Zoofilia

Rony, mi Gran Danés.

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Hola, me llamo Juana María, tengo treinta años recién cumplidos.     Desde siempre hemos tenido perros en familia, por eso cuando me independicé y me fui con mi marido, lo primero que hicimos una vez que nos instalamos en nuestra nueva casa, fue comprar un perro.     La elección del cachorro iba a ser mía, dijo mi marido.      Yo no quería un perro que me dejara la casa llena de pelos, pensaba a un adorable perro salchicha de pelito corto y tierno.

 

Fuimos a ver unos cuantos, pero ninguno me pareció que debía ser nuestro perro, cuando ya nos veníamos a casa un poco desalentados, mi marido me dijo:

—¡Mira! … estamos a una cuadra de una familia que está ofreciendo un cachorro de Gran Danés …

—¿Estás loco? … ese es un perro muy grande … ¿Dónde lo vamos a meter? …

—Pero son muy tiernos y sociables … además, aman a los niños …

Con este argumento me convenció y nos devolvimos a ver esta maravilla canina.    Comenzamos con el pie izquierdo, estuvimos tocando el timbre por casi cinco minutos y nadie salió a abrir.   Ya nos habíamos resignados y estábamos por volver al auto, cuando apareció un perro gigantesco al lado del auto, detrás una señora joven con un cachorro adorable en brazos,

—¡Ah!, ¡Hola! … ¡Me estaban buscando a mí? …

—Bueno … venimos por el aviso en Facebook … sobre un cachorro de Gran Danés …

—¡Ah! … ¡Sí! … es mío … y este aquí es el cachorro …

Un adorable perrito de color blanco trataba de lengüetear a su ama, apenas sintió mi voz, se volteó y trataba de venir de los brazos de su ama a mis brazos, ella se acercó y el animalito casi salto a mis brazos y buscaba mis mejillas para lamerlas con su lengua,

—Al parecer … hay un amor a primera vista …

Dijo mi marido sonriendo, yo un poco luchaba con el efusivo saludo del cachorro y su lengua que no cesaba de lamerme, entonces dije:

—Bueno … si él me eligió … llevémoslo a casa … su casa …

Conversamos un poco más con la señora, ella nos entrego una colchoneta y un canasto-cuna donde dormía el cachorro, su alimento, una escudilla metálica y otra plástica, además de un pequeño bozal y su correa de paseo, mi marido hizo la transferencia bancaria y nos fuimos a casa con “Rony”, por el presidente Ronald Reagan que mi marido admiraba mucho.

 

Lo llevamos al veterinario y se le hizo todo lo que se le debía hacer.     No puedo decir que fue fácil lidiar con él, todo cachorro es un poco loco, sus dientes les molestan y tratan de morder todo lo que tienen al alcance.     Pero fue creciendo, dos veces a la semana venía un chico que lo adiestraba y disciplinaba para tener un perro que aprendiera a respetar su entorno y siguiera rutinas y costumbres.  Terminamos con un perro alegre y muy integrado a la familia, atento a todo, pero no se movía si no se le daba el permiso.    Nos admirábamos de su comportamiento.      Pero como dije, fue creciendo.

 

A los dos años se la ganaron los instintos, comenzó a tratar de follarse todo lo que le parecía follable en su mente de perro caliente, todos en familia nos dimos cuenta de esto, no nos escandalizamos para nada, era tan disciplinado e inteligente, que bastaba que uno le diera un grito y el pobre se iba a buscar otro objeto o lugar donde nadie lo viera lo que estaba haciendo.

 

Ahora debo decir que a la única que le venía a follar las piernas era a mí, mi hijo era solo un bebé y no le llamaba la atención en ese sentido.    A mi marido nunca le hacía nada, pero a mí me daba con su larga lengua en mis muslos y algunas veces intentó hasta alcanzar mis partes íntimas.     Pero todos los perros hacen eso, ¿no?     Jamás se me paso por la mente relacionarlo en modo sexual conmigo.     Afortunadamente tengo una vida sexual satisfactoria con mi marido y mi esposo llena todas mis fantasías y al parecer yo lo inspiro a menudo porque nunca ha dejado de buscarme tres o cuatro veces a la semana.

 

Mi suegro posee una propiedad en una localidad balnearia de la zona central, él comparte el uso de esta durante el verano y nosotros tenemos asignado un mes entero para disfrutar la estación veraniega.  Nos encontrábamos ya desde hacia una semana vacacionando y una tarde volví de la playa con Rony lleno de arena y pensé en bañarlo para que no me ensuciara la casa.

 

Nos metimos en la bañera, a él le encanta, su champú el agua tibia y lo enjaboné todo como de costumbre, metí mis manos bajo su vientre y normalmente se le sale su verga rosada, nunca se me había ocurrido de jalarle su polla.     Cuando lo lavo siempre estoy en pantaloncitos cortos, esta vez estaba en mi bikini, porque siempre quedo toda mojada.     Entonces estaba lavando su parte inferior y toqué su pene, siempre se la lavo rápidamente para no excitarlo, es lo que hice, pero esta vez él levanto su pata y me mostró su pene engordado al máximo.

 

No sé si quería transmitirme algo, se veía tan divertido con su pata levantada invitándome a tocar su pene, además, me miraba con sus ojitos insidiosos y tiernos, que mi mano se fue solita hacia su pene, no sé qué me pasó, pero tomé su pene con cierta devoción, lentamente se lo jalé atrás y adelante, lo hice deslizarse en mi mano casi como lo hago con mi marido.     Acaricié sus gruesas y pesadas bolas con una mano y con la otra continué a mover su polla que parecía engrosarse aún más.

 

Me arrodillé para observarlo más de cerca, pensé en que tenía un perro cachondo y algo hormigueó entre mis piernas.     Su pene canino lucía hermoso y en mis manos se sentía caliente.     Había una enorme bola en su base que me intrigaba y me atraía.     Mis manos seguían moviéndose a lo largo de la larga verga de Rony, éste comenzaba a follar mi mano:

—¡Pobrecito! … ¡Buen chico! … mira lo que te ha hecho mami … te ha hecho crecer tu cosota … te ha hecho que te pongas caliente, mi bebé …

Su mirada era muy dulce, seguí jalando su miembro casi sin darme cuenta, luego me vino algo de arrepentimiento, me pareció patético estar jalando la verga de Rony y sintiendo mi coño que se empapaba y hormigueaba.     Estaba hasta casi moviendo mi pelvis al ritmo que él follaba mi mano, pero era demasiado rápido como para igualarlo.     ¿Qué pensaría mi marido si me encontrara con la verga de Rony en las manos y vestida solo con mi bikini?

 

Pero sus ojos traviesos seguían sobre mí, dobló su torso y me dio una tierna lengüeteada en mi hombro:

—Lo sé cariño, mami es una mala hembra … y te ha hecho calentarte …

Lo terminé de enjuagar y salimos de la bañera para secarlo, él siempre con su vergota a mil:

—¡Ya!, niño … cálmate que mami no tiene todo el día … ni pienses que te jalaré tu juguetito … así que cálmate …

Se echó sobre el choapino de bajada de la ducha y comenzó a lamerse su pija:

—Eso, cariño … juega con tú polla que mami tiene otras cosas que hacer …

La languidez de su mirada me provocó una ternura enorme, era como si me implorara de hacer algo más, improvisamente se levanto y su lengua toco de lleno la parte frontal de mi bikini, rápidamente retrocedí con mis muslos apretados.    Mi vagina se encendió:

—¿Quieres ser travieso con mami? … Si lo sé que yo te he puesto así … Bueno … te haré una travesura … lo sé que te hace falta una perrita …

Lentamente acaricié su cabeza, su lomo y mi mano bajo a su vientre, su polla seguía dura y caliente, ojalá mi marido lo tuviera así de grande, pensé.

—¡Mi perrito lo tiene paradito! … 

Le dije agarrando su verga y jalándola atrás y adelante, atrás y adelante, repitiendo el movimiento lentamente y poco a poco incrementando la velocidad.     Mi panocha estaba ardiendo, con las gotitas que salían de su pija, las apocé en mi mano y luego la metí bajo mi bikini para bañar mi conchita, se formo una especie de cremita o jaboncillo, mi clítoris me hacía mover mis caderas imaginando de sentir esa gruesa polla que latía en mi mano:

—¿Y porque no? …

Lo hice salir por el borde de la bañera.     No sé si el fino olfato del perro logro percatarse del olor que emanaba mi vagina caliente, pero él instintivamente metió su hocico en mi entrepierna y lo empujó contra mi pubis, mi bikini mojado se metió entre mis labios mayores y me hizo erizar la piel.   Quería retirarme al principio, pero inexplicablemente lo deje hacer:

—¡Oh Que bestia! … Tú también quieres jugar, ¿eh? …

Al parecer mi olor le atraía, su lengua acarició mis muslos y su fría nariz empujó insistentemente entre mis excitados labios.

—¿Qué haces? … ¡Oye!, ese es mi coño … te gusta, ¿eh? … ¿sientes como huele rico? …

Su lengua comenzó a dibujar la hinchazón de mi panocha a través del delgado género de mi bikini, los jugos de mi panocha bañaron la tela, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.     Me giré para alejarme.

—Ven … tengo que secarte …

 No fue tan fácil alejarme de esa lengua hechicera que me hacía sentir tanto bien.

—Ven … recuéstate … es más fácil para mami secarte … eres tan grande, cariño …

Se echó sobre la alfombra y le sequé la barriga, pero mis ojos estaban pegados en su miembro rosado, medio azulado, brillante, grueso, cálido.     Algo hizo “clic” en mí.     Me senté en cuclillas junto a él con mis piernas abiertas.     Mis manos volvieron a atrapar su arnés masculino.      Inmediatamente me recordé de esos relatos de mujeres que se atrevieron a acoger una pija enorme en sus chochitos.

—¿Cómo se sentirá si lo apoyo en mi conchita? …

Era algo que no pude resistirlo, brillaba tan hermosamente y estaba recién bañado, impecablemente limpio.     Lo jalé varias veces, ¡Guau Chicos!, era una exquisitez y tan grande.     Estaba tan absorta admirando su pene que de repente sentí su lengua entre mis nalgas.    Volvieron a mí, los escalofríos, maripositas en mi estómago y también en mi conchita.

—¿Qué quieres? … bueno … quizás solo la puntita … eso no debería doler … no vayas a decirle a tu dueño … vamos … hazme probar primero tu lengüita …

Me senté frente a él con las piernas abiertas y aparté mi bikini para ofrecerle mí coño.     Sacó la cabeza hacia adelante y sentí su nariz mojada contra mi coño.     Hubo un instante en que dudé.    Pero lo hago por amor a mi perro, él no tiene una perrita.     Primero olió y luego su larga lengua de terciopelo salió como en cámara lenta de su hocico y se estrelló contra la hendedura de mis labios vaginales.     Al principio se sintió extraño, pero debo decir que extraordinariamente agradable, entonces pensé, que mal puede haber en unos cuantos lametones más.     Me acerqué más a él y deslicé mi coño sobre su cabeza para darle mejor acceso, me levanté y me quité mi bikini:

—Ven Rony … levántate …

Frente a él, esperé que se acercara abriendo mis piernas, estaba a la altura correcta, me dio unas lamidas con su lengua gigantesca por todo mi coño.     ¡Oh, mi Dios! … que rico que se siente.     Esa gran lengua entre mis piernas me barría de arriba hacia abajo y luego lo volvía a hacer a buena velocidad, rápidamente separé mis labios para sentirlo sobre mi botoncito de placer.     Creí morir, ¡Guau!, que sensación tan abrumadora, nadie me ha lamido así.     Hubiese querido filmar para guardarlo y verlo luego con mi marido.     Pero sentí que me corría, ¡Oh! Que placer, mi chocho comenzó a temblar y mis jugos fluían a torrentes, pero él lamió todos mis jugos.     De pronto sentí la necesidad de sentir su verga en mi mano, quiero hacer todo con ella, ya nada me importaba, podría pasar cualquier cosa, de todo, quería satisfacerlo y que me hiciera sentir hembra, su perrita.

 

Me incliné y lo agarré por debajo de su panza, lo toqué, estaba caliente.    ¿Cómo le hago para tenerlo en mí?

—¡Sí! … ya sé lo que quieres … yo también quiero … pero no sé como hacerlo …

Muchas cosas pasaban por mi cabeza, pero me estaba convenciendo cada vez más de querer probar lo desconocido para mí, solo que no sabía cómo hacerlo.   Al leerlo en los relatos o verlo en algunos videos, todo parecía simple, pero ahora al parecer nada de eso me servía, este perro es gigantesco y yo menudita con su inmensa verga bajo mis ojos.     Lo llevé al dormitorio y comencé a planificar el modo de intentar de hacerlo, lo subí a la cama y le dije de echarse, me senté a su lado y lo hice voltearse, luego me monté a horcajadas sobre él, como cuando lo hago con mi esposo.     Sacudí su verga magnifica que estaba bastante rígida:

—No te muevas, cariño … mami te hará el favor …

Con su pene firme en mi mano debía solo encontrar el coraje de bajar mi panocha sobre su verga que ya apuntaba amenazadoramente la hendedura mojada de mi concha, ahora solo lo debería empujar dentro de mí, pensé.   Bajé un poco más mí ingle y sentí la punta caliente de su mastodóntico pene separar los labios de mi panocha, mientras demoraba la penetración por una indecisión in extremis, paseaba el puntiagudo vergón caliente sobre mi delicado clítoris.    Como me senté sobre él con las piernas muy abiertas, también mi coño estaba abierto de par en par, así que froté su polla por todo mi empapado chocho fácilmente.

—¡Oh! … Que sensación tan caliente …

Me incliné sobre Rony convulsionando en un orgasmo espontaneo, sus pelos me hacían cosquillas en el culo, mis fluidos bañaban la ya mojada verga de él.      Todo esto me puso más caliente todavía.   Con mucho cuidado me bajé y me penetré con varios centímetros de ese gordo pene canino, fácilmente se deslizó dentro de mí coño. Momentáneamente perdí el control.     Jadeando y gimiendo me agaché con fuerza, Rony lanzo un quejido y un pequeño aullido, después hubo silencio.     Ya estaba dentro de mí, tomé un largo respiro y lo empujé más adentro.     Tan adentro que mis labios tocaron su pelaje y sus pelos acariciaron mi panocha, sentí la punta afilada dentro de mi matriz y su bola que no había crecido todavía del todo, entro y salió de mi conchita haciéndome tiritar en otra serie de micro orgasmos, me quedé quietecita mientras mi cuerpo temblaba.

 

Me enderecé con su verga profundamente en mí, tomé sus patas traseras y comencé a moverme lentamente arriba y abajo y, un poco como balancín, atrás y adelante.   Su bola creció tanto que quedó fuera de mi panocha, intenté varias veces hacerla entrar bajando mi ingle fuertemente sobre él hasta sentir sus bolas, pero los suaves quejidos de Rony me dieron a entender que podría lastimarlo.     Me resultaba difícil contener mí lujuria y mis movimientos eran un tanto descontrolados por la calentura que me hacía sentir su vergota gorda y caliente.    Era cómo estar en un orgasmo largo y prolongado, intentaba cerrar mis piernas, pero no me era posible.   Simplemente me sentía abrumada y esas sensaciones me sobrepasaban, me sentí desfallecer y me afirmé a su cuerpo.    Estaba gruñendo y chillando como una bestia y mis fluidos escurrían de mi vagina a torrentes.     Entendí que estaba gozando solo yo, Rony necesitaba follar como perrito y yo estaba haciéndolo como humano.

 

Me levanté un poco, lo hice alzarse y me metí debajo de él, pero no funcionó, él era demasiado grande y alto.  Entonces me bajé del lecho y me puse a lo perrito apoyada con mis senos sobre el edredón, me movía con gran dificultad, debido a que él venía detrás de mí lengüeteando mi chocho causándome estremecimientos, chillidos y gritos.     Me acomodé bien al borde de la cama, levanté mi culo en el aire y me di varios golpecitos en mis nalgas, el continuó a lamer mi culo y mi concha, me hacía morir de placer con esa lengua inquisidora, me andaba adelante y atrás, luego se introducía y me provocaba espasmos orgásmicos irrefrenables, hasta me salió pipí que no pude contener.

 

Luego saltó sobre mi espalda, pero él es tan grande que su polla golpeó mi espalda, un par de veces su verga pasó por mi culo y su líquido preseminal mojó mi piel.     Se equivocó una infinidad de veces, me parecía que era algo que no iba a concretarse, me estaba sintiendo defraudada, pero mi calentura subsistía a pesar de todo, lo quería en mí, quería su gran verga en mi coño.     Él continuaba intentando meter su pija en mi chocho, entonces metí mi mano entre mis piernas y alcancé su polla resbaladiza y la acompañé a mi rajita mojada.   Con un violento empujón, sorpresivamente Rony metió su pene en mi vagina y me hizo lanzar un alarido.     Pensé iba a ser más difícil, pero finalmente entró sin mucha resistencia.     Al principio comenzó lentamente, se acomodó con una serie de saltitos, después embocó su verga desde abajo hacia arriba, entró una gran porción en mi coño, me hizo gritar varias veces, después sentí esa bola gigante presionando mis labios y ensanchando mi panocha a limites insospechados, entró y salió causándome una sensación abrumadora para luego atascarse dentro de mi coño comenzando a estremecerme toda, como si mi cuerpo entero fuese parte de su pija gigante, tironeaba mi chocho dentro y fuera, mis entrañas temblaban y el goce me hacía chillar y tratando de mantener mi equilibrio no solo físico, también mi equilibrio mental, la sensación era demencial.

 

Mi orgasmo gigantesco y arrollador comenzó cuando su semen comenzó a llenar mi matriz, oleadas calientes de esperma llenaron todos mis recovecos, alargaron todos mis pliegues vaginales e hicieron crecer mi pancita.  Mi coño se contrajo una y otra vez succionando con mis músculos la poderosa verga que derramaba líquido seminal en lo más profundo de mi ser.     Me sentí desfallecer, casi perdí el conocimiento, quise parar asustada por la poderosa sensación, pero Rony continuó con sus palpitaciones y movimientos.     Su bola se había hinchado completamente dentro de mi y mis labios vaginales se contrajeron para atraparla y no dejarla ir, todavía sentía chorros que salían de su pija.     Acaricié mi clítoris y me corrí un par de veces más.   Por suerte Rony restaba calmo y no me arrastró con él.    Me quedé con su verga incrustada en mi panocha por cerca de veinte minutos, luego con un ruido sordo salió disparada de mi concha y con ella un mar de semen canino y fluidos míos se derramaron sobre la alfombra.    Me quedé asombrada por la enorme cantidad de semilla canina versada sobre el piso.

 

Ahora él sabe que lo puede hacer conmigo y me busca cuando quiere hacerlo.     Es imposible que yo me pueda rehusar a hacerlo con él, es demasiado placentero.   Así qué lo hago dos veces al mes con él y tres o cuatro veces a la semana con mi marido.     Mi esposo dice que me he puesto más cachonda con los años, pero yo creo que es obra de Rony.    Mi posición favorita con mi marido es a lo perrito, le he dado también mi culo a mi esposo, pero no me atrevo con Rony y su vara inmensa.

 

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