Incesto

Inocente secreto 4

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Todo empezó en la adolescencia… mis hormonas estaban alborotadas, me enloquecían, eso y la tonelada de porno gratis que el mundo actual tenía para ofrecer, lo hicieron todo más sencillo…

 

No teníamos mucho dinero en mi hogar en ese tiempo, por lo que la casa no era grande. Mis papás dormían en su habitación y nosotros con mi hermana en la habitación de al lado. Dormíamos en camas separadas, ambas mirando hacia el televisor, no había mucho problema por eso, ella era un poco más pequeña que yo, pero compartimos el gusto por las caricaturas, por lo que nunca hubo peleas por lo que se veía en la tele en ese tiempo. Aunque si bien, no tenía una gran «privacidad» podía esconder entre el colchón mis revistas porno y las cintas de video que nos compartíamos con mis amigos y que cada cierto tiempo, miraba en la habitación de mis papás, a la rápida, escondido para que no me pillaran.

 

A esa altura ya «sabía» todo lo básico del sexo… la pornografía es bastante educativa en ese aspecto y obviamente, yo «estudiaba» bastante…

 

Todo iba relativamente «normal» hasta que un día, un pequeño detalle, lo cambió todo.

 

Aún recuerdo bien… era verano, uno muy caluroso. Mi mamá tenía la costumbre de bañar a mi hermana, sacarla de la ducha y llevarla envuelta en una toalla hasta la habitación, dónde terminaba de vestirla. Siempre lo hacia frente a mi y yo obviamente, estaba acostumbrado, aparte me molestaba bastante, porque siempre se le ocurría vestirla cuando yo estaba viendo caricaturas, por lo que tenía que estar moviendo la cabeza o levantándome para seguir viendo la tele y esta vez no fue diferente. Lo único que sí lo fue, es que a mi mamá la llamaron por teléfono, y dejó a mi hermana envuelta en una toalla. Mi hermana se acostó en la cama y la toalla le quedó como una falda, cubriendo su torso llegando hasta la mitad de sus muslos. En ese tiempo ella era un poco gordita, por lo que sus muslos eran grandes y tenía sus pechitos un poco marcados. Bueno, el punto es que me dieron ganas de ir al baño, mientras daban comerciales en la tele y mi mamá conversaba y conversaba por teléfono. Mi hermana estaba acostada, con las piernas dobladas y cuando pase por enfrente de su cama, por reflejo, la mire a ella… entre sus piernas dobladas y un poco abiertas, ví que una de sus manitos se estaba acariciando la conchita, ella estaba en silencio, mirando la tele, yo me quedé mirando un pequeño momento… sus deditos finos pasaban suavemente entre los labios de su conchita blanca, casi rosada de tierna, acariciándose, tratando de meterse un poquito más adentro y saliendo suavemente… no dije nada, me quedé helado, fui al baño y al volver mi mamá ya la estaba vistiendo, así que me senté nuevamente a ver la tele, aunque ya poco importaba… solo tenía en mi mente ese pequeño momento, que me hizo volar la imaginación.

 

Los días pasaron, yo quedé con la duda ¿realmente se estaba tocando?… ¿Así como yo lo hacía?… Ahora, cuando me encerraba en la habitación de mis padres a ver los vídeos porno, tenía el recuerdo de mi hermana en mi cabeza… no se me podía borrar, por más que lo intentará, así que decidí que tenía que saber si eso era así o no, por lo que comencé a prestar más atención a lo que hacía… quería saber, me calentaba saber…

 

Al par de días, en la noche, estábamos viendo una película. Mis papás nos dijeron que irían a apagar la tele al terminar la película, para que no nos desvelaremos. Ambos estábamos acostados, de repente, ví que ella se movió, y se puso en la misma posición de ese día que la ví en toalla… algo me prendió cuando ví eso, un morbo casi incontrolable… ¿lo estaba haciendo?… Mire a su cama disimuladamente, ella solo miraba la tele, se veía movimiento bajo las sábanas… estaba seguro que se estaba tocando la conchita… la verga me empezó a palpitar fuerte, comencé a apretar la cabeza del pene bajo las sábanas mientras la miraba… ella no decía nada y yo tampoco… de repente ella giró la cabeza hacia mi… entre la luz tenue del televisor, podía ver un brillo pícaro en sus ojitos inocentes, disimuladamente me baje el pijama, tenía la verga húmeda de calentura y mis dedos se deslizaban suavemente entre la carne tensa… sabía lo que ella estaba haciendo y por alguna extraña razón, tenía la impresión de que ella también sabía lo que yo hacía… esa mirada… esa mirada me hizo arder el alma… mis mano subía y bajaba por mi verga, aunque estuviera tapado, se notaban mis movimientos, por la silueta de su cuerpecito, se notaba que había abierto más las piernas, ahora podía distinguir como su manito se movía alrededor de su conchita, nuestras miradas estaban como cosidas por un hilo indecente y ardiente que no nos dejaba escapar… Tenía ansia, excitación y miedo… sentía los pasos de mis papás afuera, sus voces conversando cosas que no me importaban… solo me importaba ella…

 

…¿Lo hago? ¿No lo hago? ¿Me van a pillar? ¿Ella le va a decir a papá y mamá?…

 

No me pude aguantar… baje las sábanas un poco, lo suficiente para mostrarle mi verga dura y ansiosa, y al mismo tiempo, tenerlas al alcance para volver a taparme, en caso de que alguien entrara… le empeze a mostrar mi pene, ya mojado por ese moco caliente que salía de a poco en cada movimiento, movía las caderas hacía adelante, intentando que creciera más todavía… desde ese día, amé masturbarme para ella… ella solo miraba, sorprendida, ansiosa, veía como debajo de las sábanas sus manitos gorditas se movían más rápido, estábamos tan calientes… 

 

Me pare de la cama y con el pantalón de pijama a media pierna, me puse al lado de la cama de ella, cerca de su cara… no me importo nada… quería que me viera, que viera como bombeaba la sangre en mi verga que crecía más y más, como mi puño golpeaba mis bolas y las hacía bailar en cada movimiento frenetico de una de las pajas más ricas de mi vida… quería que me viera…

 

Su carita suave estaba a punto de ser tocada por mi verga… ella solo miraba y se mordía los labios… sus manitos se movían más rápido bajo las sábanas… tenía la imperiosa necesidad de tocarla, tocar esa piel suavecita y virgen… sin mediar consecuencias, pare de pajearme y acaricie su mejilla… ella solo esbozo una sonrisa y mi mano empezó a bajar por su cuello se metió bajo su pijama y empecé a sentir su carne caliente moviéndose, de a poco fui bajando hasta sus tetitas infantas que estaban recién creciendo, hinchadas de calentura y en un gesto, casi por instinto, las apreté despacio ella, cerró los ojos como si una inyección de placer estuviera entrando su cuerpo, mientras masajeaba sus pechitos me acerqué a sus labios rojos, a su aliento ardiente y bese su boquita mientras mis dedos le apretaban las tetitas… En ese momento supe, que sin hablar lo habíamos dicho todo…  me atreví a bajar las sábanas que cubrían su cuerpo y ahí pude ver… pude ver su cuerpecito, ella solo llevaba la polera y sus piernas blancas estaban abiertas, sus manitos gorditas estaban acariciando su vaginita. Me fue imposible no volver apretarme la verga y masturbarme frenéticamente frente a ella… para ella.. mientras veía su placer de niña explotando como un volcán sin control… 

 

Estábamos soñando en un limbo ardiente, disfrutando de ver al otro tocándose y masturbándose, escondiendo los gemidos para que nadie escuchara, mojándonos con nuestros propios líquidos, su conchita infanta estaba mojada y sus deditos brillaban al moverse, mi verga escupía moco ardiente que se me pegaba en los dedos… ya nada nos podía detener, el tiempo se había ido, ese momento fue eterno… hasta que de repente escuchamos los pasos de mamá, gritándonos desde afuera, porque ya iban a apagar el televisor. Ambos abrimos los ojos muy rápido y cada uno volvió a tomar su posición… como si aquí, no hubiese pasado nada… la adrenalina era exquisita…

 

Una vez entro mamá a la habitación se acercó a la cama de cada uno, nos dio un beso de buenas noches y nos dio instrucciones para el día siguiente, para seguir con la rutina, apagó el televisor y se marchó…ninguno de los dos había terminado lo que estábamos haciendo…

 

Esperamos un rato. A mí no se me bajaba la erección con nada, todavía seguía duro caliente y sabía que ella también estaba excitada, puse atención a todo, esperé a que todos los ruidos se fueran, a qué sonará la puerta de la habitación de mis papás, a qué se apagaran todas las luces. Una vez que reinó el silencio me saqué los pantalones bajo las sábanas y me puse de pie sigilosamente a su lado, me acerqué a su carita porque quería besarla, sorpresivamente su manito se acercó mi mejilla y me empujó hacia ella, nos besamos en silencio escondidos en la noche. fue imposible no acercar mi otra mano a su cuerpo a su pecho, a sus tetitas blancas e hinchadas ya de calentura y empezar a apretar… esta vez no me dio miedo sacar las sábanas y descubrir nuevamente su cuerpo, subir la polera de su pijama Y dejarla expuesta… sus pezoncitos rosados, su pancita de niña, sus piernas blancas abiertas, su vagina mojada y caliente… sus manitos volvieron a su vagina y yo empecé a besar su cuello hasta que de repente me acerqué a sus tetitas hinchaditas y empecé a chupar sus pezoncitos, suavemente al principio y sentía como esa carne esa carne blancs se hinchaba más entremedio de mis labios y mi lengua, yo chupada como un bebé queriendo mamar de su madre, mis manos fueron bajando por su abdomen hasta llegar a su conchita, sus manitos tomaron la mía y la dirigieron hasta su vagina rosada y las empezó a mover… empezó a usar mis manos para masturbarse, sentía su humedad caliente, como me mojaba de ella, torpemente tocaba los labios de su vagina, entraba y salia, hasta que llegó un punto que no pude seguir aguantando y volví a masturbarme rápido, muy rápido y podía sentir como sus deditos se fregaban la concha, como su culito se movía al ritmo de su corazón inocente, su corazón de niña, lleno de pasiones, lleno de secretos… sentía que iba a llegar lo sentía… mis movimientos torpes y frenéticos solo anunciaban un orgasmo exquisito, el culito de mi hermana se movía  rápido buscando algo que ella que no sabía el nombre, pero que deseaba con todas sus fuerzas, nuevamente volví a besar sus labios… y mi verga empezó a escupir semen caliente, copioso, las gotas caian piso y sentía como su cuerpecito se tensaba y llegaba al mismo tiempo que yo…  ella no podía aguantar gemir despacito mientras nos besabamos… esa vocecita fina y dulce se escapaba de entre los besos… llegamos juntitos, escondidos en la oscuridad…

 

Así comenzó nuestro inocente secreto…

Un verano en Cachagua.
Inocente secreto 3

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