Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Tercera Parte.

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El jueves y viernes seguimos con la rutina de mamá ayudándome y masturbándome tres veces al día, las medidas eran promedio y mamá se encontraba un tanto inquieta por cómo se había ido involucrando sexualmente en la toma de muestras.      Sé que ella jamás admitiría de haberse corrido. Que jamás había sido estimulada sexualmente por mí.     Todas cosas que ella condenaba moralmente.  Cosas que le resultaban pecaminosas y sucias.     Pero a pesar de todo, ella seguía efectuando la toma de muestras puntualmente como buena madre.

 

Mamá había incorporado como costumbre el quitarse su sujetador no solo en nuestra sesión en el baño, también desarrolló el hábito de mostrarme sus pechos cada vez que me pajeaba en la cama.   Ella sabía que yo me corría fácilmente con esa estimulación visual, era increíblemente excitante para mí ver el temblorcillo de sus tetas que se bamboleaban de lado a lado.   Las había tocado brevemente, pero me lo permitía solo hasta que mi pene se ponía tieso.   Entonces ella incrementaba el bombeo a mi verga y hacía que me corriera casi de inmediato.

 

Debo reconocer que mamá en un principio se mostró bastante aprensiva y un poco reticente a sostener mí polla en su delicada mano.      Ella lo hacía solo por la prescripción dada por la doctora.     Pero a medida que pasaban los días, ella se sentía más y más cómoda conmigo y lo hacía en modo natural, creo que hasta se hayan despertado también en ella sus instintos de mujer probando una cierta excitación que la hace sentir incomoda y que trata de ocultar en todos los modos posibles.

 

También me di cuenta de que su trato diario se había vuelto más dulce y tierno, asimismo, su mal genio había disminuido.     Se la veía mucho más relajada y alegra.      Comenzó a cuidarse un poco más, maquillándose, aunque cuando estaba en casa.   Cambio su peinado.    Todo en ella pareció cambiar.      Era como si hubiese vuelto a florecer a la vida.     La escuché canturrear viejas canciones.   No sabría decir si se debía a la toma de muestras o tal vez solo una mera coincidencia.

 

Así como el estado de ánimo de mamá mejoraba, comencé a cavilar sobre cómo podría hacer que mamá siguiera relajándose y dejándose ir en algo tan natural cómo el sexo.     Yo mismo había logrado vencer un poco mi timidez y ya no me molestaba mucho exhibir mi erección a sus ojitos brillantes.   Pero quería besar sus senos exuberantes y también ese esplendido trasero suyo.     Solo que no encontraba los vocablos justos para dárselo a entender.     Y me atemorizaba aún el hacerla enfadar y retroceder en lo avanzado.    No quería que se enojara conmigo así que decidí ser cauto y no apresurar nada.   Después de todo estaba disfrutando mucho en nuestras sesiones diarias con mamá.     No creo sea una cosa normal que un hijo pueda ver a su madre en toples o semidesnuda o toquetear su culo mientras esta lo masturba ¡¡Debería estar agradecido por mi suerte!!

 

Lo malo de todo esto es que el dolor a mis pelotas continuaba sin variación, sobre todo si estaba un lapso muy largo sin el desahogo que me daban las manos de mamá.    Ella observaba todo según las indicaciones de la doctora y acuciosamente tomaba las muestras con dedicación, ya que la próxima semana deberíamos regresar al estudio medico para que la doctora analice y evalúe los datos recopilados por mamá.     Pero esa dedicación y acuciosidad mostrada por mamá, me llevaba a pensar en que también ella obtenía una satisfacción sexual secreta y que jamás admitiría.

 

Después de muestra última sesión del viernes por la noche, mamá antes de salir de mi cuarto me dijo:

—Hijo … este fin de semana tendremos más tiempo para hacerlo con más calma …

Luego me beso en la mejilla como siempre y salió.     Tratando de conciliar el sueño, me quedé pensando en que había querido decir con sus palabras, no concluí nada, había que dejárselo al tiempo, y me adormecí.

 

La mañana siguiente me desperté con toda la modorra matutina, miré el radio reloj de mí mesita de noche.     Eran la ocho de la mañana.     Era la hora de mi erección mañanera, mamá no había venido como todas las mañanas anteriores.     Solo entonces me di cuenta de que era sábado.     Seguramente mi madre aún dormía, como solía hacer todos los fines de semana.

 

Me di la vuelta, levanté mi edredón y me cubrí hasta la cabeza, acurrucándome en esta especie de refugio que eran las cubiertas de mi cama.     Estaba calentito, estaba relajado y me encantaba holgazanear un poco el fin de semana.   Lo único negativo es que tenía ya un ligero malestar en mis bolas.     Creo que me dormí y lo siguiente que recuerdo es que alguien me toco el brazo y me llamaron por mi nombre.

—¡Alberto, levántate dormilón! … tienes que ducharte …

Abrí los ojos y vi a mi madre inclinada sobre mí vestida con su bata, tenía una taza de café humeante en su mano.

—Buenos días, hijo …

Dijo sonriente y mirándome afectuosamente.

—Buenos días, mamá …

Respondí devolviéndole la sonrisa y bostezando con cierto histrionismo.

—Te traje un poco de café … y cómo es fin de semana, pensé que podríamos hacer nuestra primera sesión en el baño mientras te estás duchando …

—Bueno, mamá … y gracias por el café … está calientito …

Hacía un par de años que mamá no me traía ningún brebaje a la cama.     Quizás esto era una buena señal.     Mamá se sentó al borde de la cama y me dijo:

—Hijo … después del desayuno voy a ir de compras y me quedaré fuera hasta media tarde … tú ¿Qué vas a hacer hoy?

No tenía ningún plan, así que dije:

—Nada … si llamo a algunos amigos, quizás salga más tarde … pero no me demoraré mucho … ¿Por qué preguntas? …

—¡Oh!, era solo para programar nuestras sesiones para hoy … no me gustaría que nos atrasáramos o nos saltáramos alguna de ellas …

No me resultaba del todo claro sobre lo que me estaba diciendo, pero la alusión a las tomas de pruebas hizo que mi pene palpitara bajo el edredón, luego agregó …

—… Y me gustaría saber cómo estás de tu dolor … ¿has mejorado? … dímelo honestamente …

—Bueno … ¡ehm! … mis bolas … todavía me duelen, mami …

—¿Todavía tienes esa sensación después de correrte dos o tres veces al día? …

—Sí … mami …

Respondí y mi pene osciló hacia arriba.

—Bueno … el próximo martes tenemos que volver a ver la doctora … veremos que dice …

—Sí, mami … pero me preocupa que todavía no se me pasa este malestar …

—¡Ay!, mi niño … quizás si tomáramos más pruebas este fin de semana … tal vez el dolor se alivie … lamento haber dudado de ti, cariño …

Dijo mamá, sonriéndome en forma tranquilizadora.

—Está bien, mami … lo entiendo …

Respondí sorprendido y conmovido por esa espontánea y repentina disculpa.

—Llámame cuando estes en la ducha …

—Sí, mami … lo haré …

Mamá se levantó y salió de mi dormitorio.     Mis ojos se fueron instantáneamente a su maravilloso trasero que se movía harmoniosamente a cada paso que daba, era un caminar hecho poesía.     Tomé un sorbo de café pensando en lo que había dicho mamá.     Parecía realmente preocupada y ansiosa por ayudarme.     Se mostró amable y servicial, hasta dulce podría decir.     Especialmente porque no era normal en ella ser así, por lo general era bastante fría, criticona y malhumorada.     No demostraba mucho esos sentimientos de amor y cariño por mí.       Me sentí querido y amado por ella, mi corazón se estremeció por su calidez y cuidado.      Su estado de ánimo sin duda había mejorado bastante durante esta semana.

 

Pero mi problema permanecía ahí intacto, mis pelotas me provocaban dolor, esperaba que la doctora dijera algo positivo al respecto e iniciar un tratamiento para mejorarme, pensaba esperanzadoramente que fuese solo algo debido al desarrollo de pubescente a adolescente.     El malestar se alivia o se va cuando me corro y es maravilloso la forma en que mamá me ayuda, eso de verdad lo estoy disfrutando.

 

Mi pija volvió a alborotarse.     Quería saber que significaba cuando mamá puntualizó que este fin de semana tendríamos más tiempo.     ¿Qué cosa tendrá en mente?      Miré el reloj.     Las nueve y media.   Decidí de levantarme e ir a ducharme.     Anhelaba volver a ver las maravillosas tetas desnudas de mi madre.     Me lave super bien por todos lados, mamá me quiere limpio.     Acto seguido llamé a mamá.

—¡Mami! … estoy listo …

Mi erección se manifestaba en modo incipiente.     Mientras me secaba el cabello, mi pene pareció levantarse un poco más al sentir el roce de la toalla, no quise secarme del todo, ya que mamá probablemente volverá a lavar mi polla y mis glúteos, ella disfruta haciéndolo y para mí es una estimulación temprana antes de la toma de prueba.      Escuché a mamá subir las escaleras.    En modo cortés ella llamó a la puerta.

—¿Estás listo, Alberto? …

Preguntó entreabriendo la puerta.

—Sí, mami …

Respondí presuroso y ansioso de sus manos.

Mi madre entró un poco incierta y con cautela.    Llevaba una bata de felpa amarrada con un cinturón y que le cubría a medio muslo.     Sostenía el tubo de ensayo en una mano como de costumbre.     Me miró y luego sus ojos se fijaron en mi verga que ya estaba bastante rígida.     Se lamió sus labios en modo seductor.     Creo que lo hacía inconscientemente y a mí me encantaba verla haciéndolo.    Sin despegar su vista de mi miembro, me dijo:

—¿Sabes? … aún no me he duchado … hoy tenemos más tiempo y pensé que podría aprovechar de hacer las dos cosas contemporáneamente …

La miré pretendiendo no entender y ella prosiguió:

—…primero nos ducharemos juntos y luego tomaremos la prueba … así ahorraremos un poco de agua caliente también … ¿Qué te parece? …

Un agradable escalofrió recorrió todo mi cuerpo y mi pene se balanceó repetidamente arriba-abajo, no podía dar crédito a lo que escuchaba de labios de mi madre, la miré sorprendido y casi balbuceante le dije:

—Creo que tienes razón … me parece una idea estupenda …

Luego ella tiró de su cinturón, depositó el receptáculo de vidrio en el lavabo y dándome la espalda, hizo deslizar su bata por sus hombros y se la quitó.     Sus maravillosas nalgas fueron expuestas a mis ojos y mi pene saltó hasta casi chocar con mi vientre, mamá estaba completamente desnuda y mis ojos no cesaban en recorrer toda su espalda y esos hoyuelos que se formaban antes de su culo le daban un aspecto terriblemente caliente.    Cuando se volvió casi me viene un golpe de paraplejia y mis piernas temblaron, casi me corro en ese instante.     Mamá había rasurado su panocha y se veía su piel blanquecina con un minúsculo tajito que insinuaba sus escondidos labios vaginales.     Se dio cuenta que mis ojos estaban fijos en su sexo y con toda naturalidad me dijo:

—¿Sabes? … una de tus revistas me dio está idea … si sirve para estimularte … me he cortado todos mis bellos púbicos …

Me sonrojé, un rubor intenso vino a mis mejillas, esta vez yo pasé mi lengua por mis labios y me mordí mí labio inferior inconscientemente.      Mamá se dio cuenta de mi estupor y dijo:

—¡No es una gran cosa! … además, ya me has visto desnuda … también hay gente que se desnuda por todas partes todo el tiempo … hazme un poco de espacio, hijo …

Dijo mi madre metiéndose a mi lado dentro de la bañera.     Acomodó el colector de la prueba en un ángulo, mientras sus grandes tetas se movían a sus anchas tocando mi antebrazo, a veces mi hombro y otras mi pecho, sus tetas estaban en todas partes.     Cuando levantó la primera pierna, su panocha se entreabrió mostrando algo de sus rosadas y tiernas carnes, luego levantó la otra y se quedó allí, quieta frente a mí.

 

Lógicamente mi polla se había encabritado, se movía y pulsaba llena de vida propia entiesándose como palo.     No podía dejar de mirar sus tetas, pero enseguida mis ojos se deslizaron por su tersa piel desnuda hacia su entrepierna depilado y liso como el de una niña, su tesoro escondido bajo ese monte de venus protuberante me subyugó.     Su coño resultaba casi invisible.    Miró mi pene duro y crecido, apuntó con su dedito y dijo:

—Bueno … al menos ya estás listo para la sesión de la mañana ¿verdad?, hijo …

Tragué un poco de saliva.    Me encontraba sin palabras, traté de recomponerme, me aclaré la voz y con tono vacilante dije;

—Sí, mami … creo que estoy listo …

Nada más salió de mi boca, mi mente estaba obnubilada por el conturbador cuerpo de mamá así cerca de mí:

—Pásame el grifo de la ducha, hijo …

Me volví y saqué el cabezal desmontable de la ducha, di el agua y me volteé para entregárselo a mamá.     Mi polla estaba super rígida y moría de ganas por que ella finalmente me hiciera una estupenda paja.

—Te enjuagaré primero …

Dijo mi madre y comenzó a rociar agua tibia sobre mi verga vigorosa y rígida.   Pasó su mano libre por toda la longitud de mi asta, tomó mis pelotas en su mano y las tocó con suavidad.     Su mano se deslizó entre mis muslos y su dedo acaricio mi ano de atrás a adelante, se me puso la piel como de gallina y temblé, mamá me miró y me dio un beso en el ombligo diciendo:

—Está bien, chiquillo … está bien … cálmate … ya te desahogaras … ahora, gírate …

Hice tal como me pidió y quedé de cara a los azulejos.    Mamá roció el bajo de mí espalda y luego mis nalgas, paso suavemente su mano entre mis cachetes y me pidió:

—Pásame el gel de ducha, cariño …

Anteriormente nunca me pidió eso, normalmente me enjuagaba nada más.     Obedientemente tomé la botella y moví mi mano hacia atrás entregándosela sin voltearme y al momento replicó:

—Tienes que estar muy limpio, cariño … así que frotaré tu trasero con un poco de gel … inclínate un poco, tesoro …

Creí haber escuchado mal, giré la cabeza hacia un lado como para darme la vuelta, pero ella me dijo:

—No hay nada de que preocuparse … lo haré con cuidado … después de todo ¿Quién crees que te lavaba el trasero cuando eras más jovencito? …

¡Jesús, Jesús!, apenas podía creer lo que mamá había dicho, sumisamente me incliné y abrí mis piernas, sentí inmediatamente la mano de mamá deslizarse entre mis glúteos hasta alcanzar mis bolas desde atrás enjabonándome abundantemente.    Luego masajeo mis nalgas rozando mi culo con sus dedos repetidas veces, la sensación era maravillosa, dejó caer la ducha y aferró mi pene con su mano llena de gel, mientras movía su mano atrás y adelante, las yemas de sus dedos de la otra mano giraban alrededor de mi ano masajeándome, pero sin penetrarme, me estaba haciendo enloquecer, jadeaba y gemía de placer queriendo sentir sus dedos dentro de mi culo.

—Hijo … cierra el grifo y voltéate … ¡Ah! … es mejor si me arrodillo frente a ti …

Así diciendo y para mi sorpresa se arrodilló, quedando con su rostro al nivel de mi verga, comenzó a frotarlo vigorosamente.    Estaba tan cerca que sentía su cálido aliento en mi glande, ¡¡¡Sus labios carnosos estaban a centímetros de mi pija!!! Su mano derecha no cesaba de bombear.   Mientras lo hacía, sus gloriosas tetas expuestas en su plenitud se bamboleaban y mecían.   ¡¡Que hermosa vista!! Pronto sentí que mi semen estaba en ebullición en mis bolas y entonces se lo dije:

—Mami … ya me viene …

Rápidamente agarró el receptáculo y lo sostuvo en la punta de mi polla, luego continuó bombeando mi polla fuerte y rápido.

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Oohhh! …

Gemí y jadeé mientras me corría.     Mantuve los ojos cerrados, pero podía sentir la sensación agradable que me provocaban mis chorros que llenaban el tubo que sostenía mamá.     Mi madre exprimió mi verga hasta la última gota.     Exhausto me senté al borde de la bañera:

—Entonces … ¿Te sientes mejor ahora? …

Preguntó mamá sosteniendo el recipiente frente a mí:

Mira cuanto me has dado …

Miré y vi que la taza estaba llena casi un tercio, lo que me pareció bastante.     Aparentemente mí cuerpo se había habituado a generar ingentes cantidades de semen.

—¡Oh!, mami … está fue buena … y me siento mucho mejor …

Le dije sinceramente mientras me recuperaba de mi copiosa corrida.

—Bien … Ahora quiero ducharme … antes que te vayas … quiero pedirte una cosa …

Dijo mi madre depositando el vaso recolector en un rincón del lavabo.

—Dime, mami … ¿Qué puedo hacer yo por ti? …

—Bueno … me resulta difícil lavar mi espalda … así que quiero que me ayudes y luego puedes irte …

—Por supuesto, mami … encantado de hacerlo …

Me levanté y me paré al lado del grifo mezclador, entonces mamá dijo:

—Es mejor si cambiamos de lugar … así podré sentarme en ese espacio …

La bañera no es lo suficientemente ancha como para que dos personas se crucen sin tocarse.   Mamá paso frente a mí y sus grandes tetas se deslizaron por mis pectorales, sus pezones endurecidos dejaron surcos húmedos en mi piel, tuve que agarrarme de sus hombros para no perder el equilibrio, siendo ambos de la misma altura, mi pene barrió su monte de venus resbaladizo por el jabón.    Mama entreabrió su boca al sentir la presión de mi pija en sus labios inflamados.    Ella nada dijo y yo bajé mi mirada en silencio, pero tocar su panocha con mi glande fue como un shock eléctrico.

 

Debido a nuestras posiciones, todavía no lograba tener una vista privilegiada del culo de mamá, aún cuando estaba detrás de ella la visual no era la óptima, mirando hacia abajo vislumbraba sus nalgas protuberantes de color lechoso, redondas y firmes.     La estructura física de mamá, la hacía parecer con su espalda ligeramente curvada y su colita proyectada hacia atrás.     Su trasero era magnifico como siempre.      A pesar de haberme corrido solo hace un momento, sentí como mi pene comenzó a entiesarse una vez más, mi madre no podía verlo pues me estaba dando la espalda.

 

Agarré el gel de baño y comencé a frotarlo en la espalda de mi madre con movimientos amplios y rotatorios.     Primero sus omóplatos, seguida de una mitad de su espalda y luego la otra, después la curva de su baja espalda y finalmente la redondez de sus posaderas.     Esperaba que mi erección desapareciera, pero pasando mis manos entre sus nalgas sentí como mi pene pulsaba y se endurecía.   Mamá no se opuso cuando mi mano esparció gel en sus glúteos y comenzó a hacer espuma en su trasero, es más, la escuche decir:

—¡Oohhh!, eso se siente muy bien …

Animado por su agradecido comentario, seguí masajeando su espalda baja.     Las yemas de mis dedos masajearon la parte superior de sus nalgas, y luego entremedio de ellas enjabonando las suaves y cálidas carnes.     Tuve mucho cuidado de no tocar su ano, porque hubiese sido demasiado para ella.  Para que no pareciera que estaba jugueteando con su trasero, vertí más jabón y deslicé mis manos otra vez hacia arriba hasta sus hombros.    Mamá no hizo ningún gesto ni ruido de desaprobación.

 

Proseguí lavando nuevamente sus nalgas con abundante gel, esta vez haciendo deslizar mis manos entre sus glúteos y su entrepierna hasta casi rozar su conchita, después me concentre en sus nalgas voluptuosas, masajeándolas y apretándolas.

 

Aunque si mamá no hizo ningún reparo sobre el prolongado enjabonado de su culo, el efecto para mí fue que mi verga lucía dura y parada.     Ella no se había dado cuenta de mi renovada erección y yo me estaba viendo en dificultad tratando de no rozar su trasero con la punta de mi polla tiesa debido al reducido espacio, pero mamá improvisamente se agachó a recoger la esponja y mi pene rígido se deslizo en medio a sus enjabonadas nalgas.

—¡¡Guau!! … ¿Fue eso tu dedo? …

Pregunto enderezándose sobresaltada.

—No, mami … ¡Umh! … lo siento, pero creo que mi pene se ha vuelto a poner duro por el jabón …

Respondí un poco vacilante, pero en modo honesto, además, que no podía ocultarlo.     Mi madre se volvió y abrió los ojos sorprendida:

—¡¡¡Jesús, María y José!! … ¡¡¡Que bondad, Señor mío!!! … ¿Cómo sucedió eso? … ¡¡Pero si acabas de correrte!! …

—Creo que tú trasero contribuyó en gran parte para eso, mami …

Dije honestamente, no tenía sentido negarlo.

—¡Pero si solo tenías que frotarme un poco de jabón! …

Mamá sonaba un poco consternada.

—Bueno, mami … es que yo … ¡emh! … ¡umh! … encuentro tú cuerpo excitante … especialmente tú trasero, mami …

—¡¡Eso sí que está bueno!! … ¡¡¡Cómo te atreves!!! …

Dijo mamá en tono sarcástico y luego severamente.   Volvió su tono autoritario, me trataba cómo un niño que hubiese hecho una maldad.

—¡Esto no está funcionando cómo debería! … Te estás comportando en modo infantil … tenemos que sacar de tu cabeza pueril e inmadura esos sentimientos lascivos … ¡Soy tú madre! …

La miré confundido, no podía ser que todo se acabara así repentinamente, ella continuaba a hablar con severidad y yo con mi polla todavía dura apuntándola.

—Sé que tengo que estimularte un poco para la toma de muestras … ¡¡Pero esto se nos está yendo de las manos!! … ¡¡Es ridículo!! … ¿Lo entiendes? …

—Sí, mamá … pero necesito tú estimulación para poder tomar las muestras de semen …

—¡Ah! … Sí … yo creo que lo que estas necesitando es sexo, jovencito …

Dijo mamá en tono irónico y luego agregó:

—¿Qué se supone que voy a hacer contigo? …

Se quejó un poco irritada, en su tono de profesora dirigiéndose al chiquillo travieso del curso.

—¡Urgh! …

Dije con mi cara enrojecida de vergüenza, estaba demasiado confundido para contrarrestar sus comentarios.     Luego miró mi verga que todavía pulsaba y me dijo:

—Está bien … no importa … dame esa taza de medir otra vez … tenemos que tomar otra muestra …

Su voz sonaba un poco abatida, pero decidida, así que me di vuelta y tomé la taza al instante.    Todavía tenía el semen de la última vez.     Se la entregué a mamá.     Debido al reproche severo de mamá, mi verga se había reblandecido y mamá se dio cuenta de eso.

—¿Qué paso? … ¿Estás seguro de que lo necesitas? …

—Sí, mamá … todavía siento dolor …

—Está bien … entonces retomemos la rutina … puedes tocarme las nalgas de nuevo … ya que te gustan tanto … así podremos terminar rápido … ¡¡Y apúrate!! … que tengo todavía terminar de ducharme …

Con el recipiente recolector ya ocupado por un tercio de semen, mi madre se volvió y me ofreció sus adorables nalgas, después mi miró de reojo y se inclinó entregando sus posaderas a mis ávidas manos, terminó apoyándose al borde de la vasca.     Con mucha cautela comencé a magrear sus redondeces, la sensación y la vista de su libidinoso culo era extremadamente estimulante para mí, era cómo mi fetiche.     En menos que canta un gallo, mi pija estaba enardecida, dura, gruesa y caliente apuntando a su engurruñado y redondito hoyuelo de su ano.

 

Un instinto atávico me compelía a poner mi verga en esa cálida grieta, pero estaba consciente de que estaba fuera de toda discusión.     Entonces se me ocurrió otra cosa:

—Mami … ¿Sería malo si golpeo tu trasero varias veces con mi pene? … eso me ayudaría a correrme más rápido, mamá …

Mi madre sin voltearse y en un tono que denotaba cierto enfado, me dijo:

—¡Pues entonces hazlo y ya! …

Al parecer estaba un tanto exasperada y me pareció que ella quería decir algo cómo “Y en cuanto tiempo más te corres chiquillo de mierda … date prisa … por Dios”.      Mi corazón estaba que se me salía por la garganta, no le di mayor importancia a su tono.     Agarré mi verga y comencé a huasquear su trasero con ella, hasta dejar sus nalgas enrojecidas y pegajosas con mi líquido preseminal.

—¡Oh!, mami … esto es bueno …

Dije disfrutando de la sensación de la carne de su culo caliente y desnudo contra mi glande resbaladizo, además ella había comenzado un movimiento rotatorio que me enardecía aún más.

 

Después de unos segundos sentí el burbujeo en mis bolas, a sabiendas de que no duraría mucho, grite:

—Mami … mami … prepara la taza … casi me llega …

Mamá se volteó rápidamente y yo metí mi glande dentro del recipiente, después me masturbe con violencia inaudita mientras mamá habría sus ojitos y se concentraba a ver mi descarga de semen.   Prontamente exploté y chorros perlados de esperma comenzaron a verterse en el receptáculo, mamá inconscientemente mordía su labio inferior y alzaba sus tetas como a pretender de ser rociada por mi cálida semilla.     Gemí muy fuerte y estrujé mi polla al borde de la taza, mamá sostenía la copa cuidadosamente, sin perder vista de mi copiosa eyaculación.     Anteriormente siempre había sido mi madre a pajearme, esta era la primera vez que lo hacía yo solo, mirando sus exuberantes senos que subían y bajaban con su agitada respiración.     Cuando advirtió que no goteaba nada más, mi madre se levantó y examinó el tubo.

—¡¡Guau!! … lo has llenado hasta la mitad … es impresionante … no sé cómo lo logras …

Mamá estaba sumamente sorprendida y encantada mirando mi esperma que colmaba el recipiente a mitad.     Aún jadeante levante mi vista y vi lo que decía mi mami, era cómo si me hubiera corrido produciendo más o la misma cantidad de semen de hace unos minutos.     Lo que es yo, me sentí mucho mejor, el dolor de mis bolas había desaparecido por completo.

—¿Satisfecho muchacho? … ¿Te sientes mejor? …

Dijo mi madre en ese tono de profesora tratándome como a un párvulo.

—Uh … si mamá, ¡gracias! …

Respondí sintiéndome cómo un niño pequeño al que se le permitió de participar en un juego nuevo.

—Entonces enjuágate rápidamente y vístete … déjame terminar con mi ducha …

Mamá me pasó el cabezal de la ducha, terminé de enjuagarme y salí de la bañera.

—Creo que la clave es sacarte el máximo de semen, hijo … no soy médico, pero considero que sería aconsejable hacerlo … deberíamos aumentar la frecuencia de nuestras sesiones …

Dijo mi madre en tono circunspecto mientras me miraba secarme, mi cuerpo entero vibró cuando escuche las palabras de mamá, ella mantenía su vista fija en mi pija que intentaba volver a alzarse.

—Solo tengo que ver cómo lidiaremos con eso de tus deseos sexuales … eso me preocupa …

Levanté mi cabeza e intenté decir algo, pero mamá de un tirón cerró la cortina de baño y abrió el potente chorro de agua.     ¿Qué significaba lo que acababa de decir mamá?     Todavía estaba abrumado por mis dos orgasmos seguidos y la cabeza me giraba un poco.     Ver a mi madre completamente desnuda y depilada había sido realmente genial.     Me fui a mi cuarto y me acosté sobre las cubiertas.

 

Sentí unos golpecitos en mis nalgas, me desperté confuso.   Habían pasado una quincena de minutos, estaba desnudo sobre la cama durmiendo en uno de mis costados, tenía una pierna plegada y mi trasero hacia atrás, mi madre estaba de pie detrás de mi acariciando mi culo.     Estaba envuelta en una toalla y palmeaba mis glúteos para despertarme.

—¡Vamos jovencito! … ¿Por qué es que no estás vestido aún? … ¡Son casi las diez! …

Su tono era un tanto severo.    Yo estaba en la misma posición y ella disfrutaba de mi culo moviendo su mano suavemente.     Al darme vuelta ella fijo sus ojos en mis bolas y mi verga semi fláccida, lamió sus labios como solía hacerlo siempre.

—Lo siento, madre … debo haberme quedado traspuesto … me sentí cansado después de correrme dos veces en el baño … eso es todo …

—¡Oohhh! … Está bien, hijo … pero no olvides que tenemos una seria conversación pendiente … prepárate el desayuno tú mismo … cuando estés listo puedes irte …

—Mami … no estoy muy de humor para salir … y como estaré solo en casa … quisiera poder girar solo con mi bata … esa asiática con el dragón … casi no la he usado ¿sabes? …

Mamá me miró un tanto extrañada, como si no entendiera lo que le había dicho, se quedó pensando y me respondió luego de una pausa:

—Bueno, no me importa … solo por estos días mientras hagamos nuestras sesiones … pero no cuando tengamos invitados … no cuando volvamos a la normalidad … ¡Ufa! … me parece un siglo … esperemos que esto termine pronto …

Mamá odia mi bata, dice que es demasiado llamativa para un joven como yo.    La escuche apesadumbrada por la situación que estábamos viviendo, de seguro su mojigatería y fariseísmo no la dejan en paz, ya quisiera correr a la iglesia a confesar sus pecados ¿Sera capaz de aquello?

—… Bueno … creo que también ahorrarás ropa …

Dijo en un tono más alegre, luego se fue cimbrando sus caderas y moviendo su culo espectacularmente, sabiendo cuanto me gusta ¿Lo hará a propósito?

 

Cuando bajé a la cocina ella todavía estaba allí.      Estaba completamente vestida y perfectamente maquillada, lista para ir de compras.    Vestía una falda cortita, clarita y un suéter de mohair bastante estrecho que resaltaba estupendamente la forma de sus pechos, lucía una fina cadena de oro al cuello.     Se veía muy linda y elegante, hacía mucho tiempo que no la veía así fulgurante y distendida.     Me sentí orgulloso y excitado por ella.

 

Ella me miró de arriba abajo, yo con mi bata japonesa con el dragón de fuego en mi espalda me sentía muy tranquilo y afable.     No dijo nada, pero puso un poco de dinero sobre la mesa:

—Voy de compras … ahí tienes tú dinero de la semana … no estés solo a holgazanear, has algo, ordena, limpia la casa …

Luego dio media vuelta y salió de prisa:

—¡Chau!, mami …

Dije mientras ella caminaba raudamente por el pasillo.     Sentí cuando cerró la puerta de casa y luego de unos minutos su auto arrancó.

 

Mientras desayunaba, recordé los momentos con mamá, era siempre excitante verla desnuda, además, me dejó jugar con su hermoso trasero.     Pero luego se había enojada no aceptando que yo tuviese impulsos sexuales, pero no podía evitarlo, era más fuerte que mi propia voluntad.    Soy solo un joven adolescente cargado de hormonas en revolución.     Ver un cuerpo femenino desnudo era más que suficiente para hacerme fantasear con ella.     Y el hecho de que fuera mi madre lo hacía más excitante.   No lo sé el motivo o la razón para ello, quizás la seguridad y la familiaridad, no lo sé.

 

Lo que me confundía eran los razonamientos contradictorios de mi madre.    Por un lado, quería reprimir mis impulsos sexuales y por el otro me había dicho que debíamos aumentar la frecuencia de la toma de muestras.     Totalmente abstruso para mi, me comenzaba a doler la cabeza de solo pensar, decidí no darle más vueltas al asunto, porque pronto descubriría sus intenciones.     El dolor de mis bolas se había ido, pero sabía que regresaría en un par de horas, espero que mamá estará de retorno cuando eso suceda.     Un pensamiento agradable que hacía pulsar a mi pene.

 

Me dediqué a hacer una profunda limpieza de casa, tal como mamá me había pedido, esperaba ganármela y ponerla de buen humor cuando regresara.     Cuando terminé ordené por delivery una pizza y una bebida Coca para mí.

 

A eso de las tres, mientras miraba la Tv, oí el carro de mamá regresando, me apresuré a ir en su encuentro para ayudarla con las bolsas, tomé las más pesadas y las fui a depositar al mesón de la cocina.     Mamá entró con su rostro ceñudo y taciturno, pero su expresión cambio inmediatamente cuando vio que había limpiado la casa en modo impecable.

—¡Oh!, Alberto … has hecho muchas tareas domesticas …

Dijo mamá mirando mi bata azul y volviéndose a sentir un tanto molesta.

—Sí, mami … es lo menos que puedo hacer para agradecer tu ayuda con … ¡emh! … eso … tú ya sabes …

Mi madre se desentendió de mí y comenzó a desempacar las bolsas, luego casi casualmente me dijo:

—Me voy a preparar algo de comer … ¿Quieres algo tú también? …

—No, mami … ya me comí una pizza …

—Entonces ve y haz otra cosa … luego tendremos la charla que no hemos tenido …

—Está bien, mami …

Me puso nervioso inmediatamente, así que me fui a mi cuarto a jugar con mi PC.     Casi una hora después, mamá me llamó, bajé las escalas y encontré a mamá sentada en la cocina.

—Siéntate, hijo …

Dijo ella.   Empujé una silla y me senté frente a ella.    Por unos instantes mis ojos vagaron por el esplendor de sus tetas en ese ajustadísimo suéter, luego la miré a los ojos.    Creo que se dio cuenta de mi mirada a sus pechos.

—Alberto, mientras estaba fuera a comprar … estuve pensando a nuestras sesiones … es cierto que acepté ayudarte por razones médicas … pero ahora se han despertado en ti deseos carnales … eso no está bien …

Hizo una pausa como para ordenar sus pensamientos, se aclaró la voz y prosiguió:

—… Me doy cuenta de que es normal que un chico de tu edad reaccione de esa manera al ver el cuerpo desnudo de una mujer … pero soy tú madre … ¿Sientes deseos carnales hacia mí, hijo? …

Casi me muerdo la lengua, iba a decir que sí, pero rápidamente reaccioné y descaradamente mentí:

—Por supuesto que no, mamá …

No podía admitir algo que yo estaba seguro de que ella condenaría, siempre he deseado su cuerpo voluptuoso y muchas veces me pajeé pensando en ella, pero jamás lo confirmaría ante ella.     A mamá se le iluminaron sus ojitos y dijo:

—Entonces hijo … he decidido seguir ayudándote …

—¡Gracias, mamá! …

Dije con una sonrisa de alivio, me sentía feliz teniendo a mi madre a mi lado.    Pero mamá tenía mucho más que decir:

—Hijo … en nuestra sesión de esta mañana, descubrí que es muy bueno para ti si te corres con mayor frecuencia … debemos mantener tus bolas vacías … así tu dolor pasará más rápido … y si tienes algunos impulsos sexuales … sería bueno aprovechar de ellos y usarlos en tu favor y hacer que te corras más seguido …

Se quedó callada por un instante y yo otra vez me enredé y no entendí bien lo que pretendía, pero me mantuve silente intentando de escuchar con mayor atención su perorata.

—Para que tú dolor disminuya o sane … debemos tratar de hacerte eyacular el mayor número de veces posible … debemos descubrir cuanto semen eres capaz de producir … nuestras sesiones deben ser más seguidas … por supuesto que lo hacemos solo por razones médicas y por tú bien ¿lo entiendes? …

La miré con asombro y un poco vacilante le pregunté:

—¡Mmmm! … mami … entonces … ¿que deberíamos hacer? …

—Lo que quiero decir es que es necesario que te estimule más seguido y mejor, para así ayudarte a eyacular más seguido y con mayor frecuencia … aprovecharemos este fin de semana para probar mi teoría … ¿Te va? …

Tragué saliva atónito, mamá pretende pajearme más seguido y con más estimulación de su parte, rápidamente asentí con mi cabeza, pero sin perder mi compostura, para no ponerla tensa ni hacerla sospechar de nada prohibitivo, luego dijo:

—Hijo …eso significa que usaré ropa adecuada … hoy aproveche de comprar algunas prendas con ese objetivo …

—¡Oh!, mami …

Dije inocentemente.   Me era difícil permanecer impertérrito ante las revelaciones de mamá, se me formó un nudo en la garganta y mi polla se remecía y estremecía bajo mi bata, afortunadamente la mesa cubría mi poderosa erección, así que ella no se había dado cuenta.     Pero ella prosiguió:

—… creo que yo también he sentido algunos impulsos inmorales, hijo … pero si es por tú bien … creo que podríamos entregarnos libremente y no reprimirnos tanto …

—¿Qué quieres decir, mami? …

Dije lo más sumisamente posible.

—Bueno … podrás decirme lo que te gustaría hacerme y yo te dejaré saber si es aceptable para mí o no …

—¿Quieres decir que puedo tocarte? …

Pregunté con cierta escondida ansiedad.

—Sí, y tal vez haremos algunas cosas que te estimulen lo más posible …

Volví a tragar saliva y de repente mi boca se secó, mi polla dio un brinco que golpeo la mesa por debajo, mamá continuó hablando:

—Pero … debemos poner algunos limites … estará totalmente prohibido que entres en mi con tú verga … eso sería un tremendo pecado y no vamos a desafiar al buen Dios … y no debes olvidar que lo que hacemos lo hacemos solo porque lo ordenó la doctora …

Me sonrojé profundamente ante sus dichos, parecía que había adivinado exactamente lo que yo más quería y me avergonzaba un poco de que ella se hubiese percatado de mi intención.

—Está bien, mami …

Dije tratando de que pareciera que no me importaba mucho, pero en mi interior me sentí muy decepcionado.    Pero ella tenía algunas cosas más que decir:

—Además … hare todas esas cosas que hacen las mujeres para hacer excitar a un hombre … te recuerdo que es solo para ayudarte a correrte …

—¡Que piensas hacer, mami? …

Pregunté curioso.

—Ya verás … debes solo esperar a la próxima sesión …

Dijo ella un poco misteriosamente.    Mientras decía eso, por mi mente pasaron todo tipo de imágenes, fotos y videos de mujeres haciendo cosas impensables, pero no podía imaginar a mi madre haciéndome esas cosas.    Me ruboricé y mi polla volvió a golpear la mesa por debajo.    Mamá me miró interrogativamente, mientras se agachaba a mirar por debajo de la mesa preguntó:

—¿Qué fue ese ruido? …

Se enderezó lamiendo sus labios y me preguntó:

—¿Estas teniendo la sensación de que necesitas correrte, Alberto? …

—Mami … ya solo hablar de esto me estimula mucho ¿sabes? …

—Pues entonces no lo escondas …

Dijo levantándose y acercando su silla un poco más a mí para poder ver mejor mi entrepierna y agregó:

—De ahora en adelante debes avisarme inmediatamente cada vez que tu pene se pone duro cuando me miras … entonces yo me hare cargo y te estimulare lo suficiente como para tomar una muestra todas las veces que sea necesario … ¿Crees que podamos tomar ahora una? …

—Sí, mamá … creo que es necesario …

Respondí dócilmente.

—¡Entonces a que esperas para quitarte esa bata! …

Me levanté de prisa e inmediatamente mamá miró la protuberancia formada en mi bata, deshice el nudo del cinturón y abrí el frente de mi quimono, mi verga saltó frente a los ojos de mamá que se había acercado a controlar, mi madre miró fascinada mi glande y el orificio de mi meato, por donde aparecían ya algunas gotas de preseminal.     Mamá se inclinó hacia adelante y lo acarició suavemente:

—¡Que hermosa es tu polla, hijo! … se ve bien y pareces estar listo …

Dijo sonriendo y con toda naturalidad, me quité mi albornoz y lo puse en la silla donde había estado sentado.     Ahora estaba completamente desnudo ante mi madre, con mi pene erecto apuntando hacia sus rojos labios:

—Te daré una estimulación visual para obtener una buena muestra de ti …

Dijo mamá y comenzó a desvestirse, se quito su suéter y luego su falda, apoyó todo en su silla y procedió a quitarse su sostén, dejando sus poderosos senos libres que comenzaron a cimbrearse con cada movimiento que ella efectuaba.     Ver sus mamas enormes, sus coloridas areolas y sus enhiestos pezones hicieron que mi pene vibrara en consonancia al mecerse de sus tetas.     Mamá me vio embelesado a mirar sus pechos y me dijo:

—Recuerda que debes decirme lo que sientes y piensas de ahora en adelante …

La miré y me sonrojé profusamente, entonces tímidamente le dije:

—Mami … ¡umh! … bueno … yo … ¡emh! … quisiera chuparte las tetas … si no te molesta …

—Bueno … eso me parece normal … puedes hacerlo siempre y cuando no me muerdas demasiado fuerte … tienes que ser delicado y amable con mis senos …

Me arrodillé al nivel de sus hermosas tetas y suavemente las tomé en mis manos.     Lamí su pezón izquierdo, suavemente lo encerré en mis labios succionándolo mientras mi mano acariciaba su seno derecho.    Se sentía fantástico y mi polla pulsaba llena de vida.     Luego hice lo mismo con su otro pezón.     Escuché a mi madre jadear, acariciaba mis cabellos, gemía y suspiraba:

—Han pasado tantos años desde la última vez que hiciste eso mismo …

Susurró en voz baja sin dejar de acariciar mis cabellos y mejillas.   Sus tetas llenaban mi boca y no respondí nada.     Después de un par de minutos, mamá me empujó:

—¡Hey! … deja ya eso … quiero masturbar tu polla …

Me levanté y mi verga volvió a quedar a la altura del rostro de mamá.     Ella abrió la boca y por un instante pensé que se tragaría mi pija, sus labios estaban tan cerca de mi glande que me parecía sentir la tibieza de su respiración, miraba concentradísima mi glande mientras masajeaba mi miembro con sus dos manos.     Mirando sus senos todavía húmedos por mi saliva, se me ocurrió pedirle cautamente:

—Mami … ¿Puedo meterlo ahí … ehm … en tus senos! …

Mamá sin siquiera pensarlo, me dijo:

—Cierto … cierto … eso sería de estimulo para ti …

Se desplazó un poco hacia adelante en su silla, tomo sus pechos en sus manos e hizo lugar en medio a ellos a mi polla dura como el granito, eché mi pelvis en adelante y mi verga fue acomodada en medio a las tetas esponjosas y cálidas de mi madre, luego inicié un movimiento deslizando mi pija entre sus lechosos senos, se sentía literalmente increíble.     Liquido preseminal comenzó a salir de mi amoratado glande humedeciendo la hendedura de sus mamas y formando una especie de crema blanca.    Sorpresivamente mamá apretó mi verga entre sus magníficas redondeces y dijo:

—¡Fóllame las tetas, hijo … fóllamelas … córrete rápido …

¡¡Reconchas!! ¡¡Apenas daba crédito a mis oídos!! Jamás pensé escuchar a mamá diciendo eso, era extremadamente cachondo.

 

Seguí sumergiendo mi polla crecida y endurecida al máximo en ese mar de tetas en tempestad.     Mi glande se hundía y emergía entre esas blancas olas que se habían convertido en una especie de coño.  Mamá aferraba sus pezones y apretaba sus senos aprisionando mi verga en ellos estrechamente, mis bolas estaban en plena ebullición y casi me parecía sentir mi esperma comenzando a salir por mi conducto urinario, entonces mamá gritó:

—¡¡Carajo!! … échamelo en mis tetas, Alberto … córrete … baña mis tetas con tu semen …

—¡Ay!, mami … ahora … me viene … ahora ya …

Inmediatamente soltó sus senos y agarró la taza recolectora donde mi esperma comenzó a caer en explosivos borbotones.     Con su mano izquierda mantenía el recipiente y con la derecha estrujaba mi pene concienzudamente,

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … mamiii … ¡Que rico! …

Como de rutina, mamá siguió bombeando mi pene con fuerza ordeñándolo hasta la última gota.   Esta vez mis piernas casi no me sostenían, había chorreado un rio de esperma en el receptáculo, abatido y exhausto me deje caer en mi silla, mamá se las ingenió para atrapar un par de gotas más entre sus dedos y luego los hizo deslizar en la copa receptora, finalmente mi orgasmo había concluido.

—¡¡Coño!!, mamá … eso estuvo muy cachondo …

Inmediatamente me di cuenta de haber proferido palabras poco adecuadas a los oídos de mamá, así que traté de corregirme:

—Lo siento, mamá … estuvo muy estimulante tu ayuda …

Mamá estaba más concentrada en admirar la enorme cantidad de semen contenida en la taza y me dijo:

—Esta bien, hijo … no es importante si dices esas cosas … es muy natural que un hombre las diga en ocasiones como esta … además, quiere decir que te estimulo bien … hago lo que hacen las mujeres para que sus hombres se corran en ellas …

Me sentí aliviado ante el comentario de mamá.     Luego miré la copa, otra vez estaba colma un tercio, parecía que todas las veces eyaculaba una cantidad similar de semen sin importar cuantas veces me había corrido.    Esta la tercera paja del día.    Mamá estaba encantada y así lo expresó:

—¡¡No puedo creer cuanta lechita produces!! … ¿¿Cómo es esto biológicamente posible?? … Lo hemos hecho tres veces hoy y sigue saliendo una cantidad similar … tendremos que hacerlo muchas veces más … tendremos que hacerlo hasta que tus bolas se drenen totalmente … creo que tendré que estimularte continuamente este fin de semana y veremos cuantas veces más podemos hacerlo …

Escuché con asombro las reflexiones de mamá en alta voz, me parecía inverosímil, pero mi verga volvió a pulsar aún en su estado semi fláccido.     Luego como si le hubiese venido una brillante idea, mamá dijo casi exaltándose de júbilo:

Primero me pondré más bonita para ti … he comprado algunas cositas nuevas … volveré enseguida …

Así diciendo mi madre se levantó con sus tetas balanceándose lujuriosamente, cogió su ropa y salió contoneándose con sus tacos altos y sus glúteos meciéndose armoniosamente hacia su dormitorio.    Me quedé sin habla ¿¿Qué tendrá mi madre en mente esta vez??

 

Continuará …

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¡Si es por orden del doctor! ... - Cuarta Parte.
Allison: Colegiala y prepago

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