Incesto

Rebeca.

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Mi hermana Lorena, me estaba visitando con su hija Rebeca, una chica en su temprana adolescencia.     Asemeja mucho a su madre, solo que su juventud la hace ver mas finita y delicada, es un jovencita en pleno desarrollo, es sexy, sus pechos se adivinan a través de sus blusas y ajustadas remeras, son algo así como dos mandarinas.      Hacía más de dos años que no la veía, la vez pasada era todavía una niña, pero ahora es una floreciente pequeña mujercita, poco a poco la naturaleza va esculpiendo su figura y viendo a su madre, seguramente será una hermosa mujer.

 

Creo que su curiosidad femenina la hace interesarse en mí, siento que me observa a escondidas, a veces de reojo veo sus ojos encima de mí.     Ciertamente me siento halagado, pero yo le doblo su edad, aún cuando soy tres años menor que su madre.

 

Gracias a mi trabajo me he creado una esplendida posición económica, lo que me permite ser propietario de una lujosa casa en un sitio privilegiado de Viña del Mar.     Me encanta la cercanía al mar, siempre fue mi sueño y el esfuerzo me ha premiado cumpliendo parte de mis sueños.  Tenemos una piscina de veinticinco por diez que es mi segundo orgullo.     En tiempos de verano cuando las playas están atestadas de turistas, prefiero la tranquilidad y sosiego de mi casa, me encanta tomar sol y bañarme.     Por alguna extraña razón, me di cuenta de que la joven Rebeca me rehúye cuando salgo a tomar sol, si yo entro en escena, ella toma su toalla se cubre lo mejor que puede y se va dentro del jardín, le he pedido varias veces de permanecer ya que no es ninguna molestia para mí, pero hasta el momento siempre ha rehusado.

 

Su madre Lorena prefiere ir a la playa y Rebeca prefiere la quietud de la casa, así que normalmente restamos en casa solo ella y yo.     Tengo que decir que ellas no están bajo mi mismo techo, mi prosperidad me ha permitido construir un pequeño departamento que lo destiné para ser usado por eventuales visitas y es el caso de mi hermana y mi sobrina, de todas maneras Lorena usa mi cocina que está dotada de todos los artefactos y utensilios de cocina, en cambio el miniapartamento no cuenta con todas esas comodidades.

 

Esa mañana, ya cerca de mediodía, el sol estaba muy fuerte por lo que decidí irme a la ducha, me di cuenta de que la cortina del departamento se corría ligeramente e imagine a Rebeca mirándome, entonces decidí de darle un espectáculo privado a mi sobrinita, hice como que me devolví, corrí la tumbona a la sombra y luego me quite mi traje de baño dejando mi polla libre y semi tiesa, luego como si nada me fui caminando hacia la casa principal con mi pene bamboleándose de lado a lado, la cortina se abrió un poco más y vi el rostro de mi sobrinita mirándome fascinada.

 

Entré a la casa principal y me fui a la ducha dejando la puerta del baño abierta.     Justo como pensaba, mi sobrina entró a la casa principal, se paró en las penumbras del pasillo a mirar hacia adentro del baño mientras yo enjabonaba mi cuerpo, disfruté al saber de que una joven mujer estaba interesada a ver mi cuerpo.     Tome la esponja y con abundante jabón lavé mi polla que al momento estaba dura como palo, masajeé mi pene con parsimonia, tirando mi prepucio hacia atrás y luego hacia adelante, metiendo en evidencia mi glande lustroso y duro.

 

Me pareció escuchar unos atenuados jadeos, de carrera salí al pasillo y me encontré con la fisgona con su mano perdida bajo su falda.     Rebeca tenía los ojos desorbitados y aterrorizados. Rápidamente la tomé del brazo y la arrastre a mi dormitorio.     Mi sobrina vestía medias rosadas, una faldita del mismo color, una blusa blanca y sus zapatillas finas.     Una vez dentro de mi cuarto la solté, mire su cuerpo deliciosamente esbelto y sinuoso mientras ella jadeando no despegaba la vista de mi verga.   La senté en una silla y yo me fui retrocediendo hasta sentarme en mi cama, me eché hacia atrás y me mantuve en mis codos, permitiendo así que mi pene erecto quedara expuesto a la vista de mi sobrina.     Fue indescriptiblemente agradable y estimulante ver los ojos de Rebeca pegados a mi pene que pulsaba con vida propia.

 

Ella comenzó a recuperar su respiración y el pálido de sus mejillas fue reemplazado por un intenso enrojecimiento.     Aprovechando el momento le dije:

—¿Acaso no sabes que es de mala educación andar espiando a la gente? …

—S-sí …

Respondió balbuceando, vi como se esforzaba consigo misma para no mirar mi pene, pero indudablemente no podía conseguirlo, mi pene la hipnotizaba.     Sonreí acariciando mi pulsante verga:

—¿Estás avergonzada? …

Casi en un sollozo me respondió:

S-sí …

—No entiendo porque te avergüenzas si eso es lo que querías … ver mi polla …

—No he visto a ningún hombre antes de ti …

—Quizás eres una voyerista y disfrutas solo viendo hombres desnudos …

—¡No! … no lo soy …

Entonces me levanté de la cama y me puse frente a ella con mi verga al nivel de sus senos.

—Entonces, ¿Qué es lo que eres? … ¿Solo una curiosa que quiere ver desnudo a un hombre mayor? …

—¡S-sí! … es solo curiosidad …

Me acerqué aún más a ella y acaricié suavemente sus largos cabellos.

—Bueno … ahora tienes la oportunidad de saciar tu curiosidad … te permitiré de tocármela, de modo que puedas satisfacer tu morbo … ¿No es eso lo que querías? … ahora es tu oportunidad de calmar tu fisgoneo y calentura …

Ni siquiera me miró, su único interes era mi verga, lentamente levanto su manito y con dos deditos toco mi pene.

—¡Guau! … se siente caliente …

—¡Pero por supuesto que está caliente! … igual que tú te calentaste al ver como me jalaba mi polla hasta ponerla tiesa, ¿verdad? …

—S-sí …

—Entonces … ¿Sentiste un cosquilleo por todo el cuerpo que casi te volvió loca? …

—¡S-si! … sentí como mil hormiguitas …

—¿Y mojaste tus bragas? …

—¡S-sí! … fue algo muy extraño …

—Y cuando agarré mi prepucio y lo hice subir y bajar, tirando mi glande hacia arriba tu coño comenzó a pulsar, ¿verdad? …

Mi mano estaba en medio de sus muslos y lentamente comencé a moverla hacia arriba.   Rebeca estaba ruborizada, pero abrió ligeramente sus piernas:

—¡S-sí! …

—Entonces … ¿Te corriste? …

—¡S-sí! … ¡emh! … no … no lo sé …

—¿Lo estás negando? … ¡No me mientas! … ¡Tienes que saberlo! …

—Yo … yo, no lo sé … nunca antes lo había hecho …

—Entonces, ¿Quieres sentir algo maravilloso? …

—¡S-sí! …

—Tienes que hacer todo lo que yo te diga … si me obedeces, experimentarás y sentirás lo más hermoso que jamás haz sentido … ¿Estás dispuesta a hacerlo? …

Rebeca jadeaba, estaba ligeramente sonrojada, sus pezones se marcaban claramente en su blusa, casi en un susurro vino su respuesta:

—¿S-sí! …

Mi mano temblaba de deseos, lentamente la moví por sus suaves muslos hasta su joven coño.    Acaricié los bordes de sus bragas húmedas, luego dibujé la hendedura de su pequeña rajita vaginal, Rebeca jadeo violentamente sintiendo el masaje suave a su conchita.     La miré sonriente y sentí sus fluidos bañando la tela de su ropa interior.     Sus jadeos se intensificaron y comenzó a contorsionarse en la silla donde estaba sentada, moviendo su pelvis a chocar con mis dedos. Sus ojos estaban brillantes, calientes y suplicantes, se veía que estaba al borde del orgasmo.

—¿Qué tal va eso? …

—¡Mmmmmm! … ¡No te detengas! …

—Si quieres que sea aún más hermoso, tienes que prometerme algo …

Le dije mientras alejaba mi mano de su chocho.

—¡Oh!, sí … mi Dios … te lo prometo … Ssiii …

—¿Cómo puedes prometer si ni siquiera sabes lo que te voy a pedir? …

Le aclaré sonriendo y acariciando su muslo.

¡No me importa! … ¡Haré todo lo que tú quieras! … pero no te detengas …

—Entonces … prometes hacer lo que te pida …

Agregué acercando mis dedos un poco más a su caliente conchita húmeda.

—¡Oh!, sí … lo prometo …

—¿Aun cuando pareciera una cosa muy extraña? …

—Cualquier cosa … prometo hacer todo lo que me pidas que haga …

—Entonces comenzaremos por mi polla …

Le dije levantándome y sacando mi mano de sus muslos, Rebeca me miro resoplando y suplicante:

—Pero no te detengas ahora … por favor …

—Prometiste obedecerme y hacer todo lo que te pidiera … cada cosa tiene su tiempo y este momento es el de mi verga … te enseñare a conocerla mejor …

Me metí sobre mi cama y me apoye en la cabecera, Rebeca me miraba con incertidumbre y se levantó, no puede evitar de notar lo joven y agradable que era su cuerpo.

—¡Desnúdate! … ¡Quítate toda la ropa! … luego ven a la cama … aquí … a mi lado …

Rebeca tímidamente comenzó a despojarse de sus prendas de vestir mientras yo observaba cada poro de su hermosa piel que venía descubierto.     Muy luego estaba solo con un collarín que siempre llevaba, se subió a la cama y se arrodillo junto a mi muslo.     Con cierta aprensión acerco su temblorosa mano y agarró mi pene erecto, luego la hizo subir y bajar, separé un poco mis piernas y la deje jugar con mi polla.     Después de un rato de caricias, me miró inquisitivamente mientras envolvía con su mano la base de mi pene y comenzaba a jalarlo.     Jadeé de placer y asentí sonriéndole, me contorsioné un poco por la calentura, sintiendo su mano caliente que incrementaba la velocidad.

—¿Cómo se siente a masturbar una verga? …

—Es tan suavecita … se siente caliente …

—¡Quiero que me lamas! … Mientras mueves tu mano, chúpame la cabecita …

—¿Te vas a correr? …

—No todavía … quiero que me la chupes y te tragues todo … que tu boca chorreé semen …

Rebeca movió su cabeza en sentido afirmativo y se inclinó a engullir mi polla mientras me pajeaba.      Mirar a esta pequeña adolescente inexperta con mi polla en su boca era algo delicioso.   Poco a poco comencé a tensarme, mi vientre se puso duro.     Sentí como un inmenso orgasmo comenzaba a construirse dentro de mí.     La lengua de Rebeca estaba jugando con el orificio de mi glande enviando deliciosas ondas a mí pene.     Con jadeos tome ligeramente sus cabellos y mantuve su boca en mi polla.

—Sigue así … chúpame más fuerte … chúpame hasta que me corra …

—¡Pero te vas a correr en mi boca! …

—¡Sí! … y cuando me corra te tragarás todo mi semen …

Me miró un poco alarmada, corrió sus cabellos sobre su oreja y continuó a chupar frenéticamente, mantuve mi mano izquierda en su cabeza y comencé realmente a follar sus labios.     Mi mano derecha se deslizó por su espalda a acariciar su bien torneado trasero.     Rebeca emitió unos gemidos cuando mis dedos alcanzaron el borde de su coño empapado.     Masajeé el extremo de su coñito y ella se sacudió en un espasmo de placer y aumento la velocidad con que chupaba mi pene.     Me chupaba, succionada y me pajeaba con verdadero ardor como queriendo recibir luego mi eyaculación.

—¡Oh!, sí … mi pequeña chúpame más … pronto te daré todo … chupa más fuerte …

Mis palabras incitaron más a la cachonda adolescente e hizo que me pajeara más fuerte.    Sentí una punzada en mi bolas, no pude aguantar más y grite cuando hice explosión e la boca de mi sobrinita, la mano de Rebeca apretaba mi mano contra su coño y la vi estremecerse y sacudirse en un potente orgasmo.     Ambos nos retorcíamos de placer sobre la cama, ella no despegaba su boca de mi verga y tragaba sin descanso.

—¡Oooohhhh! …  Trágate todo, tesoro … al parecer te gusta chupar mi polla …

—¡S-si! … es mi primer vez …

¿Nunca has estado con un chico? …

—No, nunca …

—¿Ni besos … ni caricias … ni nada? …

—No … nada …

Ahí fue que me fui achunchando, quizás por el hecho de haber tenido una espléndida mamada, me entraron los sentimientos encontrados.     Mi sobrina es virgen.     No me siento elegido como para tomar su virginidad.     Pensé en mi hermana.     Pensé en demasiadas cosas que me hicieron tomar mi cordura y razonamiento.     Quizás en otra oportunidad.     Quizás en otra ocasión.    No me la sentí como para romper un himen más en mi vida.    Además, ella no ha cumplido su mayoría de edad, le faltan un par de años.

—Cariño … nos vestiremos … tu madre regresará dentro de poco … es mejor que no nos encuentre en esta situación … este será nuestro secreto … ¿estás de acuerdo? …

Rebeca me miraba un tanto desconcertada, pero sabía que su madre estaba por volver y no hizo comentario alguno, solo se vistió, la acompañe y la saludé con un casto beso en la mejilla.

 

Cuando Lorena regresó, yo ya me había duchado y me uni a ellas para el almuerzo, Rebeca me miraba y sonreía, una sonrisa enigmática, quise evitar cualquier evento que pudiese hacer sospechar a mi hermana de lo que había sucedido entre su hija y yo, así apenas termine de almorzar tome mi auto y me fui con mis pensamientos a un bar de la ciudad.

 

Pasaron un par de días y ya más nada volvió a suceder.     Excepto el cumpleaños de Rebeca, compré un brazalete de oro para ella, los efusivos agradecimientos de ella hicieron que mi hermana Lorena le llamase la atención, Rebeca se controló y cerca de la medianoche yo me fui a dormir.     Estaba contento porque había dejado feliz a la chicoca de mi hermana y había apaciguado también mi conciencia.

 

Me fui a mi dormitorio y ya casi no pensaba más en el asunto, en eso siento un ruido, me alarmé porque podía ser un asaltante, me quedé quieto y no sentí más ruidos, pero mi puerta comenzó a abrirse con un leve chillido que me recuerda siempre de echarle un poco de aceite.     Para mi sorpresa mayúscula, mi sobrinita Rebeca con solo una remera encima, la levantó ligeramente para mostrarme que no vestía bragas.

—¿Pero te has vuelto loca? … ¡Tu madre duerme unos metros más allá! …

—¡Sssshhhh! … ¡Calla! … La otra vez me dijiste que hiciera todo lo que tú me pedías … pues bien … ahora yo quiero que tú hagas todo lo que yo te pida …

—Pero no escuchaste lo que te acabo de decir … Tu madre está muy cerca … ¿Qué tal si nos sorprende? …

—Mi madre duerme con somníferos y yo le preparo sus pastillas … hoy le agregué una más, así que no se despertará con nada …

—De todas maneras … no podemos hacer esto …

—¿Por qué no? … si ya casi lo hicimos una vez … ahora tenemos todo el tiempo del mundo …

Rebeca subió a mi cama y acercó su rostro al mío para besarme, yo le bese la mejilla y luego quise besar su otra mejilla, pero ella rápidamente giro su cabeza y nuestros labios se tocaron.     Sentí como un golpe eléctrico, no, debía ser más fuerte y mandarla de regreso al departamento, pero volvió a colocar sus labios sobre los míos e involuntariamente le devolví el beso.

 

Alejé mi cabeza, pero ella me echo los brazos al cuello y me besaba el cuello, nuestros labios volvieron a juntarse y su lengua se deslizo en mi boca, eché la cabeza para atrás, mire su hermosísimo rostro y sus ojos brillantes sonreían.

—¿Qué estás haciendo? … No deberíamos hacer esto …

—¿Por qué no? …

—Porque tú eres mi sobrina … además, tengo el doble de tu edad …

—¿Y a quien le importa? … quiero que mi cumpleaños de este año sea diferente y lo quiero contigo … quiero que seas tú el primero …

Mientras hablaba acercó más su cabeza y volvió a besarme introduciendo rápidamente su lengua en mi boca.    Nos dimos un profundo y prolongado beso, sus manos comenzaron a acariciarme por todo el cuerpo.     Yo no me atrevía a tocar ese delicado cuerpo de ella todavía inmaculado y no mancillado por hombre alguno.

 

Nos detuvimos por un instante y sus ojos chispeaban de lujuria, se inclinó a mi oído y susurró:

—Te quiero mucho y quiero celebrar mi cumpleaños de este modo …

Era halagador para mí que una adolescente de segunda media quisiera meterse con un adulto que le doblaba la edad, pensé ¿porque alguna cantante famosa no hace una canción para el hombre de las cuatro décadas, al igual que lo hizo Arjona para festejar a las mujeres maduras?      Aquí me encontraba yo con esta dulce y hermosa chica que para más complicaciones es mi sobrina, ella empecinada en seducirme y yo encontrando absurdo hacer el amor con un angelito tan delicioso y de aspecto tan frágil.

 

Una de sus manos se había detenido a jugar con los vellos de mi pecho, su boca continuaba haciéndome cosquillas en el cuello.   Estaba hasta cierto punto un poco paralizado y ella susurrando en mi oído:

—Por favor, tío … hazme mujer esta noche …

—No puedo … eres tan delicada … tengo miedo de lastimarte …

—¡Que mierda estás diciendo! … ¿Yo frágil? … ¡Ya verás! …

Diciendo eso, enfurecida comenzó a darme de puños, tomé sus manos y las sostuve fuerte, ella se echó para adelante y me beso en la boca, volví a devolverle su beso, me gustaba su ímpetu y su fuerza de espíritu.   Sintiendo sus labios y su lengua, puse mi mano en la parte posterior de su cabeza y mi mano izquierda por su espalda, la abracé, la envolví en mis brazos y la bese como mujer.     Ella se pego a mi cuerpo haciéndome sentir esos pequeños senos suyos como pelotas de beisbol, entonces supe que me estaba rindiendo, Rebeca había vencido.

 

La naturaleza siguió su curso, rápidamente mi pene comenzó a endurecerse, Rebeca tenía su muslo sobre mi miembro y sintió el despertar de mi polla, comenzó a restregar su pierna en mi verga, deprisa ella reemplazo su muslo por su mano y acarició mi pene por sobre mis boxers.   Mi mano se metió bajo su remera y encontré sus pequeños pechos con sus pezones diminutos, con una sola mano abarcaba sus tetitas adolescentes.     Ya no había marcha atrás.     Agarré el doblez de la camiseta y se la saqué por sobre su cabeza.     Lo preciosos senos de ella me llamaron la atención por su delicadez, areolas rosadas y tersas, me incline y chupé unos de sus senos, casi por entero entró en mi boca, luego lamí sus pezones para engullir su otro seno por completo, que hermosos y excitantes pechos de niña.

 

Chupé alternadamente sus tetitas, Rebeca gemía y chillaba apretando mi cabeza a su pecho para luego jugar con mis cabellos.     Rebeca estaba sobre mi y mi verga presionaba en medio de sus piernas desnudas, pronto me hizo sentir la calidez de su chocho restregándolo sobre mi glande.    La humedad y cálida temperatura de su conchita encendió mi pasión al máximo.     Nuestros labios se encontraron de nuevo en otro beso lleno de lascivia del uno por el otro.     Nuestras lenguas se arremolinaron persiguiéndose mutuamente el sonido de nuestros labios fue in crescendo, al momento siguiente me encontré otra vez con una de sus tetitas entera en mi boca.

 

Rebeca abrió la camisa de mi pijama y yo con dos movimientos me la quité, ella comenzó a pasar su lengua por los vellos de mi pecho y también excito mis pezones con sus dientes párvulos, acaricie el exterior de sus piernas y caderas apretándola contra mi glande, mi pene se deslizo entre sus piernas de seda.     Me volteé a mirar el espejo del armario y me vi con esta pequeña mujercita desnuda sobre mí, sus hermosos, blancos y redondeados glúteos se estaban moviendo en un arriba y abajo cadencioso. acariciando mi pene con el interno de sus muslos, la empuje haciéndola girar de espalda sobre la cama y el espejo me mostro a este hombre maduro sobre el cuerpo de una niña delicada y frágil, me detuve con mis preocupaciones que se aventaron sobre mí, Rebeca me sintió titubear y se aferró a mi cuello buscando mis labios.     Sus senos pequeños pero firmes presionaron contra mi pecho y sus duros pezones se clavaron en mi como espueleando mi cuerpo a proseguir.    Una de sus piernas se enrollo en mi cuerpo y empujo uno de mis glúteos, por primera vez los labios de su coñito frotaron mi pene hinchado y a punto de estallar, no pude evitarlo y devolví su beso con toda pasión.

 

Después de muchos besos, bajé a mamar sus cándidos senos, su vientre, su monte de venus, Rebeca abrió en anticipación sus muslos y yo me acomodé en medio a sus piernas, la visión de su diminuta conchita me enardeció, ella tiritó cuando mi lengua empujo sus labios mayores.   Estaba enloqueciendo por lamer su coño, levanté sus piernas y pasé mis brazos por debajo, acaricie sus escasos vellos púbicos y abrí esos pequeños labiecitos, inmediatamente me pregunte ¿Cómo diablos va entrar mi verga en este pequeñísimo chocho?

 

Sus fluidos hacían brillar sus rosadas carnes, lamí esos pegajosos jugos cual si fuera la salvia del paraíso y ella aferró mis cabellos y comenzó a gemir y girar sus caderas.     Aspiré profundamente el aroma exquisito de su conchita, le di un beso profundo y comencé a abrir sus pequeños labios metiendo mi lengua en su apretado agujero, con dos dedos abría sus labios y hacía escurrir mi lengua entre ellos recogiendo la dulce miel que afloraba de su vagina pulsante, seguí lamiendo fuerte y Rebeca comenzó a temblar y a gritar lanzando suspiros y gemidos.

—¡Uuuuhhhh! … ¡Ssssiiii! … ¡Cómete mi coño! … ¡Lámeme más fuerte! … ¡Ssssiiii! …

Rebeca sostenía mi cabeza y presionaba su chocho contra mi rostro, sus piernas estaban completamente abiertas, su conchita también.     Sostengo sus piernas y presiono mi cabeza en su concha, ahora mi lengua penetra su chocho hasta el fondo.

 

Ella tironea mis cabellos, luego entierra sus uñas en sus propias tetas y grita moviendo sus piernas con fuerza hacia adentro y hacia afuera, los jugos sexuales bañan mi rostro, estoy bebiendo sus copiosos fluidos, me alimento de su coño como sediento de su manjar.     Luego su cuerpo se pone duro, tiembla, grita, solloza y ríe.    Respira con gran dificultad.     Lanza unos chorros de fluidos que bañan mi cara por completo, abro mi boca y chupo su entera conchita bebiendo todo lo que emana de esta fuente de placer.   Finalmente convulsiona en espasmódicas ondas orgásmicas que se prolongan y no hago otra cosa que acompañar sus movimiento con mi rostro aprisionado entre sus piernas.

 

Espero que se relaje y me permita moverme, su cuerpo todavía está tensionado y siento la vibración de su pelvis que vibra con un suave temblorcillo, mi nariz respira extasiada todo ese aroma seductor de lujuria.     Me levanté y sus ojos estaban todavía cerrados, su respiración afanosa y jadeante.     Cuando abrió sus ojos había una luminosidad extra en ellos que alumbraban mi alma y mi corazón.

 

Me miraba en un modo especial, la oferta de su virginidad estaba en su mirada.     Era una virgen que se ofrecía a una deidad.     Me parecía ser el hechicero, el monje, el brujo que cumpliría con este rito ancestral.     Mire su monte de venus y me pareció de una belleza divina.     Una pelusilla casi invisible se esparcía alrededor de la abertura de su vagina.     Sus labios emanaban un brillo cegador, la cálida humedad se percibía a distancia.     Una vez más pasé mi lengua sobre sus labios y saboree su esencia femenina juvenil.    Mi lengua castigo su clítoris con pequeños golpecitos que la hicieron temblar.

 

Su clítoris había crecido al tamaño de un guisante y desafiaba mi lengua estoicamente, gemidos y quejidos emitía su boca que se contorcía lascivamente.     Mi pene me llegaba a doler de lo duro que estaba.     Coloqué mi abultado y amoratado glande a la entrada de su concha.     Con una ligera presión separé sus labios vaginales.     Sentí la resistencia de su virginidad y me detuve.   Nos miramos a los ojos, había ansias y valentía en su mirada.   Luego mientras aferraba en mi mano uno de sus pezones, Rebeca cerro sus ojos y se apretó a mí.     Pellizque con fuerza su pezón y empujé mi verga en su apretado y húmedo chocho.     Ella gritó brevemente y me detuve de nuevo.     Mi pene caliente latía medio insertado en su orificio, mis ingles se contraían.    Rebeca fruncía su ceño con sus ojos cerrados en muestra de dolor.

 

Estuvimos unos instantes sin movernos, luego ella abrió sus ojos y el dolor se había ido de su mirada y la lujuria y el deseo regresaban a su cuerpo.     Saqué mi pene y volví a empujarlo dentro de su coño maravillosamente apretado y caliente, lo repetí por varias veces.    Con cada empuje unos centímetros más se introducían en ella.    Finalmente mi verga llenó su coño y mi hueso pélvico choco contra su clítoris.    Rebeca lanzo su cuerpo contra el mío y se empaló con fuerza en mi ariete convulsionando en un orgasmo demencial.    Su cuerpo se convulsiono y su chocho exprimía mi verga portándome a correrme como nunca, arroje mi semen dentro de su coño mojado y estrecho.    Seguíamos follando con fuerza como si nuestros orgasmos fuesen infinitos.    Con un poco de violencia la agarré y nos giramos unidos por nuestros sexos, Rebeca dobló sus piernas y quedó sentada con mi pene en su interior.

 

Inicio a mecerse en mi pene y logro infundir una nueva erección a mi verga, lenta y suavemente folló mi pene con los ojos cerrados y tiritando de vez en cuando en una serie de varios mini orgasmos.     Continuó así por más de diez minutos, luego de su enésimo orgasmo colapsó en mi pecho besando mis labios y susurrando.

—Te amo … te amo … te amo …

Estaba estupefacto y confundido, nuestros cuerpos estaban mojados y pegajosos, estaba tratando de procesar toda la increíble situación.   La levanté y mi pene salió con un sonido seco de su coño, bese sus labios temblorosos.

—Démonos una ducha, cariño … mañana será otro día …

Me levanté y de mi pequeño refrigerador saqué una botella de espumante fresco y helado, destapé la botella y verse dos copas del líquido, ofrecí una a Rebeca:

—A tu cumpleaños, querida … felicidades …

—Gracias, tío …

—Te deseo que se cumplan todos tus deseos …

—Mi primer deseo ya se ha cumplido, tío …

Me miraba amorosamente con esos ojos de niña-mujer, le sonreí y la escuché decir:

—Tío … sería completamente feliz si supiera que te gusto …

—Ven aquí, nenita …

La acerqué a mi y la estreché en mis brazos, después le dije:

—Tesoro, lo que acabamos de hacer ha sido como un sueño para mí … pero debemos ser cautos … no podemos permitir que otros sepan de lo nuestro … hablarían de nosotros y nos causarían problemas … debemos mantenerlos en secreto … ¿lo entiendes? …

—Lo entiendo, tío … lo entiendo perfectamente … pero debes prometerme solo una cosa, tío …

—Lo que quieras, cariño … dime …

—Prométeme que lo volveremos a hacer …

 

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Crisis matrimonial.

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