Otro

La máquina de decir mentiras

0
Please log in or register to do it.

Escribí esto hace unos 4 años (circa 2019), años edspués, de la así llamada «pandemia», la gente desengañada del sistema citó a George Orwell y su obra 1984, con el dogma de «2+2=5». Lo enseñan y repiten en todas partes hasta que se vuelve verdad. Ayer re-leí mi propio libro y me topé con sorpresa que dije lo mismo, aunque nunca había leído a Orwell ni a Huxley.

No me acordaba de haber escrito esto y me complace haber detectado lo mismo que Orwell y otros. Se los comparto:

Capítulo 30 – La máquina de decir mentiras

—Mi tía era una de esas personas —señaló Lorenzana R Elizondo.
—de… ¿las que no reflejan nada? —preguntó el periodista, un poco inseguro. Pero le estaba yendo bien en su entrevista, pues acababa de acertar.
—Correcto. Suelen llamarlos de muchas maneras, narcisistas, megalómanos o, a los peores, psicópatas. Pero yo me limito a llamarlos así. “Personas que…
—…no reflejan nada” —completó el periodista—: Gente que absorbe toda la luz, como un agujero negro y así…
—¡No refleja nada! —confirmó ella.
—…No refleja nada y sí se ven reflejados en todo, por lo que el universo para ellos consiste en sí mismos.
—Más claro que el agua —concluyó lorenzana, despejando la nada con sus manos.
Samuel Arenas Fonseca esgrimió un libro y lo mostró a la cámara haciendo un gesto de impresión. Entonces habló a la cámara:
—“Huytaka la libertadora”, un libro que nació de los sueños de una mujer que se califica a sí misma como ‘mujer cristal’, y que tiene un pasado doloroso —volvió a verla— aunque, debo decirlo, me complace mucho tenerla aquí ¡sonriendo de esa manera! —la señaló—. Cuando regresemos, nos contará qué —volvió a dirigirse a ella— fue lo que le hizo su tía que usted terminó agradeciendo.
La sonrisa de Lorenzana ya se había convertido en risa y con las manos unidas respondió:
—¡Por supuesto que sí!
—¡Ya regresamos! —anunció Samuel a la audiencia, como si lanzara un objeto a la lente de la cámara.
—Pausa de tres minutos —advirtió el director.
Samuel se sentó en el borde de su silla y le habló claro a su invitada:
—Lorenzana, el público no lo sabe aún, pero me late tocar el tema.
—Lo sé, hazlo
—¿Puedes desenvolverte?
—Sin el menor problema.
—Probemos —se ajustó la corbata—: Lorenzana, una de las enseñanzas más importantes que quieres dejarle a la gente, es que no crea en la televisión. Pero estás aquí dando el mensaje, en ¡te-le-vi-sión! A mí particularmente me suena contradictorio. ¿Qué piensas tú?
Lorenzana aclaró la garganta, sacó el pecho y se acomodó la elegante vena cana de su cortina de pelo negro.
—Mi intención es muy ambiciosa. No pretendo destruir la televisión, sino que en ella empiece a decirse la verdad. Lo que sospecho con mucho pesar es que para la T.V., decir la verdad y destruirse, sean la misma cosa.
Samuel se quedó de una pieza y después de parpadear, respondió:
—¡wow!¡WOW chiquita! Nada más no vayas a destruir mi programa ¿eh?
Ambos rieron.
El director volvió a vociferar:
—Grabando en tres, dos…
—Lorenzana R Elizondo —dijo Samuel— y este libro que está causando sopor en la academia y la antropología. Lorenzana, ibas a contarnos qué fue eso que te hizo tu tía, para… sacudir —interpretó la sacudida con sus manos— tu sistema nervioso y que fueras capaz de ver las mentiras en todas partes.
Lorenzana exhaló y levantó sus manos para graficar sus palabras:
—Mi tía era una persona con cierto grado de trastorno obsesivo compulsivo. Era de esas que, si conversas con ella —elevó sus ojos hacia la derecha—, te repite las ideas una y otra vez.
—¿Cómo es eso? —cuestionó Fonseca.
—A ver, hagamos una suposición.
—¡Claro! —se acomodó en su asiento
—Voy a contarte cómo fue mi mañana —propuso ella.
—¡Adelante!
—Cuando salí de casa, me encontré con este vecino que tengo, que es un pesado… y no te la acabas, que me ve y luego se pone a cantar. Sí, me vio y ahí merito se puso a cantar. A cantar… luego luego me vio. Sí, a cantar.
—Umm, ya veo, como si no entendieras —celebró Samuel.
—Si, repite pero es más que todo para escucharse, para asegurarse que lo dijo todo clarito. Y no solo en la misma conversación, sino día tras día.
—O sea que, el que no se entiende es él mismo.
—Más o menos. Una obsesión compulsiva por tener la razón, así que para no arriesgarse, habla permanentemente consigo mismo.
Samuel exclamó una sonora vocalización de entendimiento.
—Estas personas —siguió ella— pueden comer algo que les guste hasta enfermarse, usar los aparatos única y exclusivamente a toda potencia…
—Uhy, que bárbaro.
—…Toda la velocidad, todo el volumen, la máxima temperatura… en fin. O si le duele la cabeza y se toma un analgésico y no le quita el dolor, pues se toma diez a ver si tampoco. Pues mi tía, era T.O.C. ¿Qué te parece? Y odiaba a los niños, o a los dibujos animados, o a ambos…
—¿Qué te hizo tu tía?
—Llevaba varios días prohibiéndome que viera las caricaturas ¿no? Le ofendía llegar de trabajar y…
—¿Cuántos años tenías? —quiso saber él.
—Seis.
—Seis años —repitió él.
—…Le ofendía llegar de trabajar y encontrarme viendo la vaca y el pollito, o las chicas super-poderosas o este… Johnny Bravo. Como no le funcionó insultarme, o esconderme el control del T.V. porque yo siempre lo encontraba, adivina qué hizo. Para borrarme toda la podredumbre de las caricaturas —dibujó un círculo frente a su cara con su palma— me dejó encerrada en su habitación una noche entera, con el T.V. encendido en C.N.N., así no más, sin control remoto…
—Pero tú la habrías podido apagar… —razonó él.
Lorenzana se sentó en la orilla de la silla y aclaró:
—Le pegó este… así como hacen en los restaurantes…
—¡Suspendió los botones con una placa, a poco!
—¡Con superpegante! —añadió ella.
—No me digas —se lamentó él.
—Y claro, tampoco lo podía desconectar porque el aparato estaba empotrado y altísimo. Y obvio, yo no tenía acceso al switch de la electricidad. Me dejó 11 horas ahí metida, a mis seis años, viendo C.N.N. a buen volumen.
—Te torturó —cometó Fonseca—. Pues, con el debido respeto a la cadena de noticias, pero no es apto para una niña de seis años, ver once horas de programación.
—Con su respectiva pauta publicitaria. Conclusión: quedé odiando la T.V. —puso sus manos en posición de oración—: Buen trabajo, tía…
Hizo reír a todos.
—Tú argumentas —retomó Samuel— que después de esa penosa experiencia, se te metió tanto en la mente el lenguaje periodístico y toda esta… parafernalia mediática, que quedaste… experta en detectar las mentiras que dice la televisión.
—Yo no lo habría dicho mejor.
—Varios estudiosos e intelectuales han descrito lo mismo que tú, solo que tú lo aprendiste de una experiencia tortuosa de tu niñez. Háblanos un poco de eso que aprendiste… Ah, porque, antes del programa —se dirigió a la cámara—, ella nos contó, que desde esa noche, no volvió a ver un solo noticiero. Lleva…
—22 años —aportó ella
—¡22 años sin ver noticias!
—a ti Samuel y a mucha gente en el público debe parecerle imposible y escandaloso. Como si dijera ¡22 años sin tomar agua! Y ese es precisamente el problema, Samuel. Que la gente ha permitido que los medios de comunicación se vuelvan para ellos como agua para vivir.
Samuel lazó una mirada hacia la cámara, abriendo los ojos hasta mostrar en interior de los párpados y presionó la mandíbula hasta pegarla al cuello.
—¿Qué fue lo que aprendiste? —quiso saber el periodista.
—Al principio fue mera intuición ¿sabes? Y a medida que fui creciendo, me mantuve alejada de las noticias porque me producían animadversión.
—Claro.
—Y pues, como vives con gente ¿no? Y ellas ven noticias y están al pendiente, pues yo seguía teniendo un mínimo contacto, indirecto e involuntario, con los noticieros. Y fue como terminé analizando todo y descubriendo que la T.V. es —hizo un ademán de 0k— por excelencia, la máquina de decir mentiras.
—¿Cómo funciona?
—Control mental. Similar a la hipnosis.
—¿Como un camafeo o un medallón que va de aquí para allá?
—Como un péndulo, sí, puede decirse. Verás, Samuel, voy a hablarte de algunos de los elementos que tiene el formato audiovisual y de los que hablo en “Huytaka la libertadora”.
—Por supuesto, esta es tu noche.
—Primer elemento: la repetición. La T.V. es obsesivo compulsiva. Dime algo Samuel ¿de qué color es el cielo?
—Azul
—Azul, concuerdo. Pero si la T.V. quisiera que la gente creyera que el cielo es verde, haría su trabajo perfectamente…
—Repitiendo —propuso él.
—Repitiendo, sí, hasta la locura, que el cielo es verde. En noticias, comerciales, películas, series de T.V. e internet, haciendo que estrellas de cine e influenciadores —hizo señal de comillas— lo confirmen…
—Y no parando de repetirlo por…
—…el tiempo que sea necesario. Si es necesaria la perpetuidad, pues a perpetuidad. La T.V. puede, escúchame bien, Samuel, hacer creer lo que sea, LO QUE SEA, a la gente.
—En palabras tuyas —volvió a mostrar el libro— si quisieran que el cielo fuera verde, no habría que hacerle nada al cielo, sino al concepto de verde (y azul) en la cabeza de la gente.
—¡Correcto! —celebró ella— se nota que leíste.
—¿Qué más?
—Las cifras —respondió ella rápidamente.
—¿Cómo las cifras?
—A ver —se acomodó en la silla— ¿Sabes cuántas mujeres están siendo golpeadas mientras hablamos?
Samuel no pudo más que descansar su boca sobre el dorso de sus dedos.
—¿Cuántas? —preguntó al fin.
—No sé. Nadie lo sabe. Pero asíngnale un número a esa cuestión y úsalo. Y auméntalo mañana y más todavía pasado mañana.
Samuel asintió con una cuota de vergüenza.
—Dime una noticia, cualquiera —lo retó ella.
—Eh… un avión cae…
—150 pasajeros —interrumpió ella—, 150 muertos. 200,000 litros de combustible. Llamas de 2,000 grados centígrados. 500 millones de dólares. 600 personas lloran a algún desaparecido. Restos del avión a 50Km… otra noticia.
—Escapa un animal de un zoológico.
—Trepó una cerca de 10m, un animal que pesa 250Kg. El responsable tenía trabajando en el zoológico 6 años… no, mejor… 6 por 2… ¡72 meses! Otra…
—El ayuntamiento de Sonora aprobó la creación de una sección para adultos en la biblio.. está bien, ya, me rindo. Todo se puede condimentar con cifras —asintió Samuel.
—Y con sensiblería —anotó ella.
—¿Cómo es eso?
—Volvamos a la noticia del avión. ¿Cuántos muertos dije?
—150 —respondió Samuel.
—Ya no digamos 150 muertos, digamos 150 familias deshechas.
—Se ve que hiciste tu tarea —dijo él, asombrado.
—Y hay más elementos —anunció Loenzana.
—A ver.
—La extra-polación.
—¿En qué consiste?
—Volvamos a lo del cielo verde. El cielo verde, ya no será una noticia por sí sola, sino una ‘realidad’ —volvió a hacer el gesto de las comillas— que compete a todas las noticias. La guerra: Bajo el verde cielo de tal nación. La ciencia: ‘Siempre hay algo nuevo qué descubrir entre el verde cielo y la tierra…’
Samuel se rió.
—Farándula: La chica sexy de turno nos comparte unos tips de bronceado… y si aparece bajo un cielo azul, dicen que es verde. Comerciales: El cielo está más verde que nunca: Sal a pasear y mantente sano.
—Me temo que aquella gente que nunca se despega de la T.V. estaría perdida —comentó Samuel.
—Hip-no-ti-za-da, o bajo control mental. Pero te digo algo, algo que la intuición enseña: Cuando algo es de verdad, no se necesita propaganda.
—Un último elemento, por ahora —solicitó él.
—Física manipulación. Supón que por esta entrevista te ganes enemigos en otra cadena.
Samuel soltó la risa.
—¿Sabes una de las cosas que harían? —siguió ella—. Tomar el video de esta entrevista y de ahí en adelante todo video en el que aparezcas, examinar frame por frame y encontrar ese donde sales con un ojo cerrado y los labios en una posición muy rara, para ponerlo como foto bajo un titular que diga “Samuel Arenas finalmente pierde el juicio”.
—¡Ya puedo verlo! —se burló él.
—Eso lo han hecho y lo seguirán haciendo con personas públicas que no se apeguen al mainstream. Samuel, los medios pueden quitar y poner presidentes, si quieren. Y no solo presidentes, sino tendencias, paradigmas, la idea de lo correcto y lo incorrecto, lo profano y lo sagrado, maldecir unos vicios y condenar a los viciosos pero bendecir otros y enaltecer a sus adictos. Monstrificar lo normal y normalizar lo monstruoso. Crear un enemigo público para manipular la opinión o distraer la atención.
Samuel Arenas no disimuló su cara de estupefacción.
—Esto me lleva directamente a la parte más polémica de tu libro —dijo Samuel.
Lorenzana asintió con vehemencia.
—Pones la leyenda Muisca de Huitaca —siguió él— para ilustrar cómo una mentira puede sobrevivir por tanto tiempo y ser tan ampliamente creída que simplemente se vuelve una verdad sa-gra-da.
—Sagrada, sí. Si manifiestas no apegarte a su sacralidad, te las verás con el mundo —añadió ella.
—Pues, mi Querida Lorenzana, eso es justo a lo que vas a enfrentarte y me temo, un poco también yo por el solo hecho de entrevistarte. Pero para mí, sin necesidad de ser partidario o no de tus ideas, lo primero es la libertad de tener una idea y expresarla.
Lorenzana hizo una venia.
—Ninguna editorial —siguió él— entiendo, quiso tu libro, así que te volviste tu propia editorial.
—Correcto.
—Y así como has conseguido una acogida enorme del público, también has conseguido que te amenacen.
—…te las verás con el mundo.. —repitió ella.
—Y según tú, es a causa de ése, el punto más álgido de la narrativa de tu obra. Un conteo —se dirigió a la cámara— de episodios de la historia que marca como ‘mentiras’ y que ahora son historia falsa pero sagrada para la gente. Y la que más ha resultado escabrosa para el público… —esperó a que ella completara y terminaron hablando al tiempo:
—La historia del siglo XX…
—La historia del siglo XX, enfatizando en la segunda guerra.
—Pensemos en Hidalgo y Costilla por un momento. ¿Quién es él? —inquirió ella.
—El padre de la Patria —estableció él.
—Correcto. Advierto que no quiero herir sensibilidades con esto ¿eh? De hecho, todo mi libro es un choque a lo que la gente da por verdad intocable… este… él es considerado el Padre de la Patria por la gente que vive en esta realidad específica. Pero imagina por un momento que, nunca se hubiera logrado desterrar a la corona española de México. La historia registrada, la que se les enseña a los chavos en los colegios y la de los libros, no sería la misma…
—Por su puesto que no, la historia la escriben los que ganan las guerras —admitió él.
—Y en ese escenario hipotético, Miguel Hidalgo y Costilla no sería un héroe sino un legendario criminal de la historia y el Grito de Dolores su macabra obra.
Samuel tuvo que dejar escapar el aire que tenía.
—O Simón Bolivar —añadió ella—, no sería un héroe Libertador para cinco naciones, sino un monstruoso criminal, si no hubiera ganado, puesto que la historia la habría escrito España y no esas naciones independientes.
—Y ese mismo razonamiento —comentó Fonseca— puede aplicarse a todos los que creamos, por dogma educativo, que son, bien sea héroes o monstruos.
Hubo un segundo de silencio.
—Fuerte, Lorenzana —resopló Fonseca.
—Lo sé.
Luego Samuel hizo la última pregunta, la que habían ensayado y, después de eso, la conclusión:
—Querida Lorenzana: Yo he estudiado y trabajado en comunicación y medios por unos veinte años y creo que esta ha sido la cátedra más impresionante a la que he asistido. Gracias.
—¡No…! Como crees, gracias a ti Samuel.
Él volvió a levantar el pequeño libro que tenía en la caratula la imagen de una lechuza humanoide.
—Ya saben —se dirigió a la cámara—: Siempre hay una manera diferente de ver la realidad. Palabras de una mujer que así lo hace, debido a que es, ella lo dice, una starseed. Recuerden: Pensar no duele. No se vayan que ¡seguimos con más…!
El director hizo una señal y la banda en el estudio empezó a tocar. El locutor del programa, con un efecto ligero de reverberación, habló encima de la música:
A continuación, los expertos invitados a Súper Noche, nos darán su opinión sobre la técnica que ya es furor en Estados Unidos para incrementar el nivel de oxígeno atmosférico: Las controvertidas plantas mutantes. ¿Son seguras? ¿Son efectivas? ¿Son costosas? Lo que quieran preguntar, escriban con el hashtag…

______

Capítulo 30 de Huytaka – El despertar de Soracá

https://lektu-p.fra1.cdn.digitaloceanspaces.com/assets/u/2j/huytaka_el_despertar_de_soraca_16644_qqKO7T2j.jpg

 

Carolina y su familia. - Quinta Parte.
vecina casada 6: lujuria y faustino

Nadie le ha dado "Me Gusta". ¡Sé el primero!