Incesto

Mi padre, Goliath y yo.

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El sol brillaba reluciente en el cielo primaveral.   La brisa era suave y perfumada.      Los arboles se mecían apaciblemente y sus hojas cantaban como en un susurro, la mayoría de ellos eran altos e imponentes, sus sombras se reflejaban en los ventanales de la habitación de Margarita Poblete, ese es mi nombre y vivo cerca del parque Bustamante, en la ciudad de Santiago de Chile.

 

Márgy me llaman mis amigos más cercanos.     Me giré en la cama todavía somnolienta, abrí mis ojos a medias protegiéndome del brillo enceguecedor del sol, trataba de ordenar mis rizados cabellos de jovencita.    Había heredado de mi madre esos cabellos rubios color miel.     Solo una fina sabana cubría mí cuerpo juvenil abrigándome de esa suave brisa fresca que soplaba a través de mí ventana abierta.

 

Perezosamente volví a bostezar, apoyé mi dorada cabellera sobre la almohada.     Miré el reloj de la cómoda, era demasiado temprano para levantarme y prepararme para ir al colegio.     Cerré mis ojos y me fui en un suave letargo, de pronto todo se desvaneció y me quede en un estado de sueño y vela.   Al parecer me sumergí en mi sueño REM y comencé a soñar.

 

Estaba en alguna parte extraña y en ella estaba también mi padre.     Lo podía ver claramente y lo más asombroso es que lo veía sosteniendo en su mano su enorme pene, sus testículos maduros y cubiertos de vellos, estaba desnudo de la cintura para abajo y sus pantalones estaban enrollados en sus tobillos.     Sus ojos brillaban en modo salvaje, no eran los ojos paternales y afectuosos que acostumbraban a mirarme.     En esta pesadilla alucinante, él estaba frente a mi con su verga en su mano, unas gotitas perladas emanaban de la parte superior haciendo brillar su glande gigantesco, sus ojos estaban impregnados de deseos y lujuria.

 

Miraba ese enorme miembro pulsante a centímetros de mi rostro, me recordaba lo aprendido en biología, también los que Mónica me había hecho ver en una revista porno de su padre.   Pero este era más grueso e hinchado, con todas esas venitas azules gordinflas.      Mis fosas nasales se dilataron al sentir el aroma almizcle que provenía de aquel glande lustroso, mi corazón se aceleró dada la proximidad, en mi sien y en mi cuello se marcaron mis propias venas por la excitación y el deseo de poseerlo.

 

Mis manos se deslizaron y cubrieron mis tetas pellizcando y jalando mis pezones, luego recorrieron la planicie de mi vientre y llegaron al borde del montículo de Venus, suavemente resbalaron a la convergencia de mis muslos y luego mis rizados vellos de oro ya húmedos, los estiré y acaricié sintiendo la cálida temperatura de mi sexo.

 

Mis afelpados dedos recorrieron mí tibia y tierna hendedura vaginal, provocándome gemidos y mi piel se electrizó, mí respiración se hizo irregular cuando mis falanges exploratorias se sumergieron en esa laguna de placer y el sonido del chapoteo inundo la habitación las veces que incrementé el mete-saca de mis dedos.     Mi boca y mis ojos se abrieron desmesuradamente cuando el roce a mi clítoris se hizo más intenso y mis dedos se deslizaban más rápido dentro y fuera de mi coño.

 

En mi mente, papá se convirtió en mi amante.     Se acercó a mi blandiendo su pene en su mano, separó mis piernas e inició una lucha contra la estrecha, cálida y húmeda apertura de mi conchita, sus velludas piernas forzaban mis muslos, su hacedor de bebés empujaba la apretada entrada y algunas lágrimas salieron de mis ojos mientras mordía mis labios para no gritar.

 

Mi primo me había contado como se hacían los bebés.     En principio me horroricé y no le creí, ¿Cómo mi madre iba a dejar que mi padre le hiciera algo así? Me parecía inconcebible que mi padre tuviese que poner su pene tieso dentro de mi madre, me parecía algo inmoral, sucio y difícil de creer … Poco a poco mis sentimientos fueron cambiando y llegué a aceptarlo.     Por las calles veía a toda esa gente que eran producto de ese acto lascivo e impuro, así que deduje que no debería ser tan sucio si venía aceptado por todos.

 

También me hice a la idea de que yo debía hacerme cargo de mi parte.     Debería tener alguna vez un miembro masculino duro entre los labios de mi vagina.     Solo me preguntaba como se sentiría, cual sería esa sensación y mi mente se conectó con mi cuerpo y cada vez que pensaba a estas cosas, mi sexo respondía humedeciéndose.

 

La figura masculina más cercana a mí era mi padre, por lo tanto desarrolle una serie de sueños y fantasías en torno a su porte varonil.      Lo imaginaba con ese pene inmenso penetrando a mí madre e imaginaba a ella gozando y obteniendo placer de esa verga gigantesca, me imaginaba como se revolcaba sobre su lecho matrimonial con papá encima de ella bombeando su polla en su estrecha vagina.

 

Me hice adicta a la masturbación, pero sucedió algo trascendental que me iba a llevar por otros derroteros.      Lleve una tarde a Goliath, nuestro pastor alemán al parque para su paseo habitual.     Lo solté de su correa y el se fue a oler y a marcar algunos árboles, hasta que desapareció detrás de unos arbustos, en principio no me preocupe porque es lo que solía hacer siempre, cuando apareciera iría yo a limpiar y recoger sus deshechos, pero esta vez se demoraba mucho en volver, así que curiosa fui a ver que estaba sucediendo.     Mí sorpresa fue total cuando vi a Goliath subiéndose a la grupa de una perrita bastarda, era más pequeña que él, pensé la iba a dañar, sobre todo cuando vi la rosada punta que asemejaba a un lápiz labial, emergiendo de su funda, era gruesa, muy gruesa y brillaba como si estuviera aceitada, era puntiaguda y se iba ensanchando cada vez más hacia atrás.     Me concentre en las embestidas que le daba a la pequeña perra y supuse que no podrían hacerlo.    No era posible que el grueso miembro de Goliath penetrara a esa pobre quiltro, la perrita movía su cola aceptando a Goliath y este bruto plegó sus cuartos traseros y embocó el pequeño orificio de la perra.     El pobre animal gimió al sentirse ensartada por tamaña verga, luego apareció un bulbo más gordo que luchaba por entrar en ella, la pobre perrita estiró su cuello cuando esa pelota resbaló al interior de su chocho.    No pude explicarme porque mis bragas se humedecían y mis ojos estaban encolados a esos dos animales que copulaban delante de mi sin ningún temor ni aflicción.     Me senté en el pasto y acaricie mi ingle por sobre mis shorts.     Disgustada conmigo misma alejé mi manos, pero la tentación de tocarme permanecía, así que apreté mis piernas bien juntitas.

 

Goliath seguía follando a la perrita con todas sus fuerzas, yo hubiese querido agacharme y observar la vulva de la perra conteniendo esa descomunal verga dentro de ella, pero había más paseantes en el parque y esto me mantuvo sentada e hipnotizada con la copulación de ambos animales.

 

Mi mente estaba como dopada por el sexo.     Entre la niebla de mis pensamientos, volvió en mi la imagen de Goliath cuando era un cachorrito, cuando él y yo nos correteábamos por el parque al otro lado de la casa.      Que perro tan amigable y bueno, además, tan afectuoso.     Vivía por y para nosotros.     Creció muy rápido.   Se convirtió en un adulto fuerte y poderoso con una fuerte personalidad de macho que emanaba de sus hermosos rasgos caninos.     Nadie se atrevía a usurpar nuestra casa. Su imponente presencia era un elemento disuasorio para quien quisiera atreverse.     Tenía una cualidad de guardián innata en él.      Sabía distinguir perfectamente entre los conocidos y amigos y discriminaba a los extraños.

 

Mis sueños en estado letárgico continuaron y mis dedos se movían cada vez más rápido entre los pliegues de mi chochito adolescente, un gemido de exquisito placer escapo de mi garganta, pero me di cuenta de que la imagen había mutado, ahora la rosada pija de Goliath había entrado en mis concupiscentes pensamientos, trate de volver a la figura de mi padre, pero mis imágenes eran la del pastor alemán follando demencialmente a la perrita.     Pero ¿cómo y cuándo mis fantasías cambiaron de mi padre a la figura de Goliath?     Yo quería pensar en papá, él me hacía soñar y fantasear, no era posible que me pusiera a fantasear con mi perro, seguramente era solo un juego de mi mente, una distracción inaudita.      En los dos años que llevo masturbándome, siempre papá ha sido mi fetiche principal, muy pocas veces algún compañero de colegio también había fantaseado con mi primo una que otra vez.   Pero con Goliath ¡Jamás!

 

Aún cuando esa vez que el vino por debajo de la mesa e incrustó su narizota en mi ingle, o esa otra vez que lamió mis muslos la vez que vestía mi bikini.     Siempre le había regañado y dado alguna palmadita correctiva un poco más estricta.     Me enojé mucho por sus groseros atrevimientos, al menos eso creí, pero me había sentido avergonzada con algunos pensamientos y locas ideas que fugazmente atravesaron mi cabeza.     Sin embargo esas sensaciones permanecieron por algún tiempo cuando lo veía lamerse la enorme verga rosada mientras yacía echado en su colchoneta

 

Claro que de otra parte estaba mi primo que ni siquiera tan secretamente me cortejaba, un día sus dedos se metieron e la copa de mí sostén y tuve una explosión de ira por mí parte, que lo hizo detenerse en seco.     Pero ese tosco toque a mis senos también me había producido un profundo y retorcido hormigueo entre mis piernas, admitiéndolo y no concediéndolo, fue una extraña situación que no se repitió.     Pero por muchos días me pregunte ¿Qué hubiese pasado si le dejara entrar bajo mi sostén permitiéndole tomar en sus manos mis jóvenes y tiernos senos agitados, apretando esa redondez esponjosa y suave?  ¿Y si sus dedos hubiesen palpado realmente mis pezones endurecidos?     ¿Cómo se habría sentido eso?

 

El movimiento de mis dedos se hacía cada vez más frenético, inhalé profundamente en busca de aire, mi coño goteaba mis fluidos formando una mancha en mis sabanas.     Mis pezones parecían que explotarían de un momento a otro y la convergencia entre mis piernas había comenzado a temblar, mí vientre se había llenado de maripositas y mí ingle hormigueaba como un reguero de pólvora pronto a ser encendido y explotar.     Mis exuberantes tetas subían y bajaban al ritmo de mis jadeos.     La enorme verga de mí padre volvió a mis sueños.     La imaginé entre mis pechos pulsando enrojecida y disparando salvas de un líquido perlado y tibio que cubrían mis senos y se derramaban desde mis pezones hacia abajo como lava caliente de un volcán.     Vi la suave piel blanca de mis senos, restregándose contra esos cojones peludos y ásperos.     Sentí ese hedor masculino del semen de mí padre que inundaba mis narices.    Respiraba rápidamente para absorber hasta el último aroma de placer de mí genitor, el enorme pene se movía por todo mí pecho como una enorme boa, y el orificio en su extremo se cerraba y abría expeliendo ese blanquizco líquido, como la boca de un pececillo que no puede respirar.

 

Improvisamente, fruto de mí imaginación excitada, la verga humana fue reemplazada por una verga diferente, esta era más larga y gruesa con un cuerpo puntiagudo y afilado.     Sin duda era la verga de Goliath.     No me veía teniendo sexo con él, pero me retornaban las imágenes del parque y la follada que él tuvo con la perrita hace unos días atrás.

 

Todo contribuía a hacerme sentir más y más caliente, me había girado boca abajo y follaba mis dedos con total abandono.     Nunca había sido Goliath parte de mis fantasías sexuales, me sentía un tanto impactada de sentir lo que estaba sintiendo, pero me excitaba recordarlo mientras follaba con esa pequeña perra.   ¿Será de que me gustaría estar yo al puesto de esa perrita con mi coño ultra violentado por esa verga enorme?    Era toda una sorpresa para mí el sentirme así y esto me hacía sentir confundida, pero no menos caliente.     Finalmente el de los perros también es un acto sexual tendiente a procrear y traer nuevos cachorros a este mundo.     Finalidad que tenemos también los humanos.     Ver a Goliath tan compenetrado a impregnar con su semen a esa pequeña perra, me resultó claramente gratificante, ¿Cómo será sentir un pene de esa envergadura en mi chocho?

 

La pregunta no era irrelevante, mi coño pulsaba y se humedecía pensando a la procaz situación.     Por soez e indecente que fuera, ya no encontraba que fuese tan depravado y perverso.     Quizás era más indecoroso pensar a hacerlo con mi padre.     Si colocaba ambas situaciones en una balanza, no sé de cual lado esta se inclinaría.     Quizás deba probar ambas.

 

Otra cosa que me intranquilizaba es que cuando Goliath follaba a toda fuerza con su perruna, sus dulces ojos oscuros no se despegaban de mis ojos.     Como si él estuviese deseando tenerme a mí entre sus zampas y tironear de mis caderas y empalar mi conchita con su verga dantesca.   En uno u otro caso, mi coño se contraía y mojaba observando a mi perro follar y sintiendo sus ojos animalescos sobre mí, ya no como su patrona sino como su amante.

 

Esta vez mi sueño y fantasía me hicieron entrar en una especie de trance de lujuria desencadenada, eran tres los dedos que inundaban el charco de mi vagina, quizás la verga de papá, quizás la polla de Goliath.     Ambas atravesaban como flashes de color rojo y purpura.     Mi padre varonil y apuesto, Goliath elegante y bravo.     Papá lamiendo mi coño y Goliath penetrándome con su arsenal masculino.   Ya lo que venía era irrefrenable.    Brinqué de placer cuando mi orgasmo violento me hizo explotar de los pies a la cabeza.   Mis pies arqueados, mi espalda también con mis senos bamboleándose de lado a lado y los pezones que tiritaban.    Mis gemidos y chillidos que resoplaban entre mis labios abiertos en una mueca de placer indescriptible.     Ese hormigueo y temblorcillo que iba y venía una y otra vez por todo mi cuerpo.    Me estiré con mis brazos doblados hacia atrás, contorciéndome como un gran reptil, reptando sobre mis sabanas y revolcándome en ellas.     Mis nalgas vibraban y mi ano se contraía junto con todo mi cuerpo.   Una exquisita y enloquecedora sensación que se prolongó por varios minutos dejándome inerte y exhausta.

 

No sé cuántas veces grite:

—¡Oooohhhh!, Papá …

—¡Oooohhhh!, Goliath …

 

Miré el reloj de la cómoda y era la hora justa para alzarme y prepararme para ir al colegio.   Mi cuerpo aún estaba tenso y cualquier roce me hacía crispar mis manos y gemir de placer, pequeños temblorcillos me procuraban un intenso goce, pero no podía tocar mi sensible zona genital sin estremecerme otra vez en una serie de micro orgasmos

 

Mi joven y agitado coño todavía temblaba y tuve que colocarme un apósito para frenar los fluidos.   Frente al espejo observe mi cuerpo desnudo, tome suavemente mis senos y jugué un segundo con mis pezones.     Si papá me viera así, seguramente él también me desearía y tendría fantasías sobre mí.     ¡Ah, pero a que sirve soñar!    Era todo fruto de mi mente extraviada y perversa.     Papá y Goliath no tienen nada que ver con que yo me sienta caliente y me masturbe, es solo mi fantasía.  Hay veces que quisiera volver a años atrás cuando solo soñaba con príncipes y princesas que venían rescatadas de esos ogros malvados que las tenían prisioneras.  Cuando niña mi vida era más simple y bella.

 

Ahora me masturbo y sueño con la verga de papá y la de un perro, era mucho mas simple pensar en príncipes y corceles.     Me giré a mirar mis glúteos perfectos, luego enfilé mis bragas y vi que alrededor de mi conchita estaba creciendo una pelusa rizada color oro, quizás deba comenzar a afeitar mi chocho, pensé.     El apósito que tenía en mi vagina se notaba con mis bragas, así que lo saqué y lo boté en el tiesto de la basura.     Empujé mis tetas dentro mi sujetador preferido y vi que quizás iba a ser necesario comprar nuevos con una medida más grande, mis senos rebosaban por los costados del sostén, mis pezones lucían perfectos vistos a través del traslucido género.  Terminé colocándome la falda plisada de color gris y la blusa blanca.    Por último esas calcetas grises horribles que odiaba por considerarlas poco sexy.     Bueno estaba lista para bajar a desayunar e irme al colegio.

 

Papá debe estar levantándose también, bajé silenciosamente las escalas y escuché algunos ruidos provenientes del dormitorio de mis padres, la puerta estaba ligeramente entreabierta y mi sorpresa fue mayúscula cuando vio a mi madre de rodillas, su chocho rubio cobrizo reluciente y empapado, mientras la enorme verga de papá la taladraba con feroces golpes de riñón.     Pude presenciar el ápice de esa copulación, mi padre luego de lanzar varios gruñidos se plegó hacia adelante sobre la espalda arqueada de su esposa que mantenía su cabeza enterradas en unos cojines donde esconder sus gritos orgásmicos lujuriosos.     Algunas veces los había escuchado, pero esta era la primera vez que los veía.   Papá estaba en la misma posición de Goliath y su madre como la pequeña perrita.     Interesante, pensé.

 

Estuve toda la mañana pensando en el modo de follar de canes y humanos, se asemejan pensé, quizás si el goce será el mismo.     Quizás pueda probar con Goliath ya que no puedo probar con mi padre.

 

Esa noche la fantasía volvió, sabía que para poder quedarme dormida, primero tenía que satisfacer a mi cuerpo pedigüeño, mi cuerpo me exigía tomar acciones tendientes a apagar ese fuego que se encendía entre mi entrepierna.     La visón del rojizo coño de mamá con esos labios regordetes en torno al pene grueso de papá, me hizo querer meter mi mano entera dentro de mi conchita, yo sabía que no era posible, al máximo tres de mis dedos pueden entrar dificultosamente, jamás podría empujar toda una mano dentro de mí, pero la idea me fascinaba.

 

Cerré mis ojos y me vi con papá en su lecho, con las sabanas amontonadas a un extremo, y busque apoyo en los cojines que usaba mamá.   Él me estaba desvistiendo, había metido su mano en mi sujetador y me besaba prolongadamente, follaba mi boca con su lengua caliente y jadeante.   Sus dedos aprisionaban mis pezones y tironeaban mis senos tiernos y firmes.    Con su beso ya mi panocha era una verdadera laguna, luego su mano se posó en ese charco y presionó suavemente mis labios henchidos, su índice hurgueteaba en mi chocho y me hacía gemir, las caricias de mi padre eran cargadas de erotismo.     Mi sostén voló por los aires, su boca se cerró sobre mi pezón y comenzó a mamar mis tetas, a lamer todo el entorno y roer con sus dientes mi pezoncito endurecido, el cosquilleo que me provocaba se transmitía a mi vientre y oleadas de vibraciones recorrían mis muslos y mi pubis.

 

Sus manos mágicas recorrían todo mi cuerpo, sus caricias eran implacables, las mariposas en mi barriga estaban tomando vuelo y hacían temblar mi triangulo púbico.     Tenía una sensación de anhelo y sufrimiento, un placer morboso se extendía sobre toda mi piel, esas sensaciones que poco a poco iban colmando mi placer en solitario.    Mamá me había dicho que no tenía que masturbarme, miles de cosas malas podrían sucederme, por eso a veces me sentía culpable, pero por otra parte el placer y la satisfacción eran ineludible consecuencia de mi ardor juvenil.    No podía negármelo.   Yo conocía cada parte de mí cuerpo y sabía como estimular mis sentidos.   Nadie mejor que yo para procurarme ese placer prohibido de fantasear con mi padre o con mi perro.     Todo servía a estimularme, ahora en mi cabeza veía a mi padre luchando con el cierre de mis jeans, bajándomelos a mitad de muslo junto a mis bragas.   Sentir la cálida presión de su órgano masculino en medio a mis muslos, toda mi vagina se contraía sintiendo la cercanía de esa carne paternal que empujaba entre mis piernas y buscaban la parte superior de mis muslos tersos y desnudos.

 

Estaba jadeando y mis dedos habían aumentado la velocidad y la presión contra mi clítoris, todavía estaba de espalda jugando con mi panocha ardiente.     Ahora la verga de papá estaba quemando mi piel, quería tomarla en mis manos, llevarla a mi boca y saciarme de ella, ponerla entre mis tetas y magrearla hasta recibir sus chorros calientes de lechita.     Mientras abría y cerraba mis piernas de placer tocando mi enfebrecido chocho, Imaginaba que esa enorme polla de mi padre se colaba entre mis labios menores y empujaba el estrecho anillo de mí himen, ciertamente dolía un poco, pero el placer era insuperable, ya no había ninguna resistencia.   Mi coño pertenecía a papá, estaba dentro de mí barriga y movía mis pliegues vaginales estirándolos como jamás nada al mundo lo hizo, su polla pulsaba y sacudía en el interior de mí vagina virgen.    Apretando mis muslos me giré boca abajo y comencé a mover mí culito rápidamente para follar mis dedos.    ¿Se hará real alguna vez alguna de mis fantasías?

 

Nada importa, quiero solo mi orgasmo y vuelvo a soñar, dejo a su pene resbalar entre mis muslos y lo atrapo con fuerza.    Mi padre se esfuerza y quiere penetrarme, yo lucho con él defendiendo mi honra y virginidad, lo deseo tanto, pero también no me debo conceder tan fácilmente.    Lucha como loco con un fuerza sobrehumana, muerde mis senos y besa mi cuello, su cuerpo es ágil y rápido se mueve todo encima de mí.     Siento que la punta de su pene está en la entrada de mi chocho y no me penetra, se corre en mis labios menores y acaricia con un movimiento ondulatorio mis labios mayores y mi clítoris.

—¡Oooohhhh!, ¡Ssssiiii! … papá …

Estoy saltando sobre mi cama con mis dedos en la profundidad de mi concha, mi orgasmo es convulsivo y espasmódicas ondas me mantienen dando brincos con mi culo apretado, grito y chillo refregando mi vulva con mi mano abierta, mis fosas nasales están dilatadas en busca de aire fresco, mi conchita aún está hambrienta de verga.     Me quedé un momento traspuesta, no dormía ni nada parecido.   Pero estaba en transición a una nueva fantasía.

 

Creí sentir el pelaje hirsuto de mi pastor alemán en mis pezones, Goliath se había despertado y se echaba a mi lado, mi cuerpo tibio se erizaba al contacto con su piel peluda.     ¡Que hermoso ejemplar con su piel amarillenta y negra muy brillante!     Este es mi guardián, lo había visto la semana pasada desde mi ventana cuando se subió sobre una perrita blanca con machas negras, esta se quedó inmóvil y él el muy bandido se aprovechó de su sumisión, en dos golpes la penetró y luego casi a despreciarla se giró y quedó amarrado culo con culo a la pobre elegida, después de un rato se vino a la casa meneando su cola y su herramienta bien guardada y protegida por su peluda funda.     Lo miré cuando se echo en su lugar y se puso a limpiar su pene, era más grande de como me lo recordaba la última vez.    ¿Será eso posible?

 

Mis dedos volvieron a recorrer la hendedura de mi vagina, mi clítoris estaba todavía delicado lo que me procuraba no pocos tiritones y gemidos.     Esta vez mi dedos bañados en mi panocha, los apunté a mi trasero minúsculo.     He ahí, otra fuente de placer, mi culo es muy sensible y el apriete de mi esfínter en mis dedos me procura mucho placer.     Cierro mis ojos y percibo que Goliath lengüetea su verga y me mira, una mirada nada de inocente, indudablemente es un perro caliente y ahora me mira desafiándome con su pene.     Cuanto me gustaría inclinarme a jugar con su verga, pero alguien podría vernos.     Miro sus gigantescas dimensiones y la imagino apoyándose en mi pequeño culo, sintiendo esas gotas que bañan y bañan mis glúteos hasta comenzar a formar una charca, yo estoy en cuatro sintiendo su áspera lengua remojar una y otra vez mi trasero.     Lo siento montándome y su verga busca mi culo, él quiere mi culo y yo quiero sentirlo justo ahí, donde a veces me duele de tanto meterme cosas.     Goliath da saltitos detrás de mí y rasguña mis pantorrillas, abro más mis rodillas y bajo mi trasero para alinearme con su verga, él empuja un par de veces y ¡Guau! … entra en mí rugoso orificio y este se ensancha para permitir a su verga dura y hermosa taladrar mis vísceras.

 

Mi recto envuelve su polla inmensa y luego mi esfínter es presionado por la bola de Goliath, hay una lucha y mi esfínter viene vencido, se rinde a la fuerza increíble de él, me penetra con su bola y comienza un frenético bombeo a mi culo, mi rostro está deformado por la lujuria, chillo y grito de follarme con más fuerza e ímpetu.     Tres de mis dedos están en mi ano mientras con mi otra mano acaricio enérgicamente mi clítoris, lo hago estirando mi cuello esforzándome para llegar a otro orgasmo.     El grueso pene canino se mueve con inaudita rapidez en mi recto causándome una contracción de mi esfínter que aprieta al intruso y lo ordeña con fuerza, bajé mis manos a mi panocha y refregué mi clítoris sintiendo la enorme polla colmando mi tripa, contrayendo mi ano y mordiendo mis labios con goce y lujuria

 

Mi cuerpo se estaba transformando como una bola de nieve de pura lujuria incontrolable, comenzaba a rodar montaña abajo e iba tomando consistencia y tamaño, la placentera y perversa sensación crecía y crecía.     El grueso pene de Goliath en mi ano me procuraba una dulce tortura de placer y dolor, sentí mi pancita hincharse, me sentí con ganas de defecar, mi vejiga venía presionada por esa ingente masa de carne canina, y chorritos escapaban de mi meato urinario, estos bañaban mis dedos y formaban una ancha mancha en mis sabanas.     Los peludos y oscuros cojones de Goliath se estrellaban contra mi dorada pelusa rubia, podía sentir su polla creciendo y engrosarse dentro de mi culo, él se deleitaba a hundirla más y más en mí, mis ojos parpadeaban y mis facciones se deformaban por la concupiscencia que su gruesa pija enterrada en lo profundo de mi chocho.     Jamás había tenido algo así tan grande, tierno, cálido, resbaloso, aceitoso y abrumadoramente placentero llenando mi recto y dándome esas sensaciones de vértigo demencial, su pene continuó a inflarse, sentí sus jadeos y su baba goteando en mi espalda, sus zampas apretaron mis flancos y una lluvia de semen canino comenzó a rociar mis paredes intestinales, mi culo venía rellenado de esperma canina, girándose, él se puso culo con culo y me mantuvo ensartada a su descomunal verga.

 

Con mis ojos entrecerrados continuo a recibir el bombeo a mi culito y mi panocha, debo correrme antes de volverme loca, estoy desesperada, la bola de nieve continua a crecer y se transforma en una avalancha, una amplia y vasta nube blanca borran todas las imágenes en mi mente, mi cuerpo enloquece, mi culo realiza cabriolas y movimientos ondulatorios, mis piernas se juntan y aprieto mis glúteos, mi esfínter trata de cercenar mis dedos con continuas contracciones, mis nalgas casi me duelen de tanto agarrotarse con esas pulsaciones dantesca que le transmite mi coño y mi culo, me estoy corriendo y grito desesperada en esta vorágine de sensaciones, me doblo en modo fetal con mis manos perdidas en mi ingle y mis senos que se restriegan con la rugosidad de mis sabanas y mis pezones enredados en los pliegues de la tela de algodón, todo mi cuerpo arde.

 

Escucho una sirena lejana que rompe el silencio de la noche, jadeo y respiro afanosamente, pero me siento satisfecha, suavemente me pierdo en esa nebulosa oscura que me transporta a dulces y reponedores sueños.

 

Mis padres me encargaron la casa, ellos se fueron a visitar la abuela, que según dijo mi madre, no se había sentido tan bien.      Ya habíamos festejado las fiestas natalicias y el verano con días calurosos nos llevaba a vestir prendas más livianas y frescas.      Estando sola en casa, me puse una holgada remera, una de mis favoritas, un poco desteñida y ajada, pero suave y ligera.    Me encontraba de vacaciones, me dejaron en casa porque no encontraron a nadie que se quedara a cargo de Goliath, así que me debía hacer cargo de él, alimentarlo y sacarlo a pasear al parque cercano.

 

Ya de vuelta del paseo al parque, me encontraba un tanto sudada y acalorada, pensé en una refrescante ducha, quizás podía bañarlo a él, mi perro.     Goliath venía bañado generalmente por papá los sábados, justo hoy día es sábado así que le corresponde su baño semanal, me saqué mis shorts y me quedé con mis bragas y mi remera, lo llamé y él se vino conmigo al baño, ya sabía que le tocaba su baño, era la costumbre, meneaba su cola y daba muestra de alegría.     Me metí a la vasca con él y abrí el grifo con agua tibia, tenía su shampo y su bálsamo canino junto a mí, su áspera lengua acariciaba mis muslos, mis brazos, mis mejillas.     El perro huevón me lengüeteaba por todos lados, ignaro de lo que su lengua me estaba causando, mis cosquillitas habían comenzado.

 

Mientras más lo lavaba, mientras más lo enjuagaba, me iba pareciendo cada vez más lindo y deseable.     Él se dejaba hacer y mantenía su carita de lobo bueno, cuando masajee sus flancos y entre en contacto con sus poderosas bolas, él me gruño solo un momento, luego me dio un largo lengüetazo en mi mejilla.     A este punto tenía toda mi remera empapada, así que decidí quitármela, también me recordé que las asiáticas hacen masajes con sus senos, comencé a refregar mis pezones contra ese pelaje suave y perfumado, mis gemidos se transformaron en quejidos.

 

Parcialmente abrazada a Goliath, continuaba a enjabonar sus verijas y me acercaba a su verga que se mantenía bien cubierta por su funda, al tocarla Goliath estiró su cuello y gimió como un bebé, era tan tierno que termino de excitarme y decidí quitarme mis bragas, ahora estaba solo con mi piel y él solo con su pelaje, podríamos decir que estábamos a la par.   Versé un buen chorro de bálsamo canino en su lomo y lo empecé a distribuir por todo su cuerpo, ahora estaba inclinada casi detrás de él y mis manos recorrían todo su musculoso y fornido cuerpo, metí mis dos manos bajo su panza y con mi mano derecha comencé a sentir la gruesa punta de su puntiagudo pene, con la izquierda lo masajeaba para hacer salir más de esa polla.     Casi me monté en el y su pelos pincharon como mil aguijones mis sensibles labios mayores, se sentía bien y restregué mi chocho en su electrizante y suave pelaje.

 

Con el grifo teléfono comencé a lavar la espuma del bálsamo y me arrodille a su flanco izquierdo, su verga rosada estaba casi toda fuera de su vaina, traté de tirarla y acariciar mi conchita con ese miembro caliente, pero no era tan fácil, entonces me vino la idea de tirarlo hacia atrás entremedio de sus zampas posteriores.     La solución era bastante buena, gran parte de su polla estaba entre mis manos y yo mantenía su bola para mantenerla así hacia atrás, al parecer a él no le causaba molestia alguna, solo jadeaba y había tirado la mitad de su lengua afuera, se veía un poco divertido a decir la verdad.     Abrí mis piernas detrás de él y me metí esa puntiaguda verga, mi primera verga, casi me morí con esa sensación tan placentera, el problema era mi himen, la metía hasta cierto punto y más allá no entraba, a este punto mi himen me importaba un comino, lo único que quería era sentir esa polla dentro de mí.    Aunque fuera la polla de un perro, para mí era un macho y cuanto bastaba para probar la primera vez.     Empujé tantas veces que fui recompensada con un lacerante dolor al principio y mis dedos se tiñeron de rojo sangre, la verga entraba por fin en mi conchita, más que dolor sentí un arrechucho momentáneo, rápidamente me repuse e hice entrar más de esa verga en mi coño enrojecido y sangrante.     Ahora entraba hasta la base de esa bola que tenía entre mis dedos, entonces imaginé que Goliath jamás podría cogerme, esa bola era imposible que alguna vez lograra entrar en mí diminuto chochito.

 

No logré un orgasmo con ese incandescente y palpitante trozo de carne en mí, pero mis hábiles dedos hicieron la diferencia y me corrí hasta quedar sentada en la vasca con Goliath tratando de oler mis partes pudendas, lo pajeé hasta hacer que su lechita corriera a mares junto al agua de la bañera, luego lo termine de bañar, lo sequé y rápidamente me di una ducha yo misma, él se sacudía enérgicamente lanzando agua por doquier, así que lo envolví en la bata de papá y yo me coloqué mi bata.     Nos fuimos a la cocina donde ambos nos refocilamos con alimentos adecuados, volví al baño a lavarme los dientes y me fui a la cama, ya se había hecho tarde y necesitaba unas horas de sueño.

 

Mi chocho me ardía, pero luego de tomar un antinflamatorio, pude finalmente descansar y soñar otra vez con alguna verga.    No me sentía con ganas de masturbarme dado que mi vagina estaba delicada, pero me sentía contenta de haber por fin tenido un macho de verdad en mi panochita.

 

Dormí como nunca, un sueño continuo sin sobresaltos ni pesadillas, un satisfactorio descanso, mi coño no tenía ningún malestar y mi virginidad era ya cosa del pasado, ahora soy una mujer, aun cuando haya sido un perro que me hizo el servicio, a todos los efectos soy una hembra que puede follar con quien quiera, con quien le guste y plazca.      Ahora debo ver modo de tentar a papá, él siempre me mira, pero no hace nada más, yo sueño con él y su inmenso pene, solo debo buscar la posibilidad de yacer con él, él es un hombre y ahora yo ya soy una mujer.

 

Entre sueño y vela estaba yo pensando a mi padre y a cuanto me gustaría estar con él, la mañana era ya calurosa, me encontraba sobre mis sabanas cuando algo se subió a mi cama, un ser peludo y con olorcito a bálsamo canino, me miraba y movía su cola, me percaté que también miraba mi entrepierna, casi casualmente abrí mis piernas y Goliath oteó el aire y luego se agachó a oler mi chocho, comprobó que ese olor que había en el ambiente era el olor de una mujer caliente y saco su lengua para acariciar mi pelusa dorada, instintivamente cerré mis piernas, pero el forzó su hocico entre ellas y me separó mis muslos.     Su lengua lamió de una sola pasada mi entera concha.

—¡Urgh! … ¡Que rico! …

Con mis dedos me abrí el sector de mi clítoris y su lengua raspo mi botoncito haciéndome enarcar mi columna vertebral y suspirar.     Abrí mis piernas y su lengua se adentró sobre mis labios menores e invadió parte de mi ojete vaginal.      Casi me desmayé de placer, él hozaba con su hocico en mi ingle y forzaba mi panocha abierta, adentrándose con su lengua varios centímetros al interior, era el paraíso en tierra, me estaba cogiendo con su lengua.     Este era mi despertar soñado, un polvo temprano en la mañana, tantas veces habían sido mis dedos a darme placer, pero por vez primera tenía a alguien que se encargaba de complacerme.

 

Abrí mis piernas de par en par, ayudándole con mis dedos a que adentrara más y más dentro de mi canal vaginal, me estaba haciendo gozar en modo demencial, a ratos gritaba y lo animaba a hacerme más y más de esas caricias prodigiosas.

¡Oooohhhh! … ¡Ssssiiii! … Goliath … hazme rico … fóllame con tu lengua, amorcito … dame toda esa lengüita rica … métemela toda, cariño … haz que me corra … ¡Ooohhh! … ¡Ssssiiii! …

Me iba hacer que me corriera, me estaba revolcando en mi cama con mi pelvis en alto y mis manos agarrando su cabeza para tirarla más dentro de mí, mi cuerpo voluptuoso temblaba de pies a cabeza, mi concha estaba empapada de pasión canina, mis músculos vaginales se apretaban para atrapar a esa lengua intrusa que escapaba todas las veces y volvía una y otra vez, mis gemidos se hicieron más intensos cuando colapse gritando mi orgasmo y escondiendo mi chocho vibrante de esa lengua invasora que me hacía enloquecer.

—¡Oooohhhh! … ¡Eres maravilloso, Goliath! … ¡Ssssiiii! …

Me quedé inerme y extenuada, pero a pesar de todo me sentía feliz, me preguntaba como fue que no descubrí la lengua de Goliath antes, es maravillosa, es un portento, es un milagro de la natura, me recompuse un poco y me sentí con ganas de probar su polla, pero no como lo había hecho en la bañera, ahora quería que me hiciera su perrita, quería ponerme en cuatro y que él me penetrara, así como lo había hecho tantas veces con esas perras de la calle, mire su verga y ésta estaba fuera solo una pequeña puntita.     Me pregunte ¿A que cosa sabrá su pene? ¿Sera posible mamársela? Poco a poco me fui acercando y comencé primero a acariciarla mientras él echadito a los pies de mi edredón me miraba confiado.

 

Reacciono tan natural cuando tomé su verga y la metí en mi boca, como si fuese un humano, se acomodó y se echó del todo dejándome el trabajo de complacerlo, ésta es la primera verga que me llevo a la boca y sabe bien, quizás es muy jugosa porque le sale semen en continuación, pero luego me acostumbre y trataba de beber y beber más sus zumos caninos.     Me demoré como cinco minutos en tener su verga toda fuera, enhiesta y berroqueña.

 

Su pene lucía temible, afilado, magistral, grueso y puntiagudo como un proyectil, además, lleno de venitas azuladas, me asusta pero me gusta.     Despreocupadamente me senté en la cama y me abrí mi conchita, se veía rosadita y sanita, no había trazas de sangre y no sentía ningún dolor, me sentí pronta para coger con Goliath.

 

Goliath cuando vio mi panocha abierta se levantó y vino a oler, le empuje y me arrodille en la cama, él luchaba por alcanzar mi chochito, entonces me incliné y me sostuve con mis manos, él vio la oportunidad y se fue detrás de mí, primero a oler mi sexo y luego a meter su lengua, me excitó mucho sentir una vez más su lengua, pero yo quería su verga, así que encorvé mi espalda escondiendo mi panocha y él comenzó a bailotear detrás de mí, giraba y se daba vueltas buscando una solución a como alcanzar mi panocha.     No pudiendo lograrlo comenzó a apoyar sus zampas en mi espalda, primero una, luego la otra, pero no intentaba penetrarme, entonces me agaché y a la primera oportunidad que su pija quedó a mi alcance, la aferré y empuje en mi chocho.    Goliath inmediatamente captó mi mensaje y empezó a tratar de meter su verga en mí.

 

Varios tentativos fueron inútiles, pero a la enésima achuntó correctamente el objetivo, grite sintiéndome penetrada por la primera vez, su verga era gigante y su bola aún más, con la energía el me empujaba sobre la cama haciéndome gatear de a poquito, también porque me colmo mi vagina desde el primer momento, mi diminuto chochito estaba siendo ensanchado por su polla descomunal, el mete-saca era frenético y el me tironeaba más y empujaba más, su bola llego al borde de mis labios mayores desplazándolos por completo, mi pequeño orificio venía forzado brutalmente, comencé a gatear más rapidito, pero en todo ese movimiento esa gigantesca bola resbalo increíblemente dentro de mi conchita, ¿me dolió?, ni tanto, pero la sensación era abrumadora, porque una vez dentro, esa comenzó a inflarse como un globo presionando toda mi vagina, mi vientre se había abombado levemente, había una estimulación increíblemente erótica y caliente dentro de mi chocho, que el primer orgasmo me atrapó por sorpresa.

 

Me folló por algunos minutos y luego se detuvo o casi, porque una explosión líquida se produjo al interno de mi vagina y su pene insuflaba esperma con nueva vida en las cercanías de mi matriz, era todo tan abrumador que volví a correrme en su verga, no podía creer que follar fuera tan rico y placentero, estaba medio enloquecida y me sentía a la merced del macho, me hacía sentir pequeña y sumisa, pero algo sucedió:

—¿Qué es todo esto? …

Papá estaba a los pies de mi cama con su enorme verga en su mano, me percaté inmediatamente de todo eso y ni siquiera intenté llorar, la situación había hecho que mi padre se encendiera y tirara fuera su verga.

—¡Papa! … ¡Tú aquí! …

—¡Sí! … ¡Que sorpresa! ¿no? …

—¡Ay!, papi … sucedió todo tan rápido …

—¿Y al parecer a ti te gusta? …

—¡Mmmmmm! … ¡Papi! … nunca había hecho una cosa así …

—¿Y te gusta? …

—¡Mmmmmm! … ¡Papi! … ni lo digas, se siente rico …

Mi padre se acerco desvistiéndose, lanzó por aire sus boxers y sus pantalones, se puso a acariciar mis nalgas y mi orificio anal.

—¿Está virgen tu culito? …

—Sí, papi …

Papá metió su mano bajo mi vientre y comenzó a acariciar mi clítoris, me corrí como en veinte segundos, su pija enorme blandía el aire cerca de mi boca, así que me incliné y comencé a mamar su polla, él no resistió nada, se corrió en mi boca con gruesos borbotones que tragué diligentemente, suspiré profundo pensando en que mi fantasía con mi padre estaba a punto de hacerse realidad.     Goliath comenzó a jalar y me arrastró casi un metro, mi coño estaba pegado a su pija, papá trato de ver modo de separarnos, pero todo fue inútil, cuando pensaba que la cosa no tenía solución, un potente pedo escapó de vagina junto con la verga de Goliath y una avalancha de semen canino, había sido liberada.

 

Papá comenzó a meter sus dedos en mi encharcada vagina, a duras penas entraban dos de sus gruesos dedos, mi magina aún era pequeñita y estrecha, pero mi deseo pubescente de yacer con papá era urgente, así que le animé.

—¡Papi! … ¿Quieres probar con tu hija? …

—¿Lo dices en serio? …

—¡Sí!, papi … tu verga todavía está dura …

Ya no había himen que rasgar, pero la polla de papá era atemorizante, por decir algo, no sé si seré capaz de coger con su verga descomunal.     Me asustaba, pero me atraían sus dimensiones enormes, veremos si mi liliputiense conchita es apta a recibir la verga del gigante, me parecía haber regresado niña y me recordaba de ciertos cuentos.

—Recuéstate, nenita …

Papá me empujó tiernamente sobre mi espalda, se inclinó y me beso en los labios, con cierta fuerza empujó su lengua dentro de mi boca, su cálida humedad me dio como un golpe eléctrico, mis piernas y muslos se apretujaron con una exquisita sensación, le devolví su beso con pasión y me perdí en sus brazos, mi lengua serpenteó y entro en la boca de papá que sabía a algo dulce, con fervor le besé y lamí sus labios cuando él se apartó un poco.

 

Comenzaba a sentir rico con papá, quizás que otros trucos tendrá él bajo la manga, pensé.     Sus dedos volvieron a insertarse en mi chocho y sus labios volvieron a mi boca, sus besos eran irresistibles, imaginé su lengua cual si fuese un pene y le chupé con gusto su órgano lingual.   Papá acariciaba con fervor mi pequeña ranura.

—¡Oooohhhh! … ¡Papá! … lo haces tan rico …

Mi coño era un lago en crecida, estaba muy excitada por sus mimos y carantoñas, mi´s ojos se cerraron y floté en una nube de sensaciones maravillosas junto a mi padre que me prodigaba todo su amor, ya no tan solo paternal, sino también de consumado y hábil amante, mi cuerpo adolescente estaba totalmente encendido por su pasión desbordante.     Sus manos aferraron mis senos y se los echó a la boca hambrienta y sedienta, mojó mis rosadas areolas con su lengua y delicadamente me mordió mis pezones, mis suculentos senos juveniles resplandecían con la saliva tibia de mi padre.    Sus pulgares aprisionaban mis hipersensibles pezones procurándome gemidos y tiritones, mis pechos hormigueaban agradablemente, me parecía como si tuvieran una vida propia paralela a la mía, jamás lo sentí tan receptivos, mi cuello se tensaba al igual que todo mi cuerpo, mi delicada hendedura entre mis piernas se contraía en una agonía insaciable de deseo.

—¡Papi! … Tú ahora … te quiero a ti, papi …

Mi padre se sentó en la cama y luego se agachó a besar mi cuquita, me lamió lentamente, luego se quitó su camisa y se acomodó entre mis piernas.

—Papá … despacito … no quiero que me duela …

—No temas, bebé … no será doloroso … papá quiere follar ese dulce coñito tuyo …

Sentí el portentoso pene de papá empujando mis labios mayores y forzando mis pequeños labiecitos internos, después se atascó en mi entrada, papá empujaba y luego se retiraba, empujaba meneaba su pene en mi orificio y se volvía a retirar, lo hizo varias veces y realmente no me dolía, pero …

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Uuuurrrggghhh! … ¡Guau! … ¡Oooohhhh!, papi … ¡Ssssiiii! …

Su gruesa cabezota resbaló dentro de mi y comenzó a empujar mis pliegues estirándolos al máximo, poco a poco papá siguió empujando su verga dentro de mi como si no tuviera fin, me estiraba y estiraba y su verga más se hundía en mí, cuando toco fondo, se retiró y la metió de un golpe, casi grite pero me contuve porque comenzó a follarme enérgicamente, a los pocos embistes me corrí en su polla magnifica, ya nada me dolía, el todo se había vuelto una lujuriosa cogida entre papá y yo.

 

Jamás había tenido tantos orgasmos seguidos, era como una muñeca en los brazos de papá, su verga se deslizaba dentro de mi coño maravillosamente, cuando me venía el orgasmo lo apretaba contra mis tetas y me corría demencialmente, una y otra vez.     Con toda su fuerza y energía, papá me levantó y nos dimos vuelta en la cama, quedé montada en su pija, me acomodé y con rápidos movimientos de caderas, hice que papá se corriera en mí, eso gatillo otro orgasmo y caí de espaldas convulsionando empalada en su verga, papá frotó mi clítoris haciéndome temblar toda, luego nos quedamos en brazos uno del otro, mientras el susurraba a mi oído canciones de cuna para hacerme adormecer.

 

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Bianca.
¡Mami!, él ya no te quiere ...

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