Incesto

Mi hijo, mi hija.

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Estaba ordenando la ropa limpia y note que el cajón de mi ropa interior no estaba cerrado del todo como usualmente yo suelo dejarlo.     Como toda madre, siempre me estoy fijando en detalles.   Cajones, puertas, ventanas, cortinas, todo tiene una cierta posición y como soy yo la que limpio todo, siempre me doy cuenta cuando algo ha sido cambiado.     Indudablemente alguien había abierto el cajón de mi ropa.     Encontré unas manchas húmedas en mi sostén de raso blanco, las pantaletas parecían haber sido usadas … ¡que extraño todo esto! …

 

Si debía buscar un sospechoso no debía ir muy lejos.     Vivo sola con mi hijo Lucas.     El mismo que se pasa horas y horas frente a su computadora.     Pienso que está viendo demasiada pornografía, de allí debe haber sacado estas ideas bizarras.     No hay nada de malo en eso, mi chico acaba de concluir su enseñanza básica y se apresta a continuar el año venidero en un nuevo colegio.     Sus calificaciones me llenan de orgullo, es el mejor de su clase, merece un poco de libertad, no puedo ser una madre terrible y obsesiva, si él es un niño modelo.     Debe ser una etapa de su adolescencia.     Sus jodidas hormonas desbordan sus fantasías.     No puedo darle más vueltas a este asunto, lo dejare tranquilo.

 

Mi hijo posee una fisionomía y un físico similar al mío, seguramente mis prendas le quedan bien, solo mis caderas son más anchas y por supuesto él no tiene senos exuberantes como los míos.    Decidí de todos modos vigilarlo y venir en su ayuda si fuese necesario.    Total, las madres estamos para eso, debemos ayudar a nuestros retoños.

 

Pensando en como sorprenderlo, planee un viaje ficticio de fin de semana a casa de una amiga, haciéndolo sentir que restaría solo por un par de días, así él se sentiría lo suficientemente tranquilo como para desarrollar sus fetiches.    Quizás él solo se masturbaba con mis prendas y no las usa. Tal vez se viste con ellas, algo así como un travesti, que no necesariamente es un gay.    Tenía varias interrogantes en mi mente que esperaba aclarar con mi plan.

 

A mitad de semana comunique a mi hijo mi intención de viajar y que quedaría solito por unos dos días.    Inmediatamente aseveró de no tener problemas y que era bastante crecidito como para cuidar de la casa y de sí mismo, le di un caluroso beso en la mejilla y le prometí de traerle algún regalito.     El plan estaba completo.   Partiría el sábado de mañana y regresaría el domingo después de mediodía.     Lucas se sentía feliz y dichoso de asumir la responsabilidad de quedarse como amo y señor de nuestro pequeño feudo.

 

Mis atuendos no eran para nada provocativos, eso sí, muy femeninos, pero bastante conservadores, mis faldas eran todas medianamente largas y un par de ellas plisadas.    Mis blusas de seda y algodón tipo años cincuenta.     Había conservado un par de ligueros y medias del color de mi piel.

 

Para la ocasión me había vestido en modo clásico, con falda azul marino-plisada, medias negras con ropa interior a encaje y bordados del mismo color, una delgada blusa de seda roja y un chalequito que hacía juego con la falda.    Una castísima cartera negra y zapatos de tacón alto.   Mi hijo me dio una mirada de aprobación y me lanzó un silbido.     Me despedí de él con un beso y me fui.

 

Conduje hasta el centro de la ciudad y luego me fui a un mall, decidí ver una película en unos de los tantos cines del centro comercial y luego volvería a casa sigilosamente.    Salí del cine y pase a beber un café y a comprar unas roscas.      Probablemente mi hijo se sentiría con confianza y haría como si se encontrara solo.   Tenía una tensión que me apretaba mi estómago.     Espero que mi hijo no tenga un ataque al corazón por el shock o quede traumatizado.     Trataré de ser lo más delicada y cuidadosa al tratar cualquier forma de perversión que él tenga.    Está despertando a la sexualidad y un tema delicado como éste puede ser devastador si no se enfrenta con suficiente criterio.

 

Llegando a las proximidades de mi hogar, me detuve pensando a las posibles consecuencias, pero ya estaba todo decidido.    Baje del auto y me aproximé a las ventanas de la casa, pero no lograba ver nada especial o sospechoso.     Me fui a la parte trasera y entré por la cocina.     Me quité los zapatos para no hacer ruido.     Se sentía música y ruidos que venían de mi dormitorio, la puerta estaba abierta a mitad, le escuche hablar.

—¡Ooohhh! … ¡Que hermoso parecerme a mi bella madre! … ¡Que excitante que es! … ¡Esta suave faldita y estas sexys medias! … ¡Mmmmmm! … ¡Que hermosa que eres, mamá! …

Me asomé parcialmente por la puerta y vi a mi hijo vestido con mis ropas tal y cual lo había imaginado.     Se había vestido con una falda con un tajo lateral a mitad del muslo, solo que el tajo estaba en su parte delantera y del extremo superior asomaba una enorme verga violácea que él mantenía firmemente en su mano.

 

Me sentí muy excitada al verlo en esos hábitos femeninos, también vestía una blusa y sostén rellenado con sus medias de futbol, tuve que reconocer que tenía muy buen gusto, todo combinaba perfectamente.

 

Me devolví por donde había venido y una vez fuera de la casa me calce los zapatos y di la vuelta para entrar por la puerta principal, metí un poco de ruido al entrar a casa.    Deposité mi cartera en la mesita de ingreso y me quité mi chaleco.

—Hijo … ¿Dónde estás? …

Yo sabía que él estaba aprisionado en mi dormitorio y no había tenido tiempo de escapar para cambiarse, me sentí afligida por él, quizás estaba temblando aterrorizado.    Entré a mi dormitorio y me lo encontré con una cara de desesperación sorprendente.    Me volví taconeando a la sala de estar.

¡Ven aquí inmediatamente! … ¡Y no trates de desvestirte! … ¡Ven así como estás! … no estoy enojada contigo … solo quiero hablarte … ¡Sé lo que has estado haciendo con mi ropa! …

Lucas asomo su carita por la puerta, estaba blanco, tartamudeaba y sus ojos estaban pegados al piso.

—Mami … puedo explicarte … estaba haciendo un experimento … fue solo por curiosidad … no se volverá a repetir, mamá … no sabes cuanto lo siento …

Sonreí para mis adentros, lo tenía en la palma de mi mano, no tenía escapatoria, tímidamente se fue asomando, cabeza gacha, tacones altos, medias de red negras afirmadas con un liguero, se veía terriblemente sexy como macho, aun vistiendo atuendos femeninos.

—Hijo, quiero saber exactamente que significa esto … ¿te gusta la ropa de mujer o solo la ropa de tu madre? … ¿Estas interesado en hombres o es solo un fetiche por mi ropa? … dime …

Lo veía muy compungido, casi estaba a punto de echarse a llorar de la vergüenza y yo me sentía tan mal como él al forzarlo a vivir toda esta situación.    Casi temblando se apoyó al sofá.

—Lo siento, madre … no tengo palabras … es todo tan extraño … primero comencé probando uno de tus sostenes de la ropa sucia … días después probe tus bragas … luego sostén y bragas … no se como me encontré deseando de vestirme con ropas femeninas … son tan distintas a las de nosotros los hombres … ¡Ah!, no soy gay, mami … pero me fascinan las prendas de las mujeres …

Me quedé pensativa mirándolo en esos atuendos míos, lucía genial, es como si hubiera ganado una hija al mismo tiempo.     Quizás hasta podría discutir con él sobre ropa femenina.    Idea interesante.    Quizás una peluca y unos senos artificiales mejorarían su postura.    Sería maravilloso salir junto a él a pasear por la ciudad, vestidos como dos damitas amigas.

—¿Te gustaría vestirte de mujer más a menudo? … Quizás en las tardes cuando regreses del colegio te podrías vestir de niña … ¿Te gustaría eso? … serías un poco como mi hija …

Lucas me miró con una cara de sorpresa, los colores regresaron a su rostro, ahora se veía ruborizado.   Asombrado por el cambiamiento de la situación, la sangre de sus venas aumentó de golpe, excitándolo, así también su verga reaccionó comenzando a dar signos de despertarse y poco a poco la cabezota amoratada de su glande comenzó a mostrase por el tajo de su falda.

—¡Oh!, mami … ¿Deveras me permitirías hacerlo? … ¿Podría usar también tu hermosa camisa de dormir transparente? …

—¡Por supuesto!, cariño … podrás usar mi neglige y toda mi ropa para dormir … incluso puedes dormir junto a mí …

Lo abracé con fuerza y sentí su tremenda erección en mi vientre, mi niño estaba bastante excitado, sus brazos me envolvieron y cuando levanté mi rostro a mirarlo él me besó y me apretó contra sus pechos de calcetas.   El beso fue maravillosamente largo.    Su polla palpitaba entre los pliegues de mi falda y mi mano hizo contacto con esa afelpada y delicada verga juvenil.   Ardorosamente me apropié de su pene y comencé a masturbarlo.    Él abrió un poco más sus piernas para permitirme jugar con su verga enhiesta.

—Ven, querida hija … vamos a mi dormitorio …

Llevé a mi hijo a mi dormitorio y lo empuje sobre mi cama, nos comenzamos a besar apasionadamente, me sentía tan caliente de sentir y tocar a mi hijo vestido de mujer, mi mano no soltaba en ningún momento su pija oronda, dura y caliente.    Este fue un momento especial para mí y para él, vestíamos indumentaria similar y mi mano inició un movimiento vertical de sube y baja.

 

Muy luego mi hijo estaba literalmente follando mi mano, había alzado su pelvis en el aire y temblaba, supe que se estaba acercando al momento culmine, me arrodillé e incliné levantando su falda para acariciar sus cojones y prenderlo en mi boca.    Él me miro intensamente como me atragantaba con su pija que llenaba mi boca y su cabeza cayó hacia atrás convulsionando y chorreando mis papilas gustativas con su lechita.

 

El semen salió a grandes pulsos y por largo rato como si fuese una fuente inagotable.    Por más que traté de tragar todo, algo escapo por la comisura de mis labios y se enredo en mi barbilla.   Tuve que alejarme de su pija para respirar, su pene continuaba a expeler esperma, esta vez rociando mis senos y mis vestidos.     Estaba estupefacta, jamás vi salir tanta leche de la pija de un hombre.     Mi “niña” gruñía y jadeaba pesantemente.

 

Mi hijo suspiró y me agradeció por tan magnifico orgasmo, traté de lamer los restos de su semen y ese estimulo fue suficiente para que su polla volviera a ponerse dura, entonces terminé de desvestirme y me subí a horcajadas sobre él para meterme su verga con mis propias manos.   Suspiré y me estremecí al sentir a mi hijo de regreso dentro de mi vientre, era algo tan especial que difícilmente cualquier mujer podría describirlo o interpretarlo, es mucho más que amor o sexo.     Acerqué mis pechos a sus labios para volver a amamantarlo mientras cabalgaba su portentosa verga.

—¡Cómo has crecido, hijo! … ¡Que hermosa y grande es tu polla! … ¡Ahora es la polla de mamá! … ¿Me entiendes? … ¡Es solo mía! …

Su miembro llenaba perfectamente toda mi cuquita, me hacía enloquecer, la verga de ningún hombre se podría sentir como la de mi hijo, me comí sus labios mientras sentía las cosquillitas de mi orgasmo, luego hundí mis pechos en su rostro, el placer de lo prohibido me hacía explotar en un espasmódico orgasmo, mi clítoris parecía temblar y mis piernas y brazos estaban totalmente descontrolados.

—¡Oooohhhh!, mi amor … dale a mami esa verga tuya … ¡Asiii! … ¡No te detengas! … ¡Ssssiiii! … ¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! … ¡Dámela toda! …

Descansamos uno en brazos del otro, su falda estaba arrugada y sudada, sus medias y ligueros también, poco a poco lo comencé a desvestir también a él.     Debo probar a maquillarlo, pensé.   Mi “hija” se estaba transformando en mi propio fetiche y lo que es mejor, ninguno de los dos sentíamos sentimientos de culpa, arrepentimiento o vergüenza.

 

Nos relajamos y desnudas nos encaminamos a la ducha, su verga estaba arrugada y bañada en mis fluidos, pero me pareció el pene más hermoso del mundo, era el pene de mi “hija”.

 

Luego de la ducha le di una tanga rosada y un neglige negro, yo un neglige rojo con tanga negra, lucía hermosa mi “niña”.     Nos miramos felices, ella algo emocionada me dijo:

—Te quiero mucho, mami …

—Yo también mi niña … yo también …

Nos metimos a la cama y sentí que su polla de endurecía, pero no tuvimos sexo, pienso que “ella” estaba excitado con la indumentaria que vestía, era su fantasía y la estaba viviendo junto a mí, como madre me sentía feliz, como amante me sentía satisfecha y caliente de sentir a mi lado la dura verga de mi “niña”.

 

A la mañana siguiente mi “niña” se despertó con una descomunal erección, acaricie lascivamente su verga y pase mi lengua por sus lóbulo, se giró a mirar con ojos emocionados y concupiscentes, mientras mi mano masturbaba su pija suave y lentamente, “ella” gemía y meneaba su pelvis.     Lo vi que necesitaba un desahogo urgente, debía ayudarla, así que me arrodillé a su lado corriendo un poco su tanga, comencé a lamer a lo largo de su polla, luego lo hice deslizar entre mis labios y profundamente en mi boca.

—¡Oooohhhh!, mami … que rico se siente tu boca …

Su mirada resplandecía, sus ojos marrones parecían lanzar chispas, entre gemidos, quejidos y gruñidos, mi niña convulsiono en su bellísimo y potente orgasmo.

—¡Oooohhhh!, mami … ¡Oooohhhh! … mami … ¡Ssssiiii! …

Su copiosa corrida pronto lleno mi boca, su esperma volvía a estimular mi paladar, mi niña se retorcía sobre las sabanas y yo se lo chupe con entusiasmo hasta que ceso sus movimientos.

—¡Maaamiiiiii! … ¡Oooohhhh! …

 

Después de ese cálido despertar, nos levantamos a tomar desayuno.     Le di una de mi pantys y rápidamente se la puso acomodando su verga hacia un lado, se veía preciosa mi niña, sus piernas peludas no se veían tan bien, es necesario depilarlo, también su culo es muy masculino, redondo y duro, pero no pronunciado, va a necesitar un relleno, pensé.     ¡Oh! Mi Dios … tenía tantos proyectos con mi “hija”.

 

Estuvimos conversando sobre el tema mientras sorbíamos un café caliente acompañado de tostadas y rosquillas.     Le expliqué que no había nada de malo en lo que él sentía.    Le dije que desde hace algún tiempo me había dado cuenta de que algo hacía con mi ropa y que eso no me molestaba, pero que era necesario comprar para “ella” su propia ropa.     Tú debes elegir lo que más te gusta, lo que te quedé más bonito.

 

Me miró complacido y agradecido.    

—Mami … creo que tienes razón … ¿Qué sugieres? …

—Bueno … el sábado en la tarde no tengo nada que hacer … ¿Qué te parece si vamos al Mall “juntas” y compramos lencería de tu gusto, junto con otras prendas para que puedas estar en casa? …

—¡Uy!, mami … ¿Harías eso por mí? …

—Por supuesto, soy tú madre y tú eres mi hijo e hija … yo estoy aquí para ti … te ayudaré en todo … estaré siempre a tu lado …

Se levanto a abrazarme y darme unos besitos en la mejilla, yo le metí una mano en su entrepierna y las sedosas medias que cubrían sus muslos se sentían muy excitantes, “ella” me miró:

Mami … eso también es muy bonito …

—¿Te gusta mi niña? … ¿Te gusta que tu madre toque tus piernas sedosas y magree tu sexo? …

—Me encanta, mami …

Me reí un poco viendo su tremenda polla tratando de escapar de la estrecha panty que la mantenía aprisionada

Así, mi niña … así me gusta …

Le baje sus pantys hasta sus rodillas y lo hice sentarse en la mesa, termine de quitarle las pantys y me acomodé entre sus muslos.     El pene de mi “niña” estaba servido a la mesa.    Rápidamente comencé a lamer y juguetear con su mástil.     Su polla estaba dura y tiesa.     Aumenté la velocidad de mi mano y como saetas, varios chorro blanquizcos salieron volado por los aires.

—¡Oh!, cómo es bello cuando te corres, hija … pero creo que necesitas urgentemente un poco de lencería y una buena depilación …

Me levante para ir al baño y deje a mi “niña” sola para que se recompusiera de su orgasmo.   Mi boca sabía de rosquillas con mantequilla y semen.     Me sentía muy caliente y creo que luego me cruzaría en ruta con mi hija para un exquisito polvo.      Cuando volví, mi “hija! Se había recuperado y estaba lavando la vajilla, llegue por detrás y lo abracé con mis brazos buscando su polla.

—Hijo, quiero afeitarte un poco todos esos vellos que te están creciendo … de modo de que mañana podamos ir al Mall ambas vestidas con mis vestidos … allí compraremos cosas para ti … ¿Estás de acuerdo? …

—¡Ay!, mami … ¡Que excitante! … no veo la hora de que vayamos …

Nos desnudamos en el baño y comenzamos a lavarnos con abundante jabón, afeité sus piernas y muslos, afortunadamente, en el pecho aun no le salían vellos, pero en su culito tenía una incipiente pelusa que también afeite, al mirar su culito no pude evitar de mirarlo detenidamente, sus nalgas eran muy blancas y su ano era rosadito, muy delicado.    Casualmente acaricié su ano y el contrajo sus glúteos en excitación:

—Me gustaría penetrarte, hija … tienes un culito muy hermoso … ¿sabes? …

—Pero me puedes meter tu deditos, mami …

—Sí, pero yo quiero meterte algo más sustancioso, hija … algo como un pene …

—Pero mami … si tu no lo tienes y yo no quiero nada con los hombres …

—Pero podríamos comprar uno en el sex-shop … de esos arneses con correas …

—¡Ay!, mami … que cachonda que eres … yo no sé de dónde sacas esas ideas … y yo no lo entiendo del todo …

—Tú no, pero yo sí …

Acaricie las delicadas nalgas de mi hija, su polla se puso durísima, mientras me tragaba su verga, le metí un jabonoso dedo en su culo, se echó hacia adelante y gimió, su verga me llego al fondo de la garganta y casi me ahogo.     Me levanté, volví a enjabonar su pene, me eche una copiosa cantidad de jabón en mi culo, le di mi espalda y él entendió, se acomodó, tomó una de mis piernas y la apoyo al borde de la vasca, luego presentó su pija en mi culito y empujó, me agache suspirando y gimiendo, eran tantos años que no sentía una verga en mi culo que en un principio me dolió, después me sentí incomoda y finalmente inició un mete-saca que me hizo gemir y echar mis manos hacia atrás para que me lo metiera más profundo.

—Mami … eres muy estrechita … ¿No te duele? …

—No mi niño … tienes una hermosa polla y se siente muy rico … sigue, por favor …

Me folló tan rico y delicado, yo había tenido sexo anal, pero nada comparado con lo que me hacía sentir la verga de mi “niña”, estaba sedienta por su miembro, moví y empujé mi culo contra su ariete, taladró mi recto hasta que me provocó un violento orgasmo, mi primer orgasmo anal.

 

Por fin llego el sábado, me levanté muy excitada sabiendo que saldríamos con mi “hija” de compras, le había prestado una falda larga muy primaveral, una blusa de color claro, le hice notar que hacía mucho calor para usar pantys, así que junto con una tanga celeste, le abrí un par nuevo de medias color piel y un liguero celeste que hacía juego con su tanga, estaba tan linda mi “niña” que mi propia tanga se humedeció de inmediato.

 

Tuve que enseñarle a caminar con tacos altos, como es atlético y joven, bien luego se acostumbró a caminar con una cadencia que haría envidiar a cualquier modelo de alta moda.   Yo me había puesto una falda con tajo al costado y botas, que se complementaba a mi fina blusa de encajes.    En el trayecto conversamos sobre sus preferencias, si le gustaban los bordados con encajes o solo los bordados sin encajes y todas esas cosas tan nuestras de mujeres.    Estaba orgullosa de tenerlo a mi lado.     También me había percatado de que algunos chicos la miraban y más de uno se atrevió a lanzarle un halago.    Me miraba nerviosa.

—Eres hermosa … ya te acostumbraras …

Le dije sonriendo y apretando su mano para infundirle fuerza y confianza.     Tengo que decir, que nadie nos miraba extraño.   Éramos simplemente dos mujeres de compras.    Lo llevé a una de mis tiendas preferidas, le dije que me gustaba porque podríamos probarnos todos los atuendos sin que se molestaran.    Una vez dentro la tienda le dije que eligiera lo que le gustaba, me indicó una falda y una blusa, muy similar a las que estaba usando, elegí por mi cuenta unas cuantas prendas y no fuimos al probador:

—Ven, vamos a probarnos … si no te queda bien, compraremos otra … no tenemos que botar nuestro dinero, hija …

Afortunadamente el probador era muy bonito con tres espejos y bastante amplio, podíamos entrar juntas:

—Desvístete para que lo pruebes …

Mi hija estaba nerviosa y tímida, pero se desvistió y quedó frente a mi solo con su tanga y sostén, le pasé una falda y un suéter, se los puso, lo tironee para ajustarlo a sus senos, la hice voltear y acaricie su culo, que me pareció muy plano, creo que necesitará un relleno si quiere usar jeans.

—Te queda perfecto, hija …

—¿Te gusta, mami? …

—Te ves preciosa, hija …

Se quitó la falda y su pene endurecido se escapó de la tanga, nos miramos reflejadas en el espejo y nos reímos, delicadamente tomé su verga y la acomodé bajo el diminuto calzoncito.   Seguí haciéndole probar diferentes indumentarias y lo encontraba cada vez más linda, mis bragas estaban empapadas magreando su verga que cada vez que se desvestía, saltaba al aire libre.

—Te ves muy bien … llevaremos todas esas … ¿Te parece si vamos a mirar la ropa interior? …

—¡Sí!, mami … vamos … eso me gustará mucho …

Me levanté la falda y le mostré mis medias y mí liguero:

—Mira estamos vestidas casi iguales … creo que yo también elegiré algunas prendas … vamos …

Mis medias eran un poco más finas, con bordados y encajes, con mis botas negras se veían muy sexys, mi hija tenía una erección imposible de ocultar, le acaricié la verga diciéndole:

—Un poco de paciencia … ya regresaremos a casa … y te haré lo que hasta ahora ni siquiera te has atrevido a fantasear … ya veras …

Nos fuimos al sector de lencería y compramos unas cuantas medias negras de diferente tipo, unas enaguas, unos tops y después de pagar, nos fuimos a casa con todas nuestras cosas.     Lo único que quería era verla con los nuevos atuendos:

—Sube a cambiarte, hija … luego vendré a ayudarte …

Pase al baño a desocupar mi vejiga y después de enjuagarme el rostro y la boca, subí a ver a mi niño.     Lo miré con sus nuevas medias negras autoadhesivas y su tanga del mismo color, además, un top de seda negra precioso, sus blancas nalgas estaban totalmente desnudas:

—¿Sabes que luces muy sexy, hija? …

—¿Deveras, mami? … me siento muy femenina, mami …

—Tienes toda la razón … luces muy femenina …

Solo pude confirmárselo, estaba realmente asombrada como había cambiado de hijo a hija, y esto aparte de tenerme caliente como una puta, me enorgullecía y me hacía sentir bien.   Es mi hijo, lo sé, pero debe vivir su vida y yo le ayudare en todas sus fantasías.     Creo que ya lo dije, las madres estamos para eso, ¿no?.

—Mami … ¿Estas segura de que me seguirás queriendo? …

—No debieras ni menos preguntármelo, después de todo lo que hemos hecho juntas …

—Sí … es verdad … estoy viviendo un sueño, mami … gracias … gracias, mamá …

—¿Te gusta verme en ropa interior? …

—¿Bromeas? … ¡Eres la más bella de todas, mami! …

—Entonces ven a mi dormitorio en cinco minutos más … iré a cambiarme para ti …

Le di un beso rapidito en sus labios y me fui a mi cuarto.     Me vestí con mi nueva lencería.    Saqué mi consolador y lubricante y los escondí bajo la almohada.    Justo a tiempo cuando mi niña entraba en mi habitación.

—¿Te gusto así? …

—Mucho … estás preciosa, mami …

—También tú me gustas con esas ropas … tú has fantaseado conmigo y yo he fantaseado contigo … quiero que me toques y me hagas de todo … ven y tocas mis pechos … ven y cómete mi coño … hazlo, hijo … lo quiero tantísimo …

Me acerqué a él y acaricié su polla por sobre su tanga de seda negra, puse una pierna entre sus piernas y me moví de arriba abajo sin soltar su pene, comenzó a gemir mientras lo masturbaba, me arrodille frente a él y le chupé su pene acariciando su culito, al parecer fue mucha estimulación porque aferró mi cabeza y me enterró su pija que descargaba semen a raudales.

—¡Mmmmmm!, mamiii … ¡Ssssiiii! … ¡Ssssiiii! …

—Córrete mi niña … dame tu lechita en mis tetas … dámela … hazme sentir tu lechita caliente …

Me limpié un poco su semen de mis senos y me tumbé de espalda en la cama:

—Ven a mí, hija … cómete mi coño …

Pausadamente se acomodó entre mis piernas y me lamió de arriba abajo, deteniéndose por segundos sobre mi clítoris.     Se había convertido en una hábil chupa coños y me hacía disfrutar como nunca.   Después de hacerme alcanzar un bellísimo orgasmo, se arrimó a mí oreja a susurrarme:

—Quieres mi polla … ¿verdad? …

Se había enderezado y me miraba directamente a los ojos, me pase la lengua por mis labios y moví mi cabeza en sentido afirmativo.     Tomó su verga con su mano y restregó su glande sobre mis inflamados labios, luego la apuntó en medio de mis labios menores y se hundió en mí, me volví loca:

—Fóllame, travesti caliente … coge a tú madre … dame toda tu polla cachonda … dámela …

No dijo una palabra, pero no era necesario, su pene parecía haberse engrosado y crecido más que antes, me follaba frenéticamente en silencio.   ¡Que rica sensación! Madre e hijo con lencería negra follando como si se fuera a acabar el mundo.

—¡Oh!, hermosa travesti mía … fóllate a tu madre … ¡Ssssiiii!, mi bebé … dámelo todo …

 

No puedo negar que fue una experiencia maravillosa bajo todo los aspectos.   Me llenó mi chocho de lechita.     Desde entonces comenzamos a hacerlo más a menudo.     Una vez al mes, vamos juntas a comprar más lencería y follamos hasta quedar ahítos de pasión y lujuria.   Me encanta tener un hijo travesti que se convierte en mujer y me rinde más mujer a mí misma.

 

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Vergas para mí esposa, culitos para mi
Bianca.

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