Zoofilia

¡Quien podría habérselo imaginado!

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Nunca había escuchado ni siquiera el termino, “Bestialidad”.      No sabía ni imaginaba algo de ese tipo.      Que una mujer pudiese meterse en ese tipo de practicas jamás se me pasó por la mente.     Que hubiese personas que practicaran esta parafilia tampoco era de mi conocimiento.     Que hubiese relatos, videos y fotos sobre esta perversión, no era algo que hubiese escuchado al respecto.     Ni menos sabía como podía hacerse, quizás teniendo una mascota propia.     Quizás había lugares o personas que facilitaran a animales entrenados a aparearse con humanos.

 

Todo sucedió sorpresiva y repentinamente sin que tuviéramos un real propósito de experimentar algo tan bizarro como la zoofilia.       Me llamo Tomás y mi esposa Laura, cinco años de casados y los hechos se sucedieron rápidamente más o menos así:

 

Éramos bastante conservadores en lo sexual.     Ambos llegamos vírgenes al matrimonio, nos conocíamos desde niños.      Como dije, tuvimos sexo solo después de casarnos.      Al principio la inexperiencia era algo que nos llevaba a descubrir hermosas cosas tanto en mí como en ella.     El primer coito fue de lo más normal, por lo menos en lo que a mi respecta, pero ella experimentaba anorgasmia.      Tenía deseos, las ganas no le faltaban, pero no lograba alcanzar un orgasmo.      Lo habíamos conversado muchas veces y habíamos hecho todo tipo de experimento.     Al año de casados la sorprendí masturbándose.      No sabía que también las mujeres pudiesen hacerlo, pensaba que era solo un impulso masculino.      Pero me la encontré allí en nuestro lecho matrimonial desnuda y tocándose.     Cuando me vio se sintió apesadumbrada y yo estaba atónito.    Fue tan fuerte la impresión, que por varios días tratamos de obviar el hecho de que había sucedido, pero finalmente le pregunté por qué lo estaba haciendo.

 

Laura se desahogo y comenzó a decirme todo.     Me dijo que en su trabajo sus compañeras comentaban como eran excitadas por sus maridos que las toqueteaban por todos lados y les practicaban sexo oral.      Ni yo ni ella lo habíamos experimentado.     El amor nuestro. era enorme y nos armamos de paciencia, y dedujimos que necesitábamos información al respecto.      Nos fuimos a Google.      Había bastante literatura de sexo a nivel de sexólogos, pero para nosotros era difícil imaginarnos algunas de las cosas de las cuales hablaban.      Hasta que nos topamos con un sitio porno ¡¡¡Mi Dios!!!, nos percatamos de las cosas que pueden hacer hombre y mujeres, parecía algo irreal, perverso.      Hombres chupando las vaginas de mujeres, mujeres chupando el pene de uno o más hombres, mujeres lamiendo vaginas y culos, mujeres permitiendo actos anales, hombres chupando órganos masculinos de otros hombres, algunos dejándose sodomizar ¡¡¡Aberrante!!! Se me revolvió el estómago al ver ciertas cosas.      Pero estaba en riesgo mi matrimonio, así que hice de tripas corazón y continué a mirar todos esos desatinos morales.       Me sentía compungido y decepcionado, pero a hombres y mujeres parecía gustarles lo que hacían.      Laura me miró y me dijo que de ninguna manera ella se iba a llevar a la boca mi pija.      Yo le dije que podría intentar de lamer su vagina, ver el sabor y que se sentía al hacerlo, ella me miró inquisitivamente, nunca me había mirado así, pero yo insistí y dije que deberíamos probarlo para mejorar nuestras relaciones sexuales, a todo esto, inexplicablemente mi pene se había alzado y endurecido como un garrote.    Para iniciar las pruebas nos fuimos a nuestro dormitorio.

 

Una vez allí ambos nos desnudamos, con cierta cautela y vacilación me coloqué entre las piernas de mi mujer, su coño peludo inspiraba respeto, primero olisqueé toda su entrepierna, los pelos de su vulva hicieron cosquillas a mi nariz, cuidadosamente separé los labios de su vagina, me pareció bastante húmeda.      Tentativamente comencé a lamer la jugosa carne rosácea de su vagina, Laura comenzó a gemir, la sentía quejarse y chillar igual que las perversas mujeres de los videos, pero verla con los ojos cerrados y una cara de puro éxtasis, fue algo que me marcó.     Probé entonces a lengüetear su monte de venus y su clítoris, fue allí donde me agarro de mis cabellos y me empujo con fuerza inaudita contra su encharcada vagina.      Verla así enardecida, me produjo una erección salvaje, nunca la había escuchado gritar y gemir y llamar mi nombre, me sentía realmente otro, de repente comenzó a convulsionar y a retorcerse y me pidió que me detuviera, pensé de haberlo hecho mal, quizás que le ocurrió, me preocupé.     Estaba temblando, pensé que esa tarde terminaríamos en la urgencia de algún hospital, pero no, me rogó que la montara.    Fue increíble.

 

No me costo mucho alcanzar mi clímax y eyaculé dentro de ella.      Descansamos abrazados y acariciándonos, me parecía como si nos hubiésemos casado el día anterior, ella al cabo de un rato me pidió que volviéramos a hacerlo y lo hicimos.    Después de una hora lo volvimos hacer.      Era todo diferente y nuevo para nosotros, estaba feliz de lograr que mi mujer se corriera conmigo y a su vez que me hiciera acabar en su estrecha vagina.

 

Estuvimos casi dos semanas haciéndolo de esa manera, pero solo yo le practicaba sexo oral, ella a mi no me lo hacía.     Entonces una tarde le pedí que me lo hiciera, me miró como si estuviese mirando al más degenerado de los hombres, no se resignaba a rebajarse a ese nivel, pero finalmente accedió.     Sentir su maravillosa boca en mi pija fue todo un descubrimiento, tuve que darle un saco de instrucciones para que no lastimara mi pene, pues tendía a morderme.     Pero al final logré que ella aprendiera a mamarme, cuando le avise de que estaba a punto de correrme, me dijo que de ninguna manera me dejaría correrme en su boca y me pajeo apuntando mi pene a mi propio cuerpo, no estaba feliz de que lo hubiera hecho así, pero me sentí satisfecho de que habíamos avanzado un poquito más en nuestra relación matrimonial y afectuosa.

 

Fue por ese entonces que mi suegro nos regalo un perro Pastor Alemán de un año.      Para la seguridad de la casa dijo.      Pero también nos ayudaba a conservar nuestra forma física, ya que había que sacarlo a pasear al parque cercano y aprovechábamos de trotar y hacer ejercicios.   Le llamamos Manu.      Era muy amistoso.      Mi suegro dijo de que estaba entero y que si queríamos él podría llevarlo al veterinario para que lo operase.      Mi mujer se opuso inmediatamente por razones humanitarias, dijo que él animal debía mantener su integridad, y se quedaría tal cual estaba, que nadie se atreviera a mutilarlo.      Yo no veía la diferencia en eso y me puse del lado de mi mujer.       Mi suegro respeto la voluntad de su hija y no insistió.

 

El lugar de Manu fue nuestro patio trasero.      Le hicimos construir una casita de perro, le pusimos unas mantas y colchoneta para que estuviera cómodo y abrigado.      Le compramos un plato de plástico grande para su alimento y una escudilla proporcional para el agua.     Laura no lo quería en casa, porque dañaría nuestros muebles.

 

Tanto yo como mi señora trabajábamos en horarios normales y Manu se alegraba y nos hacía fiesta cuando regresábamos a casa.      Lo llevábamos a trotar al parque donde corría y jugaba con otros animales, para luego regresar a casa y alimentarlo.     Todo andaba bien, éramos una gran familia organizada y feliz.

 

Laura y yo nos habíamos poco a poco relajado en cuanto a nuestra sexualidad.     Teníamos la pornografía para estimularnos.      Ya no lo hacíamos solo a lo misionero.     Laura había querido experimentar a lo vaquera.      Yo me recostaba en la cama y ella montaba mi pija.      También habíamos aprendido palabras nuevas para designar nuestros órganos sexuales.      Yo lamía su chocho, estimulaba su concha o masturbaba su panocha.     Ella chupaba mi verga, toqueteaba mi polla o le daba besitos a mi pija.      Una tarde probamos a lo perrito y a Laura le encanto tanto que los días siguientes, lo adoptamos como nuestra posición favorita, mientras yo la follaba desde atrás, ella frotaba su clítoris y nos corríamos casi al mismo tiempo.     Probamos un delicioso sesenta y nueve, al principio mi mujer no lo entendía y lanzo una carcajada contagiosa cuando se dio cuenta el porqué del nombre.

 

Pero vamos al asunto que nos convoca.      Me recuerdo como si fuera ayer.      Era de invierno y el clima era bastante amenazador, había en la lejanía ruidos de truenos y relámpagos.     Regresamos del parque con Manu, Laura le dio de comer y comenzaron a caer unos verdaderos goterones gruesos que metían un ruido infernal en el techo de zinc.      La tormenta estaba casi sobre nosotros, estábamos sentados a la mesa a cenar cuando hubo como una explosión que hizo vibrar los vidrios del comedor.      Un rayo debe haber caído en las cercanías, Manu entro corriendo al salón y se refugió debajo de una mesa, en ese momento se cortó la electricidad y quedamos a oscuras, me levanté como pude y fui a buscar las luces de emergencia, la mantenemos siempre a plena carga para ocasiones como esta.      Laura había encendido también un par de velas y dijo:

—Tendremos una cena romántica …  

Entonces yo dije:

—Sería muy romántico si pudiéramos hacerlo a la luz de las velas …

A Laura se le iluminaron sus ojitos y dijo:

—Pues tú prepara todo … yo iré a lavar estos platos …

A todo esto, Manu no dejaba de seguirla a todas partes con la cola entre sus patas y gimiendo aterrorizado por los atronadores truenos que no cesaban de producirse dado el fragor de la tormenta.

 

Yo puse una manta en el sofá y luego Laura volvió, le serví un resto de vino de la cena en copa de cristal y nos sentamos en un principio a charlar.     Teníamos la calefacción al máximo y pronto comenzamos a besarnos, toquetearnos y desvestirnos.     Muy pronto Laura estaba gimiendo en modo audible.    Los truenos y relámpagos, el sonido de la lluvia sobre el techo, la cálida luz de las velas, ciertamente tuvieron un efecto en ella.      Lamí su coño, restregué su clítoris hasta hacerla estremecer, al menos se había corrido dos veces, yo acabé profusamente cuando la follaba a lo perrito, ella en sus manos y rodillas disfrutaba deveras.

 

Ninguno de nos dos se dio cuenta de que estaba haciendo Manu.      Nos habíamos olvidado totalmente de él, pero era obvio de que nos había estado observando.      ¿Qué cosa lo provocó?      ¿El que yo follara a Laura desde atrás?     ¿El olor a sexo en el ambiente?     ¿Los fuertes gemidos de Laura?      No sabría decir que cosa lo encendió al punto que enloqueció, se vino sigilosamente y apenas me aparté de las nalgas de Laura, Manu la montó y sin la más mínima dificultad, plantó su verga en el coño de Laura, la cual grito aterrada:

—¡Argh! … ¡Ay! … ¡Quítamelo de encima! …

Inmediatamente me abalancé para apartar a Manu, pero me gruño y me lanzo un mordisco que logré esquivar.     Comenzó a follarla a toda fuerza, a una velocidad increíble, no sabía como acercarme y quitarlo de la espalda de Laura.     Manu gruñía y follaba.      Laura comenzó a gemir y no grito más, no quería admitirlo, pero parecía como si lo estuviera disfrutando.     Por cerca de un minuto Manu con sus zampas alrededor de las caderas de Laura, la tironeaba y follaba, llegado un momento Laura se aferró a mi pierna y me enterró sus uñas gimiendo:

—¡Oooohhhh! … ¡Nooo! … ¡Aaaahhhh! …

El perro había dejado de follarla, pero todavía hacía cortos movimientos y sus cuartos traseros se movían como bombeando su carga en el coño de mi esposa.      Más tarde ella me confirmaría que había tenido un orgasmo cuando él llenaba su matriz con semen caliente.     Ahora ella sollozaba y gemía suavemente, sin saber que hacer le pregunté:

—¿Estás bien, amorcito? …

Laura alzó su cabeza y me sonrió extrañamente, me arrodille al lado de ella mientras Manu se giraba y quedaba pegado con mi mujer, luego trató de separarse de ella haciendo que Laura gritara y gimiera aferrándose a mi brazo, puse mi mano en el collar del animal y lo mantuve quieto, finalmente con un sonido de descorche, su pija salió expulsada del chocho de Laura ¡¡¡Y que pija!!! Era casi el doble de la mía y mucho más gruesa, con razón ella gemía tanto.     Ayudé a Laura a levantarse y ella exclamo:

—¡Dios mío! … estoy chorreando por todas partes …

Salió corriendo al baño, había un pequeño charco de semen canino en la alfombra.     Mientras ella se duchaba yo limpié lo mejor que pude la corrida de Manu.

 

Al cabo de algunos minutos Laura apareció envuelta en su bata y se sentó en el sofá, tenía una cara tranquila y lozana, me senté a su lado y me dijo:

—Debes pensar que soy una especie de perra puta …

—¿Por qué crees que debería pensar eso? …

Le respondí tomando su mano entre las mías.

—No lo sé … estoy tan confundida … deberías estar disgustado conmigo por permitir que un perro tuviera sexo conmigo …

—Bueno … no fuiste tú la que lo permitió … él prácticamente te violó …

Le dije tratando de sonar comprensible y no hacerla sentir responsable, luego me sorprendió cuando dijo:

—¿Y si te confieso que lo disfruté? …

No quise decirle que me había dado cuenta de que lo había disfrutado, solo la abracé protectoramente y ella se abrazó a mí.

 

Finalmente, la tormenta pasó y volvió la luz.     Hablamos un poco más con Laura y accedimos a obtener más información sobre el sexo con animales, ahí descubrimos la palabra bestialidad y zoofilia.     Encontramos varios sitios porno con videos, otros con información al respecto.     Nos enteramos de que un perro pierde bastante liquido preseminal para lubricar a la perrita, también nos enteramos de que poseen un nudo con el cual quedan pegados a la hembra para permitir la impregnación de esta.      Laura me dijo que ella había experimentado todo eso, lo había sentido aprisionado en su chocho y sintió dolor cuando él trato de zafarse.

 

Encontramos un sinnúmero de videos que mostraban la copulación de perros de todo tipo con mujeres.     Me di cuenta del brillo especial con que Laura miraba a los diferentes perros machos follando a muchachas.     Tengo que admitir que mi erección era demencial al ver la reacción de mi señora.     Me atreví a preguntarle:

—¿Te gustaría hacerlo otra vez? …

Laura me miró vacilante, luego quedó pensativa y en silencio, entonces le repetí la pregunta y ella respondió:

—No lo sé …

Creo que a ella le preocupaba mi reacción, le dije que no la iba a juzgar si quería hacerlo, pero que yo necesitaba a cambio algo.     Me miró sonriendo, ni siquiera tuve que decirle lo que quería, ella misma lo dijo:

—Esta bien … te dejaré follar mi culo y me tragaré tú semen cuando te lo chupe …

Luego riéndose me llamó bastardo.     Estaba claro que la primera experiencia con nuestro Pastor, la había convertido inmediatamente.     Me senté en el sillón y ella se arrodilló ante mi y tomo mi verga en su boca.      No sé de donde apareció Manu detrás de ella y comenzó a olisquear su chocho, procedió a lamerla haciéndola gemir, luego la montó, esta vez tuvo que intentarlo varias veces antes de centrar la conchita de Laura, la cual dio un grito, escondió su rostro entre mis muslos y comenzó a disfrutar la violenta y rápida follada de Manu, después de un minuto o poco más, Manu ceso sus frenéticos movimientos, se había anudado otra vez con Laura.     Mi esposa gemía y daba chupadas a mi verga extradura con frenesí, no pude resistir más y llené su boca por primera vez con mi lefa caliente.    Laura no dejo escapar ni siquiera una gota, después que termine de eyacular, continuo a lamer y chupar mi verga, Manu se había girado y estaba abotonado a mi mujer culo con culo, ella estaba en otra dimensión, a momentos gemía, a momentos gritaba perdida en su propio mundo.

 

Pensando y evocando los momentos anteriores, supongo que Manu necesitaba de una perrita y ahora la tiene.   Yo sé que ella lo disfruta y lo hace a menudo.    Yo obtengo unas mamadas de película y también me he corrido en su estrechísimo culo.      Todavía siento celos de la tremenda polla de Manu, pero sé que el solo dura dos minutos al máximo, mientras yo puedo complacerla durante mucho más tiempo.     Además, ella ha admitido que nos ama por igual.

 

 

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