Incesto

En algún lugar cerca de Iquique. – Octava parte.

0
Please log in or register to do it.

Me hacía sentir un extraño placer ver que alguien se interesaba en la actividad en que estábamos empeñados mi hermana y yo, acomodé a Sonya hacia donde estaba el tipo con sus binoculares, y me acomodé de lado para no obstruir su visual, con una mano abrí los rosados labios del chocho de mi hermana y le brindé esa vista celestial:

—¡Oye! … porque te detienes … es sin descansar … dale … continua por favor …

Mi hermana me instaba a continuar lamiendo su coño, dudé un instante.     Ese tipo allá arriba no debe saber que le estoy comiendo el chocho a mi hermana, eso no lo puede saber, así que bajé la cabeza entre sus muslos y chupé su clítoris, para luego continuar a lamer sus labios mayores y de a poco enterrar mi lengua penetrando profundamente su conchita.     Inmediatamente sentí que sus chupadas a mi pene se hicieron más profundas y enérgicas.     Aún cuando el chocho de mi hermana era delicioso, el que un tipo nos estuviera mirando no me dejaba tranquilo.     Volví a mirarlo y esta vez él se había sentado y con una mano sostenía los binoculares y con la otra se masturbaba.

 

Bueno, si quería divertirse yo no lo iba a obstaculizar, me enderecé abrí bien las piernas de mi hermana y comencé a jugar con su clítoris, moviendo en forma endemoniada mis falanges contra su botoncito.     El tipo se dio cuenta de que yo lo había visto, pero no hizo ningún gesto de alzarse, al contrario, continuó pajeándose a toda fuerza.     Por los movimientos de contorsión y los sonidos que hacía Sonya, me di cuenta de que se acercaba a su orgasmo y me chupaba la verga con devoción y desesperación, acción que enviaba escalofríos tras escalofríos de placer a mi cuerpo.     Cuando se corrió, enterró sus uñas en mis glúteos y me tiro más dentro de ella, se tragaba toda mi verga, eso fue demasiado para mi y exploté en lo profundo de su boca, una vez más Sonya quiso abstraerse y trató de escapar de mi polla invasora, pero no tenía espacio para hacerlo, borbotones y borbotones se versaron casi directamente en su garganta.     Una vez más la exquisita boquita de Sonya me regalaba un maravilloso orgasmo, cuando mi pija salió de su boca no me reclamó nada, solo la restregó en su rostro, rociando de esperma sus mejillas, su frente y parte de sus cabellos, el vientre de Sonya continuaba a moverse atrás y adelante.     Cuando volví en mis sentidos, vi que el tipo sobre las dunas estaba con su cabeza hacia atrás y disparaba su semen al viento.

—Sonya … no estamos solos …

Mi hermana volvió a reír como una boba y abrió aún más sus piernas:

—¡Ya! … si ya me lo dijiste … porque sabes que eso me calienta ¿verdad? … hiciste que me corriera como nunca, luego te daré un regalo …

—¡No!, hermanita … de verdad no estamos solos … hay un tipo que nos mira con anteojos de larga vista …

—¡Que! … pero …

Sonya se enderezó rápidamente cerro sus piernas y llevo su brazo a sus tetas:

—¿Dónde? … ¡Quien! … ¿Donde? … ¿Dónde está? …

—Allí en esa duna …

Sonya siguió la dirección donde apuntaba mi dedo:

—¡Oh! … ¡Desgraciado! … ¡Vámonos! … ¡Vámonos a casa! …

Sonya se cubrió con su toalla y se dirigió de prisa hacia la casa, no me quedó otra que seguirla de cerca, me volví y el tipo de la duna había desaparecido, creo que todas las oportunidades con Sonya había sido truncadas debido a la presencia de este desconocido.     Conociéndola, se quedará con esta sensación de haber sido ultrajada en su intimidad y no querrá por nada hacer algo de carácter sexual.     Me preguntaba que podía hacer para contrarrestar esta sensación suya.   Llegamos a la casa y ella se fue inmediatamente al dormitorio, estaba un poco ofuscada, no sabía que decirle, ella rompió el silencio volviendo a reclamarme:

—Ya te dije que no deberías empujar así tanto … casi me ahogas otra vez …

Me acerqué suavemente y acaricié sus cabellos, luego me disculpé susurrando a su oído:

—Deveras lo siento, hermanita … tienes una boquita tan dulce y tan rica que me dejo llevar y lo hago sin darme cuenta … me llevas al séptimo cielo … adoro esos labiecitos tuyos …

Estando detrás de ella, aferré sus senos y besé su cuello, haciéndole sentir la dureza de mi pija entre sus nalgas, ella empujo hacia atrás y haciendo rotar sus caderas me dijo:

—¡Uuhhmmm! … pero tú … ¡emh! … cosa ahí abajo no se puede decir que sea pequeña … y la siento tan dentro de mi que no me deja respirar … debes tener más cuidado, hermanito …

Conociendo a Sonya, supe inmediatamente que ya no estaba enfadada.     Giré su cabeza y le di un beso en la boca que ella respondió fogosamente.

—Tu boca sabe deliciosa después que me corro en ti … eres dulce como un panal de miel …

Le dije continuando a amasar sus pechos y deslizando mis manos poco a poco a su vientre, aprovechando el momento le dije:

—Si estás conmigo, nada debes temer … si ese tipo nos vio, vio solo algo hermoso … algo que jamás volverá a ver … lo vi que se masturbaba mirando tu chochito rosado y mojadito …

—¿Y tú dices que él logro verme desnuda? …

—No me cabe la menor duda … te vio en todo tú esplendor y belleza … lo hiciste que se excitara tanto, que se tuvo que tocar … eres muy hermosa, hermanita …

—¿Y tú lograste ver su verga? … ¿Era tan grande como la tuya? …

—No … no logre ver su tamaño … debe ser normal como la de Esteban …

—Pero la de Esteban no es tan chica tampoco … escuchaste como hacía gritar a Claudia …

Había llegado con mis dedos a sus labios vaginales y jugaba a abrirlos y cerrarlos rozando levemente su clítoris, sus gemidos y contorsiones me indicaban que iba por buen camino, seguí manteniendo la conversación en el ámbito sexual, al parecer eso la excitaba también.

—Que rico que ella pueda gozar de ese modo … libremente gozar como mujer … complacer y complacerse al mismo tiempo es la fórmula perfecta en una relación … ¿no crees? …

—Pero ella se deja llevar demasiado … debería contenerse un poco … no sé …

—¿Y perderse el goce que le proporciona su compañero? … ¿Esconder lo que está sintiendo? …  ¿Y en forma egoísta negarse al goce de pareja? … ¿Crees que eso sería lo correcto? … 

—No sé … ¡mmmmmm! … pero a veces pienso que lo hace como una puta …

—¡No! … lo hace como mujer … una mujer que se deja amar y demuestra lo que siente …

Ahora estaba metiendo mis dedos en su conchita y Sonya movía su pelvis y gemía retorciéndose:

—Vamos … metámonos sobre la cama … quiero que folles mi boca otra vez …

Nunca pensé sentir esas palabras de boca de mi hermana, rápidamente la hice recostarse y luego me monté a horcajadas sobre su cabeza, ella aferró mi pene henchido y duro y con los ojos bien abiertos comenzó a masturbarme, yo me incliné hasta alcanzar su panocha con reflejos brillantes de sus fluidos y lamí su clítoris enhiesto, ella gimió y apretó mi verga en sus manos, luego procedió a jugar en mi glande con su lengua.     Algo me decía que Sonya estaba en una situación especial que la hacía reaccionar con mayor vehemencia y deseos a mis caricias, yo quería follar su coño estrecho, pero sabía que sería ella a permitírmelo y que no la debía presionar en modo alguno.

 

Seguí acariciándola suavemente, besé su panocha decenas de veces, ella respondía con ardientes lamidas y jugosos sonidos de succión a mi pene, ella se estaba familiarizando con la envergadura de mi polla y estaba encontrando nuestro juego oral excitante, su poderoso orgasmo playero me decía algo que ella jamás admitiría.     Estaba absorto en mis pensamientos lascivos que no entendí cuando ella me habló:

—¿Quieres probar a meterlo en mi cosita? …

—¿Qué? …

—No sé … ¿Te atreves a meterlo en mi chochito? …

—Yo sí … pero tú …

—No hables tanto … ¿Quieres o no quieres? …

No dije ninguna palabra más, sorprendido, incrédulo y ciertamente estupefacto, me acomodé entre sus piernas, su chocho con vellitos por todo alrededor se veía demasiado invitante, apoye mi glande entre sus estrechos labios y no hubo caso de hacerlo entrar, probé hasta cuando mi verga se dobló y lance un chillido de dolor:

—¿Qué te pasa? … ¿No puedes hacerlo? …

Sonya me miraba preocupada de verdad y en sus ojos había un brillo similar al de Claudia cuando quería ser follada, no podía dejar pasar esta oportunidad única que se me presentaba.

—¡No! … no es que no pueda … sucede que estás muy estrecha … sería más conveniente si tú vienes sobre mí, de ese modo tú misma puedes hacerlo entrar dentro de tu conchita …

—¡Oye! … ¿Qué te pasa? … ¿Quieres que yo te folle a ti? … Me parece que te estás haciendo el remolón … ¿No debe ser el hombre el que debe follar a la mujer? …

—¡Oh!, Sonya … entiende … no quiero hacerte daño y no quiero hacerme daño yo … por eso te digo que lo mejor es si tu estás sobre mí …

—Mira pequeño … y lo digo solo porque eres mi hermano menor … si no me quieres follar, entonces no lo haremos … ¿está bien? …

—¡Espera! … yo no he dicho eso … ahora déjame probar otra vez, pero me debes prometer que no trataras de escapar cuando te penetre … ¿de acuerdo? …

—¿Qué estás diciendo? … no es la primera vez que lo hago … ¿sabes? …

—Lo sé … pero promételo …

—Eres muy divertido hermanito … nadie me había pedido algo así … está bien … lo prometo …

 La hice que se recostara y coloqué un almohadón bajo sus nalgas para tener un ángulo de penetración optimo, luego me incliné a lamer su concha para humedecerla al máximo, Sonya jugaba con mis cabellos y gemía:

—¡Uuhhmmm! … ¡Umpf! …  ¡Umpf! …  penétrame ya … dale … te quiero a ti …

Escupí en mi mano y mojé mi verga, luego apunté al rosado y estrecho coño de Sonya, apoyé el glande en su ojete vaginal y empujé con el peso de mi cuerpo:

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Me estás rompiendo! … ¡Argh! … ¡Umpf! … ¡Ay! … Ay! …

El glande entro en ella y ensanchó sus paredes vaginales, yo sabía que no podía hacerlo de prisa, me detuve un largo rato mientras ella me daba golpes en mis brazos e intentaba escabullirse, pero la mantuve hasta que se calmó un poco y dejó de chillar y gritar y darme de golpes.

—¡Lo prometiste! …

Le dije y volví a penetrarla con otro par de centímetros.

—¡Pero me duele! … ¡Eres un salvaje! … ¡Ay! … ¡Ay! … ¡Te odio! … ¡Ay! …

—No te muevas y deja que tu chocho se acostumbre a mi polla … solo no te muevas …

Sonya comenzó a sollozar y se aferró a mi espalda, pero ya no luchaba, me tomo un par de minutos sentir que mi verga estaba casi por completo en su concha, comencé a moverme en círculos muy suavemente.

—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Urgh! … ¡Oooohhhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Ay! … ¡Oooohhhh! … ¡Mmmmmm! …

Mi hermana no cesaba de quejarse y gemir, pero sus piernas rodearon mi torso y sus talones se enterraron en mis nalgas, poco a poco aumenté mi velocidad y profundidad de mis estocadas.

—¡Oooohhhh! … ¡Aaarrrggghhh! … ¡Ooohhh! … ¡No lo vayas a sacar! … ¡Oooohhhh! … ¡No te detengas! … ¡Argh! …

Por fin Sonya comenzaba a disfrutar y sus uñas me arañaban la espalda y a ratos se enterraban, pero eso solo aumentaba mi impetuosidad y fogosidad, su cabeza se movía sin control y su cuerpo sudoroso se estrechaba contra mi pecho haciéndome sentir la dureza de sus pezones.

—¡Mmmmmm! … ¡Aaaahhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ssiii! … ¡Fooollame más fuuuerte! … ¡Estás revolviendo todo dentro de mí! … ¡Oooohhhh! …

Me parecía casi increíble escuchar estas palabras y comencé a darle con todo, afortunadamente me había hecho una estupenda mamada, así que podía durar más y controlar mi propio placer, pero quería que para ella fuera lo más intenso de su vida, la quería adicta igual que a Claudia.     Me agaché a sentir su aroma exquisito a besar su cuello, a lamer sus labios entreabiertos, seguí enterrando mi pija con fuerza en su apretadísima concha.     Sus arañazos a mi espalda no cesaban, estaba con los ojos cerrados y una mueca entre dolor y placer, las venas de su cuello parecía que se iban a reventar, sus piernas se habían abierto de par en par y las había levantado ligeramente hacia arriba, sus manos y uñas se enterraban en mis glúteos y me empujaban más dentro de ella.

 

Si había que repartir premios a la gritona del año todos se los habría llevado mi hermanita, a veces eran ensordecedores por lo agudo y potencia, no hacía más que tirarme de mis caderas, espalda y glúteos en la desesperación por sentir más de mi polla dentro de ella.

 

Arqueó sus espalda empujándome con sus tetas en alto y comenzó a convulsionar, otra vez intentaba de escabullirse, sus chillidos y gritos se habían transmutado en bramidos bestiales.

—¡Mmmmmm! … ¡Argh! … ¡Me muero! … ¡Oooohhhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Me estás matando! … ¡Ssssiiii! … ¡Ooohhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …

Poco a poco Sonya se fue apaciguando, mi verga estaba todavía profundamente enterrada en su coño, comencé a acariciar sus cabellos y a susurrar en su oído palabras cariñosas:

—¡Eres fantástica y hermosa! … ¡Que rico que me haces sentir! … ¡Dulce hermanita mía! … ¡Tienes el coño más apretadito que Claudia! …

—¿Qué? … ¡Ya te follaste a Claudia? … ¿Cuándo? …

Inmediatamente me di cuenta de mi error, Sonya se había como despertada de un golpe y comenzó a empujarme, entonces aproveché de sus empujones para yo menear mi pija en su concha estrecha:

—¡Aaaahhhh! … ¡Estúpido! … ¡Oooohhhh! … ¡Cretino! … ¡Mmmmmm! … ¡Cabrón! … ¡Ooohhh! … ¡Noooo! … ¡Noooo! … ¡No te detengas! … ¡Chupa coños! … ¡Desgraciado! … ¡Fooollaaameee! … ¡Ay! … ¡Ssssiiii! … ¡Me las vas a pagar! … ¡Cagón! …

Finalmente logré que ella se abrazara a mí y comenzara a gemir y a chillar otra vez; mientras la cogía a toda fuerza, mí cabeza era una vorágine de pensamientos sobre cómo corregir mí error, ya no sentía sus rasguños ni sus mordiscos, sabía que había cometido un error enorme y que ella me lo iba a reprochar y regañar con todos sus argumentos mojigatos y morales.

 

La follé hasta que se corrió y yo con ella, estábamos ambos entrelazados en un abrazo de piernas y brazos, ella de a poco se fue calmando, pero su ira había sido solo postpuesta, apenas tuvo un poco más de respiro, me dio un golpe en las costillas que me hizo saltar:

—¡Eres un ser asqueroso! … ¡Con tus dos hermanas! … ¿No te bastaba solo una de nosotras? … ¡Eres un sátiro infeliz! … ¡Ni te atrevas a tocarme otra vez! … ¡Ya veras cuando vuelva Claudia! …

—Pero Sonya … yo …

—¡No me hables! … ¡No te atrevas a dirigirme la palabra! … ¡Eres nada más que un ser deleznable! … ¡De la peor calaña! … ¡Mi hermanito! … ¡Puaj! …

Se levantó y se fue a la ducha, pero antes se volvió enfurecida:

—Cuando vuelva no quiero que estes aquí … agarra tus cosas y sal de aquí …

Luego se fue con sus hermosas tetas cimbrando y moviendo su culo de lado a lado.     Muy hermosa mi enojadísima hermana.     Ahora no me queda más que esperar a que regrese Claudia con Esteban, quizás ellos lograran calmarla en algún modo.     Mi verga estaba enrojecida después de la follada a la estrecha conchita de Sonya.     Había logrado mi objetivo, me había follado a mis dos hermanas, pero el precio me estaba saliendo demasiado alto.     Teníamos todavía un par de días junto a Claudia, con ella no tengo problemas, pero lo sucedido con Sonya nublaba todo mi horizonte y me apesadumbraba mucho.     Bueno es temprano todavía, así que cogí mi traje de baño y me fui a nadar.

 

—– —– —– —– —– ooo —– —– —– —– —–

Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor.

luisa_luisa4634@yahoo.com

 

 

Mi ojete: La pasión de mi papá.
Amor multigenital

Nadie le ha dado "Me Gusta". ¡Sé el primero!