Incesto

Crisis matrimonial.

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Estoy en la sala cómodamente sentado en mi sofá, es el horario del noticiero y veo los avatares de la pandemia, las decisiones del gobierno, el ministro de salud junto a la subsecretaria dando las lecturas de los contagios, el numero de las camas para los más graves, el total de muestras PCR, los fallecidos y toda la información que día a día confeccionan para información de la población, han iniciado las vacunaciones, como adulto mayor estoy entre el grupo que será inoculado de preferencia.

 

Ensimismado en la pantalla chica creo no haber sentido llamar, pero ahora escucho que alguien llama a mi puerta.    Me siento contrariado porque quería seguir informándome sobre la pandemia, pero la insistencia de los llamados hace que me levante y vaya a ver quien es a estas horas de la noche.     Miro por el ojo de la puerta y veo que es mi hijastra, Mariela, me extraño un poco ya que no nos visitamos de frecuente.     Su padre biológico es un argentino que al poco tiempo de nacer ella desapareció de la faz de la tierra en un terrible accidente de carretera, ella lo conoce solo por unas fotografías.     Puedo darme cuenta de que se ve apesadumbrada y muy deprimida, me pregunto que cosa le habrá sucedido.      Abro la puerta y la saludo.

—¡Hola!, cariño … ¿Qué andas haciendo a esta hora por aquí? …

Mariela da un paso hacia adelante, se abraza a mi cuello y comienza a llorar desesperadamente. La atraigo hacia dentro de casa y cierro la puerta, no quiero que los vecinos escuchen algo y luego cuchicheen a mis espaldas.     La apaño por un rato, solloza desconsoladamente, luego parece calmarse y la acompaño a la sala de estar, apago la tele, le ofrezco algo de beber y acepta un vasito de anís, traigo la bebida junto a un vaso de agua y una cerveza para mí.     La miro por un rato inquisitivamente, dándole tiempo para ordenar sus ideas.

—¡Dime, tesoro! … ¿Qué cosa te sucede? …

Mariela suspira profundo y luego comienza a contarme una historia de su pareja, padre de sus dos hijos.     Me dice que lo atrapó engañándola y que no es la primera vez, ya lo ha hecho varias veces y que esta vez ella no aguanta más.     La perorata es larga, junto con insultos, sollozos varios.     Me cuenta de que su vida matrimonial ha sido una mierda y que ha resistido solo por los niños, pero estos han crecido y ya entienden que su padre es un desgraciado y no quieren nada con él.

 

Observo a mi hija, la vi crecer, la alimenté, la cuidé y la eduqué, por eso la considero una hija, aunque la genética diga lo contrario.      La veo desvalida y desamparada, me siento con el obligo de ayudarla, pero no sé que pretende de mí.     Su madre falleció hace algunos años y ella como hija única no tiene a nadie más que recurrir sino a mí.     La veo cabizbaja, con sus largos cabellos castaños, su piel albina y esos ojos almendrados brillantes de lágrimas, que no logran disminuir su belleza.      Me dice que ella no quiere vivir más con ese asqueroso porque ha perdido toda la confianza en él y como ella se caso con separación de bienes y la casa donde viven es herencia de los padres de él, es de exclusiva propiedad de él y entonces tendría que mudarse, la pregunta es donde.

 

Me pide si la puedo acoger a ella y sus dos hijos por un tiempo mientras ella organiza de nuevo su vida.     Como dije me siento en la obligación de hacerlo, además que vivo solo y tengo una casa con bastante espacio.     Además de mi dormitorio, hay dos dormitorios más desocupados y el ático también esta sin uso.      Pienso que ahora mi libertad termina, ya no seré solo yo en esta inmensa casa, de pronto somos una multitud.

 

En los días siguientes llegan los muebles, las camas de los chicos, armarios y muchos juguetes, scooters, bicicletas, de pronto mi cobertizo está repleto de cosas.      Me he hecho de una nueva familia.      El hombrecito, Miguel, se tomó el ático para él y la chica, Marcia, se quedó con el dormitorio al final del pasillo.     Mariela se quedo con el cuarto contiguo al mío y compartimos un único baño, los chicos tiene un baño aparte para ellos.

 

En un primer momento me siento avasallado por estos invasores, pero con el pasar de los días empiezo a valorar la compañía de ellos, son buenos chicos tranquilos, asisten al colegio y Mariela se encarga de tenerlos en línea si alguno de ellos se desbanda, yo colaboro con mi experiencia y les ayudo con las tareas.     Me siento a ver alguna película preferida por ellos.     Se siente otra vez algo familiar como en tiempos pasados.

 

Mariela hace lo suyo, limpia y ordena todo el día, cocina para todos, compartimos juntos la mesa, nos reímos con la travesuras de los pequeños.      Miguel cursa el octavo básico y Marcia el sexto, tienen buen rendimiento escolásticos porque siempre Mariela les está premiando con algo.

 

Pasan cerca de cuatro meses y cada vez me encuentro mirando más a Mariela, ella es delgada con cintura estrecha y las amplias caderas dejadas por la maternidad, su vientre plano, sus senos bastante llamativos cuando viste ciertas prendas de vestir que los resaltan, es una hermosa mujer y la encuentro sexy, muy atrayente.      Creo que ella se ha dado cuenta de que la observo y a veces pienso que sus movimientos sensuales son para provocarme, adopta ciertas poses que muestran más piel de lo estrictamente necesario.

 

Me está haciendo sentir cosas que pensaba no volvería a sentir jamás, dada mi edad de hombre mayor, varias mañanas me he despertado con sendas erecciones y hasta un par de veces he vuelto a masturbarme pensando en su culo redondo y sus blancas tetas.

 

El marido engañador, se puso de acuerdo con ella de poder visitar a los niños y tenerlos con él por el fin de semana, Mariela accedió, así este fin de semana estamos solos yo y ella en casa.

 

Estaba en la sala mirando una anodina película cuando Mariela vino a sentarse a mi lado con una taza de té en mano, me mira, aclara una carraspera de su garganta y me habla.

—¿Puedo hacerte una pregunta estúpida, papá? …

—Siempre y cuando estés dispuesta a escuchar una respuesta del mismo tenor …

—Bueno … he estado viviendo aquí contigo ya de algunos meses … ¿Qué piensas de eso? …

—No pienso nada … me siento complacido y me agrada sentirme otra vez en compañía … ¿Cuál es esa pregunta estúpida? …

—Bueno … tú como hombre … como lo haces … no te he visto con nadie … ¿Ves algún sitio en la Internet? … ¿Cómo te desahogas? …

—Soy un hombre normal … no soy un mujeriego … antes de la pandemia tenía alguna amiga con ventajas … ahora eso ya no es posible … Busco en Internet alguna buena historia o película y el resto lo hace la naturaleza misma …

Mientras le hablo no la miro, porque el tema no me hace sentir cómodo.

—Y en esas películas o historias ¿has encontrado algo referente a sexo familiar? …

Es el tipo de relatos que me apasionan, mi frente se arruga en un ceño delator, pero no digo una palabra pues me estoy sintiendo cada vez más incómodo con esta conversación.

—Quien calla, consiente …

Dice un poco divertida, lo que me coloca más nervioso aún, quisiera saber donde nos esta llevando toda esta chachara.     Mariela se levanta y va a la cocina, pienso que ahí ha terminado todo y comienzo a relajarme, pero a los pocos minutos me giro y quedo asombrado, Mariela sale de la cocina completamente desnuda.

—Pe … pero … ¿Qué estas haciendo? …

La miro de arriba abajo, recorriendo su cuerpo delicioso con mis ojos como un escáner.     Su piel blanca cómo la leche, se notan algunas estrías de sus embarazos, pero su vientre está plano, sus pechos se ven esplendentes, hermosísimos con sus pequeños y oscuros pezones, su monte de venus asombrosamente depilado, si todavía parece una niña.     He perdido el habla y ella tampoco dice nada, solo avanza con parsimonia hasta detenerse frente a mí, realmente no sé cómo comportarme con esta beldad de mujer que es mi hija.

—¿Consideras que soy una hermosa mujer? …

No puedo proferir palabra, pero asiento con la cabeza.     Luego me dice que está cansada de masturbarse y que necesita algo más, pero el coronavirus la asusta lo suficiente como para no salir a buscar satisfacción fuera de casa nuestra, después con sus manitos en sus caderas, dobla coquetamente un pierna y me pregunta.

—¿Podrías tú ayudarme en eso … te juro que nadie lo sabrá? …

Luego como para reforzar sus palabras, levanta un pie y lo apoya en mi rodillas dejándome con una vista amplia de su coño calvo, veo dos gruesos labios y un protuberante capullo encerrado en pliegues rosados, sus labios hinchados son ligeramente más obscuros que el resto de su piel.

 

Mi mente es un torbellino, mi cuerpo comienza a reaccionar a la vista de ese chocho carnoso y mojado, Mariela es efectivamente una bella mujer, pero yo no sabía que también era caliente.    Me siento aún más confuso pensando en que ella es mi hija, además me doy cuenta de que ella es diferente a como siempre la pensé.

 

Mariela sin embargo, sabe bien lo que quiere, me ve titubear y sabe que estoy teniendo una lucha interna conmigo mismo y no me da tregua.     Saca su pie de mi rodilla y se deja caer sentada en mi regazo con sus piernas abiertas y sus senos directamente en mi cara.     Ella está muy consciente de que todo este rato no he dejado de mirarle el coño.     Echo mi cara hacia atrás y balbuceo:

—¡No, Mari! … esto no es posible … esto no está permitido …

Pero ella no acepta ni escucha mis tiquismiquis, por el contrario empuja con su cuerpo hacia adelante y sus senos aprisionan mi nariz.

—¡Por favor, papá! … lame mis pezones … chúpame … muérdeme …

La siento que baja una de sus manos y toca su propio coño, con la otra toma una de mis manos y la coloca sobre una de sus nalgas, mientras hace todo eso, su pezón empuja mis labios tratando de abrir mi boca.      No puedo evitarlo, siento que mi sangre fluye por mis venas y mi pene comienza a hincharse.      La mano de Mariela pasa de su coño a sentir mi verga, inmediatamente se da cuenta de mi erección y comienza a masajear mi polla por sobre el pantalón.     Frota y restriega, mi voluntad se quebranta y abro mi boca al intruso pezón, lo rodeo con mi lengua y lo lamo con fervor, Mariela toma ambos pechos y los turna en mi boca, gime y suspira gozosamente, miro hacia arriba y veo sus ojos cerrados y su boca lascivamente abierta, está disfrutándolo.

—Toca mi coño, papá … siente como esta mojado y caliente …

Titubeante muevo mi mano de su glúteo a su ingle, después la yema de mis dedos hace contacto con el enfebrecido coño de mi hija, siento sus fluidos escurrir fuera de su túnel amatorio, uno de mis dedos se desliza en su interior, Mariela aferra mi cabeza y me aprieta contra sus senos y chilla.

—¡Sí, papá! … méteme tus dedos … cógeme con ellos … siente mi coño caliente …

Ahora siento su mano forcejear con la lengüeta de la cremallera de mi cierre, hasta que finalmente lo desliza y abre mis pantalones, inmediatamente mete su mano y haciendo de lado mis boxers, aferra mi pene con unos movimientos para nada delicados, pero logra su objetivo, ahora tiene mi polla dura y erecta en sus mano, poco a poco la acomoda y se acomoda ella misma para sentarse sobre mi verga, con un profundo suspiro, acoge mi pene en su conchita empapada, siento una especie de tiritones y calambres que su chocho transmite a la cabeza de mi glande, toda su vagina late alrededor de mi verga.

—¡Que rico, papá! … ¡Cógeme así rico, papi! …

Inclina su rostro contra el mío y siento su dificultosa respiración, sus copiosos fluidos bañan mi ingle y mis vestidos sin que ella se preocupe lo más mínimo, comienza a follar mi verga con inaudito frenesí, gimiendo fuertemente se corre con espasmos y convulsiones apretándome contra sus senos sudados y calientes.

 

Exhausta se reposa un momento sentada en mi regazo, vuelve a empujar su pezón en mi boca, se mueve con un ligero vaivén con mi polla dura enterrada en lo más profundo de su chocho, me mira con una sonrisa de felicidad en su rostro.

 

Por otro lado y sin querer parecer víctima, me siento un poco violado por mi hija, no protesto ni me quejo porque me parece genial.     Había pasado tanto tiempo que no tenía una mujer en mis manos que casi había olvidado lo bien que se siente.     Pero no dejo de pensar en que es una locura lo que estamos haciendo.

 

Cuando Mariela se recupera de su orgasmo, comienza a moverse con más vehemencia.     Ahora ella sube y baja con gemidos y quejidos, esta absorbiendo mi verga hasta mi bolas y al mismo tiempo frota su clítoris.     Me siento libre de tocarla y palpo con deleite su maravilloso culo mientras muerdo su pezón.     Nuevamente siento sus escalofríos y tiritones, los músculos de su coño se contraen, está jadeando y gimiendo que es una delicia, vuelve a estremecerse y otra carga de fluidos viene absorbida por mis pantalones, muerde mi lóbulo y susurra:

—Papi … cógeme fuerte y córrete en mi coño … quiero sentir tu verga llenándome con tu lechita, papi … te quiero dentro con tu semen … dámelo, papi …

Pero no puedo.   Me mira cuando se ha calmado un poco.

—¿Qué te pasa, papá? … ¡Estoy demasiado mojada para ti? … ¿Muy ancha? … no te preocupes, papi … eso tiene solución …

Mariela se baja de mi polla, se mete unos dedos en su coño y luego esa humedad la traslada varias veces a su ano.

—¡Cógeme por el culo, papi! … estoy mucho más apretadita por ahí … métemelo por allí, papá … así te correrás también tú …

Un poco asombrado y renuente digo:

—¿Por el culo? … ¿Estás loca? …

Mariela me mira incrédula:

—¡Acaso no sabes que es delicioso por ahí? … ¿No lo has leído en las historias? … ¿No lo has visto en los videos? …

Luego sin titubeos agarra mi polla la frota en su coño empapado y lo apunta contra su obscuro y pequeño orificio, hay un poco de resistencia al principio, luego mi verga se hunde en su recto.   Deveras que se siente maravilloso, apretado y cálido, la mirada de Mariela es todo un programa, es celestial.

—¡Maldito follador de culos! … ¡Cógeme fuerte ahora! … ¡Córrete en mi culo estrechito! … ¡Solo para ti, papá! …

Una vez más ella hace todo, parece que le gusta más que por el coño, parece una loca, sus tetas bailan salvajemente arriba y abajo frente a mi cara.     Agarro ambas tetas de los pezones, ahora comienzo como si mis bolas hirvieran, me aferro de sus caderas y comienzo a follar con fuerza a mi hija, siento la tensión en mi cuerpo y los temblorcillos, luego un rio de semen sube desde mi bolas y comienzo a chorrear a borbotones el culo de mi hija.

—¡Guau, papi! … siento como si que tu verga creció al doble y tu chorros se sienten calientitos, papá … dámela toda tu lechita … dámela …

Me parece haber retornado a años más jóvenes, mi semen sale y sale con fuerza de mi polla, tengo hasta los dedos de mis pies encorvados.     Me siento un poco mareado después de este esfuerzo, pero continuo aferrado a las caderas de Mariela metiéndole con fuerza mi verga, ella se corre y su culo aprieta y exprime mi verga hasta dejarla seca.

—¡Bésame! … ¡Bésame en la boca! …

Mariela sonriente presiona su boca contra la mía y empuja su lengua dentro.     Nos besamos por largo rato y para mi sorpresa, mi polla permanece dura en ese apretado agujero.     Ella también lo siente y me dice:

—¡Siempre que esté durito, lo usaré! …

Entonces todo recomienza de cero, solo que las cosas son más suaves debido a la copiosa cantidad de semen que le inyecte en su culo.     Ya no me importan mis pantalones ni que ella sea mi hija, la calentura obnubila mi cerebro, no puedo ni quiero pensar, los movimientos son más pausados y largos, temo que mi verga se salga de su culo, pero la pericia de Mariela no permite que eso suceda.      Follamos por largo rato, con besos y caricias, entonces siento el cosquilleo en mi ingle y el hormigueo en mis bolas, es mi segunda acabada, llega repentina y dichoso me entrego a las convulsiones que me causa la explosiva expulsión de semen, Mariela se aprieta a mí y se corre casi al unísono conmigo.

—¡Gracias, papá! … ven, vamos a darnos una ducha …

—¡Está bien, hija! … vamos …

 

Al principio estaba algo escéptico de permitir que mi hija se mudara conmigo, pero ahora espero solo que el coronavirus se mantenga y que ella no encentre otra casa demasiado pronto.

—Sabes, papi … yo soy el tipo de chica con la que sueña todo hombre … me gusta mucho follar y tengo fantasías que trato de vivir con mi pareja … ¿Crees que puedes resistirme? …

La mire extasiado, me había sumado a sus sentimientos, nos dedicamos a follar todo el fin de semana y luego cuando los niños eran al colegio, nos encerrábamos en mi dormitorio hasta poco antes de que ellos regresaran y hacíamos todo tipo de locuras.

 

No todas las cosas malas vienen para causar daño.

 

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Rebeca.
Mi hijo y su pene.

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