Mamá se fue a su antiguo trabajo de profesora y comenzó a disfrutar su nueva libertad junto a mí.

 

 

 

 

Mi madre siempre fue apasionada y temperamental, además de controladora, era mojigata y religiosa.  Cuando superé la básica y pase a primero medio, me sentía ahogado por mamá, hubiese querido escapar, pero no teniendo otros familiares conocidos, me quedé con ella y aprendí a soportar sus cambios de humor, sus maneras autoritarias y su temperamento.     No fue nada fácil, pero logramos un equilibrio satisfactorio.

 

 

 

 

Siempre tuve fantasías con ella porque es muy linda.     Su rostro y su cuerpo en general son la envidia de muchas mujeres.     Basta decir que es una bella mujer.    Lo que jamás pensé, fue de que alguna de mis locas fantasías se fuese a convertir en realidad en un futuro cercano o lejano.

 

 

 

 

Como todo adolescente me he masturbado por varios años.    En mi portátil tenía sitios porno preferidos, los que utilizaba para estimular mi imaginación.     Todo andaba bien, pero comencé a sentir un dolor en mi ingle.     Al principio no lograba identificar con certeza el lugar donde se focalizaba el malestar, más o menos en mi pirineo, mi escroto.   Finalmente se focalizó en mis testículos.     Trataba de masajear el área y lograba minimizar la incomodidad cuando me pajeaba.    Me di cuenta de que eyaculaba copiosas cantidades de semen.     Me había hecho de unas toallitas para limpiarme después de una masturbación y a veces estas se mojaban abundantemente.    Comenzó a preocuparme esta raridad y pensé en buscar ayuda.     ¿Quién mejor que mi madre?

 

 

 

 

Cómo dije anteriormente mi madre es bastante mojigata y critica de las libertades sexuales, así que un poco atemorizado me decidí a contarle mi problema.     Una noche después de cenar, mamá estaba en su poltrona tejiendo, me acerqué a ella:

 

—Mami … tengo un problema …

 

—¿Qué te sucede, querido? …

 

—Bueno … ¡Emh! … yo … es un poco vergonzoso, mami …

 

—¡Ay!, Alberto … soy tú madre … puedes decirme de todo …

 

Dijo mi madre levantando la vista de su tejido y encuadrándome con su mirada severa, un poco vacilante le dije:

 

—Es muy personal, mami …

 

Dejo el tejido de lado y me miró con seriedad y un poco bruscamente me dijo:

 

—¡Ay!, hijo por Dios … no me digas que metiste encinta alguna de tus compañeras …

 

—¡Uy!, mami … ¡no! … se trata solo de mi … ¡Emh! … mis partes íntimas …

 

—¿Te metiste con una mujer sucia que te contagio algo? …

 

—¡No! mami … ¡No! …

 

—¿Entonces? … No seas tímido … cuéntame …

 

—Son mis testículos, mami … me duelen … creo que necesito un doctor …

 

—¿Desde cuando tienes ese malestar? …

 

—Algunas semanas … quizás un poco más …

 

—¡Y solo ahora me lo dices! …

 

—Me daba vergüenza decírtelo … pensé que el dolor se iría por sí solo …

 

—¡Oh! … Bueno … No sé qué podría hacer yo … excepto llevarte a mi ginecóloga, ella nos dirá qué más hacer …

 

 

 

Un par de días más tarde, mamá y yo estábamos en la consulta privada de la doctora María Paz.    Una mujer un poco más joven que mamá y también más alta.     Vestía una bata blanca un poco ancha, pero sus formas femeniles exuberantes no podían ser ocultadas bajo su vestimenta profesional.    Tenía unos hermosos ojos que irradiaban tranquilidad y un rostro ovalado y agraciado.     Sus cabellos claros eran muy cortos, le daban un aire de juventud y energía.    Se saludaron mamá y ella, luego la doctora se dirigió a mí:

 

—Tú madre nos explicó que tienes un problema … ¿quieres decirme algo al respecto?

 

Con más vergüenza que voluntad, le expliqué mi problema, me escucho y escribió sobre una especie de ficha algo relacionado.    Ella permanecía atenta y tranquila, acostumbrada quizás a tratar temáticas similares todos los días, luego me habló:

 

—Probablemente sea algo relacionado con tú edad … eres adolescente y estas en una fase de desarrollo … tengo que revisarte para poder ver de qué se trata …

 

Me llevó detrás de un biombo alto con ruedecillas, me pidió que me bajara los pantalones y me acostara en la camilla que había allí.     Sabía que algo parecido tendría que hacerme, pero me estremecí y cohibí un poco, al menos quedaba oculto de los ojos de mamá.     Se puso guantes de goma elástica y me bajó mis boxers mientras yo levantaba mis caderas para facilitarle la tarea.    Me quedé desnudo ante ella.

 

—No temas nada y relájate, por favor …

 

Dijo la doctora tomando mi pene fláccido y toqueteándolo por toda su longitud, tiro de mi prepucio hacia adelante como para apreciar mis dimensiones y luego con las dos manos lo hizo deslizar hacia atrás suavemente.     Procedió a tocar mis bolas y sentir la piel de mi escroto:

 

—¿Sientes algún dolor en tu pene o testículos? …

 

—No en este momento … pero siento punzadas en … emh … en mis testículos … y esta desaparece si me … bueno … quiero decir, cuando me masturbo …

 

Dije tímidamente mirando el cielo de la habitación.    Miraba fijamente mi miembro e inexplicablemente saco su lengua a la comisura de sus labios rojos, para luego pasarla por toda su boca ligeramente entreabierta.     ¿Se estaba saboreando?   ¡¡Mirando mi pene!!     ¡Tal vez es solo mi imaginación!, pensé.

 

—¡Oh! … Está bien …

 

Dijo quitándose los guantes y ajustándose sus lentes, luego echando una última mirada a mi miembro, volvió a hablarme:

 

—Vístete y vuelve a tu silla …

 

Me dijo rodeando el biombo para volver a su escritorio.    Me levanté de la camilla y acomodé mis partes pudendas.     Todavía pensaba al modo en que la doctora había lamido sus labios mientras me sentaba en mi silla.

 

—Bueno … aparentemente todo está bien … pero necesitaré algunos exámenes para realizar análisis ulteriores … haremos un examen de orina, sangre y también necesitaré algunas muestras de su semen …

 

Dijo la doctora mirando alternadamente a mamá y a mí, luego prosiguió dirigiéndose a mamá:

 

—Señora … ¿supongo que usted está de acuerdo con esas pruebas? …

 

—Sí … por supuesto …

 

Respondió mamá prontamente.    Luego la doctora se dirigió a mí:

 

—No te avergüences, pero necesito saber algunas cosas … ¿Tienes novia? …

 

—No …

 

—Este último año … ¿has tenido novia? …

 

—No …

 

—¿Has tenido relaciones con prostitutas últimamente? …

 

—No …

 

—¿Has tenido relaciones sexuales sin protección este último año? …

 

—No …

 

Volví a responder, la doctora iba marcando algunas casillas de la ficha mientras yo iba respondiendo, luego agregó algunas notas y volvió a hablarme:

 

—Está bien … Alberto, no tienes nada de qué avergonzarte ni preocuparte … muchos chicos como tú pasan por estas fases en su desarrollo de la pubertad a la adolescencia … es una experiencia que no es igual para todos … Para los análisis, la enfermera aquí al lado te tomará la muestra de sangre y de orina … necesitaremos una semana para obtener los resultados … para eso les agendaré una hora …

 

Mamá y yo asentimos moviendo nuestras cabezas, pero había algo más, así que la doctora saco una cajita con recipientes plásticos, como tubos de ensayos, estos estaban marcados en mililitros, se los pasó a mamá junto a una ficha similar a la que ella compilaba:

 

—Ahora, debemos tener muestras de tú esperma … necesito una descripción general de tú semen … cantidad, color y apariencia … hay que tener un registro preciso … hay que usar este tubo de ensayo para recogerlo … hay que medirlo y registrar lo medido …

 

Nos miró a mí y a mi madre que escuchábamos atentamente sus instrucciones, luego agregó:

 

—Este envase es especial, permitirá que el semen escurra hacia el fondo y solo entonces deberán registrar la medida … ¿Entienden? …

 

Nos miramos mi madre y yo, tragué un poco de saliva y respondí:

 

—Sí … está claro …

 

—Entonces Alberto … cuando te masturbes, debes apuntar el pene al centro del envase y asegurarte de que todo tú semen entre en el tubo … no se debe derramar nada … después de cada masturbación lees cuidadosamente la cantidad producida y la apuntas en el formulario … Fecha – Hora y Cantidad …

 

Me extendió el formulario cuadriculado y luego prosiguió:

 

—Por los próximos diez días recolectarás tu esperma y registraras tal cual te he explicado … ¿Entiendes? …

 

—Sí señora … está claro …

 

—Está bien … cuando pedimos muestras de semen, sabemos por experiencia que a la mayoría de los hombres les cuesta hacerlo por si solos … vienen ayudados por su pareja, su esposa o su novia … en tu caso particular …

 

Hizo una pausa significativa y se volvió hacia mamá mirándola severamente:

 

—… si tienes problemas con eso … entonces tu madre estará encantada de ayudarte … no hay nada de qué avergonzarse … son solo muestras necesarias al examen que necesita su hijo para diagnosticar su problema … nada más que eso …

 

Vi que mamá se sonrojaba e inquietaba sentada en su silla, la doctora también percibió su ánimo y le preguntó:

 

—¿Está claro para usted también, señora? …

 

—Está bien doctora … es un poco difícil para mí … pero si es por el bien de mi hijo … pierda cuidado que haré todo lo que nos ha pedido …

 

Sonaba incomoda, pero yo que la conocía, sabía que eso era normal para ella cuando tenía que hacer algo a lo que no estaba habituada.

 

—¡Oh! … perfecto, entonces …

 

Dijo la doctora sonriéndonos tranquilizadoramente, luego se giró hacia mí:

 

—Alberto … no seas vergonzoso ni tímido con tu madre … ella es una mujer de experiencia y estoy segura de que te ayudará en todo … cualquier cosa que necesites debes decírselo a ella … de hecho, sugiero que sea ella que te guíe desde el principio, porque es muy importante hacer una recolección correcta para tener una lectura exacta … necesito esas medidas para el diagnóstico …

 

—¡Emh! … sí, doctora … lo haré …

 

 

 

 

La doctora dio por concluida la visita y nos saludó a mi madre y a mí.     Mientras mamá concertaba la próxima cita con la doctora, yo me fui con la enfermera para la extracción de sangre y la muestra de orina, luego salimos del estudio médico.

 

 

 

 

Mientras mamá conducía a casa no dijo una palabra, estaba concentrada en la conducción y seguramente en las instrucciones dadas por la doctora.     Yo personalmente no sabía que pensar, seguramente mamá se encontraba tan confundida como yo, ¡Porque la doctora le había dicho que me ayudara a masturbarme en el tubo de ensayo! ¡Qué situación más extraña!  ¡Mi madre vería mi pene duro y también cuando me corriera a chorros!  ¡Oh, gran Dios!   Siempre lo había hecho yo en solitario, pero ahora debería hacerlo delante de mamá.     Me invadió una sensación de vergüenza y excitación.

 

 

 

 

A pocas cuadras antes de llegar a casa, mamá hablo suave y lentamente:

 

—Alberto … tendremos que hacer lo que ordenó la doctora … no hay opción … haré todo lo posible para ayudarte … será difícil y desagradable tanto para mí como para ti … pero tiene que ser así …

 

Sonaba confiada y tranquila, pero también había un dejo de aprensión en su voz.

 

—Gracias, mamá …

 

Respondí un poco confundido y aprensivo también, pero quería darle a entender de que agradecía su preocupación y colaboración …

 

—Cuando lleguemos a casa hablaremos y nos organizaremos como recolectar tú … emh … eso … tú esperma … esta noche tomaremos la primera muestra … no vayas a tocarte por ningún motivo … tendremos que juntarnos y entonces yo te ayudaré … emh … a masturbarte …

 

Las mejillas de mamá se ruborizaron y sus ojos brillaban más que las luces de la calle.     Inexplicablemente, mi pene comenzó a ponerse duro y puse algunas cosas sobre mi regazo para ocultar mi erección.

 

 

 

 

Mamá preparó algo de cena y comimos juntos, pero no se habló nada de las muestras y como lo haríamos.     Cuando me levanté y comencé a recoger la mesa, mamá me dijo:

 

—Primero lava los platos y luego ven para que podamos hablar …

 

—Sí, mami …

 

Inmediatamente me puse a lavar los platos, cuando sequé la última cuchara, me fui al salón con el corazón que latía desbocado, mamá me vio y me hizo señas:

 

—Hijo, ven y siéntate aquí …

 

Me senté al lado de ella sobre el diván.

 

—Alberto … lo que haremos es algo que nadie debe saber fuera de nosotros y la doctora … probablemente no entenderían que lo hacemos por exigencias medicas … esperemos de hacerlo rápido y en modo acucioso para recolectar bien tú … ehm … tu eyaculación … ¿Entiendes? …

 

Preguntó mi madre en modo severo y circunspecto.

 

—Sí, mami …

 

Respondí tímidamente.

 

—Tengo que decirte que hace mucho tiempo que no veo tú cuerpo desnudo … te vi mientras eras niño … pero nunca te he visto con eso de ahí excitado ¿sabes? … no debes olvidar que lo hacemos por exigencias médicas y nada más … no debes ser tímido conmigo … ¿entiendes? …

 

—Está bien, mamá …

 

Dije mientras sentía que mi polla reaccionaba endureciéndose poco a poco. Luego ella continuó:

 

—Pero … me debes decir algunas cosas … ¿Cómo te masturbas normalmente? … ¿Qué haces para excitarte? …

 

Tenía un tono calmo y didáctico, cómo maestra de escuela:

 

—¡Umh! … bueno … yo …

 

Hice una pausa tratando de no avergonzarme y encontrar las palabras adecuadas, pero no supe cómo explicarme.

 

—¡Vamos! … Alberto … ¡Anímate! … la doctora dijo que no debías ser tímido …

 

Dijo mi madre tomando mis manos y alentándome a encontrar el valor de hablar.

 

—Sé que la mayoría de los chicos de tu edad tienen revistas con fotos de mujeres desnudas … ¿Las tienes tú también? …

 

—¡Emh! … sí … tengo algunas y también videos y en la internet hay varios sitios porno … bueno … los miro y luego me masturbo con una toallita de esas de mano … uso siempre la misma para que no se mezcle con las otras toallas …

 

Le dije honestamente, pero no podía mirarla a los ojos, me sentía muy avergonzado.

 

—¡Bravo! … me alegra saber que eres ordenado y limpio …

 

Dijo mi madre dándome un beso alentador en mis mejillas, luego agregó:

 

—Pero … no quiero que mires esas mujeres sucias y desvergonzadas de tus revistas asquerosas …

 

Me volví a ruborizar y a avergonzarme de mi gran colección pornográfica. Ella continuó:

 

—Tengo que ayudarte a masturbarte y a recolectar tu semen en el tubo … así que tendré que sostener tú erección y asegurarme de que nada se pierda …

 

Otra vez me hablaba con ese tono de voz de profesora.

 

—Pero si es necesaria alguna excitación visual … sugiero lo siguiente … a mi marido le gustaba verme vestida con ropa interior estimulante … antes de tener sexo …

 

Hizo una pausa para cerciorarse de que yo la había escuchado y entendido lo que me decía, luego prosiguió:

 

—No me importaba de hacerlo para él … de hecho … lo disfruté si era ropa interior de calidad y buen gusto … aún conservo esas prendas … así que me vestiré con ellas para ayudarte a correrte rápido … pero no olvides que es solo porque lo ordenó la doctora …

 

Mi verga había comenzado a palpitar escuchando a mamá explicándome su sistema de ayuda.   Casi no lo podía creer.    Mamá se vestiría para mí en lencería sexy.     Me preguntó:

 

—¿Está bien eso para ti? …

 

¡Reconchas!, pensé, pero manteniendo la compostura le respondí:

 

—Si lo crees apropiado, mami … para mí está bien …

 

—Entonces, está bien … siempre para ayudarte, hijo … te dejaré que me toques … pero me debes pedir permiso y lo podrás hacer solo si yo accedo … ¿Entiendes? …

 

Terriblemente excitado, solo moví mi cabeza afirmativamente y tragué saliva.

 

—También usaremos un vocabulario un poco soez … el pene será “verga” “pija” o “polla” …

 

A este punto estaba a punto de eyacular solo escuchando a mamá usando esas palabras.      No podía creer que de su decentita boca salieran esas vulgaridades.    Mi polla casi se me escapa en mis pantalones.     No lograba hilvanar una palabra, así que me limite solo a asentir una y otra vez.     Mamá concluyo diciendo:

 

—¿Hay algo que me quieras preguntar? …

 

—¡No!, mami … creo que has dicho todo …

 

—¡Ah!, resta solo que me digas con qué frecuencia debemos tomar estas muestras … ¿Cuántas veces te masturbas? …

 

—Bueno … ¡Emh! … tres veces al día …

 

—¡Oh! … eso es bastante …

 

Dijo mamá sorprendida, luego se quedó pensativa por un largo rato y agregó:

 

—Lo haremos en el siguiente modo … Ambos nos levantaremos temprano en la mañana, para tomar la primera muestra … luego cuando vuelvas del colegio, tomaremos la segunda … en la tarde, antes de que te vayas a acostar, tomaremos la última … ¿Te parece? …

 

—Está bien, mamá …

 

Le dije escuchando el programa confeccionado por mamá, después me preguntó:

 

—¿Te gustaría que tomáramos una muestra ahora, hijo? …

 

—¡Oh!, mami … me gustaría que comenzáramos lo antes posible …

 

Dije cortésmente y sin inflexiones en mi voz, solo que mi polla latía al ritmo de mi corazón.

 

—Está bien entonces … ve a tu habitación, te quitas la ropa y te acuestas … ¡Ah! … no olvides de lavarte todas tus partes … me gusta mucho la limpieza …

 

Dijo mamá levantándose del diván y sonriéndome enigmáticamente, luego agregó:

 

—Yo iré a ponerme algo adecuado … espérame en tu cuarto con el tubo para la muestra …

 

Me puse de pie, no sé si mamá se dio cuenta del tremendo bulto en mis pantalones, pero nada dijo.   No me importaba, luego ella vería mi erección en todo su esplendor.    Subí corriendo a mi cuarto, sentía las cosquillas en mi verga como si estuviera a punto de correrme.    Mi dormitorio cuenta con baño, así que me lave lo mejor y lo más rápido posible.     Después me acosté sobre la cama y me dispuse a esperar a mamá ansiosamente.   En el intertanto acaricié mi verga que se erguía dura como jamás había estado.

 

 

 

 

Pasaron algunos minutos y mamá apareció en el vano de la puerta … ¡Guau! … mami …

 

 

 

 

Continuará…

 

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