Incesto

En algún lugar cerca de Iquique. – Cuarta Parte.

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No sé como pero la tarde se fue volando.     Me quedé dormido y disfrute de una pequeña siesta.   Claudia se animó a ir a buscar una pelota para jugar un poco de voleibol de playa.     Sonya se había acostumbrado a estar desnuda.     Saltaba muy ágil, volvía a hacerlo una y otra vez, tanto ella como Claudia eran un verdadero espectáculo.     Los senos de mis dos hermanas rebotaban, se mecían, bamboleaban y saltaban de uno a otro lado junto con los saltos de ellas, para mí era una fuente de distracción imposible de dejar de notar, lo que me desconcentraba del juego en sí.

 

Aparentemente, Esteban también venía disturbado por la exuberancia de los senos de las chicas, pero él se controlaba mejor que yo y sus miradas eran discretas.     Intenté desesperadamente prestar atención a la pelota en vez de a las redondeces esplendidas de Claudia y Sonya, perdí el equilibrio un par de veces, pero finalmente funciono bastante bien.

 

Cuando decidimos de volver a la casa, yo por mi parte decidí de volver al mar, me dediqué a nadar hasta cuando el sol se posó en el horizonte, solo entonces salí del agua y me dirigí a la casa.  Claudia y Esteban habían preparado todo para la cena, nos sentamos a compartir, charlamos, nos reímos y bebimos un espumante dulce y exquisito.

 

Se hizo tarde y llego la hora de irse a la cama.    Claudia y Esteban dijeron que querían tomar un Jacuzzi, así que Sonya y yo nos ofrecimos para limpiar la mesa y lavar la vajilla.     Sonya se veía muy contenta y jugaba y canturreaba mientras lavaba los platos, yo me limitaba a secarlos y guardarlos en los armarios.     Cuando casi habíamos terminado, me tiró agua, cosa que no podía dejar pasar, así que la agarré y trate de deslizar mis manos mojadas debajo de su blusa.

—¡Hey! … ¡Basta! …

Se reía como una loca, pero no hacía nada para impedírmelo.     Rápidamente mis manos aterrizaron en su sujetador, comencé a tocar sus esplendidas tetas, ella reía más fuerte y solo exclamó:

—¡Basta! … ¡Alguien puede vernos! …

Para mí estaba claro que eso era cualquier cosa menos un “No”.     Entonces me sentí más seguro como para hacer otras cosas, pero conociéndola, lo mejor era no forzar nada e irme lo más cautelosamente posible sin arriesgar lo que ya había avanzado.     Así que después de sentir sus tetas en mis manos, las saqué y pellizqué sus nalgas antes de salir de la cocina riéndome burlonamente.

 

Quería ver a Claudia, ella me atraía y estaba siempre dispuesta a hacer cosas conmigo, sentía grandes deseos de verla y si era posible hacer algo cachondo con ella antes de pasar la noche lidiando con Sonya y sus cambios de temperamento.

 

La encontré sentada junto a Esteban en la terraza, al parecer habían concluido el Jacuzzi, estaban envueltos en sus toallas refrescándose al aire temperado de la noche.     Claudia se levantó y se sentó en el sillón con las piernas abiertas.     Cualquiera que se sentara frente a ella podría ver perfectamente su coño calvo.     Me imaginé arrodillado en medio de sus muslos comiendo su hendedura caliente y jugosa con mí lengua.     La idea me hizo sacar mi lengua y saborear mis labios con deleite, no sabía si acercarme o no, Esteban aún estaba allí.     A él seguramente no le importaría verme en medio de las piernas de Claudia, creo que hasta lo disfrutaría al ver gozar a su pareja.     Pero de otro lado estaba Sonya, si ella nos viera seguramente no lo aceptaría fácilmente, así que suspiré y me contenté de dejarlo solo para mí imaginación.

 

Pensando a Sonya, una idea se formó en mi mente.     Me recordé de la noche en que ella se complacía en solitario.     Quizás si yo tuviera la experiencia suficiente, podría satisfacerla con mí lengua y llevarla al clímax.     Si lo pudiese hacer bien, a ella le gustaría y me dejaría hacerlo más a manudo y, de ese modo … ¿Quién sabe si podríamos hacer algo más?     No estaría de más practicar un poco ¿y donde podría hacerlo mejor, sino con Claudia?

 

Me quedé en la sala de estar esperando tener alguna oportunidad y mi paciencia fue afortunada:

—Me voy a la cama … pero primero voy al baño …

Con estas palabras, Sonya pasó por mi lado y seguí su culo con mi mirada.     Se volteó antes de cerrar la puerta del baño y agregó:

—Espero no vayas a entrar como lo hiciste esta mañana …

No entendí si hablaba en serio o era una velada invitación para que hiciera lo contrario.     En eso Esteban pasó en dirección a su dormitorio y me dijo que Claudia quería volver al Jacuzzi y si lo deseaba podía hacerle compañía, porque él se iba a la cama.

 

Era la oportunidad de la que les hablaba.     Claudia se sentó sola en el Jacuzzi, ni Sonya ni Esteban estarían en las cercanías para disturbarnos.     Esperé un minuto más, luego corrí al cuarto de Sonya, rápidamente me quité la ropa, agarré una toalla y literalmente irrumpí en el Jacuzzi.

—¿También tú necesitas un Jacuzzi hoy? …

Me saludó Claudia cuando me vio entrar.     Pero su mirada no era de sorpresa, sino más bien curiosa y expectante.

—Pues … creo que sería ideal antes de irme a dormir …

Le dije casi en un susurro sentándome frente a ella y mirando abiertamente entre sus piernas.     Me sonrió provocativamente, se echó hacia atrás y abrió más sus piernas

—Entonces quiere decir que podríamos disfrutar juntos este baño …

Dijo acomodando su brazos y echando sus pechos hacia adelante, a sabiendas que mis ojos estaban pegados a su entre pierna y tetas.     La mire indeciso por un rato, me fascinaba observar como las burbujas salpicaban sus tetas y el agua se deslizaba por esas colinas y caía goteando por sus pezones, pensé que era una maravillosa manera de empezar.      Porque aunque si ya habíamos tenido mucha intimidad esta mañana, todavía sentía cierta inhibición ante ella.     Por supuesto que ella se había dado cuenta de mis lascivas miradas a su cuerpo, pero no hacía ningún movimiento que me permitiera entender de que ella también quería lo mismo que yo.

 

Cautelosamente acerqué mi mano a su muslo, ella volvió a sonreírme, su piel se sentía maravillosamente cálida y la sensación al tacto me envió unos escalofríos a mi espina.     Lentamente llegué a su abdomen y acaricié su vientre.     Claudia seguía con los ojos cerrados, puso su mano sobre la mía y comenzó a empujarla más abajo.     Cuando mi mano toco el exterior de sus hinchados labios, ella comenzó a cambiar imperceptiblemente su posición.     Apretó mi mano con sus sedosos muslos y luego abrió ampliamente sus piernas y empujo con su pelvis hacia adelante.

 

Esta era una clara invitación para que la tocara.     Ella sentada al borde del Jacuzzi y sin inhibición alguna abrió levemente sus ojos, entreabrió sus carnosos labios y me invitó:

—¿Quieres comerme el coño? … por favor …  

Me acerqué a su chocho con mi boca que se hacía agua, besé la piel lampiña de su pubis, los alrededores de su piel ligeramente oscurecida, su concha despedía un aroma de ensueño, probé con mi lengua a separar sus labios mayores, sentí la mano de Claudia empujando mi nuca, entonces me sumergí en ella, los exquisitos zumos de su vagina emanaban y yo los recogía con mi lengua sedienta.     Claudia gemía y jugaba con mis cabellos, de vez en cuando tomaba mi cabeza en sus manos y restregaba su coño en mi boca lanzando agudos chillidos.    Al parecer lo estaba haciendo bien ella lo disfrutaba.     Su coño estaba brillante, mojadísima con sus propios jugos, Claudia comenzaba a rotar su pelvis y gemía a alta voz incitándome a que continuara lamiéndola:

—¡Oooohhhh! … ¡Umpf! … ¡Que rico que lo haces! … ¡Más arribita! … ¡Chupa mi Clítoris! …

Sin levantar mi cabeza de entre sus piernas empujé mi lengua en su rajita caliente, su mano se cerró aferrando mis cabellos con fuerza, me di cuenta de que ella comenzaba a temblar, se plegó sobre si misma y se metió dos de sus dedos en su ano y comenzó a jadear más fuerte.     Nunca había visto tal cosa, sus dedos se movían rápidamente en su culito, entonces cerré mi boca en la parte superior de su concha y abofetee con mi lengua ese endurecido botoncito que asemejaba a un diminuto pene, Claudia aferró con firmeza mis cabellos y pareció volverse loca:

—¡Urgh! … ¡Ssssiiii! … ¡Asiii! … ¡Siiigue! … ¡Ssiii! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ssiii! …

Todo en ella se estremeció y presionó su coño contra mi cara frotándolo con violencia en mi boca, su orgasmo duró casi un minuto, seguí bebiendo ese líquido de sabor familiar de su vagina que se había enrojecido:

—¡Mmmmmm! … ¡Que rico lo has hecho! … ¡Te has convertido en un experto! …

—Es solo porque tú eres muy linda y sabrosa … tu chocho en una delicia …

Claudia tenía tres de sus dedos profundamente en su culo, no le dije nada y ella tampoco me dijo porque lo hacía, pero descubrí que a ella le gustaba algo en su trasero, ¿Será capaz de prender una pija por ese estrecho orificio?     Yo lo había visto en un video porno, pero ver que mi hermana disfrutaba con eso me abrió desconocidos apetitos.

 

Mi hermana se levantó y dijo que necesitaba una ducha, se levantó casi tambaleando, sus piernas le temblaban, se afirmó de la veranda y con un sonrisa me dijo:

—Tú me vuelves loca …

Le sonreí con picardía, su expresión facial de lujuria era todo un programa y sus palabras fueron como un acicate, me recordé de Sonya que debía estar sola en su cuarto.     Me cubrí con la toalla y Sali a saltitos hacia la habitación de Sonya.

 

Sonya estaba en la cama, recién duchada, con el cabello mojado y vistiendo su ancho camisón de Mickey Mouse y parecía haberme estado esperando:

—¿Dónde estabas? …

Me preguntó visiblemente impaciente, como si hubiese llegado tarde a una cita.     Estaba en el Jacuzzi, sentía ganas de bañarme y relajarme un poco, luego tire de mi toalla y salto en adelante mi verga dura como el acero que se cimbraba blandiendo el aire.     Ella estaba a punto de decir algo, pero viendo mi tremenda erección se quedó con los ojos desorbitados y la boca bien abierta mirando mi pene, bajé la vista a mi instrumento y deveras la erección era escandalosa.   Me ruboricé y también ella, me acerqué a la cama un poco moviendo mis caderas para hacer que mi miembro se moviera exageradamente de lado a lado, Sonya me miraba en silencio y sus pechos comenzaron a moverse agitadamente por unos segundos, luego balbuceante exclamó:

—¡Oh, Mi Dios! … pero … ¿Te vio así Claudia? …

Su voz era rauca y entrecortada porque tragaba saliva atónita.

¡No! … tenía la toalla encima …

Le aseguré en modo vehemente.

—Yo había visto otros … pero solo en tamaño pequeño … ¿Cómo puede crecerte tanto? …

—No lo sé … quizás porque pensaba en ti …

Estaba comenzando a disfrutar su mirada de estupefacción.      No sé si me estaba escuchando o no, porque su expresión no cambiaba y lo único que hacía era mirar mi verga.

—¿Tu conociste a mi ex, Mario? …

—¿Tú ex-tupido querrás decir? …

—Bueno … sí … ese … ¡Era la mitad de ese tuyo! …

Aprovechando el ambiente de confianza, jugué con su camisón y le dije:

—¿No quieres quitártelo … así continuo a estar durito para que me mires? …

Sonya me miró por un segundo a los ojos y luego de prisa se quitó su camisón y apoyó su cabeza en una almohada y media recostada y totalmente desnuda, se dedico a seguir contemplando mi verga.     Aproveché el momento y acaricié su vientre con las yemas de mis dedos y haciendo imaginarios circulitos fui bajando hasta su muslo.     Las curvas de mi hermana eran de verdad exquisitas, muy femeninas, muy curvilínea y se le puso de inmediato la piel de gallina.    Desafortunadamente la noche era fría, así que volvió a cubrirse con el edredón, dejando a la vista solo sus senos.      Me recosté a su lado, el cobertor estaba levantado por mi pene, ella no quiso acercarse a mí.     Me sentí un poco decepcionado, porque no lograba verla en todo su esplendor, pero era evidente que sus tetas estaban con sus pezones totalmente endurecidos y erectos.    Con una mirada dubitativa me sermoneó:

—No deberíamos hacer algo así … después de todo somos hermano y hermana …

Me parecían palabras elegidas, como si las hubiera pensado de antemano luchando contra sus propias percepciones y sensaciones, contra la enseñanza que nos habían inculcado.

—¡Oh! …

No dije nada más, tenía malos presentimientos y temía de haber esperado demasiado de este encuentro con Sonya.     Definitivamente Sonya no era Claudia.     Con Claudia todo era más simple y divertido, ella participaba voluntariosa, ahora estaba sin palabras y no sabía como reaccionar.

—Y no es normal que los hermanos se toqueteen, ¿sabes? …

Sonya me hablaba con poca convicción y su mirada seguía fija en lo que estaba levantando el edredón.     Además, hasta ahora no nos habíamos tocado de verdad, solo en juegos.     No sabía mucho de mujeres, pero lo que había aprendido con Claudia me ayudó a decidir.     La mirada de Sonya era igual a la de Claudia, miraba mi pene con avidez y esto la traicionaba y no encajaba con lo que sus palabras querían transmitir.     Percibí que ella se estaba muriendo por tocarme, el deseo en su mirada era evidente, solo el hecho de que éramos hermanos la retenía de ir a por él.   Trataba de convencerse a si misma de que algo así no era posible, pero sus convicciones flaqueaban, entonces descubrí mi pene tieso como palo, tiré a un lado el cobertor y mi masculinidad en toda su gloria se agitó en el aire y ella colapsó, se arrodilló y se pasaba la lengua por los labios, sus ojos estaban vidriosos, pero sus manos restaban inmóviles al lado de su cuerpo, entonces le dije:

Bueno … hasta ahora nos hemos solo abrazado y encuentro esa sensación super hermosa … me encanta tu cuerpo tibio … creo que tú también sientes lo mismo … me di cuenta esa noche que te tocabas …

Inmediatamente me detuve, pensé, “Que estúpido de mi parte”, ella se agitó:

—¿Cómo! … ¿Qué … qué quieres decir con eso? …

Tartamudeó un poco, y su enrojecido rostro brillaba, entendí que había comprendido mis palabras, sabía de lo que le estaba hablando.     ¡Conchas! Pensé, no debí haber dicho eso.     Pero era demasiado tarde para echar marcha atrás, así que decidí decirlo todo.     Me desperté esa noche cuando te acariciabas … umh, quiero decir, que te escuché y me sentí demasiado emocionado y excitado, no quise perturbarte y fingí dormir.

—Estúpido … eso es algo muy íntimo y personal …

Su voz se convirtió un poco chillona y me estaba reprendiendo por mi conducta, entonces no me quedaba más que contra atacar:

—¿Y por qué lo hiciste estando yo solo a unos centímetros de ti?…

Noté que su expresión facial cambiaba, su ceño se estaba frunciendo y sus ojos brillaban como tigresa acorralada, pensé que debía decir algo para calmarla:

—Quiero decir … estamos aquí por vacaciones … debemos relajarnos … debemos divertirnos … estamos en un lugar solitario … aquí nadie nos ve … Me gusta sentirte cerquita a mí … me gusta sentir tú piel … y a ti también te gusta … nos gusta a nosotros dos … ¿Cuál es el problema? … para mí está bien así …

Mi lógica era simple y desarmante, ella se quedó pensativa, su expresión facial cambió y su rostro volvió a ser más relajado.     Para darle más intensidad a mis palabras, comencé a acariciar suavemente sus cabellos y mejillas, luego acaricie su cuello y espalda en el modo en que a ella le gusta.

—¡Sí! … eres bueno acariciando … también me gusta cuando lo haces …

Dijo Sonya en un suave tono de voz y cuando mi mano se movió de su espalda a sus nalgas, no dijo nada.    Mientras arañaba sus nalgas, sentí que mi sangre volvía a hervir, y entre mis piernas se produjo un hormigueo que hizo saltar a mi pene en modo abrupto.     Descaradamente le dije:

—Entonces … si alguna vez sientes ganas de hacerlo sola en medio de la noche … ahora puedes contar conmigo y mi ayuda … será más agradable para ti … y también para mí …

Le dije a baja voz, tratando de contener mi erección.

—¿Para qué se te ponga duro? … ¡Por supuesto que no lo haré si tú estás a mirarme todo el tiempo! …

—Bueno … si te tranquiliza podrías hacerlo mientras yo estoy con los ojos cerrados …

Le dije en tono de broma mientras mi mano continuaba a rascar sus nalgas debajo de las sábanas.

—¿Y seguramente frotarías tu cosa mientras yo te mire? …. ¿No es así! …

—Por supuesto … podría hacerlo así … mejor aún si nos tocáramos … eso sería definitivamente mucho más caliente …

Le respondí tan pronto como ella dejó de hablar, le sonreí con picardía.     Pensé que su reacción sería agarrar de una vez por todas mi verga.     Ella me escuchaba, pero vacilaba y desafortunadamente no hizo ningún movimiento, se quedó inmóvil y pensativa.    Por mí parte no me pude contener más y moví mis dedos entre sus nalgas y toqué la entrada de su conchita.

 

Sonya dio un salto como si fuese estado mordida por una mamba negra.

—¡Hey! … tonto … aleja esos dedos … está zona es tabú …

Inmediatamente escuche su tono de enfado estaba hablando en serio, así que mansamente aparté mi mano y en su lugar, rasqué su espalda para mantenerla animada e interesada.

—Puedes tocarme de la cintura para arriba … ahí abajo lo hare yo misma … mantén tus manos lejos de allí … y no toques el cobertor … se queda donde está …

—Pero podríamos hacerlo mejor … yo …

Intentaba persuadirla, pero ella me paró en seco.

—O se hace como yo digo o no hacemos nada …

Sonya no dejaba espacio para discutir, no quería que se enojara y me echara de su cama, así que me resigné diciendo:

—Esta bien … ¿puedo tocas tus senos? …

Ni siquiera me respondió, pero cambió de posición metiendo sus pechos hacia mí, entendí esto como un “Sí”, agarré su seno izquierdo y comencé a masajearlo suavemente, ella dio un profundo suspiro, cerró sus ojos y abrió levemente su boca.

 

Incluso si los senos de Sonya no eran tan deliciosos con los de Claudia, sus formas eran hermosas, firmes y maravillosamente suaves.     Estaba tan embelesado con sus tetas que no me di cuenta de como su mano izquierda se movía y tentativamente buscaba mi abdomen.     Primero choco con mi muslo, pero luego siguió toqueteando hasta que encontró lo que andaba buscando, mí verga.    Cuando sus dedos envolvieron parte de mi pija, ella dejo escapar un chillido suave, sus ojos permanecían cerrados.     Tragué saliva varias veces incrédulo, Sonya tenía mi verga en su mano y la movía suavemente.      De repente Sonya se encabrito y gimió más fuerte, su mano derecha también se movía y aunque las sabanas bloqueaban mi vista, se percibía claramente que su mano se estaba moviendo furiosamente entre sus piernas.     Por supuesto que yo quería rendirme útil, así que me incline sobre su seno y comencé a besar su duro pezón, mientras que con la otra masajeaba con entusiasmo su otro seno.

 

Su reacción fue inmediata, ella sacudió mi polla bastante impetuosamente y más y más rápido, rápidamente ataqué sus pezones mientras amasaba sus senos con ambas manos sin cesar.     La mano de Sonya no era tan hábil como la de Claudia, parecía bastante descontrolada y salvaje, pero el solo hecho de que fuera su mano la que jugaba con mi pene, le daba un toque especial que me hacía sentir muy feliz y hacía que mi piel se erizara con bastante rapidez.

 

Sus movimientos también se habían hecho más intensos y las sabanas se estaban corriendo, se bajaban dejando cada vez más parte de su cuerpo al descubierto, ella continuaba a gemir suavemente.      Una mano sacudía mi verga y la otra trabajaba entre sus piernas debajo de las sábanas, respiraba con jadeos, tenía sus mejillas sonrojadas y la boca entreabierta.     En otra ocasión esas imágenes hubieron sido suficiente para hacerme correrme, pero quería retrasar mi clímax un poco más, así que enterré mi cabeza en su vientre y la cubrí con muchos besos, lo que me dio un breve respiro.

—¡Umpf! … me voy a correr … quisiera hacerlo sobre tu piel …

Le dije jadeando mientras intentaba levantar las sábanas.

—¿Me quieres usar como botadero de tu esperma? …

Dijo casi tartamudeando en un tono divertido y lascivo, luego trató de cubrirse un poco más con las sábanas.     Ahora sus ojos estaban bien abiertos y miraba embelesada mi polla en su mano, para no perderse este espectáculo.     Claro que ya no sujetaba mi pene con fuerza, sino que lo tiraba lenta y cuidadosamente con tres dedos, como si temiera ensuciarse con mi semen.     Esto retardo mi corrida, pero mis cojones ya hervían y podía sentir como la marea caliente comenzaba a emanar lentamente.

—¿Preferirías que me corriera en las sábanas? …

Le susurré con los dientes apretados y a punto de explotar.

—¿Qué ira a pensar Claudia si mañana trata de cambiar la ropa de cama? …

Le dije mientras que con un tirón firme tiré las sabanas para los pies, finalmente la tenía toda desnuda para mi contemplación.     Vi su mano ligeramente curvada que se movía de un lado a otro entre sus piernas y como sus dedos se frotaban a lo largo de su clítoris, de tanto en tanto se sumergían en la profundidad de su concha.     No sé si la referencia a ensuciar las sabanas o si ya estaba cerca de su orgasmo y no quería distraerse, pero ella no intentó cubrirse, sino que continuó a masturbarse a si misma y a mi verga sin interrupción.     Me moví muy cerca de ella y tome mi verga de su mano y la presioné contra su cuerpo.     Con un grito apagado me comencé a correr sobre ella, primero su vientre, su brazo y vello púbico, luego apunté a sus tetas y froté mi glande en sus pezones, disparando algunos chorros en su cuello y cara.     Ella no hizo ningún intento de substraerse, grito y chillo plegándose varias veces hacia adelante, su cuerpo se tensaba y se estremecía en un orgasmo bestial.

—¡Oooohhhh! … ¡Argh! … ¡Mmmmmm! …

Sonya gimió en voz alta, pero luego se abstuvo de proferir ruidos, solo metió sus dedos en mis cabellos y me chasconeó un poco, mientras trataba de recuperar su respiración.    Jadeante al lado de ella, noté que mis dos hermanas reaccionaban de forma similar y se movían casi de manera idéntica durante el orgasmo.     Claro que Claudia era desenfrenada y desinhibida, mientras Sonya era más tranquila y recatada.

 

Me quedé mirándola por largo rato, luego la cubrí porque la noche estaba haciéndose algo fría, así que me acerqué más a ella para darle mi calor.     La respiración de ella se normalizó y los colores pálidos volvieron a su rostro.     Sonya se había quedado en silencio, parecía tratar de procesar lo que había sucedido.     Tratando de romper el silencio le dije:

—Estuvo genial e indescriptible … ¿no crees? …

Mi hermana no dijo nada, se destapó, tomo algunos pañuelos de su bolso y comenzó a limpiarse las manchas de semen de su rostro.

—¡Eres un gran cerdo! … ¡Típico de hombre! …

Me criticó mientras terminaba de limpiarse y tiraba los pañuelos a la papelera.     Estaba a punto de decir algo en mi defensa cuando note la ironía y también que había una mueca de sonrisa en su rostro.     Respiré aliviado, así que no estaba enojada, entonces le dije:

—¡Ah!, Sí … ¿Y que puedo hacer si me vuelves loco? …

Sonreí lo más inocentemente que pude, mi hermana volvió a recostarse de frente a mí, apoyo la cabeza en la mano y me observó fijamente.

—¡Ay! De ti si le dices de esto a alguien …

Le dije con cara seria.

—Bueno … y tú tienes que prometerme algo …

Dijo ella casi solemnemente.

—¿Qué es lo que quieres? …

Le pregunté con un tono similar, dejándole ver que para mí ella era importante.

—Cuando volvamos a casa con papá y mamá, no volveremos a hacer nada parecido y tampoco volveremos a hablar de ello … ¡Por favor prométeme eso! …

—¡Te lo prometo! … ¡Puedes estar segura de que así será! …

Le dije de inmediato con voz firme y acaricie su cabello con ternura para confirmar que estaba hablando en serio.     Ella se acerco y me beso la frente y luego se acurruco cerca de mi otra vez.    Minutos más tarde se durmió.     Poco a poco mis parpados se volvieron pesados, estaba pensando a la velada junto a Sonya, claro que no termino como yo quería, pero no puedo negar que hubo un progreso.     Nos quedan muchos días más aquí, tengo que ser optimista y de que lograre tener más cosas con ella.     Mañana por la mañana, Claudia me esperara para bañarnos y quizás algo más.     Me quedé dormido satisfecho y en paz conmigo mismo y con el mundo.

 

(Continuara) …

 

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Capítulo 24 – Dulce Niña musical
Penny Cachorra

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