Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Séptima Parte.

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Mamá se mantuvo estrecha a mí por largo rato, luego recuperó su compostura, me soltó y sin mirarme dijo:

—Termina de enjuagarte y vístete …

Rápidamente obedecí, me enjuagué bañando mi verga y mis bolas para barrer los restos de semen, apenas terminé salí de la bañera y comencé a secarme de espaldas a mi madre, me giré para irme a mí cuarto a vestirme, mi madre estaba con su mirada fija en mi polla que se balanceaba como un péndulo que la hipnotizaba.

—Seca bien tu pija …

Dijo sin quitar sus ojos de mi miembro, volví a pasar la toalla por mis genitales, vi como lamía sus labios mirándome.     Me excitaba verla cachonda, un cosquilleo se manifestó por mi espalda, pero no se vio reflejado en mi pene que venía observado atentamente por mamá:

—Ponte solo esa especie de bata que tienes tú y baja a desayunar … yo iré luego …

No dijo nada más, solo corrió la cortina de la ducha y escuche que habría el grifo para enjuagarse.     Tiré la toalla en el canasto de la ropa usada y me fui a mi habitación.

 

Mi quimono estaba sobre la silla y me acerqué a recogerlo, vi mi imagen reflejada en el espejo del armario, mi cuerpo desnudo, saqué pecho y hundí mi vientre, moví mis caderas para hacer mover mi verga que pendía fláccida, esa verga que hasta hace algunos minutos había follado el coño de mamá.    Y no solo una, sino dos veces había colmado de semen sus entrañas deliciosamente benditas y celestiales.     Quizás si me permitirá de volver a hacerlo.      Tal vez ahora primará para ella la toma de muestras y solo me masturbará.      No es eso lo que yo quiero.     No puedo esperar a follarla de nuevo.     Simplemente no es suficiente que la haya follado dos veces.     Su cuerpo voluptuosamente sexy me hace enloquecer y mi pija no es indiferente para ella.     ¡¡Quiero más de ese coño suyo!!

 

Me vestí con mi personalísima bata y bajé la escala.     En la cocina me serví unos cereales y un poco de leche tibia, mientras deglutía los alimentos, mi cabeza era una vorágine pensando a lo sucedido con mi madre, me preguntaba en que modo me excitaría la próxima vez.     Mamá era genial y nada se le escapaba a la hora de inventar trucos cachondos para excitarme.

 

La escuché que descendía por las escaleras.      Me decepcionó un poco verla con una toalla envuelta en su cabeza y su bata blanca cubriendo toda su beldad.     Su postura no dejaba de ser sexy, pero no mostraba absolutamente nada de su hermosura, ni siquiera sus maravillosas tetas se adivinaban bajo esa gruesa bata que la volvía a beatificar.     Traía una carpeta azul en sus manos que me intrigó.     No me miró cuando entró, solo paso a mi lado a prepararse su propio desayuno, no dije nada, el silenció era predecesor a cosas que mamá ya había planificado y que seguramente me daría a conocer muy luego.

 

Entonces ella se acercó y se sentó frente a mí, comenzó a comer las tostadas que se había preparado y tomó un sorbo de café, luego sus esplendentes ojos me iluminaron con su mirada, estaban brillantes como un astro, tragó y me dijo:

—Alberto … lo que hemos hecho debe ser un completo secreto entre tú y yo …

—Lo sé, mami …

—Pero dime una cosa … ¿Lo disfrutaste? …

Como siempre, mamá me sorprendió con esa pregunta improvisa y un poco extraña, pero me apresuré a responder:

—¡Por supuesto que sí! …

—Bueno … me preguntaba si te sentías culpable y arrepentido …

—¿Bromeas? … Se sintió fantástico … me pareció natural hacerlo junto a ti … ha sido maravilloso … tanto como la toma de muestras …

—Me alegro de que te sientas cómodo con eso … solo quería estar segura … de todas maneras debería haberme contenido y no lo hice … porque ver tu cuerpo desnudo y tú apreciando sensiblemente el mío … me ha despertado cosas que estaban adormecidas en mí … el último fue tu padre … ¿sabes? …

Hizo una pausa para beber un sorbo de café, se quedó mirando su taza como buscando el modo de seguir con su discurso:

—Pero tú me has penetrado y no hemos logrado recolectar muestras apropiadas … por eso creo que debemos volver a hacerlo … pero si me penetras y no te puedes retirar a tiempo, eso hace más difícil conseguir el objetivo …

Me desilusioné un poco, el haber follado se había convertido en un problema, bajé mi cabeza y me sentí un poco culpable.     Ella terminó de comer y dijo:

—Traje conmigo el registro de tus medidas de semen … todas las que hemos hecho en modo normal …

Había visto la hoja someramente sin revisar las cantidades, pero sabía que mamá registraba todo acuciosamente, la observe que sacaba dos hojas de la carpeta y me llamó:

—Ven … acércate para que puedas ver mejor …

Moví mi silla y me senté a su lado mirando las hojas que mamá ponía ante mí.     Mi madre había escrito con lápiz las cantidades en un cuadriculado a columnas, la mayoría de las medidas iban de 6,7 a 9,3 mililitros al principio de la toma de muestras, después disminuían bajo 7,4 mililitros, pero noté que no había un total para cada día.

—Mami … porque no sumamos los totales de cada día …

—No sé … Pensé que lo haría la doctora … hagámoslo de todos modos …

Fui a buscar la calculadora que mamá tiene en el cajón de la cocina y me volví a sentar junto a ella.   Empecé a sumar las cantidades de cada día.      Iban de 33,5 mililitros a 37,4 mililitros cada día, habíamos tomado de cinco a siete muestras por día.    Mamá me observaba mientras sumaba y luego estudié los resultados finales.      Las diferencias que se reflejaban finalmente mostraban que estas bordeaban los 4,8 a 6,3 mililitros. 

—Muy interesante …

Dije mientras mamá empujaba mi brazo urgiéndome a explicarle que cosa tenían de interesante las cifras que ella había registrado.

—¿Qué? … ¿Qué es? …

—Mira, mami … los números no mienten … las cantidades diarias no son tan diferentes … lo que significa que si no anotamos un par de muestras … igualmente podríamos calcular un promedio final sin problemas …

A mi madre se le iluminaron sus ojitos y me sonrió:

—¡Oh!, ¡Umh! … ¡Ya veo! … ¡Umh! … entonces eso significa que podríamos follar una o dos veces al día sin preocuparnos de que afecte el resultado final … ¿verdad? …

Se me subió el calor a la cara, me ruboricé al escuchar el razonamiento directo de mi madre.

—¡Emh! … Bueno … no lo había pensado de esa manera … pero los resultados muestran que puede ser posible …

Dije sinceramente, ya que estaba absorto en realizar los cálculos y no había pensado lo que mamá había concluido, me sonreí para mis adentros pensando en ello.

—¿Y también podría ser posible que pudiéramos pasar un día completo sin medir tu semen? …

—¡Emh! … Bueno … No creo que debamos exagerar y hacerlo con demasiada frecuencia, pero de vez en cuando … no afectaría las medidas normales …

Se marcaban los hoyitos en las mejillas de mamá que me sonreía en modo travieso.     No sé lo que estaba pensando, pero su mirada me seducía y mi pene reaccionaba bajo mi bata.

—En ese caso, Alberto … ¿Por qué no nos olvidamos de recolectar muestras en el día de hoy? … desde esta mañana que me tienes caliente … yo te ayudaré a correrte en el modo más natural posible y, quiero que también tú me ayudes a satisfacerme … ¿Qué te parece? …

Mi verga levantó mi bata al escuchar a mi madre, ella sentada a mi lado se dio cuenta de inmediato. Entonces moví mi cabeza en modo afirmativo y dije:

—Me encanta el modo natural, mami …

—Lo sé …  tú polla te delata …

Dijo mi madre sonriéndome, luego me tomó de la mano y me dijo:

—Vamos arriba a mi dormitorio …

Mamá se río cuando me levanté con una tremenda protuberancia bajo mi bata.     Luego hizo algo cómico, me soltó el cinturón del quimono y la parte frontal se abrió dejando ver mi verga totalmente erecta:

—Así está mejor …

Dijo mi madre y luego tomó mi erección, camino frente a mi jalándome de la pija.      Increíble, mamá se llevaba mi verga a su dormitorio y con ella me arrastraba también a mí ¡¡¡Que cosa más maravillosa!!!  Me llevo hacia arriba por las escalas y no me soltó hasta que entramos en su habitación. El dormitorio de mamá es mucho más amplio que el mío, además su cama es una King-Size enorme, casi el doble de la mía.     Apenas entramos en su cuarto, mamá cerró la puerta detrás de nosotros, luego en un tono dominante me dijo:

—Siéntate en el borde de la cama frente a mí …

Obedecí sumiso y quedé de frente a la pared de espejos de los armarios.     Mi quimono permanecía abierto, por ende, mi polla era completamente visible, claramente ya no estaba tan duro como lo estaba hace un momento.     Mi madre estaba frente a mí todavía vestida con su bata y de espaldas a la pared de espejos.

—Alberto … hemos estado a recolectar tú semen por varios días … pero hoy haremos que te corras usando el método natural … pienso que eso también te ayudará con tus dolores … follaremos como una pareja normal durante todo el día … ¿¿Estás de acuerdo conmigo?? …

Pensé me estaba interpelando, me sonrojé escuchando su perorata.      Iba a abrir la boca para responder, pero ella continuo esa especie de soliloquio.

—Y quiero oírte hablar sucio conmigo, también que me folles lo más fuerte que puedas … creo que es lo mínimo que puedes hacer por mí, después de haberte estado ayudando toda una semana … quiero escucharlo de ti … dime que me quieres follar … dímelo, Alberto …

Me sentí un poco cohibido ante la fuerza imperiosa de mamá por tener sexo conmigo, sumiso y dócilmente le dije:

—Mami … quiero follarte …

—¡Dilo más fuerte! …

—¡Quiero follarte, mamá! …

—¡¡Mas fuerte y con más firmeza!! …

—¡¡¡Quiero romperte el coño!!! … ¡¡¡Quiero que me abras tus piernas para meterte mi pija dura en esa concha tuya caliente y mojada!!! … ¡¡¡Quiero romperte ese culo de puta caliente que tienes!!! … ¡¡¡Te voy a bañar tus tetas con mi esperma!!! …

—¡Eso! … está mucho mejor, Alberto mío …

Dijo mi madre dejando caer su bata y mostrándose ante mí con toda su belleza totalmente desnuda, entonces me quité mi bata y le dije:

—Ven aquí puta cochambrosa … chúpame la pija y prepárala para meterla entre tus nalgas y romperte el culo …

—Eso me gusta … mucho mejor … asegúrate de hablarme así cuando me estes follando … me puedes decir de todo y llamarme con cualquier nombre que te venga en mente … no seas tímido … lo haces para satisfacerme … no olvides que así me gusta más …

Tragué saliva, mamá se estaba deshaciendo de su hipocresía y pudibundez transformándose en una mujer libre y llena de vida.     Por mi parte, yo estaba perdiendo mis inhibiciones y respondía a las travesuras de mamá con mayor convicción, me encantaba ser guiado por ella.

—¡Emh! … ¿p-perra sexy? …

—¡Eso! … ¡Más! … ¡Dime más cosas! …

—¡Perra caliente! … ¡Perra chupa vergas! … ¡Devoradora de pollas! … ¡Puta buena pa’ culear! … ¡Puta de culo caliente! … ¡Lame pollas! …

Otra vez volví a ruborizarme, nunca había dicho ese tipo de cosas a mi madre, pero ella me miraba complacida y acariciaba mi pene.

—Así es, jovencito … Soy una puta amante de tu verga … me encanta el sabor de tu polla … y quiero que me folles con esa pija tuya encantadora … y si eres bueno para complacerme, te dejaré follar mi culo … ese culo que te gusta tanto será todo tuyo … ¿Te gustaría poner tu pija dentro de mi culo caliente? …

Mi pene había crecido a su máximo, me puse de pie, mi verga enhiesta pulsaba con mis latidos, toda mi sangre se estaba concentrando en esa zona, mi glande lucía amoratado y lustroso como un hongo gigante, los ojos de mamá estaban fijos en mi pene, se arrodilló ante mí y acarició sus mejillas con mi verga entiesada, golpeó sus firmes tetas con él como para comprobar su solidez y esplendor, luego miró mis ojos y comenzó un lengüeteo maravilloso, realmente le gustaba mi verga a mamá, su estado de excitación era más evidente que nunca, sus senos estaban plenos y sus pezones hinchados sobresalían y se empinaban endurecidos, pasando mi verga entre sus labios me dijo hablando entre dientes:

—Déjame probar esta maravillosa polla tuya …

Inmediatamente se tragó mi pija en su cálida boca.   ¡¡Lo chupo casi como un animal devorador de vergas y hambriento de sexo!!   Lamió mis bolas.    Hizo todos esos sonidos de chupeteo, sorbos y chapoteo de su lengua, escuché su jadeante respiración sobre mí mientras me lamía y chupaba.     Gruesos hilos de saliva cubrían mi pene y ella la deslizo entre sus tetas y la aferraba con sus manitas juntas casi como adorando sagradamente mi arnés que se mantenía duro como palo entrando y saliendo de su boca.

 

Verla así tan enardecida y excitada, hacía hervir mi sangre, nunca me había sentido tan caliente por mi madre.     Apasionado, agarré su cabeza y la sostuve como si estuviera follando su cara mientras ella continuaba a chuparme con devoción inaudita.      Cerré los ojos gozando de todas sus caricias, pero se detuvo y se levantó, me dio un beso con sabor a verga y me dijo:

—Vamos a la cama … quiero sentir tu lengua en mi coño mientras te la chupo …

Me recosté paralelo a los espejos, quería ver a mi madre sobre mí chupándome la verga, ella se sentó a horcajadas sobre mi cara, sus maravillosas nalgas se cernieron sobre mí rostro.   ¡¡Que vista más maravillosa!!    El espejo me mostraba a mi madre sobre mí recogiéndose los cabellos con sus tetas protuberantes apuntando hacia arriba, muy pronto esas tetas estarían sobre mi vientre.    Mirando hacia arriba podía observar los labios de su coño rosado medio abierto y su culo fruncido de color marrón que se dejaba caer a sofocar mi cara para mi intenso placer.     La miré al espejo justo en el momento en que ella se plegaba hacia adelante, sus tetas hicieron contacto con mi estómago y sus labios se cerraron alrededor de mi pene comenzando a chuparme con la misma voracidad y locura de antes.

 

Me di a la tarea de lamer el coño de mamá con toda la destreza aprendida en estos días, pasé mis manos por sus nalgas, aferré sus caderas para hundir mi boca en su panocha y chupar hasta casi asfixiarme en sus zumos sabrosos ¡¡¡Dios, si que era bueno esto!!!  Me encantaba el aroma de su coño y su culo, con mis manos abrí esas nalgas firmes para lamer su rugoso orificio que empezaba a contraerse como con vida propia.     No había nada más excitante que ver la calentura de mamá reflejada en la reacción que tenía mientras mi lengua se perdía en esas nalgas suyas para mojar y lamer su ardoroso trasero, era una delicia sentir el estrecho ojete de mamá en la punta de mi lengua.

 

Mi madre adorada todavía estaba ocupada a devorar mi pija salvajemente, gemía y emitía todos esos sonidos ya característicos para mí, sorbos y chupeteos llenaban el sonido ambiente de su dormitorio, mis bolas estaban en ebullición y aun cuando el cosquilleo en mis bolas ya estaba presente, me estaba controlando para no correrme tan de prisa, quería que la succión de su boca en mi verga no terminara nunca, ella me lo había dicho explícitamente que quería chuparme la pija por largo rato.

 

Continué a bañar su coño y lamí y relamí su ojete anal, baboseando sus glúteos mientras ella rotaba su trasero en mi boca.   Amasé sus redondas nalgas, las estiré, las apreté, las besé, no podía hartarme lo suficiente de su culo magnifico, era el hombre lame culos y estaba en el edén anal.

 

Luego ya no me aguantaba más y me revolví para advertir a mi madre:

—¡Mami! … ¡Mami! … ¡Ya, mami! … casi se me sale … que me corro, mami …

Por suerte mamá se había transformado en una experta recolectora de esperma, dejo de chuparme prontamente y dijo:

—¡Por Dios! … ¡Espera! … ¡Espera! … ¡Quiero que te corras en mi boca! … ¡Quiero que veas a tu madre tragándoselo todo! … ¡Quiero que veas cuanto me gusta tragarme tu delicioso semen! … ¡Cambiemos de posición! …

Así diciendo se levantó precipitadamente de mi cabeza y se arrodilló a los pies de la cama sobre un tapete, la vi como ordenaba sus cabellos hacia atrás, vi sus tetas que se cimbreaban y vi su reflejo en los espejos del armario, era como una alucinación ver a esta estupenda mujer arrodillada como una beata, pero esta vez con una lujuriosa mirada en sus ojos y pronta a recibir un baño de lechita caliente en su boca, realmente me impresionó.

 

Me paré frente a ella y agarré mi erección, la golpeé un poco en sus tetas:

—Toma puta caliente … abre tu bocacha para llenártela con mi leche …

Mamá sumisamente se acomodó, cerro sus ojos y abrió su boca, golpeé un par de veces sus mejillas y luego restregué mis verga en sus labios, ella aprovechaba de pasar su lengua sobre mi glande y se mantenía ávida y en espera de que penetrara su boca, entonces le dije:

—Ahora putilla … prepárate a beber mi semen … prepárate a saborear el semen de tu hijo, puta …

El haberme tenido que levantar había cambiado la sensación de correrme.     Ya no sentía esos deseos inminentes, así que me puse a disfrutar las chupadas de mamá, sabía que haría maravillas en mi verga en corto tiempo.     Miré a la pared de espejos y vi a mi genitora, lucía extremadamente excitante chupándome la verga, eso envió un escalofrío que recorrió mi espina y mis bolas temblaron antes de explotar y enviar ingentes cantidades de esperma hacia mi meato urinario, saliendo a borbotones y escurriendo en la boca de mi madre.

—¡Ahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhhhhh! …

Grite sintiendo un cierto grado de dolor por la violencia y cantidad de esperma saliendo de mi verga, mamá aferró mis caderas y engullo los primeros chorros, pero luego mi semen desbordo de su boca a la comisura de sus labios, se deslizó por su barbilla y finalmente gruesas hebras perladas cayeron sobre sus senos enormes.

 

No sé si mi madre estaba fuera de forma o ya no tenía practica a chupar una pija o quizás estaba produciendo más semen que antes, pero en las últimas oleadas de esperma, se limitó a abrir la boca con la lengua afuera y se dejó bañar por mi esperma ¡¡¡Era como un espectáculo de película porno!!! Mamá con su rostro completamente empapado de líquido seminal, frotó el semen de su cara y de sus senos y luego lamio sus dedos mirándome fijamente, como a mostrarme cuánto lo disfrutó.

—¡Oh, Alberto! … Me encanta el sabor de tu semen, es especialmente agradable … Tal vez no lo sabes porque no te lo he dicho … pero cada muestra de tu semen después de medirlo y registrarlo … siempre me lo bebía … por eso sé lo sabroso que es … ¡Me gusta! …

¡¡Reconchas!! ¿¿Habré escuchado bien?? ¡¡Mamá se habría bebido casi un cuarto de litro de mi esperma!! ¡¡Jesús, Jesús!!

 

Imaginar a mamá bebiéndose mi semen, me procuró un endurecimiento de mi pene casi instantáneo, mi madre no se dejo escapar la oportunidad, famélica de semen, rápidamente se tragó mi pene y me chupó a un velocísimo orgasmo menor, solo un par de chorros salieron de mi pija antes de quedar completamente flácida, igualmente ella tomo mi verga en sus manos y la ordeño y lamió mi glande hasta dejarlo limpio y lustroso.     Con las piernas que me temblequeaban, me derrumbe sobre la cama de mi madre.

—¡Mmmmmm!, querido … eso fue realmente encantador …

Dijo mamá levantándose y caminando sinuosamente hacia la mesita de noche.     Sus grandes senos la acompañaban bamboleándose sexy y libres.     Mamá tomó una pequeña toalla y se limpió la humedad del semen de su rostro y sus pechos:

—Dame un minuto, Alberto …

Y se fue caminando hacia el baño.     No podía dejar de observar esos maravillosos glúteos de ella que me embelesan cada vez que se gira ¡¡¡Dios, que vista!!!

 

Le tomó un par de minutos a mi madre para volver, hermosa como siempre, su tez tersa y lozana de un rosado natural y en sus ojos había fuego otra vez, con una sonrisa de alegría y satisfacción se dejó caer sobre su cama de espaldas, luego apoyo su cabeza con su mano y se giró, sus enormes senos reposaban plenos uno encima del otro, como buenos amigos al unísono llamaban a ser devorados, lamidos, mordisqueados y besuqueados, mi madre vio mis ojos fijos en sus mamas, su mano paso sobre sus tetas como si quisiera limpiar algo sobre ellos y sin mirarme me dijo:

—Es tu turno … ve a lavarte, Alberto … y por favor regresa luego aquí a mí lado …

Mi madre es la higiene hecha mujer, se limpia y se lava a cada rato, quizás por eso su coño y su culo saben tan bien.     No me lo hice repetir, de un salto me dirigí a su toilette, mientras caminaba sentí un silbido de mamá:

—¡Qué culo más bello que tienes, hijo! …

Dijo riéndose y lanzándome un beso que era toda una promesa.     Recordé cuánto le gusta mi trasero a mi madre, y con una tímida sonrisa respondí:

—¡Son tus genes, mami! … ¡Son tus genes! …

Una vez en el baño, rápidamente me metí bajo la ducha, enjaboné y enjuagué especialmente mis bolas, la raja de mi culo y mi pene.     En menos de dos minutos estaba fuera secándome.    Tiré la toalla a la canasta de la ropa usada y me fui caminando con mi pene que ondulaba y mis pelotas que aleteaban, apenas entre al dormitorio de mamá, ella estaba casi en la misma posición y sus ojos se fijaron en mi entrepierna:

—Mi vergudo hijo … ¿Estás limpio ahora? …

Limpio y fresco como un bebé … y solo para ti …

Le dije mientras apoyaba mi espalda en las almohadas, sentándome al lado de ella, mi cabeza estaba en una posición más alta con respecto a su cuerpo, así que podía admirar toda la anatomía de mi madre, noté su ombligo que no era abierto como el mío, el suyo restaba cerrado, más abajo su monte de venus lucía invitante, calvo y terso, me dieron unas ganas locas de tocar su cálida piel, al parecer ella se percató de ello y me dijo:

—Si quieres … puedes tocarme mientras conversamos un rato …

Moví mi mano sobre su vientre para probar ese hoyuelo cerrado de su ombligo, este se negó a ser penetrado, así que moví mi palma por su estómago hasta la base de sus tetas, apreté su teta derecha y pellizqué suavemente su pezón, luego me incliné a succionarlo con suavidad.

—¡Ooohhh! ¡Qué bello! … Vuelves a ser mi bebé así pegado a chupar mi teta … sigue, bebé … sigue. Que me encanta cuando chupas mis tetas …

Dijo mi madre acariciando mis cabellos.     Mi pene no tenía ninguna reacción, pero se sentía rico y agradable succionar su pezón, como si me diera un sentido de tranquilidad y protección bajo el alero de sus tetas.     Pero la voluptuosidad de mamá me inspiraba a explorarla un poco más, moví mi mano sobre su montículo venusiano y sentí esa calidez y delicada suavidad de su chocho.     La miré a los ojos mientras pasaba mi mano sobre su concha calva, ella me sonrió, cerró sus ojos y se distendió sobre la cama abriendo sus piernas para mí:

—Toca y juega con mi coño, hijo … mete tus dedos si quieres …

Moví mi dedo medio a todo el lago de sus labios vaginales, los fui abriendo poco a poco para descubrir el tesoro que mamá tiene entre sus piernas, con la yema de mis dedos percibí su candorosa humedad, luego inserté mi dedo en su estrecho ojete mojado, la carne estaba allí, suave, resbaladiza y empapada, metí dos de mis falanges y mi pulgar quedó sobre su clítoris:

—¡Mmmmmm! … ¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii!, bebé …

Dijo mamá con los ojos cerrados, abrió sus boca sicalípticamente y empujó sus pelvis hacia arriba haciendo entrar más de mis dedos dentro de ella.

—¡No te detengas, Alberto! … ¡Eso se siente muy bien! … ¡Fóllame! … ¡Quiero correrme con tus dedos! …

En realidad, no tenía ninguna intención de detenerme, estaba disfrutando a pleno la lujuriosa reacción de mamá y la escuché decir:

—Puedes meter más dedos para estimularme mejor … eso se siente muy rico …

Dijo mi madre moviendo sus caderas al ritmo en que mis dedos entraban y salían de su coño.     Con mucho cuidado metí mis otros dedos en su chocho devorador, tenía todos mis dedos dentro de su concha que se contraía y apretaba a los dedos invasores y, poco a poco fui aumentando la velocidad de penetración, se sentía maravilloso ver como mi madre se volvía loquita:

—¡Aaaahhhh! … ¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …

Mamá gritaba y se contorsionaba sobre la cama.     Sus piernas se abrían y cerraban apretando mi mano entre sus muslos, sus pies se habían encrespados y retorcidos en una extraña forma, continuaba a gemir y chillar como una bestia en una agonía de placer.     Continué y aumenté el ritmo, mamá empujaba su coño con fuerza hacia arriba y tomo mi muñeca para empujar mis dedos más adentro de ella y forzarme a follarla más rápido, eso fue precisamente lo que hice.    Luego de un par de minutos de esta frenética acción, mamá grito y su cuerpo se estremeció en un temblorcillo que involucró toda su humanidad.   Sentí los fuertes apretujones de su coño a mis dedos.    Luego se relajó y quedo inerte y jadeante con sus ojos cerrados y su lengua que bañaba sus labios voluptuosos como saboreando la potencia de su orgasmo.     Nunca antes la había visto correrse con tal intensidad y ella era la primera mujer que me hacía experimentar esta experiencia terriblemente caliente, entre jadeos y aún con sus ojos cerrados, me dijo:

—Gracias, Alberto … realmente lo necesitaba …

Mamá se recostó en la cama, juntó sus piernas, acomodó sus senos y me miraba con una cara ensoñadora, miraba mi verga que se había puesto semi dura, lo tocó y lo sintió reblandecido, se sentó en la cama y me dijo:

—Hijo … ¿Sabes lo que haré? … Bajaré ahora mismo a preparar un cafecito para ti y para mí … no te muevas porque lo tomaremos aquí en la cama … y después prepárate porque tenemos que hacer que te corras … es tu turno … voy y vuelvo … piensa un poco en que cositas ricas me vas a hacer …

La miré ansioso, volvió a ponerse la bata y desapareció de la habitación.     “Es tu turno” dijo mamá, las pulsaciones en mi pene eran ya agradables, me cubrí un poco con una manta que tenía mamá sobre su cama.     Será el cansancio de haberle provocado a mi madre un orgasmo demencial o tal vez, me canso más de prisa que otra veces, pero me quedé traspuesto a soñar con mi madre y su cachondez.

 

No sé cuánto tiempo había transcurrido, sentí movimiento al lado mío y me desperté, mi madre estaba ya sentada junto a mí, me sacudió suavemente el brazo:

—¡Alberto! … ¡Despierta! … Te has quedado dormido …

—¡Umh! … ¡Emh! … yo … ¿Cuánto he dormido? …

—Poco más de una hora … Cuando llegué con el café ya dormías … Pensé que lo necesitabas y te dejé dormir … Así luego responderías con mayor fogosidad …

Dijo mamá guiñándome un ojo y sonriendo mientras me entregaba una taza de café humeante y aromático, luego prosiguió:

—Entonces aproveché de llamar a un tía Giovanna … tú sabes que siempre la llamo …

—¿Y cómo está la tía? …

Me senté y tomé la taza que me ofrecía mamá.     Deje que la manta me mantuviera cubierto de la cintura para abajo.      Mamá se colocó frente a mí, todavía vestía la bata blanca.     Comencé a espabilarme bebiendo un sorbo de café.     Estaba rico y fresco.

—Tu tía está bien y te mando saludos …

—¿Y por qué la llamaste? …

—Bueno … un par de veces a la semana hablo con ella … tú sabes … y como te habías quedado dormido, fui y la llamé … me encanta hablar con ella …

Es verdad.     Mi madre normalmente habla con su hermana a menudo, son bastante unidas.    La tía Giovanna vive en la quinta región en una localidad costera de renombre turístico.     Aparte de hablar semanalmente, se visitan unas cuantas veces durante el año.     La tía al igual que mamá vive sola, su marido falleció en un accidente hace un par de años.     A mamá le hubiese gustado que la tía se viniera a vivir con nosotros, pero jamás la presionó al respecto.     Al improviso me vino un pensamiento:

—Mami … ¿No le habrás dicho … ¡Emh! … sobre mi … condición? …

—Bueno … no le he dicho nada en particular … pero si le dije que estás en un tratamiento médico …

—Bueno … Está bien … sería embarazoso para mí si le hubieras dicho mucho más …

—Pero Alberto … tú tía Giovanna es como una segunda madre para ti … de seguro que ella querría verte mejorar …

No quise seguir indagando sobre las cosas que habrían hablado mi tía y mi madre, pero no estaba convencido de cuánto le habría dicho mi mamá.     Terminé de beber el café y continuamos hablando, me sentía despierto y renovado, mamá me miró con esa mirada suya y ya sabía que significaba:

—Alberto … ¿Te sientes bien? … ¿Has descansado? … ¿Te sientes mejor? …

—Sí, mami … me siento mejor … pero me está volviendo ese dolorcillo, ¿sabes? …

—Pero ya sabemos cómo quitártelo, hijo …

Mamá me sonrió y lentamente comenzó a hacer que la manta se corriera por mis piernas, hasta que apareció mi flácido pene y mis bolas.     Ella acarició dulcemente mi pene y con delicadez, como si estuviese manejando una pieza preciosa:

—Que rica y suavecita está tu pija … se siente limpiecita y agradable … me he acostumbrada tanto a ver tu maravillosa polla que la deseo tanto como a todo tu cuerpo … ¿Qué podremos hace para que se ponga durita? …

Mi madre se arrodilló a mi lado y con sus dos manos masajeaba mi verga tratándola de resucitar, su mirada brillaba y no era la misma de hace unos momentos cuando hablábamos de la tía, ahora era intensa, como si fuera otra persona, lamía sus labios y jugaba con mi pene sintiendo como este se endurecía con su tratamiento manual, me miraba con una media sonrisa lasciva en su rostro angelical y travieso, ya no era la mujer reprimida, ahora sus deseos estaban a flor de piel, había un poco de perversión y lujuria en sus ojitos entrecerrados.    Le pregunte:

—¿Te pondrás algo sexy para mí? …

—Bueno … Sí … ¿Qué te gustaría? …

—Te veías tan hermosa y cachonda solo con tus medias negras y tus tacos altos … creo que bastaría para estimularme bien …

Mamá levantó su mirada en modo pensativo y me dijo:

—Creo qué sé lo que te va a gustar … recuéstate … cierra los ojos y no mires lo que haré … solo unos minutos …

Hice como me pidió mamá y esperé con una cierta ansiedad pensando en lo que haría mi madre.   La escuche abrir su armario y hurgar en los cajones, luego ruidos de sus movimientos.     Mi pene comenzó a pulsar y a levantarse en anticipación.     Pasados algunos minutos, mamá dijo:

—Está bien … ya puedes abrir los ojos …

Lo hice y una aparición alucinante y deliciosa estaba ante mí.     Mamá se había quitado la bata y estaba de pie a casi un metro de la cama vestida solo con medias negras y un fino portaligas del mismo color, también calzaba unos zapatos de punta con unos tacones de unos quince centímetros.     Había cepillado sus cabellos y llevaba lápiz labial de un intenso rojo, también había maquillado su cara levemente.

 

Posaba para mí con una mano en sus caderas, con sus grandes pechos desnudos, se giró un poco a la derecha y luego a la izquierda, después dio un giro completo para mostrarme su esplendoroso culo y movió su cuerpo en modo de hacer tambalear y sacudir sus nalgas, lo que sabía siempre me estimulaba al máximo y me enloquecía de deseo ¡¡¡Dios!!!   ¡¡¡Se veía tan deliciosa!!!   ¡¡¡Esas medias negras le daban un toque mortífero!!!  ¡¡Silbé con placer!!

—¡¡Guau!! … ¡¡Qué bella que estás, mami!! …

Mi pene continuaba a alzarse con cada movimiento que ejecutaba mi madre, ella se paseó como una modelo haciéndome ver todas las riquezas fabulosas de sus curvas y luego me lanzó una barra de lápiz labial que me desconcentró, pues no sabía por qué lo había hecho:

—Quiero que me hagas algo, Alberto …

Se acercó a mí con su andar felino, mi verga endurecida la apunto amenazadoramente.

—¿Qué? …

—Quiero que me escribas algo en mi culo con ese pintalabios …

Tragué saliva atónito y complacido, pero mi cerebro obnubilado por la proximidad de su trasero no lograba imaginar ni pensar nada al respecto.

—¡¡Eh!! … ¡Sí! … pero qué …

Mi pene vigorizado por el descanso había alcanzado dimensiones extremas y se empinaba en el aire con movimientos autónomos.      Mamá se giró presentándome sus maravillosas posaderas para permitirme estampar en ella algún escrito.     Me temblaba la mano percibiendo la calidez de sus nalgas.

—Siéntate al borde de la cama para que puedas hacerlo con mayor comodidad …

Dijo mi madre pasando sus manos por sus glúteos, como preparando la tela para la escritura.      Con cierta vacilación me acerqué con el lápiz labial en ristre, se veía tan caliente su culo.     Tuve la tentación de besarlo y lamerlo, al parecer sus tacones hacían que su trasero sobresaliese más hacia afuera.     Finalmente, sin poderme contener enterré mi rostro en medio a sus nalgas carnosas, agarrándolas y apretándolas con fuerza, mamá gimió con un placentero ronroneo de gata.

—¡¡Dios!!, mamá … es tan hermoso tu culo … ¿Y qué debo escribir? …

Mamá me miró divertida y dijo:

—En la nalga izquierda pon una “P” y una “U”, en la derecha una “T” y una “A” …

De inmediato me encanto la imaginación de mamá y me puse manos a la obra o mejor dicho manos sobre la obra de arte que era el culo de mi madre, escribí tal como me dijo.     La hice voltearse y en su vientre dibujé una pequeña flecha que apuntaba hacia su sexo y escribí “COÑO”, mamá estiraba la piel de su vientre divertida y con una mirada perversa y traviesa.     Sobre la albina piel de mamá el rojo intenso del lápiz labial sobresalía y se veían claramente.     Ahora mamá lucía como esas putillas de mis revistas pornográficas y mi imaginación volaba sobre sus sinuosas curvas.

—Mami … te ves realmente caliente …

Mamá se acercó a los espejos del armario y se giró a ver la escrita de su culo, meneó sus nalgas y al parecer satisfecha se giró hacia mí sonriéndome:

—Tu padre solía hacer esto conmigo y lo excitaba muchísimo …

Deseosa y ganosa se acercó a mí y tomo mi pene en su boca para darme una furibunda mamada acompañada de una batahola de sonidos de sorbos y chupeteos.     Levantó su mirada paseando la lengua por sus labios rojos saboreando mi verga:

—Quiero que me digas cosas sucias mientras te la chupo … todo lo que se te ocurra …

Luego sin quitar sus ojos claros de mis propios ojos, se tragó mi pene hasta el fondo:

—¡Chupa! … ¡Chúpame la pija puta caliente! … ¡Has que me corra en tu boca, sucia prostituta …

Mi madre me miraba con ojos ensoñadores.

—¿Cómo se ve mi culo, cariño? …

—Tienes un culo de lame pijas fabuloso … cualquiera quisiera culearte ese estrecho agujero cagón … todos quisieran joderte por el culo …

—Y a ti … ¿Te gustaría follar mi coño? …

—Por supuesto que me gustaría volver a romperte ese coño pelado … me gustaría meterte mi verga y hacerte gritar de placer como la puta que eres …

—¿Te gustaría cogerme a lo perrito? …

—¡Sí! … me encanta tu coño lampiño …

—Entonces llámame perra …

—Y eso es lo que haré … perra de mierda … te voy a dar por tu concha y por tu culo, perra culiá …

—¿Y qué clase de perra soy? …

—Eres una zorra … puta de putas … que te gusta beberte mis mocos … culicagada lame vergas …

—¡Excelente Alberto! … Soy una culicagada chupadora de pollas … me encanta que me claven el coño … me enloquece el sabor de tu semen y tener una pija dura y jugosa dentro de mi boca y mi coño …

Diciendo esto, mamá puso un cojín sobre la silla, se arrodilló en eso y dándome la espalda, procedió a abrir sus nalgas mostrándome su culo y su coño contemporáneamente, luego mientras jugaba penetrándose con sus dedos, me miraba a los ojos en forma perversa.     Me abalancé detrás de ella y procedí a lamer su culo y su coño, lamí, lamí y lamí, yendo de uno a otro, pasando mi lengua a lo largo de la hendedura de sus nalgas, arriba y abajo.     ¡¡Reconchas!! Era lo más caliente que había hecho con mamá hasta ahora.

 

Mamá se sentó en la silla y teniendo mi verga a la altura justa, procedió a chuparme con devoción, yo jugué con sus tetas, pellizcando su pezones y amasando sus esponjosos globos, finalmente mamá soltó mi verga y dijo:

—¡¡Fóllame las tetas!! …

Juntó sus pechos con sus manos y los levantó hacia mi envolviendo mi pene endurecido como una roca, sus suaves y cálidas carnes acariciaban y sobajeaban mi polla   ¡¡¡Carajo!!! ¡¡Estaba en el séptimo cielo!!  ¡¡En el paraíso de las tetas!!   Después de algunos minutos de esta diversión le dije:

—No quiero correrme aquí … te quiero follar …

Mamá respirando con jadeos, se levantó y se subió a la cama apoyándose en las manos y rodillas, con su rostro reflejado en los espejos del armario, en esa posición me dijo:

—Ven y cógeme el culo … quiero verte y que te veas follándome en los espejos …

¡¡Coño!!  ¡¡Que invitación!!  Mi pene estaba desbocado, necesitaba meterlo en alguno orificio ahora ya.     Me subí a la cama detrás de ella, pasé arriba y abajo mi pija en el surco de sus nalgas.  Abofeteé sus glúteos con mi verga.     Podía apreciar tanto su culo como su coño empapados e invitantes.    Me decidí e inserté la punta de mi polla en su encharcado chocho, lentamente, profundamente hasta que mi bolas tocaron sus muslos.

 

Enseguida repetí la acción una y otra vez, como el pistón de una máquina, mi verga entraba y salía de su coño.     Miré los espejos, viendo las fabulosas tetas de mi madre bamboleándose como locas mientras yo embestía su concha desde atrás, mamá empujaba su vagina contra de mí.      ¡¡Me pareció jodidamente caliente!!

 

Empecé a gemir y gruñir muy excitado por la escena que me mostraban los espejos, al escucharme mamá dijo:

—¡Sí! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame! … ¡Folla a tu sucia madre amante y chupadora de pijas! …

—¡Sí, zorra! … ¡Perra lame culos! … ¡Tiene! … ¡Zámpatelo todo! …

Seguimos así por largo rato, verme follar a mi madre por detrás en los espejos era una visión increíble y a ella le encantaba.     De tanto en tanto nuestros ojos se encontraban y podía ver su rostro contorsionado por la lujuria sintiendo sus gemidos de placer y delicia.     Improvisamente ella gritó:

—¡Córrete en mi culo, Alberto! … ¡Córrete en mi culo! …

Casi a punto de correrme saqué mi verga bañada en los zumos de mi madre y apunté a ese hoyito marrón, estrecho y engurruñado, con un poco de energía mi glande perforó la resistencia de su esfínter con cierta facilidad, centímetro a centímetro me sumergí en su ano cálido y profundo:

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Ssssiiii! …

Me retuve de correrme, pero me era difícil con el estrecho roce de sus paredes anales.     La follé con fuerza y muy luego la sentí gemir y chillar casi en sollozos:

—¡Mmmmmm! … ¡Ssiii! … ¡Ssssiiii! … ¡Mmmm! …

Vi los temblorcillos que se apoderaban de las piernas de mamá y aumenté la velocidad y profundidad de las penetraciones y ya no me pude contener, exhalé un gemido acompañado por un grito:

—¡Aaaahhhh! … ¡Umpf! …  ¡Umpf! … ¡Umpf! …

Me descargué en el culo caliente de mamá.    Ola tras ola de semen rellenando sus vísceras.    Mamá trataba de calmar su pierna derecha que tiritaba con vida propia, todavía gemía y chillaba entre dientes, con sacudidas y estremecimiento de todo su cuerpo.     Se derrumbó hacia adelante y mi verga salió chorreando esperma sobre su espalda y glúteos.     Luego colapse jadeante a su lado.     Nos quedamos en esa posición sobre su amplia cama.

 

El resto de la tarde la pasamos follando y ella chupándome y tragándose mi semen.     Una posición que me gustó mucho fue con mi madre sobre mí, ella con mi verga incrustada profundamente en su chocho, sus tetas bamboleándose y saltando arriba y abajo, viendo su lujurioso rostro mientras se corría haciendo vibrar todo su cuerpo y estrujando mi pija con sus músculos vaginales, ver sus tetas moviéndose de ese modo fue simplemente genial.     Me corrí otras cuatro veces en el transcurso de la tarde y mis bolas se aplacaron.

 

Otros de los momentos increíbles fue cuando mamá se arrodillo en la alfombra sobre sus codos y rodillas y me ofreció explícitamente de follarla con mis dedos.     Me dejo abrirle sus nalgas y pude lamer su coño y su culo.     Babeé su ojete anal e introduje mis dedos, ella gemía y rotaba su trasero empujándolo contra mis dedos, su ano se contraía y apretaba mis falanges, gemía y chillaba de placer.   Le dije varias groserías y obscenidades antes de clavar su orificio anal con mi verga y correrme en lo profundo de sus tripas.

 

Pero sin duda alguna mi preferido fue cuando volvimos a la cama y ella me lo chupo hasta ponerlos duro como palo, luego se acuclilló sobre mí y se introdujo mi pija en su ano, ensartándose ella solita, luego se sentó en mí, abrió sus piernas y folló su coño con sus dedos hasta correrse con mi verga enterrada profundamente en su culo, mientras ella luchaba por mantenerse quieta, la rellené con una carga fresca de mi esperma caliente.

 

En ningún momento mamá quiso recolectar mi esperma, o se lo tragaba mientras me chupaba, o dejaba que me corriera en su coño o su culo y luego ella iba al baño a limpiarse, ver gotear mi semen fresco de su ano o su trasero, también fue para mí algo excitante.

 

Al final de la tarde, mientras cenábamos desnudos en la cocina, mamá se recordó de la cita con la doctora.     Me dijo que por ningún motivo debíamos decirle cuales métodos habíamos usado para recolectar mi semen y que ella arreglaría las anotaciones como si hubiésemos recolectado todas mis eyaculaciones en el modo prescrito.     Prontamente asentí y estuve de acuerdo con ella, sabía que lo que habíamos hecho no lo podíamos comentar con nadie.

 

Y nos quedaba aún un día de recolección antes de volver a la consulta de la doctora.

 

Continuará…

 

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