Incesto

Magdalena – Segunda Parte.

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Mi niña se estiró en su cama y hurgó bajo sus almohadas, mientras estaba así casi recostada, pude apreciar sus largas piernas con sus torneados y hermosos muslos bronceados, sacó el consolador y luego se volvió a sentar, su cara estaba encendida y su mirada pudorosa.

—¡Ah! … lo conservas ahí … igual que tu madre …

—¿Mi madre también tiene uno bajo su almohada? …

—Sí … y más de uno …

Le respondí y me di cuenta de que comenzaba a relajarse un poco.      Supongo que muchas chicas mantienen estos juguetes cerca, son útiles y convenientes.

—¿Tienes novio? …

—¡Umh-umh! …

Me respondió meneando la cabeza negativamente y yo me sentí aliviado de que no tuviera todavía un chico, pero me hice el sorprendido.

—¡Ah!, no … Pero no te preocupes que pronto aparecerá tú príncipe azul … alguien que te revolucione toda … y para ese momento tienes que estar lista …

—¿Lista? … ¿Y para qué? …

—Bueno … Debes prepararte para acostarte con él y entregarle tu calidad de doncella … así no sufrirás el trauma de la primera vez …

—¡Ay!, papi … pero que dices … la mayoría de los chicos de ahora son unos retrasados mentales … no conozco ni siquiera uno que pueda decirse “normal” …

Me encantó esa respuesta y me reí para mis adentros, mi niña no era una cualquiera, sabía muy bien lo que estaba bien para ella, de todos modos, le dije.

—¡Ah! … pero eso cambiará, hija … de seguro cambiará … Ahora, pásame eso …

Estiré mi mano pidiéndole me pasará el arnés ese, ella grácilmente toqueteó el juguete y me lo tendió.   Lo agarré con experticia, lo miré, inspeccioné su longitud, pasé mis dedos por los cojones falsos y le pregunté.

—¿Has visto alguna vez un pene de verdad? …

Magdalena aún cohibida negó con la cabeza, entonces me dispuse a explicarle algunas cosas básicas.

—Pues bien … Un pene masculino puede estar flácido o erecto … éste en particular es la copia de un pene erecto … la naturaleza hace excitar al hombre y su pene se pone duro, de ese modo, el chico puede penetrar a la chica y bueno … luego eyacular dentro de ella … una pija floja sirve solo para orinar … ¿Entiendes? …

Hice una pausa y vi que Magdalena escuchaba atentamente lo que yo decía y su mirada iba de mis ojos a su consolador y viceversa, luego dijo.

—Maritza y yo hemos estado viendo algunos videos en internet … hay algunos enormes … me pregunto si hay chicas que deveras puedan dejarse penetrar por algo así de grande … porque alguien como de mi tamaño no podría hacerlo … sería imposible …

Me causo ternura y sonreí divertido por su ingenuidad, pero como ella hizo referencia al tema, aproveché y le pregunté.

—¿Por qué? … ¿Eres muy estrecha? …

Volvió a mirarme asintiendo, y le dije.

—¿Me mostrarías? …

Me miró dubitativa y se ruborizó, entonces apresuradamente agregué.

—Quiero decir … lo que tú y Maritza ven en la internet …

Ella pareció tomar una bocanada de aire aliviada.      Se levantó y fue a por su portátil.      En menos de un minuto se había conectado con un sitio porno y mi polla comenzó a manifestarse en toda su gloria, lo que me causo un desasosiego que me molestaba en la posición en que estaba.      Magdalena hacía pasar velozmente fotografías de hombres desnudos en diversas etapas de erección y de todo tamaño de pijas.      Se detuvo un momento a mostrar algunos muchachos de color con unas pijas monstruosamente grandes, también había chicos blancos con pijas enormes, no pude evitar de exclamar.

—¡Santo Dios! … ¡Ese parece que la tiene grande como un caballo! …

Lo dije y ella solo sonrió relajada.      Muy pronto estábamos mirando vergas de todos los colores y tamaños, mi vocabulario comenzó a ser un poco más soez y a ella parecía encantarle, hablábamos relajadamente de pijas y coños y chicas que follaban chicas y chicos que follaban a otras chicas.     Después de una veintena de minutos de mirar todo tipo de porno, fui directo al grano y le pregunté.

—Hija … ¿Estás lista para dejarme mostrarte lo que puedes hacer con tu consolador? …

Magdalena no respondió, solo se levantó, puso su computadora en el escritorio y luego volvió hacia mí, nuevamente la sentí nerviosa, su ansiedad se reflejaba en un ligero temblor corporal.

—Recuéstate, cariño … apoya la cabeza en tu almohada y trata de relajarte …

Cuando se mantuvo quieta boca arriba, desabroché sus pantaloncitos cortos y abrí el cierre, vestía unas delgadas bragas celestes con florcitas, metí lo dedos a cada lado del elástico de los calzones y comencé a bajar sus bragas junto con sus pantaloncitos.      Por un momento pensé que no me dejaría hacerlo, pero levantó su trasero de la cama, luego una pierna y después la otra para que pudiera quitárselas.   Tiré de sus prendas, las deposité al final de la cama y tomé el consolador.

—Cierra los ojos, tesoro … ciérralos y relájate … has cuenta de que estás con tu cantante o artista favorito … el que más te guste …

Me miró a los ojos un poco desconcertada y dijo.

—No tengo ningún artista favorito … solo …

Hizo una pausa, me miró con los ojos entrecerrados y agrego.

—Solo tengo un papá favorito …

Luego giró su cabeza en la almohada y cerro sus ojos manteniendo una mano cerca de su boca.     No dije nada, pero mi verga pareció aumentar su consistencia porfiadamente.      Subí su top por sobre su ombligo, la unión de sus muslos en su ingle era una vista maravillosa, casi no tenía vellos púbicos, solo unos pelitos ralos que comenzaban a adornar su minúscula panocha.      Su rostro se había enrojecido y su respiración comenzaba a agitarse.      No quería apresurarme en nada, así que le pregunté.

—Hasta ahora … ¿Qué has hecho con esto? …

Se estremeció como si tuviera la piel de gallina, un poco incomoda dijo.

—¡Emh! … yo … yo solo me froto … me da terror metérmelo …

—¿Y tú quieres que yo lo haga? … ¿Es eso lo que quieres? … ¿Quieres perder tú virginidad con esto? …

Aun cuando su mirada reflejaba su miedo, su cabeza se movió imperceptiblemente en modo afirmativo.      Mis bolas hormigueaban y mi verga pulsaba ya perdiendo algunas gotas preseminales, los tiernos labiecitos de su chocho, comenzaban a brillar bañados en fluidos que rezumaban de ese chocho inmaculado.      Paseé la punta del artilugio por sus tersos muslos desnudos y luego por sobre esa labia conexa y que comenzaba a empaparse con sus fluidos, los pliegues de su conchita comenzaron a separarse, instintivamente movió sus caderas y sus piernas se separaron un poco más, sus gemidos comenzaron cuando la punta del juguete tocó sus labios menores y sus tiernas carnes rosáceas.

 

Tal vez Magdalena estaba nerviosa, intimidada y miedosa, pero su coño generaba fluidos y poco a poco se lubricaba en forma natural, permitiendo que el consolador se deslizase dentro de ella con cierta facilidad.      Le hice levantar sus piernas y abrirlas, su coño también se abrió y pude ver lo mojada que estaba, empujé el consolador dentro de ella, pero enseguida lo volví a retirar, ya que ella se estremeció mordiéndose sus labios.      Continué acariciando su pequeño clítoris y ella cerró sus ojos y escuché como un vagido de nenita junto con sus gemidos de excitación, cosa que me excitó mucho y ya pensaba en tirar fuera mi verga.      Me sentía privilegiado al vivir este íntimo momento con ella, viéndola como su sinuoso cuerpo adolescente comenzaba a moverse y a despertar al placer sexual, probé a acariciar su estrecho culo con el juguete y ella apretó sus nalgas, haciendo rotar su trasero sicalípticamente.

 

Magdalena aferró el edredón con sus manitas y arqueo su espalda escondiendo su ano, de modo que volví a acariciar su labia enrojecida y excitada.      Mi niña estaba caliente.     Después de frotar ligeramente las partes exteriores de su área genital, empujé el arnés en su ojete vaginal.      Metí mi mano bajo su top y me encontré su seno desnudo sin sujetador, atrapé su pezón entre mis dedos y presioné la cabeza del consolador más allá de la entrada de su estrecha vagina, pude ver como el dildo estiraba esos estrechos pliegues rosados, entonces ella dio cómo un salto arqueando su espalda, tenía cerca de dos o tres centímetros del juguete dentro de su ajustada concha.

 

Se estremeció abriendo sus ojos y se apoyó en sus codos para mirar, respiraba afanosamente y gemía, el consolador comenzó a ir y venir dentro de esa cuevita cálida y encharcada, pero tenía un tope y no entraba más allá de un par de centímetros.      Lo saqué cuidadosamente, ella me miraba ansiosa, me llevé el consolador a la boca y Magdalena sonrió mordiendo su labio inferior, abrió un poco más sus piernas y volvió a recostarse.      El sabor de su panochita quedó en mi boca, mojé el juguete con bastante saliva mientras ella seguía mirándome complacida al verme saborear los fluidos de su concha.     Mi verga casi escapaba de mis pantalones.

 

No quería por ningún motivo que la cosa fuera traumática, quería que ella gozara al máximo en el momento de convertirse de niña a mujer.      Me levanté y le dije de esperar, fui a buscar un par de toallas al baño para no ensuciar su edredón en caso de sangramiento y también traje el wand-magic de mi mujer, luego volví al cuarto de Magdalena, ella me miró sorprendida.

—¡Papi! … ¿Qué es todo eso? …

—Bueno … las toallas para cubrir tú cobertor y no ensuciar nada … esto otro es el vibrador de tú madre … a ella le encanta y siempre lo está usando …

—¡Pero es muy grande para meterlo dentro! …

—Tú lo has dicho … no es para meterlo dentro … es para frotarlo solamente …

—¿Y tú lo has hecho con mamá? …

—Por supuesto y te aseguro que ella se vuelve loca …

—¿Es caliente mamá? …

—Es una mujer sana que disfruta del sexo … es normal y natural …

—Quisiera ser cómo ella …

Dijo Magdalena, luego pudorosamente bajo su top cubriendo sus pequeños senos, después volvió a recostarse, yo me acomodé a su lado e hice funcionar el vibrador y subrepticiamente lo acerqué a su ingle, lo apoyé en la convergencia de sus muslos, ella volvió a abrir sus piernas y sintiendo la vibración sobre su monte de venus, quedó boquiabierta, sorprendida por la sensación, movió sus caderas comenzando a follar la cabeza del vibrador, entonces tomé su consolador y lo presenté en su boquete vaginal, probé a meterlo y mi hija se corrió delante de mí.

—¡Aaaahhhh! … ¡Hmmmmm! … ¡Hmmmmm! … ¡Oooohhhh! … papi …

Mi hija se plegó en posición fetal estremeciéndose en un potente orgasmo.      Me tuve que tomar un descanso esperando que mi niña se recuperara.       Después de algunos minutos, Magdalena se volvió a mirarme y percibió inmediatamente la tremenda erección que se manifestaba bajo mis pantalones, me levanté y comencé a quitarme los pantalones ¡¡Dios!! Me sentí mucho mejor, pero Magdalena dijo:

—¡Papi, quiero verlo! … ¡Nunca he visto uno de verdad! … ¡Muéstramelo, papi! …

No lo dude ni siquiera un minuto y me quite mi boxers para complacerla, se le encendieron sus ojitos cuando vio mi polla totalmente erecta a centímetros de su cara.

—¡Oh!, papi … eres tan grande como los tipos de los videos … ¿Cómo mamá puede con eso inmenso? …

—Nenita … Tienes que aprender mucho todavía …

Volví a la cama, coloqué una toalla bajo su trasero, a continuación, tomé su consolador y dije:

—Recuéstate otra vez …

Chupé la punta de su consolador, luego lo presioné contra su chocho, abrió más sus piernas, luego alcanzó una almohada adicional y la acomodó bajo su cabeza, la miré interrogativamente.

—Quiero mirar, papi …

—¡Te podría doler un poco! …

Sus ojos parpadearon con algo de temor, pero asintió decidida.     Respiré profundo, mi polla pulsó por la lascivia del acto, entonces empujé el falo de imitación piel y sentí cuando su himen cedió.   Magdalena cerro los ojos y se encogió aturdida, algunas lagrimas se formaron en sus mejillas y dejo escapar un ahogado grito de dolor.      La penetré lo más profundo, hasta que mi mano tocó sus hinchados labios vaginales, pero no hice ningún movimiento más, esperé que se relajara.    Entonces comencé a sacar el consolador, venía con rastros de sangre, su coño se había manchado de sangre.    Tomé una toalla y comencé a limpiarla.

—Hija … ya no eres virgen … técnicamente …

—¿Técnicamente? …

—Si porque has sido desflorada por un pene falso … nadie te ha follado …

—¿Y cada vez que lo haga me va a doler así? …

—Por supuesto que no … solo la primera vez es así … excepto si te tiras un tipo con una verga del tamaño gigante … cómo la de un caballo …

Le dije bromeando, ella me sonrió.

—Pero no será hoy, papi … estoy demasiado adolorida …

—Sea como sea, Magdalena … nadie debe saber nada de lo que acabamos de hacer … existe el riesgo de terminar en prisión si esto se llega a divulgar …

—Entiendo, papi … sé que si lo digo a alguien no podremos volver a hacer nada parecido … y yo quiero aprender más de ti …

 

La clase había terminado, su himen estaba roto.      La última respuesta de mi hija me había dejado con mi verga palpitante.      Me recosté a su lado y la estreché en mis brazos, estábamos compartiendo un momento divino de padre a hija, no había nada sexual en ese abrazo, solo un afecto reciproco, sincero y puro.      Me levanté para irme, pero ella me detuvo poniéndo su mano en mi brazo, sus ojos estaban fijos en mi erecto pene.

—Papi … ¿Puedo tocarte? …

No supe que decir, solo tomé su manita y la puse sobre mi verga dura y tiesa.    Amorosa y tiernamente envolvió sus dedos alrededor de mi polla y comenzó a jalarme ligeramente.      Era tanta mi necesidad de desahogo que bastaron solo una media docena de toques y exploté en modo incontrolable.     Derramé gruesas hebras de semen sobre sus piernas, sobre la parte superior de su coño, su estómago y manché el pequeño top que cubría sus tetitas.        La boca y ojos de mi hija estaban abiertos en sorpresa, estaba viendo correrme, estaba recibiendo mi lefa caliente sobre su cuerpo, me regaló una sonrisa mostrándome todos sus dientes y con ojos brillantes que centelleaban, luego me preguntó.

—¿Te sientes mejor? …

No tuve la fuerza para responderle, me sentí avergonzado, esto no debería haber sucedido, pero mi verga me traicionó y se involucro con ella.      Sin decir una sola palabra me levanté de la cama y me retiré cabizbajo.

 

Después de cerca media hora, ya vestido y repuesto me encontraba en mi estudio oficina revisando algunas cuentas.      Magdalena golpeó suavemente y entró.

—Papi … me das permiso para ir a casa de Maritza …

—Sí … anda tranquila …

—¿A que hora quieres que vuelva? …

—No más allá de las once, hija …

—Está bien, papá … te amo …

—Yo también a ti …

Magdalena actuaba como una hija hablando respetuosamente a su padre, me gustó que ella no haya cambiado su forma de comportarse, cuando se giró hacia la puerta, le dije.

—¡Hija! … ¿Nuestro secreto? …

—Es solo nuestro, papi …

Me respondió sonriendo y guiñándome un ojo.      La seguí con la mirada hasta que salió de la casa.

 

Cerca de una semana después, mi esposa asistió a una despedida de soltera de una de sus compañeras de trabajo, lógicamente los maridos y novios estaban prohibidos, regresó a tarda hora y bastante pasadita de copas, la ayudé a desvestirse y a acostarse, luego se durmió profundamente.     Me levanté para controlar a nuestros hijos, Julio dormía tranquilo y bien arropado, me fui al dormitorio de Magdalena, tenía la luz encendida, sigilosamente abrí la puerta y la vi sentada en su escritorio de espaldas a mí, tenía los audífonos cubriendo sus oídos, así que no podía oírme y no se había percatado de que yo estaba detrás de ella.      En el monitor de su portátil una joven mujer era follada por un hombre maduro, su verga se deslizaba dentro y fuera del coño de la chica, entonces me fije que mi hija tenía su mano entre sus piernas y estaba introduciendo su consolador en su conchita, sus piernas estaban ligeramente abiertas.     Al percatarme de este hecho, me retiré rápidamente antes de que mi polla se pusiera rígida.

 

Me fui a mi cuarto y logre adormecerme, no sé cuánto tiempo había transcurrido, pero sentí una presencia en la habitación, abrí mis ojos y vi una sombra junto a la cama, era Magdalena que me miraba, vestía la misma remera de hace un momento atrás, era demasiado ancha, pero no bastante larga como para cubrir bien su entrepierna, tomó mi mano y la llevó a su panocha, estaba mojada y ardiente, comenzó a rotar sus caderas mientras frotaba su coño con mi mano, estiré mis dedos y ella los insertó en su caldeada y estrecha vagina usándolos como un juguete sexual.      Rápidamente iniciaron sus gemidos ella estaba caliente y comenzó a calentarme a mí.     Comencé a follar su coño con mis dedos que se deslizaban fácilmente en ella, después de unos momentos aferró mi muñeca y aumentó el movimiento de sus caderas, hasta que llego un momento en que su cuerpo se puso rígido y comenzó a temblar, acallados gemidos y quejidos escapaban silenciosamente de su boca, luego desapareció en completo silencio, mi verga no daba más de dura.    Giré a mi esposa y mientras chupaba los dedos que habían estado en la apretada conchita de mi hija, separé sus muslos y follé a mi mujer hasta explotar con ingentes chorros de esperma dentro de su panocha empapada, mi pobre cónyuge gimió, pero no protestó ni se dio cuenta de que yo la cogía.

 

La semana siguiente, Magdalena y Julio terminaron su año escolástico, ya no tenían que ir a la escuela.   Mi mujer salió a su trabajo temprano en la mañana y yo pensé que está era una buena oportunidad para estar con Magdalena.     Llamé a mi trabajo y avisé que no asistiría por no sentirme bien.      Fui al cuarto de mi hijo y lo encontré durmiendo profundamente, sabía que no se levantaría, entonces me fui al dormitorio de mi hija, mi verga era un sólido monolito que levantaba mi bata.      Ella dormía todavía, levanté el edredón y vi que estaba con su ancha remera y sin bragas, sus piernas ligeramente abiertas, mi pija pulsó agitándose e hinchándose aún más.      Dejé caer mi bata al suelo y me metí desnudo a su lado, la última vez que había sentido una excitación similar, fue cuando follé a su madre la primera vez.      Apoyé la cabeza en la almohada y puse mi mano en su cintura, luego me coloqué encima de ella y mis dedos alcanzaron su chocho.      Se despertó y se estremeció, pero me reconoció y puso sus brazos a mi alrededor.

—Te esperaba … ¿Sabes? … no sabía cuando … pero sabía que vendrías …

Me dijo estrechándose a mí, se movió ligeramente y abrió sus piernas, la palma de mi mano cubrió por completo su coño, mi dedo medio se hizo camino entre sus pliegues y penetre su húmeda panocha, hundiendo mi dedo profundamente en su hendedura, puso su mano sobre la mía y empujó mi extremidad aumentando la penetración en ella.

—Buenos días, Magdalena …

—¡Oooohhhh! … Buenos días, papá …

Luego de un segundo, como si recién se despertara, se sobresaltó y empujó mi mano fuera de su vagina.

—¿¿Dónde está mamá?? …

 

 

Continuara …

 

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