Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Cuarta Parte.

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Aún resonaban los tacones de mamá por el pasillo, ya no podía verla, pero me había dejado lleno de curiosidad.    ¿Qué otras cosas pensará mi madre para estimularme?   Además, dijo que lo haríamos muchas veces más el fin de semana.     Estaba exhausto, no quise subir a lavarme, solo busqué unas toallas absorbentes y limpié mi verga lo mejor que pude tirando mi prepucio completamente hacia atrás.

 

Solo en la cocina con mi polla semi fláccida, me sentía un poco raro, mamá me había dejado con muchos interrogantes.     Su predisposición había variado una vez más.      Por un lado, había establecido de que no existiría penetración.      Por otro lado, se había dejado prender por el momento y casi me había suplicado que follara sus tetas ¡Con esas palabras! ¡¡¡Fóllame las tetas!!! Sin duda alguna, mamá es una caja de sorpresas.     Me ha avisado de que me quiere masturbar en continuación por todo el fin de semana y que, para ello, ha comprado nuevas prendas que me sorprenderán y me estimularán en modo de andar siempre caliente por ella ¿Habré entendido bien? 

 

Me fui al baño, tiré las toallas desechables al basurero.     Aproveche también para orinar.     Mientras me lavaba las manos, me miré al espejo, mi mejillas lucían de un lozano rosado, con la mano en mi barbilla me sonreí a mi mismo, ¡Estas actividades sexuales parecían tener un efecto positivo en mí!

 

Volví a la cocina y me puse la bata.     Me senté a esperar a mamá.     Tenía mucha curiosidad de saber con que me sorprendería.    Ya me había asombrado que ella hubiese comprado ropa sexy para estimularme, aún más, cuando dijo que me daría estimulación visual constante durante todo el fin de semana.     No podía ni siquiera imaginar a mamá vistiendo lencería erótica durante todo un fin de semana, el solo pensarlo hacía que mi pene rebotara e inflara mi bata.     Hasta este momento lo único que me había hecho ver era sus sostenes y bragas normales y anticuadas.     Estaba en ascuas esperando a mamá y sus nuevas iniciativas para estimularme.

 

Fuese lo que fuese, de seguro no me iba a quejar.     Todo lo que estaba sucediendo con mamá era tan irreal que ni por más que me esforzara, nunca había fantaseado con nada parecido a lo que me estaba sucediendo ahora en la vida real.     Hasta ahora me había hecho correrme cuatro veces y no me sentía del todo satisfecho, el dolor volvía inexorablemente cada dos o tres horas.     Mamá tenía razón debemos empujar mis limites y ver cuanta cantidad de semen puedo producir y quizás el dolor deje de molestarme y finalmente haya una sanación.

 

De seguro iba a necesitar su estimulación, hasta ahora había sido bastante efectiva, mis erecciones eran rápidas, potentes y chorreaba semen a raudales.    Todo gracias a ella y su conturbador cuerpo sicalíptico.     Pero me preguntaba hasta donde me dejaría tocarla y si podría empujar también sus límites.    Ella ya se había expresado al respecto, pero poco a poco ella ha ido permitiéndome más y más acercamientos e iniciativas, claro que le debo pedir expresamente su permiso, lo bueno es que siempre ha accedido.     Me inquieté cuando sentí sus pasos por el pasillo y me preparé para recibirla.

 

Mi mandíbula inferior casi cayo al nivel del piso. ¡¡¡increíble!!! ¡¡¡Inaudito!!! Mamá entró sin mirarme, simplemente paso a mi lado ignorándome por completo, en forma casual, como si fuera ordinaria rutina y se fue derecho al fregadero de la cocina y comenzó a estrujar el paño de cocina, de espaldas a mí.

 

Estaba absolutamente asombrado.     Pero antes de describir lo que llevaba puesto.     Les recordaré que mi madre hasta el día de hoy a siempre sido una beguina meapilas y temerosa de Dios.   Muy correctita vistiendo amplias faldas y blusas que ocultasen sus formas voluptuosas, todo muy conservador.    Aún cuando era muy difícil esconder sus exuberantes tetas y su deleitoso culo, ella hacía de todo para no lucir su belleza de hembra.

 

Mi madre es simpatizante de un equipo de futbol cuyos colores son el blanco y el negro, con un distintivo perfil de un indio araucano.     No sé donde encontró unos pantaloncitos cortos de seda, de color blanco con una delgada línea lateral negra, ajustadísimos, un tercio de sus nalgas sobresalían adorables e invitantes, sobre eso un top blanco con el número “9” y que dejaba su ombligo al aire libre y que escasamente cubría sus tetas ¡¡¡Reconchas mamacita!!! Toda su vestimenta decía a gritos “FÓLLAME

—Alberto … se que te gusta mi derriere … por lo que decidí usar cosas que te estimulen y te excites cuando me mires …

Dijo en su tono de profesora de párvulos, sin volverse hacia mí.

—¡Emh! … ¡mmmm! … bueno … mami … te favorece mucho ese atuendo … te ves realmente bien …

Dije tragando saliva y vacilante, no sabía como expresarme, solo mi pene se sobresaltó de inmediato bajo mi bata.

—¡Bien! … que bueno que te guste …

Dijo mamá volteándose, repentinamente me llevé mi mano cerrada a mi boca y me mordí mi nudillo índice asombrado, la remera de mamá había sido tijereteada y lucía un corte irregular, con un amplio escote y el borde dejaba ver la base de las redondas tetas de ella, cubría muy poco de sus esplendentes senos.     Mamá me miró sonriente y satisfecha diciéndome:

—Y si me lo preguntas … no llevo sostén ni bragas …

Mis ojos se fueron a su entrepierna y no mentía, los pantaloncitos eran tan ajustados que se delineaban perfectamente los inflamados labios de su coño.     Estaba casi babeando por ella y mi pene volvió a sacudirse, aun cuando se mantenía semi rígido.    Estaba sin habla, ella vio mi perplejidad y asombro, entonces me dijo:

—Hijo … debo preparar algo para cenar … tu no hagas nada … solo mírame y cuando te sientas excitado para nuestra sesión, házmelo saber y tomaremos otra muestra …

—Está bien, mamá …

Le dije mientras mi pija pulsaba y se movía debajo de mi quimono, pero no estaba totalmente erecto, faltaba todavía un pequeño acicate.     Me dediqué a observar los movimientos de mi madre, ella se dirigió al refrigerador, lo abrió y se agacho a sacar la verdura para la ensalada.    ¡¡¡Reconchas!!! Su trasero apunto hacía mí, entonces vi la suave tela de sus pantaloncitos perdidos en medio a la ranura de sus glúteos, nunca había visto su trasero tan concupiscente y gozoso, mi verga se disparó en alerta.  Mamá continuó dándome instrucciones:

—Y mientras preparo de comer … te hare algunas preguntas que me ayudaran a estimularte …

Se levantó y volvió hacia la encimera con sus tetas que amenazaban de escapar de su remera, mis ojos no se perdían movimiento alguno.

—Alberto … ¿Qué es lo que más te gusta de mi trasero? …

Tragué saliva estupefacto, mamá estaba de espaldas a mí, sus nalgas se veían terriblemente sexys en esos pantalones cortos, comenzó a cortar lechugas y tomates.    Ruborizado no me atrevía a responder.

—Sé honesto … no seas tímido …

Dijo mamá urgiéndome a responder:

—¡Emh! … bueno … me gusta … la geometría y redondez de tus nalgas …

Dije con evidente timidez.

—¿Y que más? … vamos … sigue …

—¡Mmmm! … siempre me han gustado los culos bien hechitos …

—¿Deveras? … yo pensaba que a los chicos les gustaban esos culitos pequeños, firmes y tonificados …

—Bueno … eso muestran las fotografías, pero … ¡emh! … no hay nada mejor que meter las manos en un culo redondo, amplio, ostentoso, concupiscente … un puñado de nalgas …

Mamá lanzo una velada carcajada y dijo:

—¡Oh! … yo creía tener un culo demasiado grande y poco atractivo …

—Pero mami … tu trasero es perfecto … tiene las medidas adecuadas que hacen soñar a cualquier hombre… se mueve en forma armoniosa … se dibujan los contornos a medida que caminas …

—¡Oh, mi Dios! … sí que tienes cosas que decir de mis nalgas …

Exclamó mi madre siempre de espaldas mientras condimentaba la ensalada.

—Mami … tus curvas son muy bonitas … deberías salir mas a menudo y conocer a alguien que sepa apreciar tu belleza … estoy seguro de que encontrarías rápidamente una pareja …

Mamá no dijo nada, permaneció en silencio por largo rato, sus manos se bañaban en aderezos mezclando la ensalada, luego se volvió y camino directamente hacia mí sosteniendo la ensaladera, sus tetas se movían libres bajo su escotado top.     Dejó el bol sobre la mesa, se inclinó frente a mi para darme la mejor vista de sus tetas sin sostén que se balanceaban sin control.      Me miró fijamente y dijo:

—Gracias, Alberto … es muy lindo lo que me has dicho … lo pensaré … pero ahora debemos pensar a ti y a tú problema … ¿Qué dices de mis senos? … ¿Te gusta mi camiseta? …

Su proximidad me rendía nervioso y mi pija se alzó con fuerza mirando sus pechos, me sentía cohibido por la exuberancia de mi madre, un poco incomodo dije:

—¡Umh! … sí, mamá … me gusta … se ven muy bien tus senos …

—¿Crees que se ven sexys? …

Dijo metiendo sus mamás casi bajo mi nariz.

—¡Mmmm! … sí, mami …

Respondí, reprimiendo un deseo abrumador de agarrarlas, besarlas, lamerlas.    Pero me controlé.

—¡Bien! …

Se enderezó y camino contoneándose de regreso a la encimera.     Miré atentamente los cachetes de su culo que parecían querer reventar el ajustado pantaloncito, mi pene adquirió un grado más de consistencia, pero todavía no estaba listo.

—¿Entonces … también te gustas mis tetas? …

Dijo mi madre con un dejo de curiosidad.

Sí … claro que sí, mama …

—Pero no tanto como mi trasero, ¿verdad? …

—A decir verdad, me gustan los dos … sobre todo cuando son grandes y hermosas como las tuyas …

—Así que es por esto por lo que mi cuerpo te excita tanto, ¿verdad? …

Dijo mamá mientras ponía a hervir una olla con agua.

—¡Emh! … bueno … me gustan las mujeres con curvas con cierta exuberancia …

—Quieres decir … voluptuosas …

—Sí … las prefiero así …

—¡Oh! … entonces es bueno que me vea así … de modo que puedo ayudarte mejor con la estimulación para que te corras más rápido …

—Sí … creo que sí …

Se produjo un silencio cómplice.    Mamá estaba ocupada con las albóndigas cuando me preguntó:

—Alberto … ¿Te sientes ya excitado? …

—Sí, mami … lo tengo duro otra vez …

—¡Ah!, sí … ¿Y porque no me dijiste? …

—Porque solo ahora siento de estar listo, mamá …

—Está bien … dame dos minutos para meter a cocer esto a fuego lento … tendremos una media hora para tomar otra muestra antes de comer …

Mi pene se sacudió y se levantó la protuberancia en mi bata mientras ella hablaba.     Mamá terminó de poner todo en orden, luego se volteó y me dijo:

—Vamos … tenemos tiempo suficiente para otra sesión …

Así diciendo agarró el vaso recolector de semen del alfeizar y comenzó a caminar fuera de la cocina.   Me levanté y me fui detrás de ella, sus nalgas me mantenían hipnotizado, caminaba como un autómata detrás de su culo majestuoso.     Subiendo la escala su trasero quedo a la altura de mi ojos, casi babeaba por esas posaderas suaves y redondas, mamá acentuaba el movimiento de sus caderas y mi pene pulsaba revolucionado por la estimulación de mí madre.    ¡¡¡Reconchas que maravilloso culo!!!

 

Apenas entramos en mi dormitorio, mamá dijo con su tono de profesora:

—Deberíamos hacerlo un poco diferente para facilitar que te corras más rápido …en lugar de tenerte recostado mientras te pajeo … podríamos iniciar con una estimulación con mis senos … así que hazme ver esa hermosa y dura polla tuya otra vez …

Me quité mi quimono y mi erección salto frente a ella, mamá estaba sentada al borde de mi cama y mi verga estaba a la altura de su rostro, se quitó su blusa mostrándome sus hermosas tetas, las sostuvo levantadas para mí, mientras me acercaba hacia ella, mi madre movía sus tetas diciendo:

—Ven a jugar con estas bellezas, hijo …

Increíblemente ansiosa por complacerme, agregó:

—Dales una buena mamada primero … sé que eso te estimula …

Prontamente me arrodillé y como había hecho antes, le di una buena mamada y lamida, succionando acuciosamente sus pezones, amasando la suave carne de sus mamas con generosidad y ternura.    Mi polla me llegaba a doler desenfrenada por el momento cachondo con mamá.

 

Me permitió jugar con sus tetas por un largo rato, esperaba que me dejara follar sus senos de nuevo, pero me sorprendió cuando me dijo:

—Hijo … ya que has vanagloriado así tanto mi trasero … te dejaré tocarlo y besarlo por sobre mis pantaloncitos …

¡¡¡Reconchas!!! ¡Esta era la primera vez que me dejaba besar su maravilloso trasero!    Mamá se puso de pie, sus tetas se balancearon a péndulo cuando se giro y se inclinó apoyándose sobre el edredón, abrió un poco sus piernas y apunto sus glúteos hacia mí.     Su pose era realmente seductora y todo lo que pude hacer fue acercar mi rostro a sus nalgas y enardecido ataqué su trasero con mi lengua, babeándolo, besándolo, lamiéndolo, estrujándolo con mis manos, parecía un animal salvaje enloquecido queriendo devorar esa exquisita y redondeada carne de mamá.

—Tranquilo, hijo … luego tendrás más oportunidades de hacerlo …

¡¡Coño!! Escucharla decir eso hizo que mi pene se estremeciera aún más.     Poco a poco me fui calmando y comencé a poner más atención a mis caricias.     La tela del pantaloncito era delgadísima, abrí sus nalgas con mi mano y traté de besar su ano por sobre el género, humedecí su pantaloncito con las repetidas lamidas a su culo.     También se dibujaba la rajita de su coño y empujé mi barbilla entre sus muslos y pasé mi lengua en la disimulada hendedura de su panocha, mamá no dijo nada, pero apretó sus muslos contrayendo y haciendo girar sicalípticamente su culo.    La sentí gemir y suspirar.

 

Aunque ahora estaba duro completamente, mi verga estaba caliente, pero no me sentía de estar listo para correrme, era evidente que se estaba retrasando la toma de muestra y mamá también lo percibió y pregunto:

—¿Todavía no estas listo para correrte? …

—No, mamá … todavía no …

Respondí, a lo que mamá dijo reflexionando como profesora:

—Es interesante saberlo … quizás necesitas algo más de estimulación … ¿Por qué no intentas a excitarte abofeteando mis nalgas con tu verga? … así como lo hiciste en el baño …

Me sonó cuerdo intentarlo, me levanté y agarré mi erección con mi mano derecha y comencé a azotar sus glúteos con mi masa de carne.     Mamá se mantenía en la misma pose y comenzó a mover su culo de lado a lado para excitarme más.     Entonces vi que, a través de la fina tela del pantaloncito humedecido por mi saliva, se dibujaba el ojete del culo de mi madre, aferré mi polla y comencé a presionar su orificio del culo y la hendedura de su coño, mamá tenso sus piernas y gimió en modo audible, también jadeó un poco, pero no se opuso a mis movimientos y embestidas a sus orificios protegidos por la delgada tela de sus pantaloncitos.

 

Me calentó mucho hacer eso e imaginar de follar su culo, me concentre en mover mi verga endurecida sobre su panocha, no había modo de penetrarla, pero era excitante poder embestir su coño calvo con mi verga dura, mamá jadeó bastante, pero no hizo nada para oponerse ni detenerme.    Para mí fue suficiente imaginar de que estaba casi dentro de ella, mi pene se enardeció y sentí el cosquilleo de mi esperma luchando por salir, así que apresuradamente advertí a mamá:

—Ahora, mami … estoy listo …

Agarró el recipiente que había depositado encima de la cama y se giró, sus tetas se bamboleaban y cimbraban ostentosamente mientras lo hacía.   Aferró mi pija, apuntó mi glande dentro el vaso y comenzó a pajearme con firmeza.

—¡Ssiii! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …

Gruñí en voz alta mientras los borbotones venían expelidos dentro el vaso.

—Sí, bebé … dámelo todo … lo quiero todo … dáselo todo a mami, mi niño …

Escucharla decir eso, pareció extender el tiempo de mi eyaculación y seguí chorreando y mamá siguió pajeándome hasta que mis pulsaciones se extinguieron, me detuve y quedé sin fuerzas.    Siguiendo la rutina, mamá exprimió y ordeño mi verga recogiendo las últimas gotas con sus dedos y haciéndola escurrir dentro el receptáculo., después lo levantó en aire para controlar la cantidad y dijo:

—Cariño … creo que has evacuado un poco menos de otras veces … ¡¡Tal vez estoy empezando a agotar la producción de tus bolas!! …

Me senté junto a ella todavía exhausto y jadeante, miré el vaso.    Normalmente mi semen era un tercio del vaso, pero esta vez estaba un par de marcas debajo de eso.

—Quizás tengas razón … pero hay que considerar que ésta es la quinta sesión … también es posible que sea a causa de insuficiente estimulación … tal vez no estaba del todo listo … para confirmar tu teoría deberíamos volver a hacerlo y ver si de verdad me he quedado al seco …

Dije un poco remedando sus modos de aula.     Mamá me sonrió y con sus ojitos encendidos me dijo:

—Sí … puede ser … pero ese no es un problema … después de la cena me voy a poner algo de esa lencería que compre hoy … creo que te deslumbraré, así que anda preparándote, cariño … solo para tus ojos …

Hice un profundo suspiro mixto de ansiedad y deseos.     Mamá parecía siempre estar un paso adelante y llevaba las cosas a un nivel superior cada vez.     Sentí el calor en mis mejillas al ruborizarme por las afectuosas palabras de mamá, pude solo decir con gratitud:

—¡Umh! … Gracias, mami … a decir verdad, no veo la hora de poder verte de nuevo …

—Está bien … límpiate y baja a cenar … yo voy a anotar esta última muestra …

Se levantó, recogió su blusa y se marchó, sus tetas la precedían exuberantes, hermosamente cimbreantes, realzando la prodigiosa belleza de ella.     Volví a fijarme en ese trasero suyo y una punzada de lujuria recorrió todo mi ser.     Trataba de imaginarla con nueva ropa interior cubriendo su dulce coño.     Esa panocha donde había restregado mi verga.     Mi madre no solo no se había opuesto, sino que gimió y realizó algunos movimientos de sus cadera facilitando el refriegue.     ¿Me permitirá alguna vez metérselo dentro hasta que mis cojones empujen sus labios mayores?

 

Decidí darme una breve ducha, me puse unos boxers frescos y limpios de bajo de la bata y luego bajé a cenar.     Mamá estaba en la cocina, aún con sus hotpants y blusa escotada.     Sirvió los platos y le acompañé a llevarlos a la al comedor, la mesa estaba puesta, me sorprendió ver una botella de vino con sendos vasos.     Mamá normalmente no bebía, excepto en cualquier rara ocasión especial, además, rara vez me había permitido a mi beber en casa, pero yo si bebía cuando salía con mis amigos.

—¿Vino? …

Dije inquisitivamente mientras nos sentábamos el uno frente al otro.

—Es para relajarnos … piensa que puede ser útil a nuestros propósitos … por razones médicas ¿sabes? …

Dijo mamá en su tono escolástico y sin levantar la vista de su plato, luego del mismo modo agregó:

—Es obvio de que existen ciertas tensiones entre nosotros … uno o dos vasos nos ayudaran a relajarnos y dejar atrás algunas inhibiciones atávicas que nos frenan …

Que significaba todo eso, no tengo la menor idea, pero tomé la botella y versé un poco del brebaje en su vaso y en el mío, luego levanté mi copa y dije:

—A tu salud, mami …

—A la tuya, hijo … para que te recuperes lo antes posible …

Nos quedamos en silencio degustando el mosto, sentí como descendía por mi garganta y calentaba mis entrañas.     El efecto relajante se sintió casi al instante.     Mi ojos navegaron sobre el impetuoso mar de tetas de mamá.     Como las mareas, sus senos subían y bajaban al ritmo de su respiración, se veía claramente un brillo de sudor incipiente en la hendedura de su busto y ya imaginé mi verga surfeando esas olas embravecidas.     Sentí que debía decir algo referente a sus palabras:

—Mami … sinceramente aprecio todo lo que haces por mí …

—Gracias por decirlo, Alberto … pero estoy segura de que es un deber de madre … ya sabes … la doctora dijo que era necesario …

—Lo sé, mamá … realmente me estás ayudando mucho … ¡emh! … tus estimulaciones son verdaderamente eficaces …

—Lo que sea tiene que hacerse y hacerse bien, hijo … solo te recuerdo una cosa … no dije nada cuando refregaste tu pija en mi coño … se sintió muy bien y mejor para ti … pero no me penetrarás … nunca …

Me sentí golpeado como por un rayo.      Mi corazón se partió en dos.      Me sentí anonadado.     Pero al momento, mamá agrego:

—Pero … podremos hacer otras cosas igual de estimulantes …

Mi polla se agitó y quise indagar:

—¡Mmmm! … ¿Cómo qué, por ejemplo? …

—Bueno … lo iremos viendo juntos a medida que vayamos progresando en la toma de muestras … ahora terminemos de comer y cambiemos de tema, por favor …

Hablamos del diario vivir, de los vecinos, debíamos cuidarnos de ellos y otras cosas genéricas.     A medida que bebía, me iba sintiendo un poco más relajado y eufórico, pienso que también mamá estaba siendo afectada por el alcohol del vino, sus mejillas relucían de un candoroso tono rosado.     Cuando terminamos la cena, mamá se había bebido un vaso y medio y yo solo uno, ella dijo:

—Tomaremos un traguito, luego … quiero descansar un poco … voy a subir a mi habitación y aprovecharé de cambiarme … dime, ¿Qué color de ropa íntima prefieres? …

¡¡¡Guau!!! Mi rostro estaba enrojecido y no solo por el vino, mamá jamás me había hecho una pregunta de ese tipo, me recordé de mis revistas porno y le dije:

—Mami … creo que el negro es mi favorito … pero también me gustan otros colores …

—Sabia elección, hijo … también es el color que prefiero y la mayoría de la ropa que compré es de esa tonalidad … ahora desapareja la mesa y limpia todo … te avisaré cuando esté lista …

Se alzó de la mesa con sus senos que se le escapaban de la remera, se giró y se fue taconeando con pasos inciertos por el pasillo, quizás el vino la había afectado más que a mí, pero nada ensombrecía la magnificencia de su trasero, embelesado la contemplé hasta que desapareció de mi vista.

 

Me quedé sentado un momento tratando de asimilar y descifrar lo que me había dicho.    Todo esto parecía ser como un sueño.     Hice todo el aseo que mamá me había encargado y luego decidí relajarme con música.     Mamá es fanática de Tormenta, una cantante argentina de los años setenta, coloqué la pendrive en el equipo y seleccione la música, pronto escuche la voz clara de la argentina invadiendo la sala de estar y deleitando mis oídos, tonos maravillosos.     Pensaba levantarme y cambiar a escuchar a Sandro, otro preferido de mamá, cuando escuché que me llamaba:

—Alberto … estoy bajando … vérsame un poco de vino, hijo … enseguida llego … ¡Ah!, por favor asegúrate que las cortinas estén bien cerradas …

Hice tal cómo me lo pidió, tome una pequeña bandeja, posé las dos copas, versé del vino en ellas y coloque el todo en la mesita de centro frente al sillón, luego me fui a correr cuidadosamente las cortinas para que nada se viera hacia el exterior.     Luego me senté con una copa en la mano a sorber el vino.     Después de interminables minutos, escuche los pasos de mamá cadenciosamente bajando la escala.     Los latidos de mí corazón aumentaron a mil y mi pene comenzó a erguirse bajo ese sonido de tacos que parecía la flauta que hace erguirse y bailar a la serpiente, mi pene tiritó estremeciéndome, mi espina dorsal me hizo arquear mi espalda.

 

Mamá entró directamente a la sala.     Se pavoneo un poco.   Finalmente se giró hacia mí con sus piernas ligeramente separadas, en su mano derecha traía el vaso colector de semen y la otra la apoyó coquetamente en su cadera.     ¡¡¡Santo Cristo!!!  ¡¡¡Que espectáculo!!! …

 

 

Continuara …

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¡Si es por orden del doctor! ... - Quinta Parte.
¡Si es por orden del doctor! ... - Tercera Parte.

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