Incesto

En algún lugar cerca de Iquique. – Primera Parte.

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Había concluido el año escolástico, por supuesto que gracias a mi ahínco en el estudio obtuve excelentes notas, lo que me permitió pasar a tercero medio.     En casa todos me felicitaron, mis padres iban de vacaciones a Brasil y yo les pedí me dejaran en casa.    Siempre consideré que las vacaciones en otro país eran una especie de tortura camuflada, no me gustan.    Ellos accedieron y la semana antes de la partida a Búzios, mi hermana mayor Claudia que vive en Iquique, una ciudad del norte de Chile me invitó para restar con ella por el periodo en que nuestros padres estarían fuera del país.

 

En un principio ella había invitado a Sonya mi otra hermana, pero como supo que yo no iría con nuestros padres, extendió la invitación a mi también.     Yo me llamo Andrés, no soy muy deportista ya que paso encerrado a leer y estudiar, de todas maneras mi complexión física es aceptable para mi edad, de lo que puedo vanagloriarme es que mi pene es extraordinariamente grueso, alcanzo los dieciocho-diecinueve centímetros de longitud, pero la circunferencia es como una lata de cerveza.    Mientras me observaba desnudo reflejado en el espejo tironeaba de mí prepucio para hacer salir mí glande.      Mi polla de buen tamaño no me ha servido de mucho, ya que no he tenido mucha suerte con el sexo opuesto, todavía no tengo una novia y menos aún sexo, soy virgen.

 

No se cual podría ser el motivo por el cual no he tenido éxito con las chicas, me dijo un amigo mío que al haber crecido en un hogar con muchas mujeres, simplemente estaba harto de ellas y por eso no buscaba una relación con ellas.     No me dediqué a cavilar mucho sobre el asunto y di por sentado que la teoría de mi amigo estaba basada en la evidencia de ser el único hijo hombre.

 

De todas maneras, como adolescente me atraían las muchachas con sus coloridos vestidos, sus formas sinuosas, sus piernas esplendorosas, su senos exuberantes.    Ansiaba relacionarme con una chica, pero no tenía el empuje suficiente para hacerlo.     Sí, es cierto que el año pasado me bese con Julia, una chica de primero medio, ella un poco gordita, entretenida, pero no muy brillante.

 

Una tarde nos dimos cita en un sitio apacible y no muy concurrido, pensé que ese sería mi día, pero ella se dedico a jugar con mi pene, a lamerlo y chuparlo hasta que exploté en su boca, ella dijo que era muy grueso para su diminuto coño y escapo riéndose.    Quizás haya sido lo mejor.

 

Ahora frente al espejo me tocaba mi verga añorando un chocho que me desvirgara, absorto en mis cavilaciones concupiscentes no me percaté de haber dejado la puerta sin cerrojo y repentinamente entró mi hermana y abrió desmesuradamente sus ojos al verme parado ahí desnudo.

—¡Oh! … ¿Qué haces ahí sin ropas? …

Sonya cinco años mayor que yo, desde hace poco había regresado a casa.     Una relación de dos años con su novio se había ido al traste y tuvo que regresar a casa nuestra.

—¿Y tú que buscas? …

Le respondí girándome con mi pene bamboleándose de lado a lado, Sonya miraba fijo mi verga, yo ni me inmuté, siendo el menor y único hombre, ya me habían visto desnudo años atrás.  Además, como me masturbaba con bastante frecuencia, hasta me habían pillado más de una vez haciéndolo, sobre todo Sonya.

 

Más de alguna vez pensé que ella me espiaba y lo hacía de propósito, de alguna manera me gustaba mostrarme ante ella.     Después ella se mudó, pero ahora estaba otra vez de vuelta y pensé que debía ser más cuidadoso.

—Espera que ahora me visto …

Dije sin tratar de girarme u ocultarme lo que habría sido inútil dado que me veía reflejado en el espejo de todas maneras.

—Recuerda que debemos irnos con tiempo para abordar el Bus … date prisa y termina de holgazanear …

Su voz sonaba diferente, quería parecer enfadada, pero no lo estaba.    Sus ojos claros pegados a mi herramienta me decían que hasta podía estar excitada.     Miré sus ojos y mire mi pene, se ruborizó, menee mis caderas para hacerle ver lo flexible de mi polla, ella se río, pero continuó a mirarme.   Entonces le dije:

—¡Ya! … no jodas … estoy casi listo …

Me observo mientras me ponía mis boxers y pantalón, luego se dio media vuelta y salió de mi dormitorio.

 

Sonya es una chica brillante, primera de su clase a la universidad, solía ser entretenida y extrovertida.     Se divertía vistiéndose sexy, lo que la hacía tener discusiones con mi padre, pero a ella le encantaba volver locos a los chicos.     El año pasado la encontré en una disco, llevaba botas a la rodilla, una diminuta faldita y un top más pequeño aún, me pareció Julia Roberts en la prostituta de “Pretty Woman”, no pude evitar de preguntarle:

—¿Te vio papá salir así de casa? …

—Sí, pero llevaba un impermeable encima … ¡Y tú no se lo vayas a decir! …

—Descuida que no soy tú perro guardián …

Era tan calentón su aspecto, que olvidé que era mi hermana y me fui a los lavabos a masturbarme como loco.     Después de su fracaso romántico, cambio mucho, ya no vestía en modo llamativamente sexy y había dejado de salir con chicos.

 

Terminé de vestirme y salí a buscar a Sonya, no quería que se estresara por mí.    Por supuesto llegamos a tiempo a la estación y cogimos el Bus sin ningún problema.     El viaje en Pulman que siguió fue bastante aburrido y pasamos la mayor parte del tiempo dormitando.

 

Veinticinco horas después, llegamos al Terminal Rodoviario de Iquique, donde Claudia y su pareja Esteban nos recibieron felices.

 

Viendo mis dos hermanas juntas después de tanto tiempo, me di cuenta de lo diferentes que eran.     Claudia es cuatro años mayor que Sonya, siempre ha sido más sofisticada y amante de lo original y del medio ambiente, en la universidad la conocían como “La chica ecológica”.     Para ella no existía el maquillaje ni vestir a la moda, no me gusta aparentar ni ser presuntuosa, solía decir.

 

Al verla me pareció que en nada había cambiado, hacía dos años que no la veía.     Su cabello lo mantenía un poco más corto de lo que yo recordaba, antes acostumbraba a llevarlo más largo, casi a la cintura.      También había vuelto a usar esos anteojos de marco grueso y anticuado que la hacen ver de más edad.    

 

Siempre discutía con papá porqué él es un empresario y defendía la actividad empresarial por lo que significaba a la economía, en cambio ella defendía sus convicciones ecologistas a ultranza.      Luego conoció un activista, Esteban, mucho mayor que ella, seguramente mayor de cuarenta y ella tiene al menos quince-dieciséis años menos.

 

Mo madre, mi padre y mi hermana la criticaron por haber elegido un hombre tan mayor, pero no objetaron el que ella se fuera a vivir a con él.     Pero Esteban era de aspecto juvenil y no parecía tan anciano como lo pintaban, se veía bastante ágil y activo para su edad.

 

A Sonya en cambio le gustaba vestirse en modo vistoso, provocativo a veces, siendo mayormente una monada verla.     Sus faldas, pantaloncitos o jeans, se ajustaban a sus amplias caderas, también evidenciaban su culo redondo y firmes, sus blusas y remeras parecían siempre a punto de estallar dada la exuberancia de sus pechos.     Sus cabellos largos y rizados le llegaban a la espalda y estaban siempre bien peinados, sin lugar a duda era la más bonita de las dos.

 

Lo otro que las diferenciaba, es que Sonya es de carácter mucho más amable y dicharachero, es más fácil de convivir con ella, está siempre alegre y pocas veces se pone de mal genio.     Pero aunque ellas eran diametralmente diferentes, siempre se habían llevado bien y, por supuesto, ambas estaban muy encariñadas conmigo por ser el “bebé” de la familia.

 

Después de haber depositado nuestro equipaje en el antiguo Jeep de Esteban, partimos de inmediato y después de aproximadamente una hora de viaje llegamos a un paisaje de dunas y planicies, y escasamente pobladas directamente en el Pacifico meridional.     La casa de ellos estaba en una colina que dominaba el espacio de dunas subyacente, los vecinos más próximos estaban como a un kilómetro de distancia.

 

Salí a recorrer los parajes desérticos aspirando la brisa marina, me pareció como estar en otro planeta.     Como volver a los tiempos de Marco Polo el explorador, no había rastros de civilización.     Pensé que esto iba a ser un poco aburrido, pero como se trataba solo de dos semanas, bien valía la pena enfrentar el sacrificio con optimismo.     Valoré la tranquilidad del lugar y el hecho de que el mar estaba ahí a solo un centenar de metros, la franja de arena de la playa se estiraba hasta perderse de vista.    Evidentemente no había problemas de atocho al momento de buscar un lugar para bañarse o tomar el sol desnudo.

 

Lo único que nos causó un impasse momentáneo, fue que tienen una sola habitación para visitas y Sonya rehusó compartirla conmigo.     Pero Esteban dijo tener unas colchonetas y sacos de dormir, por lo que me ubiqué a dormir en el zaguán a la entrada de la casa.     Mi ser aventurero y maleable me hicieron aceptar la idea de buena gana, debía ser una buena experiencia dormir bajo las estrellas respirando el fresco aire marino y disfrutando la tranquilidad del lugar.

 

Esteban nos mostro la casa.     Esta era una vieja casona que ellos compraron a muy buen precio.   Entre ambos se habían dedicado a remodelarla y amoblarla muy bien.     Siempre respetando la madre natura y conservando su carácter acogedor.    En la sala de estar destacaba la chimenea que probablemente era indispensable en los fríos días de invierno.     Había un amplio dormitorio principal y una habitación para invitados, una cocina amoblada y bien fornida, además de un baño común.

 

Esteban había construido un Jacuzzi con estilo elegante, especialmente para Claudia que es una verdadera aficionada a los baños naturistas y al nudismo.

 

El ocaso nos encontró ya instalados y disfrutamos de una opípara cena con unas copas de vino blanco, que solo Esteban estuvo de acuerdo que yo bebiera siendo aún menor de edad, mis dos brujas hermanas me miraron y apuntaron sobre mí un dedo acusador, luego charlamos hasta tarde.

 

Como toda mujer, mis hermanas se enfrascaron en una charla de mujeres, Esteban retiró los platos de la mesa y yo le di una mano.     Claudia y Sonya se dirigieron hacia la playa, seguían su chachara interminable.     El claro de la luna llena daba un aspecto espectral y alienígeno al paisaje, se alejaron las dos en esas arenas blanquizcas iluminadas de un color plata metalizado.

 

Una vez que ordenamos la vajilla, Esteban y yo nos desafiamos a una partida de ajedrez hasta que finalmente exhaustos nos saludamos para ir a dormir.     Mis hermanas habían regresado desde hacía rato y se habían ido a sus respectivos dormitorios.

 

Inesperadamente la noche estaba muy fresca, tanto que me desperté varias veces durante la noche, pero resistí estoicamente volviendo a adormentarme.     Temprano en la mañana me desperté sintiendo pasos cerca de mí.      Como si fuera un sueño, vi a mi hermana mayor caminando desnuda por el porche.     Inmediatamente me desperté por completo, sorprendido porque nunca había logrado verla así, diáfana y pulcra como una diosa griega.     Ella caminaba hacia la playa, pero cuando me vio despierto se dirigió hacia mí:

—Buenos días, Andrés … espero no haberte despertado …

Dijo suavemente besándome la frente y dándome una amorosa carantoña en mi mejilla.

Entrecerré mis ojos contra la fuerte luz del amanecer y observé su cuerpo.

Si bien Sonya tiene un rostro bellísimo, Claudia tiene un cuerpo esplendido que sus atuendos jamás destacan.     Con su 1,76m. tiene un cuerpo femenino perfecto, longilínea y esbelta sin ser flaca.     Sus piernas larguísimas como las de Sonya, muslos firmes y sin sombra de celulitis, tonificadas y fuertes, seguramente por la natación que practica cada día.     Lo mismo podía decirse de su trasero, redondas, pronunciadas y firmes nalgas.     Había heredado los senos de mi madre, una copa D generosa 36 o 38, ahora que estaba inclinada sobre mí, no le colgaban, se mantenían firmes pegados a su torso.

 

Claudia siempre había sido desinhibida, yo ya la había visto desnuda fugazmente, pero esta es la primera vez que la observaba así de cerca, con sus pezones casi tocándome la nariz.     El tiempo no había transcurrido sobre su piel, por el contrario, se conservaba muy agraciada y bella.

—¿Sabes? … estaba yendo a nadar … ¿Te atreves a venir conmigo? …

Su voz suave, dulce y sensible, sonaba como el alegre trinar de las aves de la mañana.   Ella sabía que yo observaba sus formas de mujer, se enderezó y dio un paso hacia atrás abriendo ligeramente las piernas para que tuviera una vista clara de su ingle y monte venus, fue muy agradable ver su chocho totalmente calvo.     Yo sabía que algunas mujeres se depilan las axilas, pero era la primera vez que veía que también pueden rasurar su sexo.     Otra diferencia entre Claudia y Sonya, pues ésta última tenía su chochito cubierto de vellos, indudablemente sin pelitos era más bonito.

 

Podía ver sus labios delgados y la pequeñísima abertura, me sentía subyugado de esta visión espectacular.     Claudia sonriendo me paso la mano por los ojos, para quitarlos de la atención que me había procurado su vagina lampiña, pero no se avergonzó para nada y continuó con su chachara sobre los beneficios de un baño mañanero al mar, la temperatura, el efecto sobre la musculatura y otros varias ventajas para el cuerpo humano.

—¡Ya!, está bien … vengo contigo …

Pero justo cuando estaba por alzarme me di cuenta de que mi pene estaba duro.     Me estiré y bostecé histriónicamente tratando de ocultar mi erección.

—Anda primero tú … enseguida te sigo …

Balbucee fingiendo una somnolencia extrema, esperé que se alejara, agarré una toalla de baño de la barandilla y caminé detrás de ella que había desaparecido detrás de una duna.     Me detuve a considerar la oportunidad de volver a buscar mi traje de baño, pero como ella estaba desnuda, pensé que también yo podía estar sin traje de baño.     Caminé lentamente en modo de permitir que mi erección desapareciera y apuré el paso para unirme a Claudia.

 

Claudia estaba ya chapoteando en el mar, rápidamente me despojé de la toalla y corrí hacia ella, apenas mis pies tocaron el agua, me arrepentí de mi ímpetu, el agua estaba helada, me encogí y comencé a caminar hacia atrás, cuando Claudia comenzó a gritarme:

—¡Cobarde! … ¡Cobarde! … ¡Miedoso! … ¡Miedoso! …

Me detuve ofendido y con cuidado y apretando mis dientes, avance mar adentro.     Claudia nadó hacia mí y comenzó a salpicarme con la heladísima agua, traté de hacerle el quite, pero no lo logré, así que me sumergí en las gélidas aguas, luego emergí cerca de ella y comencé a salpicarla y darle de su propia medicina.    Ella arrancó hacia la playa mientras yo le lanzaba agua con pies y manos.     La alcancé y comencé a hacerle cosquillas, ya que sé que ella es muy sensible a las cosquillas.     Inmediatamente comenzó a chillar y a gritar en voz alta, se retorcía como una serpiente tratando de escapar.     Su trasero se frotaba constantemente de un lado a otro entre mis piernas.     Repentinamente sentí un poco de calor a pesar del frescor del agua marina y cuando una de mis manos se perdió en medio de sus pechos, la temperatura subió aún más.

 

Esperaba que en cualquier momento ella se desligara de mi y me llamara la atención por palparla ya descaradamente, pero nada de eso pasó.     Ella seguía luchando con todas sus fuerzas.

—¡Uy!, hermanito … que fuerte que te has vuelto … pero no te servirá de nada …

Claudia soltó una carcajada y me hizo caer con una zancadilla, logré aferrar su brazo y la arrastré conmigo, de modo que caímos entrelazados a orillas del oleaje, sus senos se aplastaron contra mi pecho.     Quizás cómo hubiera terminado esta pelea si no fuera por qué en ese momento apareció Esteban y nos llamó a ambos.     Claudia se separó de mí y fue hacia él, yo permanecí en el mar.   Sentí un poco de vergüenza cuando me di cuenta de que mi polla se había vuelto a poner rígida.     Quise convencerme de que la erección acababa de comenzar y que mi hermana no se había dado cuenta de nada.     Pero me quedó la duda, pues no estaba seguro de eso.

 

Visto la embarazosa situación, me sumergí y nadé mar adentro tratando de que nadie se percatara de mi inapropiada reacción eréctil.

 

Los observé a un centenar de metros y vi que Esteban se iba de regreso a casa, mientras Claudia con una carrera se sumergía y nadaba hacia mí.     En pocas brazadas me alcanzó y respirando pesantemente, me dijo:

—¿Esteban quiere saber si te gustaría ir a la ciudad más tarde? …

—¿A la ciudad? … ¿Un recorrido por la ciudad? … Sí, creo que sí … me gustaría ir a ver un poco de Iquique …

Me sentí aliviado de que no era nada de preocupante, me sentía tan culpable por mis erecciones en el confronto con mi hermana, que pensé que podía ser acusado de algo.     Nadamos durante una quincena de minutos, manteniéndonos bien separados y luego iniciamos a nadar hacia la playa.

 

Ella salió primero y comenzó a secarse, cuando me acerqué a su lado ella comenzó a secarme a mí, estaba a punto de decirle que lo haría por mí mismo cuando vi un enigmático brillo en sus ojos.     No se detuvo mucho con mi cabeza, sino que frotó extensamente mi pecho y espalda, acercándose a mis nalgas, entonces la escuche murmurar:

—¡Pero cómo has crecido! …

Improvisamente sus movimientos se volvieron más lentos y no tan firmes, me estaba acariciando mis glúteos, esperé ansiosamente para ver si se acercaba al frente.     Finalmente sentí que la toalla pasaba entre mis piernas, tocaba mis testículos y envolvía mi verga.     Apreté los dientes.    Luego la siguió su mano, acarició mis bolas y una y otra vez agarró mi pene.     Esperaba no tener una erección tan pronto.     Pero así como había iniciado, de repente se separó de mí, le dio un tirón a la toalla y dijo sucintamente:

—Bueno … se hace tarde … así que vámonos …

Quedé un poco desconcertado y confundido, dada la situación no me quedó nada más que recoger mi toalla y seguirla de cerca.

 

Desayunamos charlando un poco de todo y riéndonos, recordando nuestras infancias y Esteban nos hablo algo de Iquique donde iríamos más tarde a efectuar compras.      A mitad de mañana Esteban nos transportó en ciudad, debo decir que me encantó la ciudad, el sector turístico, los diferentes locales comerciales en el paseo marítimo.     Claudia iba adelante con Sonya y le mostraba los diferentes locales, se detuvieron en una florería porque ella quería comprar algo para su jardín.     Después fue el turno de Sonya que arrastro a Claudia a una tienda de cosméticos para comprar algunas cremas y protector solar.     Nos detuvimos a almorzar en un local con vistas al océano, paseamos por la playa y luego fuimos al supermercado para la compra de vituallas frescas para la semana.

 

El sol comenzaba a ocultarse cuando iniciamos el regreso a casa.     Volvimos a la cabaña y me alegré de poder sentarme en un lugar familiar nuevamente.     A cena bebimos un par de botellas de vino, Claudia se entonó con el alcohol y comenzó a molestarme con preguntas capciosas sobre mi vida amorosa.

 

Ella quería saber si tenía novia o quizás alguien en mente y todo eso me molestaba, más que nada porque no sabía que contestarle.     ¿Qué podía decirle?    Que nunca he tenido sexo con una chica y que me pajeo de tres a cuatro veces al día.      Ciertamente no era algo que podía admitir delante de mis hermanas.

—¿Quién puede con nuestro hermanito? …

Dijo Sonya uniéndose a los comentarios y preguntas fastidiosas de Claudia.     Le hice cosquilla en su cintura a sabiendas que es particularmente cosquillosa en esa zona.     Sonya saltó como si hubiese sido picada por una alimaña y contra ataco haciéndome cosquillas.

 

Finalmente Esteban dijo que podríamos tomar un Jacuzzi para relajarnos antes de dormir, las chicas y yo estuvimos de acuerdo, me alegré de que cambiáramos la temática y comenzamos a prepararnos para el baño, solo Sonya estaba un poco indecisa, se levantó hablando con Claudia informándose de la vasca en cuestión.

 

El Jacuzzi era pequeño, había espacio para dos personas en cada uno de los lados enfrentados, pero había un buen aroma a sales de baño, muchas burbujas, un ambiente bien temperado y confortable.    Esteban y yo nos sentamos en un lado y las chicas se sentaron juntas frente a nosotros.

 

Para mí era una ocasión increíble, por primera vez tenía frente a mi a mis dos hermanas completamente desnudas, aproveché la oportunidad de comparar sus atributos.     Observé sus rostros y el primer punto lo asigné a Sonya, era la más bonita de las dos.     Claudia se veía anticuada con su peinado corto y simple, pero se veía mucho mejor que cuando se ponía esos horribles y gruesos anteojos.

 

Seguí recorriendo con mis vista más abajo, sus cuellos y sus senos brillaban de sudor, gotas caían desde sus pezones.     ¡Guau!, ambas eran formidables, Sonya tenía areolas más pequeñas, al igual que sus senos y Claudia le llevaba ventaja en tamaño y volumen de busto y sus pezones eran más grande y se notaban duros, ¿Será por el calor?, me pregunté.

Una persona en una playa

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Las diferencias no terminaban ahí, mirando entre sus piernas, Sonya tenía su coño con vellos bien cuidados y piernas depiladas, en cambio Claudia estaba completamente afeitada y también su pelvis ligeramente más estrecha y sus muslos muy firmes.     Las piernas de Sonya eran muy largas, pero más delgadas, su culo a forma de durazno maduro, mientras el trasero de Claudia podría describirse como más duro y firme.

—¿Y tú … que estas mirando? …

Una ligera patada a mi pierna y la voz chillona de Sonya me saco de mis agradables pensamientos.

—¡Y donde quieres que mire … al techo? …

Dije despreocupado tratando de salir de la embarazosa situación, pero no pude evitar de ruborizarme, espero lo hayan atribuido al calor del agua.     Miré a Esteban y este me sonrió cómplice y se puso a mirar al techo.     No dijo nada, pero me había dado cuenta de que él miraba a Sonya, algo le gustaba de ella.

 

Después del baño en común, a turno nos duchamos para refrescarnos y sacarnos los restos de jabón, y nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios, yo me acurruqué en mi saco de dormir en el zaguán, me quede dormido rápidamente. Esta vez no fue el frio a despertarme, sino algunos ruidos que no lograba definir su procedencia me tomaron algunos segundos despertarme del todo, luego presté atención y en el silencio de la oscura noche, volví escuchar unos gruñidos, gemidos, quejidos y lamentos, poco a poco aumentaron de intensidad y se hicieron más claros y fuertes.

 

Era evidente que provenían del dormitorio de Claudia y Esteban, alguien gemía allí.     Conocía muy bien ese tipo de ruido que me atraía mágicamente.

                                                      

Hace algunos años, unos sonidos semejantes llamaron mi atención, me fui a curiosear el origen de los ruidos y estos provenían del dormitorio de mis padres.     Sentí una imperiosa necesidad de saber la razón por la que ellos generaban este alboroto, que a ratos me parecía hasta violento, como si se estuvieran agrediendo.     Me acerque lo más posible a la puerta y trate de fisgonear hacia el interior de la habitación.

 

Sin saber como ni porque, algo instintivo, metí mi mano bajo los pantalones de mi pijama y aferrando mi polla que se había puesto dura, comencé a masturbarme.     El efecto inmediato de esa batahola fue que disparé mi semen inauditamente rápido, recuerdo de haber tenido un tremendo orgasmo.     Después de esa primera vez, mantuve una férrea vigilancia a mis padres para saber cuando ellos repetirían su encuentro, quería volver a escucharlos hacer el amor, a menudo me levantaba a escuchar cerca de su puerta, pero generalmente no sucedía nada.

 

Espiar a mis padres se convirtió en una adicción y Claudia me descubrió más de una vez haciéndolo, incluso una de esas veces me encontró con los pantalones a mis rodillas, afortunadamente me vio por detrás y en la penumbra de la noche no logró ver lo que estaba haciendo.     Me inventé algo relacionado a un supuesto sonambulismo, ella me miraba con suspicacia y por suerte no lo comentó con mis padres.

 

Después ella se mudó con Esteban y así yo tenía las noches libres, pero mi vigilia no satisfacía mi curiosidad y expectativas, mis padres hacían el amor solo tres o cuatro veces al mes y en horarios inesperados, por lo que me canse de seguir sus escasos encuentros.

 

Ahora me encontraba tratando de investigar los ruidos similares que están haciendo Claudia y Esteban.     Salí de mi saco de dormir y en punta de pie me desplacé por el porche.     Cuanto más me acercaba, más intensos parecían los sonidos.     La ventana estaba abierta, al parecer no habían pensado que yo estaba durmiendo en el exterior.     La más bulliciosa era Claudia que demostraba efusivamente su calentura con gemidos, quejidos y constantes grititos:

—¡Aaaahhhh! … ¡Oooohhhh! … ¡Siii! … ¡Aahaa! … ¡Aahaa! … ¡Más! …

Me quedé escuchando bajo el borde de la ventana, me hubiese gustado mirar hacia el interior de la habitación, pero ellos tenían encendida una tenue luz y me habrían descubierto, por lo que sinceramente no me atreví, así que me acomodé e imaginé lo que estaban haciendo mientras me masturbaba silenciosa y salvajemente.

—¡Ssssiiii! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Fóllame! … ¡Siii, fóllame! …  ¡Más fuerte, cariño! … ¡Umpf! … ¡Aahaa! … ¡Vengooo! … ¡Oh, Siii! … ¡Oh, Siii! …

Escuche a Claudia gemir sin aliento, la desvencijada cama crujía y chirriaba al ritmo de sus gemidos.      A mi me parecía estar allí entre ellos y mi imaginación volaba al igual que mi mano. También los gruñidos de Esteban eran audibles y yo me acercaba al culmine de mi pajeo tratando de no hacer ruido alguno.     Claudia fue la primera que se corrió y sus chillidos y gritos agudos la delataron.    Esto fue demasiado para mí, quise lanzar un alarido junto al semen que brotaba a borbotones de mí polla, pero solo abrí mi boca y me quedé boqueando, tratando de normalizar mi agitada respiración.     Estaba a punto de regresar a mi saco de dormir cuando los escuche hablar.

—Estabas inusualmente caliente, cariño … ¿Hay alguna razón? …

—¿Qué insinúas? …

—¿Tal vez nuestras visitas … quizás tu hermano? …

Presté atención, esto se ponía interesante, esperé ansiosamente la respuesta de mi hermana, pero ella no respondió, pero Esteban continuó:

—Él es muy guapo, joven y físicamente atractivo … puedo entenderlo … puede provocarte eróticamente pensar en él … aún siendo tu hermano …

—¿Y tu eso crees? …

—No lo sé, cariño … son cavilaciones … estoy fantaseando … suponiendo …

—Y si así fuera … ¿Te molestaría? …

—¡No! … no, tesoro … no me molestaría … lo entendería …

Inmediatamente Claudia fiel a sus convicciones, inició una perorata acerca de la hipocresía social:

—Esta asquerosa sociedad nos inculca convenciones arcaicas y códigos de conducta obsoletos … ¿quién determina lo que es decente? … ¿quién determina lo que es pervertido? … ¿Por qué dos seres humanos que se sienten atraídos no deberían tener relaciones sexuales? …

—Tienes razón, amorcito … ¡Amor libre para gente libre! … yo pienso del mismo modo … pero ¿qué pensará tu hermano? …

—No lo sabría decir … tengo la impresión de que es virgen … ¿podría ser eso un problema? …

Siguió una larga pausa, meditaban sobre el complejo tema, finalmente Claudia rompió el silencio.

—¡Sí!, tienes razón …

La voz de Claudia era clara, pero con un dejo de tristeza.    Yo ya había oído suficiente, así que me volví al abrigo de mi saco de dormir.

 

Bastante confundido, me arrastré silenciosamente de vuelta a mi sitio y me metí en mi saco de dormir.     Me costó una eternidad quedarme dormido mi cabeza era una vorágine de pensamientos.    ¿Habré escuchado bien? … ¿Habré entendido lo que quiso decir? … ¿Hablo Claudia acerca de tener sexo conmigo, su hermanito menor? … Nunca lo había pensado ni menos considerado.     Me había imaginado haciéndolo con Sonya, pero con Claudia no.     Quizás porque a Claudia no tuve la ocasión de verla tantas veces, mientras que a Sonya la veía todos los días.   Bueno, a partir de ahora eso cambiaba definitivamente.

 

La mañana siguiente me despertó Claudia, yo soñaba con ella teniendo sexo con varios hombres a la vez, la veía gozar como una puta caliente y yo me divertía a mirarla y a pajearme lujuriosamente.     Tardé unos segundos en reaccionar a la visión de ella desnuda e inclinada sobre mí instándome a acompañarla a nadar, recordé lo que había escuchado la noche anterior y me sentí azorado, confuso, pero recordando sus palabras de que era posible un encuentro cercano entre ella y yo, me puso caliente y mi pene se endureció.     Un poco avergonzado y asustado rechacé su invitación.

 

Me miró un poco decepcionada, pero igualmente me sonrió y me dio una caricia a mis cabellos, luego alzándose continuo su caminar hacia el mar.     La vi caminar sobre la arena amarilla, su trasero era fabuloso y firme, con esos glúteos que subían y bajaban alternadamente mientras ella se desplazaba ligera como una gacela, le di una buena refregada a mi erección con mis ojos pegados a esa deliciosa vista, inmediatamente me arrepentí de no haber ido con ella.

 

Como era domingo no había nada especial planeado, así que se decidió de disfrutar del mar y el sol.     Después de almuerzo, sin una planificación previa, cada uno de nosotros se fue hacia el mar cuando lo estimó conveniente.     Creía de haber sido el primero en llegar a orillas de la playa, pero Sonya ya estaba allí, se había quitado la parte superior de su bikini y lucía sus hermosos senos brillantes de protector solar, sin quitar mis ojos de admiración a su belleza, extendí mi toalla a su lado.     Luego de carrera me di un ostentoso piquero en las frías aguas, necesitaba refrescarme.

 

Cuando volví, Sonya todavía dormitaba boca arriba, no pude resistirme y me sacudí sobre sus tetas para mojarla, se despertó de sobresalto:

—¡Idiota! … ¿Qué haces? … mejor ven y frótame la espalda …

Estiró su brazo que sostenía el protector solar y se puso boca abajo.     Sus pechos desnudos desaparecieron, consternado me arrodille para espalmarle el aceite protector, entonces me enteré de la vista de sus glúteos firmes y redondos eran tan eróticos como mirar sus senos, me anime otra vez y comencé a dar una vigorosa friega a su espalda.

—¡Ouch! … no tan duro …

Se quejó Sonya cuando friccioné sobre sus omoplatos, encontré una dureza y masajee acuciosamente hasta que sentí que esa especie de burujo se disolvía bajo mis dedos

—¿Qué hiciste? … Me has quitado un dolor que me aquejaba desde hace días … ¡Mmmmmm! …

Dijo Sonya moviendo su espalda aliviada, su piel era suave y tibia, le dije:

—Creo que te hace falta un buen masaje, chica …

Sonya se estremeció cuando sintió mi bañador mojado sobre sus muslos, inmediatamente reaccionó:

—¡Hey! … ¿Qué haces! … ¿Cuándo que aprendiste a dar masajes? … No puedes hacer nada de eso …

—¡Por supuesto que sé! … ¡Lo he hecho varias veces! … ¡Solo relájate! …

Era una gran mentira, pero cuando se trata de conseguir un objetivo tan codiciado como el trasero de mi hermana, todo está permitido.     Sonya me miró con suspicacia, pero luego se tumbo y me dejó hacerlo.     Me eché abundante protector solar en las manos y comencé a sobajear su afelpada tez alrededor de sus omoplatos.     Trataba de hacerlo en modo experto y profesional y para asegurarme que ella lo disfrutaba, le pregunté:

—¿Estás bien? …

—¡Mmmmmm! … ¡Siii! …

Sonreí complacido, Sonya parecía disfrutar mi masaje, esto para mi fue suficiente incentivo para seguir probando mis habilidades recién descubiertas en su cuerpo caliente.     No quería que ella se diera cuenta de que la estaba toqueteando, así que use abundante protector solar hasta que llegué al borde de la parte inferior de su bikini que venía moldeado por sus redondas nalgas.    Sin duda su hermoso culo era más grande y torneado que el de Claudia, y esto lo hacía más atractivo para mí.     Inexplicablemente sentí un poderoso impulso de tocar, lamer y morder esas nalgas esplendidas, haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad pude contenerme.     De todas maneras mis dedos se deslizaron bajo el genero de su bikini, ella no se movió y pensé que se había quedado dormida, pero de repente:

—¡Mmmmmm! … ¡No pares! …

Dijo Sonya casi en un somnoliento ronroneo.

—¡Está bien! … ¡Cómo desees! …

Bajé un poco más su bikini y masajee su estrecha cintura y más bajo aún, llegando a la hendedura que divide sus nalgas.     Solo la vista parcial de esos blancos y redondos glúteos me hicieron sentir un estremecimiento general.     Mis manos se pusieron un poco torpes y temblorosas, uno de mis pulgares se perdió accidentalmente en esa grieta oscura, entonces sentí que ella tiraba su culito hacia arriba y hacia atrás y comenzó a rotarlo, me pareció sentirla gemir imperceptiblemente.     Como ella es cosquillosa, pensé que estaba sintiendo cosquillas, pero ella no trato de escapar como otras veces, volví a sentir sus gemidos más audibles.

 

Mis manos se deslizaron nuevamente en esa hendedura mágica y ella nuevamente comenzó a rotar su trasero moviéndolo suavemente arriba abajo.    Estaba tan absorto en mi “trabajo” que no me di cuenta de que no estábamos solos.

—¡Oh!, no molestamos ¿verdad? …

 Dijo Claudia que había llegado en compañía de Esteban.     Su voz me sonó un poco extrañamente irónica.    ¿Será envidia?    Me gire y la vi a ella, ambos estaban en traje de baño.     Claudia volvió a tener ese brillo en sus ojos.    ¿Serán celos?      Me sentí un tanto molesto por no haber notado que ellos se acercaban, en algún modo me sentí sorprendido haciendo algo indebido. Rápidamente me bajé de mi hermana y me acosté en mi toalla.

—No … no molestas … estaba solo poniendo un poco de protector en la espalda de Sonya …

Traté de sonar lo más impersonal e inofensivo posible.     Al parecer también Sonya se sintió atrapada, porque rápidamente se subió el traje de baño y se sentó con sus rodillas plegadas cubriendo sus senos.

—Bueno … vinimos con Esteban a disfrutar un poco del mar …

Dijo Claudia y todavía su voz tenía un extraño dejo de suspicacia, no cesaba de mirar alternadamente a mí y a Sonya.     Luego pasó junto a Sonya y estiró su manta grande justo a mi lado.     Ella y esteban se sentaron ahí.

—Y también trajimos algo de beber …

Dijo en un tono liberal y desinteresado, más normal que antes.    Yo tomé la botella de agua y di un largo trago.     Claudia un poco indecisa dijo:

—Yo y Esteban solemos prender el sol totalmente desnudos … ¿Les molesta si lo hacemos ahora mismo? …

Casi me atraganto mientras bebía, pero rápidamente negué con mi cabeza.     Sonya dijo no tener objeciones y rápidamente Claudia y Esteban se quitaron sus trajes de baño.     Claudia me miró y dijo:

—Está muy fuerte el sol y tú no te has aplicado loción bronceadora …

Sin esperar una respuesta de mi parte, derramó abundante líquido en mi espalda y comenzó a frotarme en forma ligeramente ruda, sus manos se movían en forma experta, vi sus grandes tetas que se mecían sobre mi espalda, y la incipiente erección que había tenido masajeando a Sonya, rápidamente se transformo en un endurecido pene, dolorosamente le hice un hueco en la arena.

 

Cuando finalmente terminó, me dio una palmada en el trasero y se volvió hacia Esteban, que también estaba desnudo sobre la manta.     Lo miré y lo vi bastante atlético y en forma dada su edad, era velludo en el pecho y estómago, un poco menos en las piernas, curiosamente su polla se mantenía en descanso, ¡Dios! … ¡Como puede mantener ese control!   Debe ser un extraterrestre, pensé.

 

Lo vi que comenzaba a espalmar protector en el cuerpo de Claudia, lo hacía calmadamente y con deleite, Claudia gemía bajo sus manos que viajaban por todo su cuerpo.    Me pareció de recordar los sonidos de la noche anterior y mi verga se puso más dura todavía.     Sonya miraba con embeleso a ambos.   Mis ojos se encontraron con los suyos y pude ver algo en esa mirada que no supe explicar ni interpretar.     No era el brillo de los ojos de Claudia, sino algo más enigmático y misterioso.

 

Descansamos toda la tarde, luego cenamos con abundante vino y mientras Esteban y yo recogíamos la vajilla, Claudia fue a su cuarto a buscar su guitarra.      Estuvimos cantando y bebiendo hasta tarde.     Esteban bostezaba cansado.     Pero Sonya no estaba cansada, parecía un poco caneca por el vino bebido, dijo tener miedo a la obscuridad en solitario y nos pidió de acompañarla a la playa.     Tanta obscuridad no había, sino una luna llena brillante y esplendente.   Finalmente Claudia estuvo de acuerdo y decidimos acompañarla.     Solo Esteban dijo no tener más energías y se fue a dormir.     La tarde estaba cálida o quizás era el vino que me mantenía acalorado, también el alcohol me hacía sentir bastante confuso y ansioso por refrescarme en el mar.      Por supuesto nadie se preocupo de cambiarse sus ropas y vestir traje de baño.

 

Mis hermanas comenzaron rápidamente a desnudarse, luego se metieron en el agua salpicándose mientras reían y chillaban.     Una vez más mi pene reaccionó ante sus exuberantes formas.     Se podía ver bastante bien con la luminosidad proporcionada por la luna llena.     Esperé que se alejaran un poco y entonces me desnudé y nade al lado de ellas.    

 

 

El mar estaba agradable y mucho más cálido que a primera hora de la mañana.     Primero, me alejé de mis dos hermanas y nadé un poco más mar adentro hasta que mis hormonas se calmaron nuevamente.      Cuando miré hacia atrás, apenas quedaba nada de la playa.     Incluso la risa y las risitas de mis hermanas solo se podían escuchar desde lejos, así que me di la vuelta y me dirigí hacia las dos.

 

Las escuché llamar mi nombre varias veces.     Deben estar preguntándote dónde estoy ahora.     Poco antes de la meta respiré hondo, me sumergí en el agua y salí justo entremedio de las dos.     Sonya me soltó un grito de sobresalto y me reprendió enojada sobre dónde había estado, mientras que Claudia, visiblemente aliviada, dijo que estaban preocupadas.

—Solo estuve nadando un rato …

Respondí despreocupado, me sumergí de nuevo y agarré las piernas de Claudia debajo del agua.    Retorciéndose salvajemente, se apartó de mí, así que me volví hacia Sonya, metí la cabeza justo entre sus piernas y la empujé hacia arriba.     Estaba tan sorprendida que cayó de espaldas al agua.

 

 

(Continuará) …

 

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