Incesto

¡Si es por orden del doctor! … – Sexta Parte.

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—¿Sabes que tienes un bellísimo y fabuloso culo, mami? …

Le dije mientras mantenía abiertas con mis manos sus blanquecinas y suaves nalgas, también su coño gordito se veía esplendoroso y mojado, todo estaba ahí expuesto para mi deleite.

—Gracias, cariño …

Respondió ella mientras ordeñaba las últimas gotas de mi semen dentro el vaso recolector.    Inexplicablemente o quizás para excitarme, empujo su culo contra mi cara y movió su coño y sus nalgas sobre mis labios, se restregó sobre mí y luego se levantó.

—¡¡Guau!!, mami … que rico cuando me haces eso …

—Bueno … ahora que sé cuánto te gusta … quería demostrarte cuanto me gusta a mí … creo que haremos más cosas que nos gusten a nos dos …

Mamá sabe descolocarme con sus comentarios, siempre me deja con un signo de interrogación enorme ¿Qué significará que haremos más cosas que nos gusten a ella y a mí? ¡¡Ni idea!! Será algo nuevo y sorpresivo como es su costumbre, mi secreta ilusión es follarla, pero ella esquiva y se niega a eso.     Creo que deberé quedar a su merced y deseos.

 

Mamá después de levantarse, se sentó con sus piernas plegadas sobre la alfombra, se veía hermosa con sus hermosos muslos cubiertos en esas medias negras, sus senos enormes que se movían pesantemente en su pecho.    Estaba ahí concentrada a mirar el recipiente de las muestras, se acercó a mí que permanecía acostado de espalda y con mi miembro descansando, extremado sobre mi muslo, me mostró el vaso:

—¿Ves cuánto te has corrido? … es mucho menos que otras veces … creo que por hoy eso sería todo … has alcanzado tú limite … y yo también estoy un poco extenuada … me iré a la cama … y espero que tú también lo harás …

Creo que el vino finalmente se me había ido a la cabeza y me sentía extraño, creo que mamá tenía razón como siempre, así que asentí y dije:

—Mami … estuvo fabuloso … cinco veces fueron muchas …

—Hijo, mañana es domingo … tendremos mucho tiempo … seguiremos cumpliendo la prescripción de la doctora … descansa y prepárate para mañana … yo pensare a como estimularte más … quizás sea hora de agregar otras cosas … buenas noches, hijo …

—Buenas noches, mamá …

Así diciendo me beso en la mejilla y se fue desnuda por el pasillo hacia su dormitorio, no me podía perder este momento, así qué rápidamente me senté y contemplé el vaivén de sus caderas y la hermosa cadencia de sus glúteos, los mismos que acababa de babosear, ya no eran inalcanzables.    Los había olidos, lamidos, besados, acariciados, lengüeteados, ya eran míos.     Pero mamá seguía dejándome como un puzle con su forma de comunicar ¿Qué habrá querido decir que era hora de agregar otras cosas?    ¿Qué diablos quiso decir?     ¿Cuáles eran esas otras cosas?     Mamá seguía siendo un enigma para mí, no me restaba que confiar en su criterio y experiencia, hasta ahora nunca me ha defraudado.

 

Me levanté, me quejé un poco al alzarme, me sentí cansando, me fui a mi dormitorio y bajo la tibieza de mi edredón, rápidamente me quedé dormido.

 

Mi sueño se vio interrumpido, me estaban jalando del brazo, abrí mis ojos somnolientos.     Mamá estaba sentada al borde de mi cama envuelta en su bata.      Pensé que fuese de madrugada, pero mamá me informó que faltaban poco minutos para las ocho, adormilado aún, la miré y traté de mover mi cabeza para espabilarme, la noche se había hecho corta y me sentía con el mismo sueño con el que me acosté.     En cambio, mamá lucía lozana, despierta, sonriente, contenta y llena de ánimo y vida, parecía una flor temprana, realmente hermosa y fresca.

—Buenos días, hijo …

—¡Ooohhh!, mami … que sean buenos también para ti …

Sentí una corriente de aire en mis piernas y mi vientre, mamá había quitado en parte el edredón y estaba deslizando su suave mano por mi muslo hasta tocar mi polla que estaba más adormecida que yo, casi al instante terminé de despertarme, ella dijo:

—Vamos a tener una sesión temprana … aquí tengo el vaso de las muestras …

Había un verdadero entusiasmo en la voz de mamá.     No podía creer que se hubiese levantado así ganosa para hacer que me corra tan temprano.     Sin ningún preámbulo ni caricia, mamá se lanzó golosa a comerse mi verga.     Me estaba masturbando, acariciando mí ano y mis bolas con verdadero ahínco y tesón, me parecía sedienta de sexo.      Era una maravillosa sensación la que me provocaban su maravillosa boca, su lengua y delicados labios, mi verga se entiesó rápidamente.

—¡Qué rico me lo haces, mami! …

Dije a alta voz, mi madre reaccionó dejando de chuparme, de prisa se puso de pie, desato su bata y la dejó caer al suelo.     Debajo no llevaba nada, solo su belleza completamente desnuda, su figura sexy y voluptuosa se presentó ante mis ojos.     Se quedó así por un instante, su mano en la cadera y en pose evidentemente sexy, sus senos plenos, cimbreantes y lujuriosos, se bamboleaban desafiantes, sus pezones oscuros apuntaban hacia adelante pendencieros y provocadores, denotando la excitación de ella ¡¡¡Mamá estaba caliente!!!

—Bueno, mi amor … como premio a que te pusiste tan durito … te la voy a chupar por largo rato … tu pija sabe tan rico esta mañana … tengo que aprovecharla antes de que te corras …

No sé si lo decía en serio o me estaba prendiendo a la chacota.     Su atrevimiento me provocó una gran sorpresa y mi pene agradecido pareció crecer un par de centímetros.     Ella se subió a la cama y volteó su trasero hacia mí, metió sus manos hacia atrás y abrió sus nalgas mostrándome su culo precioso, luego se plegó hacia adelante y me mostro la rajita de su panocha herméticamente cerrada, se veían tan unidos sus labios mayores y la visión era fantásticamente cachonda.    ¡¡¡Santos demonios!!!   Mamá me quería calentar al máximo esta mañana.      Viendo como mi verga blandía el aire sin que nadie lo tocara, mamá giró solo su cabeza sobre sus hombros y con una seductora sonrisa, me pregunto:

—¿Te gusta lo que ves? … ¿Se ve bien mi trasero así? …

—¡¡Joder, mami!! … me haces desear tanto tu coño y tu culo … por favor dime que puedo tocarlos … dime que puedo besarlos … dime que puedo lamerlos … mami, por favor no me hagas sufrir … dime que puedo …

—¡Sí que puedes! … a una condición …

—Dime, mamá … todo lo que tú quieras …

—Quiero chupar esa exquisita y jugosa verga tuya … ¡Jovencito! … espero que te des cuenta de que has hecho que me caliente con tu pija …

Era la primera vez que escuchaba a mamá admitir que ella también se excitaba con nuestra actividad de toma de muestras y que no lo hacía exclusivamente por orden de la doctora.     No dije absolutamente nada, no quise evidenciar lo feliz que me hacía sentir.     De un salto me puse de pie y acerqué mi verga que se movía como un péndulo a su roja boca, la tomé en mi mano y la apunté a sus labios entreabiertos y suavemente la penetré, mamá comenzó a mover su lengua y después inició una succión sostenida, haciendo los ruidos de chapoteo y sorbos mientras lo chupaba, sentí su mano empoderarse de mis bolas, me parecía que tanto yo como ella lo estábamos disfrutando a concho.

 

La sensación de correrme todavía no me llegaba, pero ver a mi madre arrodillada a chuparme la verga con ardor y sus tetas que se balanceaban de un lado a otro, me excitaba al máximo.     Después de un rato infinito en que mamá gozó de mi pija, me dijo:

—¡Es tu turno! … me pondré en cuatro … podrás besar mi culo y mi coño … pero no me penetres … recuérdalo bien …

Mamá hizo como dijo, se colocó sobre sus manos y rodillas, girada como a mirar la ventana, su culo ligeramente levantado y su espalda levemente arqueada, sus pechos pendían con un movimiento perpetuo, su trasero apuntaba a mi invitante ¡¡¡Que vista más increíble!!!  Hace una semana, jamás habría fantaseado que mi devota, beata y religiosa madre, pudiese adoptar estas poses tan calientes ¡¡¡En mi propia cama!!!

 

Sus amplias nalgas con su estrecha cintura formaban una especie de enorme corazón, la hendedura entre sus glúteos con el culo estriado y rugoso, su coño con esos grandes labios sellados como conservando un tesoro invaluable, se veían tan atractivos, que inmediatamente me arrodille detrás de ella.     Toque sus nalgas de ensueño y acerque mi boca a su culo, comencé a lamer y salivar su ojete anal, pase mi lengua por ese estrecho pasaje una y otra vez.     Con avidez traté de penetrar ese pequeño orificio, mamá gimió cuando me apoderé de sus nalgas y las abrí e hice calzar mi verga a la entrada de su culo, no me atreví a empujarlo dentro, la tiré de sus caderas y mi pene resbaló hacia arriba luego hacia abajo separando los apretujados labios de su coño, mamá movió sus ancas sicalípticamente metiendo su cabeza en la almohada y gimiendo ¿¿Querrá ser penetrada??

 

Yo estaba literalmente en el cielo, había saboreado el culo de mamá una vez más.     Ahora iba a por su coño.     Mamá estaba increíblemente mojada, su panocha se estaba desbordando, su néctar era exquisito, me concentré a lamer esos zumos preciados y finos, dulces como un manjar, embriagantes como un licor.     Con mi lengua me fui haciendo espacio en su conchita apretujada, mientras más me adentraba en ella, más sabrosa y enjundiosa me parecía, saboreé incansablemente sus rosada y húmeda carne, los gemidos de mamá eran cada vez más audibles y empezó a tener contracciones en su chocho, los gemidos se transformaron en chillidos ocasionales y la escuché decir:

—¡Ssiii! Alberto … ¡Ssssiiii! … ¡Cómete mi coño! … ¡Lame el coño de mami! …

Vi cómo su culo comenzaba a latir como con vida propia y me apresuré a lamber ese ojetillo rugoso e intoxicante, moví mi lengua en su ano, ese agujero marrón se abría y se cerraba al son de mis lengüeteadas que iban cada vez más adentro, como si la estuviese follando con mi lengua.     Mamá gimió empujando su trasero contra mi cara, era indudable que gozaba al ser penetrada así.

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii!, cariño … Lame el culo de tu madre … se siente taaaan rico.

Por varios minutos continué a darle placer por el culo, separando aún más sus nalgas y traté de ir lo más profundo con mi lengua.

—¡Aaaahhhh! … ¡Mmmm! … ¡Aaahhh! …

Mamá volvió a estremecerse y a gemir, entonces volví a su coño y lo lamí y relamí un poco más.     Me moría con ganas de hundir mi verga en esa encharcada concha de mamá, estaba mojada y abierta, pero sabía que ella no me lo permitiría.     De todos modos, también era evidente que ella estaba realmente caliente y en un estado de lujuria increíble, me lo decía el modo en que meneaba su trasero mientras lamía su culo y su coño.      Me di coraje y le pregunté:

¿Puedo abofetear tus nalgas con mi pene y pasarlo entre tus nalgas? … Quiero acariciar tu culo con mi verga y pasarlo a lo largo de tus glúteos … ¡Te prometo que no te penetraré! …

—Está bien …

Para mi sorpresa mamá accedió sin objetar nada, mi verga se sacudió impactada.     Golpeé mi erección en sus nalgas varias veces, mi líquido preseminal se esparció en ellas, mi meato urinario se deslizaba en medio a su hendedura anal.     Su culo volvió a llamar mi atención, frote mi glande contra ese orificio para estimularla, sentí las cosquillas como para correrme, pero me contuve.     Como ella no se opuso a mis caricias, me envalentoné y con mi mano empujé mi cabeza amoratada entre los labios de su coño, mi verga se pavoneó ostentosamente en el charco de su labia vaginal.      ¡¡¡Jesús!!! Se veía tan tentadora su panocha a solo centímetros del glande de mi polla.   ¡¡¡Habría bastado un pequeño empujoncito e iría directamente dentro de su paraíso!!!

 

Nunca había escuchado a mamá gemir tanto, de seguro estaba extremadamente excitada por lo que le estaba haciendo, para mi sorpresa casi en un grito de desahogo dijo:

—Está bien, Alberto … no puedo soportarlo más … mételo en mi coño … mételo suavemente y no te corras dentro de mí … tenemos que tomar la muestra …

 

¡¡¡Mi Dios!!! ¡¡¡No lo podía creer!!! Ondas celestiales trajeron a mis oídos las palabras de mamá.   No me lo hice repetir, esta vez entendí a la primera, sin vacilación apunté con mi verga tiesa a su panocha y empuje:

—¡Aaaahhhh! …

Grité extasiado por la paradisiaca calidez que envolvió mi polla, las paredes del coño de mamá se aferraron a mi verga, casi succionándolo a su interior, los aprietes y contracciones de su coño era algo desconocido para mí, instintivamente retrocedí un poco, pero luego volví a empujar y ella dijo:

—¡¡Oooohhhh!!, Alberto …

—¡Oooohhhh!, ¡Ssiii! …

Dije yo comenzando a deslizar mi pene dentro y fuera de su coño, finalmente estaba follando a mamá, por increíble que me pareciera, estaba sucediendo, mi verga se sumergía en su empapada panocha con ruidos de chapoteo que eran acompañados por chillidos y gemidos de mamá, seguí bombeando más y más rápido agarrando sus caderas para acompañar mis embistes.     Imaginar de follarla era una cosa, pero hacerlo deveras, era el cielo en la tierra, nada más placentero de aquello.

 

Estaba como en un trance, ensimismado en la sensación que me provocaba el coño de mi madre, era mi primer coño.     Nada al mundo podía abstraerme de esta sublime y divina experiencia, nada.    Ni menos la toma de una insustancial muestra de mi semen.     No dije nada que me estaban viniendo las cosquillas en mis bolas, seguí follando a mi madre sin descanso, estaba debatiéndome en si avisarle o no que estaba por correrme, ella misma me dio la respuesta:

—¡Fóllame, hijo! … ¡Fóllame fuerte! … ¡Por favor no te detengas! …

Con placer proseguí bombeándola, ella gruñía y gemía de goce empujando su coño contra mi polla acompañando cada embestida mía.       Yo también me sorprendí a mí mismo lanzando ciertos gruñidos guturales que me salían, así como del fondo, antes de ahora jamás me había sentido tan excitado, el coño de mi madre sobajeaba mi pene en modo de volverme casi loco, era la primera vez que no había nada más importante que correrme dentro de su coño.    Todos los conductos, desde mis bolas hasta la punta de mi verga hormigueaban, mi escroto entero cosquilleaba y sentí como mi semen salió disparado en ingentes borbotones, me aferré de las caderas de mamá y le enterré mi pija lo más profundo posible:

—¡Argh!, mami … me corro … me corro … mami, me corro dentro de tiii …

No quería perderme nada de lo que sucedía, era primera vez que me corría dentro de un coño.     Mi madre estiro su pierna derecha hacia atrás y su extremidad comenzó a tiritar fuera de control, también su culo temblaba pegado a mi pelvis.     Mamá había arqueado su espalda y gruñía tanto como yo.   Parecíamos dos fieras salvajes sedientas de sexo.

—¡Oooohhhh! … ¡Ssiii!, hijo … ¡Ssssiiii! …

Mi madre también se corrió con un gran gemido, yo continuaba a chorrear sus paredes vaginales, después de un tiempo infinito, mi verga dejo de expeler esperma dentro la vagina de ella, sentí como sus músculos vaginales aflojaban su apriete y mi pija se relajó y salió de su panocha.     Me derrumbé sobre la cama, mamá se había quedado inerte boca abajo, tenía los ojos cerrados.

—¡Dios mío! … ¡Que hemos hecho! …

Dijo mi madre sin alzar su cabeza, sonaba apesadumbrada.     Habíamos sobrepasado todos los límites, no sentí ningún arrepentimiento, por un momento no dije nada, pero luego con el tono más tranquilo posible, le dije:

—Mami … fue imposible para mi detenerme … creo que tampoco tú querías que lo hiciese …

Se hizo el silencio otra vez, después de algunos minutos, ella dijo:

—Tienes razón … no hice nada para detenerte … pero no importa … sucedió y supongo que era lo que tenía que suceder … de todas maneras seguiremos con la toma de muestra … no sé cómo haremos con esta … la has vertido toda dentro de mi …

Mamá se quedó pensando por un rato y dijo:

—Hijo … tomando todas las muestras que hemos hecho … ¿Crees que sería posible calcular una media y anotar ese resultado? …

—Es perfectamente posible, mami … es solo una operación matemática …

—Está bien, hijo eso es lo que haremos … otra cosa, Alberto … no dirás a nadie lo que acabamos de hacer … ¿Entiendes? … nunca … a nadie …

—No te preocupes, mamá … no lo diré a nadie … jamás …

—¡Oh!, qué bueno … me haces sentir un poco mejor …

Luego de un rato ocupada en sus cavilaciones, me sorprendió diciendo:

—Hijo, podríamos hacerlo de nuevo … ya lo hicimos una vez … ya no es tan importante …

¿Mamá me estaba diciendo que podríamos follar otra vez? ¡¡¡Eso me sonaba increíble!!! Pero volviéndose hacia mí, me dijo:

—Pero debes tratar de retirarte a tiempo … así podríamos obtener también la muestra …

—Está bien, mami … puedo intentarlo … pero puede ser difícil … esto es nuevo para mí y es terriblemente placentero … no hay nada igual como follar tu coño …

Le dije con sinceridad, ella me toco el brazo y no respondió nada.     Después de un momento sentí ganas de ir al baño y así se lo hice saber:

—Necesito ir a orinar, mamá …

Entré desnudo a mi baño, no sentí la necesidad de cerrar la puerta, me sentía relajado después de haber follado con mamá, además, el inodoro no se veía desde mi cama.      Distendido comencé a mear y me sentí muy bien a aliviar mi vejiga.     Terminé dándole algunas sacudidas a mi verga para hacer caer algunas últimas gotas, me sentí observado, miré hacia la puerta.     Mamá estaba parada allí a mirarme.     Me excitó pensar en que mi madre me había visto orinar.     No lo sé porque, pero sentí un hormigueo en mi pene, mamá preguntó:

—¿Te molesta que te haya mirado? …

—Realmente no, mami …

—Muy bien … ¿Qué tal si nos duchamos juntos? … quizás podríamos obtener una muestra más …

La cautivadora propuesta de mamá me provocó un pinchazo en mi pene y un retortijón en mis pelotas.    Ya me estaba sintiendo un poco excitado, aunque si me había corrido hace poco.

—Sería genial, mami … así tendríamos una toma más para calcular un eventual promedio …

—¡Vale! … métete a la ducha y abre el grifo … yo necesito orinar … si quieres cierra la cortina …

Pensé en el cálido líquido que saldría de la vagina de mamá, pensé que sería excitante verla mear.   Quería mirarla mientras lo hacía, tal como ella me miró a mí.    Ahora estaba experimentando lo que se sentía.     Pero para no incomodarla, le pregunté:

—¿Puedo mirarte, mamá? …

—Acomódate … puedes hacerlo …

Dijo mi madre sonriéndome complacidamente.     Ya me había metido en la bañera, pero deje la cortina abierta.     Se veía sexy mi madre sentada en el inodoro, sentí de nuevo las pulsaciones en mi polla.     Mamá estaba completamente desnuda.     Nunca la había visto orinar, era una novedad para mí.     El sonido característico de un chorro de orina se dejó sentir en el cuarto, largo y copioso se vertió en la taza por casi un minuto, mamá dejo de mear sin dejar de mirarme y sonreírme.     Luego tomó un poco de toalla higiénica y se secó el coño, se puso de pie, arrojo el papel a la taza y tiro de la cadena.    No sé qué cosa de esa acción me hacía sentir tan extraño y excitado, solo sé que mi pene se endureció un poco más.     Mamá me miró y miró también las reacciones de mi verga que se alzaba a una semi erección:

—¿Eso te sucede mirándome orinar? …

—¡Sí!, mami … no sé porque … pero me excita verte orinar y escuchar el sonido de tu orina …

—¡Oh!, eso me gusta … no todos reaccionan así … sal de esa bañera y ven aquí … me gustaría probar algo antes de ducharnos …

Salí de la vasca y me acerqué a ella que permanecía sentada en el inodoro.     Mamá me aferró de las caderas, se inclinó un poco y se puso a chupar mi polla semi dura.     Mi pene comenzó a endurecerse más y más.     Agarré la cabeza de mamá y follé su boca mientras ella se quedaba sentada cómodamente:

—¡Joder!, mami … esto sí que esta bueno …

Se detuvo y paso su lengua por mis cojones.    Después acarició mi erección suavemente y con afecto, su mano suave era como un bálsamo energético que me hacía contraer mis glúteos.

—Bueno … así basta … solo quería saber si se te ponía duro mientras yo estaba sentada … veo que eso te excita … la próxima vez que tenga que orinar, vendrás al baño conmigo … me gustaría chuparte en el momento que estoy orinando … puede ser una novedosa forma de estimularte …

¡¡¡Cristo!!! La idea me pareció fantástica y mi verga reaccionó con un movimiento ondulatorio que no pasó desapercibido a mamá.

—Ve, métete de nuevo a la ducha … yo iré a buscar el vaso de las muestras …

Hice cómo me indicó y esperé a que regresara, mi verga se anduvo reblandeciendo producto de la espera.    Mamá regresó al baño y se metió en la bañera, sus hermosas tetas la precedían y las sentí que me presionaban, me empujaban, me abofeteaban, me rozaban, cualquier movimiento que ella hiciera venía acompañado por sus tetas que se movían incontrolables, me fascinaban las tetas de mamá, me volví y trate de contenerlas en mis manos, pero escaparon cuando mamá volvió a voltearse para dejar el vaso del semen y a abrir el grifo de la ducha.

 

Mamá abrió el grifo y lo colocó sobre nuestras cabezas, el chorro comenzó a bañarnos a ambos, yo la tomé de sus caderas y la apreté contra mí, sus pechos se expandieron en mis pectorales, mi verga respondió alzándose y enfilándose entre los muslos de ella.

 

Mamá agarró el gel de ducha y comenzó a enjabonarme desde el frente, mi pecho, mi estómago y siguió más abajo, llenando de espuma mi pene que se puso duro a mitad mientras lo masajeaba.   Tomó mis bolas y las enjabonó abundantemente, se arrodillo al nivel de mi verga y enjabonó mis piernas, luego se levantó y dijo:

—Date la vuelta …

Me giré de cara al muro y sentí que mi madre me enjabonaba la espalda, los hombros y luego descendía a bañar mi trasero, enjabonó cada nalga por separado, luego comenzó a hacer deslizar sus dedos en la hendedura de mi culo rozando repetidas veces mi ano, me hecho una ingente cantidad de gel y me dijo:

—Ahora te voy a romper el culo …

Sentí sus dedos resbaladizos que empujaron en mi ojete y me penetró con dos de sus deditos, instintivamente me hice hacia adelante, no estaba acostumbrado a sentir la mano de otra persona invadiendo mis partes sensibles.     Lo hizo repetidas veces.    Inexplicablemente mi pene se movía en forma positiva, yo me sentí extraño, luego me baño con abundante agua para enjuagarme y me dijo:

—¡Tu turno! … házmelo tú a mi ahora …

Me giré y la miré, ella estaba con sus brazos en alto casi a ofrecerme su cuerpo.    Agarré el gel y comencé con sus axilas, sus senos se habían elevado al cielo y se veían aún más grandes, no perdí la ocasión de chupetear de pasadita sus pezones, ella gimió y apretó mi cabeza contra sus senos, después lavé sus brazos y también gasté abundante gel en sus maravillosas tetas, seguí más abajo con su vientre, sus caderas y rocé su ingle y la estrechez de sus muslos, mi pene inmediatamente se puso duro.     Arrodillado frente a ella enjaboné su área pélvica dejando que mis dedos se deslizaran entre sus piernas, su monte de venus, la fisura de su coño y el orificio de su ano ¡¡¡Dios!!!  ¡¡¡Cómo se sentía divino eso!!!   Finalmente bañe sus piernas y pantorrillas, para luego comenzar a enjuagarla.

 

Sin mediar palabra mamá se giró, yo estaba todavía arrodillado y me encontré con las gloriosas curvas esféricas de sus glúteos que lucían invitantes y desafiantes.    Apreté el contenedor del gel en mis manos y comencé a amasar y apretar sus rubicundas nalgas.    ¡¡Jesús!! Me encantaba la sensación.

 

Me puse de pie acariciando acuciosamente su trasero, dejé vagar mis manos en ese universo de voluptuosidad abarcando su ano y su coño.     Mamá no se abstrajo a mis caricias, por el contrario, empujo su culo y terminé penetrando su ano con dos dedos y luego con tres, mi madre gemía con su rostro oculto en la penumbra de la ducha, pero cuando intenté penetrar su coño se hizo un poco al lado y entendí que no quería.   Volví a hurguetear la rajita de su trasero, después moví mis manos a su espalda y hombros enjabonándola abundantemente.    Mi pene en general continuaba a endurecerse, pero no estaba del todo erecto.    Mamá se volteó con una sonrisa y un brillo en sus ojos:

—Tengo una idea …

—¿Qué? …

—Cómo estamos enjabonados … abracémonos y frotémonos … veamos si esto te estimula … sería interesante descubrir otra forma de estimulación … quizás luego podríamos tomar la muestra …

—Eres genial, mami … me parece una excelente idea …

Mamá hizo el primer movimiento, se acercó un poco más a mí y puso sus brazos a mi alrededor como si me abrazara.     Hice lo mismo con ella y terminamos en un afectuoso abrazo sin ningún interés sexual.     Pero luego sentí mi verga que se endurecía y se frotaba contra su pubis.   La estimulación dio resultado, mi pene se puso durísimo.     Mamá consciente de lo que me estaba sucediendo, comenzó a frotar sensualmente sus senos y su vientre contra mi cuerpo, pasó sus manos por mí espalda y mí trasero, atrayéndome estrechamente a ella.     Decidí hacer lo mismo con ella y comenzamos a rozar nuestros sexos, mi verga se puso dura a más no poder, mamá se dio cuenta de esto y cándidamente dijo:

—Hijo tú polla ha crecido mucho … si prometes no correrte dentro de mí, dejaré que me lo metas otra vez …

Ni yo mismo lo creía, pero se lo prometí sin dudar un minuto, mamá se giró y se plegó hacia adelante, agarró mi resbaladizo pene enjabonado y dijo:

—Pásame la ducha para enjuagarlo …

Mamá me enjuago con acuciosidad y luego se inclinó a chuparme la verga por un breve tiempo, después me hizo cortar el agua, me dio la espalda y se inclinó presentándome su culo diciéndome:

—Ahora puedes follarme … dime cosas groseras mientras lo haces … recuerda de no correrte dentro de mí … debes avisarme cuando estes a punto para tomar la muestra …

—Está bien, mami … pero quiero lamer un poco tu coño …

Me arrodillé detrás de ella, separé sus nalgas y comencé a lamer directamente su coño, poco a poco mamá se fue plegando para darme mejor acceso a su panocha mojada.     Tenía un sabor maravillosamente fresco y limpio.     Aprete un poco sus glúteos y pasé a lamer su ano por algunos instantes.     Mi erección estaba al máximo.

 

Me levanté enardecido sosteniendo sus nalgas ligeramente abiertas y apunté mi verga hacia sus glúteos, preparándome para hacer realidad otra fantasía, embestir su coño desde atrás.     La calidez y humedad de su concha atraían mi glande como un magneto.    Me posiciones lo más correctamente posible, ya que era mi primera experiencia en esta pose.     Apunté la cabeza de mi pija entre su labia abierta de su panocha y empujé.

—¡Aaaahhhhhh! …

Jadeó mi madre mientras mi verga horadaba sus delicadas y suaves carnes …

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …  

Exclame yo excitado sintiendo el cálido apriete de sus músculos vaginales.      Empujé hasta el fondo y luego retrocedí un poco para ajustarnos mutuamente.    Luego empujé de nuevo, luego otra vez u después más rápido y profundo:

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …  

Dijo mi madre para mi sorpresa.     Entonces comencé a follarla más rápido y profundo hasta azotar mis cojones contra las carnosas nalgas de mamá, mi pene entraba y salía por completo.

—¡Oooohhhh! … ¡Maamiiii! … ¡Es tan rico tu coño! …

Moví mis manos de sus caderas intentando atrapar sus tetas, quería estrujarlas, pellizcar esos pezones turgentes.    Mamá empujó su culo hacia atrás, arqueo su espalda en modo inverosímil y mis manos aprisionaron sus globos plenos mientras continuaba a follarla con fuerza.

—¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! …  

Volvió a gemir mi madre, bajé mis manos a sus caderas y le di un par de nalgadas y ella me dijo contenta:

—¡Ssiii!, Alberto … fóllame y dime cuanto te gusta hacerlo … dímelo …

—Joder, mami … me gusta tu coño … me gusta romperte tu chocho caliente … es tan jodidamente sabrosa y jugosa tu conchita … solo quiero follarla todo el tiempo …

Mamá rotaba sus nalgas sintiéndome hablar, mis inhibiciones se desvanecían mientras follaba su estrecha vagina.

Estábamos follando como dos animales en celo.     Ella la leona que gruñía y chillaba y yo que bramaba e intentaba morder su cuello desde atrás.     Estábamos perdidos en el paroxismo de nuestra copulación, lo disfrutábamos ambos.    De repente sentí la ebullición de mis bolas y gruñí casi en agonía, estaba pronto a descargar mi semen en el chocho fértil de la matriarca.

 

¿Lo digo o no lo digo? Mamá me había dicho de avisarle, agarré sus caderas y comencé a bombearla con violencia, sus tetas se estremecían a cada embiste.      Como un lampo pasaron los dichos de mamá:

—Mami … mami … qué me corro … me voy a correr …

Ella gemía profundamente al ritmo de mis embestidas bestiales:

—¡A la mierda, hijo! … no te detengas … córrete dentro de mi … dame tu lechita otra vez …

Cuando termino la última silaba de sus palabras, los densos borbotones salieron chorreando con fuerza a bañar sus entrañas, después de unas fuertes embestidas, mi verga descargo toda la carga y se me escapo un gruñido de victoria y placer.

 

Una vez más la pierna derecha de mamá se estiró hacia atrás y tirito mientras ella chillaba y sollozaba. Lo que me hacía pensar de que se había corrido también ella.     Me aferré de sus caderas sintiendo los músculos de su coño que se contraían para ordeñar mi polla, se sentía maravilloso.     Después de un rato mi polla resbaló fuera de su coño, la sostuve por las caderas por largo rato, me había posesionado de mamá, me pertenecía.

 

Mamá estaba con la cara apoyada en sus manos, cómo para avergonzarse de algo, pero solo limpió algunas lágrimas incipientes, me dijo:

—Alberto … eso se sintió maravilloso … pero hemos perdido otra muestra … ¿sabes? … ya no me importa tanto recolectar tu semen … pero sé que tenemos que hacerlo …

Mientras estábamos juntos desnudos dentro de la vasca, se volteó sin mirarme, me abrazó y escondió su rostro en mi pecho, me abrazó con fuerza.     Mamá había cambiado.     Pero tenemos que solucionar lo de las muestras.    Me quedé confiado y tranquilo a sentirla respirar abrazándome estrechamente.     Estoy seguro de que ella tiene ya la respuesta a todo eso.     A su tiempo me lo dirá …

 

Continuará…

 

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luisa_luisa4634@yahoo.com

 

 

 

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