Zoofilia

Un Amante perfecto.

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Me llamo Marcela, tengo treinta años y hace mucho tiempo que vivo sola, trabajo traduciendo libros y documentos.

 

Últimamente terminé con mi novio por incompatibilidad de caracteres, a mi me encantaba coger a menudo y a él no, así que nos separamos, después llegó este famoso Covid y no tuve oportunidad de conocer a otro chico, así esperaba que esta maldita pandemia terminara para comenzar a frecuentar los pubs locales y conocer a otros muchachos.

 

Un día mi amiga Brenda me dijo que tenía que ir a cuidar a su madre enferma de la peste, pidiéndome encarecidamente de cuidarle su perro, un enorme bastardo de lobo que adora que le rasquen la cabeza, yo ya lo conocía y habíamos hecho migas, además adoro los animales, así que prontamente dije que sí.

 

 

Brandy es un perro muy sociable, tengo un amplio patio así que él feliz, de pronto me di cuenta de que había comenzado a escarbar en diferentes puntos del patio, haciendo hoyos y arruinando mi jardín, así que me lo llevé a la ducha para lavarlo para poder tenerlo dentro de casa, de otro modo arruinaría todo mi patio.

 

Como estábamos solo yo y el, pensé en desvestirme para ducharlo sin mojar mi ropa, lo metí en la vasca y con mis jabones perfumados comencé a lavarlo, él me daba lengüetazos mojados con su áspera lengua, después de varios toques de esa lengua a mis senos y la larga abstinencia sexual, comencé a sentir ese familiar hormigueo entre mis muslos, con la esponja traté de apaciguar mi conchita, pero no hubo caso, me pedía caricias a gritos, me senté en el borde de la bañera y comencé a tocarme sin ningún pudor, total estaba sola con Brandy, con mis piernas abiertas me lanzaba chorritos de agua sobre mi descollante y ardoroso clítoris, de repente fue como si me dieran un golpe de corriente, una húmeda y tibia lengua recorrió toda mi hendedura rosada, alcanzando la punta de mi sensible botoncito, me estremecí y gemí lascivamente.

 

Luego esa lengua invasora se metió algunos centímetros en mi chocho, de ahí en adelante tengo recuerdos confusos y vagos, grité y luego me recosté en la bañera con mis piernas abiertas y en alto, Brandy empujaba su hocico maravilloso e incansable dentro de mi panochita mojada y me revolqué agarrando su cabeza para enterrarla más en mí, me corrí como una nueva Mesalina compitiendo con las putas de la ciudad de Roma, fueron tres los orgasmos uno detrás de otro, temblando de pies a cabeza lo detuve y salimos de la ducha, me percaté que bajo su pancita asomaba un extraño coso rosáceo, al momento no le presté mayor atención ya que estaba completamente sobrepasada con los espasmódicos orgasmos.

 

Lo sequé lo mejor que pude y luego me sequé yo, estaba en pie secando mis cabellos cuando Brandy vino delante de mí y lengüeteó mis muslos y mi rajita cerrada, apreté mis muslos y lo alejé, pero se me hundió el vientre con placer y una fuerte contracción de mi chocho fue lo que me hizo sentir una vez más el roce de su lengua, volví a sentir ese cosquilleo en todo mi bajo vientre, pensé que lo haría más tarde, me vestí con un shorts de esos amplios como falda y una remera, dejé mis tetas libres ya que me encanta el roce de mis pezones con el género de mi camiseta.

 

Por el momento mi cuquita estaba satisfecha y servida, me dediqué a mi trabajo y Brandy se acomodó sobre la colchoneta que le había preparado y dormía a pata suelta, de vez en cuando lo escuchaba dar unos ladridos de cachorrito y movía sus patas, seguramente soñaba de estar jugando en algún parque, me sonreí en pensar que ellos también sueñan.

 

La jornada paso volando, le di de comer a mi compañero, me serví unos bocadillos y me fui a la cama con un vaso de leche tibia, me encanta dormir desnuda, así fue como me acosté, me puse a leer un libro en mi Tablet sobre temáticas que me servían en la traducción de otros textos, me bebi un sorbo de leche y Brandy se subió a mi cama, estaba super perfumado así que le dejé que se acurrucara a mi lado, además, se sentía agradable su tibio pelaje en mi piel, me enderecé a beber otro poco de leche, Brandy me dio un lengüetazo en mis labios, esto me hizo recordar lo de la vasca, inmediatamente bebi otro poco de leche dejándome un poco en los labios, rápidamente Brandy recorrió mis labios con su lengua limpiando toda la leche, entonces maliciosamente metí los dedos en el vaso y deje caer unas gotitas en mis tetas, Brandy se levantó y comenzó a lamer mis pezones, ¡Oh, Dios mío! Se sentía tan rico que seguí haciéndolo hasta que mis pezones quedaron duros como el acero, me vertí unas gotitas en mi vientre y el hurgueteó en mi ombligo rescatando la leche derramada.

 

Remojé bien mis dedos en el vaso y me bañé mi cuquita con leche, Brandy no perdió tiempo en girarse a beber directamente de mi néctar, su lengua raspó mi pelvis, mi monte de venus y la fisura fina de mi conchita sacudiendo mi clítoris adormecido, casi grité de placer, el aroma de mis jugos lo hacía enloquecer, enterró su hocico una y otra vez, hasta que metió su lengua larga, caliente y engurruñada en mi vagina, creí morir, lo deseaba, lo quería que se metiera entero por mi chocho, levanté mis piernas y me entregué al lascivo placer que me daba esa lengua serpentina, parecía una culebra que se adentraba en una madriguera, me estaba haciendo gozar y un potentísimo orgasmo me estremeció de cabo a rabo, casi con los ojos nublados estiré mi mano y aferré su verga gruesa y resbalosa, era enorme, rojo y llenos de delgadas venitas, una fuerte sensación se apoderó de mí, lo quería en mi chochito, mis tetas me hormigueaban y apretaba mis muslos gozando aún de las maravillosas sensaciones de mi orgasmo.

 

Me levanté y busqué una medias de lana para cubrir sus zampas de largas uñas, luego me puse en cuatro y comencé a restregarme la conchita, fue una cosa sorpresiva, de un momento solo, me montó y quedé perpleja sintiendo que su pene había encontrado mi boquete vaginal y forzaba mi vagina, su pene comenzó como a inflarse dentro de mí, me llenaba todita, las sensaciones de esa verga me sobrepasaban, un placer salvaje, estaba alterada y excitada como nunca, comencé a orgasmar, en una concatenación de placenteros tiritones que me convulsionaban, él continuaba a cogerme,  diez, quince, veinte minutos, me estaba destruyendo, me bombeaba fogosamente, su pene había llenado cada recoveco de mi concha, lo sentí que se detenía y temblaba, entonces un aluvión caliente de su leche comenzó a inundar mi matriz, mi útero, mi canal vaginal, miré que mi vientre se hinchaba con tanta leche que me llenaba, si seguía bombeando esperma me iba a reventar, pero la naturaleza es sabia, se hizo una presión inmensa, luego unos chorros escaparon entre los labios de mi vagina y mojé mi cama, estaba exhausta, me derrumbé en la cama y él se acostó conmigo, empuje mi culito hacia su panza, su verga estaba firmemente sellada en mi chuchita y entre los labios mayores y menores una cascada de leche continuaba a salir, me corrí innumerables veces y no sabría decir cuantas, después no se si me dormí o perdí mis sentidos, me quedé en esa posición sumisa empalada en su verga.

 

No sé cuándo nos despegamos, dormí con toda su leche dentro de mí, esto se transformó en una rutina placentera y relajadora, como una cura balsámica, cogíamos todos los días a lo grande, después totalmente satisfecha me quedaba dormida y a la mañana siguiente me lavaba y lo volvíamos a hacer, desgraciadamente lo bueno dura poco, mi amiga regresó y vino a llevarse su perro, él en cuanto la vio comenzó a hacerle fiesta, a ladrarle y se veía feliz con su ama a su lado, yo estaba consternada, pero no podía demostrarlo, pienso que ella también lo disfruta sexualmente, pues no veía la hora de llevarlo a casa, el perro me miraba con una mirada un poco triste, pero él no era mío, así que lo dejé ir junto a su ama.

 

Los días siguientes parecían vacíos, me volví insomne y nerviosa, no podía sacarme ese perro de la cabeza, mi cuerpo necesitaba volver a sentir esas sensaciones esplendidas que solo un pene canino te puede hacer sentir, alcancé a estar una semana así ansiosa y neurasténica, hasta que me decidí a comprar un perro entero para mí, lo busqué por la red y encontré un Rottweiller de dos años y medio que no podían conservar por haber recibido otro similar en regalo, concordamos el pecio y ellos estuvieron de acuerdo en venir a dejármelo a mi casa.

 

El sábado en la mañana llegó Goliath, me pareció enorme, las dos chicas que lo trajeron estaban muy apesadumbradas y quería estar seguras que él iba a quedar en buenas manos, Goliath intento un par de veces venir a olfatearme, pero un comando perentorio de las chicas lo mantuvo calmo y ordenado, estuvimos conversando largo rato y Susana me dijo que ellas proveían hasta el cuidado por la parte sexual del perro, yo la miré sorprendida y ella asintió con la cabeza, no quise pedirle más explicaciones al respecto, pero creí haber entendido lo que tenía que entender y más contenta me puse.

 

Las chicas se despidieron de Goliath con lágrimas en los ojos y hasta yo me conmoví por tales muestras de afecto, el perro intento seguirlas y luego se quedó detrás de la puerta como esperando a que volvieran, me preocupé un poco, pues le puse agua y comida y el perro no toco nada, se quedó echado al lado de la puerta, de vez en cuando se levantaba, gemía, olfateaba bajo la puerta y volvía a echarse, me fui a la cama y él seguía igual.

 

Efectivamente esa noche no dormí bien, me levanté dos veces durante la noche y Goliath continuaba echado en el vano de la puerta, no sabía que hacer, si no lograba entusiasmarlo debería llamar a las chicas y decirles que él no se acostumbra en mi casa y que podían venir y llevárselo con ellas, me entristecía verlo así, entonces me dije —¡Y por qué no probar a seducirlo!

 

Me fui al baño y me bañe masturbándome todo el rato, me corrí pensando en lo que podría ser mi vida con Goliath, salí envuelta en mi bata blanca y me fui a ver a mi perro, el pobrecito estaba todavía echado, me acuclille a su lado y le rasqué su cabezota negra, sus ojos dulces estaban tristes, mientras rasqueteaba su cabeza me metí unos dedos a mi vagina y los extraje bañados en fluidos, los ojos de Goliath adquirieron un brillo diferente y saco su lengua y se puso a jadear con la mitad de su lengua fuera de su hocico, me volví a meter mis dedos en mi chocho y se los metí junto a su nariz, se levantó y yo me senté en el piso con mis piernas abiertas para él.

 

Goliath parecía otro perro, lleno de energía, meneaba su corto rabo y ávidamente buscaba la salvia que emanaba de mi conchita, su baba caliente caía en mi vientre, su respiración agitada entibiaba la piel de mi ingle y sus primeros lengüetazos fueron justo a la convergencia de mis muslos con la parte baja de mi vientre, me recosté en mis codos y levanté mis piernas, suaves caricias linguales acariciaron mi engurruñado ano haciéndome contraer placenteramente mi orificio rosado y pequeñito, me estremecí sintiendo la proximidad de su lengua con mi chocho y dejándome caer hacia atrás, abrí con mis manos mis labios mayores, me enderecé justo en el momento en que él hundía su cabezota en mi diminuto capullo abierto como una flor rosada y bañada.

 

Gemí y lancé un resoplido sintiendo que él empujaba su lengua en mi interior, me hacía contraer mis músculos queriendo cerrar mis piernas para no enloquecer de placer, pero mis deseos podían más y solo doblé mis rodillas, lo que me permitió abrir aún más mis muslos, Goliath se movía de lado a lado, a ratos se acuclillaba y empujaba con todo su cuerpo su lengua invasora dentro de mí, entonces me hacía gritar y lanzar agudos chillidos, me sobrepasaba tanto placer, mis manos estaban sobre mis senos, los masajeaba y apretaba contra mi pecho, mis pezones estaban duros y parecían que estallarían de un momento a otro, los tironeé y los ordeñe hasta hacer salir de ellos una especie de grasita blanca, jamás me había sucedido algo así, me revolqué en el piso con Goliath persiguiendo mi conchita y bebiendo casa gota que fluía de mi sexo.

 

Perdí la noción de tiempo y mis orgasmos me hacían alucinar, mi boca se resecaba, continuamente mi lengua humedecía mis labios, mi respiración totalmente irregular, a ratos jadeaba en busca de aire, a ratos resoplaba embriagada de hiperventilación, pero nada al mundo me hacía despegarme del hocico baboso de Goliath, fue él que en un determinado momento se detuvo y se fue a beber agua, también comió de su alimento, yo trate de recomponerme, me temblaban las piernas cuando me puse de pie, me acerqué a mi perro, ahora él era mío, me dio una lengüeteada en mi brazo y continuó a comer ávidamente, por fin se alimentaba, me fui al baño me enjuague rápidamente y volví donde mi perro, estaba bebiendo agua, me miró y meneó su rabo recortado, algo me decía que necesitaba salir al patio, así que me fui a la cocina con el detrás, abrí la puerta y el desapareció en el jardín.

 

Dejé la puerta abierta y Goliath estuvo una quincena de minutos recorriendo su nuevo territorio y marcado los arboles con una alzada de pata, luego regresó y me miraba desde el vano de la puerta, yo había vertido agua fresca y alimento en sus escudillas, pero él paso de largo y metió su hocico bajo mi bata, yo había tenido bastante de su lengua, ahora quería probar algo más sustancioso, algo que solo una verga canina te puede hacer sentir, esos momentos en que estas abotonada y perteneces como hembra a ese portentoso animal y te sometes a él, no tienes elección eres su perrita y basta, su pene te tiene pegada a él y no hay modo de escapar a eso, entonces te sometes, ya no eres tú, eres una extensión de su pene y el te mantiene unida con su nudo mientras te llena tu matriz y útero con su leche buscando de impregnarte con su descendencia, buscando de preñarte, buscando una madre para sus cachorros, eso es lo que quería de él, así que me lo lleve a mi cama, lugar ideal para mi amante.

 

A diferencia de las primeras veces, ahora me había procurado un plumones con fundas plásticas y toallas grandes, todo estaba preparado en una poltrona en mi dormitorio, así que me tomé un par de minutos para cubrir y proteger mi cama, después fue el turno de envolver sus zampa en botines de lana tejidos a crochet especialmente para él, luego me despojé de mi bata y me metí desnuda sobre mi esponjosa y acogedora cama, Goliath me miraba y olfateaba el aire, me di unas palmaditas en mi muslo y él salto sobre el lecho, inmediatamente su lengua partió los labios de mi chocho con una profunda lengüeteada, agarré su cabezota y la hundí en mi ingle, me sentía caliente en modo animalesco, quería que él me poseyera, quería ser su perrita, lo quería como amante.

 

Mi primer orgasmo no se hizo esperar, me contorsioné bajo su hocico, mi bajo vientre temblaba y mis piernas no sabían si abrirse o cerrarse, no me respondían en lo absoluto, me giré tratando de escapar de su lengua y expuse mi culito a sus lamidas, muy pronto estaba abriendo mis nalgas en modo lujurioso para dejarlo acariciar mi ano y la juntura de mis glúteos, mis piernas se pusieron tiesas y tiritonas cuando me corrí por segunda vez, entonces recogí mis piernas y me arrodillé con mi rostro sobre un grueso cojín, su lengua se movía alternadamente de mi conchita a mi culo, empecé a mover mis culo en círculos y él me montó, por fin iba a sentir su poderío y sus fuerzas.

 

Como macho dominante, me aprisionó con sus patas alrededor de mi cintura y que casi tocaban mis muslos, daba saltitos detrás de mi tratando de encajar la puntita rosada de su pene en mi fisura vaginal, plegó sus patas traseras y empujo hacia arriba, su pene resbaló sobre mi clítoris haciéndome saltar también a mí, volvió a acomodarse y esta vez su miembro horadó mis carnes empapadas en fluidos, su verga entro en mi deliciosamente, luego la sustanciosa bola presionó mi boquete vaginal, entró y salió un par de veces haciéndome gritar, pero luego se atoró en mi coño y ya más nada había que hacer, me tiro hacia atrás y comenzó una cogida a velocidad demencial, su pene se movía dentro de mi y no paraba de crecer, se hinchaba y ensanchaba mis paredes vaginales, me llenaba y ese roce me trastornaba con placenteros espasmos y tiritones.

 

 Tenía el coño abierto de par en par y se apretaba fuerte en torno a su polla, encajando como una pieza perfecta, no era para nada delicado, me aprisionaba con fuerza con sus patas inmovilizándome y empujando con todas sus energías su verga dentro mi concha, me poseía como una perra cualquiera, yo era su hembra sumisa y él mi macho dominante, su pene era muy largo y yo lo sentía en el fondo de mi vagina, el gustito placentero me sobrepasaba y comencé a correrme con gritos de desesperada lujuria, gemía y temblaba toda, él no cesaba de cogerme y darme muchas sensaciones demenciales, luego él se detuvo y tenso su cuerpo, en ese momento un rio de esperma salió como si hubiesen abierto un grifo, me llenaba por todas partes, volví a correrme y a empujar mi sexo contra su verga majestuosa.

 

Ahora me sentía completa, él era mío y yo de él, nos pertenecíamos, al fin tenía un amante peludo todo para mí y nadie podría alejarlo de mi lado, me di cuenta de que alzaba una pata por sobre mi culo y quedamos pegados trasero con trasero, su verga dio un giro y rozó mi punto “G”, sentí un estremecimiento y me sacudí placenteramente, apoyé mi rostro en el cojín y estiré mis manos para aferrar sus patas y mantenerlo dentro de mí e impedir que me pudiese remolcar pegada a su verga, me recordé de las chicas que me vendieron a Goliath, me preguntaba si su verga que ahora estaba atascada en mi conchita, también habría estado atorada en sus coños estrechos.

 

Estaba mirando entre mis piernas y veía sus cojones peludos pegados a mis labios mayores, apreté mis músculos y sentí como Goliath se estremeció nuevamente y descargo otros borbotones de lechita de amor dentro de mí, mis tetas se mecían plácidamente, mis labios mayores lucían enrojecidos e hinchados, un inarrestable hilo de fluidos escurría desde mi panocha descendiendo por mi muslo y formando una mancha húmeda bajo mi rodilla, me toqué mi delicado clítoris causándome espasmódicas convulsiones deliciosas, gemí y lancé unos guturales quejidos, moviendo mi culito en círculos casi muriendo de placer, repentinamente su miembro resbaló fuera de mí coño apretado, me giré y me abrí de piernas ofreciendo mi sexo empapado a su lengua, me entregaba toda a él, mi sexo, mi cuerpo y mi vida eran de él y solo de él, su lengua se sintió como latigazos que me hicieron contraer mi concha y mi culo:

—¡Espera! … ¡Espera! … ¡Vas hacer que me corra! …

Pero él no me escuchaba, sentí su lengua invadiendo mi chocho, arquee mi espalda, me revolqué sobre mi cama y me corrí en un orgasmo múltiple, estaba a su merced, mi cuerpo exánime era como un estropajo de lujuria y placer, casi me muerdo mi lengua y hasta una baba salía de mi boca mientras incontrolables temblores estremecían toda mi humanidad, como si estuviese sufriendo un ataque de epilepsia, mi vientre plano tiritaba y teniendo mis piernas levantadas en el aire, no tenía ningún modo de escapar de esta tortura orgásmica, él hacía lo que quería de mí.

 

Mi chocho entumecido seguía haciendo círculos con su lengua perdida en la profundidad de mi vagina, deliraba y alucinaba con esas profundas caricias de mi amante, luego él se detuvo y vino a lamer mis mejillas como anunciándome que había concluido su amoroso acto, me quedé mirando sus ojos que se habían conectado con los míos, fue una mirada como un juramento, como si estuviese jurándome su amor, me sentí amada y deseada por mi perro, lo vi que se echaba sobre mi cama y comenzaba a lamer su propio pene que restaba fuera casi por completo, no podía yo dejarlo solo, él me había procurado nuevas y exquisitas sensaciones y yo lo debía pagar al mismo modo.

 

Me levanté, arrodillada detrás de su lomo, incliné mi cabeza y comencé a lamer su verga, él entendió y se recostó dejándome su polla toda para mí, la tomé con mis dos manos, seguramente eran más de veinte centímetros de pene liso y otro seis siete centímetro de su bola que era como una pelota de beisbol, me sorprendí de haber sido capaz de hacerle espacio a este tremendo pene canino que me hizo enloquecer, metí mis dedos bajo esa bola deliciosa y comencé a empujar su pene dentro de mi boca y sentirlo descender por mi garganta, lo sentí tiritar y vi asomar sus afilados colmillos como en una mueca de placer, su boca se mantenía abierta mientras jadeaba y su lengua descansaba sobre la colchoneta, a un cierto punto se giró y quedó sobre su espalda, dejando esa enorme lanza roja blandiendo el aire, me acomodé mejor e hice descender su polla por mi garganta, tuve unos principios de nauseas que pronto regulé ajustando mi respiración, hundí su polla en lo profundo de mi boca y él comenzó a regalarme su lechita caliente, bebí y bebí todo lo que pude, sabía a delicias, luego me recosté a su lado recibiendo exquisitos lengüetazos en mi rostro en reconocimiento a mi mamada, lo abracé y me quedé juntito a él.

 

El frio de la noche me sorprendió y me despertó, mi perro se había levantado, sus escudillas estaban vacías, ya no dormía cerca del vano de la puerta de salida, estaba muy acurrucado a los pies de mi cama en mi dormitorio, este es su lugar y día tras día el y yo nos amamos, nunca más volví con el idiota de mi novio, ya no lo necesito, tengo mi amante perfecto.

 

Ciertamente no es un hecho que puedo comentar con todos, pero he hecho amigas con algunas chicas y nos escribimos para contar las maravillas de nuestros amantes, yo ya no puedo hacerlo si no es con mi perro, él tiene esa libido desarrollada y me conoce muy bien, sabe perfectamente como y cuando cogerme, me domina, me tiene a su merced y voluntad, sabe que yo soy su perrita y a mi me encanta que así sea.

 

Chicas si tienen la posibilidad … ¡Atrévanse! … no se arrepentirán jamás, créanme, es delicioso ser poseída completamente por un macho de verdad.

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Mi hermana Juana.
Mi lolita. Descubriéndonos. Parte 1

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