Heterosexual Masturbación Tabú

Todavía me pajeo por tí, Dara

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12 años | upskirt | homenaje | humor | masturbación

Tributo a la nena más hot que conocí.

Stregoika ©2022

Es abril de 2022. Han pasado unos 9 años desde que dejé de ver a Dara. Ella tenía 12 años y yo era su profesor de matemáticas. Era una nena de piel color canela. Sus ojos yacían en grandes cuencas, se podía contemplar su pupila entera y apreciar su perfecta redondez de color negro brillante. Tenía labios finos, y el molde facial de una fresa. Su cabello era como una larga cortina de liso petróleo, cuya mitad superior solía llevar amarrado con una amplia mariposa, encima de la otra mitad, la cual dejaba suelta. Era delgadita, con las formas apenas empezando a proyectarse. Tenía su fatal cuerpecito de pre-adolescente, con senitos que solo ella podía ver, debido que una sola camiseta ya los disimulaba totalmente; y su dorso que apenas sí dibujaba la venidera aparición de curvas.

En su forma de ser había algo mágico, y precisamente por ser mágico era algo difícil de descifrar. Puede que haya sido una niña cuyos padres se extralimitaron en consentir, o que tenía algo especial en su cabecita que la hacía ser como era. Se portaba como una mocosa de 8 y además parecía la mayor parte del tiempo tener el desarrollo intelectual en pausa. No creo haber conocido una nena más bruta, o si las conocí seguro las olvidé porque ninguna era ni la mitad de adorable, hermosa ni sensual de lo que Dara era. Además, Ella era (es) formidable actriz y talentosa bailarina.

La primera vez que la vi de forma deliciosamente inapropiada, fue cuando ella jugaba con algunas de sus amigas. Se le subía la falda y, eso, para este autor pervertido, es lo más hermoso que existe. Vi sus calcitas a través del azul transparente de su pantymedia escolar. Qué rico. Al poco me dí cuenta que ella era una nena muy mostrona. Cuando los estudiantes se iban de particular, yo babeaba todo el día como perro callejero, pues ella se iba en falda y sus panties para ella eran, parte de su ropa exterior. Era tanto como su remera o su falda: ¡Algo para mostrar!

No sé si sepan ustedes la calentura que es verle los cucos a una hermosa nena de 12, y con el agregado de que no tienes qué disimular y retorcer los ojos, sino que ella está ahí así, sin importarle. Me parece mucho que es una de las principales cosas que las niñas deben superar mientras se convierten en mujeres. Saber que mostrar los calzones no es muy bien visto, que los hombres normales babeamos por ello y que ni siquiera un vistazo rápido debe ser gratis. Mucho menos sentarse despatarrada en el piso, cuando llevas una amplia falda hasta la rodilla. Así justamente estaba ella una vez. Los estudiantes esperaban sus rutas para irse, y estaban en el aula múltiple todos sentados en el piso. Ella estaba contra la pared y quienes estaban cerca de ella la cubrían. Pero poco a poco se fueron marchando y ella quedó de última. Se quedó ahí abrazando sus rodillas, dándole una limosna de alegría a mis tristes ojos. Qué inflado se le veía ese ‘mango’ blanco allá entre sus piernas. Estaba mostrando tanto que incluso ese ‘huevo’ se veía empezar, terminar y dar espacio para que se viera la unión de las nalgas aplanadas contra el frío y afortunado piso. Los labios de Dara se comprimían para formar pucheros mientras miraba la hora en su celular, empezando a desesperarse. Pasaban los segundos y luego los minutos y ella seguía ahí ¡tan mal sentada! y yo, poniéndome como loco y cultivando el terreno para morirme de ansiedad luego. Esa imagen de ella está aquí en mi mente, más viva que yo mismo. Sin osadía pero sí con la experiencia que he cobrado con el paso de los años y mi duro trasegar por la vida, maldigo todo límite y toda norma. No sé cómo me dejé convencer desde joven que deleitarse ante la belleza o sucumbir al deseo era algo, dizque ‘malo’. Si pudiese volver al pasado, me arrodillaría ante ella, le manifestaría, con poesía no aprendida sino espontánea, lo aplastantemente hermosa que era. De ahí para allá, dependiendo de la reacción de ella, me habría gustado pedirle que aunque fuera me dejara olérsela. Pero claro, si algo así ocurriera, no sería un fin sino un principio, y en lo sucesivo no habría sino delicioso sexo ilícito. Soñar no cuesta nada.

Cuando yo daba clase en su salón, usaba la mitad de mi atención en dar una sesión promedio y la otra en disfrutar de la presencia de Dara. A mí me encantaba ver bajo las faldas de las estudiantes, y venga que cuando uno es docente, eso es muy fácil. No tienes que tirarte al piso para hacerlo. Puedes mirar todo lo que quieras, ya que son ellas quienes muestran. Claro, hay profesores idiotas que no disimulan, miran de más y ellas cierran las piernas. Pero ante mí, las estudiantes nunca juntaron las rodillas. Por eso maldigo lo idiota, obediente y bien-portado que fui.

Muchas nenas usaban una pequeña calzoneta de gimnasio sobre el pantymedia. Pero aún así era delicioso mirarlas. Creo que ya está bastante claro que el upskirt es para mí un vicio, una inamovible adicción. Y Dara, mi bella Dara, jamás usaba bicicletero. No tengo claro porqué, y me excita imaginar las posibilidades. ¿Era tan liberal su madre, o quien quiera que le haya enseñado a vestirse? O era más bien alguien normal que contrastaba con el resto de las chicas a quienes les enseñan a andar prevenidas, no vaya un macho y les mire la ropa interior? ¿Era de familia feminista? Igual, esa filosofía feminista de mostrar las tetas o sentarse despatarrada, es algo que jamás encontraré lógico. Y ¿Si Dara no tenía una figura femenina maternal? Eso es lo más plausible. No obstante prefiero imaginar que provenía de un grupo familiar casi hippie. Qué bomba imaginar ese mundo encantador en el que no hay miedo infundado ni político a los hombres y que las nenas viven libres de eso.

Mi obsesión por ver qué se había puesto Dara cada día se estaba volviendo enfermiza. Inclusive le pedía que se sentara en la parte de adelante cuando yo me sentaba a revisar evaluaciones u otras cosas y ellos trabajaban. Ya saben, con dos o tres neuronas trabajaba y con las otras dos o tres trataba de ver bajo la falda de Dara. ¡Y casi siempre lo lograba! Y la falda reglamentaria no era una puti-falda, como sí es normal en colegios estatales, sino que era muy decente. Pero una mostrona es una mostrona, así tenga hábito de monja. Dara subía los pies en el cajoncito bajo su silla —me parece estar viendo sus zapatos con estrías por donde se doblan los dedos y de zuela color miel—. Subía las rodillas para apoyar sus codos y entregar toda su atención a su celular. Quizá le molestaba sentir que la falda le jalara el peto de la jardinera, razón por la que siempre la recogía. Ninguna otra nena hacía eso, pues ya sabían que eso es ‘mostrar todo’, aunque llevaran calzoneta de gimnasio. Pero Dara era Dara, no una de las otras. El aire y la luz inundaban todo ese pequeño paraíso bajo su falda. Ahí es donde yo me ponía como loco. Me volvía un león. Era un grupo de chicos de grado séptimo no con un profesor como los demás, frío, aburrido, adoctrinado y moldeado por el sistema; sino acompañados por un tigre rugiendo. Si veía yo que estaba mi Dara en aquella provocativa posición pero que otros eclipsaban mi vista hacia sus maravillas, llegaba yo al exceso de mover a los estudiantes como ficha de ajedrez hasta tener a plenitud a la nena apuntándome con las rodillas a las orejas. Ya cuando ella estaba de tal forma ante mí, yo disfrutaba el mirarla y grabar el deslumbrante upskirt en mi mente para matarme a pajas luego. Y, como ya lo he manifestado por ahí en relatos, también quedar después en un abrumado estado existencial. Memoricé tan bien aquellas imágenes que casi puedo acariciar y ¡oler! Su pantymedia azul oscuro que se transparentaba conforme ascendía la prenda en el muslo, al punto que era casi traslúcida en la pelvis. Y cómo se veían sus calcitas blancas ceñidas… Estoy suspirando como caricatura.

Como en ese colegio los chicos eran de familias adineradas, podía uno ver en ellos estilos de vestir y otras cosas que te impresionan si vienes de colegios estatales. Fue lo que me sucedió uno de los días que fueron no en uniforme sino en ropa particular. Dara llevaba algo que en mi ignorancia puedo definir como intermedio entre pantymedia y leggins, brillante y de color púrpura. Encima llevaba una corta y amplia falda a franjas horizontales blancas y negras. La vi pararse a “echar chisme” a través de una ventana con algún compañero que estaba dentro de su salón. La ventana estaba contra la escalera, y esta era de escalones escuetos. O sea que, nada me costaba ir al piso de abajo y ver las glorias de Dara desde allí. No me habría costado absolutamente nada… ¿O si? Creo que precisamente por eso no lo hice. Llevaba semanas luchando contra el animal para no «tirármele encima» a la muchachita, o sin necesidad de la hipérbole: Para no ir a portarme como hombre con ella. Si bajaba las escaleras para verle el culito en esa ropita linda que iba, me daba miedo no poder controlar más a la bestia.

Algo similar ocurrió otro día, también que iba de particular, que Dara se paró de su puesto y su falda, supongo que nueva, se quedó arrugada y ella se puso a caminar mostrando su lindo traserito por todo el salón. Lo sé no porque lo haya visto, sino porque escuché a alguna decir «¡Dara, se le está viendo la cola!». Como ella no escuchó, se lo tuvieron qué repetir varias a coro. Ella solo dijo «Ay perdón» y se arregló la falda. Yo pensé «“Perdón” ¿de qué demonios? ¿Por qué iba a ser una ofensa a otros que se te vea cola? Para mí, por el contrario, es un honor vértela, amor mío». Pero no la vi, porque me abstuve. Pude haberla visto en el bache cuando ella no escuchó la primera vez, pero no lo hice por la misma razón de antes, para no tentar más al animal. No es que hubiese terminado violando a Dara o algo así, sino que habría resultado coqueteándole, echándole los perros y cortejándola como si tal cosa, como haces con una compañera de universidad o vecina.

Por último, quiero compartir, y desahogarme haciéndolo, que una vez estaba yo estresado y el curso de Dara me tenía malhumorado. Iba a decirles unas cuantas verdades, a decirles algo así como cuando se le dice a alguien «Te amo, pero eres un idiota». Así que les alcancé a decir:
—Ustedes son un curso muy bueno y los quiero mucho… —y ni siquiera alcancé a decir la palabra «pero…».
Sin peros. Dara exclamó:
—¡Ay, tan lindo! Nosotros también te queremos mucho, profe.
Se puso de pie de un brinco y me abrazó fuerte. Sentí su cabeza en mi pecho transmitiéndome energía como un reactor. El aroma de su cabello era como para pedirlo de último deseo si vas a ser ejecutado. El mal genio se me desvaneció como granos de sal en un vaso de agua. Sensuales upskirt un día tras otro y tras otro, y ahora esto. Y después, hasta el último día que la vi, más y más upskirt. Si entre ustedes, amigos lectores, no hay alguien tan pervertido —entiéndase: “liberado de estándares de comportamiento”— como yo; les contaré que el embrujo de la intimidad que hay entre los muslos de una mujer o de una nena de 12, es de tal grado que incita no solo al sexo, sino al amor. Sí, al amor. Terminé enamorado de Dara a fuerza de verle los cucos a diario. No puedo creer que le haya visto tanto los cucos a una misma nenita en la vida. ¡Oh lejana fantasía en la que pudiera bailar el vals del romance con Dara! ¡Mi Dara, la hermosa, la bruta, la consentida, la mostrona!

Nunca busqué a Dara en redes sociales porque prefiero mantener su recuerdo de nena de 12. Por buscar a otras chicas, he comprobado que maduran y ya no son tan bonitas. El pecho y las caderas se ensanchan, y eso está bien, pero sucede que también se agranda el rostro y se pierden la proporciones PERFECTAS que tenían cuando eran niñas. Tengo que confesar que, si bien no es la nena que más amé —otro día les cuento de aquella a quien más amé, a quienes no les empalaguen los relatos románticos—, Dara sí es aquella por quien más me pajeé, y ¡todavía!

A ver si, como piropo para ella, donde sea que esté ahora, puedo darle una idea de cuánto semen me he sacado por ella:
Una venida promedio es de 10mL (±dos cucharaditas rasas). Me pajeo con el recuerdo de Dara cuatro o cinco mañanas a la semana. Eso es, 4 o 5 de 7 días, o sea 16 a 20 pajas mensuales y 192 a 240 venidas al año. A razón de ocho años y medio que van de masturbaciones obsesivas por Dara, serían 1632 a 2040 pajas, estas a su vez a razón de 10mL; un total de 16320 a 20400mL de semen, para que sea más comprensible: 16,3 a 20L de esperma. O sea 18±2 (o 18 con margen de error del 11%) litros de semen que me he sacado pensando en Dara, durante casi nueve años, aunque debo aclarar que en mi mente ella jamás pasó de los 12 años de edad.

 

A donde estés, Dara, te mando un abrazo rebosante de amor y un beso en tu frente, en tu preciosa boca y otro, ni más faltaba, en tu puchita, encima de tus cucos. ¡¡Mmuáááá!!
Saludos.

𝙴𝚗 𝚕𝚊𝚜 𝚒𝚖𝚊́𝚐𝚎𝚗𝚎𝚜: 𝙳𝚊𝚛𝚊 𝚢 𝚞𝚗 𝚎𝚗𝚟𝚊𝚜𝚎 𝚍𝚎 𝟸𝟶𝙻

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Catalina La Pequeña
Enseñanzas de mi madre.

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